Reflexiones acerca del hombre contemporáneo

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El texto Reflexiones acerca del hombre contemporáneo , nos muestra al hombre, como el autor lo indica; un
ser subjetivo, capaz de actuar de manera racional y de decidir, que se encuentra en presencia de una crisis o
desequilibrio principalmente moral. Ésta es una realidad difícil de obviar, presente de una marcada
ambivalencia, paradojas, uso ilimitado o desordenado de la libertad, esclavos de nuestros instintos, pasiones y
egoísmo. Ante esto podemos señalar que nos encontramos en una época en que la vida humana se encuentra
amenazada y desvalorizada, atentando al surgimiento del hombre.
También esta crisis, como señala el autor, se manifiesta en un sentido de vacío, liderando el poder, la fama y
la riqueza entre otras, que atentan a nuestra identidad personal.
Otra forma visible de esta crisis en el hombre, es el mal uso de su inteligencia, que no nos permite conocer la
realidad; desencadenado una moral subjetiva.
El desencadenamiento de la crisis se debe, como señala el autor, a la existencia de la autosuficiencia humana;
en el que hace de su propia persona un Dios, reflejado en un antropocentrismo o ateísmo teórico o práctico.
Ante difícil momento el hombre se muestra indiferente, carente de todo compromiso y vínculo que atente
contra su independencia afectiva. Esto genera a un narciso, amoral y sin reflexión.
Frente a esta crisis las personas adoptan actitudes diversas dentro de las cuales el autor nombra; el fatalismo (
actitud negativa y desesperanzada), el optimismo ingenuo (actitud de desconfianza) y el realista ( actitud de
esperanza y lucha).
El hombre acompañado de su poder racional, y su energía espiritual puede desafiar esta crisis, practicando
nuestras virtudes como la prudencia, justicia, templanza y fortaleza.
A mi juicio personal el hombre contemporáneo efectivamente se encuentra en un desequilibrio moral,
confusión y conflicto, demostrado en su interés por el dinero, egoísmo y competencia desleal. Son estas
características las que hacen cuestionar que ha pasado con las creencias humanas que determinan a nuestra
sociedad.
Frente a esto comparto lo señalado por Ortega: ...El diagnóstico de una existencia humana −de un hombre, de
un pueblo, de una época− tiene que comenzar filiando el sistema de sus convicciones y para ello, antes que
nada, fijando su creencia fundamental, la decisiva, la que porta y vivifica todas las demás.
Debo señalar que una creencia no es una idea, ya que ésta es sólo una interpretación de la realidad.
El hombre actual desea que su vida sea producto de su propia obra cayendo en la individualidad y
desaparición del aprecio por la vida humana digna, dejando de fortalecer sus virtudes, privilegiando lo
material por sobre lo espiritual, desconociendo o negando a Dios y desechando nuestro mundo interior.
Este profundo quiebre moral trae como consecuencia el mal uso del libre albedrío, entendiendo por esto la
satisfacción inmediata de nuestros instintos; la no consideración de nuestro prójimo, romper los límites
morales, gozar en forma deliberada sin darle importancia al daño personal y social.
Ésta negatividad ante las creencias morales que pueden guiar por el bien , se debe principalmente a una falta
de fe y compromiso, impidiendo que el hombre decida lo que va a hacer con precisión, energía, confianza y
entusiasmo sincero.
No debemos olvidar que la creencia moral es el sustento de nuestras vidas, tampoco debemos perder nuestro
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sentido de búsqueda, actitud de serenidad.
Quisiéramos destacar que así como existen fuerzas espirituales que nos ayudan a mejorar nuestra sociedad,
también depende de nuestra propia voluntad, como ser pensante, el generar conciencia personal y colectiva
para un cambio real.
A nuestro juicio, hoy debemos contar con fuertes redes de apoyo y guías que lideren positivamente,
entregando herramientas para desenvolverse ante los permanentes obstáculos. Debemos crear una conciencia
preventiva, transmitiendo el daño espiritual y emocional que puede llegar a generar una acción inmediata,
reflejando fuertemente en el ejemplo de la drogadicción, en el cual muchas veces se nos recala el daño físico y
social que conlleva sin advertir que el mayor daño es emocional y espiritual.
Como reflexiones finales podemos rescatar la fuerte necesidad de que nuestra sociedad tome conciencia de las
situación de crisis moral en la que nos encontramos, conociendo esta arma de doble filo. Así podremos
generar cambios que fortalezcan nuestra esencia. Para esto debemos crear técnicas de motivación y didácticas
que permitan transmitir normas morales ( por ejemplo: los 10 mandamientos), y que estas sean parte activa de
nuestras vidas. También debemos fortalecer nuestros lazos familiares y sociales, basados en la confianza,
respeto, responsabilidad, amor y humildad.
Debemos exigir el cuidado de la imagen de los líderes comunicacionales, quienes por su fuerte impacto
pueden no sólo resaltar el quiebre a la moral sino que transmitir disciplinas, auto cuidado, respeto y creencias
positivas.
Ortega; Historia como Sistema; pág. 6.
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