162-98. Gaitán vrs. Alcalde Municipal de Rosario de Mora

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162-98. Gaitán vrs. Alcalde Municipal de Rosario de Mora
SALA DE LO CONSTITUCIONAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA: Antiguo
Cuscatlán, a las ocho horas con cuarenta y cinco minutos del día nueve de septiembre de
mil novecientos noventa y nueve.
El presente proceso constitucional de amparo, ha sido iniciado mediante demanda
presentada por el abogado Jorge Adalberto Meléndez Fuentes, en su calidad de apoderado
general judicial y administrativo del señor José Manuel Gaitán, contra acto del Alcalde
Municipal de Rosario de Mora, departamento de San Salvador, por considerarlo violatorio
de los derechos constitucionales de su poderdante.
Han intervenido en este proceso constitucional, además de la parte actora, la autoridad
demandada, y el Fiscal de la Corte Suprema de Justicia, doctor René Mauricio Castillo
Panameño.
Analizados los hechos, y considerando:
I. La parte actora en su demanda, manifestó en esencia lo siguiente: que el día siete de
enero de mil novecientos noventa y ocho, el Alcalde Municipal de Rosario de Mora
concedió permiso a efecto de que su poderdante instalara un expendio de aguardiente,
previo cumplimiento de los trámites de ley, los cuales se encuentran en los artículos 29 y 30
de la Ley Reguladora de la Producción y Comercialización del Alcohol y de las Bebidas
Alcohólicas. No obstante estar funcionando dicho negocio en legal forma, la referida
autoridad, con fecha cuatro de mayo del mismo año, le notificó por escrito a su poderdante
que debía cerrar tal negocio, para lo cual se hizo acompañar de agentes de la Policía
Nacional Civil, cometiendo actos arbitrarios con requerimiento de fuerza, mostrando con
ello una conducta arbitraria e ilegal, la cual, a su parecer constituye delito, pues tal
situación causa graves perjuicios económicos y de toda índole que son irreparables. Esto
significa que dicha autoridad, por intereses muy personales y sin ningún fundamento legal,
insiste en querer cerrar el referido negocio, por lo que su poderdante se ha abstenido de
cumplir con dicha orden, pues considera que ésta ha vulnerado los derechos reconocidos en
el artículo dos de la Constitución de la República que son el derecho a la seguridad, al
trabajo, a la propiedad y posesión, así como también el derecho reconocido en el artículo
ocho, ya que lo obliga a hacer lo que la ley no manda y lo priva de lo que ella no prohibe, y
el que reconoce el artículo once, ya que lo priva de su propiedad y posesión, sin ser
previamente oído ni vencido en juicio con arreglo a la ley. En consecuencia, pidió que se le
admitiera la demanda, y que se le tuviera por parte en el carácter en que comparece.
Presentó testimonio de poder general judicial otorgado a su favor por el señor José Manuel
Gaitán, el día cuatro de febrero de mil novecientos noventa y ocho.
Se admitió la demanda incoada, se suspendieron de forma inmediata y provisional los
efectos del acto reclamado, en el sentido de autorizar la apertura del establecimiento
durante la tramitación del proceso de amparo. Asimismo, se pidió el respectivo informe al
Alcalde Municipal de Rosario de Mora, quien lo proporcionó mediante escrito de fecha
cuatro de junio de mil novecientos noventa y ocho, en el que dijo lo siguiente: que no son
ciertos los hechos que se le atribuyen en la demanda en cuanto a que, en ningún momento
ha visitado al señor José Manuel Gaitán acompañado de agentes de la Policía Nacional
Civil, ni mucho menos ha cometido actos arbitrarios; pero sí es cierto que el Concejo
Municipal, y no su persona, previo un procedimiento en que se respetó al impetrante el
derecho de audiencia y en vista de no haber extendido ninguna autorización, permiso o
licencia para la instalación de una venta de bebidas alcohólicas por parte de dicho señor,
acordó cerrar el expendio de aguardiente.
Luego, de conformidad a lo que ordena el artículo 23 de la Ley de Procedimientos
Constitucionales, se mandó oír al Fiscal de la Corte, en la siguiente audiencia, quien no
hizo uso de la misma.
Se confirmó la suspensión del acto reclamado, y se pidió nuevo informe a la autoridad
demandada, quien no lo proporcionó.
De conformidad al artículo 27 de la Ley de Procedimientos Constitucionales, se confirió
traslado al Fiscal de la Corte y a la parte actora, evacuándolo únicamente el primero de
ellos, mediante escrito que presentó el día veinticuatro de julio de mil novecientos noventa
y ocho, en el que dijo: "En vista de los informes rendidos por las autoridades demandadas,
corresponde al actor comprobar la titularidad de los derechos que reclama, y en específico
la autorización de que goza para su legal funcionamiento".
Se ordenó la apertura a pruebas por el plazo de ocho días, lapso durante el cual ninguna de
las partes aportó prueba.
Se confirió traslado al Fiscal de la Corte, de conformidad a lo que ordena el artículo 30 de
la Ley de Procedimientos Constitucionales, el cual fue evacuado mediante escrito que
presentó el día catorce de octubre de mil novecientos noventa y ocho, en el que dijo: "Al
menos hasta esta fecha, el actor no ha comprobado los extremos fundamentales en Juicio de
Amparo y a los que me refiero en mi anterior traslado de fs. 23". Asimismo, de
conformidad al artículo antes mencionado se confirió traslado tanto a la parte actora, como
a la autoridad demandada, los cuales no fueron evacuados.
A fs. 40, consta resolución en la que para efectos de mejor proveer, se pidió al Concejo
Municipal de Rosario de Mora que remitiera, dentro del plazo de tres días contados a partir
de la notificación respectiva, certificación del procedimiento instruido en contra del
demandante en este proceso, así como del Acuerdo Municipal en el que se decidió cerrar el
negocio propiedad del mismo.
A fs. 42, consta resolución en la que se previno a la autoridad demandada para que, en el
plazo de tres días hábiles contados a partir del día siguiente a la notificación respectiva,
diera cumplimiento al contenido de la resolución de fs. 40, pues de lo contrario puede
incurrir en responsabilidad penal de conformidad al supuesto establecido en el artículo 321
del Código Penal. Dicha prevención fue evacuada mediante escrito que presentó el día
veintiséis de abril de mil novecientos noventa y nueve, en el que dijo: que en cumplimiento
a los oficios números 3683 y 3815 de fechas doce de marzo y quince de abril del corriente
año, de manera atenta y constando de veintiún folios útiles, remite certificación de las
diligencias de cierre definitivo del expendio de aguardiente que funciona en la residencia
del señor José Manuel Gaitán, que se han tramitado en esa Alcaldía Municipal, así como
también del acuerdo municipal en que se decidió el cierre definitivo de dicho
establecimiento.
Habiendo concluido de esta forma los actos procesales de desarrollo, el presente proceso se
halla en estado de dictar sentencia definitiva.
II. De manera previa al conocimiento sobre el fondo del asunto, esta Sala estima pertinente
aclarar lo relativo a la suplencia de la queja deficiente que este Tribunal ha ejercido en el
presente caso, específicamente respecto del acto reclamado, y de los derechos que el
demandante alega han sido lesionados. Posteriormente se examinará la existencia del acto
reclamado, pues en caso de no ser comprobada dicha existencia, no sería posible el
pronunciamiento sobre el fondo de lo pedido en la demanda de amparo, y la terminación
del proceso se haría por sobreseimiento.
1.- En primer lugar, según el texto de la demanda, esta Sala entiende que el impetrante
considera que el acto reclamado es el hecho de que el Alcalde Municipal de Rosario de
Mora procedió a ordenarle que cerrara el expendió de aguardiente de su propiedad,
acompañado de agentes de la Policía Nacional Civil, no obstante haber concedido permiso
para el funcionamiento normal del mismo, por haber cumplido con los trámites que se
exigen para tal efecto en los artículos 29 y 30 de la Ley Reguladora de la Producción y
Comercialización de Bebidas Alcohólicas. Sin embargo, sistematizando esta idea, esta Sala
estima indispensable aclarar que ha quedado plenamente establecido en autos, que el
Concejo Municipal en sesión celebrada el día tres de mayo de mil novecientos noventa y
ocho emitió acuerdo en el cual tomó la decisión de ordenar el cierre definitivo del expendió
de aguardiente propiedad del demandante, previamente autorizado por ese Concejo. Por lo
tanto, al tomar en cuenta el contenido del articulo 34 del Código Municipal, el cual
establece que los acuerdos son disposiciones específicas que expresan las decisiones del
Concejo Municipal sobre asuntos de gobierno, administrativos o de procedimientos con
interés particular, y que surten efectos de manera inmediata; cabe decir entonces que el acto
reclamado, en el presente caso, es el acuerdo antes relacionado, por vulnerar -según criterio
del impetrante- sus derechos constitucionales.
2. Con relación al segundo punto, es de manifestar que el demandante alega que con el acto
que impugna, la autoridad demandada ha vulnerado sus derechos constitucionales de:
seguridad, trabajo, posesión, propiedad, y audiencia; sin embargo, en aplicación del
principio iura novit curia, este Tribunal advierte que, de la estructura en sí de la pretensión
constitucional, se desprende que no se trata -en el presente caso- de una supuesta
vulneración a todos los derechos que menciona el demandante, sino, respecto de los
derechos a la seguridad jurídica y audiencia.
Por lo que este Tribunal omitirá consideración alguna respecto del resto de los derechos
anteriormente mencionados, circunscribiendo de esta forma el análisis de
constitucionalidad del acto impugnado desde el punto de vista de la -supuesta- vulneración
a los derechos de audiencia y a la seguridad jurídica.
3. -Habiéndose determinado con precisión el acto que impugna el demandante y los
derechos constitucionales que considera vulnerados, resulta procedente determinar la
existencia del primero.
En el presente proceso de amparo cabe destacar que consta prueba mediante la cual se
puede comprobar la existencia del acto reclamado; por una parte, mediante la certificación
del acuerdo emitido por el Concejo Municipal el día tres de mayo de mil novecientos
noventa y ocho, la cual se encuentra agregada a fs. 55; y por la otra, mediante las
afirmaciones efectuadas por la autoridad demandada en el informe que ha rendido,
consistentes en haber admitido y reconocido en forma expresa que fue el Concejo
Municipal y no su persona, el que acordó cerrar el expendio de aguardiente, en vista de no
haber extendido ninguna autorización, permiso o licencia para la instalación del mismo;
pues las mismas, se encuentran revestidas de la presunción de veracidad. De esta manera,
se tiene por comprobada efectivamente la existencia del acto reclamado, posibilitando de
esta forma, como se mencionó anteriormente, el pronunciamiento de fondo por parte de
este Tribunal.
III. Habiéndose clarificado el aspecto de previo conocimiento, este Tribunal estima
oportuno consignar una breve acotación respecto a los derechos constitucionales
anteriormente mencionados, por constituir éstos el marco de referencia del enjuiciamiento
de constitucionalidad.
1.- Para determinar el contenido del principio de seguridad jurídica, resulta imprescindible
tener presente lo indicado en el Informe Único de la Comisión de Estudio del Proyecto de
la Constitución de 1983, pues en el mismo se puntualiza que "El artículo 2 del proyecto
consigna que toda persona tiene derecho a la vida, a la libertad, la seguridad, el trabajo, la
propiedad y posesión y a ser protegida en la conservación de los mismos". Este mismo
concepto con similar redacción estaba comprendido en el artículo 163 de la Constitución de
1962. La Comisión agregó el derecho a la seguridad. Este concepto de seguridad aquí
incluido es, en opinión de la Comisión, algo más que un concepto de seguridad material.
No se trata únicamente del derecho que pueda tener una persona a que se le garantice estar
libre o exenta de todo peligro, daño o riesgo, que ilegítimamente amenace sus derechos sino
también se trata de la seguridad jurídica como concepto inmaterial.
Es la certeza del imperio de la ley, en el sentido de que el Estado protegerá los derechos de
las personas tal y como la ley los declara." Así pues, este principio impone al Estado el
deber insoslayable de respetar y asegurar la inviolabilidad de los derechos constitucionales;
delimitando, de esa manera, las facultades y deberes de los poderes públicos.
Al respecto, Enrique Alvarez Conde en su libro de Derecho Constitucional sostiene que la
seguridad jurídica es un principio que afecta directamente a los ciudadanos, pues éstos
deben prever la aplicación del derecho por parte de los poderes públicos, viniendo a
significar "la expectativa razonablemente fundada del ciudadano en cuál ha de ser la
actuación del poder en aplicación del derecho".
De tal manera que para que exista seguridad jurídica no basta que los derechos aparezcan
en forma enfática en la Constitución, sino que es necesario que todos y cada uno de los
gobernados tengan un goce efectivo de los mismos. Es decir que, desde la perspectiva del
derecho constitucional, la seguridad jurídica es la condición resultante de la
predeterminación hecha por el ordenamiento jurídico, de los ámbitos de licitud e ilicitud en
la actuación de los individuos, lo que implica una garantía para los derechos fundamentales
de una persona y una limitación a la arbitrariedad del poder público, condiciones
indispensables para la vigencia de un Estado Constitucional de Derecho. En este mismo
sentido, en el Manual de Derecho Constitucional del doctor Albino Tinetti y otros, aparece
que Sánchez Viamonte sostiene que "la seguridad jurídica crea el clima que permite al
hombre vivir como hombre, sin temor a la arbitrariedad y a la opresión, en el pleno y libre
ejercicio de los derechos y prerrogativas inherentes a su calidad y condición de tal". Sobre
tal punto esta Sala ha expresado su posición en anteriores resoluciones sosteniendo que
seguridad jurídica es "la certeza que el particular posee que su situación jurídica no será
modificada más que por procedimientos regulares y autoridades competentes, ambos
establecidos previamente."
La seguridad jurídica constituye pues un derecho fundamental, que tiene toda persona
frente al Estado y un deber primordial que tiene el mismo Estado hacia el gobernado; pero
entendido como un deber de naturaleza positiva, traducido, no en un mero respeto o
abstención, sino en el cumplimiento de ciertos requisitos, condiciones, elementos o
circunstancias exigidas por el propio ordenamiento jurídico, para que la afectación de la
esfera jurídica del gobernado sea válida, es decir, que todos y cada uno de los gobernados
tenga un goce efectivo y cabal de sus derechos.
2.- La consagración del derecho fundamental de toda persona, a no ser privada de sus
derechos a la vida, propiedad, posesión -entre otros-, sin antes haber sido oída y vencida en
juicio; tiene su más alta expresión en el artículo once de la vigente Constitución de la
República, como garantía esencial propia del derecho fundamental a la defensa. A este
propósito, cabe decir que el derecho de audiencia tiene sentido cuando se trata de decidir
sobre los derechos de los gobernados, entendida entonces como una garantía de defensa de
los derechos de los mismos, en cuanto en definitiva carece de razón esa exigencia si no
existen interesados. Es por ello que toda ley que faculte privar de un derecho, debe
establecer las causas para hacerlo y el procedimiento a seguir, los cuales deben estar
diseñados de tal forma que posibiliten la intervención efectiva del gobernado, a efecto de
que conozca los hechos que lo motivaron y de tal manera, tenga la posibilidad de
desvirtuarlos. En este sentido, la notificación de los actos juega un papel fundamental pues
pone en conocimiento del sujeto pasivo el inicio del procedimiento, el contenido de las
razones que motivaron la iniciación del mismo, y el de las resoluciones que se emitan, lo
cual le posibilita comparecer, cumplir con alguna actividad o simplemente declarar su
voluntad en el proceso o procedimiento respectivo.
En base a lo anterior, esta Sala advierte que existe violación al derecho constitucional de
audiencia, cuando el afectado por la decisión estatal no ha tenido la oportunidad real de
defensa, privándole de un derecho sin el correspondiente proceso o procedimiento.
IV. Habiéndose establecido las anteriores consideraciones respecto a los derechos
constitucionales -supuestamente vulnerados-, corresponde ahora entrar al análisis de la
pretensión constitucional planteada en este proceso de amparo.
Es válido manifestar que la Constitución de la República ha establecido una sección
integrada de seis artículos que se encuentran ubicados dentro del Capítulo VI, en los cuales
se establece, entre otros aspectos, la autonomía de la cual gozan las Municipalidades en lo
que concierne a lo: técnico, administrativo y económico.
En razón de ello, mediante Decreto Legislativo número doscientos setenta y cuatro, de
fecha treinta y uno de enero de mil novecientos ochenta y seis, publicado en el Diario
Oficial número veintitrés, Tomo doscientos noventa, correspondiente al cinco de febrero
del mismo año, fue emitido el Código Municipal, el cual tiene por objeto desarrollar -entre
otros- los principios constitucionales referentes a la organización, funcionamiento, y
ejercicio de las facultades autónomas que corresponden a los Municipios.
De tal manera que la autonomía de la cual gozan las Municipalidades no es absoluta, sino,
relativa, por cuanto que el municipio forma parte del Estado, y en razón de ello todas las
actividades a nivel local pueden estar vinculadas en un momento dado a los planes y
programas del gobierno central. El gobierno municipal es entonces, un instrumento de
servicio para la comunidad; se justifica el poder local en la medida que las autoridades del
municipio vayan cumpliendo las metas que se proponen los vecinos para mejorar su
comunidad. Estas metas puede decirse que se refieren al bien común local, que en términos
concretos significa lograr una mejor calidad de vida para los habitantes del Municipio a
través de programas de carácter social, económico y educativo en coordinación con las
oficinas del gobierno central.
Al respecto, Legaz y Lacambra citado en el Manual de Derecho Constitucional del doctor
Albino Tinetti y otros, señala que: "El Estado, comunidad jurídica por excelencia, es
también la comunidad política por antonomasia. Pero no es la única, pues en su seno viven
otras comunidades políticas más reducidas, dotadas igualmente de su propio derecho. Estas
comunidades son para el caso concreto, los municipios, los cuales pertenecen a aquellas
"unidades naturales de convivencia", como la familia o las comunidades de trabajo, por las
que el individuo se integra de modo orgánico en el Estado .."
En consecuencia compete a los Municipios, como parte integrante del Estado, el
cumplimiento efectivo de los principios y valores consignados en la Constitución de la
República, y por ello los funcionarios municipales antes de tomar posesión de su cargo,
protestarán bajo su palabra de honor, ser fiel a la República, cumplir y hacer cumplir la
Constitución, ateniéndose a su texto cualesquiera que fueren las leyes, decretos, órdenes o
resoluciones que la contraríen, prometiendo el exacto cumplimiento de los deberes que el
cargo le imponga (art. 235 Cn)..
En el caso que se examina, el demandante alega esencialmente que la decisión consistente
en ordenarle cerrar de manera definitiva el expendio de aguardiente de su propiedad, ha
vulnerado su derecho constitucional de audiencia y de seguridad jurídica, por cuanto que la
misma, fue emitida sin antes haberse instruido procedimiento alguno en el cual se le
hubiera concedido una oportunidad real de defensa.
Al respecto, es oportuno manifestar que, atendiendo a las disposiciones del Código
Municipal, corresponde a las municipalidades la atribución de "regular el funcionamiento
de restaurantes, bares, clubes nocturnos, y otros establecimientos similares". De tal manera
que si el municipio concede autorización para que pueda operar un establecimiento
comercial, y luego, en razón de ciertos motivos, decide adoptar la medida consistente en
ordenar el cierre definitivo de algún establecimiento, deberá en todo caso instruir
previamente el procedimiento idóneo a efecto de que la parte afectada tenga oportunidad de
conocer los hechos o motivos que den lugar a la adopción de tal medida, y en el que la
misma pueda defenderse de manera efectiva.
Del estudio realizado de este expediente judicial, consta que la referida orden fue el
resultado de un procedimiento, pues en la prueba documental proporcionada por la
autoridad demandada, aparece lo siguiente: (1) nota de fecha tres de abril de mil
novecientos noventa y ocho, dirigida al Alcalde Municipal de Rosario de Mora, en la que el
Inspector de Salud y Medio Ambiente solicitó informe respecto a que si esa municipalidad
efectivamente concedió autorización escrita para instalar el expendio de aguardiente que se
encuentra ubicado en avenida las vegas y final quinta poniente; (2) informe dirigido al
Alcalde Municipal, en el que el Secretario manifiesta que aún no se ha inscrito en el
Registro Catastral el establecimiento al cual se ha hecho referencia, y que el propietario del
mismo no ha presentado ninguna solicitud, tal y como lo establece el artículo 30 de la Ley
Reguladora de la Producción y Comercialización del Alcohol y de las Bebidas Alcohólicas;
(3) Resolución emitida por esa Alcaldía Municipal el día tres de abril de mil novecientos
noventa y ocho en la que, debido a que el Concejo Municipal se pronunció sobre la
autorización del mencionado expendio sin antes haber cumplido el interesado con el
requisito que exige el artículo 30 de la ley antes citada, ordenó: (a) notificar al señor José
Manuel Gaitán que previo a la autorización del funcionamiento del expendio de aguardiente
de su propiedad, debió presentar una petición con los requisitos que en la mencionada ley
se prescriben, por lo que en virtud de ello, concedió el término de cuarenta y ocho horas, a
efecto de que cumpla a la mayor brevedad posible con el mismo, (b) hacer del
conocimiento al Concejo Municipal, de las irregularidades observadas en la autorización
del referido expendio, a fin de que se pronuncie sobre tal decisión, y (c) hacer del
conocimiento al señor Inspector de Salud y Medio Ambiente, aclarando que en realidad no
existe una licencia escrita a favor de dicho expendio, ya que no ha sido incluido en el
Registro Catastral que de establecimientos de esa naturaleza lleva esa municipalidad; (4) se
notifica al señor José Manuel Gaitán que en el término de cuarenta y ocho horas debe
cumplir con el requisito que exige el artículo 30 de la Ley antes citada; (5) nota de fecha
cinco de abril de mil novecientos noventa y ocho, en la que el Secretario Municipal informa
al Alcalde que hizo saber a los miembros del Concejo Municipal en pleno el proveído, y al
mismo tiempo dijeron quedar enterados y que estaban de acuerdo que se siguieran las
diligencias respectivas y que se pusieran en conocimiento de ese Concejo para decidir sobre
dicha situación; (6) resolución emitida por esa Alcaldía Municipal, el día veintiuno de abril
de mil novecientos noventa y ocho, en la que se le previno al señor José Manuel Gaitán
para que se presente dentro del término de cuarenta y ocho horas a efecto de que exprese
las razones del incumplimiento a la requisitoria de que cumpla con los requisitos legales
para que funcione normalmente su establecimiento, la cual fue notificada el día veintidós
del mismo mes y año; (7) Acuerdo emitido por el Concejo Municipal mediante sesión
celebrada el día tres de mayo del mismo año, en la que se ordenó cerrar definitivamente el
expendio de aguardiente, previamente autorizado por ese Concejo; y (8) notificación
realizada al propietario del expendio, del contenido del acuerdo relacionado, el día cuatro
de mayo de mil novecientos noventa y ocho.
De lo anterior se colige que, la autoridad demandada al constatar que el demandante no
contaba con una autorización, permiso, o licencia escrita concedida por esa municipalidad
para la instalación de su venta de bebidas alcohólicas; decidió instruir diligencias a efecto
que el impetrante cumpliera con el requisito requerido para la concesión de la misma, y
para ello concedió oportunidad para que lo hiciera efectivo, lo cual no hizo. Ante esta
circunstancia, el Concejo Municipal mediante Sesión celebrada el día tres de mayo de mil
novecientos noventa y ocho, decidió ordenar el cierre definitivo del referido
establecimiento.
Por otra parte, de lo que consta en el expediente no se desprende, y tampoco lo alega la
parte demandante, que la autoridad demandada le obstruyera su derecho de alegar los
argumentos que hubiera considerado oportunos durante la tramitación de las mencionadas
diligencias. En este sentido, esta Sala estima que no ha existido por parte de la autoridad
demandada, vulneración al derecho de audiencia y de seguridad jurídica, pues ésta ajustó su
conducta a la normativa constitucional, al haberle concedido varias oportunidades
razonables en las que el demandante hubiera podido cumplir con el requisito requerido para
el funcionamiento legal de su establecimiento o, en su caso, manifestara los argumentos
que hubieran justificado su oposición o descontento en relación al requerimiento del
mismo.
Como producto de las anteriores razones, esta Sala infiere que al demandante no se le ha
violado sus derechos constitucionales, por cuanto consta en este expediente judicial el
procedimiento que instruyó la autoridad demandada, en el que aparece que la decisión de
hacer efectiva la medida anteriormente relacionada, es el resultado del incumplimiento del
requisito requerido para el funcionamiento legal de su establecimiento. Por lo que, en virtud
de ello, debe desestimarse la pretensión planteada por la parte actora.
POR TANTO: A nombre de la República, con base en las razones antes expuestas y en
aplicación de los artículos 32, 33, 34, y 35 de la Ley de Procedimientos Constitucionales,
esta Sala falla: (a) declárase que no ha lugar el amparo solicitado por el abogado Jorge
Adalberto Meléndez Fuentes, en su calidad de apoderado general judicial y administrativo
del señor José Manuel Gaitán, contra acto del Concejo Municipal de Rosario de Mora,
departamento de San Salvador, (b) cesen los efectos de la suspensión del acto reclamado,
(c) óigase en la siguiente audiencia a la autoridad demandada, para efectos del artículo 84
de la Ley de Procedimientos Constitucionales, por no haber proporcionado el segundo de
los informes solicitados, y por no haber evacuado el traslado ordenado con base en el
artículo 30 de la Ley de Procedimientos Constitucionales, y, (d) notifíquese la presente
sentencia a los intervinientes.---HERNANDEZ VALIENTE---MARIO SOLANO---E.
ARGUMEDO---PRONUNCIADO POR LOS SEÑORES MAGISTRADOS QUE LO
SUSCRIBEN---J ALBERT ORTIZ---RUBRICADAS.
AS016298.99
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