H. America - Programas Radio - 2º parcial

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Radio Seggundo Parrcial Historia UNE
ED 2011‐22012 Colaborradores: Em
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Yaiza Índice La independencia de América por Eme………………………………………………..…………………………. Pág. 1
Las constituciones latinoamericanas y la Constitución de Cádiz de 1812 por Pilux…………. Pág. 8
Diputados americanos en las Cortes de Cádiz por Eme ………….……………………………….…….. Pág. 11
La independencia americana por Yaiza……..…………………………………………………………………. Pág. 13
La independencia en América Latina por Yaiza………………………………………..……………………. Pág. 15
Revoluciones de independencia en la América Española por Marducki………….………….…. Pág. 18
Los orígenes de la democracia en América Latina por Yaiza.….………………………………………. Pág. 21
Dictaduras en América Latina por Yaiza…………………………………………………………………..……. Pág. 23
La vigencia del populismo por Pilux………………………………………………………………….……………. Pág. 26
Procesos de integración en América Latina (I) por Pilux……………………..…………………………. Pág. 29
Procesos de integración en América Latina (II) por Pilux……………………………………………. Pág. 31
El papel de las fuerzas armadas en América Latina por Tursino………………………………..……. Pág. 33
No sólo caudillos. Iberoamérica después de la Independencia por Eme …………………………. Pág. 36
Revoluciones y Guerras Revolucionarias por Eme …………...…………………………………...………. Pág. 46
Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ La independencia de América por Eme Resumen a partir de los programas radiofónicos de Carlos Malamud Rikles y Rosa Pardo Sanz. UNED. 18/02/2008 "Historia de América", Los bicentenarios de Independencia. (II) 15/10/2007 "Historia Contemporánea (Historia de América)", Los bicentenarios de la Independencia I 23/05/2005 "HISTORIA DE AMÉRICA", Problemas americanos II INTRODUCCIÓN A partir del año 2009‐2010 comenzarán una serie de festejos que conmemoraran el bicentenario de las Independencias Americanas. Estos festejos e alargarán hasta el 2022‐2025, lo que nos da idea de la amplitud de un proceso de largo recorrido que ha logrado en el cual la mayor parte de los actuales países latinoamericanos asumieron la independencia. No sólo países que pertenecieron al antiguo Imperio Español, sino también Brasil, que adoptó una forma monárquica después de un proceso sui géneris de independencia. En realidad todo este proceso comenzó en 1808, cuando se produjo la invasión napoleónica de España y más allá del vacío de poder que se creó se llegó a la discusión sobre si Fernando VII era el monarca legítimo de la Corona Española y si debía continuar o no al frente del Reino. Este proceso de discusión no sólo se dio en la metrópoli, sino también en las Colonias. Y en el fondo lo que se estaba planteando era quién era la autoridad legítima tanto de los españoles europeos como de los españoles americanos y esta situación general genera una sensación de vacío de poder que surge por todas las colonias españolas y que propicia el surgimiento de una serie de Juntas de Gobierno donde se tratan estas cuestiones. En algunos casos, como Ecuador, el Río de la Plata, Chile, México, estas Juntas van a ser el origen de algunos movimientos independentistas que en ciertas circunstancias van a permitir alcanzar un estatus independiente a las colonias que luego van a dar origen a las nuevas repúblicas. Sin embargo aquí vamos a ver unas contradicciones entre los procesos que se producen en la América Española frente a los que se produce en la América Portuguesa. LOS ANTECEDENTES HISTÓRICOS Y LAS BASES IDEOLÓGICAS DEL PROCESO EMANCIPADOR El vacío de poder con motivo del destronamiento de los Borbones en la metrópoli inicia una serie de acontecimientos que habían tenido unos precedentes importantes. Podemos señalar tres fechas destacadas: -
En primer lugar la de 1776, cuando se produce la Independencia de las 13 Colonias de lo que hoy es EEUU. 1789, la Revolución Francesa. Estas dos fechas impactaron favorablemente por cuando otorgaron un manto de legitimidad a los movimientos revolucionarios y llevaron adelante a unas ideas transformadoras más o menos latentes en la población. Pero así como hubo estos procesos que favorecieron el movimiento emancipador, otro hecho, a principios del siglo XIX, va a impactar negativamente sobre los procesos de independencia u va a dejar una impronta muy temerosa en algunas élites regionales. En concreto es la Independencia de Haití, un proceso directamente vinculado a la Revolución Francesa por cuanto llevó a las mentes de los esclavos negros de las plantaciones azucareras de Haití y a las clases mestizas muy extendidas en la parte francesa de la isla de Santo Domingo que la independencia era posible. Independencia que estalló a principios del siglo XIX pero con unas características sumamente sangrientas. Los escasos supervivientes entre los plantadores que no fueron masacrados por los antiguos esclavos negros y mulatos, se refugiaron en la vecina isla de Cuba en donde su testimonio sobrecogió a los plantadores locales. Este hecho es clave para explicar por qué las colonias de Cuba y Puerto Rico permanecieron hasta 1898 en poder de España y no siguieron la estela emancipadora e independentista del resto de las Colonias americanas. El temor de los plantadores locales a sufrir la misma suerte que sus colegas haitianos es algo a tener en cuenta, de la misma manera que en México o Perú revueltas como la de Tupac Amaru tuvieron consecuencias importantes por la disrupción social que podían causar. 1 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ EL DEBATE DOCTRINAL Se ha hablado antes de la Independencia de las 13 Colonias y de la Revolución Francesa. Los dos procesos anteriores influyeron a través de los libros y de los salones, tertulias, cafés, reuniones sociales. Pero las ideas que llegaban de Francia o EEUU se limitaban a grupos ilustrados reducidos. Es verdad que una vez iniciado el proceso emancipador los modelos traídos de Francia o EEUU aceleraron esos procesos ideológicos de ruptura con la metrópoli española. Es cierto que la Ilustración Española había hecho acto de presencia pero con unos rasgos característicos y propios diferentes de la Ilustración del resto de la Europa continental. Llegó muy filtrado desde España, sin un contenido proburgués o revolucionario. Era crítico con los errores de gobierno o de la economía, pero no cuestionaba en orden monárquico. Los referentes doctrinales de las revoluciones de Independencia de la América Española han suscitado un intenso debate. Se había insistido mucho en los ideales liberales como referentes doctrinales de los principales próceres de la independencia, pero esta visión ha sido fuertemente cuestionada por la historiografía más reciente, que ha insistido en la utilización del lenguaje político tradicional de la estructura política del Antiguo Régimen; pactismo, derecho natural, derecho de gentes. De hecho las primeras Juntas de Gobierno se apoyaron en la legitimidad de los Cabildos, depositarios de la soberanía de los pueblos según las normas coloniales. Estos conceptos marcaron el comienzo del proceso, y una vez iniciado el mismo sí se puede hablar de la influencia de la doctrina liberal (Locke, Montesquieu) en las Cortes de Cádiz, pero también del pensamiento utilitarista de Jeremy Bentham y del republicanismo clásico, del radicalismo inglés filtrado a través del modelo norteamericano con su componente autoritario y elitista. Es decir, que hubo una confluencia de pensamientos nuevos y viejos. Los actores fundamentales vivieron a caballo entre la madurez del pensamiento ilustrado y los nuevos proyectos liberales. Pero a la vez los acontecimientos provocaron la aparición de nuevas realidades cuya interpretación y carga simbólica fueron incorporadas rápidamente a ese mundo, transformándolas. A las alegorías y metáforas propias del catolicismo ilustrado y del catecismo criollo se sumó la construcción de una nueva simbología de la patria y de la nación. Esto exigió nuevas representaciones metales para la exaltación de las virtudes ciudadanas, que se tomaron de los modelos nuevos (Francia, EEUU, Cádiz). Ahora bien, si estos procesos sucedieron, habría que vincularlos a otros procesos que en aquella época estaban sucediendo en la Península Ibérica, la invasión napoleónica, las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII y la llegada al poder de José I Bonaparte. Este no fue el caso de Portugal, como hemos visto. Pero de hecho, con motivo de la implosión de la Monarquía Borbónica van a surgir una serie de movimientos liberales que darán lugar a la Constitución liberal de Cádiz, claramente liberal y que va a proponerse esa sociedad de ciudadanos libres a las que nos referimos antes. Esta Constitución hará posible el desarrollo de elecciones, con su intento de cambio político, construcción e ciudadanía y apuesta por la vía parlamentaria, es la que va a sentar las bases para la constitución de la democracia no sólo en la Península Ibérica, sino también en la América Española. Hay que señalar que los liberales españoles también apostaban por el Imperio. No por ser liberales dejaban de ser colonialistas. No hay que caer en la trampa de asimilar liberales con partidarios de la emancipación de las colonias. Lo que podemos ver en esta Constitución de 1812, que fue aplicada en las regiones que seguían vinculadas al Imperio y que también tuvieron su impacto en las recién emancipadas, como el Río de la Plata, es que la democracia no es ajena a la historia de los países de América Latina. La democracia no es un sistema político impuesto desde arriba, sino que es paralelo al nacimiento y desarrollo de estos países, así como la experiencia republicana. De hecho, en América Latina se va a votar durante la primera mitad del siglo XIX, cuando este hecho tenía lugar en muy pocos países de Europa. LAS REFORMAS BORBÓNICAS Pero no fueron estos factores externos los que únicamente los factores que incidieron en el proceso de emancipación. Tenemos que tener en cuenta, como el proceso de Reformas Borbónicas. La llegada de los Borbones al poder a comienzos del siglo XVIII va a suponer cambios importantes en la organización 2 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ del Imperio. Los monarcas, desde Felipe V hasta Carlos III, que es el que más empeño pone en estos procesos de reformas borbónicas van a s introducir una serie de cambios tanto en lo que supone la organización del gobierno colonial como en el marco económico y en el marco comercial que van a intentar transformar el Imperio transformándolo en una organización mucho más moderna, más eficaz, más centralista, es decir, en un imperio que realmente funcione. Pero ese gobierno será más eficaz en la medida que los niveles de explotación colonial sean mucho más fuertes. Así, a medida que este gobierno era más eficaz, su explotación sobre los colonos aumentaba y el descontento de los mismos frente a la Península también era creciente. Además afectaron profundamente a las relaciones sociales en la Colonias. Incluyó una centralización y una mayor presencia de los burócratas peninsulares en las colonias americanas para intentar evitar su control por parte de las oligarquías locales. Como consecuencia, los criollos tuvieron menos libertad de acción y oportunidades para su promoción. Éstos se sintieron discriminados y perjudicados por el Imperio y enfrentados frecuentemente a los recién llegados. Esto deterioró el clima de diálogo ya antes de la Revolución Francesa. También influyeron las reformas comerciales; hubo una mayor presencia de comerciantes peninsulares que competían con los comerciantes ya establecidos. Y por último la mayor presión fiscal agravó las desigualdades entre por una parte indios y castas y por otra, españoles y criollos. Así que probablemente en algunas insurrecciones hubiera un componente de precariedad económica del pueblo bajo. No obstante, presentar la mala relación entre peninsulares y criollos como causa directa de la independencia parece una interpretación excesivamente simplista y maniquea, ya que la línea divisoria entre peninsulares y criollos era muy tenue. La mayor parte de los enfrentamientos e dieron dentro de las élites locales y regionales, con contra la Corona misma. Por ejemplo, allí en donde había riesgo de una revuelta indígena o esclava ambos bandos, peninsulares y criollos, se situaban en el mismo bando. Tampoco el comportamiento de los criollos y de los burócratas peninsulares fue homogéneo. Los burócratas de la P.I. que apoyaron el movimiento independentista fueron considerados como criollos patriotas y los criollos que permanecieron fieles a la Corona fueron perseguidos. Así, ese vacío de poder que ocurrirá en la Corona en 1808 se va a insertar precisamente en ese descontento creciente de las élites regionales y las élites locales que van a ser las que van a impulsar en su momento este proceso emancipador. Evidentemente no todas las élites regionales van a reaccionar de la misma manera frente a las Reformas Borbónicas y al vacío de poder y estas diferencias se van a plasmar en los diferentes estilos, tiempos y características que van a adoptar los distintos procesos de independencia a lo largo y ancho del Imperio Español. Y aquí precisamente nos vamos a encontrar con un hecho diferencial importante que nos permite comparar lo sucedido en el Impero Español con el Imperio Portugués, ya que mientras el Brasil se va a mantener como un bloque unido y sin apenas tendencias centrífugas el Imperio español se va a fragmentar, más allá de las llamadas a la Unidad de Simón Bolívar, que únicamente pretendía la restauración del Imperio Español bajo otra forma. Este proceso de independencia va a dar lugar a las repúblicas que actualmente conocemos en América Latina y que van a adquirir su perfil más o menos definitivo en torno a las décadas centrales del siglo XIX. Así, el proceso de surgimiento de las nuevas repúblicas va a durar varias décadas y va a depender de las rivalidades y proyectos políticos y territoriales que querían imponer de las distintas élites locales y regionales. La Independencia de la América Española se ha caracterizado por la fragmentación del antiguo tronco imperial que formaba una sola unidad, aunque se hubiera dividido en virreinatos, capitanías generales y audiencias, que van a dar lugar a una serie de países nuevos que con el tiempo serán Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, México, los Países Centroamericanos (Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua)…, mientras que el Imperio Luso va a permanecer unido y va a dar lugar a un único País que va a ser Brasil. Es aquí evidente que nos encontramos con una serie de cuestiones. 3 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Tampoco es que en Brasil no hubiera habido en su tiempo tendencias y movimientos centrífugos respecto a la metrópoli, pero hubo un hecho decisivo que explica el mantenimiento de dicha unidad del Imperio Luso respecto al Imperio Español, que tiene que ver con el traslado de la Corte portuguesa al completo, inclusive la Gran Biblioteca, a Río de Janeiro, ante la amenaza napoleónica. Así se produce un fenómeno paradójico en el hecho independentista brasileño, en el que la Colonia (Brasil), se convierte en la Metrópoli y cabeza de ese Imperio, con capital en Río. LOS SUCESOS EN LA METRÓPOLI Y SU RELACIÓN CON EL PROCESO EMANCIPADOR Pero más allá de estas diferencias entre ambos imperios, en lo que atañe más estrictamente a las colonias españolas, podemos encontrar en estos años de 1808 a 1825 5 etapas claramente diferenciadas en las cuales van a ocurrir distintos acontecimientos y que nos da la idea de la relación entre los acontecimientos políticos que estaban sucediendo en la metrópoli y los acontecimientos que sucedían, de manera más dinámica y acelerada, en el lado americano. -
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De esto modo vamos a encontrar una primera etapa, de 1808 a 1810 que está marcada por la incertidumbre de la Guerra de la Independencia y de los avances franceses y por el retroceso del gobierno español, que acaba confinándose en la ciudad de Cádiz y nos hablan de una serie de procesos que van a emerger en una serie de colonias (Río de la Plata, Quito, Alto Perú‐La Paz) y que están planteando los inicios de los distintos procesos emancipadores. Una segunda etapa que va de 1811 a 1814 que coincide con las elecciones para las Cortes Constituyentes y que dará en 1812 lugar a la firma de la Constitución de Cádiz y con las elecciones a la orden del día. Va a ser una etapa también de sentimientos encontrados del lado americano y la emergencia de un gobierno constitucional y del liberalismo sobre todo plantea en muchos movimientos revolucionarios la conveniencia de no acelerar la marcha en esa emancipación por cuanto estaban teniendo lugar en el lado europeo una serie de cambios y transformaciones que podían ser muy interesantes para el propio proceso emancipador, con la promulgación de leyes como la de la Libertad de imprenta que suponía una gran revolución desde la perspectiva de las ideas existentes en el Imperio Español. En 1814 se va a producir la Restauración Monárquica en la persona de Fernando VII, lo que va a suponer una vuelta al Absolutismo, y en periodo 1814‐1820 vamos a observar serios intentos por parte de la Corona Española de recuperar sus posesiones americanas y esto va a provocar evidentemente el retroceso de los procesos emancipadores en algunos lugares concretos del continente americano. La cuarta etapa va de 1820 a 1823, eso que se ha dado en llamar el Trienio Constitucional, a partir de las tropas acantonadas en Cádiz dirigidas por Riego. Va a haber una vuelta a los valores constitucionales y se va a reimplantar la Constitución de 1812. Esto va a generar una desconfianza en determinadas oligarquías hispanoamericanas, especialmente las más poderosas, como las de Perú y México, que va a empezar a replantarse seriamente su vinculación con la Corona. Para estas oligarquías, es tal el caos y la alternancia política en la metrópoli que lo más sensato es apostar claramente por la emancipación. Por eso los centros más antiguos y poderosos del Imperio Español, los mayores productores de plata, inician en esta etapa sus procesos emancipadores. Finalmente la etapa de 1822 a 1825, que es cuando se cierra este proceso emancipador, caracterizado por la nueva vuelta de tuerca de la reacción monárquica con la vuelta de Fernando VII al centro político español. Esto da por cerrado el proceso emancipador por cuando entonces las antiguas colonias hispanas tienen claro que en esta coyuntura su futuro pasa por el proceso emancipador. Y de hecho es cuando el Imperio Español en América concluye. Hay varias excepciones: Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico, que permanecerán bajo la Corona española hasta 1898, junto con Filipinas, los únicos remanentes del Imperio Español. LAS CONSECUENCIAS DEL PROCESO EMANCIPADOR Vamos a preguntarnos por aquellos fenómenos de tipo político a los que dio lugar la Independencia. Por lo general se suele decir que los procesos de independencia fueron una revolución (así se habla en la historiografía argentina o paraguaya, por ejemplo), aunque nunca se ha definido de una manera clara a 4 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ qué tipo de revolución nos estamos refiriendo. Está claro que los procesos de emancipación ni fueron ni una revolución económica ninguna revolución social. -
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Desde un punto de vista económico no hubo después de la independencia y como consecuencia de ella grandes transformaciones. El eje de la economía seguía siendo rural y la agricultura y la ganadería producía la mayor parte de la renta de dichos países y va a seguro ocupando a la mayor parte de la mano de obra. Los daños económicos y materiales pudieron ser restañados en relativamente pocos años, aunque esto es un tema en el que queda mucho por estudiar; estructuras económicas, movimientos de población, circuitos comerciales… Desde un punto de vista social tampoco hubo grandes contradicciones. La esclavitud siguió existiendo en la mayor parte de los nuevos países y los indígenas siguieron manteniendo sus estructuras básicas que caracterizaban sus sociedades, más allá de algunos procesos de inversión social con motivo de las guerras (ascenso social de pardos por méritos de guerra). Hubo promesas de devolución total o parcial de la libertad a indios, mestizos y negros con motivo de la movilización, pero fueron muy limitadas y se dieron sobre todo vinculadas a la milicia. Así se mantuvo, salvo alguna modificación, el marco institucional previo que garantizaba el predominio de las élites tradicionalmente dominantes. Así, si se puede hablar de una revolución esta sería de índole política, que se debe fundamentalmente a tres cuestiones centrales: ‐En primer lugar la independencia supuso el fin de la Monarquía. Como tal, de un sistema monárquico que había caracterizado tres siglos de gobierno imperial, en los territorios americanos, se pasó a nuevas formas de organización política, fundamentalmente repúblicas. Solamente se intentó, fracasando, el modelo monárquico en México. No fue así en el caso de Brasil, en donde se llegó a una monarquía constitucional parlamentaria, lo que en cualquier caso cambiaba enormemente el sistema político imperante en la antigua colonia portuguesa. ‐En segundo lugar nos encontramos con el final de la sociedad de súbditos. De este modo, en lugar de súbditos que rendían pleitesía al monarca, nos vamos a encontrar con ciudadanos. El cambio no se produce del día a la noche, es un proceso en continuo movimiento, pro al final los ciudadanos sustituirán a los súbditos. ‐Y por fin, el paso de una sociedad corporativa a una sociedad de individuos. La gente deja de ser considerada en función del grupo del que formaban parte para comenzar a ser valorados de forma individual. Por lo tanto estas repúblicas, estas sociedades de individuos, harán posible el surgimiento de sociedades democráticas. Aunque no se llegaron a regímenes plenamente representativos, el cambio respecto a la situación colonial fue inmenso. Ya no habrá súbditos del monarca, e irán desapareciendo las corporaciones propias del Antiguo Régimen. De forma paralela al desarrollo de la democracia en la región, tenemos otro proceso importante, que es el surgimiento de los estados, el surgimiento de las nuevas repúblicas. Éstas, al igual que la ciudadanía, no se construyen de un día para el otro. Y si nos encontramos el mapa de la región en 1825, es decir, cuando se completa el proceso emancipador, no tenemos ante nosotros una imagen clara de lo que va a ser del desarrollo político de la futura América Latina hasta llegar a mediados del siglo XIX, que es cuando el mapa político va a parecerse más al que tenemos en la actualidad, No es hasta ese mediados‐finales de siglo cuando se consolidan los estados tal y como los conocemos. Este mapa va a ser el resultado de una serie de luchas entre las élites regionales, cada una de las cuales tenía sus propios proyectos políticos. No se puede hablar de una única idea de nación, emergen nuevas soberanías desde el ámbito de las ciudades. En algunos casos estos pueblos se integran en naciones bajo forma republicana o eventualmente monárquica, como Brasil, en otro optan por integrarse en confederaciones o repúblicas de carácter más federal (Argentina, Nueva Granada‐Venezuela, América, central), en un reajuste de fronteras que va a ser un proceso muy largo, lo mismo que la pacificación de los territorios y la construcción de aparatos estatales que garanticen la gobernabilidad, porque al tiempo que se produce la lucha por la emancipación contra la metrópoli se daban enfrentamientos entre los sectores de las élites 5 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ criollas para logar el poder, muchas veces a través de guerras civiles., así que la herencia impuesta por la rivalidad y la militarización de los conflicto armados va a ser el caudillismo, de tan larga trayectoria en la región. Lo menos conocido de estas revueltas van a ser las propuestas e ilusiones de los grupos más bajos, sus desiguales concepciones y proyectos de nación, sus alianzas y disidencias, sus estrategias de negociación Es decir, falta perfilar su participación en la independencia y en la posterior construcción nacional, ya que estos sectores sociales han sido bastante marginales en el estudio del proceso. Finalmente una referencia breve a Simón Bolívar, el Libertador, del cual se dice que buscaba la unidad americana. En realidad, según Malamud, esto es un mito difundido por el Chavismo. En realidad, lo que quería el Libertador, dentro de la modestia de sus planteamientos, era la vuelta al Imperio Español. Entre otras cosas porque Brasil estaba fuera de su horizonte y no era posible una unidad entre la América Española y la América Portuguesa. 6 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Las constituciones latinoamericanas y la Constitución de Cádiz de 1812 por Pilux Carlos Malamud Se suele afirmar con bastante intensidad que las constituciones americanas están marcadas básicamente por el impacto de la Constitución de Estados Unidos que tuvo una gran influencia en todo el proceso constitucional de la América Latina en el siglo XIX y también por la influencia de la Revolución Francesa. Sin embargo, donde menos se enfatiza es en las influencias profundas que la Constitución de 1812, la famosa Pepa, tuvo en todo el proceso constitucional de la América española, e inclusive en Brasil En efecto, las fechas tempranas en las que fue redactada la Constitución de 1812 y sobre todo el énfasis liberal de construcción de ciudadanía y sobre todo en lo que se refiere al impacto en las prácticas electorales, dejaron una gran impronta en todo el proceso político y constitucional de América Latina. Se suele decir que la Constitución de 1812 fue el primer texto constitucional elaborado en todo el mundo iberoamericano desde el siglo XIX. En realidad, es necesario matizar esta afirmación ya que, a lo largo de 1811 – en una Colombia que había apostado desde fechas muy tempranas por la emancipación, aunque este proceso de independencia tuvo que atravesar distintas etapas, en algunos momentos más vinculados a la metrópoli española, en otros – pero en 1811 se promulgaron en Colombia tres constituciones diferentes, la de Cundinamarca, la de Tunja y la de Antioquia, y luego en 1812 se promulgó también la Constitución de Cartagena. En estos casos el impacto de la Constitución de Estados Unidos fue muy grande pero hay que señalar es el peso, que en lo que respecta a la construcción de la ciudadanía y sobre todo a las prácticas electorales, tuvo la Constitución de 1812. Una Constitución que no sólo afectó a la vida política de estos países, a sus textos constitucionales y a los procesos legislativos, sino que también marcó intensamente la práctica política y sobre todo y las ideologías políticas que se fueron desarrollando a partir del siglo XIX, especialmente en esa antinomia que fue tan común a la mayor parte de las nuevas repúblicas que nacieron con posterioridad a la independencia que fue la de liberales y conservadores. En estos casos, ambos “partidos” fueron influidos por la constitución en una situación marcada por el hecho, de que más allá de las diferencias, se identificaban en lo que respecta a la construcción de la ciudadanía. ¿Por qué fue tan fuerte el impacto de la Constitución de 1812 sobre la vida latinoamericana? Comenzando por el propio texto constitucional, recordemos que el artículo primero de la Constitución de Cádiz señala taxativamente, que la nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios. Es decir que se incluía tanto los españoles de la Península Ibérica como del resto del imperio español, en una sola unidad política, y con solo este enunciado se comenzaba a modificar de una forma muy radical todo el entramado institucional del imperio americano ya que se situaba, de alguna forma, en un pie de igualdad la metrópoli y sus colonias. De hecho, según algunas opiniones, los territorios latinoamericanos dejaban de ser colonias para convertirse en provincias, con iguales derechos que las peninsulares. Sin embargo, una cosa es texto legal y otra la realidad, por eso existe la duda de si todos estos gestos fueron suficientes para acabar con una relación colonial de más de tres siglos, en el caso de que todo este proceso de implantación del liberalismo en la península hubiera tenido éxito o, dicho de otra manera, si la restauración absolutista de 1814 encabezada por Fernando VII, o la posterior Restauración, posterior al Trienio Constitucional en 1822, hubieran tenido éxito. Pero sí es cierto que la Constitución de 1812 y las actuaciones de las Cortes de Cádiz, impactaron fuertemente en la América española. Y es importante señalar que dicho impacto no solamente se dio allí donde la Constitución de 1812 fue aplicada, es decir en aquellos territorios que pese a la evolución de las guerras de independencia seguían controlados por la corona española o por sus representantes, sino también allí donde la evolución de la emancipación hizo que hubiera territorios al margen de ese vínculo político. 7 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Es decir, que tanto en territorios como los virreinatos de la Nueva España o del Perú, que seguían controlados por la Península Ibérica, como aquellos otros como el Río de la Plata o Colombia, que habían apostado por una temprana independencia, en todas estas situaciones, sí hubo un impacto firme de la Constitución y de las Cortes de Cádiz. Esta impronta puede encontrar en distintos aspectos de la realidad como son: -
La expansión de todas las libertades ‐tratadas y sancionadas en la Constitución‐ -
Los posteriores textos constitucionales, que si bien tuvieron el influjo de la Constitución de Estados Unidos, también recogieron muchas disposiciones elaboradas en Cádiz y por las Cortes. -
En la construcción de la ciudadanía, que fue uno de los grandes pilares en torno a los cuales se construyeron las nuevas repúblicas -
En la formación de los sistemas democráticos -
en el desarrollo de las ideas liberales en toda la región Pese a lo recogido en el texto constitucional que puede parecer más o menos armónico, lo cierto es que el peso que tuvo la América española en todas las discusiones parlamentarias y en Cortes, no fue fácil de resolver. Había muchas cuestiones que estaban en juego como: 1.
la propia definición de soberanía y nación, un tema difícil de abordar, ya que había que resolver problemas como el papel de la monarquía en todo el entramado institucional del régimen. El papel de la monarquía incluía los derechos del monarca y este fue un factor a tener en cuenta a la hora de ver por qué el monarca se resistió tanto a reconocer la independencia 2.
y también en el conjunto de las constituciones, que debían ser el eje articulador del nuevo país que se quería construir. Desde esta perspectiva la labor de los diputados americanos presentes en las Cortes de Cádiz fue ardua y compleja, teniendo presente que el conjunto de todos ellos no era homogéneo desde el punto de vista ideológico y regional. Los diputados representaban territorios con intereses contradictorios y también posiciones políticas muy diferentes. 3.
Hay que sumar otro hecho determinante y es que los diputados peninsulares no habían alcanzado un consenso entre ellos en torno al papel que América debía jugar en la Constitución española Se insiste también en que los representantes americanos expresaban los intereses de los criollos en las Cortes. Esto se deriva de la teoría que dice que las independencias políticas fueron impulsadas por los criollos. La cuestión es más compleja, donde se ve la participación en ambos bandos – patriotas, monárquicos, peninsulares, indígenas o negros y extranjeros – en toda la región. En las Cortes se trataron también problemas como: La cuestión indígena, donde los intereses de los representantes americanos eran contradictorios. Sí se potenció el papel de los derechos indígenas como muestra el hecho de que en México se crearon gran cantidad de ayuntamientos indígenas. Un caso interesante en la participación de los diputados americanos fue el de Dionisio Inca Yupanki, un representante peruano de origen indígena, muy activo en las dos primeras legislaturas. Había nacido en Lima y había sido educado en el colegio de nobles de Madrid y defendió de manera consistente los derechos indígenas y la igualdad de representación para todos los hombres libres, incluyendo a negros, indígenas y mestizos, una petición que, según sus palabras, escandalizó al Congreso. En una discusión reclamando derechos para todos los indios y mejoras de su situación social acusó a las Cortes de desconocer lo que sucedía en América y dijo que la mayor parte de sus diputados y de la nación apenas tienen noticias de ese dilatado continente y fue más lejos cuando señaló que un pueblo que oprime a otro no puede ser libre. Es verdad que encontramos a liberales en ambos continentes, sin embargo, éstos no defendían intereses similares. Por eso no se puede decir que los liberales españoles se alegraron en su día de que la 8 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ independencia americana era algo que los favorecía ya que estaban en contra del absolutismo de Fernando VII, ya que los liberales españoles al igual que los liberales de Gran Bretaña, Francia, Portugal, por poner algunos ejemplos, eran tan colonialistas como los propios españoles. Es más, fueron los liberales españoles quienes impulsaron en Cádiz la reconquista de los territorios peninsulares por medio de la lucha armada. En realidad, los liberales españoles y americanos presentes en las Cortes de Cádiz, llevaron a buen puerto su Constitución, abordaron un programa reformista que, sin embargo, no pudo ser aplicado en su totalidad por el estallido de los fenómenos de independencia. Pese a todas las dificultades, lo cierto es que la Constitución de 1812, permitió que la América española se comenzará a hablar de democracia y ciudadanía, se comenzará a votar y se establecieron regímenes republicanos de gobierno, mucho antes que en otras vastas partes del planeta. 9 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ DIPUTADOS AMERICANOS EN LAS CORTES DE CÁDIZ por Eme Carlos Martínez Shaw Las Cortes de Cádiz deberían llamarse con más propiedad Cortes de San Fernando‐Cádiz, o Isla de León‐
Cádiz ya que se inauguraron el 24 de septiembre de 1810 en esta localidad. En esa localidad tuvieron debates tan importantes como los de la representación de los diputados americanos o los de la libertad de prensa, dentro de lo que se pretendía, es decir, realizar una Revolución Liberal en nombre de Fernando VII, entonces retenido por Napoleón en Francia. El programa versará sobre la solución dada al problema americano o la propuesta constitucional que se hace para España y para América en las Cortes de Cádiz y que luego quedará reflejado en la Constitución de 1812. A estas Cortes de san Fernando se convocaron diputados de ambos hemisferios. Los diputados de la Península llegaron con dificultades, ya que no hay que olvidar que estamos en plena Guerra de la Independencia, y de hecho los diputados americanos tuvieron muchas más dificultades, y sólo pudo llegar uno. El resto se tuvo que elegir entre criollos entonces avecindados en Cádiz y que entonces tuvieron que actuar como suplentes y con la figura de estos diputados suplentes pudo salvarse la legitimidad de una representación estrictamente americana‐ Pero esta legitimidad americana siempre fue puesta en duda y representó un eslabón débil dentro de la acción de los constitucionalistas respecto a América, pero en realidad tuvo que prevalecer el sentimiento pragmático que impulsó el líder peninsular Agustín Argüelles, que afirmó que no había otra manera de que América tuviera representación que no fuera recurriendo a esta fórmula de los suplentes y que estos suplentes irían cediendo el paso a medida que llegaran los titulares de dicha representación desde América. Pero hubo un lobby americano desde un primer momento, y ellos hablaron desde un primer momento en nombre de los americanos y prevaleció sobre todo su condición de criollo y la defensa más fuertes de los intereses y derechos de los criollos sobre los de otros grupos como podrían ser los de los indígenas, los pardos o los esclavos, que prácticamente no tuvieron ninguna representación en los debates, ni siquiera como objeto del mismo, no ya activamente. Desde un primer momento las Cortes de Cádiz intentan establecer una igualdad entre los españoles peninsulares y los españoles ultramarinos, en igualdad de derechos a la hora de formar parte de la Nación. De hecho, el artículo 1 empieza “La Nación española se compone de los españoles de ambos hemisferios”. Esta afirmación ha sido objeto de controversias. Incluso el historiador Jaime Rodríguez llegó a afirmar que esta constitución sobrepasó a todos los gobiernos de la época en cuando a derechos y libertades políticos a la vasta mayoría dela población masculina adulta, a uno y otro lado del Atlántico, como Inglaterra, Francia o EEUU. Otro autor como José María Portillo afirma que la Constitución de 1812 fue la única constitución atlántica que asumía una identidad compartida por todo el imperio precedente. Por el contrato, toda otra serie de autores han considerado que esto fue un pecado original a la hora de pensar en América, porque de alguna forma el intento de mantener bajo un solo gobierno a los habitantes a uno u otro lado del Atlántico, parecía, como a algunos autores como Roberto Breña, un proyecto semi‐utópico, y para otros autores, como por ejemplo Marta Lorente, un proyecto que no tenía ninguna viabilidad de raíz y por lo tanto todo lo que se hiciera sería inútil. Hoy día, esta actitud maximalista como la de Marta Lorente es contestada por aquellos que ven un esfuerzo muy amplio en las Cortes de Cádiz para dar una solución al problema de América y que quizás pudiera haber funcionado en un segundo momento, ya que las dificultades eran muchas, pero sobre todo se llegó a un tipo de acuerdo y de fórmulas transaccionales de cara a que en el futuro, cuando se constituyeran ya unas Cortes Ordinarias y no Constituyentes ya estos problemas pudieran tener solución o salida, que contemplarse la unidad entre los dos hemisferios, pro al mismo tiempos e contemplara ampliamente la diversidad que había en América. Pero también aquí muchos de los componentes de las Cortes apoyaron soluciones pragmáticas, como José Espiga o el propio Agustín Argüelles, por hacer lo que ese momento era lo posible y que cuando llegara el momento adecuado en un futuro abordar problemas como el de la representatividad, ya que eran muchísimos más los diputados peninsulares que los ultramarinos, y podría haberse llegado a esta igualdad en los 150 diputados previstos. Y lo mismo en los demás aspectos. 10 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ No obstante las Cortes de Cádiz tenían que enfrentarse a la dificultad enorme de que estaban trabajando para una Constitución que abarcaran a dos mundos completamente divididos en aquel instante, no sólo entre sí, sino en el interior de ellos. En España estábamos en plena Guerra de la Independencia, en pleno reinado de José I Bonaparte y escindida en muchos bandos, absolutista versus liberales, los afrancesados ( partidarios de José I de de la Constitución de Bayona) y los patriotas… pasaba lo mismo en América; realistas acérrimos, otros en una posición intermedia, considerando la posibilidad de una autonomía o de una independencia controlada, o los partidarios de una independencia toral como el Cabildo abierto de Buenos Aires o en el caso de la primera declaración de la República en Venezuela, que constituía el gripo denominado “insurgente”. De hecho además algunos diputados querían ratificarla en América, a lo que se opuso el pragmático Argüelles, que postuló que se ratificaran dentro de 8 años, porque en ese momento creía que debía prevalecer la estabilidad, el garantizar los derechos para todos, frente a las formas demasiado puras de carácter constitucional para darle legitimidad a la Constitución. Es preferible tener una Constitución que a por un purismo no tener ninguna. Y eso fue lo que acaba prevaleciendo. En conclusión la solución dada para América en los años 1810‐1814 fue posibilista, Los principios constitucionales de Cádiz eran más o menos similares a los derechos que defendía los insurgentes en América y que de hecho la Constitución de Cádiz fue aplicada por ejemplo por los insurgentes mexicanos de la década de los 20. Que fue un esfuerzo generoso y limitado, limitado porque una tradición de 300 años hacía que fuera imposible eliminar de un plumazo cuestiones como el pacto colonial o el centralismo de gobierno. En cualquier caso no sabemos, porque la Constitución de Cádiz fue cercenada con el retorno del rey Fernando VII y el establecimiento del Sexenio absolutista, si España y al América Española podrían haber caminado juntas hacia la libertad. Lo que sabemos es que se produjo un violente enfrentamiento entre los españoles y los insurgentes americanos y que al final España y América vivieron cada una por separado su proceso de caminar hacia la libertad y la modernización. 11 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ La independencia americana por Yaiza Carlos Malamud El proceso de la Independencia de la América española que comienza básicamente en 1808 coincidiendo con la invasión napoleónica a la Península Ibérica, invasión que va a marcar, por un lado, la cefalía de poder en la corona española y va a librar toda una serie de fuerzas latentes, durmientes unas, nuevas otras, la mayoría, existentes en las colonias americanas que van a producir este proceso emancipador, esta independencia tiene evidentemente algunos precedentes importantes, como son en 1776 la independencia de las Trece Colonias de América del Norte, pero también en 1789 ,el proceso de la Revolución Francesa, está claro que son dos elementos que marcaron la ideología de algunos sectores, sobre todo de las elites de la América Española, pero lo determinante fue la invasión a la Península Ibérica y sobre todo, el vacío que se produjo en el trono de España en ese momento. A partir de entonces, va a comenzar un proceso de creación y formación de Juntas de Gobierno, a lo largo y a lo ancho de la península, pero el proceso emancipador va a cobrar fuerzas, sobre todo, en las regiones periféricas del Imperio español, y va a ser mucho más débil o más controlado por las fuerzas más partidarias al realismo en aquellos centros de poder del Imperio, como eran Lima, el Perú por una parte y Méjico, la ciudad de Méjico por la otra. Que eran estos dos virreinatos, Perú y Méjico respectivamente, no por casualidad, los dos centros productores de plata más importantes, y hay que recordar en este sentido, la importancia capital y decisiva que tenía la producción de plata para la financiación del Imperio Español, y precisamente, van a ser estos dos virreinatos, Perú y Méjico los últimos en independizarse de la metrópoli española. Proceso, en el cual, es imposible hablar de forma aislada, de lo que ocurría en cada colonia, como se tiende a hacer todavía en América Latina, donde las distintas historias nacionales inciden en la peculiaridad de cada uno de los procesos respectivos de independencia, cuando en realidad, lo correcto es analizar este proceso de emancipación, de una forma clara, conjunta y general, y pensando que no ocurre únicamente en una orilla del Atlántico, como es América, sino que es un proceso que se da a dos bandas, que se da simultáneamente en España y en América, porque si no sumamos lo que ocurre a ambas partes del Atlántico, seríamos incapaces de entender este proceso emancipador. Y así, es evidente, que nos encontramos con algunas fechas claves, como son: -
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1808, evidentemente, cuando comienza el proceso de invasión napoleónica en la Península Ibérica. 1810, cuando los sectores que todavía siguen fieles a la corona española, sea quien sea el que estuvieran a su cargo, bien sea el consejo de regencia o cualquier otro, y la presencia española se va reduciendo cada vez más a sectores mínimos de Andalucía, una fecha en la cual, evidentemente, surgen un rosario de Juntas de Gobierno, como por ejemplo en Buenos Aires, en el Río de la Plata, en el Alto Perú, en Caracas, y en otros lugares. 1812 cuando se sanciona la Constitución Liberal de Cádiz, que va a tener un impacto profundo, determinante sobre los procesos políticos subsiguientes en la América republicana. 1814 con el restablecimiento de Fernando VII, es decir, con la vuelta del absolutismo, y en este sentido, esta fecha va a marcar un claro retroceso de aquellos procesos de emancipación más radicales, o que de alguna manera podían estar vinculados con el jacobinismo, de hecho, entre 1814 y 1820 asistimos a un cierto reflujo en los avances emancipadores. El período 1820‐1823 que coincide con lo que en la historia de España se conoce el trienio constitucional, es decir, el nuevo retroceso del absolutismo, el restablecimiento de la Constitución Liberal de Cádiz y por lo tanto, la vuelta de los liberales al poder, y el nuevo embate del Absolutismo, el regreso de Fernando VII, va a marcar de alguna forma clara el fin del proceso emancipador, con los triunfos claros que se van a producir en Méjico y en Lima. Estamos entonces frente a un proceso que la historiografía latinoamericana conoce en líneas generales, como un proceso revolucionario, aunque en este sentido, habría que preguntarse, de qué revolución se trata, ya que, al respecto, hay demasiadas discusiones, durante mucho tiempo se pensó que había sido una revolución económica, aunque en líneas generales, podemos ver como más allá de la destrucción de algunos centros mineros, de la destrucción de cultivos como consecuencia de las guerras de 12 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ independencia y de la destrucción de ciertos lugares de trabajo, en líneas generales el aparato productivo existente en las colonias a fines del período colonial, se va a mantener incólume, se va a mantener entero, y por lo tanto, la agricultura seguirá siendo el eje de la economía americana, las formas de trabajo existentes, basadas en algunos casos en la esclavitud, en otros casos en la explotación de la mano de obra indígena y en otros casos en el empleo de mano de obra asalariada, va a seguir, en líneas generales siendo la misma, por lo tanto, no podemos hablar de una revolución económica. Tampoco asistimos a una revolución social, siguiendo el ejemplo de lo ocurrido en la Francia revolucionaria, ya que tampoco va a haber cambios profundos en lo que respecta a la situación de los indígenas, más allá, de que la Constitución de Cádiz establecía la abolición del tributo, pero este hecho, tampoco va a marcar modificaciones profundas en lo que supuso la estructura social, una estructura social, no de castas, como dicen algunos estudiosos, pero aún así, una estructura social bastante estratificada, con algunos grupos que tenían su razón de ser más en función de orígenes étnicos, que de orígenes sociales, aunque evidentemente, estos orígenes étnicos modificaban su influencia de un país a otro, y ahí quizás está el fenómeno del mestizaje, un fenómeno de difícil definición que lo ejemplifica claramente. Por lo tanto, si no se trata de una revolución económica, ni de una revolución social, de qué revolución estamos hablando, pues básicamente estamos hablando de una revolución política, y esta revolución política responde básicamente a dos hechos fundamentales, en primer lugar, porque el proceso de independencia supone la quiebra definitiva de la monarquía y la construcción de nuevas repúblicas, con la excepción de Méjico, que durante algún tiempo intentará mantener una estructura imperial, lo que vemos en este período, 1810‐1825 a lo largo y a lo ancho de América Española es el surgimiento de nuevas repúblicas, federales algunas, centralistas otras, pero en definitiva, todas repúblicas, y en este sentido, claro está, hay una marcada diferencia, entre lo que existe en la América Española y lo que pasó en la América Portuguesa, donde sí se mantuvo la estructura imperial. Por lo tanto, el primer hecho que nos permite hablar de esta revolución política, es el surgimiento de estas nuevas repúblicas, y en segundo lugar, y esto es todavía más importante, y habla de una transformación política de grandes repercusiones, está en lo que se denomina el paso de súbditos a ciudadanos, durante la monarquía, durante el Imperio, quienes habitaban en las colonias eran súbditos del rey de España, mientras que a partir del surgimiento de estas nuevas repúblicas, estos súbditos ya van a dejar de serlo y se van a convertir en ciudadanos, y estos ciudadanos, es importante, van a comenzar a desarrollar un derecho vinculado a la ciudadanía, aunque también vinculado a algunas o a todas las democracias constitucionales, que es el derecho del voto, en este sentido, lo que vamos a observar es el desarrollo en paralelo de procesos electorales, con el surgimiento de nuevas repúblicas, procesos electorales que en líneas generales surgieron ya durante el proceso de convocatoria de diputados a Cortes, y que luego, como consecuencia de la Constitución de 1812 se fueron afianzando cada vez más. Y esto es el inicio en líneas generales de los gobiernos representativos en la región, y sobre todo, el inicio de un largo proceso que va a conducir a la democracia en América Latina, dicho esto, podemos afirmar por lo tanto, que la democracia como tal, no es un fenómeno ajeno a la historia latinoamericana, sino que es un proceso que está íntimamente ligado a su historia republicana, a la historia de naciones libres. Por lo tanto, para concluir, podemos recapitular diciendo que este proceso de emancipación, que se produce entre 1808 y 1825, está indudablemente vinculado a lo que ocurre en España, que es lo que opera como disparador de todo el proceso, que se trata básicamente de una revolución política, y sobre todo, es el proceso histórico que va a dar lugar al surgimiento de las nuevas repúblicas latinoamericanas, desde Argentina en el sur hasta Méjico en el norte, lindando eso sí, con los Estados Unidos, en un proceso fronterizo, que lamentablemente para Méjico supuso la pérdida de muchos miles de Kilómetros cuadrados. 13 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ La independencia en América Latina por Yaiza Carlos Malamud El Proceso de independencia americana a grandes rasgos se ubica entre 1810 y 1825 implica de alguna forma el surgimiento de los nuevos estados latinoamericanos, que en buena medida van a ser repúblicas, por lo general, las distintas historias nacionales presentan estos procesos emancipatorios o independencias como verdaderas revoluciones, el problema es de qué tipo de revolución estamos hablando, social, económica o política. Desde un punto de vista económico, la emancipación no supuso una transformación radical de las estructuras económicas de las antiguas colonias españolas o de las nuevas repúblicas latinoamericanas. Desde un punto de vista social, tampoco se produjeron modificaciones importantes, los grupos sociales, las clases siguieron estructuradas de la misma forma antes y después de la emancipación. Por lo tanto, si hablamos de alguna revolución hay que situarla en el contexto de lo político, porque hubo una transformación radical en las formas y en los modos de hacer política de antes y de después, quizás la mayor transformación la podemos ubicar en el terreno de la ciudadanía, aquí vemos como los antiguos súbditos del monarca se convierten en ciudadanos. Esto significa de alguna forma que estamos al comienzo de un sistema que podríamos llamar representativo, base con el tiempo de lo que van a ser las democracias latinoamericanas. Aquí es importante señalar que en el siglo XIX no había muchos lugares en el mundo donde había sistemas representativos o había elecciones, Europa occidental evidentemente era uno de los lugares privilegiados, los Estados Unidos eran también un país con verdadera tradición democrática, aunque las últimas elecciones no sean precisamente un modelo de resolver los problemas sobre todo a la hora de realizar el escrutinio, y por último nos queda América Latina. Solamente en un escaso puñado de países podemos encontrar en el siglo XIX sistemas que podríamos denominar como representativos y que son el verdadero germen de los sistemas democráticos. Es decir, la transformación radicaría precisamente en esa transformación de súbditos a ciudadanos y en este surgimiento de procesos electorales origen de sistemas representativos Y en este punto, evidentemente la influencia de la Constitución de Cádiz, la constitución liberal de 1812 es fundamental. Y esta influencia la vamos a ver no sólo en aquellos lugares donde la Constitución se aplicó directamente porque en el momento de su sanción aquellos territorios pertenecían al Imperio colonial español, como puede ser el caso de México o Perú, sino también en aquellos territorios que en 1812 ya no formaron parte del Imperio porque se habían emancipado como es el caso de Buenos Aires o el Rio de la Plata, y que sin embargo, de un modo indirecto, sí se vio influenciados por muchos de los artículos que iban jalonando la famosa PEPA. Aquí nos encontramos con un suceso especial e importante, y es que este proceso de emancipación que ocurre en América Latina, no puede ser analizado únicamente desde el punto de vista de los sucesos que ocurren en las antiguas colonias, en este caso, es necesario incorporar la dimensión metropolitana, y así hay que prestar atención simultanea a lo que ocurre a ambos lados del Atlántico, tanto lo que ocurre en las colonias, como lo que ocurre en la antigua metrópoli. En realidad, si somos justos, este proceso emancipatorio comienza en 1808 con la ocupación por parte de las tropas napoleónicas de la península ibérica, y esta situación genera un vacío de poder que se expande rápidamente a las colonias. Allí también se adopta el modelo de Juntas que se había propagado a lo largo y a lo ancho de España. Otro momento determinante es el año 1812 cuando se sanciona la nueva Constitución liberal, este momento es un momento de alguna preocupación entre las elites de aquellas colonias centrales como las de México o Perú que estaban sumamente vinculadas a la Corona borbónica, una vinculación que tenía que ver básicamente con el poder de las élites de México y Perú, elites que vivían en buena parte de la producción de plata de estos virreinatos centrales de América. Y estas élites precisamente, van a mirar con preocupación la sanción de una constitución liberal, que pensaban que lo único que podría lograr era una relajación de las relaciones de dominación que vinculaban a la metrópoli con sus colonias. 14 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Todo lo contrario se va a vivir dos años más tarde en 1814 cuando se produzca la restauración monárquica y la vuelta al trono de España de Fernando VII, o también conocido como el “Lisiado”. Lo importante es que la restauración borbónica va a suponer una reafirmación de la dominación española o un intento de reafirmación de la dominación española en Indias, va a satisfacer a esas elites mejicanas y peruanas que decíamos se mostraban contrarias al liberalismo de la constitución de 1812, pero al mismo tiempo va a asustar a otras elites locales o regionales partidarias de la liberalización y partidarias de una mayor autonomía con respecto a la metrópoli. En 1820 se produce una nueva vuelta de tuerca o una nueva oscilación del péndulo, en este momento nos encontramos con que comienza el trienio constitucional, que hay un nuevo impulso a las medidas liberalizadoras, y que se vuelve a imponer la constitución gaditana. Aquí, ya las elites peruanas y mejicanas han decidido cortar por lo sano, cansadas de tanto bamboleo hacia un lado y hacia otro, y esto acelera finalmente los procesos de emancipación tanto en México como en Perú. De este modo llegamos a la primera mitad de la década de 1820 cuando prácticamente toda la América española se emancipa de su antigua metrópoli, y esto va a dar origen a las nuevas repúblicas, hay evidentemente dos excepciones, que son Cuba y Puerto Rico que hasta 1898 van a permanecer unidas al viejo tronco imperial, aquí evidentemente, hay una pregunta central que deberíamos plantearnos, y es ¿por qué estas elites cubanas y de Puerto Rico no siguieron el mismo camino que el resto de las elites americanas? Otro proceso en el cual también vale la pena detenerse, es el proceso de la emancipación de Brasil, habíamos dicho que por lo general el proceso de emancipación había dado lugar al surgimiento de los nuevos estados latinoamericanos, y que estos en líneas generales habían sido repúblicas, es verdad que México fue una excepción transitoria, ahí tenemos el caso del Imperio de Iturbide, pero esto fue un proceso meramente anecdótico, si lo medimos en la larga duración. Así en líneas generales todos los países que surgen de las antiguas colonias españolas o del antiguo Imperio Español son o van a dar lugar a repúblicas. Brasil no va a ser igual, el proceso de emancipación de Brasil supone importantes contrastes con el que había vivido la América Española, en primer lugar porque el Imperio Portugués, o lo que era el Imperio Portugués va a lograr permanecer unido durante el doloroso trance de la emancipación, algo que no va a ocurrir con la América Española, de norte a sur podemos ver como las antiguas colonias del Imperio Español se van a fraccionar una tras otra, México por ejemplo, a lo largo de su proceso emancipatorio y durante las décadas siguientes va a perder casi la mitad de sus territorios del norte, que van a pasar a manos de los Estados Unidos, esto va a pasar con California, con Nuevo México, con Texas; es decir importantes territorios mexicanos se van a desgajar del país. En América central, que había dado origen inicialmente a una confederación transitoriamente unida o vinculada a México, pero también transitoriamente independiente, finalmente este experimento va a saltar por los aires, y de la confederación centroamericana vamos a pasar a la existencia de nuevas republicas como el Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Guatemala u Honduras. El experimento de la Gran Colombia también va a dar lugar al surgimiento de tres países diferenciados: Colombia, Venezuela y Ecuador. El virreinato del Rio de la Plata se va a desgajar en los que van a ser los países de Bolivia, de Paraguay, de Uruguay y de Argentina. Es decir, que hay todo un proceso centrífugo en el Imperio Español que va a dar lugar a diferentes países. Brasil, si bien, va a pasar por algunos experimentos revolucionarios de elites interregionales que intentaran separarse del poder central, sin embargo, va a mantener unidas sus estructuras y va a llegar así hasta nuestros días. En parte, esto puede explicarse, pero en realidad sólo en parte porque hay otros elementos que influyen e intervienen en estas circunstancias, esto puede explicarse por el traslado de la corte de Braganza al Río de Janeiro. En el momento en que se produce la ocupación de la Península Ibérica por las tropas napoleónicas, la corte portuguesa, el monarca, la familia del monarca, los servidores del monarca, los nobles y oligarcas que vivían alrededor y del monarca, los sirvientes, etc. Aproximadamente 10.000 personas se trasladan de Portugal a Brasil, a Río de Janeiro y esto permite por un lado mantener la unidad de la monarquía a ambos lados del Atlántico, pero también permite mantener la unidad de la colonia que va a permanecer más allá de los vaivenes dinásticos que afecten a la corte portuguesa. Esto significa también que el proceso de emancipación brasileño, sí lo medimos o lo 15 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ comparamos directamente con el proceso hispanoamericano, va a ser mucho más pacífico menos violento, no va a estar plagado de las guerras civiles que van a enfrentar a criollos y peninsulares, o a las elites locales durante todo este tiempo en la América Española. Sin embargo y para concluir podríamos señalar que cuando se nos presenta el proceso de emancipación como un enfrentamiento entre criollos y peninsulares, estamos en realidad, frente a una dicotomía que va a ser fabricada con posterioridad al proceso emancipatorio y que va a ser fabricada precisamente por las nuevas elites republicanas, por las nuevas elites latinoamericanas, con el único y principal objetivo de diferenciarse de quien es hasta ese momento eran iguales, o eran lo mismo, hasta el punto de que tanto los europeos como los americanos eran conocidos con el nombre de españoles. Por lo tanto para justificar ideológicamente la secesión las elites latinoamericanas, van a presentar el proceso de emancipación como un proceso de enfrentamiento entre criollos y peninsulares, pero repito, esto no fue la realidad, esto fue más bien un producto de las ideologías que se querían construir, fue una construcción expost al proceso emancipatorio. 16 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ REVOLUCIONES DE INDEPENDENCIA EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA por Marducki Sucesos en 1808 en la Península Ibérica Estos sucesos de 1808 y la abdicación finalmente de Fernando VII produjeron un vacio de poder en España, un vacío de poder en la Corona que terminó comprometiendo la gobernabilidad de las colonias hispanas. Esa falta de referencia directa del monarca, supuso la irrupción de movimientos contestatarios, que de alguna forma terminaron en verdaderos procesos de independencia. Estos procesos no se dieron todos de forma simultánea, sino que en torno a 1809‐1810 hubo un lanzamiento importante de acontecimientos desde el Río de la Plata hasta México, pero que solamente se pudieron concretar en algunos casos como básicamente el caso de Buenos Aires. Por el contrario, Perú y México, los dos principales núcleos del Imperio español, van a permanecer leales a la corona, leales al imperio, hasta la década de 1820‐1825, que es cuando se va a concretar este proceso emancipador En realidad este vacío de poder es el que inicia unos acontecimientos, que habían tenido una serie de precedentes más o menos importantes, entre ellos podemos mencionar tres fechas destacadas -
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1766 cuando se produce la independencia de las 13 colonias, lo que hoy son los Estados Unidos de América 1789 cuando se produce la Revolución francesa Dos sucesos que impactaron “favorablemente” en las independencias, por cuanto otorgaron un manto de legitimidad en los procesos, llevaron adelante unas ideas transformadoras que estaban más o menos latentes en la población, es cierto que la ilustración española se había hecho presente en la América, pero con unos rasgos característicos y propios diferentes del resto de la ilustración, del resto de la Europa continental Hubo otro hecho de principios ya del s. XIX, que va a impactar negativamente sobre los procesos de independencia y va a dejar una impronta muy firme y muy temerosa en algunas elites regionales: la independencia de Haití, suceso directamente vinculado con la revolución francesa por cuanto llevó a las mentes de los esclavos negros de las plantaciones azucareras de Haití y a las clases mestizas muy extendidas también en la isla de Santo Domingo, en la parte francesa, que la independencia era posible. Esta independencia finalmente estalló a comienzos del s. XIX. Una independencia que tuvo unas características sumamente sangrientas. El hecho de que quienes pudieron escapar de la isla, que no fueron muchos, porque muchos hacendados y plantadores fueron pasados por las armas por los esclavos rebeldes y mestizos, pues quienes pudieron huir de la isla se refugiaron en una cantidad bastante apreciable en la isla vecina de Cuba, donde su testimonio sobrecogió a los plantadores locales y éste quizá es uno de los hechos que debe tenerse en cuenta para poder explicar porque las colonias de Cuba y Puerto Rico permanecieron hasta 1898 en poder de España y no siguieron la estela emancipadora independentista del resto de las colonias americanas. El temor de los plantadores locales a sufrir los mismos problemas que los haitianos es algo a tener bastante en cuenta, de la misma manera que en el caso de Perú y México revueltas como las de Tupac Amaru también con consecuencias importantes por la disfunción social que podían causar hace falta que sean consideradas Pero no fueron estos únicamente los factores que incidieron en el proceso de emancipación, tenemos otra serie de hechos comenzando básicamente por las reformas borbónicas La llegada de los borbones al poder en el s. XVIII va a suponer cambios importantes en la organización del imperio. Los monarcas desde Felipe V hasta Carlos III que es el que más empeño pone en estas transformaciones y en este proceso reformista llamado el de las reformas borbónicas van a introducir una serie de cambios, tanto en lo que supone la organización del gobierno colonial, como el marco económico y el marco comercial, que van a intentar transformar el imperio, convirtiéndolo en una organización mucho más moderna, mucho más eficaz, mucho más centralista, es decir en un imperio que realmente funciona. Pero hay que tener en cuenta que un imperio que realmente funciona lo es en la medida en que la explotación colonial es mucho más fuerte, por tanto en la medida en que este imperio 17 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ se convertía en masificas su capacidad de explotación sobre los colonos aumentaba y el descontento de los mismos frente a la península también era creciente. Ese vacío de poder, vinculado a la desaparición de la monarquía gobernante en la Península Ibérica, se va a insertar este descontento creciente de las elites regionales, las elites locales, que van a ser las que van a impulsar en su momento, este proceso de transformación que se va a conocer como de independencia No todas las élites regionales van a reaccionar de la misma manera frente a los vacíos de poder, frente a las reformas borbónicas y estas diferencias se van a plasmar concretamente, en los diferentes estilos, los diferentes tiempos, las diferentes características, que van a adoptar los distintos procesos de independencia a lo largo y ancho del imperio español y precisamente aquí nos vamos a encontrar con un hecho diferencial importante que permite comparar lo ocurrido en el imperio español con el imperio brasileño, el imperio portugués, ya que mientras Brasil se va a mantener como un bloque unido, no va a ocurrir lo mismo en el imperio español, más allá de las pretensiones de Simón Bolívar, que en realidad lo único que pretendía con sus llamadas a la unidad era el restablecimiento de la unidad del imperio español Pero lo cierto es, que mientras el proceso de independencia brasileño, se va a realizar en un marco de integridad territorial, en un caso de escasas tensiones centrífugas, aunque evidentemente hubo algunos movimientos separatistas y en un marco de relativos conflictos bélicos, si comparamos esto con lo ocurrido en la América española, las diferencias no podían ser más notables. Este proceso va a llevar, después de complicadas circunstancias que van a durar durante varias décadas al surgimiento de las repúblicas que actualmente conocemos en América latina, unas repúblicas que van a emerger con su perfil actual, en torno a las décadas centrales del s. XIX. Es decir el surgimiento de las nuevas repúblicas va a ser un proceso bastante complicado que va a durar durante varias décadas y que va a depender en buena medida también de los enfrentamientos entre las distintas élites regionales, que intentaban cada una de ellas, imponer un proyecto político y un proyecto territorial bastante diferenciado entre sí. Se suele hablar de estos proyectos independentistas, como unos procesos revolucionarios, que supusieron una gran transformación si partimos de la definición de que revolución significa precisamente una transformación bien social, bien económica, bien política, muy acelerada en el tiempo, muy concentrada y que termina provocando cambios dramáticos, cambios drásticos, en la entidad social, territorial o económica que estemos considerando En la América española y también en Brasil, se habla de revoluciones, pero lo que sería importante, sería tratar de determinar de qué tipo de revoluciones estamos hablando. Podemos descartar rápidamente dos casos muy concretos, tanto la revolución económica, cómo la revolución social. No hubo después de la independencia ni grandes transformaciones económicas, la guerra, allí donde se produjo implicó la destrucción de parte del aparato productivo, peor vuelva a la normalidad esos aparatos productivos se mantuvieron inalterables. Algo similar ocurrió también con la estructura social, en cuanto no hubo grandes alteraciones del orden social, siguió existiendo la esclavitud, aunque evidentemente, el hecho de alistar esclavos que participaban en las guerras de independencia, implicó la posibilidad de distender las condiciones en las cuales esa esclavitud se producía. Los indígenas siguieron siendo sectores sociales subordinados, es decir que la estructura social realmente se mantuvo inalterable, más allá de algunos proceso de inversión social ocurridos durante las guerras de independencia. Por lo tanto, a lo que nos vamos a enfrentar precisamente es a una verdadera revolución política que pasa precisamente a partir del hecho en que antiguas estructuras vinculadas al antiguo régimen, vinculadas también a una monarquía absoluta, dejan de estar vinculadas a la figura del monarca para permitir el surgimiento de las nuevas repúblicas, de nuevas instituciones y en lo que coloquialmente conocemos como el paso del súbdito al ciudadano. Es verdad que la construcción de la ciudadanía no se hizo del día a la noche, esto fue un proceso largo y prolongado que permitió la instauración con todos sus problemas pero sobre todo teniendo en cuenta las características de la época, la introducción y la divulgación de forma progresiva de estructuras democráticas, de elecciones en la región. 18 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Hay que tener en cuenta en este sentido, que en Argentina se va a votar en la primera mitad del s. XIX, cuando de hecho esta práctica tenía lugar en muy pocos países del mundo, no solamente de la Europa occidental, sino del mundo en general. Recapitulando entontes podríamos decir que estos procesos de independencia comienzan de alguna manera en 1808 a partir de la invasión napoleónica de la Península Ibérica, que se prolongan durante más de un cuarto de siglo y que van a finalizar con el nacimiento de las actuales repúblicas latinoamericanas. 19 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Los orígenes de la democracia en América Latina por Yaiza Carlos Malamud La democracia en América Latina tuvo su origen en los distintos países, en las distintas repúblicas, en primer lugar, valga la redundancia, un régimen republicano acompañado del inicio de la ciudadanía y también de otras instituciones básicas para la democracia representativa como pueden ser las elecciones. En efecto, todavía a finales del período colonial, coincidiendo con la convocatoria a Cortes, entre 1808 y 1810, las distintas colonias americanas conocieron diversos procesos electorales y sentaron las bases para lo que sería las selecciones en la América Latina posterior, junto a esto, luego la constitución gaditana de 1812, la famosa Pepa también puso otro peldaño más en la convocatoria de elecciones, estas por un sistema indirecto en varias vueltas, que sin embargo, fue sentando las bases de lo que serían esos procesos electorales que tanto impacto tendrían en la vida latinoamericana. Estamos acostumbrados a escuchar que en realidad a lo largo del siglo XIX y buena parte del siglo XX, las elecciones en América Latina no servían para nada porque eran un instrumento de las oligarquías gobernantes y estaban dominadas por el fraude, y por otra parte, que eran pocos quienes votaban en estas elecciones, en realidad lo que ocurría en las distintas repúblicas era algo mucho más complejo y estaba marcado por una casuística que imponía realidades muy diversas en los distintos países, en primer lugar en muchos países los analfabetos podían votar, es decir, había de hecho, un sufragio universal, aunque evidentemente las mujeres estaban excluidas del sufragio como ocurría en todas aquellas partes del mundo donde se votaba, algo que a principios del siglo XIX, sucedía en muy pocos países, salvo Estados Unidos, salvo algunos enclaves de Europa occidental como podría ser Francia, como podría ser Gran Bretaña, España, e Italia, pero en realidad eran muy pocos los países del mundo donde se votaba, y América Latina estaba, lógicamente, incluidos en esta gran excepción. Pues bien, allí vemos como en muchos países había un sufragio universal de hecho, aunque evidentemente existían algún tipo de restricciones para las mujeres o para otros grupos pero no por criterios ni de instrucción ni de riqueza, había otros países donde sin embargo, estos criterios si estaban vigentes, y en algunos de ellos, como por ejemplo Chile o Perú, durante largas décadas los analfabetos no pudieron votar. En lo que se respecta al fraude, podríamos decir también, que esto era algo consustancial a los sistemas electorales tanto en América Latina como en Estados Unidos o en Europa, por lo cual, no se puede decir que fuera un elemento diferenciador de los sufragios en América Latina que en el resto del mundo donde estos sucesos tenían lugar. En fin, este desarrollo temprano de las elecciones junto a la creación de la ciudadanía, porque en este sentido valdría la pena recalcar un hecho importante, y es que la independencia no solamente supuso el paso del imperio a nuevas repúblicas, sino también el paso de lo que era una categoría social conocida como los súbditos a la categoría de ciudadanos, junto al fin de sociedades de tipo corporativo, precisamente el desarrollo de la ciudadanía fue un elemento que fue sentando las bases de lo que serían los regímenes democráticos y representativos en la región. Es evidente que esto no se construyó de un día para otro, no se construyó de la noche para la mañana, sino que fue necesario el paso de décadas, el paso de reformas que permitieran crear un ambiente propicio para que las elecciones fueran el marco más adecuado para la elección de nuevas autoridades, y en este sentido, cabe también marcar otro punto importante y es que a diferencia de lo que ocurría en el período colonial donde las autoridades eran vitalicias en función de los nombramientos efectuados por la corona, a partir del surgimiento de las republicas, la soberanía residía en el pueblo, y era este el que a través de las elecciones nombraba a las autoridades, y por otra parte, las elecciones marcaban un calendario muy estructurado del lapso temporal en el que los gobiernos desarrollaban sus funciones, en este sentido, las selecciones ponían un punto y aparte entre un gobierno y otro. Al mismo tiempo, estas elecciones legitimaban a los gobiernos surgidos de las urnas, hasta el punto, que inclusive aquellos gobiernos que llegaban al poder a través de revoluciones o de golpes de Estado veían la necesidad de convocar más temprano que tarde, elecciones con el fin de legitimar su actividad. Estas elecciones fueron creando un marco adecuado para el aprendizaje social de prácticas democráticas, convocatorias de elecciones, campañas electorales donde los candidatos se ponían en 20 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ relación con aquellos que votaban, y en este sentido, otra de las características de las elecciones latinoamericanas del siglo XIX, que no eran muy distintas a lo que pasaba en otras partes del mundo, era que votaba muy poca gente, es decir, los porcentajes abultados de convocatorias electorales que conocemos en estos días en algunos países, aunque hay que recordar que en otros el porcentaje de participación a veces no supera el 40 por ciento, como puede ocurrir en países como Venezuela en América Latina, o Estados Unidos o Suiza sin ir más lejos, pues nos encontramos, que en esta época los porcentajes no diferían mucho de lo que ocurría en otras partes del mundo, y esto también fue otro de los elementos o argumentos barajados durante mucho tiempo para descalificar a las elecciones en América Latina. En síntesis podríamos recalcar que los procesos electorales en la región no divergían en mucho de lo que ocurría en las otras partes del mundo civilizado donde también se votaba, su funcionamiento era más o menos similar, sus cometidos eran también similares y los mecanismos también, hasta tal punto que buena parte de la legislación comparada tenía su origen en leyes sancionadas bien en España, porque en este sentido el idioma era un elemento importante para incorporar leyes de esta procedencia, pero también leyes aprobadas por los Parlamentos de Estados Unidos, de Francia o de Gran Bretaña, entre otros. Este proceso electoral se va a caracterizar por la participación de partidos políticos, todos ellos de nueva o de reciente creación, muchos de los cuales tenían un sesgo bien conservador, bien liberal, pero habría otros partidos que estaban marcados por otros cruces como podrían ser su apuesta por el feudalismo, su apuesta por el centralismo, pero en definitiva, nos vamos a encontrar con partidos políticos, pero con características bastante diferentes a los que encontramos en nuestros días, se trataba de partidos, por una parte, de una base caudillística muy marcada, el personalismo era una de las señas de identidad de estos partidos, se trataba por otra de partidos escasamente programáticos, hasta el punto que el programa electoral era confeccionado en la víspera de las elecciones por los principales candidatos o por una comisión creada ad hoc y eran partidos sin ninguna estructura permanente, hasta el punto que muchos de ellos se conformaban en la víspera de elecciones para servir como un vehículo especialmente diseñado con ese objetivo. Estos partidos personalistas, estos partidos caudillísticos van a conocer una modificación en la segunda mitad del siglo XIX, especialmente en torno a 1870, a 1890, cuando se sienten las bases de nuevos partidos programáticos e impersonales. En este sentido vamos a observar como en esta época van a comenzar una serie de reformas electorales que tendrán como principal objetivo el desarrollo de estos nuevos partidos, que van a ver también el surgimiento de burocracias partidarias que van a ser las encargadas de conducir el partido entre elección y elección. Resumiendo un poco podríamos señalar que con el surgimiento de las repúblicas en América Latina se sentaron también las bases para el desarrollo de la democracia representativa y fueron creándose instituciones adecuadas para este fin, nuevas legislaciones electorales, nuevas instituciones como partidos políticos, nuevas bases en torno a las cuales se podía votar, participación de grupos amplios en buena parte de los países, donde de hecho funcionaba un sistema que podríamos denominar como universal, y todo esto evidentemente constituyó un rico proceso de aprendizaje para que los distintos sectores que participaban de la vida política latinoamericana de entonces, inclusive los indígenas comenzaran a hacer ese proceso de aprendizaje para sentar las bases de lo que fue el sistema democrático en América Latina. 21 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Dictaduras en América Latina por Yaiza Carlos Malamud Vamos a tratar las dictaduras militares latinoamericanas, vamos a hablar de la de Pinochet, pero centrándonos en el contexto en el que el general Pinochet llegó a ejercer el poder, la forma en que este poder fue ejercido y básicamente las principales características que tuvo la transición política chilena. En realidad, si tenemos que inscribir a la dictadura del general Pinochet en una corriente de hechos similares en América Latina, podemos hablar de las dictaduras militares ocurridas en la década de los setenta, un momento en el cual los golpes militares se hicieron algo corriente, en este punto, para comenzar, habría que hacer una salvedad, y es que a diferencia de otros países, donde los golpes eran una moneda de cambio que se producían un año sí y el otro también, quizás de una forma más caricaturesca podríamos hablar de Bolivia, donde los golpes militares estaban a la orden del día, y el promedio anual excedían a uno de forma amplia. Pues, en el caso de Chile la situación era distinta, pues en este país la estabilidad institucional era un hecho. De todas formas, hay que señalar que las dictaduras militares que encontramos en América Latina en las décadas de los sesenta y los setenta tienen características propias en relación con las que podríamos contemplar en la misma región en décadas anteriores del mismo siglo o inclusive en el siglo pasado. Sí en estas épocas era un general o un coronel o un alto cargo militar que con el apoyo de sus compañeros se lanzaba a la conquista del poder. En los sesenta y en los setenta las cosas van a cambiar, ya no se trata de un esfuerzo individual, ya no se trata de que un militar carismático se convierta en dictador, sino que ahora va a ser la corporación militar en pleno como tal corporación la que va a intervenir en la vida política, hasta el punto que algunos politólogos inclusive llegan a hablar de partidos militares en estos países. Esta situación se va a ver favorecida de alguna forma por el surgimiento entre la oficialidad de una clara conciencia corporativa, conciencia que muchas veces se va a hablar inclusive de la autonomía del poder militar frente al poder civil. A esto hay que sumar una burocratización cada vez mayor dentro de los ejércitos y una mayor participación de los jefes y oficiales en la vida económica de los países latinoamericanos. De todas formas, hay que hacer una salvedad, que tiene que quedar bastante clara, y es que el intervencionismo militar en estos países no era un fenómeno autónomo impulsado y llevado a buen puerto por los militares de forma aislada del resto de la sociedad, sino que era fomentado inclusive desde la propia sociedad civil, dadas muchas veces la incapacidad de los partidos y del propio sistema político interno para resolver determinadas cuestiones políticas, hay situaciones en las cuales se suele hablar de un empate entre las fuerzas políticas, y que dada la dificultad para romper este equilibrio de fuerzas es necesario un golpe militar. Forma parte de la dinámica con la cual se suelen explicar estos golpes, que por lo general son impulsados desde Washington, bien por el departamento de Estado, bien por el Pentágono. Sin embargo, lo más normal era que los propios golpistas buscaran el visto bueno de la embajada norteamericana antes de quebrar el orden institucional, esto era mucho más frecuente que la participación abierta del departamento de Estado, sin embargo, una vez dado el golpe, lo corriente era llamar a las puertas de la embajada norteamericana para legitimizar este golpe, por este camino evidentemente se esperaba obtener una mayor legitimidad y un rápido reconocimiento internacional. Los regímenes militares surgidos a partir de la segunda mitad de la década del sesenta fueron conocidos como burocráticos autoritarios. El Estado controlado por los militares buscaba completar la industrialización del país, y la administración solía dejarse en manos de tecnócratas. La alianza entre los militares y el poder económico junto con las corporaciones transnacionales fue decisiva, y los militares pasaron a ocupar puestos claves en las empresas vinculadas con la defensa y la seguridad nacional. Y todo esto evidentemente se da en un marco caracterizado por la incidencia de la guerra fría en América Latina, el enfrentamiento entre el mundo occidental y cristiano, y el comunismo ateo internacional debía ser asumido por los militares latinoamericanos quienes acuñaron la famosa y conocida doctrina de la 22 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ seguridad nacional, doctrina que va a justificar en muchos casos, la llamada guerra sucia en ese enfrentamiento contra el comunismo contra las guerrillas internacionales. Si miramos la situación existente en América Latina a comienzos de la década de los noventa, nos encontramos con que en la mayor parte de los países latinoamericanos, salvo Cuba y Haití, existían regímenes políticos que podrían definirse como democráticos. Este, sin embargo, no era el panorama existente 20 años atrás, en realidad, a final de la década de los 70 sólo Colombia y Venezuela en América del Sur junto con Costa Rica y México en América Central y del Norte se encontraban en esta situación, bien es verdad, que el sistema mejicano por sus características en esta época de sistema de partido único dirigido por el PRI el partido revolucionario institucional tenía o vivía una situación bastante peculiar De todas maneras, a fines de los setenta y ya en los ochenta nos vamos a encontrar con toda una serie de procesos que permitieron el paso de dictaduras militares a gobiernos democráticos, estos procesos han sido denominados por los politólogos y otros estudiosos de las ciencias sociales como procesos de transición a la democracia. En este sentido, cabe recordar la febril actividad de numerosos políticos y académicos españoles que en estos años solían viajar con bastante asiduidad a América Latina para vender la buena nueva de la transición española, que era un modelo que se quería imponer a aquellos países, olvidando muchas veces, el hecho de que las realidades de cada uno de estos países eran bastantes distintas a los españoles. Entre los distintos modelos de transiciones nos encontramos con uno, que es el que más nos interesa en este momento, que es el de aquellos regímenes definidos como burocráticos autoritarios, un modelo que podría englobar a las dictaduras de Argentina, Uruguay y Chile, estas transiciones fueron iniciadas más tempranamente por Argentina y Uruguay, y de una forma mucho más tardía por Chile. En realidad, el proceso chileno fue muy complicado desde sus inicios, sobre todo, por el significado traumático que supuso el golpe militar que derrocó a Salvador Allende, y que también supuso su muerte por suicidio durante el intento de toma del Palacio presidencial, del Palacio de la Moneda. Al tiempo nos vamos a encontrar con una situación sumamente trabada, con una transición donde quienes, una vez puestos en la tesitura de abandonar el poder, van a poner una cantidad muy grande de trabas y condicionantes para el afianzamiento de la democracia. La situación política chilena previa al golpe, sobre todo la que tiene lugar entre 1958 y 1973 se va a caracterizar por una alternancia política, que algunos han denominado arrítmica y esto porque nos encontramos con alternancias entre gobierno de derechas, sucedidos por otros de signo demócratas cristianos, y finalmente por otros de signo socialista. Así fue, como en 1958 el candidato de la derecha Jorge Alexandri gano las elecciones; el año 1964 el partido centrista demócrata cristiano encabezado por Eduardo Frey, el padre del actual presidente chileno va a ganar la elección; y en el año 1970, la unidad popular encabezada por su candidato Salvador Allende va a llegar a la presidencia. Sin embargo, hay que señalar que sí estas alternancias eran posibles, era en parte por el delicado equilibrio de las distintas fuerzas políticas, hasta tal punto de que se llego a hablar de las tesis de los tres tercios, según la cual la sociedad chilena estaba dividida en tres partes iguales, un tercio de la sociedad apoyaba a los partidos de derecha, otro tercio apoyaba a la democracia cristiana, y otro tercio apoyaba a la izquierda. En líneas generales podemos afirmar que todavía hoy esta situación se mantiene con pequeñas variantes. Esto produjo, que en realidad Allende en las elecciones presidenciales no obtuviera la mayoría necesaria para ser elegido presidente y tuviera que ser designado por el Congreso, algo similar había ocurrido en su momento con Eduardo Frey, que recibió como candidato más votado también el voto de otros diputados. Sin embargo, aquí, por tratarse de un candidato de la izquierda, de un candidato socialista, las presiones tanto externas como internas fueron muy grandes, pero al final tanto las fuerzas armadas chilenas como los propios diputados decidieron mantener la costumbre de votar al candidato más votado, lo que permitió la llegada de Salvador Allende y la Unidad Popular al gobierno, un gobierno que se mantuvo entre 1970 y 1973, un gobierno que tenía como su principal objetivo la construcción del socialismo de forma pacífica, lo que se llamó la vía chilena al socialismo o la revolución pacífica, pero evidentemente en este proceso la Unidad Popular se encontraba de forma permanente con que en el Parlamento estaba en clara minoría, y por lo tanto no podía sacar adelante los proyectos parlamentarios, 23 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ los proyectos de transformación de la sociedad que quería, de ahí que muchas veces tuviera que gobernar por decreto y no por leyes aprobadas por consenso por el conjunto del Parlamento. Esta situación es quizás una de las mayores críticas que se hacen al gobierno de Salvador Allende, inclusive Ricardo Lagos, el líder del partido por la democracia y probable candidato presidencial para las próximas elecciones en Chile. Hace hincapié en esta situación, es decir, que se quisieron emprender profundas transformaciones sociales, políticas y económicas en Chile, sin contar con las grandes mayorías necesarias como para poder imponer una situación de este tipo, claro está, y en esto también tiene razón Ricardo Lagos, cuando afirma, que esto por sí sólo, no bastaba para desencadenar un golpe militar con las duras consecuencias que tuvo el golpe de Pinochet. 24 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ LA VIGENCIA DEL POPULISMO por Pilux Carlos Malamud En los años 30 y 40 del siglo XX una serie de movimientos populares comenzaron a desarrollarse en América del Sur, sobre todo en Brasil con Getúlio Vargas, en Argentina con Perón, y otros países como México o Ecuador en menor medida. Se trataba de movimientos que tuvieron la denominación general de populismos en cuanto que encarnaban una voluntad decidida y firme de convocar a las masas populares. Quizá uno de sus máximos objetivos era integrar a estas masas en el sistema político, económico, en la vida social de sus respectivos países. En líneas generales fue algo que consiguió el varguismo en Brasil como el peronismo en Argentina, y en menor medida, el cardenismo en México, aunque este último estaba más entroncado con todo el movimiento proveniente de la revolución mexicana. Estas líneas generales que desarrollaron movimientos muy particulares donde el peso del liderazgo, el peso del caudillo era determinante, a tal punto que hoy los conocemos con el nombre de sus líderes, varguismo, peronismo, cardenismo y también por una particular visión del peso de los partidos políticos que eran minusvalorados Se trataba de construir grandes movimientos políticos en un espectro muy amplio que iban desde la izquierda a la derecha y esto va hacer de estos movimientos, que van a plantear una relación directa entre el pueblo y el líder, entre las masas y los dirigentes, sin la intermediación de los partidos, algo muy especial en la historia latinoamericana. Cuando se produjo la transición a la democracia en el siglo XX, en las décadas de los 80 y los 90, parecía que definitivamente el viejo fantasma del populismo había sido enterrado definitivamente en la historia de Latinoamérica. Hoy, algunos años después de estas creencias nos encontramos con que la situación está modificándose de una forma importante, a tal punto que uno de los máximos referentes en el mundo actual de América Latina lo encontramos en Venezuela, donde el comandante Hugo Chávez, a través de su revolución bolivariana, está intentando recrear de alguna forma los viejos fenómenos que el peronismo, de la primera gobernación de los años 40 y principios de los 50, había hecho en Argentina. Y si se mira quien fue uno de los principales asesores en la primera etapa del gobierno de Chávez se encuentra con un personaje como Norberto Ceresole, muy vinculado al fascismo peronista. ¿Qué es lo que define al populismo antes y ahora? 1. El protagonismo del líder carismático En primer lugar el peso excesivo, el protagonismo del líder carismático, del caudillo, de gran jefe. Éste puede ser alguienque viene del mundo militar preferentemente ya que a esa característica del caudillo se le agrega el peso del hombre de armas pero también con un contenido fuertemente machista. No se trata sólo de un nivel carismático sino de un líder capaz de enfrentarse a los problemas profundos que tiene el país aunque finalmente no le dé ninguna solución. Este líder va a establecer una relación directa con las masas, sin la intermediación de los partidos políticos y esto hará que se apueste claramente por lo que se llama democracia participativa en desmedro de la democracia del parlamento y del resto de las instituciones. 2. La división profunda de la sociedad en dos partes antagónicas e irreconciliables. Junto al caudillismo carismático propio de los populismos, nos encontramos con otra situación que define claramente la gestión de muchos de ellos y básicamente tanto la de Perón en su momento como la del comandante Chávez en la actualidad. Se trata de una división profunda de la sociedad en dos partes totalmente antagónicas e irreconciliables. Esto es, lo que Perón en su momento llamó la patria y la antipatria. Por supuesto que la patria, los seguidores de Perón son los que encarnaban la totalidad de los valores positivos del 25 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ paísmientras que en la antipatria, los traidores estaban contra la nación, su esencia y su nacionalidad. Es evidente que todos los que estaban con el líder, con Perón, formaban parte de la patria mientras que los opositores eran por definición, antipatria, eran traidores y, por lo tanto, debían ser descalificados como tales. Este enfrentamiento permitía a los líderes populistas galvanizar a la sociedad detrás de las posturas del máximo dirigente y, de esta forma, esa galvanización, detrás inclusive de consignas claramente antiimperialistas va a garantizar la gobernabilidad delpaíso al menos la eliminación de las contradicciones que podían afectar la gobernabilidad. Vale la pena recordar los mecanismos con los cuales Perónllegó a la presidencia en una dura campaña electoral a mediados de los 40’, cuando la consigna principal que llevó el dirigente peronista a sus elecciones fue la de Braden o Perón, siendo Braden el embajador de los EEUU en Argentina y lo que estaba marcando esa consigna era claramente la lucha entre Argentina y el imperialismo americano, entre los buenos y los malos. Este enfoque se intenta recrear de una forma clara en la Venezuela bolivariana cuando el comandante Chávez alerta sobre los peligros permanentes que existen en el país de una invasión norteamericana, peligros, por otra parte, bastante infundados. Muy en relación con este intento de polarizar a la sociedad en dos y de recrear los valores nacionalistas nos encontramos con la exaltación de los líderes de la independencia. En este sentido, durante el peronismo se hacía una alusión bastante importante al general José de San Martín, uno de los héroes de la independencia argentina, mientras que en la Venezuela de Chávez nos encontramos con las exaltaciones permanentes a Simón Bolívar, que se ha convertido de la noche a la mañana en el máximo ideólogo de la revolución bolivariana e inclusive en la encarnación de todos los valores que el régimen chavista ha denominado el socialismo del siglo XXI. 3. La definición de un movimiento político Otra nota característica de los populismos es la dificultad que tenemos de forma constante y permanente para definirlo como un movimiento político encasillado en algún lugar concreto de la realidad. En este sentido tan difícil es encasillar al peronismo como es hoy y encasillar al chavismo. 4. La utilización de los presupuestos generales del Estado Por último, nos encontramos con la utilización de los presupuestos generales del Estado de una forma discrecional para orientar esas políticas que teóricamente van a satisfacer algunas peticiones de las masas pero que, en general, no están orientadas ni a la creación de riqueza estable y permanente ni a la creación de puestos de trabajo. En ese sentido, nos encontramos con que la situación de Argentina en 1955, cuando se produjo la caída del peronismo y la situación económica era bastante crítica, mientras que, por otro lado, en estos momentos nos encontramos que después de varios años de gobierno de Hugo Chávez y más allá de la ingente cantidad de dinero gastado en políticas de tipo asistencialista, el combate contra la pobreza ha fracasado en toda regla, toda vez que el número de pobres ha crecido en el país en vez de reducirse 5. La capacidad de movilización de la población La última de las notas características de los populismos en América Latina, antes y ahora y es la enorme capacidad que tienen para movilizar a la población detrás de unas claras consignas asentadas sobre bases concretas de la realidad, hechos reales como son: - la discriminación existente entre pobres y ricos, - las desigualdades sociales y - la dificultad para acceder tanto a la medicina como a otras conquistas sociales, a la educación, todo lo cual se apoya en hechos importantes y determinantes, pero a su vez, esa gran dificultad para partir de ahí, hacer avanzar las conquistas sociales pero evitando la crispación social y provocando la participación de toda la sociedad. Esto fue algo que en su momento dividió a la sociedad argentina en dos partes irreconciliables a tal punto que después de 1955, cuando la llamada revolución libertadora acabó con el régimen de Perón, 26 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ hubo que esperar a que pasarán más de 30 a 40 años para que la sociedad argentina pudiera empezar a recomponer las heridas de tantos años de división y de enfrentamiento. Lamentablemente el riesgo que se corre en la Venezuela actual es que nos encontremos con una situación muy similar a la existente en la Argentina del peronismo donde antiperonistas y peronistas competían entre sí y eso hacía imposible lograr el avance de la sociedad argentina. De alguna manera, el peligro que se está corriendo en Venezuela es llegar a una situación parecida y la abstención de la oposición en las últimas elecciones parlamentarias como las propuestas existentes actualmente de que Chaves extienda su gobierno hasta 2030 nos indica que vamos por un mal camino. 27 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Procesos de integración en América Latina (I) por Pilux Carlos Malamud Para comenzar, vale la pena remontarse a las décadas de 1960 y 1970 cuando comenzaron a sentarse las bases más precisas de un proceso que, podríamos decir, surge con la misma independencia. Cuando se produce la ruptura de los lazos coloniales con la antigua metrópoli, el imperio era uno pero luego se fragmenta en distintas unidades políticas y ese sentimiento de pérdida de un pasado imperial hace pensar en las ventajas de una unidad continental. Sin embargo, este proceso empieza a fraguarse de una manera inteligente y eficaz a partir de mediados del siglo XX, sobre todo a partir de las décadas de los 60 y 70. Es cuando surge el ALALC, el Área Latinoamericana de Libre Comercio, que pensaba en la integración regional como un todo prácticamente de ámbito continental. Sin embargo, la experiencia del ALALC y posteriormente del ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) terminaron fracasando básicamente por una cuestión importante y es que, más allá de la retórica y del deseo de imponer un área de Libre Comercio a escala continental, como expresa precisamente en nombre del ALALC, sin embargo a escala nacional lo que primaba era; el nacionalismo y las políticas autárquicas y proteccionistas, las barreras arancelarias y las aduanas y todo esto entraba en contradicción con esa declaración de crear una gran área de libre comercio. Este exceso de nacionalismo, de intervencionismo estatal, de presencia del estado en la economía y de autarquismo, es lo que llevó precisamente al fracaso de estos procesos de integración, los primeros que planteaban un ámbito continental. Pero esto se va a modificar en la última década del siglo XX, cuando se cambie el enfoque y replantea la necesidad de contar con espacios, prácticamente continentales, hemisféricos, de integración regional. Pasemos a un esquema diferente que era el que planteaba la necesidad de una integración subregional, es decir, achicar la escala, cambiar el foco, llevar la integración a ámbitos mucho más manejables de países, que de alguna manera, tenían más vínculos en común y así es como surge en primer lugar el Mercosur, el Mercado Común del Sur y luego la CAN la Comunidad Andina de Naciones. Estos dos procesos van a surgir en un momento en el cual las expectativas de crecimiento económico en la región, estamos en la década de los 90, coincidentes con eso que se haría llamar el consenso de Washington, también con los procesos de privatización y achicamiento del estado, dieron lugar a una coyuntura económica sumamente favorable para las economías latinoamericanas y esto permitió que los intercambios comerciales entre los distintos países de cada una de las subregiones se incrementarán de forma exponencial. Quizás, el Mercosur fue el paradigma de estos procesos de integración subregional, se convirtió en un modelo muy celebrado o quizás en la joya de la corona de estos procesos y en el referente de todo lo que podía ser un proceso de esta naturaleza. Inclusive, la Unión Europea apostó claramente por potenciar las relaciones con el Mercosur e inició rápidamente negociaciones con este bloque económico para intentar llegar a un acuerdo de Libre Comercio y sobre todo de asociación entre ambas partes. Sin embargo, esta coyuntura, que a mediados de los 90 parecía provisional se fue diluyendo con el correr del tiempo y hoy estamos en una coyuntura radicalmente distinta. Se sigue poniendo mucho énfasis en la necesidad de potenciar el campo de la integración regional, en presentar ésta como la panacea para resolver todos los problemas existentes en América Latina, la integración regional como el arma que va a permitir acabar con el subdesarrollo y la pobreza, con la desigualdad y potenciar crecimiento de los países latinoamericanos pero, paradójicamente, cuando más se está hablando de la necesidad de la integración y de logros que se podrían conseguir, es cuando más afloran los conflictos bilaterales entre distintos países de la región. En este momento, por ejemplo, las relaciones diplomáticas entre Venezuela, por una parte y México y Perú, por otra, por distintos motivos, están al borde de la ruptura. Las relaciones entre Argentina y Uruguay, como consecuencia de la construcción de dos fábricas de pasta de celulosa. En Uruguay, la situación también es complicada al punto de que Argentina decidió llevar el tema de una forma inusual, 28 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ en lo que es la historia de las relaciones diplomáticas latinoamericanas, al Tribunal Internacional de La Haya. Las razones de esos brotes de conflictos bilaterales son múltiples pero, en estos momentos los procesos de integración regional en América Latina tienen una serie de problemas que podríamos sintetizar, en un déficit y dos excesos. Un déficit de liderazgo y los dos excesos, uno de nacionalismos, y otro de retórica. El déficit de liderazgo ¿Cuáles son los principales y más grandes países de la región? Las grandes potencias regionales son dos, Brasil y México. Ninguno de estos países quiere asumir los costes y beneficios del liderazgo. Tampoco Argentina cuando pudo hacerlo, era un referente continental, lo hizo. En ese momento, el único país que es capaz de invertir en el liderazgo es Venezuela, a la cual como consecuencia del aumento importante del precio del petróleo (2006) le sobra liquidez para asumir la misma en un liderazgo continental. Esto plantea una serie de problemas y de conflictos entre Brasil, por una parte, y Venezuela, por la otra, por el liderazgo en América del Sur. No hay que olvidar que este enfrentamiento, hasta este momento, ha estado contenido y limitado debido a que ninguno de estos países le importa que se haga público y exteriorice que tienen más que perder que ganar; Brasil se plantea una política más de moderación, de tratar de influir sobre los excesos del gobierno de Hugo Chávez y ‐ sobre todo, porque el presidente Lula se vio inmerso en una campaña electoral muy complicada, en busca de su reelección. A todo esto habría que añadir los conflictos entre Brasil y México por ver quién ostenta el liderazgo en la región porque ninguno quiere asumir los costos del liderazgo. De todas maneras, estas dificultades entre ambos países dificulta conducir de una forma eficaz los procesos de integración regional y esto se puede ver en el proyecto brasileño respaldado por Venezuela y Argentina de crear una confederación sudamericana, una unión de repúblicas del sur donde México evidentemente se quedaría fuera. Es evidente que los vínculos de México con Estados Unidos y Canadá, al formar parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, de alguna manera ha limitado la influencia de ese país en el resto de América Latina. El exceso de nacionalismo A lo largo de la historia republicana en América Latina el nacionalismo era uno de los ejes sobre los cuales pivota una parte de la política de los distintos países y este exceso provoca ‐mientras que se habla de la necesidad de integrarse‐ que los países cedan cuotas de su soberanía en instancias supranacionales sin las cuales todo proceso de integración regional termina quedándose cojo. Esta falta de cesión de soberanía también dificulta y traba la integración regional. El exceso de retórica Acompaña constantemente a la política latinoamericana. Se habla del proyecto de Simón Bolívar, de unidad latinoamericana, se habla inclusive del ALBA la Alternativa Boliviariana de las Américas como contraparte al ALCA, al proyecto de integración comercial impulsado por los Estados Unidos, pero este exceso de retórica también lastra el proceso de integración regional toda vez que no define claramente cuáles son las coordenadas sobre las cuales debe moverse este proceso. Queda plantearse la pregunta sobre el futuro de este proyecto de integración regional. Aquí hay distintas teorías que giran básicamente sobre el papel que debe tener la energía, concretamente el petróleo, y básicamente el gas, en este proyecto de integración regional y las referencias que se deben hacer a la CECA, a la Comunidad Europea de Carbón y el Acero, que es el primer referente inmediato de la unidad europea y es el proyecto que sirvió de amalgama precisamente para ir construyendo esa integración regional. 29 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Procesos de integración en América Latina (II) por Pilux Carlos Malamud La integración regional en América Latina es, prácticamente, tan vieja como en Europa. Ésta ha comenzado en los años 50 y a principios de los 60 se va a crear la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) aunque en este terreno no se ha avanzado lo suficiente. De hecho, se puede observar que hay un gran desfase respecto a Europa y que si Europa ha dado pasos importantes en su integración regional, por más que en determinados momentos pueda parecer que esto se haga de una forma desordenada, no hay que olvidar logros tan importantes como la constitución de la Unión Europea o la instalación del Euro, mientras que, por otro lado, tenemos esa Europa de los 27 que es bastante difícil de gobernar, sobre todo sin la Constitución Europea. De todas formas, sí es cierto que América Latina no ha avanzado todo lo rápido que debiera y esto se puede sintetizar en algunos problemas que ya han sido expuestos en la primera parte comenzando por ese déficit de liderazgo en el que ni Brasil y México quieren asumir su responsabilidades y también por el exceso de retórica, y de nacionalismo que se está haciendo patente. Actualmente, pareciera que los proyectos de integración regional en América Latina no acabaran de encontrar el camino para desarrollarse, y sobre todo para consolidar. Existe la falsa creencia de que la sintonía política e ideológica que se vive en la región, eso que se ha dado a llamar el giro a la izquierda, iba a permitir la integración regional pero, en realidad, está pasando todo lo contrario. Cuando se eligió a Lula y luego a Kirchner en Argentina y luego a Tabaré Vázquez en Uruguay parecía que el Mercosur iba a alcanzar su impulso definitivo y, sin embargo hoy, el sistema de integración en América del sur está pasando por momentos difíciles e inclusive dos países con gobiernos, teóricamente de izquierdas, como son Argentina y Uruguay tienen un conflicto enormemente exacerbado como es el conflicto de las pastas de celulosa, de las llamadas papeleras que se quieren construir en Uruguay, una es la empresa finlandesa, Botnia, y luego la empresa española Ence, que han generado una serie de tensiones entre dos países teóricamente bajo el mismo paraguas político e ideológico. Se puede contemplar una serie de tensiones que se vive entre aquellos gobiernos y naciones que mantienen o sostienen posturas mucho más radicales, es el caso de Venezuela, de Bolivia y de Cuba que firmaron en mayo de 2005 el llamado tratado de Comercio de los Pueblos y habrá que ver si en este grupo de los países más radicales se van a encuadrar Ecuador y Nicaragua pero habrá que esperar los primeros pasos de sus gobiernos que en 2007 comenzarán su andadura. Otro grupo de países que podríamos denominar moderados como Brasil, Chile, Argentina y otros entre los que se puede incluir países como Perú y otros como México o Colombia que tienen gobiernos englobados en lo que se podría definir como la derecha y estas tensiones se centran en el modelo a seguir en el proceso de integración. Habrá que ver si este proceso de integración se va a realizar con los Estados Unidos o contra éstos, si se realizará en base a un tratado de libre comercio o sin él y esto es algo que tiene, de alguna manera, paralizadas las discusiones necesarias en torno a los avances necesarios de estos procesos en la región. Otros problemas tienen que ver con el ámbito geográfico, si tiene que ser una cuestión exclusivamente, por una parte, de América del Sur versus México, América Central y del Caribe, por otro, o si por el contrario, tenemos que hablar de todo un proceso de integración regional a gran escala Es evidente que el radicalismo venezolano está planteando una serie de problemas a este proceso de integración, un radicalismo que quizás alcanzó sus momentos más brutales a fines de 2006, cuando Chávez comparó en la Asamblea General de las Naciones Unidas a Bush con el diablo, cuando hizo su encendido discurso donde dijo que aquí olía a azufre o cuando tomó juramento a su nuevo gabinete después de su reelección, cuando pidió la renuncia de Secretario General de la Organización de Estados Americanos, la OEA, a José Miguel Insulsa, un político socialista chileno de destacada trayectoria, le había pedido que no nacionalizara un canal de televisión. 30 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ La respuesta de Chávez fue igualmente brutal que en el caso anterior y trató a Insulsa de pendejo, y le pidió que renunciara a su puesto de secretario general, pero evidentemente, de insistir en este camino, Venezuela, y sobre todo Chávez corre el riesgo de aislarse cada vez más del resto del continente, algo que ya vimos con Cuba en los años 60. Después de la revolución cubana el gobierno de Fidel Castro se convirtió de alguna manera en el referente de la izquierda extraparlamentaria latinoamericana pero, en términos generales, en lo que hace a las relaciones concretas de Cuba con el resto de los países latinoamericanos es que la isla vivió en un aislamiento bastante importante y que impidió llevar adelante sus propuestas políticas. Está claro que la situación de Venezuela no es exactamente la misma, que tiene algo que no tenía Cuba en los años 60, que son los recursos económicos generados, sobre todo, a partir de los elevados precios del petróleo que permiten que Venezuela tenga un remanente fiscal importante y que se utiliza en algunas situaciones para financiar programas sociales pero que también se está utilizando para financiar la política exterior expansiva y, sobre todo, agresiva del gobierno venezolano. Si en el terreno político, y sobre todo económico, la situación es complicada, la integración, por el contrario, ha dado algunos pasos interesantes y en la buena dirección en algunas otras materias como las de seguridad y defensa. Tras la llegada de la democracia en los años 80 en algunos países de la región como Brasil, Argentina y posteriormente Chile, hubo algunas medidas de confianza que permitieron reducir la tensión militar que se vivía entre estos países ‐recordemos que en 1978, por ejemplo, Chile y Argentina estuvieron a punto de entrar en guerra, que fue evitada por el Papa Juan Pablo II por su mediación a causa del trazado de límites fronterizos entre ambos países y que Brasil y Argentina durante décadas habían tenido como el principal supuesto de conflicto, enfrentamiento entre los ejércitos de ambos países. Se insistió en el hecho de que América del Sur debía ser una zona libre de armas nucleares, se realizaron maniobras conjuntas entre los ejércitos de Brasil y Argentina, por una parte, y de Chile y Argentina, por el otro, hay reparación de equipos militares de un país en las instalaciones de otro país, y en el caso concreto de Chile y Argentina se ha avanzado de una forma activa en la transparencia presupuestaria alcanzando métodos de realización de los presupuestos aprobados por ambos países y que permiten la confianza entre los mismos y desactivando de esta manera supuestos de conflictos bastante importantes. De este hecho, la seguridad en defensa va dando pasos sólidos y quizás donde se ha dado pasos más importantes en este terreno es en América Central, sobre todo en la lucha contra las maras, contra las bandas juveniles que tienen atemorizados algunos países como puede ser el caso de El Salvador o las dos clásicas maras, la mara salvatruchay la mara 18. En este sentido lo que han tenido claro las autoridades de los países centroamericanos es que el combate contra el crimen organizado requiere de una forma cada vez más acelerada una concertación entre los gobiernos de ambos países, entre sus fuerzas de seguridad y esto es lo que ha permitido plantear una mayor coordinación que también ha acelerado al mismo tiempo la integración centroamericana dotando a este proceso de integración de unos mecanismos, no sólo económicos, comerciales y políticos, sino también policiales y militares bastante interesantes. Sintetizando todo lo anterior, podríamos decir que estamos en un momento crucial para los procesos de integración regional y el futuro de los mismos va a depender de la capacidad que tengan los gobiernos, los países y los pueblos de la región y las sociedades de las mismas de dejar atrás la retórica y el nacionalismo que tanto daño han hecho en todas estas décadas, para poder comenzar a denegar porciones de soberanía e ir creando las instancias supranacionales necesarias que permiten avanzar definitivamente en la integración regional. Si estas instancias supranacionales no se crean, la integración regional va a quedar nuevamente en papel mojado como ha quedado en todos estos años en los que tanto se habla de la integración regional pero, sin embargo, en lo que tan poco se ha hecho en América Latina. 31 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ EL PAPEL DE LAS FUERZAS ARMADAS EN AMÉRICA LATINA por Tursino Rosa María Martínez Segarra Las fuerzas armadas jugaron un papel decisivo desde el momento mismo de la independencia de los respectivos estados latinoamericanos. De hecho, el acceso a la misma se produce mediante el triunfo de los ejércitos populares emergentes sobre las fuerzas militares realistas. Así, los miembros de los ejércitos se consideran fundadores de la Nación, lo que ha significado históricamente para las fuerzas armadas un referente muy importante a la hora de legitimar las intervenciones militares en la vida política de los respectivos países. Evidentemente, las fuerzas armadas latinoamericanas en la actualidad, en poco se parecen al pueblo armado que derrocó a la corona española de sus posesiones americanas. No obstante, ha existido un hilo conductor de intervenciones militares casi desde el acceso mismo a la independencia que se prolonga hasta la década de los 80 del siglo XX. Ha sido práctica habitual que la mayor parte de las repúblicas latinoamericanas desde su fundación hayan contado durante la mayor parte de su historia política, bien con un presidente caudillo militar detentando la jefatura del estado, o bien con un gobierno castrense que a su vez haya sucedido a otro de características similares. O bien, con un presidenteconstitucional, pero cuyo origen es la milicia. Desde el acceso mismo a la independencia de las nuevas naciones latinoamericanas se produjo, en la mayor parte de las mismas, una crisis del estado liberal que afectó a los funcionamientos mismos de las instituciones del estado, incapaces de sustituir el orden virreinal anterior. La crisis institucional y la formulación constitucional de un régimen de carácter presidencialista tuvo como consecuencia el refuerzode la única autoridad del estado que podía yuxtaponerse sobre el vacío institucional existente, esto es, la jefatura del estado. No obstante, la debilidad de los regímenes políticos imposibilitaba que el acceso a la misma fuera consecuencia de un proceso democrático, debiéndose apoyar, por tanto, en aspectos que se derivaban de una legitimidad carismática. Y a este respecto, surge la figura del presidente caudillo, investido de un prestigio consecuencia de su pertenencia a un determinado grupo social, económico, zona territorial, etc... Donde ha conseguido imponerse y que extiende su autoridad sobre la totalidad del estado, impidiendo la desmembración del mismo. El caudillo precisaba de una fuerza armada que le permitiese el acceso al poder político, así como su mantenimiento en el mismo, ya que éste no tendrá su base en principios democráticos, de tal forma que, en una fase posterior, el concepto de caudillo es sustituidopor el general del ejército, institución esta última que, por otra parte se convierte en la única del ámbito estatal que presenta una imagen de estabilidad y un centro de poder político con presencia real en todo el territorio del país. Se ha sostenido, por numerosos autores, especialmente desde la década de los 60 del s. XX, que las intervenciones de los militares en el continente latinoamericano han sido consecuencia de la estructura económica y social imperante en los diferentes países, y producidas a instancias de los sectores oligárquicos de los mismos, de tal forma, que el objetivo de dichos pronunciamientos castrenses estaba dirigido a perpetuar la situación existente, impidiendo todo cambio que alterase la misma. Refuerza dicha afirmación el que las intervenciones militares rara vez han sido dirigidas a propiciar un cambio de estructuras económicas y sociales, salvo en el periodo referente a la participación de militares en los movimientos populistas y nacionalistas. Sin embargo, sin que pueda rechazarse plenamente la afirmación anterior, la misma debe ser matizada, sobre todo, porque el denominador común del nuevo autoritarismo, desde el punto de vista de su estructura ideológica fue la doctrina de la seguridad nacional. Uno de los substratos esenciales sobre los que se apoyaba dicha doctrina era un colorario de la guerra fría. Por él, la política latinoamericana debía interiorizar al ámbito nacional la bipolaridad y la consiguiente proyección del conflicto este‐oeste, y en este escenario de presupuestos bélicos las 32 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ fuerzas armadas adquirirían un protagonismo decisivo en la lógica de la guerra interna que les llevaba a auparse a un puesto hegemónico dentro del estado. Así, durante las tres décadas siguientes a 1960, Latinoaméricasufrirá unosmovimientos autoritarios cuyos prolegómenos surgen en la década de los 50. -
Velasco Ibarra en Ecuador en el 52 y en el 56. En 1952Batista en Cuba, en 1953 Rojas Pinilla en Colombia y Pérez Jiménez en Venezuela, Castillo Armas en Guatemala en 1954 y en 1955 Aramburu en Argentina y Stroessner en Paraguay. No hay uniformidad en el régimen autoritario. Según Peter Nolen, los regímenes democráticos que se dan cabida en la región recogen tres formas distintas. Regímenes autoritarios tradicionales, estarían incluidos las dictaduras de caudillos donde un dictador ejerce el dominio absoluto apoyado por las fuerzas armadas como bases de poder, como son los casos de Pérez Jiménez en Venezuela, Rojas Pinilla en Colombia, Odría en Perú o Velasco Ibarra en Ecuador. Y las dictaduras patrimoniales que incluyen en su sistema de dominación a elites civiles y militares combinando una fachada de falsa democracia junto con la más dura represión. En esta categoría están incluidas las dictaduras de Somoza en Nicaragua y Trujillo en la República Dominicana. Regímenes autoritarios nuevos, los militares como institución toman el poder queriendo desarrollar un programa. En este caso dan paso a una situación doble. -
Aquellos de tipo excluyente que son en extremo represivos, restringen la participación política y reducen el nivel de movilización social y politización. Quedarían agrupados en esta categoría Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Sobre todo, en Brasil y Argentina, surge el estado burocrático autoritario, como una reacción de los grupos sociales dominantes frente a un periodo prolongado de activación popular y de crisis provocada por el agotamiento de la etapa de crecimiento horizontal de sustitución de importaciones. - Los de tipo incluyente, caracterizados por la prohibición de algunas formas de participación, que se combina con el intento de desarrollar otras nuevas. Perú con Velasco Alvarado, Ecuador bajo Gutiérrez Lara, Bolivia bajo el general Torres y Panamá durante la época de Omar Torrijos. Regímenes autoritarios socialistas definidos por la existencia de un partido único y la extensión de valores en la lógica del gobierno del marxismo‐leninismo. Es el caso de Cuba desde 1959 hasta la fecha. O menos conocidos de Granada, Guyana o Surinam. Analizadas las diferentes formas de autoritarismo, las formas de actuación de las fuerzas armadas al ocupar el espacio central del escenario entre la década de 1960 y la de 1980combinó valores programáticos adecuados a un plan de gobierno que se materializaba en instituciones políticas con otros muchos más imprecisos y difusos. Al mismo tiempo, en unas situaciones se primó el liderazgo personal indiscutible de uno de los jefes militares, como el caso Chile ‐ Pinochet, en Paraguay ‐ Stroessner y en PanamáOmar Torrijos. Mientras que en otros, bien por la inexistencia de un liderazgo claro o bien por la confrontación entre distintos sectores de la milicia que llegaban a anularse unos a otros, el poder quedó más diluido y despersonalizado. Los intentos de institucionalización más evidentes son los que llevaron a cabo en 1980 en Chile y en Uruguay con resultados opuestos. -
En Chile el referéndum dio paso a la vigencia de una constitución autoritaria cuyas disposiciones admitirían a la postre la transición política. En Uruguay el fracaso del referéndum promovido por los militares hizo entrar a estos en un callejón sinsalida que precipitó la apertura. 33 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ En cuanto a los actores sociales más relevantes cabe destacar el diferente papel de la iglesia católica desarrollado en Chile y Brasil más enfrentada al oficialismo autoritario frente a Argentina, más condescendiente, o en El Salvador, crítica de la derecha, frente a Nicaragua, acosadora del sandinismo. También los sindicatos actuaron de forma diferente, baste destacar los casos de Chile y Argentina. También fue diferente en distinto países la violación de derechos humanos. Todos tienen en común la violación de derechos cívicos, al no tener los ciudadanos la capacidad de elegir a sus gobernantes. En cuanto a la violación de derechos humanos fue más intensa en los países andinos que en el resto, y esta circunstancia constituyó que en Argentina, Chile y Uruguay el tema militar fuera de importancia primordial en la agenda de la transición. Por supuesto estos regímenes contaron al menos con un apoyo implícito de los EEUU. No obstante este no se finalizó ni en todo el periodo que duró el autoritarismo ni de la misma manera en todos los países de la región. Por lo mismo el hecho de que fuera una administración demócrata o republicana la que estuviese presente en la Casa Blanca, así como las relaciones globales con la URSS, pueden explicar un comportamiento u otro. 34 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ No sólo caudillos. Iberoamérica después de la Independencia por Eme Por Manuel Lucena Giraldo Ciclo de Conferencias Las Américas Fundación Juan March, 2008 Poco antes de morir en 1830 en Santa Marta, Simón Bolívar proclamó "quien sirve a una revolución ara en el mar". Tan destacado protagonista de las independencias también señaló: "hemos ganado la libertad a costa de todo lo demás". Como recogieron estas palabras, la organización de un orden civil y democrático estable tras las independencias sería una difícil tarea en la Hispanoamérica emancipada a causa de la alargada sombra de los caudillos y las tentaciones del poder personal. Sin embargo, como mostraremos en esta intervención, la pujanza de los experimentos democráticos fue la norma y no la excepción, de modo que las ideas contemporáneas de libertad encontraron en ella adecuada expresión, justo cuando los Estados Unidos, divididos por el problema de la esclavitud, se encaminaban hacia la terrible guerra de secesión. INTRODUCCIÓN Quisiera proponerles en primer lugar una incursión, arriesgada desde el punto de vista de las ideas preconcebidas, a lo que fue el antiguo mundo de la América Española después de 1824‐25, y también a incursionar, cuando se acerca el segundo centenario de las independencias, en algunos nuevos planteamientos historiográficos y en algunas ideas que está aportando una serie de jóvenes sociólogos, historiadores, politólogos, investigadores, nos van a ir ofreciendo a la hora de configurar el “programa” de estas celebraciones y conmemoraciones bicentenarias. En una de su muy incendiarias cartas, Cartas de un Americano a un Español, (1811) el llamado “fraile pelirrojo", el mexicano fray Servando Teresa de Mier señaló “Siendo iguales en derechos a los españoles, intentamos establecer Juntas y Congresos, desde el momento en que nuestros reyes de España y de Indias cedieron a Napoleón. Vosotros españoles peninsulares, habéis despojado de la soberanía a vuestro rey, y así se ha roto el lazo que unía a las Américas y constituido a esta en pueblo soberano” La explicación, evidentemente interesada, de fray Servando Teresa de Mier en torno al comienzo del proceso de emancipación americano, alude así a la pérdida de la legitimidad central de la Monarquía Española, alrededor de la figura de la fidelidad al rey, y planeta así y a partir de ese momento el proceso de recuperación de los derechos y libertades de los españoles americanos, concluida con los eventos de los que hablamos ya en la Emancipación. Estas imágenes del retorno del ejército de Bolívar victorioso desde Boyacá en 1819, en la Nueva Granada, actual Colombia, evoca muy bien ese momento final en el que hay que empezar a pensar qué hacer una vez que la independencia se ha conseguido. Pero nsirve sólo el truco de observar esta imagen e un ejército de vencedores que atraviesa el campo de batalla una batalla; las cuestiones históricas son mucho más complejas y el sentido de apelar a la historia como disciplina del pasado y como forma de ver la vida humanista tiene que ver con aportar complejidad a los problemas del pasado y por supuesto a los del presente. No podemos por tanto desde un punto de vista del análisis historiográfico, olvidar dos cuestiones más, que evidentemente no están recogidas en la bella imagen del ejército ganador tras la batalla: ‐ La primera tiene que ver con el debate constitucional, con cual era el cemento ideológico que unía esa Monarquía Española que entre 1808 y 1825 cambió de manera radical dando lugar a una metrópoli europea, España y a 22 repúblicas con el tiempo en América. ‐ El otro problema tiene que ver con cómo se produjo ese proceso de ruptura desde México hacia abajo y su comparación con otros procesos similares en el continente, señaladamente con la América británica. Como mientras en el caso de EEUU es una ruptura imperial, una explosión por la periferia, el caso español es muy singular, pues es un proceso de implosión imperial, una ruptura del centro hacia la periferia 35 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ ‐ Otro elemento es el de la extrema complejidad de las sociedades americanas. Un muy importante historiador norteamericano, gran amante de España, Richard Morse, señaló que en ese proceso de alumbramiento de las repúblicas había una enorme dificultad, que era convertir una sociedad pluralista, regida por un sistema de jurisdicciones especiales para cada grupo, muy jerárquica y paternalista, en otra distinta, en una nación de ciudadanos iguales ante la ley. Este problema ha sido encarado, como he señalado, en la historiografía y esperemos que cara a los años venideros algunas de estas nuevas ideas contribuyan a superar viejos prejuicios, LAS COMPARACIONES ENTRE LAS DOS AMÉRICAS Esa nueva historiografía intenta definir un programa en torno a esa nueva coyuntura bicentenaria y en torno también a un programa de comparación entre lo que sucedió en las Américas del Norte y Sur y por supuesto también con lo que sucedía en la propia España, tal y como Felipe Fernández–Armesto lo ha planteado. Porque lo que es obvio en términos de balance histórico, de imagen historiográfica y también de imagen popular, lamentablemente, es que en la comparación salimos perdiendo. Si nos vamos a esta imagen e comparación de la Jura de Fernando VII en Onda, Colombia en 1808, es una buena ocasión de ver ese transformo barroco y neoclásico, complejo de las sociedades americanas en el momento de la independencia, si comparamos escenarios e imágenes desde luego que salimos perdiendo. Si la Revolución Francesa ya fue capaz en su tiempo de construir una historiografía sobre una mitología republicana (p.e. La Marsellesa), en 1989 Francia conmemoró, con los aires de la grandeza mitterrandista su segundo bicentenario como nación en una forma de civilismo y republicanismo convencidos. El otro caso de éxito fue el de la Revolución de Independencia Norteamericana que evoca dos siglos después la rememoración de un éxito histórico del destino manifiesto y providencial de una nación llamada a existir llamado Estados Unidos. Frente a eso, tanto el caso español, especialmente en ciertas tendencias historiográficas, como desde luego en los países hispánicos padecen de una suerte de “Fracasología” generalizada, como si en aquella coyuntura de 1808 a 1825 en la que serían 22 repúblicas independientes, la ominosa sombra de los caudillos fuera lo único que merece la pena recordar y como si ese fracaso histórico hubiera castigado a todos por igual. Como si a desvertebración social, quién sabe si de orden genético, hubiera sido aquello de lo que tenemos obligación, generación tras generación, hubiera sido lo único que tenemos obligación de recordar y estudiar. Podemos preguntarnos sin embargo, si de verdad nos interesa la Historia, si las cosas en verdad fueron así, y si fueron así, porqué y porque no de otro modo. O porque, parafraseando a John Elliot, “La Historia tiene la obligación de iluminar opciones de libertad y ayudarnos a pensar el pasado para pensar el presente y el futuro de forma distinta”. Podemos plantearnos, en fin, si la historia de fracaso que nos venden de manera permanente desde los laboratorios de la ficción y ciertos laboratorios políticos tiene que ver con una obsesión ensimismada de exotismo, si lo que algún analista de la sociedad americana llama la “pornomiseria”, el rasgo de mostrar sólo aquello horrible, fétido o lamentable y tenemos que vivir con ello. O si aquello que una gran analista venezolana llama el “Pobrecitismo iberoamericano” es también un pecado del que no nos vamos a poder librar jamás. En ese sentido, la evocación de la imagen de la paraguaya derrotada y superviviente tras la Guerra de la Triple Alianza resume muy bien sobre como el historicismo puede constituirse sobre el presente en una manera de inmovilización, una suerte de evocación permanente que bloquea las capacidades de decisión y las capacidades de actuación. Es sabido que Paraguay, tras la Guerra de la Triple Alianza perdió casi por completo su población masculina. En ese sentido el cuadro evoca de forma perfecta la terrible tragedia que supuso aquel conflicto. Pero seguramente también hay otras cosas que ver en dicho cuadro aparte de esa imagen, aparte de la supervivencia decidida de una paraguaya que tiene la obligación de vivir un día después de ese cuadro congelado en el tiempo. Y es que, como ha señalado el gran historiado mexicano José Antonio Aguilar, hay un momento constitucional atlántico a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, y aunque sus protagonistas más destacado, y la imagen cultural contribuye también a esa percepción, fueron los angloamericanos y los franceses, ninguna región aparte de la América Española provee de más casos de experimentación, por su magnitud y alcance del experimento hispanoamericano constitucional durante las primeras tres décadas del siglo XIX no tiene precedentes en la historia. Nunca antes se había intentado establecer en 36 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ tantos lugares el modelo constitucional de manera simultánea. Esta imagen de la actual Plaza Bolívar de Bogotá nos evoca el momento del nacimiento de una mitología republicana y del nacimiento también de una nación independiente. Y ese experimento constitucional, y es lo que nos importa debe efectuarse bajo principios de legitimidad radicalmente distintos a los principios legales de la Monarquía Española del Antiguo Régimen, por bien que esos principios hubieran funcionado y hubieran dado lugar a una Pax Hispánica como es visible en la historiografía. El problema tiene que ver también, y es una reflexión que tendremos que hacernos a lo largo de los años venideros, sobre la falta de modelos teóricos que se pudieran evocar. Nadie espera esos años de 1808‐1810, que se produjera s esa implosión imperial, esa ruptura desde el centro hacia la periferia. Y aunque haya dificultad en aceptar ese hecho, lo que caracteriza ese periodo de 1808‐18010 es la básica lealtad de los españoles americanos hacia ese edificio atlántico de la Monarquía Española. Esa falta de antecedentes históricos suscita entonces una enorme gama de experimentos constitucionales, y nos lleva a la complejidad añadida de una sociedad estamental, como señaló Richard Morse. Sobre esta serie de cuestiones de digamos obviedad histórica, se añade, como ha mencionado Aguilar, la alargada sombra de los caudillos, la idea del atraso económico, la cultura política autoritaria y la desigualdad social, el arcaísmo genético de los países iberoamericanos, que dará lugar,. Según la interpretación de la Fracasología, a una evolución histórica cortada, sesgada, alejada siempre de los modelos de la “Modernidad Occidental”. Sin embargo volvemos a la vieja cuestión de que la Historia sirve para hacer complejos los problemas y para buscar explicaciones más transparentes. Porque lo cierto y lo obvio es que el 22 de enero de 1809 la Junta Gubernativa Central del Reino, establecida en nombre del rey ausente y cautivo Fernando VII para afrontar la invasión napoleónica de la Península, convocó a los americanos a elegir representantes, proceso que tuvo lugar durante los años siguientes. Hubo elecciones en 1809 en la América Española, para elegir diputados a Cortes, y de nuevo en 1811‐1812 para la elección de las Cortes de Cádiz. Hubo también procesos electorales para Ayuntamientos, para Diputaciones y otra serie de procesos electorales más o menos novedosos. LOS PROCESOS ELECTORALES DE 1809‐1814 EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA Entre 1809 y 1814, ha habido importantes historiadores, como por ejemplo Francisco Xavier Guerra, que afirma que los procesos de independencia tienen que ver ante todo y sobre todo con esos procesos electorales. Y por encima de todo con la existencia de esos procesos electorales, que suscitaron el sentido de la representación, de las elecciones y del propio sentido de lo que nosotros llamamos democracia. Hay una idea de contar con el beneplácito de unas formas de soberanía independiente, debates sobre la representación y la soberanía, en un tiempo en el que el propio Eduardo Posada Carbó ha calificado como de elecciones antes que de democracia, y en cualquier caso quizás también de Estado antes de de Nación. De tal forma que la historia entera del siglo XIX iberoamericano será la historia de cómo aquellas elecciones alumbran proceso democráticos y de como aquellas élites políticas, las que se bien obligadas por la implosión imperial a diseñar estados y a organizarlos, y a gobernarlos, van alumbrando también el debate de quien es ciudadano y quien no, qué es al final del debate una Nación. Por supuesto el debate es permanente, es un tiempo de bullir político absoluto. En su memoria sobre los principios políticos que guiaron la Administración del Perú en 1812‐22, Bernardo Monteagudo, por poner un ejemplo, se quejaba “de quienes habían embriagado a los pueblos con la esperanza de una absoluta democracia”. Podría haber sido una autocrítica, porque él fue inicialmente partidario de lo que podríamos definir como un jacobinismo democrático. Él señala haber abrazado antes el fanatismo democrático. En 1823, tras pasar por el Perú, Bernardo Monteagudo señala, rememora, un balance negativo. “El furor democrático”, señala, “ha sido funesto para los pueblos de América”. El Perú carecía de condiciones para ser gobernado por principios democráticos. Por eso, uno de los propósitos de su administración fue el de restringir esas libertades democráticas, lo cual quiere decir de una forma más restringida quiénes forman parte de ese cuerpo de ciudadanos y quiénes toman parte en las elecciones. Monteagudo no fue en absoluto el único en volverse en contra de la democracia. La tendencia dominante fue la de mantener cierta sospecha frente a ella, sobre todo porque la l palabra democracia rememora en estas fechas las terribles experiencias de la Revolución Francesa y El Terror. Esta actitud no era exclusivamente n española ni iberoamericana. En los EEUU; en 1804 el líder federalista George 37 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Cabotdefinía la democracia como “el gobierno de los peores”. La expresión, efectivamente, había caído en desuso y sólo volvió a ganar adeptos en la era del populista sureño Andrew Jackson, a partir de la década de 1820. Hay muchas definiciones ambivalentes alrededor de lo que es un demócrata, pero en ciertos círculos señalar a alguien como demócrata es ciertamente insultarlo. Es en la segunda década del siglo XX en Francia cuando la propia idea de la democracia empieza a ser evocada de una manera distinta. Y ya tiene que ver con otra serie de cuestiones, con la ampliación del cuerpo político y de la ampliación del cuerpo electoral. Aunque hay que decir que la palabra “demócrata” recupera esa aureola positiva a partir de las Revoluciones de 1830 y sobre todo de 1848. Sea como fuere, las ideas de democracia fueron manejadas y estuvieron todo el tiempo durante el siglo XIX en el continente americano, Nada menos que el argentino Domingo Faustino Sarmiento evoca la Revolución de 1810 en Buenos Aires y señala que “por su culpa, el dogma de la democracia ha penetrado en las capas inferiores de la sociedad”. De nuevo esa idea peyorativa acerca de la gestión democrática. Esta imagen de D. José Olaya, prócer de la independencia del Perú, evidentemente mestizo, sin duda permite evocar los debates de las élites sobre cuáles son los límites de la ciudadanía y la democracia y cuál es la nación política, en sociedades que son fundamentalmente multiétnicas, un “continente de color”, como Alejandro Humboldt definió a la América Española a principios del siglo XIX. Como ha señalado anteriormente Lucena, existe una losa de desprecio ante todos esos experimentos democráticos, que alumbraron 22 repúblicas libres e independientes, dentro del ciclo de expansión de las libertades modernas y democráticas en el mundo atlántico. Hay hechos muy concretos que fundamentan esta idea de desprecio. Hay que acudir aquí a un famoso personaje, Alexis de Tocqueville, y su libro Democracia en América para evocar ese momento de asimetría en la percepción de la evolución democrática en América del Norte y América del Sur. Tocqueville celebró los logros democráticos de los países del norte y los contrastó con los países del sur, según el autor permanentemente fracasados, Siguiendo a Tocqueville, las diferencias no podrían estar en las condiciones físicas, señala el “¿En qué partes del globo hay más riquezas que en Sudamérica?”. Sin embargo, Sudamérica, señala Tocqueville, ha sido incapaz de mantener instituciones democráticas. No hay naciones en la superficie de la tierra más miserables que aquellas de Sudamérica. La noción d ela existencia de una democracia casi perfecta en América del Norte estaba en la percepción de muchos hispanoamericanos antes de la Emancipación. En la década de los 90 del siglo XVIII, tras una estancia en Carolina del Sur, el venezolano Francisco de Miranda anotó en su libro de viaje que “El gobierno de ese estado es puramente democrático, como lo son todos los gobiernos de los EEUU”. Hay que decir de todas maneras que esta comparación no es completamente justa. Los EEUU que visita Tocqueville en las décadas de 1830‐1840 es ya el EEUU de la Revolución Industrial y de la explosión de la emigración europea hacia la frontera que llamaremos del Oeste. Los EEUU recién independizados que visita Miranda en 1783 es en cambio una república patricia, de plantadores, hacendados y comerciantes, que en ese sentido podía transmitir de una manera mucho más obvia de una igualdad, de una nación en la que nadie es demasiado rico ni demasiado pobre. Esta evocación comparativa y despectiva hacia el sur por supuesto permanecerá hasta nuestros días. A mediados del siglo XIX, Juan Bautista Alberdi, a quien se ha evocado con anterioridad, advierte que la democracia ofrecía en América dos fases muy diversas “En el norte, es un ejemplo, en el sur, es un desconsuelo. Allá, es una argumento en pro, acá, es un argumento en contra”. Alberdi señalaba sin embargo que también la democracia es un hecho de Suramerica, aunque distinguía que si bien en EEUU estaba madura y sazonada, en Sudamérica estaba apenas sazonándose. Este hecho, sin embargo, era mal comprendido; había que estudiar la democracia en Suramérica, decía Alberdi, porque es una grandísima necesidad del momento presente. Por supuesto estas apreciaciones están en relación con algo en que se volverá más tarde, que es el proceso de creación de un exotismo enorme, alrededor de no sólo España, convertida en La Meca romántica alrededor de 1820, sino como alrededor de esas imágenes de Leyenda Negra, atraso y fracaso, el mundo sudamericano es evocado a partir de los mismos clichés. La visión de una naturaleza virgen apenas modificada por la acción humana, es un elemento del exotismo, y también del Orientalismo, si recordamos al gran Edward Said. Pero estas palmeras del sur de América del gran Johan Rugendas, seguramente permiten evocar como esta tendencia a la creación de imágenes 38 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ exóticas, impolíticas y arcaizantes están ya muy sólidamente arraigadas en el mundo occidental en torno a 1850. NO SÓLO CAUDILLOS Por supuesto no vamos a negar aquí que hubiera un elemento de caudillismo, que sustentaba, impulsaba y mejoraba las imágenes exóticas. Hay un protagonismo de los caudillos que es ubicuo y omnipresente. En demasiados casos los caudillos comenzaron a ser símbolos de la personalización, de la militarización y antítesis del constitucionalismo democrático. Detrás de los caudillos se esbozan concepciones alternativas de la democracia misma tal y como la democracia liberal había sido fundada a partir de 1810‐
12 y las Cortes de Cádiz. Su mejor concepción y elaboración, como se sabe, es la del sociólogo venezolano Laureano Valle Villarán, que en su libro Cesarismo democrático, de la década de 1820, habla del “predominio individual que tiene su origen y fundamento en la voluntad colectiva. El hombre providencial, que tiene que ser llamado a llevar las riendas del poder”. Como acabo de señalar, el tipo de democracia que tiene que ver con esta campaña del desierto, con la imagen de un caudillo, del presidente Roca abriendo las fronteras, triunfante, de la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX. Estas imágenes del cesarismo democrático están en una tradición política diferente a la de la democracia liberal en la cual se fundan las repúblicas iberoamericanas, como se mencionó al principio, los proceso electorales a partir de 1809‐10 son una constante. Es verdad que la tendencia predominante en los historiadores ha sido la de subrayar las prácticas corruptas marcadas por el fraude, la coerción y el clientelismo, podríamos decir, cómo si estas prácticas fueran exclusivas, en los que nos toca a nosotros, como si solamente en España hubiera habido el clientelismo político. Los aportes historiográficos recientes han comenzado a modificar estas percepciones simplistas y anacrónicas, aunque hay una lenta entrada de este revisionismo y una cierta resistencia a aceptar los hechos que las nuevas investigaciones y fuentes nos han mostrado. En ese sentido, si nos vamos a lo que los archivos y las bibliotecas nos muestran, vemos que el 18 de octubre de 1809, Joaquín de Molina, quien inspeccionaba las Américas encargado por la Junta Central informa desde Lima al gobierno de Cádiz que “En varias partes se advierte una especie de combustión, que pudiera hacer temer un incendio universal”. La chispa no viene desde luego provocada por los acontecimientos que están ocurriendo en América, sino por la implosión imperial, por el vacío de autoridad que había en la metrópoli y por las noticias de la invasión napoleónica de España y sus Reinos. En cualquier caso, el Decreto de elecciones en las Américas para representantes en la Junta Central iba a encender desde luego esa hoguera de la inestabilidad política tal y como Molina la había expresado. Recientemente el historiador Roberto Breña ha recordado que la trascendencia de este Decreto de Elecciones para representantes de la Junta Central en 1809 es enorme. Reconoció, por ejemplo, que los dominios de España en las Indias no eran propiamente colonias, sino parte propiamente de la Monarquía Española Esta imagen de México con bandera española, unos años posteriores, nos permite entender como esas repúblicas urbanas, esas redes de ciudades, son el verdadero tejido político de esa Monarquía Atlántica Española. Y es allí en esas ciudades en donde se invita a elegir representantes, donde se busca tener representación nacional inmediata, donde se envían 9 diputados americanos a la Junta Central. Esta invitación a elegir representantes dispone sin embargo un número significativamente menor para América que para la Península (9 diputados americanos contra 39 peninsulares), suscita inmediatamente el debate sobre la igualdad entre criollos y peninsulares, como expresó en su Memorial de Agravios el neogranadino Camilo Torres. Había que ajustar el número asignado de diputados americanos con los peninsulares, y también Juntas Provinciales, como las que se habían elegido en España. Vistas sin duda desde nuestro punto de vista de lo que es un sistema democrático, las elecciones de 1810 son singulares. La elección correspondió a los ayuntamientos, cuyos miembros seleccionaban tres individuos de notoria probidad, talento e instrucción, exentos de toda nota, que pudiera menoscabarlos ante la opinión pública. Estas ternas se sometían luego a un sorteo para elegir el representante del ayuntamiento. Y luego la Audiencia seleccionaba una terna final entre los individuos seleccionados por los ayuntamientos. Todas aquellas personas fueron elegidas para formar parte de la “representación nacional española”, y esto nos coloca desde luego en el sendero de la Constitución de Cádiz, y cómo la constitución de la Nación Española, la que según los primeros artículos de la Constitución de Cádiz, 39 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ estaba formada por ”españoles de ambos hemisferios”, es decir, españoles peninsulares y españoles americanos está en la línea de filosofía política y reflexión política del proceso comenzado en 1809. Sabemos, las investigaciones lo han demostrado claramente, que hay elecciones hasta en 100 ciudades de la América Española; 14 en Nueva España, 14 en Guatemala, 2º en Nueva Granada, 17 en Perú, 16 en Chile, 12 el Río de la Plata… En absoluto un fenómeno marginal. Sabemos por ejemplo que en Guatemala entre abril y marzo se realizaron las elecciones, o las fechas en Chile (septiembre), aunque allí la reacción contra la digamos “mala representación” de los españoles americanos ha deslegitimado el proceso de elección. Hubo también conflictos políticos en el sentido moderno del término, en el sentido que un proceso democrático da lugar a partidos y movimientos opuestos que deben decidir sus diferencias mediante buna cantidad de votos. En Morelia, México, o en Córdoba, Argentina, hubo auténticos escándalos públicos, con pasquines, anónimos, acusaciones, algún golpe…oposiciones entre partidos europeos y americanos. Esta imagen e la procesión de Iturbide viene a ser el resultado final de ese proceso de ruptura. Desde luego los procesos privados.‐ y esto lo ha demostrado también la nueva historiografía, no fueron procesos privados, procesos de las élites. En Nueva España, por ejemplo, el virrey Garibay dio publicidad a la convocatoria, fue publicada en la Gaceta de Guatemala o de México, hubo celebraciones públicas, debates públicos, novedades extraordinarias que jalearon el cuerpo político de toda la América Española. François Javier Guerra señaló “El mismo pueblo también participó como espectador necesario del teatro del poder, manifestando con su presencia y en ocasiones con su aprobación o su desaprobación de las acciones de las élites” Ese proceso de 1809 llevó entonces a los espíritus a una representación cada vez más amplia a irreversible, aunque hubo algunas Audiencias que permanecieron al margen. Y si vamos a la Constitución de 1812 y a las Cortes de Cádiz vemos que ese proceso se aumenta y multiplica. Y en este sentido Lucena quisiera señalar, en sentido comparativo y desde el punto de vista de una conmemoración bicentenaria, como el elemento multiétnico, presente siempre en la América Española delimita y gana espacios a la hora de delimitar como va a funcionar el sistema político. Y vamos a decir también como da soluciones en el marco de una democracia multiétnica, con blancos, mestizos, mulatos, zambos e incluso esclavos, puede funcionar a partir de 1810‐12. En Cartagena de Indias, en 1810, se extiende el derecho al voto a los vecinos libres con unas mínimas condiciones; blancos, mestizos, mulatos, zambos y negros. Todos por igual, todos tiene derecho al voto. Las visiones globales no dan idea de esa apertura étnica, pero casos como el de Cartagena no fueron aislados ni n mucho menos. La proclamación de la Constitución de Cádiz de 1812, la amplia difusión que recibe, por supuesto supone de algún modo la existencia de esa filiación pública y política de unos procesos democráticos, que sustentan a partir de la Guerra de la Independencia, de una manera muy marcada en la vida americana. Vamos a evocar aquí cuando en el Mediodía peruano se proclama la Constitución de Cádiz se señala lo siguiente: “El 21 de septiembre yo reposaba en un profundo y tranquilo sueño. Pero entonces, en los primeros albores de la mañana, una dulce y hermosa voz sonora me dijo Levántate mortal, y contempla como la naturaleza rodeada de laureles y victorias, que ha llegado la Constitución”. La idea de que la Constitución política forma parte de una nueva comunidad política de la res pública, está entonces perfectamente definida a partir de 1812. Y llama a la participación civil y política a “individuos que antes no tenían el título de español”. Antes ese título sólose da a peninsulares y a blancos. Ahora también a indios, a mestizos, a mulatos, a libertos… Siguen excluidos los esclavos y quienes no profesen la religión católica, aunque esa cuestión del origen africano había sido objeto de muy intensos debates en la Cortes. Y más de lo que pudiéramos pensar, el ser de origen africano, esto es esclavo, e ir obteniendo carta de ciudadanía va a ir siendo cada vez más común. Se piden requisitos comunes a los exigidos a muchos países en el mundo; ser varón, estar avecindado en dominios españoles y tener más de 25 años, aunque por supuesto hay una gran cantidad de excepciones. En 1812, en la ciudad de México, votan indiscriminadamente blancos, mestizos, mulatos, zambos, libertos, esclavos, sirvientes domésticos, toda clase de gentes, se señala. En Guayaquil los originarios del África votan, y algunos de ellos son elegidos durante ese periodo. En el sur del Ecuador en Cuenca y Loja votan los indios, que constituyen la mayoría de la población. Son elegidos, y participan en el proceso electoral vigilándolo como escrutadores, según se dice en la documentación de la época. Hay autoridades como las guatemaltecas, que favorecen la participación de las castas y la inclusión en la vida política de esos grupos,. Hay, por supuesto, fenómenos 40 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ extravagantes, ya pasados los procesos de independencia, como es el caso del Cantón de Vélez, en la actual Colombia, en 1853, donde las mujeres tuvieron derecho al voto durante cinco años, lo que dio lugar a un enorme debate. El voto a las mujeres luego se quitó, pero constituye un interesante punto en la ampliación del debate en la comunidad política. Todo esto que hemos referido en un continente “de color”, se ha preservado dentro de una idea de democracia y republicanismo ampliado. La plaza de Comayagua, en Honduras, conserva todavía en su plaza un monumento a la Constitución de 1812 de Cádiz tal y como fue ratificada en ese momento, en un medallón arrancado que conmemoraba la celebración política de los españoles de ambos hemisferios. Volvamos aprovechando ese imagen al título de la conferencia, de como el legado democrático y republicano fue preservado o no fue preservado y de qué manera el caudillismo fue ese pecado original que esa historiografía ha ponderado,. Y en ese sentido volvemos a lo que las recientes investigaciones nos han venido mostrando con reiteración, como, a pesar de las prácticas caudillistas y el poder de los caudillos en algunos países, estos tuvieron que “arreglárselas” para ser elegidos en unos casos. Evidentemente el paso por procesos electorales no está verificando la existencia de una democracia, pero si nos está señalando que dentro de la estructura de la comunidad política el proceso electoral y la idea de elecciones está tan absolutamente asumida, que ni siquiera el poder absoluto puede permitirse vivir al margen de ese poder electoral. Hay entonces una idea sobre el poder y el formalismo democrático que a largo plazo va a ser uno de los procesos fundamentales por los que el caudillismo va a ir erosionándose y finalmente va a ir desapareciendo d en el siglo XIX de la historia hispanoamericana. El caso más obvio va a ser el de la Revolución Mexicana. Después de más de 30 años en el poder, Porfirio Díaz, que ha permanecido en el poder directamente o por personas impuestas, va a perder en 1910 su poder omnímodo, bajo el lema “sufragio electivo, no reelección”. Es también obvio que después de 1830, al extensión de elecciones, del principio de legalidad, dan lugar a situaciones tan excepcionales como las ya señaladas del voto femenino en el cantón de Vélez. 2‐3 años después de que las mujeres de Vélez se vieran privadas del voto, se declara en los EEUU la Guerra Civil por el motivo de la esclavitud, entre otros, que para entonces ya había sido abolida en buena parte de los estados hispanoamericanos y que se había sustanciado en un debate a partir de 1820 de lo que podríamos decir inclusión de la etnicidad dentro del proceso político. En ese sentido las comparaciones hay que hacerlas en un juego político en el cual veamos que es aquello distinto, aquello que es una ventaja y también aquello que es una desventaja. La comparación debe servir para verificar, no solamente para iluminar principios pre‐existentes. Y eso permite a Lucena pasar al punto siguiente, a que en algunos casos no se pueden etiquetar como fenómenos de caudillismo de ninguna manera, en los sucesos políticos de la Hispanoamérica del siglo XIX. Vamos a ver algunos estudios de caso, qué dicen los politólogos. ALGUNOS ESTUDIOS DE CASO El caso de Chile, por ejemplo, uno de los más originales y de los que menos veces se acude a ellos cuando se extienden aquellas grandes generalizaciones sobre el mundo iberoamericano, antes, como hoy. El caso de Chile es un caso de optimismo fundacional y de orden, simbolizado en el ferrocarril dedicado a la puesta en marcha de los recursos mineros (cobre, plata, guano), que resume bien la locomotora hacia el futuro en un P país que en 1850‐70 era considerado unánimemente como la Suiza universal. Los fundamentos, según cuentan los historiadores del siglo XIX y de la independencia, son el respeto absoluto a la autoridad, la protección de la actividad económica, la vocación de una sociedad organizada que integra gentes y territorios y que proyecta la fuerza de la ley hasta los más remotos rincones del país. Hay por supuesto hombres que cambian cosas, influjos de las personas en la historia, que explican en buena parte ese desarrollo ordenado del Chile post‐independentista; es el del comerciante Diego Portales, un hombre culto y enriquecido gracias a sus negocios y a los estancos estatales, que conocía muy bien los elementos de la vida política chilena, especialmente de los conservadores, que valora y sabe moverse dentro de las relaciones jerarquizadas. Quizás en el caso de Portales hay que valora un elemento como es el de la relación de las autoridades Chile pre‐independiente, que son gradualistas. Portales respeta la figura de los Intendentes, no quiere hacer tabla rasa de la organización política, económica y social previa. Una idea no revolucionaria desde cero, como en Francia, sino más “inglesa” 41 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ del poder, más gradualista, que permite que la maquinaria del estado funciones de una manera mucho mejor. Aunque por supuesto la idea de orden es implantada con absoluto rigor si es necesario. En el campo chileno de 1830‐40, en flagrante contradicción con lo que ocurría en el Río de la Plata, con los gauchos deambulando por la Pampa, existen unas comisiones ambulantes de justicia, que son cuerpo de justicia y vigilancia operativo, que directamente fusilan a los sospechosos de atentar contra la propiedad o la integridad de las personas. Hay otro elemento en el caso de Chile interesante, que es el de la Constitución. La Constitución chilena de 1833 dura hasta 1925 sin alteraciones sustanciales, lo cual habla de la adaptación a través del gradualismo social y político a las necesidades de desarrollo de la nación chilena. Otro caso es el de su vecino Perú. Perú representa, de algún modo, frente a ese modelo chileno optimista de desarrollo y orden, el modelo de la búsqueda de la búsqueda de la viabilidad en una sociedad muy distinta. En 1825, del millón y medio de habitantes de Perú, 2/3 son indios serranos. Hay en un primer término un intento de organización en imágenes como las que nos evoca Bolívar en el centro, una mezcla e de elementos “barrocos”, indígenas y del nuevo republicanismo, por supuesto con elementos también masónicos. Pero ese juego de próceres de la patria que no se ponen de acuerdo, de Padres Fundadores que no saben retirarse, en contraposición por ejemplo con Washington, es muy importante. En cualquier caso, el modelo sobre el que Perú se pone en marcha después de esta media docena de presidentes en muy poco tiempo, tiene que ver con la construcción de un estado patrimonial, tras la que sale triunfando un caudillo prototípico, el presidente Castilla, (1845‐51, 1855‐61). Castilla no es un aristócrata, no proviene de una familia acomodada. Es un mestizo que viene de una comunidad de mineros, que no tiene fortuna personal ni virtudes de ideólogo, que logra su ascenso en la política mediante la carrera militar, que dista de ser un hombre ilustrado, pero que se rodea de “hombres ilustrados” a los que premia con nombramientos, viajes, honores, pensiones… Castilla representa bien ese orden de tipo caudillista, que representa un estado de orden patrimonial, que puede dar lugar a medio plazo a otro tipo de estado o una forma más sofisticada de democracia. El Perú de mediados del siglo XIX es muy importante, porque es donde además se desarrolla la llamada Comisión Científica del Pacífico, la más importante expedición científica del siglo XIX, impulsada por la Corona Española, con un espíritu de inmersión en el mundo americano como frontera, de esa fe y esperanza en el conocimiento y en la ciencia que también existía en España. Esa Comisión tuvo en la Amazonía su lugar fundamental de trabajo. También significa la apertura de las fronteras de esos países, una apertura política, económica y cultural que directamente está abriendo la naturaleza a las nuevas ideas del hombre capaz de dominarla por completo. Comisión Científica paralela a una expedición militar y a una guerra muy desventurada por parte de España. Así, las interacciones con el mundo atlántico, más allá de la independencia, seguían existiendo. Otro caso absolutamente fundamental es el de México. México estrena su independencia en 1821 con dos características muy peculiares: la primera que ha sido una auténtica metrópoli del Imperio Español en América. Cuando uno piensa en el México de 1807, que tenía una fábrica de tabaco en la que trabajaban 7.000 personas y que tenía una espléndida trama urbana y una gran riqueza, estamos hablando de lo que denominamos en nuestro tiempo una ciudad global. El otro elemento es cómo se realiza la independencia de México, como un híbrido que nace de circunstancias muy diversas, en muchos intereses y fragmentada en muchas lealtades. Esto nos lleva a un problema muy importante, que es como la fragmentación de las élites conforman un panorama muy importante para entender como los procesos de construcción política después de la guerra y de las estructuras de estado y de nación son más fáciles o son más difíciles. El Plan de Iguala de 1821 desde luego definía que México pretendía ser una nación católica y unida, en la que españoles y mexicanos serían iguales, las distinciones de castas serían abolidas y los cargos estarían al alcance de todos los ciudadanos. Todos los habitantes de Nueva España, sin distinciones, africanos, europeos e indios son ciudadanos de esta Monarquía con opción a empleo según su mérito y virtudes. Por supuesto hay un intenso debate sobre la forma política de ese México que se ha independizado de la España del Trienio Liberal se debe organizar. El propio Agustín de Iturbide piensa en algún momento en 42 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ traer un príncipe de la dinastía borbónica española para presidir esa Monarquía muy rápidamente trocada en Imperio. Iturbide preside a partir de 1821‐22 una coalición de monárquicos moderados y republicanos, que está muy fragmentado en todo aquello que no sea lo que les une, la idea de la independencia de España. Por eso la oposición de federalistas, liberales y provincialistas que defienden un entorno político completamente distinto supone e impulsa el terrible desorden de las décadas posteriores a 1820 en México. Son los tiempos en los cuales ese México que era el centro del mundo según Humboldt en 1803, está ya colocándose en la periferia. La imagen de un volcán nos evoca el momento del romanticismo en el que aparece la naturaleza pero no aparecen las personas. Se pierde entonces esa posibilidad de evocar un mundo civil y ordenado. La inflación de imágenes de la naturaleza evoca un arcaísmo original, por cierto, no muy diferente de lo que estaba sucediendo en el modelo de descripción de la España en los años de 1820, 18300, 1840. Es el tiempo de los nacionalistas, de los acuarelistas, de los viajeros, con eses programas de descripciones, de cuadernos de viaje, siempre con la idea de ofrecer a sus públicos consumidores ese mundo lleno de pasiones, sensaciones y arcaísmos políticos. Esas visiones de los esclavos por parte de los naturalistas permite evocar esos escenarios de modernidad fabril y de tensión de México a inicios del siglo XIX se ha convertido en algo completamente diferente. De todos modos, en el horizonte de 1850, 1860, una vez el liberalismo mexicanos se ha asentado, primero en el modelo gaditano, y luego en un modelo americano homologable al modelo del liberalismo británico. El México del desarrollo económico, del Porfiriato. Y todos tenemos a la Revolución Mexicana como la imagen final de este periodo de gran crecimiento económico y estabilidad. La imagen del ferrocarril atravesando un paisaje n en el que antes sólo había palmeras que pinta el naturalista habla de la autoconfianza del México de 1880‐1890. CONCLUSIONES Es también este inicio del siglo XX en donde se ha abocado el carácter exótico y la imposibilidad de la Modernidad y de la democracia tal y como ha sido entendido. Y por supuesto son las imágenes del siglo XIX las que vamos a heredar en buena parte y que quisiera Lucena poner un poco en cuestión a la hora de plantearnos como mirar el panorama de Iberoamérica tras la independencia. Por eso plantea unas conclusiones a modo de preguntas en voz alta. ‐ La primera tiene que ver sobre cómo en 1860 los horizontes de la viabilidad de la regeneración y de la estabilidad son generales. Nos tenemos que ir entonces a ese mundo del Porfiriato y a esos científicos positivistas y el avance hacia el Progreso como el que define la atmósfera de la mayoría de las repúblicas hispanoamericanas. ‐ En ese sentido también quiere apuntar que hay un muy discutible excepcionalismo, cuando tenemos también que hacer comparaciones justas. Si queremos estar continuamente comparando lo que ocurre en América del Norte y América del sur tenemos también que estar evocando procesos muy complejos y no ir al fácil expediente del excepcionalismo. ‐ Otra cuestión también definida por la historiografía más avanzada y seria tiene que ver por cómo a pesar de todas las dificultades, el siglo XIX es un siglo de crecimiento económico y material en los países hispanoamericanos. Problemas relacionados con la Iglesia, la forma del territorio o las formas de estado se van resolviendo de una manera más que razonable. Es posible sin embargo que aquella América nacida como Extremo Occidente en el siglo XVI conserve en torno a 1900 esa idea de Utopía en la que todo es posible, todo puede ocurrir, como aquella más fundamental dentro e la existencia de las ideas de democracia y de cómo se puede organizar v una comunidad política. Lucena termina con la imagen de Fitzcarraldo, la gran película de Werner Herzog (1982) en una escena que tiene que ver en como ese optimismo, sea fe en el Progreso sobre la Naturaleza, que hoy nos parece escandalosa, con esas fotografías de desmontes brutales, resumen el espíritu de esa América del siglo XIX. Fitzcarraldo y sus grandes barcos caucheros desaparecen detrás de los grandes árboles de la selva amazónica, y nos muestran que al otro lado de la Utopía, lo sabemos muy bien, a veces lo que hay es un 43 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ estado de locura, un sentimiento de Utopía muy bien representada en el caso de la película de Werner Herzog. Un sentimiento de Utopía, q e para finalizar, tiene que ver también con esa relación con España con España durante el siglo XIX, en el cual se produce un lento restablecimiento de relaciones diplomáticas, aunque pro supuesto los vínculos culturales nunca desaparecieron, pues como señaló el gran historiador Guillermo Céspedes del Castillo “hemos estado siempre más cerca como pueblos que como estados”. Y no está mal en ese sentido para finalizar recordar también que entre 1880 y 1920 cruzaron el Atlántico para hacer las Américas unos 2 millones de españoles, que se fueron allí a vivir su propia utopía, como Fitzcarraldo, en busca de un futuro mejor. Fueron ellos, y sus hijos, y los hijos de sus hijos, quienes al fin sellaron los horizontes de la ruptura política entre España y las Américas que se habían abierto en 1808. 44 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Revoluciones y Guerras Revolucionarias por Eme Por Manuel Lucena Giraldo Ciclo de Conferencias Las Américas Fundación Juan March, 2008 Las independencias de América al norte y al sur del continente fueron muy diferentes, no sólo por la existencia de un origen colonial distinto, sino por la aparición, entre 1776 y 1810, de nuevos modelos de vinculación entre la política y la guerra. En esta intervención, estudiaré de qué manera se transformaron los modos de hacer la revolución, el papel del terror, la organización militar y los modos de exterminio del contrario, a fin de esbozar un balance comparativo de las emancipaciones del Nuevo Mundo. 1. INTRODUCCIÓN. Tal y como el profesor Fernández‐Armesto, la ruptura, la cesura entre la América del Norte y la América del Sur, las Américas españolas y portuguesas y las Américas inglesas, se produjo durante las Revoluciones Atlánticas. En 1830, el general Simón Bolívar, antes de morir, señaló dos cosas que constituyen una reflexión que ha perdurado en el tiempo. En primer lugar manifestó “Quien sirve a una revolución, ara en el mar”, la triste reflexión de quien como le ha desempeñado la presidencia, se ha convertido en el héroe de la independencia, que incluso ha ejercido una dictadura, en la etapa final de su vida, se ve obligado a reconocer que todo lo que ha hecho le ha dejado un mal sabor de boca. Dijo también Bolívar “La libertad es el único bien que hemos ganado a costa de todo lo demás”, haciendo el análisis de que la libertad como bien que las revoluciones de la independencia, que las revoluciones atlánticas ha logrado, pero señalando también en esta frase que quizás todo aquello no valió la pena, y que el terrible legado de destrucción material y humana que las guerras de la independencia han dejado le produce a él una serie duda. Es también, de acuerdo con el libro de Fernández‐Armesto, el momento específico del cambio en las Américas, el origen de esa asimetría, en la formación histórica de América como Extremo Occidente, que hasta el día de hoy es un enigma histórico, y que mirando hacia las Américas, el tipo de imágenes mirando hacia la América colonial británica y la América colonial española, han permanecido en el tiempo. El origen de esa cesura, de esa ruptura de ritmos (sociales, económicos, políticos) en la América del Norte y la América Central y del Sur tiene que ver con esa coyuntura muy particular que es la de las Revoluciones Atlánticas, el ciclo del cambio en el mundo atlántico, en este caso en el mundo americano, que comprende desde el año 1776 en el que se inicia la guerra de la independencia norteamericana, hasta el año 1825, el de la batalla de Ayacucho, en el que se cierran las guerras de la independencia de la América Española. Pero no sólo se da este cambio en América, sino que también a escala del mundo occidental es un momento fundacional. Es el momento en el que origina la política moderna, el político profesional, los partidos, las constituciones obligadamente escritas, como estamos acostumbrados hoy. Es el momento en el que aparece la Declaración de los Derechos Humanos, en el que el estatuto de las libertades individuales, con sus deberes y sus derechos, se formula de una manera reconocible para nosotros. Nuestro mundo, en la medida que somos occidentales, viene de esta coyuntura de cambio. 2. ¿QUÉ ES UNA REVOLUCIÓN? La primera cuestión a someter a consideración para irnos adentrando en este mundo fundacional, en el que las revoluciones y guerras revolucionarias en el mundo americano van a caracterizar tosa esa época de 50 años (1775‐1825), tiene que ver con la definición del propio concepto de revolución. Las imágenes terribles que evocan el guillotinamiento del rey de Francia Luis XVI, una imagen icónica máxima de la Revolución o de su mujer María Antonieta, nos conducen a ese momento en el que surge la propia idea de Revolución. Cada vez es más importante ir a los términos del lenguaje. Tendemos, desde la estrechez de nuestras mirada contemporánea, que las palabras siempre han significado lo mismo, a pensar que el término revolución siempre tuvo la misma significación que en la actualidad. Pero las palabras han significado cosas distintas en el tiempo, su significado ha evolucionado o se ha extinguido. Uno de los términos del lenguaje político que muestra un nacimiento de un contenido diferente en una palabra es 45 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ precisamente el término revolución. El diccionario de la Real Academia nos dice que la revolución “es un cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación”, lo que es interesante en términos de análisis de lo que es una revolución y de cómo se configuran las revoluciones en el mundo atlántico. Durante el siglo XVIII el contenido de la palabra cambia de una manera muy obvia. En el siglo XVI la revolución es la revolución de los astros, es el giro de los planetas alrededor del Sol. Sin embargo, durante el siglo XVIII, a partir de 1720 fundamentalmente, la palabra revolución empieza a adquirir significados diferentes. Sin meternos en detalles sobre la evolución de un significado a otro, la palabra revolución empieza a tener un significado muy concreto. En términos de la construcción de una comunidad política los “Modernos” no necesariamente tienen que apelar a los “Antiguos” para construir una legitimidad. Hasta 1750‐1770, cuando una comunidad política en Europa se constituía, tenía que leer lo que los griegos o los romanos habían formulado sobre la construcción de la virtud; cómo tener derechos, cómo tener deberes, como construir, apelando a esos valores del clasicismo, una comunidad política digna de llamarse de manea civilizada. Lo que pasa entre 1720 y 1750 marca el triunfo de los Modernos sobre los Antiguos. Quizás los modernos franceses o ingleses pueden ser tan virtuosos como los antiguos romanos, ya no necesitan a la hora de la construcción política, partir de los hombros de los gigantes, que son los antiguos, no necesitamos colocarnos en las referencias al pasado. Así, durante estos 50 años de revoluciones americanas se produce el triunfo de los Modernos sobre los Antiguos. Este cambio en el lenguaje político está trenzado con muchas cosas. En ese sentido tendríamos que adentrarnos a reflexionar sobre cómo se construye aquello que en la historiografía se denomina “estado pre‐revolucionario”, como podemos intuir, pensar o calibrar en una sociedad dada que una revolución se puede producir. Los historiadores somos los mejores futurólogos, sabemos siempre cual es el final de la historia que estamos comentando. En ese sentido, estudiar las revoluciones que se producen en el mundo americano durante ese periodo supone evidentemente saber cómo acabó un proceso histórico determinado. Pero supone también mirar hacia atrás y estudiar esos elementos que configuran, que pre‐determinan el nacimiento de las revoluciones. En ese sentido tenemos que situarnos en la década de 1760 en el mundo americano, para investigar aquellos elementos que explican la creación de una atmósfera, que se precipita en primer lugar en la Revolución de Independencia en los que será luego EE‐UU en 1775. La palabra clave en el periodo 1740‐1775 es la palabra Reforma. Hay en el caso de la América británica un intento por parte de la Corona dirigir de manera mucho más obvia los destinos de las Trece Colonias que van a ser las fundamentales de los futuros EEUU. Dentro de un cambio sustancial lo que podemos llamar las filosofías las Coronas, los reyes, las monarquías ya no van a tender a la construcción en las Colonias de lo que podemos definir como estructuras de consenso y negociación en el mundo americano para poderlo administrar. Hay una teoría diferente, en la que el rey, la monarquía, el Estado, debe tener un poder directo sobre esas colonias, esos territorios y debe asentar su poder en manos de funcionarios que sean ajenos a los intereses locales. En ese sentido John Lynch habla del paso de Imperios de Consenso a Imperios de Control. El impacto de esa nueva filosofía del poder, moderna, distinta , de un estado centralizado, alcanza a las 13 Colonias, California, México, Brasil, Venezuela, Chile etc… hay una obsesión, literalmente por restaurar a la Monarquía “a su antiguo estado de felicidad y opulencia”. La monarquía española introduce reformas en América para volver a la gloria de Carlos V y Felipe II. Hay que recuperar el tiempo perdido, hay que introducir nuevos impuestos, fomentar expediciones científicas, eliminar poderes intermedios… como las aristocracias hispanoamericanas y las órdenes misionales como los jesuitas, para conseguir esa restauración a la antigua felicidad y opulencia. El famoso Mapa de las Cortes de 1750 constituye una visión, un ejemplo, de esa antigua opulencia. Antes de las Revoluciones hay una etapa previa de reforma. En esta fecha se consigue un acuerdo con la Corona Portuguesa para la delimitación definitiva de las fronteras con Portugal (Brasil) y se pone en marcha un programa de reformas que básicamente va a consistir en el trazado de las fronteras con Brasil. La figura del joven militar Jose Solano y Bote, que entra en la selva venezolana para desarrollar esa presencia directa de la Corona y del poder real es paradigmática sobre ese cambio que precipita una serie 46 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ de reacciones en el mundo colonial. En su retrato detrás aparecen los barcos de guerra de la Armada Española, que evocan un hecho muy concreto,; en 1781 José Solano y Bote comandaba la flota que acude a Florida a Pensacola, para socorrer a las tropas que estaban atacando a los británicos. Pensacola viene de Panza Cola, la forma estricta de la costa que los españoles le habían dado apodo. La actuación de Solano y Bote fue decisiva para la victoria de los patriotas norteamericanos en la Guerra de Independencia, con la ayuda de las monarquías francesas y española. Pero este cuadro no sólo habla de la victoria militar, sino de otros caminos, ámbitos e instrumentos por los cuales la monarquía se adentra en el mundo colonial. Solano y Bote lleva el uniforme de Jefe de Escuadra, máxima autoridad de la Armada, Ha sido para entonces capitán general de Venezuela y Santo Domingo. Lleva el bastón de mando en su mano derecha. Pero también observamos cómo hay detrás aparatos de la ciencia. Hay una idea del mundo americano que es absolutamente distinta, que tiene que ver con ejercer esa jurisdicción por parte de la monarquía de una manera más directa, inicialmente en la América Británica. 3. ¿CÓMO EMPIEZAN LAS REVOLUCIONES? En esa década en la que José Solano y Bote es capitán general de Santo Domingo, empiezan a sucederse una serie de fenómenos en la América Británica que constituyen respuestas muy importantes a la nueva filosofía. Ahora podemos pasar al siguiente punto, a cómo empiezan las revoluciones. Para Lucena este inicio está directamente vinculado a los agravios que ese proceso de reforma impulsado desde las metrópolis causa en el mundo colonial. Esta imagen de lo que se llama en la historia de EEUU el Boston Tea Party, un hecho fundacional de la mitología nacional estadounidense, constituye un momento fundacional de la revolución. De modo que el inicio de una guerra nacional de independencia puede empezar en un momento como este; una serie de patriotas agraviados disfrazados de indios, quizás para precipitar las burlas de los capitanes británicos para parecer más lelos, ingenuos y tontos ¿? En cualquier caso este acto constituye la ruptura de una constitución atlántica que ha funcionado de manera muy fácil durante un siglo y medio (1607, fundación de Jamestown) en la América Británica. Aunque parece un hecho inconexo, va a tener sus consecuencias, al menos en la revolución de independencia de los EEUU. El hecho que una serie de patriotas, o al menos colonos, que es realiza por patricios; profesionales, comerciantes, plantadores, que son los que van a llevar adelante este momento fundacional de los EEUU. Pero si además analizamos la Constitución de los EEUU, vemos que esta tiene muy poco de moderna, salvo en el hecho de la constitución de una nueva unidad política a que se escinde de una metrópoli que la ha agraviado. Hay un hecho de cómo la independencia se justifica como reacción ante el despotismo del rey británico, que no ha respetado los derechos de los colonos de los EEUU. ”Usted no puede cobrarme impuestos sin pedirme antes mi parecer”, podríamos decirlo así. Y si ustedes se han empeñado desde su programa de reformas desde 1760 a imponer esos impuestos y desconocer mi derecho a aceptarlos o no o aunque y quizás negociarlos, de acuerdo a los espíritus de la Constitución Atlántica, usted está cometiendo un acto de despotismo. En todas las revoluciones americanas hay un elemento de anti‐despotismo de tal y como se sienten esos colonos agraviados por aquellas medidas maquinadas desde las metrópolis. Pero como se ha mencionado antes, hay revoluciones que empiezan de otro modo. El arranque de la revoluciones de independencia en la América Española tiene lugar del 19 de abril de 1810. Es una imagen que a pesar de lo que pueda parecer en esa evocación del siglo XIX y del cuadro anterior, es también una “revuelta de los privilegiados”. El capitán general de Venezuela, el español Vicente Emparan, que es depuesto en la madrugada de ese día 19 de abril, señaló que francamente varios hacendados revoltosos habían pagado a una serie de 400 o 500 agitadores o “paniaguados” para ponerse a gritar en la Plaza Mayor de Caracas “Abajo el Capitán General” porque es un partidario de los franceses y por lo tanto no tiene la lealtad necesaria y no merece desempeñar la máxima autoridad y mando del fiel dominio de España, que es la Capitanía General de Venezuela. La figura central de Emparan, medio sorprendido por el movimiento, nos permite intuir como fue el inicio de estos acontecimientos. Pero hay otras imagen, un cuadro naif, la manera de cómo los pintores haitianos evocaban el nacimiento d la nación haitiana, la primera república negra del mundo, en 1804, y en este caso es la revuelta de esclavos, esclavos que se rebelan porque han escuchado rumores, analfabetos en su gran mayoría, que han escuchado en 1791 que “el buen rey de Francia quiere darle la libertad a los esclavos”. Así, las 47 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ revoluciones pueden empezar también de esta manera, a partir de los rumores de unos derechos que los esclavos quieren para sí. Pero no sólo tenemos que acudir a deposiciones de gobernadores con unos actos de violencia más o menos importantes o con movimientos de reacomodos en el poder de las élites emergentes. Hay otros casos, como el del Brasil. En 1808, la familia real portuguesa, con motivo de la invasión napoleónica, se embarca y se va a Río de Janeiro, para coordinar o soportar la resistencia frente a la invasión peninsular. Más tarde, es simplemente una decisión de un hijo del rey de proclamar la independencia de los terrenos coloniales respecto a la metrópoli. Es, desde ese punto de vista, una contienda familiar, de un príncipe que decide que se va a quedar en Brasil y que ya es hora de que este territorio se independice de la metrópoli portuguesa. En este sentido también las ideas de cambio y revolución en el mundo americano no obedecen a una tipología determinada y como ha comentado Lucena que se asocian francamente a explicaciones de contexto local. 4. ¿QUÉ PASA CON LOS DIVERSOS SECTORES SOCIALES ANTE UNA REVOLUCION? El problema siguiente es plantearse qué ocurre en esos contextos locales cuando las revoluciones que se inician como fragmentaciones de las aristocracias o de las élites americanas, qué ocurre con el resto de la población. Podemos pensar, si vemos las imágenes de las revoluciones francesa o rusa las imágenes inconscientes de las masas participando, el pueblo, la nación, la libertad. Hay que decir las respuestas de quienes en todo caso constituyen esos fragmentos de monarquía o esos fragmentos de sociedad, utilizando las palabras del historiador Pablo Fernández Albadalejo, hay que decir que las respuestas de esa masa de población al comienzo de entre comillas una revolución o un cambio político fueron absolutamente variadas y que no respondían, pese a lo que se digan con demasiada a ningún esquema prestablecido o determinista. Pese a que la idea de revolución es una idea muy determinista, es el determinismo por antonomasia, en la práctica la respuesta de cada grupo social frente al comienzo de la revolución es absolutamente variable. ¿Qué ocurre en el mundo americano cuando comienzan las revoluciones? vamos a hacer el repaso muy rápido de algunos casos, para intentar comprender como se iniciaron. El cuadro de las mulatas haitianas de 1802 es muy capaz de evocar en algún modo como en el caso de la Revolución Haitiana en 1791 hay una fragmentación social que explica las diferencias revolucionarias. Por un lado tenemos a los Grandes Blancos, dueños de las plantaciones más importantes de la isla, en la zona norte, que lógicamente presentan una hostilidad absoluta al comienzo de la Revolución en la metrópoli en 1789. No quieren ni oir hablar de parlamentos, de representaciones ni mucho menos de Derechos Humanos. Pero en el mundo colonial francés hay un sur, en la zona de Puerto Príncipe, en donde están los Pequeños Blancos, mucho más proclives a una estrategia de defensa de sus intereses sociales a través de un Parlamento en la metrópoli, y estar representados, para quizás obtener unas mejoras fiscales o mayor facilidad para comprar esclavos y crear una estructura económica más competitiva. Pero además existe una población de Mulatos (10‐15 %), que obviamente tienen de manera inicial una esperanza en la Revolución, que cree que va a poder ayudarles una mejor representación política y obtener los fines que pretenden. Pero pronto es obvio que en la metrópoli el factor racial presa demasiado y no van a obtener esta representatividad que buscan. Incluso los grandes pensadores de la Revolución tienen muy claro que ésta es un invento de las naciones europeas y que las colonias no caben o no están incluidas en ella. ¿Y qué ocurre en el caso de la América Española. Pues que también las respuestas van a ser absolutamente variadas. La imagen de Fernando VII jurando en una pequeña localidad de la Nueva Granada llamada Honda. Lo que se hace en una imagen barroca, es un acto de lealtad y juramento al rey, que van a guardar durante mucho tiempo, conforme a su voluntad política, grupos sociales muy importantes. ¿Cómo responden otros sectores?. Ya hemos hablado de los esclavos haitianos. Podemos hablar ahora de los llaneros venezolanos, en los años 1811‐12, en las enormes extensiones de las actuales fronteras de 48 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Colombia con Venezuela, esos conglomerados de blancos pobres, blancos de orilla, gallegos, asturianos, canarios, en una particular mezcla étnica con pardos, mulatos, zambos, algunos otros blancos. Van a tener claro que la Revolución va a ser cosa de blancos y de poderosos y ricos. Ellos tienen que acudiré entonces al expediente de la fidelidad a la Corona frente al hecho de la Revolución. Su respuesta instintiva es oponerse a un cambio político que están realizando sus oponentes naturales, o sus “enemigos de clase”, que diría un marxista. Es por ello que en la historia venezolana hay una figura que es la contrafigura de Bolivar, la del asturiano José Tomás Boves, precisamente el caudillo d esos llaneros que se oponen a la revolución de independencia comenzada en esos años de 1810‐1811, y hasta que muere en 1814 en una sangrienta batalla no hace más que oponerse a los revolucionarios blancos, que son los enemigos naturales de quienes habitan esa zona de Los Llanos. ¿Cómo reaccionan los indígenas? Es también un sector muy importante pero de los cuales la historiografía ha tenido relativamente poco interés. También por el hecho de las narrativas que producen las revoluciones son teleológicas, son finalistas, son narraciones cerradas, como tales mitos. La Historia es otra cosa. Se producen eminentemente en un instante primigenio en el que lo que surge es la Nación y todos nos ponemos detrás y no tenemos más dudas y emprendemos un camino fundacional. Sin embargo las investigaciones, especialmente durante las últimas décadas, han recuperado ideas que no hay más que ir a los archivos para tener muy claras; los indígenas en la América Española, de una manera más o menos generalizada, no tienen en mayor interés en la Independencia. En 1814, cuando termina la Guerra de la Independencia de España, se envía un ejército llamado “de Reconquista” a Venezuela, con entre 10 y 12.000 veteranos de dicha guerra y que pretende recuperar Venezuela y sujetar dicho territorio que Bolívar y sus compañeros de aventura política en ese momento han desarrollado. Cuando ellos llegan allí van a encontrar por supuesto un panorama muy distinto del que les habían pintado; el último Capitán General de Venezuela manda directamente una carta al ministro de Indias y dice ¿para qué mandan ustedes un ejército si ya América se ha pacificado y ha vuelto a la lealtad de una manera natural? Uno de los factores de la vuelta a esa “lealtad natural” es la oposición de los indígenas a la Independencia por motivos muy obvios. El primero, al igual que hoy en día, es la defensa de la tierra comunal de los indígenas. De acuerdo con la tradición colonial española los resguardos de los indígenas habían sido respetados. Ellos saben muy bien que de acuerdo con la idea liberal y desamortizadora los resguardos indígenas van a “pasar a otra lógica” y van a ser privados de ellos, su principal medio de subsistencia. Hasta tal punto el factor indígena es tan importante en la resistencia contra la revolución que incluso hasta los años 1840‐42 hay indígenas que están luchando en Venezuela contra la Revolución y bajo las banderas del Realismo y de la fidelidad al rey de España, 20 años después están luchando para defender un estatuto que bajo el dominio español les era infinitamente más favorable. Por supuesto también hay otro tipo de respuestas que la historiografía ha estado estudiando de manera más reciente. Hay afortunadamente un enorme interés en saber cómo las mujeres se incorporaron a las luchas de independencia. Hay algunas ideas generalizadas de algunas heroínas que son conocidas en distintos países. Pero por supuesto estamos hablando de otras cosas, de cómo la Revolución produce una escala de movilización política y en esa movilización política al final hay que tener una respuesta individual. 5. ¿QUÉ PASA CUANDO HA ARRANCADO UNA REVOLUCIÓN? Esto nos lleva al siguiente asunto a tratar y es un punto muy importante en la tradición de la Ciencia Política; si la Revolución supone el cambio violento de una estructura política anterior, la puesta en marcha de una nueva legitimidad, una refundación en el tiempo en nombre de la necesaria respuesta ante un despotismo. ¿Qué pasa cuando ha arrancado una Revolución? La Revolución implica un movimiento, pero el consolidar una Revolución implica un estatismo. HannaArendt lo ha estudiado de manera magistral e iluminadora. Si merece la pena indicar que hay un proceso de institucionalización de las Revoluciones desde el propio momento de su comienzo, desde esos momentos de las deposiciones de Capitanes Generales o del Boston Tea Party cuando manda una carta al rey de Inglaterra comunicándole su Declaración de Independencia por el despotismo del monarca porque ha desconocido sus derechos. 49 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ Por supuesto hay que pensar que quienes inician una Revolución lo hacen con el ánimo de perdurar, no de corregir sólo algunas cuestiones, sino fundar un nuevo régimen, una nueva legitimidad política. Por supuesto las Revoluciones de Independencia en las Américas comienzan también con la idea de la definición de un nuevo ámbito de soberanía. Hay una inmediata necesidad de administrar la política. Eso quiere decir ganar la libertad revolucionaria, luchar contra los enemigos de la Revolución, cobrar impuestos, poner en marcha mecanismos de gobierno de la Nación. Hay en marcha debates sobre la forma del estado, ya que una vez comenzada la Revolución hay que definir si una determinada comunidad política se va a organizar como una monarquía o quizás como una república. Hay que definir, y esto es muy importante, si va a ser centralizada o federal. Hay que decidir también si esa Constitución va a ser una Constitución escrita. Todos esos son los problemas que acarrea el momento en el cual comienza la Revolución, quienes forman parte de ella, quienes la están impulsando y dirigiendo, tienen que decidir. Las respuestas a estas cuestiones en el mundo americano son absolutamente variables, y nos indican como en el mundo de la América Española, altamente burocratizado, e institucionalizado, las revoluciones de independencia comienzan con una llamada del Cabildo del gobierno de las ciudades a sus vecinos o los que tienen esta categoría, para que acudan en “Cabildo Abierto”, es decir, con la participación de todos los vecinos, a resolver un problema determinado, en este caso el de resolver cómo se va a solucionar el problema de la ausencia del rey, que además ha sido capturado por Napoleón. En el caso norteamericano, en cambio, el fenómeno es absolutamente distinto. Hay una necesidad de responder ante hechos como el de la Matanza de Boston que ha tenido lugar o una serie de hechos que en nombre de las reformas han sido introducidos por ese rey despótico. Hay una necesidad, como ya se ha dicho antes, de decidir cuál es la forma de dicho gobierno americano. No es una cuestión fácil de responder. Estanos acostumbrados hoy en día a pensar que la institución monárquica es eminentemente europea y que el mundo americano se ha organizado en formas republicanas, pero en absoluto eso estaba tan claro en las primeras décadas del siglo XIX. Un testimonio significativo es el de Agustín de Iturbide, el militar que impulsa la independencia de la Nueva España de la España liberal en 1821. En ese momento, y lo deja escrito en una carta, señala que lo mejor para el nuevo estado es una monarquía constitucional en el que la persona del monarca sería elegida entre los miembros de las familias reales europeas, preferentemente la dinastía de los Borbones “para darnos un monarca ya hecho que nos salve de cometer actos fatales de ambición”. En ese sentido la forma republicana especialmente la de la República Francesa y la sombra de Napoleón pesa mucho en ese momento e implicaría el paso hacia un aventurerismo político que quienes defienden la monarquía quieren evitar a toda costa Por otro lado, en los aspectos de la representatividad o de los sistemas representativos, estamos hablando del una sociedad en el que por el hecho de vivir en una revolución en absoluto han entrado en un estado de representación simbólica diferente para poderse “comunicar” con esa realidad abstracta que es El Pueblo, hay que hablarle en un lenguaje que pueda entender, y el lenguaje que entiende obviamente es el de monarquía. Otro problema es el del centralismo y el federalismo. No vamos a descubrir las tendencias innatas entre las formaciones políticas hispanas a la fragmentación, pero hay que decidir dónde va a estar la capital de una república o eventualmente de una monarquía, cuáles van a ser los derechos de las regiones, cuáles van a ser los derechos locales. Todo ello va a pesar de una manera muy obvia en los procesos revolucionarios. 6. EL PROBLEMA DE LA GUERRA Y EL PROBLEMA DEL TERROR Y esta cuestión nos permite avanzar hacia el siguiente punto, cual es la relación en el mundo americano entre los procesos revolucionarios con dos cuestiones muy determinantes y que han pesado de manera muy importante; el problema del terror y el problema de la guerra. En este punto la América Británica y la América Española son sustancialmente distintas, ya que entre medias surge la Revolución Francesa. Surge en 1792‐1793 entre los rectores de las élites revolucionarias el concepto del terror como forma de gobierno, de defensa de una legitimidad, contra los Enemigos del Pueblo , el antecedente, si se quiere, 50 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ en nombre de la Defensa de la Revolución, Experiencia que se materializa a partir del Comité de Salud Pública de los jacobinos franceses de 1793‐1794. De modo que las Revoluciones Atlánticas se vinculan, se contaminan, si se quieren, a esa Revolución Francesa y a esa experiencia del Terror dentro de los procesos revolucionarios. Pero esto resulta un tanto anacrónico, ya que en 1791 la Revolución de Esclavos de Haití, las masas de esclavos liberados cometen actos cruentos, como la crucifixión de niños blancos hijos de los amos de las plantaciones, y a su vez en represalia los Mulatos, Grandes Blancos o Pequeños Blancos ya manejan ejércitos privados que comenten un sinnúmero de tropelías frente a los esclavos que representan la revolución social en Haití. La presencia del Terror en las Revoluciones va a ser permanente. En 1813 Simón Bolívar anuncia su famoso Decreto de Guerra a Muerte. Supone un giro fundamental en las Revoluciones de Independencia de América, porque su pone el final de la merced y de la posibilidad de permanecer al margen de los avatares políticos, de la revuelta de los patriotas americanos contra España. Bolívar dice allí, “Españoles o canarios, o con nosotros o contra nosotros”. No va a ser posible permanecer sin tomar partido. El Terror va a ser un arma que usarán ambos bandos. Esta es una Gran diferencia con la Guerra de la Independencia de los EEUU, que aunque tuvo episodios aislados de violencia nunca alcanzó la virulencia de las Guerras de Independencia de la América Española. Y sobre todo la noción del terror nunca estuvo en el arsenal intelectual de los patriotas americanos, la voluntad fría y consciente de utilizar el Terror como un arma de la propia Revolución. Estas imágenes de las tropas inglesas en 1806‐1808 en Buenos Aires nos permiten situarnos en la cultura de la guerra del momento y cómo se nos puede olvidar en 2008, pero España y la América Española casi sin solución de continuidad entre 1792/93 y 1814 prácticamente están en guerra durante todo el tiempo, y luego hasta 1825. Y la violencia se desarrolla fuera de unos canales de la tradicional violencia simbólica que se ha desarrollado durante las décadas anteriores. Una reflexión que es conveniente al menos dejar sobre la mesa. Una vez se ponen en marcha las Revoluciones de Independencia ¿Cuáles son los tipos de guerra que se producen? Por un lado podemos considera el terror como forma de guerra contra el enemigo. Pero recientemente el historiado francés Clement Thibaux ha propuesto cómo dentro los ciclos de la Guerra de la Independencia de la América Española hay tres tipos de guerras sucesivas. -
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La primera sería lo que él llama la Guerra Cívica, la que hemos visto en las imágenes de esos administradores, comerciantes, miembros de la administración, dueños de esclavos como el propio Simón Bolívar, que resuelven en un término de disensión entre las élites sociológicas en ese primer nivel el conflicto de la lealtad o deslealtad al rey de España, que en ese momento es un prisionero de Napoleón. El segundo momento es el de la Guerra de Milicias, visto que hay un desbordamiento del proceso revolucionario y que hay un grado de movilización política que alcanza a pardos, mulatos, esclavos, a los cuales unos y otros van a prometer la libertad. El tercer momento es el de la Guerra Patriótica, en el que los ejércitos profesionales ponen en marcha hasta el final la guerra nacional, la Guerra de la Nación en Armas, la Guerra que la Revolución Francesa y sobre todo napoleón han llevado al extremo. Esto nos llevaría al siguiente punto, al de ¿Cuál es el personal revolucionario? Apenas quisiera apuntar que en este proceso de Guerras Cívicas, de Guerras de Milicias o de Guerras Patrióticas, la guerra se convierte en un mecanismo muy importante de movilización social. Producen héroes populares, hay aristócratas de la revoluciones, profesionales revolucionarios. El propio concepto de intelectual, al cual estamos tan acostumbrados, está unido a este momento del alumbramiento de las Revoluciones Atlánticas. Intelectual quiere decir político profesional, en ese sentido. En también el momento en el que se mueve la escala de lo que hoy llamamos la opinión pública; hay periódicos, folletos, proclamas, manifiestos y una movilización masiva de la Nación Política alrededor de uno u otro bando. Por supuesto hay héroes que forman parte de la revolución y de sus mitos fundacionales posteriores. Este cuadro de Washington cruzando el Delaware de 1847 evoca perfectamente el hecho determinante de cómo las revoluciones de independencia se producen y de cómo hay una serie de hombres providenciales, de 51 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ héroes de la patria, de los Padres Fundadores en el caso de los EEUU que son el resultado de las Revoluciones; Miranda, Bolívar, San Martín, Washington…Hombres inaccesibles al temor, que tiene la facultad de llevar adelante a la Nación, de “cruzar la Tierra Prometida”, que es la Guerra de la Independencia, y llegar hasta el final, que es la fundación de una Nación Independiente. Y esto conduce a la cuestión, que obviamente ha sido manejada en todas las Guerras de la Independencia ¿Qué pasa al final de las Revoluciones? ¿Cómo se acaban las mismas ¿Quizás con la instalación en el poder de estos hombres providenciales? Quizás, como es el caso de Washington, de cualquier tipo de tentaciones dictatoriales en nombre de la virtud política que estos mismos personajes quieren representar. Es quizás, como es el caso americano es muy obvio, del nacimiento de Estados democráticos, que generan a partir de la idea de un pueblo soberano un Estatuto de deberes y derechos para todos. Sea como sea, lo que sí parece muy obvio en el caso de la Historia de la Américas, parte sustancial del mundo occidental y en el fondo es una reflexión para Europa y América y para los que nos sentimos occidentales, nuestra idea de la Democracia, de la Libertad, nuestro Estatuto Político, nuestra Constitución, es inseparable de todo aquello que pasó en América entre 1776 y 1825. Todos, no sólo los americanos, somos herederos de aquellos principios. 7. REFLEXIONES FINALES Y llegado a este punto podemos hacer una serie de reflexiones. -
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La primera, en un orden cronológico, es que no hay una relación necesaria entre Guerra y Revolución. Es verdad que Guerra y Revolución suelen ir acompañadas, pero no de una manera mecánica y determinista. Hemos señalado el caso de Brasil como un caso peculiar. La segunda cuestión es cómo en las Américas se producen todas las guerras posibles. Cívica, civil, patriótica. Que hay una escala de movilización política que convierte a los movimientos revolucionarios en más rápidos o más lentos, mÁs masivos o más restringidos, más destructor o menos destructor. También hay una simetría en los modos y las maneras sobre la guerra en la América Británica y la América Española y en las independencias respectivas. Y eso tiene que ver en como la Revolución Francesa ha transformado la idea de Guerra y la Idea de Revolución. Por supuesto, hay que señalar que comparando lo sucedido en el norte y en el sur, la independencia norteamericana es el desprendimiento de un fragmento del Imperio Británico que desde 1763 viene sometido a presiones constitucionales; hay una periferia del Imperio Británico que se desgaja del centro. El caso de la América Española es completamente distinto, hay no una explosión, sino una implosión, hay un centro del Imperio que prácticamente desaparece en abril de 1810 cuando absolutamente toda la opinión pública europea y americana está esperando la noticia de la las tropas napoleónicas han tomado Cádiz y de que la metrópoli española ha desaparecido y en ese sentido la metrópoli española como metrópoli misma va a dejar de existir. Así, la implosión del Imperio Español, la desaparición de la metrópoli española en el centro precipita la necesidad del ejercicio de una autonomía política en los territorios, leales hasta entonces, de la América Española. Y no hay que recordar aquí que la lealtad de los españoles americanos a la Corona de Fernando VII permanece hasta ese momento de abril de 1810. -
El siguiente punto tiene que ver en cómo hay un balance de destrucción material, terrible en algunas zonas como Venezuela o Colombia y quizás en los EEUU ese caso es distinto. Pero lo fundamental aquí, si vamos a las comparaciones, los EEUU se van a convertir, a partir de 1795, en el pabellón neutral de las Guerras Napoleónicas, y este es un hecho muy importante. Esa nación de Washington, de industriosos patriarcas de las haciendas, de comerciantes, tiene una magnífica oportunidad para lucrarse, porque es la única bandera con la cual se puede comerciar en la época de los bloqueos napoleónicos y británicos. Esa nación de comerciantes y plantadores se va a convertir en una nación de industriales, porque tiene capital para ello, a partir de 1815. Las independencias de la América Española a partir de 1825 por supuesto surgen en un contexto diferente, un contexto en el cual los 52 Historia de América – Programas de Radio – 2º parcial‐ británicos son los grandes señores de los mares y pueden promover una política de fragmentación y de descapitalización del mundo americano. En cualquier caso hay que señalar aquí que las Revoluciones Americanas en el Norte y en el Sur se nutren de la idea de Utopía. Y esa idea de Utopía es la que debemos evocar ahora, dos siglos después. La idea de una experiencia de la democracia abierta a otras experiencias, étnicas, sociales, religiosas o de género: Una idea de democracia americana, mucho más ecuménica y cosmopolita quizás que aquella que se desarrolló en sus orígenes clásicos. 53 
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