– MÉXICO CENTRO DE ESPIRITUALIDAD PAULINA

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CENTRO DE ESPIRITUALIDAD PAULINA – MÉXICO
PAUTAS DE RETIRO PARA EL MES DE MAYO 2011
MARÍA DISCÍPULA Y APÓSTOL DE LA PALABRA
0. Introducción
La vocación de María nos la relata san Lucas en una estupenda página sobre
la anunciación del Señor, en la que nos comunica que Dios no entró en el mundo
a la fuerza, sino que quiso poner su morada entre nosotros a través de un sí libremente aceptado por María ella acepta entrar en el proyecto de Dios, aceptando
ser la madre de su Hijo Jesucristo, que se encarna en su seno.
Desde el momento de su concepción María es habitada por la palabra que es
el verbo y que acoge con fe, que contempla, que se identifica con Él, que acompaña y cuida en todo el proceso de gestación, María es la mujer fiel, disponible a
la voluntad de Dios. Ella siempre estará penetrada por la palabra de Dios, se le
puede considerar la madre de la Palabra encarnada.
La Virgen Madre vive en un camino de discipulado, se convierte en la primera
discípula de Jesús que se dispone interiormente a escuchar a su querido Hijo, que
se sienta a sus pies para acoger y obedecer a Dios y a su Palabra, esta actitud
conlleva disponer del tiempo necesario para estar con su Hijo Jesucristo, para seguir tras Él, para conocer su camino, para estar continuamente en comunión con
Él.
María cumplió su misión aceptando ser la esclava del Señor, ese “hágase” fue
el inicio de su apostolado, el comienzo de ser apóstol, en esa disposición se puso
al servicio de la humanidad dando a Jesús al mundo.
Consideramos a María como la gran misionera de todos los tiempos, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros.
María nos enseña el primado de la escucha en la vida de todo discípulo y misionero, ella supo conservar todos los recuerdos y palabras de Jesús y meditarlos
en su corazón.
1. La vocación de María Santísima
Toda opción vocacional se da en el interior de una persona y dentro de una
historia personal y en una relación con Jesucristo que es la GRAN PALABRA. Por
eso la llamada de María Santísima se sitúa en un contexto netamente bíblico, Dios
la llamó de manera personal y gratuita, como lo hizo con Abraham, Sara, Ana, Rut,
Esther y Judith1.
1
GONZALEZ Carlos Ignacio, María Evangelizada y Evangelizadora, CELAM - CEM, 1989, 39.
1
Siguiendo el relato de la anunciación que nos ofrece san Lucas (1,26-38) descubrimos que la fe de María fue como la de Abraham, ella acepta sin reserva el
proyecto de Dios su Padre, se pone completamente a su disposición sin condición
alguna. Reconoce con humildad ser una mujer pobre, cuya única grandeza es ser
la sierva del Señor, dispuesta a servirlo en la entrega total a favor de su pueblo.
María representa igualmente en Lucas, al Israel que se abre a la salvación mesiánica.
Dios llama a María por iniciativa suya, gratuita y libremente para llenarnos con
toda clase de bendiciones en su Hijo como dice la carta a los Efesios, (1,3-14). Es
el plan de Dios para los cristianos, María es la primera entre ellos: la elegida por el
Señor para participar plenamente de la gracia de Cristo.
La elección de María consiste en ser la Madre del Hijo de Dios, con todo lo que
comporta, con la anunciación Dios expresa su benevolencia y predilección de Dios
hacia ella, que está a la base de lo que María va a representar en la obra salvífica2.
2. María Santísima habitada por la Palabra
La Virgen María desde el momento de su concepción en su seno, queda habitada por la Palabra hecha carne.
En realidad no se puede pensar en la encarnación del verbo sin tener en cuenta la libertad de esta joven mujer, que con su consentimiento coopera de modo
decisivo a la entrada del eterno en el tiempo.
Ella es figura de la Iglesia a la escucha de la Palabra de Dios, que en ella se
hace carne3.
El prólogo del Evangelio de san Juan (1,1) dice: “al principio ya existía la Palabra y la Palabra se dirigía a Dios y la Palabra era Dios”. En este pasaje la Palabra
significa el proyecto formulado, aún no llegado a su ejecución, que se podría traducir como un Dios que estaba en proyecto. El designio de Dios consiste en que el
Hombre sea la expresión de su misma realidad divina. Cuando se pronuncie en la
historia como palabra eficaz y se realice el proyecto, existirá el hombre-Dios. Jesús será la plena realización del proyecto (Jn 1,14) y por eso será el Dios engendrado (1,18), a través de él y participando de su plenitud (1,16), los hombres podrán “nacer de Dios” (1,13), por el don del Espíritu (1,13), y estarán capacitados
para “hacerse hijos de Dios” (1,12), realizando en sí mismos el proyecto divino 4.
3. María primera discípula y apóstol de la Palabra
2
Ibidem, 59-69.
BENEDICTO XVI, La Palabra del Señor, San Pablo, México 2010, 48-49.
4 MATEOS J. BARRETO J., El Evangelio de Juan, Ediciones Cristiandad, Madrid 1992, 56-57.
3
2
María es la discípula más perfecta del Señor. Interlocutora del Padre en su
proyecto de salvación. María por su fe llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo y también se hace colaboradora en el renacimiento
espiritual de los discípulos. El Evangelio nos presenta a María como la mujer libre,
fuerte, orientada al seguimiento de Cristo. Ella como verdadera madre ha vivido
toda la peregrinación de la fe, como madre de Cristo y luego de los discípulos; sin
que le fuera ahorrada la incomprensión y la búsqueda constante del proyecto del
Padre5.
María fue la primera discípula de su Hijo Jesús, al hallarlo en el templo recibe
de su querido Hijo adolescente lecciones que ella conserva en su corazón; y la
primera sobre todo, porque nadie fue jamás “amaestrado por Dios” tan profundamente. Madre y a la vez discípula, decía de ella san Agustín, añadiendo atrevidamente que ser discípula fue para ella más importante que ser madre.
El P. Alberione comenta que María fue discípula antes de la encarnación, por
ejemplo en el Magníficat demuestra su gran conocimiento del Antiguo Testamento,
en la vida privada de Jesús (conservaba todas estas cosas…) y durante su vida
pública, estuvo hasta los pies de la cruz.
El discipulado de María destaca especialmente en relación con la palabra de
Dios; Jesús mismo lo reconoce cuando al grito de una mujer del pueblo, que entusiasmada por sus palabras declara dichoso el vientre que lo ha llevado y los pechos que lo han criado, y él responde: “dichosos los que escuchan la Palabra de
Dios y la cumplen” (Lc 11,27)6.
María Santísima es también considerada como apóstol de la Palabra, porque
ella supo dar a Jesús al mundo, es la inspiradora y protectora de toda misión
apostólica y de todo grupo que está al servicio de predicar la Palabra de Dios, María es consejera, consuelo, fuente de energías, como lo fue para los apóstoles en
el cenáculo a la espera del Espíritu: “María tiene el cometido de formar, orientar,
acompañar, sostener y coronar de frutos a los apóstoles de todos los tiempos”.
Dice nuestro fundador, que la primera devoción que encontramos en la Iglesia es
la devoción a la Reina de los Apóstoles, que nos orienta a reavivar los apostolados
y fomentar las vocaciones7.
4. Escucha atenta de la Palabra
María se distinguió por la escucha atenta de la Palabra, por eso el auténtico
discípulo de Jesús es aquel que es capaz de darse tiempo y en una actitud de serenidad y disponibilidad se “sienta a los pies de Jesús” para escuchar con atención
su Palabra.
5
Consejo Episcopal Latinoamericano, Documento de Aparecida, San Pablo, Venezuela 2007, 141.
Equipo de Formación, Catequesis Paulina, Ediciones Paulinas, Madrid 1989, 151.
7 Ibidem, 147.
6
3
La verdadera familia de Jesús son aquellos que se “sientan a su alrededor” a
escucharlo (Mc 3,31-35) y no sus parientes (los de su sangre) que llegan a buscarlo porque estiman que los deshonra (3,20-21) ni los maestros de la ley venidos de
Jerusalén (los de su raza) que piensan que está endemoniado (3,22).
La nueva familia de Jesús es su Madre María, los demás discípulos que se
sientan a sus pies y lo aceptan como Mesías de Dios.
Esta sencilla dinámica de la escucha la podemos comprender con el pasaje de
Martha y María (Lc 10,38-42) nos ayudará a profundizar en esta nueva dimensión
del discípulo que es hacerse miembro de la familia de Jesús.
Estas dos hermanas ejemplifican dos tipos de cristianos, por un lado Martha,
se preocupa de los quehaceres de la casa, según lo exige el sagrado deber de la
hospitalidad y el estatus. En cambio María, que pertenece al grupo de los que se
someten a la voluntad de Dios, se dispone a escuchar al Maestro dejando a un
lado todo, por este simple hecho se hace miembro de la familia de Jesús.
El objetivo de la escucha al Maestro es dar cumplimiento a su voluntad, obedeciendo al proyecto de Dios. Está claro que la obra es de Dios y de su providencia y
desde principio a fin hay que saber escuchar a Jesús (Lc 9,35).
Otro ejemplo nos lo ofrecen los Hechos de los Apóstoles (22,3); que nos reportan el pasaje donde Pablo es instruido a los pies de Gamaliel, en la fiel observancia de la ley.
“Sentarse” quiere decir ponerse a los pies del Maestro” para recibir instrucción,
formación, conocimiento. El discípulo de Jesús se sienta alrededor de Él, para recibir su enseñanza y para que arda su corazón con el conocimiento de Dios.
El discípulo que escucha interioriza la Palabra, la hace suya y luego entra en
diálogo con Jesús, los que no escuchan son los que no quieren entrar en comunión con el Maestro, son los de corazón obstinado, son los que se cierran al plan
de Dios (Rm 2,5-8; Hb 3,12)8.
5. Conclusión.
La realidad humana, creada por medio del verbo, encuentra su figura en la fe
obediente de María manifestada en acoger la voluntad de Dios. La llena de gracia
es dócil a la Palabra divina, vive en sintonía con la Palabra que acoge y medita
continuamente.
De María aprendemos la importancia que tiene el saber escuchar la Palabra en
el proceso de discipulado. La oración del Magníficat, nos revela que la Palabra de
8
SILVA Retamales Santiago, Discípulo de Jesús y discipulado según la obra de san Lucas,
CELAM, Bogotá 2005, 44-47.
4
Dios permanecía en la casa de María ya que ella habla y piensa de acuerdo a la
Palabra del Señor. Su Palabra se hace su Palabra y ésta nace de Dios. Por eso
que María vive de acuerdo con el querer de Dios.
San Lucas nos reporta en el Evangelio, que María conserva en su corazón todos los recuerdos y acontecimientos de su Hijo y que los medita en su corazón (Lc
2,19), porque cualquier hecho de la vida de su Hijo era para ella algo importante y
que esto era una manera de comunicarle sus intenciones. Seguramente María se
extrañaba, se admiraba, de las palabras de Jesús, pero no se desconcertaba, porque su fe estaba más allá de cualquier vacilación, a ella le correspondía descubrir
poco a poco los caminos de la salvación.
Podemos concluir diciendo que María es la Madre de la Palabra encarnada,
porque supo acoger con una fe inquebrantable la voluntad de Dios.
María nos invita a creer y acoger con fe la Palabra de su Hijo Jesucristo y a
guardar dentro del corazón las luces que recibimos de la Palabra que meditamos y
que es fuente de vida, y luz para nuestros pasos y al mismo tiempo estamos llamados a poner en práctica lo que la palabra nos indique y a compartir en la misión
la Palabra que recibimos todos los días gratuitamente.
Para la reflexión personal y compromiso

A nivel personal me pregunto ¿realmente, escucho, medito y creo en la Palabra de Dios?

¿Dispongo del tiempo necesario para escuchar con atención al Maestro que
me instruye, que me forma y que me orienta con su Palabra?

En mi comunidad o en el lugar donde me encuentro ¿qué debo hacer para
acrecentar el acercamiento a la Palabra de Dios? y ¿en qué medida me empeño para compartir con los demás la Palabra que recibo cada día?
BIBLIOGRAFÍA
1. GONZALEZ Carlos Ignacio, María Evangelizada y Evangelizadora, CELAMCEM, México 1989.
2. MATEOS J. Barreto J. El Evangelio de Juan, Ediciones Cristiandad, Madrid
1992.
3. BENEDICTO XVI, La Palabra del Señor, san Pablo, México 2010.
4. CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO, Documento de Aparecida,
san Pablo, Venezuela 2007.
5
5. Equipo de Formación, Catequesis Paulina, Ediciones Paulinas, Madrid
1989.
6. SILVA Retamales Santiago, Discípulo de Jesús y discipulado según la obra
de san Lucas, CELAM, Bogotá 2005.
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