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TEMA 5: LITERATURA BARROCA. SIGLO XVII
1. CONTEXTO HISTÓRICO Y CULTURAL
El siglo XVII fue para España un período de grave crisis política, militar, económica y social que
terminó por convertir el Imperio Español en una potencia de segundo rango dentro de Europa. Los llamados
Austrias menores dejaron el gobierno de la nación en manos de ministros de confianza o validos entre los
que destacaron el duque de Lerma y el conde-duque de Olivares. En política exterior, el duque de Lerma,
adoptó una política pacifista y logró acabar con todos los conflictos heredados del reinado de Felipe II. Por el
contrario, el conde-duque de Olivares involucró de lleno a España en la guerra de los Treinta Años, en la que
España sufrió graves derrotas militares.
Durante la segunda mitad del siglo, Francia aprovechó la debilidad militar española y ejerció una
continua presión expansionista sobre los territorios europeos regidos por Carlos II. Como consecuencia de
esta presión, la Corona española perdió buena parte de sus posesiones en Europa, de modo que a principios
del siglo XVIII el Imperio español en Europa estaba totalmente liquidado.
En política interior, la crisis no fue menos importante. El duque de Lerma procedió a la expulsión de
los moriscos (1609), con lo que se arruinaron las tierras de regadío del litoral levantino, y permitió la
generalización de la corrupción administrativa. Posteriormente, la política centralista del conde-duque de
Olivares provocó numerosas sublevaciones en Cataluña, Portugal, Andalucía, Nápoles y Sicilia. La
sublevación portuguesa desembocó en la independencia de ese país (1668).
A esto hay que sumar la grave crisis demográfica, consecuencia de la expulsión de casi 300.000
moriscos y de la mortalidad provocada por las continuas guerras, el hambre y la peste. La nobleza y el clero
conservaron tierras y privilegios, mientras que los campesinos sufrieron en todo su rigor la crisis económica.
La miseria en el campo arrastró a muchos campesinos hacia las ciudades, donde esperaban mejorar su
calidad de vida; pero en las ciudades se vieron abarcados al ejercicio de la mendicidad cuando no
directamente a la delincuencia.
Por otra parte, la jerarquización y el conservadurismo social dificultaban el paso de un estamento a
otro y sólo algunos burgueses lograron acceder a la nobleza. La única posibilidad que se ofrecía al estado
llano para obtener los beneficios que la sociedad estamental concedía a los estamentos privilegiados era
pasar a engrosar las filas del clero. Este hecho, unido al clima de fervor religioso, trajo como consecuencia
que durante el siglo XVII se duplicara el número de eclesiásticos en España.
2. GÉNEROS LITERARIOS
2.1 POESÍA
El siglo XVII y el auge de las premisas barrocas coincidieron en España con un brillante y fecundo
periodo literario que dio en llamarse Siglo de Oro. Estéticamente, el barroco se caracterizó, en líneas
generales, por la complicación de las formas y el predominio del ingenio y el arte sobre la armonía de la
naturaleza (ideal renacentista).
Entre los rasgos más significativos del barroco literario español resulta relevante la contraposición
entre dos tendencias estilísticas denominadas conceptismo y culteranismo, cuyos máximos representantes
fueron, respectivamente, Francisco de Quevedo y Luis de Góngora. No son estrictamente movimientos
opuestos, sino que forman parte de una sensibilidad estética general que persigue la originalidad y
admiración del lector, de manera que rompen el equilibrio clásico renacentista entre forma y contenido. Los
conceptistas se basaban en asociaciones ingeniosas de palabras o ideas, es decir, se preocupaban
esencialmente por la comprensión del pensamiento en mínimos términos conceptuales a través de contrastes,
elipsis y otras figuras literarias. Por el contrario, los culteranos buscaban en la ornamentación exuberante la
delectación de una minoría culta mediante metáforas, imágenes brillantes, aliteraciones, cultismos,
hipérbatos e hipérboles, en busca del máximo preciosismo. Característica del barroco hispánico fue también
la contraposición entre realismo e idealismo, que alcanzó su máxima expresión en una de las cumbres de la
literatura universal, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (primera parte, 1605; segunda, 1615), de
Miguel de Cervantes.
En toda la obra poética de Góngora, figura destacada del culteranismo, se halló presente el brillante
estilo que lo hizo famoso, cargado de neologismos, fuertes contrastes, hipérboles, hipérbatos y complicadas
metáforas. Más sencillo en su primera etapa, a partir de los poemas mayores: Fábula de Polifemo y Galatea
(1612) y Soledades (1613), se acentuaron sus artificios y el carácter culto y minoritario de su poesía.
Reelaboró los tópicos literarios, tomó de la mitología numerosos motivos y escogió la naturaleza como
marco estilizado y referente bucólico ideal. Fue ensalzado por unos y ferozmente atacado por otros en su
época.
Como el de Góngora, el estilo de Quevedo es estructuralmente complejo, aunque utilizó siempre un
lenguaje llano y no vaciló en ocasiones en recurrir a un tono procaz y brutal. Los temas que lo inspiraron
fueron muy variados: morales, satíricos, religiosos, amoroso, etc. En el desarrollo de todos ellos subyace una
concepción angustiada de la condición humana, común a obras de otros géneros, tales como su novela
picaresca La vida del Buscón, llamado don Pablos (1626), o la alegórica Sueños (1627).
En esta época se distinguió además una línea clasicista diferenciada en dos corrientes básicas: la
escuela sevillana, en la que destacó Rodrigo Caro, y la escuela aragonesa, cuyos representantes de mayor
entidad fueron los hermanos Argensola, cultivadores de una lírica doctrinal y moralizante.
2.2 PROSA
En la prosa didáctica destaca, además de Quevedo, Baltasar Gracián, cuya obra maestra es El
Criticón (1651-1657), en la que los protagonistas peregrinan por diversos lugares y aprender a desconfiar de
las apariencias en su búsqueda de la sabiduría y de la virtud. Con él llega a su cénit el conceptismo, basado
en asociaciones ingeniosas de palabras e ideas.
Buena parte de los géneros narrativos del XVI desaparecen, por el contrario, otros como la novela
picaresca y la novela corta de origen italiano, reciben un impulso definitivo. La publicación del Guzmán de
Alfarache de Mateo Alemán (1599) fijará el modelo picaresco: autobiografía, epístola dirigida a un
destinatario, punto de vista único, servicio a varios amos, el “caso” como justificación de la narración, origen
vil del pícaro, evolución del personaje desde su niñez hasta la madurez y anhelo de ascensión social del
pícaro. Quevedo, por su parte, parte del Lazarillo y del Guzmán para componer su obra picaresca Vida del
Buscón llamado don Pablos (1626) pero modifica los patrones genéricos y escribe un texto muy original.
Satiriza el anhelo de ascenso social y sobre todo, trata de atraer la atención del lector hacia el lenguaje, de
revelar la máxima agudeza.
En cuanto a las novelas cortas, el tema más frecuente es el amor, suelen ser de ambiente urbano,
incorporan elementos de otros géneros y muchas de ellas afirman tener un carácter ejemplar. Las más leídas
fueron las Novelas ejemplares y amorosas de María de Zayas.
Destaca sobre todo la figura de Miguel de Cervantes Saavedra, autor también de poemas y
comedias, que ha sido considerado unánimemente como la gran figura a lo largo de la gestación y la
evolución de las letras españolas. En el Quijote (1605 y 1615), Cervantes creó el prototipo a partir del que
nacería la novela moderna. Concebida en principio para satirizar las novelas de caballerías, los dos
protagonistas de la obra, don Quijote y Sancho, han perdurado como símbolos de dos visiones enfrentadas
del mundo: la idealista y la realista. Pero además de ser una novela humorística y plantear ideas de alcance
universal, es un libro de crítica y teoría literaria, además de una notable pintura de la sociedad de su tiempo.
Combina el estilo elevado con el propio de la parodia burlesca, habla culta y popular. Otras obras relevantes
de Cervantes, fueron las Novelas ejemplares (1613) y Los trabajos de Persiles y Segismunda, novela de
aventuras o bizantina, publicada póstumamente en 1617.
2.3 TEATRO: CREACIÓN DE LA COMEDIA NACIONAL
El nombre de comedia es una designación genérica que equivale a obra o pieza teatral y que no por
llamarse comedia debe ser cómica. El teatro nacional del siglo de Oro se caracteriza por su pluralidad
temática. Los temas son extraídos de la épica medieval, de la historia universal y española, de la tradición
pastoril, caballeresca y morisca, pero también de la literatura religiosa. Frecuentemente son temas del vivir
diario, tanto de la actualidad política como social o religiosa. Se transforman en acción teatral temas y
problemas de la actualidad, algo que quedaba reservado hasta entonces a otros géneros.
Hasta el siglo XVI no había ninguna normativa preestablecida en cuanto a la división en actos de la
obra. Fueron los dramaturgos del siglo XVII, Lope de Vega a la cabeza, quienes decidieron la estructuración
de cada obra teatral en tres actos o jornadas, lo que obedece a la estructuración interna del argumento:
planteamiento, nudo y desenlace. El primer acto solía comenzar "in medias res", es decir en medio del
asunto. Con este hecho se pretendía captar la atención del público. Además aseguraba el dinamismo de la
obra.
En el teatro del siglo de oro se empleaba el verso como forma de expresión. La polimetría, que
busca la adecuación entre verso y contenido se convierte en norma. Cabe resaltar además que el lenguaje de
la "comedia" buscaba al mismo tiempo la belleza poética de la palabra y la eficacia dramática.
Los dramaturgos del siglo XVII rechazan mantener la unidad del tiempo y de lugar. Se producen
constantes cambios de escenario y hay numerosos saltos en el tiempo. Sin embargo, sí respetan la unidad de
acción. Se suprime la frontera entre lo trágico y lo cómico, así lo grave y lo cómico se hermanan con el fin
de producir una gran variedad y aliviar tensiones. Esto coincide con la preocupación por imitar la naturaleza
humana. Por este motivo el tema suele ser trágico y cómico a la vez. El personaje que más contribuye a crear
esta sensación es el gracioso.
En el Teatro Nacional del Siglo de Oro había una tipología de personajes establecida: el gracioso, el
rey, el galán, el poderoso, la dama, el caballero, la criada, el villano, etc. La honra corresponde al honor
vertical. Es el honor estamental o de clase, fundamentado en la opinión. El honor es el honor horizontal,
basado en la igualdad humana. Todos son iguales y la virtud, la conducta y la dignidad personal no dependen
de la nobleza pero sí de la limpieza de sangre.
Lope de Vega destaca sobre todo como autor de teatro y es el verdadero creador del teatro nacional.
Su producción dramática fue enorme y podemos decir que fue el autor más fecundo de la literatura española
y, quizá, de la universal. Publicó unas 1800 comedias además de los autos; él mismo se refiere a 1500 obras.
De ellas se han conservado 426 comedias y 42 autos, número que basta para justificar el título de "monstruo
de la naturaleza" que le atribuyó Cervantes. Esta gran cantidad de obras también determina la variedad de los
temas tratados en las mismas. En Lope está todo: el mundo religioso con relatos del Antiguo y Nuevo
Testamento, vidas de santos y leyendas o tradiciones devotas; los temas pastoriles y caballerescos,
argumentos extraídos de novelas orientales, italianas y españolas; hechos y personajes famosos de la Edad
Media europea; sucesos famosos de la antigüedad, leyendas locales. Destacan especialmente los asuntos
sacados de las viejas crónicas españolas y del romancero.
Lo que más llama la atención en su obra es que supo impregnar toda esta diversidad con la palabra y
el espíritu de sus contemporáneos y vistió estos asuntos con elementos tomados de la realidad nacional
inmediata. Esto es lo verdaderamente español del teatro de Lope y la fórmula con que se acercó a la
sensibilidad del hombre de su tiempo en temas tan diversos.
Tirso de Molina, es otro de los grandes dramaturgos del Siglo de Oro español. Es asombrosa su gran
fecundidad como autor: dejó unas 300 comedias. Como dramaturgo religioso, escribió varios autos
sacramentales, comedias bíblicas y comedias hagiográficas. Extrajo de las historias y leyendas nacionales
argumentos de numerosas comedias: la trilogía de los Pizarro: Todo es dar en una cosa, Amazonas en las
Indias y La lealtad contra la envidia; la historia de María de Molina: La prudencia en la mujer. Entre las
comedias de carácter destacan Marta la piadosa y El vergonzoso en palacio. Al grupo de comedias de intriga
pertenecen La villana de Vallecas y Don Gil de las calzas verdes. Se le atribuyen dos obras de contenido
filosófico de gran importancia: El burlador de Sevilla y convidado de piedra y El condenado por
desconfiado. Su obra en prosa incluye una Historia de la orden de la Merced y dos obras misceláneas.
Pedro Calderón de la Barca escribe sobre todo comedias y autos sacramentales. Hacia 1623
estrena sus primeras comedias y pronto, Felipe IV le convierte en dramaturgo oficial de la corte. Sin
embargo, su momento de mayor esplendor empieza a partir de 1642, cuando se retira del ejército y
entra al servicio del duque de Alba. En el estilo de sus comedias se pueden apreciar dos tendencias:
una que sigue más de cerca el teatro realista, nacional y costumbrista de Lope y su escuela,
representada por las "comedias de capa y espada"; y otra, diferenciada del estilo anterior, más
personal. Esta tendencia incluye las comedias más poéticas y simbólicas, con intensificación de los
valores líricos y del contenido ideológico. En esta segunda línea los personajes adquieren mayor
esquematización y dimensiones de símbolos universales. Sus principales comedias se pueden
clasificar en:
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Comedias de historia y leyenda española: El Alcalde de Zalamea
Comedias de honor y de celos: El médico de su honra
Comedias de capa y espada: La dama duende
Comedias filosóficas: La vida es sueño
Comedias fantásticas y mitológicas: La hija del aire
En Calderón el teatro adquiere un mayor rigor constructivo y profundidad conceptual;
mediante la estilización, la tendencia al simbolismo y la jerarquización de los personajes, consigue
creaciones de valor universal como Segismundo (de La vida es sueño). En todas las obras los
elementos confluyen hacia un eje central, representado por un motivo único y un personaje que
destaca fuertemente sobre los demás. La obra se despoja de lo secundario y, cuando aparece una
plural intriga dramática, está jerarquizada de tal modo que no rompe en nada la unidad que impone
el eje central mencionado. En Calderón confluyen muchos estilos barrocos porque crea cuando
todas las tendencias barrocas han llegado a su pleno desarrollo. En él confluyen gongorismo y
conceptismo y hace uso de innumerables figuras: correlaciones y paralelismos, contrastes,
cuantiosas hipérboles... Sus personajes también muestran su barroquismo: dotados de ilimitada
violencia, rasgos desmesurados, trazos muy marcados y se contraponen entre ellos.
La importancia de Calderón en el desarrollo de autos sacramentales es de tal magnitud que
su nombre va asociado a este género como algo inseparable. Son representaciones dramáticas en un
solo acto, de carácter alegórico y referidas a la Eucaristía, que se representaban en la festividad del
Corpus. En los autos sacramentales, Calderón dramatiza conceptos abstractos de la teología católica
convirtiéndolos en personajes, por lo que al público le resultan reales. Aparecen en escena Dios, la
Discreción, la Hermosura y otros entes abstractos. Escribió unos ochenta, y el más conocido es El
gran teatro del mundo (1636).
COMENTARIO DE TEXTO: EL BUSCÓN DE QUEVEDO
Con esto salimos de casa a montería de corchetes (funcionarios de justicia).
Yo, como iba entregado al vino, y había renunciado en su poder mis sentidos, no advertí al riesgo
que me ponía. Llegamos a la calle de la Mar, donde encaró con nosotros la ronda. No bien la
columbraron (divisaron), cuando, sacando las espadas, la embistieron. Yo hice lo mismo, y
limpiamos dos cuerpos de corchetes de sus malas ánimas, al primer encuentro. El alguacil puso la
justicia en sus pies, y apeló por la calle arriba dando voces; no lo pudimos seguir, por haber cargado
delantero (haber bebido demasiado). Y al fin nos acogimos a la Iglesia Mayor, donde nos
amparamos del rigor de la justicia, y dormimos lo necesario para espumar el vino que hervía en los
cascos (pasarlla borrachera). Y vueltos ya en nuestro acuerdo, me espantaba yo de ver que hubiese
perdido la justicia dos corchetes y huído el alguacil de un racimo de uva, que entonces lo éramos
nosotros. Pasábamoslo en la iglesia notablemente, porque al olor de los retraídos vinieron ninfas
(prostitutas), desnudándose por vestirnos. Aficionóseme la Grajales; vistióme de nuevo de sus
colores; súpome bien y mejor que todas esta vida; y así propuse de navegar en ansias con las
Grajales hasta morir. Estudié la jacarandina (jerga de los delincuentes), y a pocos días era rabí (jefe)
de los otros rufianes. La justicia no se descuidaba de buscarnos; rondábanos la puerta; pero, con
todo, de media noche abajo rondábamos disfrazados.
Yo, que vi que duraba mucho este negocio, y más la fortuna en perseguirnos -no de escarmentado,
que no soy tan cuerdo, sino de cansado, como obstinado pecador-, determiné, consultándolo
primero con la Grajales, de pasarme a Indias con ella, a ver si mudando mundo y tierra mejoraría mi
suerte. Y fuéme peor, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y
costumbres.
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