Arte Realismo Francés

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Arte
Realismo Francés
Tras la explosión emocional que supone el Romanticismo, frecuentemente alineado con los
nostálgicos del Antiguo Régimen, los artistas y escritores sienten la sacudida de las oleadas
revolucionarias de 1830 y 1848, ésta última en especial, debido a las brutales represiones
que provocaron los gobernantes (Luis Felipe, el emperador francés, anuló la libertad de
prensa, de reunión, de expresión y ordenó matanzas indiscriminadas en las barricadas
parisinas). Al mismo tiempo que la agitación, se introducen con fuerza las teorías filosóficas
del positivismo de Compte, mientras que en economía se practica el primer liberalismo
salvaje de la historia, con terribles consecuencias sobre la formación del proletariado rural y
urbano. El socialismo utópico trata de compensar la situación y muchos de los pintores y
escritores realistas se sienten atraídos por su ideología: Balzac encabezó el movimiento
literario de un realismo descarnado. En pintura, el precedente más inmediato es el
paisajismo de la Escuela de Barbizon, en la cual se incluyó Millet. Éste pintó temas de labores
campesinas, aunque con más naturalismo que reivindicación social, pese a lo cual tuvo que
trasladarse a Gran Bretaña durante la revolución de 1848. El más destacado en la pintura
combativa del Realismo fue Courbet, seguido en el grabado por Daumier. Ambos son
ejemplos de lucha a través de las armas del arte; muy combativos, fueron encarcelados y
liberados, protagonizando continuos escándalos con las fuerzas de seguridad y la autoridad
del Estado. La sátira y la crítica periodística estaban muy unidas a sus obras, que solían
aparecer publicadas en panfletos, libelos y periódicos clandestinos. A ellos les acompañó con
frecuencia el verbo mordaz de Baudelaire, profundo admirador de su pintura. Goya fue un
pilar básico en la pintura del Realismo francés, como lo había sido, de otra manera, durante
el Romanticismo. El aprovechamiento que de sus series caricaturescas se hizo durante este
período fue extraordinario, sólo es necesario comparar sus grabados de Caprichos con los de
crítica costumbrista de Daumier. Respecto a la estética realista, resulta innecesario comentar
que se suma al detallismo y la verosimilitud, y se aleja de las composiciones extravagantes.
Sus óleos pretenden ser claros y directos en la transmisión de su mensaje, para lo cual se
remiten a una perfecta captación de la psicología de sus personajes, así como de las
calidades materiales, recuperando en cierta medida la lección pictórica de realismo que
ofrece el Siglo de Oro español.
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