03 Los profetas hablan en nombre de

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3- Los profetas hablan «en nombre de»
Los profetas tenían mucha conciencia de ser mensajeros de Dios. Hablaban siempre en nombre de Dios: «Yahvé
dice». Por tanto, su mensaje no era de ellos mismos, sino que era un mensaje de Dios, una revelación de Dios. Pero
no porque Dios se lo susurrara al oído o les enviara un ángel para dictarles un mensaje. Dios hablaba a los profetas
y se revelaba a ellos en los signos de los tiempos.
Ahora bien, ¿cómo leían los profetas los signos de los tiempos? ¿Cómo eran capaces de reconocer lo que
Dios les decía? Ésta es la cuestión verdaderamente crucial,
La respuesta es que el Espíritu de Dios los capacitaba para sentir con Dios. Eran capaces de compartir las
actitudes de Dios, los valores de Dios, los sentimientos de Dios y las emociones de Dios, y esto les permitía ver los
acontecimientos de su tiempo como Dios los veía y sentir lo mismo que Dios sentía con respecto a ellos.
Los profetas compartían la ira de Dios, la compasión de Dios, la pena de Dios, la decepción de Dios, la aversión de
Dios, la seriedad de Dios y lo que sentía por el pueblo. Pero no compartían todo esto de forma abstracta, sino que
participaban de los sentimientos de Dios relativos a los acontecimientos concretos de su tiempo. Se puede decir que
tenían una forma de empatía con Dios, que los capacitaba para ver el mundo a través de los ojos de Dios.
La Biblia no separa emociones y pensamientos. La palabra de Dios expresa cómo
siente y piensa Él. Los profetas tenían los pensamientos de Dios, porque
compartían sus sentimientos y valores. Esto es lo que significa estar lleno del
Espíritu de Dios, y esto es lo que nos hace capaces de leer los signos de los
tiempos con honestidad y verdad.
Los autores espirituales lo llamarían «unión mística con Dios».
Pero ¿cómo los profetas experimentaron esta empatía con Dios?
Nos fijamos en el profeta Jeremías y descubrimos
a) algunos textos que expresan los sentimientos de Dios;
b) otros en los que Jeremías comparte lo que Dios siente con respecto a los acontecimientos de su tiempo y
c) algunos textos en los que los sentimientos de Jeremías se oponen a los sentimientos de Dios.
Todos ellos nos muestran el núcleo de la vida espiritual de Jeremías, su oración y su lucha para alcanzar la
unión con Dios.
1) Hay muchas expresiones de la ira de Dios, pero será suficiente considerar el texto de 5,7-11. En 2,1-13 vemos la decepción y la
consternación de Dios, y en 14,17-18 su tristeza. De nuevo, en 30,10-11, tenemos un ejemplo de la inmensa compasión que Dios siente
hacia su pueblo
2) En 23,9, cuando Jeremías se siente abrumado por las palabras de Dios, debemos recordar que una palabra no es sólo un
pensamiento, sino la expresión de un sentimiento. En concreto, Jeremías siente que la ira de Dios llena todo su ser. Y nos habla sobre
ello en 6,10-11 y 15,17.
3) En los pasajes del texto que llamamos Oraciones o Confesiones de Jeremías, vemos al profeta quejándose ante Dios y enfrentándose
a él porque no es capaz de compartir la ira de Dios y le suplica que sea amable (10,23-25), o porque la ira egoísta de Jeremías no es
compartida por Dios (11,20; 12,1-6; 18,19-23) Esto sume a Jeremías en una crisis. Desea no haber nacido y quiere renunciar a ser
profeta (15,10-21; 20,7-18).
A veces, a Jeremías le resulta difícil entender lo que Dios hace y por qué. Pero no se limita a aceptarlo con una
fe ciega. Cuestiona a Dios. Se queja y medita sobre el problema con un espíritu de reflexión crítica. Siente que
necesita cuestionar para tratar de entender. Si no lo hubiera hecho, habría podido profundizar muy poco en los
signos de su tiempo, y nunca habría llegado a aquella unión con Dios que le permitió ver lo que Dios veía en los
acontecimientos de su tiempo.
Naturalmente, Jeremías experimentó momentos de paz (31,26), pero fue una paz duramente conquistada, después
de mucho esfuerzo y una verdadera agonía mental. Tendemos a pensar que sólo hemos orado bien cuando hemos
experimentado paz, y que la unión con Dios es siempre una experiencia sosegada, pacífica y sin emociones. Eso no
es así, porque, a veces, Dios no es pacífico ni está sosegado, sino que está extraordinariamente ofendido y airado.
Esto les permitía ver los acontecimientos de su tiempo como Dios los veía y sentir lo mismo que Dios
sentía con respecto a ellos.
• ¿Cómo crees que Dios ve la realidad de las comunidades Sa-Fa? (Con misericordia/ compasión/
ira/pena/decepción/ilusión…)
• ¿Qué sentimientos te brotan de mirar a la realidad de las comunidades Sa-Fa?
• ¿Son los mismos sentimientos de Dios?
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