Perú prehispanico

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PERÚ PREHISPANICO
RECOPILACION: Lic. Elvis Huaccharaqui Guerra
1. PERIODO LITICO
LA APARICIÓN DEL HOMBRE EN LOS ANDES PERUANOS
(10 000 - 5 000 a.C.)
Recientes investigaciones y descubrimientos han puesto en evidencia que las ocupaciones humanas en América del
sur llegan a una antigüedad de 12,000 años a.C.. Para los Andes las ocupaciones territoriales se dieron entre los
10,000 y 5,000 a.C. y se habrían dado de manera simultánea con otras zonas geográficas de América del Sur (selva
de Brasil, llanos venezolanos), a través de una oleada paralela de ocupación continental.
Tras miles de años de recorrido errante, las bandas (pequeños grupos de hombres) que por el 12,000 a.C. llegaron a
estas tierras encontraron una flora y fauna muy diferente a la actual. Enormes animales como el megaterio
(perezoso gigante), el tigre diente de sable, ciervos, caballos y mastodontes se convirtieron en el alimento principal
de la nueva población andina. La caza de estos animales les permitió vivir en los Andes durante miles de años a
pesar de que sus herramientas eran muy rudimentarias y elementales (toscas puntas de piedra, anzuelos de hueso y
hachas de piedra).
Hacia el 10,000 a.C. el territorio andino (peruano) ya había sido ocupado, principalmente las zonas comprendidas
entre el Callejón de Huaylas y la cuenca del lago Titicaca en la sierra y entre Moquegua y Piura en la costa. En aquel
tiempo, los desiertos costeños eran escasos, existían bosques húmedos llenos de fauna silvestre. La diversidad
climática y biológica permitió al hombre arcaico recolectar los frutos que la naturaleza le ofrecía. Tal como afirman
los investigadores, todos los miembros de la familia, incluidos los niños, participaban en la recolección de alimentos.
Protegiéndose del clima o de los animales, los hombres de esta época habitaban en cuevas abandonadas hasta que
el alimento en la zona se terminara. Una vez recolectados todos los alimentos posibles y tras haber cazado a los
animales de la zona, procedía a trasladarse a otro sitio que les siga permitiendo la supervivencia. Durante este
periodo arcaico los hombres andinos solo vivían de la caza y recolección, eran trashumantes y se albergaban
temporalmente en cuevas y abrigos rocosos.
ENTORNO GEOGRÁFICO
Los Andes centrales comprenden los actuales territorios de Ecuador, Perú y Bolivia, así como la parte septentrional
de Chile y el noroeste argentino.
La geografía de esta región está determinado por la Cordillera del los Andes. Esta se extiende en dirección norte - sur
dividiendo, la franja costera de la llanura amazónica ubicada hacia el oriente. La cordillera consta de una serie de
cadenas, entre las cuales, los ríos de las cuencas del Pacífico y el Amazonas forman valles interandinos, de variada
extensión y clima templado. A mayor altura se encuentran una serie de mesetas de clima seco y frío conocidas como
punas, en cuyo terreno plano hay una serie de lagos y lagunas alto andinas. La principal de estas mesetas es la del
Collao entre los actuales territorios de Bolivia y Perú. En ella se encuentra el Lago Titicaca.
La costa del Pacífico es árida desde Chile hasta el norte peruano. En regiones como el desierto de Atacama (norte
chileno) no se han registrado lluvias en años, incluso siglos. La aridez del terreno es cortada por ríos que descienden
de la sierra. Estos forman valles fértiles, favorables propicios para la agricultura, aunque la mayoría de estos ríos se
secan durante el invierno austral. La abundancia de neblinas en la costa del Pacífico permite la formación de un
ecosistema particular, conocido como las lomas. Estas son pequeñas elevaciones en las inmediaciones del mar que,
durante los meses de invierno, se cubren de vegetación gracias a la humedad de las neblinas. Desde el extremo
norte peruano, las condiciones climáticas de la costa cambian notablemente, pues se elevan las temperaturas y
aumentan las precipitaciones, al punto que la costa de Ecuador, en torno al golfo de Guayaquil tiene un clima
tropical que permite una gran abundancia de diversas especies de flora y fauna.
Hacia el oriente de la cordillera se extiende la selva, pero esta escapa en su mayor parte al área cultural de los Andes
Centrales. Sólo las estribaciones orientales de la Cordillera de los Andes, zona de transición entre sierra y selva
conocida como ceja de selva, fue colonizada desde la sierra en un notable esfuerzo por expandir la frontera agrícola.
LA TEMPRANA ESPECIALIZACIÓN ECONÓMICA
En el periodo lítico la vida para el hombre andino era difícil. Su sobrevivencia dependía básicamente de la caza de
animales y de la recolección de alimentos, principalmente vallas y frutos. Si bien para América del Sur la información
sobre la actividad recolectora es escasa y no muy precisa, no hay duda de que tuvo un rol importantísimo como
sustento del hombre arcaico. Se cree que los Andes centrales fueron escogidos como hábitat por sus ventajas frente
a otras zonas especialmente por la relativa cercanía entre los pisos altitudinales que permitieron (y permiten aún) el
aprovechamiento simultáneo de alimentos.
Antes de cazar los hombres de esta época preferían consumir los animales muertos por causas naturales o atacar a
los moribundos, o a los atrapados en pantanos, grietas o cuevas.
Variados estudios realizados a partir del análisis de los huesos encontrados en las cuevas de Pikimachay,
Jaywamachay (Ayacucho) y Uchcumachay (Junín) indican que el hombre andino prefirió cazar mastodontes,
perezosos gigantes (megaterios), paleocaballos, venados y camélidos. En la caza participaban numerosos hombres y
poseían diversos métodos para capturar y matar animales. Cuando el animal era muy grande como para enfrentarlo
directamente se le rodeaba y acorralaba frente a un precipicio para que se desbarrancara. Cuando iban en manadas
se les rodeaba, y con arcos, flechas y lanzas rudimentarias se hería a los animales. Fue de esta manera como cazaron
guanacos y vicuñas.
Con el pasar de los años las pequeñas bandas de cazadores y recolectores ocuparon la mayor parte de pisos
ecológicos, especialmente los valles costeños y andinos, las lomas húmedas y las altiplanicies andinas ubicadas a
más de 3,500 metros sobre el nivel del mar. Esta penetración del territorio hizo que el hombre se adapte a las
condiciones propias del lugar y se amolde a su geografía, clima, flora y fauna. Así se desarrollaron estrategias de
subsistencia validas para zonas concretas. Por sus características es posible agruparlas en tres grandes patrones de
adaptación: Tradición lítica en los Andes, tradición paijense (costa), tradición noreste (aplicados a los artefactos
realizados con piedra, como proyectiles y que principalmente se adaptaron a las regiones costeras del actual
Ecuador).
TRADICION LITICA EN LOS ANDES CENTRALES
Por miles de años las cuevas y abrigos rocosos ubicados a mas de 4,000 metros sobre el nivel del mar fueron la
estancia predilecta de las pequeñas bandas de cazadores y recolectores de los Andes centrales. Se cree que la
posesión de estos lugares originó fuertes disputas entre las diferentes bandas locales ya que una cueva ofrecía
inmejorables posibilidades para un resguardo efectivo frente al frío de la puna y al ataque de los grandes animales.
En las paredes de estas cuevas los primeros habitantes del actual territorio peruano dejaron su huella a través de
dibujos y arte rupestre principalmente escenas referidas a la caza de guanacos y vicuñas. La economía de los
hombres andinos se basó en la caza de camélidos, ciervos, vizcachas, cuyes y otros roedores y en la recolección de
raíces y tubérculos silvestres. Para ello no contaban mas que con toscas herramientas de piedra (puntas de proyectil,
cuchillos, hachas) y hueso (anzuelos principalmente).
Desde Cajamarca por el norte hasta Puno por el sur, se han encontrado, en abrigos rocosos naturales, restos óseos y
líticos que oscilan entre los 20,000 y 10,000 a.C.. De estos lugares los restos mas conocidos se encuentran en las
cuevas de Lauricocha (Huánuco), Guitarrero (Ancash), Telarmachay (Junín), y Pikimachay (Ayacucho). A pesar de ser
contemporáneos en el tiempo estos restos se diferencian unos de otros, pues al parecer los hombres andinos se
habrían adaptado a la geografía particular del lugar, elaborando sub-patrones específicos de subsistencia para cada
sitio.
CAZADORES DE PUNA
LAURICOCHA
Augusto Cardich, investigador de la paleo historia sudamericana, nacido en La Unión (Huánuco) en 1923, realizó
estudios en las regiones altas de Huánuco en las décadas de los 60's y 70's y encontró no solo importantes restos
líticos sino también esqueletos humanos de niños y adultos con mas de 7,000 años de antigüedad. Estos
descubrimientos hicieron posible establecer una secuencia cultural para las primeras ocupaciones altoandinas. Las
cuevas de Lauricocha, se ubican sobre un antiguo valle glaciar, entre los 3,900 y 4,200 m.s.n.m., y al parecer
albergaron a un importante grupo de cazadores y recolectores que por miles de años utilizaron las cuevas como
refugio natural.
LAURICOCHA
La secuencia cultural, realizada a partir de los restos encontrados, posibilitó la periodificación de tres fases. La
primera fase Lauricocha I (10,000 - 8,000 a.C.) se caracterizó por el predominio de puntas foliáceas (forma hoja de
árbol) y cuchillos bifaciales, la segunda fase, Lauricocha II (8,000 - 5,000 a.C.) por la presencia de puntas "hojas de
sauce" y otras de forma triangular y base recta y la tercera fase, denominada Lauricocha III (5,000 - 4,000 a.C.) se
caracterizó por la utilización de utensilios pequeños (puntas) y herramientas de hueso, aunque hay menos evidencia
pues se encontró poca cantidad de artefactos líticos. La dieta del hombre de Lauricocha, a partir del estudio de los
huesos animales encontrados en los diferentes estratos de las cuevas, se basó en el consumo de cérvidos,
principalmente tarucas para las primeras fases y camélidos en menor proporción para la última fase. Esta diferencia
en la alimentación hace pensar que hubo cambios culturales entre los grupos humanos lauricochienses que
permitieron el perfeccionamiento en las estrategias de caza llegando inclusive en sus época más tardía, a la
domesticación de animales.
En las cuevas de Lauricocha, Cardich encontró once contextos funerarios, 4 adultos y 7 niños y los clasificó como
dolicocéfalos (cráneo alargado, cara ancha, de 1,62 m. de estatura). De ellos los mas antiguos están fechados entre
los 7,000 y 6,000 a.C.. Se cree que la diferencia en los patrones de enterramiento entre niños y adultos fue
intencionada y corresponde a un rito especial para el cual se utilizaron ofrendas de distinto tipo. Junto a los
entierros de niños fueron encontrados objetos de sílex, puntas líticas, cristales de óxido de fierro, fragmentos de
hueso calcinado ocre rojo, turquesas y valvas de concha.
TELARMACHAY
Telarmachay es el nombre de un abrigo rocoso ubicado a 4,420 m.s.n.m., en las alturas de San Pedro de Cajas
(Junín). Fue habitada por los hombres andinos entre los 8,000 y 7,000 a.C.. Retiradas las nieves perpetuas, que
desde la última glaciación estuvieron presentes en los Andes, los hombres andinos pudieron utilizar la cueva como
refugio gracias a las abundantes lluvias que convirtieron los alrededores de la cueva en grandes pastizales y
aseguraron la presencia de animales en la zona. En Telarmachay se encontraron abundantes restos líticos y óseos en
los diferentes estratos de la cueva lo que facilitó el análisis y estudio principalmente de la dieta del hombre andino
que habitó esta abrigo. Los camélidos continuaron siendo la principal fuente de alimento, pero a diferencia de otros
estadios culturales, en Telarmachay aparece la domesticación de estos animales. El análisis muestra el constante y
progresivo consumo de vicuña hasta un 90% entre la primera y última capa estratigráfica. La preparación de
alimentos del hombre de Telarmachay fue compleja. Sus fogones, parecidos a la actual pachamanca, muestran una
tecnología adelantada para su época, pues calentaban los líquidos y sus alimentos con piedras calientes. En las
cenizas de sus fogones enterraban las piedras pues de esta manera eliminaban el agua de su composición y era más
fácil su tallado.
PASTORES DE HOYAS SERRANAS
GUITARRERO
Las cuevas de Guitarrero se ubican a 52 km de la ciudad de Huaraz (Ancash), en los flancos orientales de la cordillera
Negra. Fue ocupada entre los 10,000 y 9,000 a.C. y se sabe que estas cuevas fueron utilizadas como campamento
temporal durante la época de caza. Al parecer Guitarrero tuvo relaciones culturales con sitios serranos como
Lauricocha y Pachamachay pues su industria lítica guarda estrechas semejanzas con las encontradas en ambos sitios.
La falta de humedad en la cueva permitió la conservación de abundantes restos óseos de animales que permitieron
establecer la dieta del hombre de Guitarrero. De igual manera, los registros estratigráficos muestran una actividad
recolectora importante al final de cada estación lluviosa. Finalizada esta estación, los hombres de Guitarrero se
movilizaban a las partes altas de la cordillera para cazar camélidos, conejos, vizcachas, zorros y tarucas.
CAZADORES - RECOLECTORES DEL ALTIPLANO
AYACUCHO
En los años de 1971 y 1972 el arqueólogo Richard Mc Neish descubrió importantes restos óseos y líticos en los
abrigos rocosos de Pikimachay (12 km al norte de la cuidad de Ayacucho) y Jaywamachay (16 km al este de la ciudad
de Ayacucho). Los fechados obtenidos con carbono 14 dieron como fecha mas antigua los 18,000 años a.C. y Mc
Neish denominó a esta etapa Pacaicassa. El análisis y estudio realizado a partir de estos restos posibilitó la
elaboración de una secuencia cultural que llego hasta los 12,750 a.C. como época mas reciente. Se encontraron mas
de 250 utensilios, 100 lascas y muchos huesos de animales hoy extintos. La mayoría de herramientas se elaboraron
con tufo volcánico y basalto.
El controversial fechado de 18,000 a.C. fue cuestionado por muchos investigadores nacionales y extranjeros. Los
restos óseos encontradas no son de fechado confiable pues su mal estado casi no permite la utilización de la técnica
del carbono 14. Además las supuestas herramientas y puntas líticas encontradas son de tufo volcánico, piedra que se
fractura con facilidad y que no es posible tallar. De igual manera se han encontrado herramientas con fechas mas
recientes en el estadio Pacaicasa que no permiten confiar mucho en la cronología elaborada por Mc Neish.
PIKIMACHAY
En la cueva de Pikimachay (12 km al norte de la ciudad de Ayacucho) se encontraron restos líticos, y óseos con una
antigüedad de 12,000 años a.C. y pertenecen a la fase Ayacucho en la periodificación realizada por Mc Neish. Las
herramientas ya no fueron supuestamente realizadas con tufo volcánico, sino que fueron talladas en basalto,
calcedonia, cuarcita y pedernal. Chancadores, descarnadores, puntas unifaciales y raspadores así como algunas
puntas triangulares realizadas en hueso fueron las principales herramientas encontradas durante las excavaciones.
Entre los restos óseos animales encontrados figuran tigres de cueva, mastodontes, camélidos, caballos y perezosos
gigantes.
Los más antiguos restos humanos encontrados en territorio peruano fueron hallados en esta cueva. Se trata de la
mandíbula de un niño, falanges, un radio y costillas. Duccio Bonavia, no cree que los estadios Pacaicasa y Ayacucho
tengan sustento pues para él las evidencias no son muy confiables. Este arqueólogo inicia su fechado a partir del
11,000 a.C., sin embargo, haciendo un paralelo con otros sitios arqueológicos de la misma época, se puede
establecer con seguridad que entre los 13,000 y 12,000 a.C. Ayacucho fue habitado por cazadores y recolectores
indiferenciados, nombre que el arqueólogo Luis Lumbreras le da a los grupos trashumantes que satisfacían sus
necesidades sin una selección especifica de sus alimentos.
TRADICIÓN LÍTICA PAIJENSE
Para los años del arcaico la costa poseía una geografía completamente diferente a la de los Andes. En ella se
complementaron cuatro ecosistemas: El mar, los valles, las lomas y el árido desierto. Según estudios paleo
ambientales hace 13,000 años el mar estuvo 50 metros por debajo de su nivel actual, lo que supone que los
principales restos dejados por los primeros pobladores costeños están sumergidos bajo el mar. Estudios
estratigráficos señalan igualmente que hacia el norte del actual Perú (Piura y Tumbes) la costa era mucho más
amplia llegando incluso hasta los 135 metros por debajo del nivel actual. Los restos más antiguos de la costa
corresponden entonces a los encontrados en la parte media de los valles o en las estribaciones andinas.
Tras el último periodo de glaciación (10,000 a.C.) hubo gran cantidad de lluvias en la costa, lo que permitió el
crecimiento de lomas de Tumbes a Tacna. Sin embargo, la aridez del terreno hizo que rápidamente se secaran y se
configure la actual geografía costeña. La mega fauna ubicada principalmente en al costa norte se fue extinguiendo
hasta desaparecer por completo hacia el 2,000 a.C.. La dienta del hombre costeño se compuso principalmente de
peces, roedores, cérvidos, zorros, aves y lagartijas. Las excavaciones en basurales y campamentos indican
igualmente el gran consumo de moluscos.
Los principales complejos arqueológicos para este periodo se encuentran en la costa de Tumbes y Piura, la Libertad
(Paiján) y la costa de Lima (Chivateros).
PAMPAS DE PAIJÁN
Por su influencia y extensión territorial, Paiján ha sido durante muchos años el complejo arqueológico más
importante de la costa norte. Ubicado principalmente entre los valles de Virú y Pacasmayo, Paiján influenció con su
técnica lítica hasta Piura por el norte e Ica por el sur, es a esa influencia lo que se denomina tradición paijense. El
complejo arqueológico se compone de campamentos al aire libre, canteras y talleres. Aún no se sabe con exactitud a
que rango cronológico pertenece Paiján. Se han encontrado dos restos humanos que tras el análisis con el carbono
14 dan un fechado de 8,000 años a.C., sin embargo las puntas de proyectil encontradas sugieren la caza de grandes
animales que para el año de su fechado ya no se encontraban en la costa. Se cree que el hombre Paiján tuvo en un
inicio predilección por la caza, pero con el transcurrir de los años, y al observar las facilidades que la pesca le
otorgaba, volvió su mirada al mar, siendo este su mayor fuente de recursos a partir del 5,000 a.C..
CHIVATEROS
E. Lanning, y R. Patterson arqueólogos norteamericanos, realizaron en la década de 1960 importantes
investigaciones en las zonas del Bajo Chillón y en los alrededores de Ancón, Oquendo y Tortugas. Sus
descubrimientos fueron 50 campamentos al aire libre, talleres y canteras. Los fechados que Lanning realizó a partir
de restos de madera no carbonizada dieron como resultado la presencia el hombre hace 12,000 años a.C., hasta los
6,000 a.C.. La industria lítica de este lugar, hechas de madera y piedra, no fueron aceptadas del todo por la
comunidad científica pues muchas de ellas se encuentran en estados de preforma, y por otro lado no son eficientes
para cortar madera tal como afirmaba el científico. Igualmente la crítica que se le realizó a este descubrimiento
sustentaba que no hay pruebas estratigráficas que acompañen las pruebas arqueológicas. Tampoco existe un
bosque o residuos de él, encontrado en las inmediaciones del lugar.
Actualmente se cree que Chivateros fue parte de una tradición mucho mas amplia que se extendió desde Trujillo
hasta el norte de Lima.
CERRO CUPISNIQUE
Entre los valles de Jequetepeque y Chicama se encuentra Cupisnique, una gran zona de recolectores y cazadores
cuya antigüedad se remonta a los 10,000 años a.C.. Actualmente esta zona de cazadores pertenece a la tradición
paijanense debido a la influencia recibida por Paiján, principalmente en la forma de tallar la piedra. El complejo
arqueológico lo componen talleres (lugares donde se convirtió la materia prima en puntas Paiján), canteras (cerros
donde se obtuvo la materia prima: piedra) y campamentos al aire libre. Las piedras mas utilizadas en la confección
de puntas líticas fueron la riolita, la cuarcita, la dacita y el basalto, y se tallaron con percutores de madera. De
acuerdo a los restos encontrados en los basurales y campamentos de esta cultura, la dieta del hombre paijanense se
basó principalmente en el consumo de peces como la lorna y el coco. En Pampa Cupisnique se encontró evidencia
del consumo de caracoles terrestres. La caza también constituyó una labor importante por lo que ciervos, zorros,
vizcachas y aves pequeñas fueron parte de su alimentación. Esta variedad de alimentos indica que los hombres
paijanenses se agrupaban en pequeñas bandas cuyo radio de acción iba entre los 15 y 20 kms. Alrededor de su
principal asentamiento.
LA ORGANIZACIÓN SOCIAL
No es posible hablar con mucha certeza sobre la organización social de los cazadores y recolectores del periodo
arcaico. A partir de los utensilios y herramientas encontradas y de la variedad de restos de alimentos hallados en las
excavaciones arqueológicas, algunos investigadores establecen que debió tratarse de grupos de cazadores y
recolectores de hasta 20 individuos cuyo radio de ocupación iba entre los 9 a 10 km.. El jefe o líder de la banda debió
haber sido el más fuerte o el mas hábil cazador quien defendía al grupo ante cualquier situación de peligro. Para
algunos casos se cree que la banda estaba dominado por un hombre que iba acompañado por un promedio de 7
mujeres y ocupaban un pequeño pero organizado territorio. Hacia el 8,000 a.C: hubo una división del trabajo: los
hombres se dedicaban a las actividades que mayor ejercicio físico requería (cazar o pescar), las mujeres y jóvenes a
la recolección de frutos y raíces y los ancianos y niños pequeños se quedaban en el campamento sin mayor trabajo
que el de vigilar los alrededores.
LOS VESTIGIOS
Al poblador del periodo arcaico se le conoce mayormente por las herramientas e instrumentos que fabricaron que
por los restos encontrados en los diferentes estadios culturales. Son tres las grandes tradiciones que permiten un
análisis interpretativo: tradición lítica de los Andes, tradición paijense y tradición noreste. En la tradición serrana la
industria lítica se compuso principalmente de puntas de proyectil con especiales características para la caza de
grandes mamíferos: puntas con forma de hoja, triangulares o con espinas laterales. Por su tamaño y forma estas
puntas debieron utilizarse en las lanzas o como dardos para la caza de tarucas y camélidos, principalmente
guanacos. En la confección de utensilios domésticos los raspadores tuvieron un papel fundamental en la trata de
pieles.
CRONOLOGÍA




Lauricocha (10000-4000 ac)
Guitarrero (10000 - 8000 ac)
Telarmachay (8000 - 7000 ac)
Chivateros: (12000 - 6000 ac)
2. PERIODO PRECERAMICO
LA DOMESTICACIÓN DEL AMBIENTE
(5,000 - 2,000 a.C.)
Con el transcurrir de los años los hombres andinos fueron aprendiendo los ciclos naturales de los animales y plantas.
Se dieron cuenta que si recogían todos los frutos y semillas de un valle, al año siguiente no habría nada que recoger,
de igual manera si procedían a una caza indiscriminada de animales, les sería muy difícil encontrar otros en los años
sucesivos. Hacia el 6,000 a.C. empezó una caza y recolecta selectiva que aseguró a los pobladores del Ande
alimentos para las próximas temporadas. Ya no consumían las semillas, solo los frutos o granos maduros, de igual
manera ya no se cazaba a todos los animales, sino que dejaban ir a las hembras y a los más pequeños.
Esta revolución condujo años mas tarde al descubrimiento de Agricultura y ganadería y con ello al paso de una
nueva secuencia cultural en los Andes. Hacía el 5,000 a.C. se empezó con al domesticación de plantas como la
quinua, las calabazas, el pallar y frijol. El cuy y la llama principalmente fueron domesticados desde esta época. Desde
el 7,000 a.C. ya se tiene registro en los diferentes estratos de las cuevas y abrigos rocosos de la preferencia en el
consumo del hombre por la llama. Se cree que este cambio en la alimentación (camélidos por cérvidos) se debió al
descubrimiento de la domesticación de la llama. Este fue un proceso gradual e irreversible, los animales y plantas
domesticadas son diferentes a sus ancestros inmediatos, dependiendo cada vez mas del hombre para su
subsistencia.
La agricultura para estos años era una incipiente recolecta selectiva pero con mayor cuidado del hombre por juntar y
sembrar las semillas. Esta actividad supuso que la trashumancia practicada desde hacía miles de años fuera dejada
paulatinamente hasta el total sedentarismo del hombre andino. De igual manera este sedentarismo lo obligó a salir
de las cuevas y abrigos rocosos para establecerse donde las tierras fueran más fértiles, principalmente valles. Este
proceso duro miles de años hasta la aparición de aldeas y centros urbanos (aprox. 2,500 a.C.)
El sedentarismo tuvo varias etapas pero se sabe con seguridad que apareció posteriormente a la domesticación de
camélidos y una rudimentaria vida pastoril. A medida que los valles fueron cultivados, los hombres andinos eligieron
como lugar de residencia las márgenes de los ríos y los valles interandinos y costeños. Los restos hallados en las
distintas excavaciones revelan para este periodo un significativo aumento de la población.
ORIGEN DE LA AGRICULTURA Y GANADERÍA
El descubrimiento de la agricultura y ganadería fue sin duda uno de las más grandes revoluciones del hombre
andino. Se cree que la domesticación de plantas y animales empezó en los 8,000 a.C. a raíz de la observación de los
ciclos naturales de ambos recursos. La caza indiferenciada fue dejándose a un lado y se paso al cuidado selectivo de
los animales y plantas. Ya no se cazó a hembras o animales pequeños, solo a los animales machos. Las plantas
sufrieron igual selección. Ya no se recogía todas las frutas, semillas o vallas, tampoco se dejaban solo las maltratadas
o secas pues se dieron cuenta que si estas eran las únicas que dejaban, al año siguiente, todos los frutos serían de
baja calidad. Se dieron cuenta igualmente que algunas plantas crecen solamente en un sitio determinado y que no
es posible conseguirlas en algún otro piso altitudinal. Por esta razón los hombres andinos y costeños empezaron a
establecerse en sitios aledaños a sus tierras de cultivo y establecieron campamentos cerca de pastizales
frecuentados por camélidos.
No se sabe exactamente como fue que la agricultura llegó a los andes centrales ni tampoco como es que las
principales plantas utilizadas se domesticaron y llegaron a ser de consumo masivo para los años siguientes. En las
cuevas y abrigos rocosos se han encontrado poquísimas muestras de plantas o semillas ya que la gran humedad
existente en ellas impide la preservación por miles de años de estos productos. En la costa se han encontrado
algunas semillas y plantas pero estas no son propias del lugar, lo que indica que las plantas fueron domesticadas
antes de su llegada a la franja costera.
La domesticación de las plantas, al parecer, se dio de manera independiente y simultánea en varios lugares del
continente. No hubo una influencia o una difusión específica entre las distintas regiones americanas y cada una de
ellas logró domesticar tanto especies comunes como propias de cada lugar. En los Andes las plantas más
importantes que se llegaron a domesticar fueron el maíz (4,000 a.C.), maní (3,800 a.C.), papa (5,000 a.C.), quinua
(6,500 a.C.), cañihua (no existen datos sobre su domesticación), calabazas (4,500 a.C.), zapallos (4,500 a.C.), algodón
(2,500 a.C.), ají (no existen datos sobre su domesticación), frijol (7,600 a.C.) y quinua (3,000 a.C.).
En la costa se han identificado calabazas, maíz, palto, maní, pacay, yuca, guayabo, algodón y chirimoya.
La costa tuvo en la recolección marina su principal sustento. Sin embargo poco a poco la dieta del hombre costeño
fue aumentando con la llegada de las plantas domesticadas. Este cambio en la alimentación costeña fue conocido a
través de las investigaciones de Junnius Bird, E. Lanning y T. Paterson entre las décadas de 1950 y 1960. Sus estudios
concluyeron que junto a la pesca la agricultura se abrió paso y fue mayormente utilizada en los valles y lomas, con
sembríos estacionales y constantes (principalmente algodón).
Pastoreo y agricultura se adaptaron, al parecer, en forma simultanea en la sierra. La domesticación de camélidos se
puede medir por la recurrencia de huesos en los recintos arqueológicos y por los patrones relacionados con su
aprovechamiento. Los camélidos principalmente fueron adaptados por selección deliberada y se tuvo un control
sobre su edad. La gran cantidad de restos de camélidos jóvenes sacrificados sugiere que eran preferidos para el
consumo y también como un esfuerzo para controlar la especie. Los huesos de camélidos neonatos o recién nacidos
indican su ubicación en corrales ya que es frecuente contraer en estos recintos enfermedades o infecciones.
Existen datos de la domesticación de camélidos desde los 7,000 a.C., pero datos confiables indican que hacia el
4,000 a.C. se formaron sociedades de pastores especializados por todo los Andes centrales. Existen restos de
camélidos en Pachamachay, Uchcumachay, San Pedro de Cajas y Telarmachay, todas ubicadas en el actual
departamento de Junín.
Animales menores también fueron domesticados y asimilados a la vida cotidiana del hombre del precerámico.
Existen restos del cuy desde los 8,000 a.C. (fase Ayacucho), pero no se han encontrado muestras que evidencien su
domesticación sobre los 3,500 m.s.n.m.. Junto a la sedentarización del hombre, el cuy se vuelve alimento
indispensable en la sierra.
BENEFICIOS DEL PASTOREO ALTOANDINO
La domesticación de animales le permitió al hombre del pre cerámico obtener numerosos beneficios que no
obtenían con la caza o recolección. La permanente reserva de carne, huesos y lana cubrían las principales
necesidades para subsistir en las punas cordilleranas.
Datos arqueológicos indican que hacia el 4,000 a.C., el pastoreo se consolidó principalmente en las regiones
superiores a los 2,500 ms.n.m., sobretodo en Junín, Pasco, punas de Huánuco y Ancash. El pastoreo se generalizó
por su fácil práctica y bajo grado técnico necesario para llevarlo a cabo. Bastaba juntar un rebaño de camélidos pues
su alimentación era natural (aprovechamiento de los pastizales naturales en la puna y zonas altas de los Andes) y su
cuidado se centraba en la protección del rebaño frente a depredadores. Los camélidos le proporcionaban todo tipo
de beneficios a los hombres andinos, carne para su alimentación, lana para abrigarse y guano, indispensable
combustible en las alturas del Ande. Como transporte, las llamas y guanacos fueron utilizados como bestias de carga
no solo en las punas, sino también para movilizar y transportar cosas entre los diferentes pisos altitudinales. En la
puna andina la dieta del hombre se complementó con el consumo de plantas que fueron domesticando en paralelo
a la generalización del pastoreo. La maca, festuca, opuntia, quinua, cañihua, con altas concentraciones de vitaminas
y minerales, fueron el principal consumo en las alturas andinas.
COSTUMBRES FUNERARIAS
En este periodo se encontraron muchos restos humanos tanto en la sierra con en la costa. Su posición, ubicación y
objetos que acompañan estos cuerpos indican que hubo una especial preocupación por la forma como se
enterraban los hombres del precerámico y también por la vida en el mas allá. Lamentablemente la falta de estudios
no permite un análisis profundo de la vida y cosmovisión del hombre en el precerámico.
Loa patrones mortuorios tiene características comunes en la costa (Paracas, Supe, Chillón, y Chilca). En la mayoría de
excavaciones arqueológicas se han encontrado a los individuos en posición flexionada, usualmente envueltos con
mantas u hojas, algunos rodeado de utensilios de uso común, pero siempre hay con especial cuidado en el entierro
de niños y jefes de grupo o bando. Muchas veces se han encontrado restos dentro del espacio que corresponde a la
vivienda. La ubicación dentro de la morada tuvo mucha importancia, ya que mientras más al centro se encontraba el
entierro, mayor era el estatus e importancia del occiso.
Los entierros encontrados en la costa sur: Moquegua, Tacna y norte del actual territorio chileno poseen
particularidades respecto a los entierros de la costa central y norte. La evisceración de cuerpos, la momificación y
reemplazo de órganos y huesos (cultura Chiribaya), fueron costumbres practicadas por miles de años. Inclusive se
han encontrado camélidos y perros momificados.
ARQUITECTURA MONUMENTAL
Al parecer la arquitectura monumental apareció de forma simultanea en los Andes centrales. Los mayores ejemplos
se encuentran en la costa norte (Piura, Lambayeque) y central (Ancash, Lima), en la sierra norte (Cajamarca, Ancash)
y oriental (Huánuco). En menor medida se han encontrado en Ica, Arequipa e inclusive en la región altiplánica. Sin
embargo, no llegan a tener la monumentalidad y grandiosidad que tuvo principalmente en la costa norte y central.
Se cree que estas construcciones fueron realizadas entre los 3000 a.C. y los 200 a.C. Las particularidades y
ordenamiento de estos recintos arquitectónicos indican una profundización en las ideas políticas y religiosas. La
presencia de frisos y dibujos muestran a su vez la cosmovisión, en muchos casos guerrera de los habitantes de estos
complejos arqueológicos. Con los años estas construcciones fueron haciéndose cada vez mas comunes y crecieron
en tamaño e importancia.
Entre los principales modelos arquitectónicos elaborados en este periodo sobresalen:
· Edificios con plazas circulares hundidas
· Los recintos cuadrangulares con fogón central
· Edificios con plataformas y plazas
· Edificios con forma en U o de herradura
Edificios con plazas circulares hundidas:
Ubicados principalmente en la costa, entre Lambayeque y Lima, estos monumentos poseen distintas dimensiones
espaciales y complejidades. Los ubicados en el valle de Supe son los más grandes y antiguos así como los que poseen
mayores edificaciones asociadas. Estos recintos poseen básicamente un edificio principal o central, rodeado a la
izquierda y derecha por dos edificios de menor tamaño y una plaza circular de variable extensión frente al edificio
principal. Son representativos de este modelo: Las Haldas (1,800 a.C.), Alto Salaverry (1,800 a.C.) y Caral (3,000 a.C.).
Recintos cuadrangulares con fogón central
Se cree que este modelo arquitectónico tuvo su aparición hacia los 2,500 a.C. persistiendo su construcción hasta el
500 a.C. coexistiendo con otros modelos constructivos como los edificios de herradura. Durante muchos años se
pensó que esta arquitectura era propia de la vertiente oriental de los Andes Centrales, especialmente por la
reutilización del estilo en diferentes contextos arquitectónicos. Sin embargo se han encontrado recintos de la misma
característica en el Callejón de Huaylas (Ancash), Huanuco y Lima. Este modelo se caracteriza por poseer una
estructura cuadrangular con nichos en sus paredes interiores y un doble piso interior con un fogón central y una
chimenea que va por debajo del piso. Son representativos de este modelo: Kotosh (2,500 a.C. - 200 d.C.), La Galgada
(2,300 a.C.), Huaricoto (2,260 a.C.) y Huancaloma (1,130 a.C.).
Edificios con plataformas y plazas
Estas construcciones fueron comunes tanto en la costa como en la sierra. La utilización de este modelo tuvo su auge
hacia los 1,000 a.C. y posee características particulares respecto a las otras variantes de arquitectura monumental.
Poseen estas construcciones grandes terrazas que se ubican generalmente en las laderas de una colina. Sobre estas
terrazas se ubica la plataforma principal que usualmente está decorada con grandes bloques de piedra tallada, y se
puede acceder a estas plataformas a través de escaleras que conectan a plazas y grandes patios. Son representativos
de este modelo: Pacopampa (1,200 a.C), Huancaloma (800 a.C.), Kuntur Wasi (1,100 a.C.), Layzón (1,000 a.C.).
Edificios con forma en U o herradura
Este modelo arquitectónico se encuentra mayormente entre Lambayeque por el norte hasta Lima por el sur, pero el
mayor número de construcciones se ubica entre el valle de Supe y Mala, ambos en Lima. Los investigadores piensan
que estas edificaciones es una tradición costeña que llegó inclusive a la sierra y fue adoptada por grandes centros
culturales.
Estas estructuras arquitectónicas se componen de un edifico central y dos laterales que forman una plaza o gran
patio. Usualmente se orientan hacia noreste y es el edificio central, el mas grande e importante, pues su utilización
ritual se asocia con los grabados y frisos encontrados en ellos. El edificio central posee un atrio medio asociado a una
escalera que conduce a la plaza. La plaza es de tamaño variable (de 1 Ha. hasta las 30 Ha.) y en ella no existe edificio
alguno, aunque si presentan variados niveles. Se cree que la plaza fue la zona ceremonial menos restringida y en ella
se ubicaban los hombres del común. En estas construcciones también se han encontrado plazas circulares.
Son representativos de este modelo: Caral (3,000 a.C.), Garagay (1,400 a.C.) y Cardal (1.300 a.C.).
CARAL
Este impresionante complejo arquitectónico se ubica en el valle de Supe, Barranca; a 182 km al norte de la ciudad de
Lima. Las investigaciones arqueológicas demostraron su pertenencia al periodo precerámico pues se desarrolló
entre los 3,000 años a.C. y los 1,600 años a.C.. La presencia de este complejo arqueológico desestructuró las
hipótesis sobre el desarrollo cultural en los Andes peruanos pues es 1,500 años más antiguo que Chavín,
considerado por muchos años el foco cultural más antiguo y complejo del antiguo Perú. Se tiene documentación de
los centros arqueológicos de Supe desde los años 1940, a través de fotografías aéreas que mostraban las plazas y
centros arquitectónicos monumentales. Sin embargo no se hicieron excavaciones ni estudios pues se le daba poca
importancia frente a las distintas manifestaciones culturales del antiguo Perú.
En sus 66 hectáreas se distinguen dos zonas diferenciadas arquitectónicamente: la zona nuclear y la zona periférica.
En la primera se ubican los edificios monumentales y las residencias de los grupos de la elite, plazas circulares y
grandes espacios públicos para reuniones multitudinarias. La zona periférica contiene las viviendas de la gente
común agrupadas a manera de archipiélagos a lo largo de la terraza anexa al valle.
Para este periodo Caral ya había logrado una eficiente agricultura y pesca, sobresaliendo el procesamiento del
algodón, elaborando ropa y sobretodo redes para una eficiente extracción del pescado.
Su excedente económico le permitió desarrollar condiciones económicas, sociales y políticas sin precedentes para
esos años. También hubo un desarrollo en las ciencias exactas y en las tecnologías empleadas para la construcción
de la arquitectura monumental.
Caral se ubicó en la margen derecha del río Supe. Este río es de régimen irregular, como casi todos ríos de la costa.
No es posible que la agricultura del valle haya sido la única y principal actividad económica de sus pobladores puesto
que la arquitectura monumental y sus islotes de viviendas indican una gran población permanente. El gran trabajo
físico utilizado en la construcción de los edificios monumentales y su permanente modificación se sustentó con
actividades extractivas como la pesca y la utilización de los excedentes de otros valles, tal vez los de Pativilca y
Fortaleza, aledaños a Supe. Su ubicación estratégica, entre la costa y la sierra, le permitió el intercambio de
productos con pueblos ubicados entre los valles costeños de Santa (Ancash) y Chancay (Lima) o Chillón, y por el este
con los ubicados en el Callejón de Huaylas y la cuenca del Marañón por el este.
Hay que anotar que el valle de Supe contiene a lo largo del río varios asentamientos poblacionales con una
extensión variada, algún más grande que Caral y otras con menos de una hectárea.
En dos recintos arquitectónicos se encontraron un conjunto de flautas realizadas en huesos de pelícano y cóndor.
Estos instrumentos musicales revelan una práctica musical importante en la sociedad de Caral pues se cree que
fueron interpretadas ante público en las plazas elaboradas para tales fines. Las flautas están decoradas con diseños
incisos y están representados monos, cóndores, figuras antropomorfas, etc.
LAS ARTES EN EL PRECERÁMICO
Los tejidos aparecen una vez concluida la domesticación del algodón. Para los Andes centrales los tejidos más
antiguos fueron encontrados en Huaca Prieta por el arqueólogo Junius Bird en 1946. Junto a varios objetos (mates,
restos de comida, tallas en piedra, etc.) los primeros textiles en algodón revolucionaron la concepción que hasta esa
fecha se tenía acerca del avance tecnológico del hombre andino. Los tejidos de Huaca Prieta tuvieron un fechado de
2,500 a.C., mil quinientos años anteriores al estadio cultural Chavín, considerado hasta entonces como el primer
horizonte cultural de avanzada en los Andes.
Se ha encontrado relación entre la iconografía de Huaca Prieta y la realizada años mas tarde en Chavín. Si bien se
puede encontrar toda una continuidad cultural e iconográfica de más de mil años entre una cultura y otra, lo cierto
es que también para esta región la reproducción de la naturaleza fue práctica común. Seres antropomorfos y
zoomorfos fueron la constante temática en muchas culturas prehispánicas, principalmente aves serpientes y plantas.
Lo que si es evidente es la presencia de estas figuras por más de 4,000 años en los Andes centrales (pájaros, felinos,
serpientes bicéfalas).
Los textiles de Huaca Prieta permiten un acercamiento al mundo del hombre precerámico. A través del tejido se
pudo analizar el tipo de animal elegido, es decir si era doméstico o salvaje. También se pudo analizar el
conocimiento científico y su dominio del entorno, pues a través del estudio de la fibra textil se obtuvieron
importantes datos acerca del conocimiento que tenían sobre los tintes y su composición. La forma de torcer el hilo
permitió conocer cuales fueron sus patrones en el tejido y también cuales fueron sus zonas de influencia. La técnica
del entrelazado es la más antigua y simple que se conoce para esta época. Es una técnica en la que no se necesita un
telar, tan solo se entrecruza de distintas maneras las urdimbres y las tramas del tejido. Sus variantes permite crear
múltiples y complejos diseños.
CRONOLOGÍA
 Caral (2500 - 1600 ac)
3. PERIODO INICIAL
De las aldeas a los grandes templos
(2000 - 500 a.C.)
Con el transcurrir de los años, el hombre andino logró la domesticación de plantas y animales en casi todos los pisos
altitudinales. El cuidado y dedicación que se tuvo con estos bienes obligó a los hombres a volverse sedentarios.
Agrupados en aldeas, buscaron el beneficio comunal a través de la división del trabajo. Los valles interandinos, las
lomas y valles costeños fueron los escenarios geográficos escogidos para establecerse y formar asentamientos
poblacionales de gran envergadura donde resalta la arquitectura monumental de carácter ceremonial, que tuvo sus
inicios en el precerámico tardío. Fue principalmente en la costa central y norte donde se encuentran las más grandes
construcciones (especialmente pirámides truncas y complejos en forma de U), no obstante en la sierra se han
encontrado los primeros restos de arquitectura religiosa.
Junto a estas expresiones arquitectónicas la cerámica apareció en los Andes, pero cabe aclarar que su presencia no
es una medida que establece el avance tecnológico del antiguo poblador andino. Para cuando aparece la cerámica
en los Andes centrales, existía parelamente un desarrollo tecnológico y cultural avanzado para la época pero que no
usa cerámica (a cerámico): Caral.
Lo que si fue novedoso para la época fue la organización política. Las jefaturas y templos alcanzaron papeles
preponderantes en la organización de las aldeas. Las autoridades religiosas obtenían del poblador común su energía
y fuerza de trabajo para garantizar con los excedentes producidos el prestigio de los templos. Surgieron especialistas
dedicados fundamentalmente a la producción de utensilios y herramientas y que estuvieron principalmente al
servicio de las elites y grupos jerárquicos.
Uno de los primeros y principales de los centros ceremoniales del Período Inicial fue Kotosh, en el departamento de
Huánuco). Su ocupación se remonta al 2,500 a. de C., extendiéndose hasta el 1,500 a. de C. En este se ha hallado el
famoso Templo de las Manos Cruzadas, llamado así por el hallazgo de relieves de manos debajo de nichos en uno de
sus recintos.
De este período data también la construcción del canal de Cumbemayo, (Cajamarca), una importante obra de
irrigación que conecta las cuencas del Pacífico y el Amazonas a través de un agreste terreno. El canal está labrado
sobre la roca y estuvo asociado a ceremonias de culto al agua.
Un de los más famosos centros ceremoniales de este período es Cerro Sechín, en el valle de Casma, sobre la costa
del Pacífico. La fachada del templo está adornada por lajas de piedra con relieves que presentan guerreros
ornamentados con cabezas cercenadas y armados con porras. Junto a ellos se ha representado una colección de
partes humanas que incluye columnas vertebrales, pilas de cabezas cortadas, rosarios de ojos, cuerpos cortados a la
mitad, entrañas, etc. conformando una escena macabra. Al parecer, esta escena representa un hecho mítico, incluso
un mito de creación, aunque existen otros estudiosos que sostienen que la escena representa un suceso real.
La aparición de la cerámica
La cerámica en los Andes centrales apareció en distintas zonas geográficas y de manera más o menos simultanea. Sin
embargo la mayoría de investigadores concuerdan en señalar que su origen estuvo en las zonas costeras de los
actuales territorios de Ecuador y Puerto Hormiga, Colombia (3,090 - 80 a.C.). La cultura Valdivia (Ecuador) es la que
presenta la cerámica más antigua de Sudamérica: 3,150 - 2,300 a.C.. Al parecer la cerámica llegó desde allí y se
difundió de manera desarrollada por todo el territorio peruano. Los registros de cerámica mas antiguos en el Perú
datan entre los 1,800 y 1,300 a.C.. Las primeras formas conocidas provienen de la costa peruana y son
tecnológicamente primitivas. Sus bordes y paredes son delgados (2 - 3 mm) y sus formas imitan las vasijas y cuencos
realizados con mates (calabazas).
Son tres los estilos alfareros que se encuentran identificados para este periodo:
Estilo Ancón-Curayacu: Al norte de la actual ciudad de Lima se encontró ollas sin cuello, figurinas, botellas y tazas
con paredes rectas. Según E. Lanning, En este estilo se puede hacer una diferenciación entre la tradición Ancón y
Curayacu pues en la segunda se utiliza pintura roja en la decoración y se aprecia una mayor cuidado en la
elaboración de las piezas.
Estilo Wairajira-Tutishcaino: Cerca de la zona de Kotosh (Huánuco) se encontró un estilo alfarero emparentado con
tradiciones amazonicas. Resaltan de este estilo las decoraciones con líneas incisas paralelas (hatching)
Estilo Pandeche: Peter Kaulicke, arqueólogo alemán, descubrió en 1975 restos de cerámica en Pacopampa
(Cajamarca) que presentaban decoraciones con líneas incisas. Continuando con la excavación Daniel Morales
encontró en el mismo lugar vasijas que son el testimonio más antiguo de cerámica y tradición alfarera en el Perú.
Estilísticamente posee similitud con la tradición Valdivia tardío y Machalilla temprano.
ARQUITECTURA MONUMENTAL
KOTOSH
El complejo arquitectónico de Kotosh se ubica a 4 kilómetros de la actual ciudad de Huánuco. Se compone de una
serie de edificios superpuestos con 6 periodos de ocupación continua que datan desde el precerámico (2,500- 1,900
a.C.) hasta el I o II siglo d.C. Kotosh es la evidencia más temprana de arquitectura pública y ceremonial en los Andes.
Para el periodo inicial se han encontrado 11 edificios construidos en piedra que por su estructura se alejan del
precerámico, pero aún se nota un burdo trabajo en su construcción. Los recintos más conocidos son el templo de las
Manos Cruzadas y el Templo de los Nichitos, ubicado encima del primero. Las plataformas presentan uniones con
argamasa y muros de contención que forman la base de las estructuras. La comunicación entre las distintas
plataformas del edificio fue a través de escaleras y pequeños pasadizos.
KOTOSH
KOTOSH
GARAGAY
En el templo de las Manos Cruzadas se encontraron dos esculturas de diferente tamaño con las manos cruzadas una
con la mano derecha sobre la izquierda y la otra con la izquierda sobre la derecha. Esta diferenciación ha llevado a
los investigadores a pensar que para este periodo ya estaba presente la idea de dualidad y complementariedad,
principio común en todos los Andes en los siglos posteriores. Este complejo forma parte de la Tradición Mito, que se
define por sus características religiosas en la arquitectura monumental.
El desconocimiento de la vida en Kotosh se debe a la casi inexistente presencia de restos domésticos. Tan solo se
han encontrado restos quemados de huesos de camélidos y de cérvidos, así como resto de cuyes fuera de los
recintos. Por comparación con otros lugares y por la época se cree que los hombres de Kotosh conocieron la
agricultura y la domesticación de camélidos y animales menores como el cuy.
Paralelamente a este sitio se desarrolló Sillacoto, Huaricoto y la Galgada, pertenecientes todos a la tradición mito.
LOS ANDES DEL NORTE: KUNTUR WASI
Kuntur Wasi esta ubicado en la cuenca del río Jequetepeque, a 50 kms. al sur de Pacopampa (Ancash) y se desarrolló
a partir de los 1,100 a.C. hasta los 50 a.C.. El centro ceremonial Kuntur Wasi fue construido sobre el cerro La Copa, y
al parecer sufrió modificaciones en sus cuatro terrazas pues se trató de nivelarlo. Su monumentalidad y compleja
arquitectura indican una ocupación territorial desde el formativo temprano. Fue emparentado con Chavín debido al
parecido que guarda con este complejo y también por las litoesculturas que ambas culturas poseen, sin embargo
investigaciones recientes a cargo del arqueólogo japonés Yoshio Onuki demuestran que la ocupación de este sitio es
de mayor antigüedad. La misión japonesa, que trabajó durante varios años esta zona, logró analizar varios contextos
funerarios y encontró asociado a ellos varias piezas de orfebrería entre las que se incluyen collares, coronas,
orejeras, pectorales repujados y pequeñas cabezas trofeo, todas ellas de oro.
KUNTUR WASI
SECHIN
Las evidencias arqueológicas indican lazos comunes con Chavín (galería de las ofrendas), no solo por las piezas de
oro parecidas, sino también por la utilización del mismo tipo de vasijas encontradas en ambos sitios.
Onuki pudo realizar una secuencia estilística que permite establecer 5 periodos culturales para este complejo
arquitectónico. Esta secuencia permitió encontrar parentescos no solo con Chavín, sino también con Cupisnique en
la costa norte y también con Layzon (Cajamarca).
SECHÍN
Cerro Sechín se encuentra ubicado en el valle de Casma (Ancash), en la confluencia de los ríos Sechín y Moxeque. Se
cree que el templo de Sechín fue erigido hacia los 1,900 a.C.. Su monumentalidad se encuentra asociada con los
frisos esculpidos en bloques de piedra y que son parte de las principales paredes del templo.
El templo posee más de 350 esculturas realizadas en piedra y escenifican tal vez, batallas míticas de los héroes
civilizadores de esta cultura. Las distintas composiciones representan personajes con vestidos ceremoniales que
marchan formando dos columnas a los lados opuestos de la entrada principal del templo. Distintas partes del cuerpo
humano fueron esculpidas así como figurines que miden entre los 4 metros y los 85 centímetros. La mayoría de
cabezas muestran los ojos cerrados, por lo que se ha interpretado como una matanza ritual asociada a mitos
civilizatorios. De igual manera las cabezas cortadas han sido interpretadas como la representación de un mito de
creación asociado con el culto al maíz, pues las cabezas, según algunos investigadores, están ligadas a elementos
mágicos de orden agrícola.
Se cree que sus habitantes hablaron el sec, y que su producción agrícola fue insuficiente (debido al poco caudal de
los ríos cercanos), por lo que tuvieron vinculados con poblaciones ubicadas en los valles de Nepeña y Santa (ambos
ubicados en Ancash).
CUPISNIQUE
La cultura Cupisnique fue descubierta hacia 1933 por Rafael Larco Hoyle. El principal asentamiento de los Cupisnique
se encuentra en la actual hacienda Sausal, ubicada, al este de Ascope, Trujillo. Por asociación, y en base a la técnica
empleada en su cerámica, se le relacionó tempranamente con Chavín de Huantar y se le denominó la variante
costeña de esta cultura o como chavinoide. Tras estudiar la secuencia cronológica de esta cultura se pudo definir con
exactitud que Cupisnique fue un desarrollo cultural propio de la zona y con características bien definidas.
La mayoría de sus construcciones presenta paredes con adobes cónicos, con coincidencia en las bases, agrupados en
doble fila unidos con argamasa de barro o bien realizados con grandes piedras como cimiento, y sobre ellas, se
colocaron los adobes o bien piedras que junto a otras más pequeñas formaron los sólidos muros de sus
construcciones.
Sin duda lo mas representativo de esta cultura es su cerámica. Moldeada y cocida en hornos cerrados, estos
ceramios tienen la particularidad de poseer en su mayoría los colores rojo, marrón, crema y negro, pero por
deficiencia en la cocción tienden a presentar un color anarajando. En su mayoría, estos ceramios son cántaros
globulares con asa estribo y con decoración incisa en todo su cuerpo. Las figuras escultóricas, muchas de ellas de
tipo realista, representan hombres, animales y frutos. También trabajaron la talla en turquesas, conchas y huesos. La
presencia de elementos panandinos como el jaguar, el cóndor y serpiente indica un contacto con culturas del mismo
horizonte.
Cronología




Sechín (1800 - 1200 ac)
Garagay (1400 - 200 ac)
Kuntur Wasi (1100 - 80 ac)
Kotosh (2500 ac- 200 dc)
4. HORIZONTE TEMPRANO
Los primeros vestigios de la tradición panandina
(500 - 200 a.C.)
El Horizonte Temprano (1,000 - 200 a. de C.) es el período en el cual se produce la transición definitiva hacia un
modelo estatal, basado en señoríos. Estos obtenían su cohesión gracias al liderazgo de elites religiosas fuertes
dedicadas al culto y a las observaciones astronómicas (de gran importancia para la agricultura). Su poder se vio
reflejado en la construcción de imponentes templos a lo largo de toda la costa del Perú. Estos tuvieron un patrón
distintivo por tener plantas en forma de U y, a menudo, plazas ceremoniales de considerable extensión. Las
divinidades de este período están caracterizadas por su aspecto terrible con grandes colmillos, aspecto felínico y
cabezas de serpientes.
Chavín de Huantar fue descubierto por Julio C. Tello en la década de 1920. Por su complejidad y monumentalidad
fue considerada la cultura matriz de los Andes centrales. En la actualidad se sabe que Chavín es el resultado de un
conjunción de elementos tradicionales de la costa y sierra del norte peruano. Paralelamente a Chavín se
desarrollaron una amplia variedad de formas culturales que muestran algunos rasgos en común con dicha cultura.
En la costa norte estuvo el estilo Cupisnique que tuvo un intenso desarrollo alfarero, aunque similar a la Chavín en
su pintura monócroma. Centros Cupisnique fueron Caballo Muerto en el valle del río Moche y Perulén en el de Zaña,
entre otros. En la sierra norte se construyeron centros como Pacopampa y Kunturwasi en Cajamarca. Sin embargo,
los centros más importantes fueron los de la costa central, donde se construyeron un gran número de templos en
forma de U. Estos se remontan al período Inicial (son anteriores a Chavín de Huantar) y muestran afinidades
iconográficas con el arte Chavín. Más hacia el sur en el actual departamento de Ica, se desarrolló la cultura Paracas,
en forma paralela a Chavín (1,000 - 200 a. de C.). Es conocida por las abundantes tumbas de esta cultura halladas en
la península de Paracas. Basándose en ellas se distinguen dos etapas. La primera se denomina Paracas Cavernas y se
caracteriza por sus tumbas en forma de botellas de pico largo. En el fondo de estas se colocaban fardos funerarios
ornados de textiles multicolores y una cerámica de decoración incisa y pintura post cocción. La segunda etapa es
Paracas Necrópolis, notable por la gran perfección de su textilería. En esta etapa, las tumbas adoptan la forma de
verdaderas ciudades de muertos, de allí el nombre de Necrópolis. Es de destacar la profusión del empleo de la
deformación y la trepanación craneana en las momias paracas.
CHAVIN DE HUANTAR
La cumbre del desarrollo del Horizonte Temprano estuvo dada por la construcción del centro ceremonial de Chavín
de Huantar en el actual departamento de Ancash. Su importancia fue tal que el arqueólogo peruano Julio C. Tello lo
consideró el centro matriz de la alta cultura en el Perú. Hoy se sabe que Chavín fue precedido por un largo desarrollo
cultural que se remonta al Precerámico, del cual fue su culminación. Su ocupación comenzó hacia el 1,000 a. de C. y
las sucesivas etapas del sitio son han quedado plasmadas en su arquitectura.
La construcción más antigua de Chavín de Huantar es el llamado Templo Antiguo, una construcción de piedra en
forma de U que rodea una plaza hundida circular. El templo está atravesado por una serie de galerías subterráneas,
en una de cuyas intersecciones fue encontrado el ídolo principal del complejo, el denominado Lanzón Monolítico.
Este es una alta escultura en forma de un gran cuchillo clavado en el centro del templo. Representa a un personaje
pequeño con rasgos de felino y serpiente, por ejemplo tiene una gran boca con las comisuras hacia arriba y grandes
colmillos y una cabellera de serpientes. Otra escultura asociada al Templo Antiguo es el Obelisco Tello que aunque
fue hallado fuera de contexto, probablemente estuvo ubicado en el centro de la plaza circular. Representa un
estadio posterior en el desarrollo de la iconografía Chavín. Muestra a una pareja de seres míticos con forma de
grandes caimanes con rasgos de felinos y serpientes, que al parecer eran una especie de dualidad originaria. Existen
evidencias de que el Templo Antiguo atrajo a un gran número de fieles, incluso de pueblos lejanos, cuya huella a
quedado registrada a través de sus ofrendas.
Con el paso del tiempo, el Templo Antiguo fue quedando reducido para las necesidades del culto, así que fue
ampliado progresivamente hasta crear el llamado Templo Nuevo en su ala derecha. Es considerablemente más
grande que el otro pero también tiene galerías que recorren su interior. Enfrente de él, se encuentra una gran plaza
cuadrada con edificaciones secundarias en sus alas. Las paredes del Templo Nuevo estuvieron adornadas por
cabezas clavas, esculturas en piedra representando seres mitológicos, pero hoy en día sólo queda una en su
ubicación original. Se cree que la divinidad principal del Templo Nuevo está representada en la Estela Raimondi,
hallada de casualidad por el sabio italiano Antonio Raimondi en el siglo XIX. Muestra un personaje antropomorfo con
fuertes rasgos felínicos (colmillos y garras) que sostiene en cada mano un báculo o cetro. Sobre su cabeza se
extiende un alto tocado formado por cabezas y colas de felinos. El Templo Nuevo tuvo un largo período de
esplendor, antes de que Chavín de Huantar fuese abandonada hacia el 200 a. de C.
PARACAS
La cultura Paracas se extendió aproximadamente desde Cañete por el norte hasta Yauca por el sur, siendo su centro
más importante la ciudad de Ica. Si bien son evidentes las notorias influencias de la cultura Chavín, el origen mismo
de Paracas es aún un misterio, pues lo hace súbitamente.
Las excavaciones de Julio C. Tello y Toribio Mexía Xesspe realizadas durante los años veinte del siglo pasado dieron
como fruto el conocimiento al mundo de esta cultura, y son las investigaciones del primero sobre los patrones
funerarios Paracas los que han dado la tipología más usada hasta hoy: Paracas Cavernas (700-200 a.C.) y Paracas
Necrópolis (200 a.C. - 0). En 1964, gracias a las investigaciones de diversos investigadores sobre los estilos Paracas,
se pudo determinar por lo menos 10 fases secuenciales dentro de las dos mencionadas por Tello. (Bonavia 1991:
223)
Los medios de subsistencia de los Paracas fueron como los del resto de las culturas de la Costa. Su base fundamental
fue la agricultura (con indicios de uso de irrigación), complementado con la pesca, la recolección y en menor escala
la caza. En cuanto a su historia sociopolítica, luego de su ya mencionada influencia Chavín inicial, hacia fines de
Paracas Cavernas hay en el área de Ica un gran florecimiento cultural, incluyendo un aumento poblacional y
diferenciaciones locales, sumado a la aparición de nuevos dioses, todo lo cual podría significar un rechazo a la
tradición Chavín. Lo interesante es que durante este proceso, los Paracas nunca levantaron grandes centros
ceremoniales como en la Costa Central y Norte.
Cronología
 Chavín (1000 - 200 ac)
 Paracas (700 ac - 0)
5. INTERMEDIO TEMPRANO
Los desarrollos regionales
(200 a.C. - 500 d.C.)
Si bien se conoce a este periodo con el clásico nombre de Intermedio Temprano acuñado por John Rowe, otros
investigadores han acuñado, a lo largo del siglo XX, diversos nombres para tan compleja y diversa etapa. La variedad
de culturas que surgieron y se desarrollaron a lo largo de todo el territorio nacional no impide se encuentre entre
ellas muchas similitudes, relaciones e intercambios. Características como el urbanismo, el desarrollo artístico
avanzado, la diferenciación social marcada, la jerarquía de deidades, el comercio a largas distancias y los cambios en
el plano sociopolítico (que para algunos investigadores incluiría hasta el surgimiento del Estado en la costa norte)
son las más saltantes del periodo, sin ser su alcance por ello homogéneo en todas las culturas.
El debate sobre el surgimiento del Estado es central para este periodo y la mayoría de los arqueólogos e
investigadores han dado su apoyo o rechazo a esta teoría. La organización administrativa de un Estado se detecta
arqueológicamente y debe presentar por lo menos tres niveles ordenados jerárquicamente: capital o sede del
poder; centros secundarios o cabezas de región; centros de tercera categoría y comunidades. La presencia del
Estado también se detecta en los patrones domésticos y residenciales, a través de las grandes obras públicas,
palacios y residencias para los líderes, construcciones que señalan la presencia de una clase dirigente profesional.
Otros detalles como el control del territorio, el cobro de un tributo, el reclutamiento de personas para la guerra y la
realización de la misma con fines de dominación se vieron en los vestigios arqueológicos a través de la aparición de
centros urbanos fortificados y guarniciones estratégicas a lo largo del territorio controlado por el Estado.
La existencia o no de la ciudad en este periodo es también un tema aún en debate, y está ligado íntimamente a la
existencia o no del Estado. Para comprobar si las aldeas se convirtieron en ciudades no basta con ver el crecimiento
demográfico, es necesario encontrar también la existencia de una estructura administrativa y un sistema de
producción controlado. Los vestigios arqueológicos parecen no dar suficientes luces sobre el asunto, pero es posible
decir, tomando uno de los polos, que si bien no existió la ciudad propiamente dicha, los desarrollos regionales
estuvieron muy cerca de conseguirla. Uno de los ejemplos más claros es Tiahuanaco, centro urbano ubicado en el
altiplano boliviano.
Esta etapa especialmente bélica, y por qué no decirlo, violenta de nuestra historia, a saber por la cantidad de
fortalezas y sitios fortificados encontrados así como por las representaciones artísticas donde hay escenas
relacionadas con el tema y por la cantidad de muertos por violencia que se ha encontrado en las tumbas; tiene un
alto desarrollo en el tema tecnológico, agrícola y en las artes. Estos aspectos se entenderán mejor cuando revisemos
cada una de las culturas.
CULTURAS REGIONALES DE LA COSTA NORTE
Salinar
Como consecuencia de los intercambios entre la costa y la sierra durante el Horizonte Temprano, se dieron una serie
transformaciones que concluyeron en una unidad estilística, además de darse una serie de cambios en la alfarería,
textilería, arquitectura y metalurgia. Dentro de este contexto, y ubicada en un corto periodo transicional entre
Cuspisnique y Moche, surge y se desarrolla la cultura Salinar (200 a.C. - 200 d.C.) que se ubicó espacialmente entre
los valles de Moche y Chicama.
Salinar se ubica dentro de una tradición más amplia que los investigadores han llamado Blanco sobre Rojo, y que
corresponde a un tipo de alfarería cocida en ambientes saturados de oxígeno (lo que da colores rojos y naranjas) y
pintada con arcilla crema antes de introducirla al horno. Los pueblos que utilizaron este tipo de cerámica se
asentaron en las antiguas zonas de Chavín de Huántar, Kunturhuasi y Layzón (Cajamarca).
También hay un factor ambiental -una sequía posiblemente- que habría causado problemas en la producción
agrícola. Esto provocó el traslado de poblaciones dispersas, su conglomeración en centros y la construcción de
fortificaciones destinadas a defender las pocas tierras cultivables.
Cerro Arena, ubicado al sur del Río Moche, es el sitio conocido más grande de los Salinar, cubre 2 km² y se compone
de cientos de estructuras domésticas diseminadas, rodeadas de construcciones de función administrativa y religiosa.
La arquitectura pasa de lo monumental a lo doméstico, siendo pocos los centros ceremoniales de gran envergadura.
Se utilizó en su construcción adobes moldeados a mano y piedras unidos con argamasa de arcilla. Las viviendas
fueron generalmente de planta cuadrangular con muros bajos.
La cerámica Salinar forma parte del ya mencionado estilo Blanco sobre Rojo, incorporando nuevas formas, como el
gollete con figura y asa puente, junto a otras que provienen de Cupisnique. La pintura crema sobre rojo no deja de
lado la presencia de decoración incisa ni de figuras modeladas que se inician con Cupisnique y que alcanzarían su
máximo esplendor con Moche.
Los Moche
Moche es una de las culturas más conocidas del Perú prehispánico. Los recientes descubrimientos que se han
realizado de esta cultura han permitido a los investigadores lanzar una serie de hipótesis que a la postre han dado
nuevas luces sobre el estilo de vida, la organización sociopolítica y el desarrollo de Moche como una cultura. Los
vestigios que nos ha dejado esta cultura, es conocido, son realmente maravillosos, debido a lo cual encontrar en la
actualidad algún contexto funerario o monumento no profanado es prácticamente imposible.
La cultura Moche se desarrolló entre los años 100 a.C. y 700 d.C. en la costa norte, siendo su centro principal el valle
de Moche (Trujillo). Las primeras excavaciones de esta cultura datan de finales del siglo XIX y fueron realizadas por el
arqueólogo alemán Max Uhle, exactamente en la plataforma sur de la Huaca del Sol. Posteriormente Julio C. Tello
coincidió con Uhle en ubicar a los Moche antes que los Chimú. Con Rafael Larco Hoyle se da un salto en las
investigaciones en la zona de Moche, el cual publicó sus investigaciones en dos volúmenes titulados Los Mochica
(1938-1939).
Los Nazca
Nazca fue investigada por primera vez por Max Uhle, entre 1900 y 1901. A lo largo de los años diversos
investigadores se han interesado por esta cultura, alcanzando a ser la más renombrada y conocida de su periodo,
luego de Moche. Los límites geográficos de Nazca son el Valle de Chincha por el Norte hasta el de Yauca por el Sur, y
su centro estuvo en la cuenca de Río Grande. Por su zona geográfica y continuidad temporal, la cultura Nazca es un
proceso que continúa la tradición Paracas, y que se ubica entre los primeros años de nuestra era hasta el quinto
siglo d.C., cuando recibe la influencia de los Huari.
CAHUACHI
Los Nazca tenían ciudades pequeñas en Pisco, Ica, Nazca y Acarí, y se caracterizan fundamentalmente por
concentraciones densas de casas con plazas abiertas. Cada una de ellas controla una población rural. Debido a que
las mismas se encontraban en pleno desierto y el mismo ya estaba durante los nazca en expansión, dicha cultura
tuvo que ingeniárselas para poder acceder al agua, para lo cual construyeron reservorios alimentados por canales y
galerías de tal tecnología que no encontramos en ninguna otra cultura del Perú. La red comprende más de 11,000
metros entre canales y galerías, y uno sólo de ellos podía llegar a irrigar hasta 240 hectáreas.
Recuay
Esta cultura ha recibido diferentes nombres a lo largo de las investigaciones, y su origen y clasificación temporal es
un debate para los arqueólogos. Una de las interpretaciones mejor sustentadas es la que argumenta que la cultura
Recuay es una prolongación y una modificación de Chavín, luego de haber sido afectada por la tradición denominada
Blanco sobre Rojo. No se trata de una influencia externa al Callejón de Huaylas, sino de nuevos estilos y motivos, así
como del uso de nuevos recursos explotables.
Si tomamos como cierta esta teoría, la cultura Recuay habría existido entre el año 0 y el 600 d.C., y su extensión
geográfica sería hacia el norte hasta la provincia de Pallasca, al oeste hasta la zona de Aija pasando por el Callejón de
Huaylas, hacia el este puede haber llegado hasta la zona del Marañón. Es muy posible que hayan podido convivir con
población bajo dominio mochica en las partes altas del valle de Moche, Chao, Virú y Santa.
En cuanto a su organización social, es poco lo que los investigadores han podido concluir. Debido a la gran cantidad
de fortalezas en lugares estratégicos que se han hallado, es común hablar de la cultura Recuay como una sociedad
militarizada que incluso pudo haber sido la responsable de que los moche no se expandieran hacia la sierra. Su
centro político se ubicó en la zona llamada Pashash, en la zona más septentrional del Callejón de Huaylas, que
vendría a reemplazar a Chavín como centro político-teocrático.
Su arquitectura se caracteriza por el uso de sótanos o subterráneos, tanto para los templos como para las casas. En
el caso de los templos, construidos con piedra labrada, contaban con un gran patio abierto, y los subterráneos
funcionaban como cámaras funerarias. En el caso de las casas, éstas fueron construidas con piedras parcialmente
labradas y se componían de uno a cuatro cuartos interconectados. También hubo casas subterráneas, compuestas
de un patio y un ambiente central.
Las tumbas de Recuay son consideradas las más elaboradas de los Andes. Están compuestas por galerías
subterráneas de entre 7 y 20 metros de largo, con entradas en forma de pozo. También se realizaron entierros
directos en el suelo y en bloques monolíticos.
La cerámica es similar a la de la cultura Cajamarca, se basa en el uso del caolín y por haber sido realizada con un
tono que varía entre el blanco y el naranja. Su pintura tiene la peculiaridad de estar presente de manera normal y en
forma negativa en una misma cerámica. Las formas son variadas, tanto de ollas y copas en forma de cabeza retrato
hasta cántaros con representaciones escultóricas muy toscas o con escenas todo-relieve. Los motivos pintados son
de una complejidad sin precedentes en la sierra. Se puede hacer una comparación para el caso de moche en la
costa, siendo la cerámica recuay más simple, pero no por ello bastante compleja. Son muy comunes las escenas de
personajes humanos recibiendo ofrendas y tocando instrumentos con llamas y felinos, sacerdotes copulando
ritualmente o la de un ser fantástico de complejas características.
Finalmente, los Recuay tienen un trabajo lítico muy importante. Han trabajado la piedra en alto y bajo relieve
representando escenas o cabezas clavas. Las principales representaciones son de felinos, serpientes, cabezas
trofeos, cabezas humanas, o caras. Curiosamente en sus esculturas de hombres siempre los vemos sentados y
llevando una maza, un escudo o cabeza trofeo. Las mujeres siempre con trenzas largas y con capucha o manto. La
función de esta escultura aun no ha sido esclarecida.
Lima
La cultura Lima (100 - 600 d.C.) se extendió a través de los valles de Chancay y Lurín, siendo coetánea de Moche,
Nazca, Recuay y Huarpa. Se conoce a esta cultura por su estilo cerámico y sus construcciones monumentales. Los
sitios principales de esta cultura los encontramos en Ancón -lugar intensamente poblado donde la población se
dedicó a la pesca y al cultivo al margen del sur del río Chillón-, Ventanilla (Playa Grande o Santa Rosa) y el bajo
Chillón.
Cronología
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Vicús (200 ac- 600 dc)
Salinar (200 ac - 200 dc)
Gallinazo (200 ac - 300 dc)
Moche (100 ac - 700 dc)
Nazca (100 - 600 dc)
Recuay (200 - 600 dc)
Lima (100 - 600 dc)
6. HORIZONTE MEDIO
La formación de los imperios
(550 - 1000 d.C.)
El desarrollo de la ciudad y del Estado son las dos características más importantes del llamado horizonte medio.
Estas expresiones no fueron las únicas que se desarrollaron en este periodo, pues en otras áreas se desarrolló el
curacazgo y la jefatura, pero la complejidad de las dos culturas más importantes de este periodo, Huari y
Tiahuanaco, además de su extensión y desarrollo, son las que más han llamado la atención.
El desarrollo de aspectos como la economía, la religión o la guerra fueron en parte producto de la
institucionalización de prácticas de distinta índole que ya se venían llevando a cabo en periodos anteriores, sobre
todo en el Intermedio Temprano. Otros aspectos fueron las expresiones de estructuras políticas y religiosas que
llegaron a puntos límite, y que terminaron por conformar lo que luego sería unificado durante el Tawantinsuyo.
El desarrollo de las ciudades y del Estado en sí conlleva una serie de procesos y de expresiones que hacen uso del
potencial cultural, económico y social en su máxima expresión. Es sabido que en los Andes, a diferencia de otras
partes del mundo, la civilización surge antes que la ciudad y el Estado, y ello se ve en el uso sostenido de los
recursos, en el desarrollo de diferentes modos de cultivo, en el uso organizado de la mano de obra para obras
públicas (llegando al fenómeno del urbanismo), en la suntuosidad y desarrollo del arte y la metalurgia. Estos logros
fueron posibles por los fuertes cambios a niveles ideológicos y políticos, más que tecnológicos, es decir, las técnicas
aprendidas en el Intermedio Temprano sirvieron para que se crearan discursos sobre ellas mismas y se desarrollaran
política e institucionalmente en el Horizonte Medio.
Los fenómenos Huari y Tiahuanaco, a pesar del interés demostrado por investigadores de todo el mundo, no cuenta
con textos explicativos adecuados, y se repiten conceptos no confirmados y vaguedades en los textos escolares
sobre estas dos culturas. Las investigaciones serias son de muy difícil acceso por el lenguaje técnico que emplean.
Más adelante veremos cómo las dos culturas se interrelacionan entre sí, siendo también fenómenos bien
diferenciados, dato que normalmente no es bien esclarecido, y que vale la pena dilucidar.
TIAHUANACO
La zona del altiplano albergó a una de las tradiciones que aportaría las semillas del primer fenómeno imperial en
esta parte del continente. La Cultura Tiahuanaco (100 a.C. - 1200 d.C.), gracias a que ha dejado impresionantes
vestigios arqueológicos a lo largo de gran parte de territorio, ha sido uno de los fenómenos más mencionados por
los investigadores, pero se cuentan con pocas investigaciones clarificadoras a la fecha.
Una de las primeras cosas que hay que mencionar cuando hablamos de Tiahuanaco es el medio geográfico en el cual
se desenvolvió. La hoya del lago Titicaca y gran parte del Altiplano presentan una geografía bastante uniforme y
diferente con respecto al resto de los Andes. La altura (sobre los 3,000 m.s.n.m.) y las condiciones climáticas
(alternancia climática, inundaciones, sequías, impiden un desarrollo extensivo de la agricultura, reduciéndola a
tubérculos y quenopodiáceas (quinua); mientras fue de suma importancia el uso del ganado camélido andino. Si bien
queda claro que esta zona es separable de los Andes Centrales, es por demás interesante que el Altiplano haya sido
una zona donde se gestaron muchos de los procesos económicos, sociopolíticos e ideológicos que luego tendrían
repercusión en las culturas andinas hasta los Incas, cuyos gobernantes fundadores reclamaban proceder de esta
zona.
Los investigadores se han interesado por Tiahuanaco desde 1892, estableciendo que se trataba de una cultura
anterior a la de los Incas. En 1932, Wendell Benett establece una secuencia de tres épocas para esta cultura:
Tiahuanaco Temprano, Clásico y Decadente. Investigaciones posteriores han llegado a la conclusión que esta
clasificación es incompleta y hasta errada, pero lamentablemente a falta de otras que la esclarezcan, se sigue
usando, no sin reparos.
Tiahuanaco Temprano
Con Tiahuanaco Temprano (100 a.C. - 500 d.C.) se inicia un gran desarrollo arquitectónico y agrario. Es durante esta
época que se construyó el famoso complejo llamado Tiahuanaco, ubicado a unos 20 km. Al sudeste del Lago Titicaca
y a 3,850 m.s.n.m. Este enorme complejo comprende una serie de construcciones megalíticas en las que se
combinaba la piedra labrada con los adobes, y ha sido sindicado como uno de los primeros centros planificados de
Sudamérica, así su función no esté del todo esclarecida. Su estilo arquitectónico proviene de la tradición de los
Andes Centrales, que fue potenciada por las tecnologías de labrado Tiahuanaco, y que han sido consideradas como
los antecedentes de las técnicas utilizadas en el Tawantinsuyo.
La totalidad del complejo de Tiahuanaco, con pirámides, patios hundidos, caminos y canales, debió servir como un
centro ceremonial. Como la secuencia de construcción no ha sido esclarecida, es muy difícil saber si en otro
momento estuvo habitada por una gran población, dándole más carácter de ciudad que de centro ceremonial. En
esto los investigadores nunca se pusieron de acuerdo.
Durante el Tiahuanaco Temprano se conoció la metalurgia de cobre, plata y oro. La cerámica de este periodo no es
muy fina. Se ha empleado la decoración polícroma pintada e incisa, los motivos son complejos y estilizados, siendo
común las botellas de gran tamaño.
La Portada del Sol
Es durante esta época que se edificó la famosa Portada del Sol. Se trata de una enorme pieza plana de piedra
andesita de 2.72 m. de altura por 4.00 m. de largo, donde se abrió una puerta de 1.00 m. por 2.00 m. Uno de los
detalles más importantes es la iconografía presente, el lugar central lo ocupa el llamado Dios de los Báculos, de cuya
cabeza salen rayos que representan al sol. Flanquean a esta figura tres filas de pequeños seres alados portando un
báculo, los de arriba y abajo con cabeza antropomorfa, y los del medio con cabeza de ave. En la parte inferior se
puede ver una franja con rostros similares a los del personaje central. Su uso, no completamente esclarecido, parece
haber sido el de un calendario agrícola, donde los personajes representan los meses del año. Fue encontrada en el
edificio llamado Kalasasaya, pero hay indicios que haya estado antes en otro lugar, inclusive se encuentra quebrada
en dos partes.
HUARI
En la zona del actual Ayacucho para el Intermedio Temprano ya había presencia de grupos urbanos importantes que
se desarrollaron paralelamente, uno con influencia Nazca y otro con influencia Tiahuanaco. Si bien no hubo un
conflicto armado, la influencia religiosa Tiahuanaco se dejó sentir y se sobrepuso a la tradición Nazca, formando una
tradición estatal muy fuerte a partir de la tradición local Huarpa. Alrededor del 550 d.C. es que surge un Estado
Panandino expansionista que los investigadores llaman Huari, y que se desarrollará hasta el 900 d.C., a través de 6
etapas urbanísticas y estilísticas.
Durante la primera fase aparece el Estado y la ciudad y hay una presencia de imágenes Tiahuanaco en la cerámica.
Durante la segunda fase los cambios son más dramáticos, la ciudad crece vertiginosamente y el Estado Huari se
expande hacia la sierra norte hasta el Callejón de Huaylas, hacia la sierra sur hasta Cuzco y en la costa central y sur.
En la fase siguiente Huari entraría a un periodo de reestructuración política y realizó una segunda expansión en la
zona central andina, además que la ciudad de Huari alcanzó su máxima extensión y población. En la cuarta fase se
expandirían las fronteras hasta Cajamarca, La Libertad, Moquegua y Sicuani. Luego de esta última expansión,
durante las dos últimas fases la ciudad de Huari se despoblaría por una crisis a partir de las condiciones climáticas
que afectaron la producción de alimentos. Asimismo colapsan los centros provinciales, desapareciendo la
administración Huari y su proyecto.
Vale la pena mencionar que la administración Huari fue la más avanzada de su tiempo en cuanto uso de tecnologías
de comunicación (caminos) y en cuanto al desarrollo de las ciudades (urbanismo). Estos elementos desarrollados por
los Huari se conservaron durante el Intermedio Tardío y fueron utilizados por los Incas para establecer su poder a lo
largo de los Andes.
Formación del estado Huari
Una de las principales interrogantes de los investigadores es en qué momento la Cultura Huari pasa de ser un Estado
local a Estado Panandino o Imperio (según la usanza, más no correcta). Para responder esta pregunta tenemos que
remontarnos al desarrollo inicial Huarpa, alrededor de los 500 a.C., cuando significaba sólo un centro manufacturero
secular sin mayor importancia, que no había recibido mayores influencias ni miramientos de las culturas pasadas.
Las influencias de Nazca y Tiahuanaco permiten a los Huarpa que desarrollen intercambios en la costa sur y funden
colonias comerciales, mientras conseguían otros logros de orden secular tales como un urbanismo temprano y
experiencias administrativas generalizas mucho más amplias que las que surgían bajo regímenes religiosos. Centros
administrativos pre-estatales como Ñawinpuquio, Churucana, Tantawasi, Simpapata y Tablapata son muy útiles para
investigar el origen del fenómeno Huari, pues presentan cambios sustanciales en sus rasgos arquitectónicos y
urbanísticos tales como plazas, canales, vías de circulación interna, canchas y muros divisorios. La diferenciación de
espacios en estas ciudades, junto a la iconografía de la cerámica, evidenciaría la gestación de una jerarquización de
la sociedad. Poco a poco las aldeas se aglutinarían en un proceso de desruralización, formando centros de
producción alfarera sofisticada y en serie.
Es esta secularización de la sociedad Huari que le permite que surja la cuidad y el Estado Panandino casi al mismo
tiempo. Los Huari adoptan un sistema de creencias foráneo (Tiahuanaco) y la exportan como un medio de control
ideológico hacia las poblaciones ocupadas, es por ello que no desarrollan grandes templos destinados al culto en sus
ciudades.
Así se formó el estado Huari, como una entidad panandina que dominó extensos territorios y mantuvo relaciones
basadas en lo político, cultural, religioso y económico con diversas tradiciones de diferente jerarquía política.
La ciudad de Huari
El complejo urbanístico de Huari, ubicado a 25 km. al noreste de la actual ciudad de Ayacucho y a 3,000 m.s.n.m.,
empezó a crecer y desarrollarse a fines de la primera etapa de la cultura. La complejidad de Huari, sumado a las
pocas excavaciones que se han hecho en la zona, impide tener una exacta idea de las dimensiones y detalles
arquitectónicos. A partir de las investigaciones se ha llegado a la conclusión que la ciudad ha tenido diversas etapas
de construcción y se han realizado cambios continuos y graduales, inclusive se ha determinado que hubo una
ocupación con influencia Chavín en la zona. Esta área urbana comprende entre 1,000 y 1,500 hectáreas, mientras
que el núcleo arquitectónico tiene una extensión de entre 260 y 500 hectáreas. Dentro de sus murallas se
encuentran varios barrios claramente diferenciados, dentro de los cuales los más complejos son Cheqo Wasi y
Muraduchoyoc, el primero con cámaras semisubterráneas y tumbas, y el segundo con un templo semisubterráneo y
patios rodeados por habitaciones rectangulares. El logro arquitectónico de esta ciudad se ve en las anchas calles, el
sistema de canales de desagüe y las casas de dos o tres pisos. Se calcula que hubo entre 10,000 y 70,000 habitantes
en la ciudad de Huari.
El urbanismo Huari
La necesidad de construir ciudades para los Huari fue que estas representaban el poder y fueron centros de
administración ubicados a distancias muy lejanas de la zona de Ayacucho, más que lugares donde se concentraba la
población. A partir de estos lugares se irradió la imposición religiosa y la difusión de la cultura Huari a las áreas
conquistadas. La idea difundida por los investigadores es la de un modelo urbano Huari que se podía repetir en
diversas partes sin la necesidad que sea levantada por los mismos constructores, sin que por ello no variara su
tamaño, importancia o complejidad. Los investigadores señalan también que el origen del urbanismo Huari sería de
los Andes Centrales más que de Tiahuanaco, por más que la arquitectura sí haya recibido influencia de los del
Altiplano.
Lugares como Piquillaqta al este de Cuzco, Wiracochapampa en Huamachuco, Huariwillca en el Callejón de Huaylas,
Honqo Pampa en Ancash, Cajamarquilla y Pachacámac en Lima, son ejemplos de la extensión y diversidad de centros
Huari, construidos en el transcurso de su segunda etapa. Vale la pena mencionar que el modelo de articulación de
las zonas costeñas es diferente que el de las serranas, lo cual habla de una flexibilidad ante los desarrollos locales,
parte de la habilidad de control Huari.
Lo que hace que los Huari hayan desarrollado el fenómeno del urbanismo, y no simplemente la proliferación de
ciudades, es el alto grado de planificación con el que se edificaron sus ciudades, inclusive con escuelas para este fin,
donde los arquitectos aprendieron y luego llevaron a cabo principios espaciales y estructurales de la arquitectura.
Primero se levantaban las paredes del contorno, y dentro se subdividía el espacio en cuadrículas para poder
aprovecharlo al máximo, llegando en algunos casos a construir los canales antes que el resto de la ciudad, lo cual es
una prueba del alto grado de planificación.
Expansión e influencia
Los límites de lo que se llama el Imperio Huari tuvieron su máxima extensión a fines de la segunda etapa (600 d.C.).
Los vestigios iconográficos Huari que se caracterizan por su homogeneidad se han encontrado por el norte desde
Cajamarca y el sur del departamento de Amazonas, hasta el sur en Cuzco y Puno, y la zona de Sihuas en Arequipa. En
la costa norte el límite no es claro, pero es seguro que controló la zona de Lambayeque, quizá hasta Piura.
El tipo de expansión Huari fue militar, según lo demuestran las evidencias arqueológicas, pues en ellas se ven
cambios radicales en la organización social y política de las zonas sometidas. Es común ver en el uso de los tapices y
en las figuras geométricas un claro patrón Huari, además del ya mencionado urbanismo. Otro elemento importante
en la expansión Huari es la representación del Dios de los Báculos en la iconografía de las culturas sometidas, siendo
éste uno de los principales medios de dominación ideológica.
Teniendo a la guerra y a la difusión de la religión como principales elementos de la expansión Huari, es fácil deducir
que en zonas donde existieran estos dos elementos desarrollados localmente existiera una resistencia. La zona
donde parece que les fue más difícil a los Huari asentarse fue en la costa norte, zona de dominio Moche en una de
sus últimas etapas. Los vestigios del arte moche nos demuestran ligeros cambios en la forma y en el tipo de dibujo
de sus cerámicas, llegando a la policromía, signo claro de influencia Huari. Las últimas investigaciones descartan el
dominio violento de los Huari sobre los Moche, y se habla más de un mestizaje cultural, pues quedan vigentes
muchas de las manifestaciones artísticas de los mochicas después de la llegada de los Huari. Otros investigadores
hablan de un colapso de los Moche antes de la llegada de los Huari, que más que conquistar simplemente ocuparon
los territorios abandonados por los mochicas.
Arte
Los Huari dominaron diversas expresiones artísticas, llegando a producir obras de gran calidad y belleza. Sus
influencias Nazca y Tiahuanaco se ven en los tapices y en la cerámica.
Los tapices Huari que fueron manufacturados entre los años 500 y 900 d.C. están considerados entre los más finos
del mundo, tanto por su belleza estética como por sus imágenes. Fueron elaborados con algodón y lana de
camélidos como la vicuña. Ya hemos mencionado que los Huari usaron a la religión como un transmisor ideológico
de dominación, y en ello los textiles tienen un papel predominante, pues es allí que la iconografía se trasladaba
físicamente cientos de kilómetros por los territorios dominados. También los "ponchos" fueron parte de la
vestimenta ritual usada en ceremonias rituales, donde los colores brillantes, diferentes técnicas de bordado y
compleja iconografía siguen impresionando a los investigadores.
La cerámica Huari tiene una clara influencia Tiahuanaco, y es a partir de Ayacucho que se expandió a través de los
territorios conquistados. Son cuatro los estilos que predominan en el Horizonte Medio: Conchopata, Robles Moqo,
Chakipampa y Viñaque. Ello implica que en un mismo lugar se puedan encontrar varios estilos cerámicos. El estilo
Conchopata se basa en grandes urnas de unos 80 cm. de largo destinadas a servir como repositorio de ofrendas. En
su parte externa se ven personajes similares a los de la Portada del Sol de Tiahuanaco. El estilo Robles Moqo
procede del mismo Huari, se basa de urnas, cántaros, vasos y figuras de llama, con decoraciones geométricas y
naturalistas, donde también están presentes los motivos Tiahuanaco. El estilo Chakipampa, de influencia Nazca, es
ordinario y no tiene el carácter ceremonial de los anteriores. Se basa en botellas pequeñas, vasijas modeladas como
tubérculos o figuras humanas, decorada con colores blanco, crema, púrpura y gris. Finalmente, el estilo Viñaque
procede de la ciudad de Huari, y es considerado un producto de la expansión, pues reúne varios sub-estilos de zonas
de Nazca y Lima, además de elementos Robles Moqo y Chakipampa. Sus principales formas son los cuencos
semiemiesféricos, cántaros con cuellos-efigie y botellas de dos cuerpos, y sus motivos son cabezas de felinos vistas
de perfil, plantas estilizadas, cráneos, entre otros.
Cronología
 Tiahuanaco (100 ac - 1200 dc)
 Huari (550 - 1000 dc)
7. INTERMEDIO TARDIO
La época de los grandes reinos
(1000 - 1450 d.C.)
El renacimiento de las culturas locales se circunscribe en un marco cronológico difícil de definir. La paulatina
desintegración de los Huari y la igual expansión incaica dejan muchas dudas en cuanto a la imposición de las fechas,
sobre todo si en las manifestaciones de la cerámica -uno de los principales métodos de diferenciación de las
culturas- después de los Huari no hay una ruptura clara, sino más bien una mezcla regional. Las fechas
convencionales se ubican entre el 900 d.C. y el 1400 d.C. pero pueden variar según los investigadores consultados.
La otra difícil definición es el del sistema político que surgió en este periodo. Se ha hablado de reinos, señoríos y
curacazgos, pero todos ellos son insuficientes y no comprenden cabalmente la complejidad del desarrollo de
tradiciones y culturas del Intermedio Tardío.
Para complicar el panorama, la estabilidad de fronteras durante este periodo casi no existe, hubo constantes pugnas
de poder, movilizaciones de población y un mosaico lingüístico variado que no se ha conservado hasta nuestros días
(los Incas modificaron los nombres originales por fonemas quechua).
Lo que se puede deducir de los desarrollos regionales durante esta época es la existencia de una dicotomía en
cuanto a la organización política entre las culturas de la costa y las de la sierra. En la costa primó una organización
compleja a través de vastas extensiones de terreno, a través de varios valles. En la sierra más bien de organizaron
pequeños señoríos dispersos y concentrados en las zonas altas, más cercanas a las fuentes de agua. También
durante este periodo hubo una gran incidencia en los conflictos fronterizos, al parecer por una demostración e
intento de acumulación de poder, como parte del legado expansionista Huari, o como parte de la necesidad de
obtener mayores pastizales y zonas de cultivo en un contexto de sequía desde el siglo XI y que duró unos 200 años.
Otro legado Huari fue el del urbanismo, sobre todo en la costa norte y algunas ciudades pequeñas en la costa
central. En la sierra se desarrollaron ciudades fortificadas, que al parecer nacieron como producto de una inicial
reacción contra los Huari. La economía no sufrió mayores cambios, mientras que siguieron los patrones de
producción andina que hemos visto en periodos pasados. En cuanto al arte, vemos que la principal transformación
es una menor sacralización del mismo, sin que por ello desaparezcan los motivos religiosos. La tecnología agrícola
también es la misma que hemos visto anteriormente, sólo que llevada a un punto más alto del desarrollo, como el
caso de los canales intervalles de la costa en la zona de Lambayeque.
Finalmente, ocurre un proceso divergente en el desarrollo del arte. Por una parte la alfarería se empieza a producir
en serie a través de moldes, por lo cual pierde calidad y acabado; mientras que los textiles costeños encuentran un
alto punto de calidad y belleza. Se sigue trabajando la metalurgia, el oro principalmente en el norte y la plata en el
sur.
Lambayeque
Los Lambayeque se desarrollaron entre el 700 d.C. y 1350 d.C. en la costa norte, teniendo como centro primero la
zona de Batán Grande (900 - 1000 d.C.) y luego 10 kilómetros hacia el suroeste, hasta Túcume (1100 - 1350 d.C.) y
sus límites por el norte hasta Piura y por el sur al valle de Chicama. Sus orígenes se remontan al fin de la cultura
Moche, pasando por las influencias de los Huari y de los Cajamarca, de tal manera que se originó un nuevo estilo
cerámico e iconográfico.
El carácter político de los Lambayeque fue el de un Estado teocrático con una estructura social altamente
estratificada compuesta por una elite basada en lazos familiares con un origen divino, un cuerpo de administradores,
un grupo de artesanos y agricultores. Si bien existía cierta independencia entre estos grupos, la cohesión la daba una
serie de alianzas rituales y de parentesco, que era la base de la estructura de poder. Una de las pruebas del poder y
complejidad de la sociedad Lambayeque son las magníficas tumbas reales, donde se han encontrado abundante
spondylus y oro. Otro elemento son los complejos arquitectónicos tronco-piramidales con rampas de acceso y
murales pintados con motivos de aves y escenas marinas en relieve.
El complejo de Batan Grande estaba compuesto por 17 pirámides truncas que alcanzaban alturas superiores a los 30
metros. Relacionadas a estas construcciones encontramos una serie de tumbas reales y patios que las comunicaban.
Batan Grande fue el centro religioso, administrativo y económico de los Lambayeque, donde se enterraban a los
miembros de la elite y se tomaban las decisiones más importantes, desde el desarrollo y distribución agrícola como
la producción metalúrgica.
En el especto mítico religioso, la cultura Lambayeque introduce dos nuevos elementos a la historia de la cultura
peruana. El primero es un mito de origen en el cual el personaje principal, Naylamp, proviene de tierras lejanas a
través del mar para fundar una dinastía que luego sería la elite de los Lambayeque. Este mito seguía vigente a la
llegada de los españoles, y fue recogido por el cronista Miguel Cabello de Balboa con impresionante detalle. El
segundo elemento es un personaje alado que se ve repetido en los trabajos de orfebrería y que es el protagonista de
unas hachas rituales conocidas como tumi. Se trata de la divinidad central de la cultura Lambayeque, y se cree que
se trataría de la misma imagen de Naylamp. Su representación tiene ciertos detalles curiosos, como los ojos con
extremo en punta que se eleva, la nariz prominente y las orejas puntiagudas con grandes aretes.
La economía de los Lambayeque estaba basada en la agricultura intensiva de maíz y algodón por irrigación. Durante
su desarrollo en Batan Grande es que se desarrolló un avanzado sistema de canales que articuló los valles de Reque,
Chancay, Lambayeque y La Leche. Los principales canales eran tres, el Raca Rumi que unía los ríos Chancay con La
Leche; el Taymi Antiguo, que irrigaba la zona norte y sur del valle de La Leche; y el Canal de Collique, que irrigaba el
valle de Zaña.
En el campo del arte, los Lambayeque desarrollaron finamente la metalurgia. Son ellos, por su trabajo y motivos, los
mejores exponentes de todas las culturas prehispánicas en este campo. Esta tradición es conocida en la costa norte
desde los Moche, pero recién es en el Intermedio Tardío que logra su máxima expresión, usando el oro, la playa, y
una aleación de ambos, además del cobre arsenical. Se han encontrado tal cantidad de vestigios relacionados a la
extracción y trabajo de material que los arqueólogos han logrado reconstruir casi todo el proceso, hasta el punto de
identificar las impresionantes y complicadas técnicas de aleaciones utilizadas por los Lambayeque para conseguir un
dorado con poca presencia aurífera.
Chimu
La tradición o cultura Chimú se desarrolló en la costa norte entre el 1000, justo después del repliegue Huari en dicha
zona, y 1460 d.C., momento de la llegada de los Incas. Las últimas investigaciones han dado nuevas luces acerca de
una tradición Chimú traducida en un estilo cerámico, y por otra parte un señorío o reino llamado Chimor que a la
postre serían los líderes supremos de la cultura Chimú. Sin embargo vale la pena aclarar que el origen de Chimú y
Chimor no es el mismo, por más que hayan terminando siendo una unidad política.
CHAN CHAN
Chimor, según los textos escritos por los cronistas, se origina gracias a un fundador mitológico que llegó por el mar
en una balsa de palo, y que reunió los poderes políticos y religiosos. Así, el reino de Chimor se fue desarrollando a
través de provincias gobernadas por un jefe local que usufructuaba de los tributos y cosechas.
Durante su época de apogeo, los Chimú alcanzaron a controlar unos 20 valles, desde el Chillón (norte de Lima) hasta
Tumbes en el extremo norte, justo antes de la conquista Inca. A medida que fueron expandiendo su territorio a
partir del 1300 d.C., que llegó a tener más de 1000 km. de extensión, tuvieron que crear centros administrativos
para poder ejercer su control político y religioso. Su centro fue la conocida ciudad de Chanchán, conocida por su
impresionante extensión y organización, pero también son importantes los complejos de Túcume (valle de la Leche),
Pacatnamú (río Jequetepeque) y Farfán (sierra de La Libertad).
Chincha
La existencia de un tipo de organización social en la zona de Chincha, en el litoral al sur de Lima entre 1100 y 1450
d.C., es un hecho comprobado por los investigadores. Lo que no han logrado establecer es el carácter de esta
sociedad, su organización y la fuente de su riqueza, la cual a la llegada de los españoles parecía haber sido muy
grande. Son varios los cronistas que hacen referencia a un gran reino en la zona de Chincha, y se menciona
frecuentemente que en los sucesos de Cajamarca del 16 de noviembre de 1532 que las dos únicas autoridades
llevadas en andas eran Atahualpa y el señor de Chincha.
La dificultad de las fuentes proviene a que la versión de los cronistas dependió en este caso de la de los incas, y es
sabido que éstos reinterpretaron y tergiversaron gran parte de la historia antes del Tawantinsuyo. Es por ello que
mientras algunos investigadores aseguran que en Chincha existió una organización centralizada, otros aseguran que
había una serie de especialistas y que la principal actividad era el comercio.
La historiadora María Rostworowski es una de las principales defensoras de esta teoría. Ella asegura que existió un
comercio a lo largo de la costa basado en un mercadeo a modo de indios, es decir, sin moneda y basada en el
trueque. Según la historiadora, en Chincha había por lo menos 600 mercaderes que realizaban viajes hasta el Cuzco
y por todo el Collao (donde comerciaban lana y cobre), mientras que por el norte llegaban a Quito para comerciar
esmeraldas y spondylus. Este mercadeo costeño se realizó mediante balsas construidas con totoras y troncos de
árbol. Inclusive se cree que la expansión del quechua en los andes provino de estos mercaderes, pues investigadores
han comprobado que fue desde Ecuador que este idioma se dispersó por los andes por medio de los Incas.
Los principales centros de esta cultura los encontramos en los sitios de La Centinela y Tambo de Mora (Chincha), que
debieron ser centros administrativos ceremoniales, unidos con otros centros menores mediante una red de caminos
que luego formaron parte de la red vial Inca o Qapaqñan. La evidencia allí encontrada confirma que los Chincha
desarrollaron una economía múltiple que comprendía la agricultura, la pesa, el intercambio y la producción de
artesanías (canastas, artefactos de madera).
La cerámica Chincha tiene un estilo muy característico, por más que se noten influencias del Horizonte Medio y de la
tradición Ica. Las piezas son muy bien hechas, elaboradas y decoradas. Las formas son cántaros con cuello y con asas
en la parte alta, formas de botellas, barriles, tazas, platos con paredes verticales y figurinas. En cuanto a la
metalurgia, tanto el oro como plata y una aleación de cobre con oro y plata fue extensamente utilizada, sobre todo
para la elaboración de vasos retrato, que son una demostración de la avanzada técnica de los Chincha, pues
utilizaban una sola lámina de metal y le daban la forma deseada sin soldaduras ni uniones metálicas.
Chachapoyas
Los Chachapoyas se han desarrollado entre los 700 y 1500 d.C., en una zona extensa que incluía desde la confluencia
de los ríos Marañón y Urubamba hasta la cuenca del Abiseo, siendo su centro la cuenca del Utcubamba, un área
entre dos y tres mil metros de altitud. Esta zona, si bien está comprendida dentro de los Andes, tiene una frondosa
vegetación tropical.
Una de las costumbres más saltantes de esta cultura, es que dentro de sus costumbres funerarias utilizaron el
sarcófago o el mausoleo. En el primero de los casos tenemos el lugar de Carajía, donde suntuosas tumbas fueron
colocadas en sarcófagos de arcilla, palos y piedras, y emplazadas en grutas excavadas en lo alto de precipicios. En
algunos casos, los entierros más complejos contaban con una falsa cabeza colocada en la parte superior similar a
máscaras mortuorias del Horizonte Medio.
En el segundo, se trataba de una especie de pequeñas viviendas de un metro de alto ubicadas en acantilados, con
techo a dos aguas. En su interior se ubicaron nichos donde se depositaban los cuerpos junto a numerosas ofrendas
como redes, collares, plumas, vasijas e instrumentos musicales. Al parecer la costumbre de los sarcófagos
provendría de los fardos funerarios o de las chullpas de los Huari y de los Tiahuanaco.
La cerámica es de un estilo propio, con formas de vasijas con cuerpo oval, ollas de base plana con asas horizontales y
pequeños vasos subglobulados. Sus representaciones pueden ser pintadas, grabadas o incisas, y se trataba de
motivos geométricos, bandas o listones, rectos o curvos.
Chancay
Dentro del complejo de culturas que se desarrollaron en la Costa central, sobresale la Chancay por su tamaño y
organización. Ubicada en el actual departamento de Lima, al norte de la ciudad capital, en los valles de Chancay,
Huaura y Chillón, esta cultura tuvo presencia entre los años 1300 y 1450 d.C., momento de la conquista Inca.
Lo curioso de esta cultura es que debido a su cercanía a Lima y a la acción de los huaqueros, es poco el material
encontrado en su contexto original o los lugares que no hayan sido destruidos. Es por ello que si bien se han logrado
recuperar valiosos vestigios cerámicos, textiles y de plumería, es poca la información con la que contamos de su
sociedad o política.
La cerámica Chancay se basa principalmente en la utilización del color blanco para el fondo y el negro para los
diseños sobre peculiares representaciones modeladas de peces, monos, gatos, aves, escaques y grecas. Estas formas
se consiguieron con técnicas de modelado y moldes, siendo comunes también los grandes cántaros con asas
verticales, los platos con pedestal como diversas representaciones escultóricas. Pero quizá la representación más
famosa de los Chancay son unos cántaros en cuyo cuello se representa una cabeza humana modelada y pintada con
tocado, orejeras y pintura facial. A estos cántaros se les ha dado el nombre de "chinas" por la forma de los ojos. Los
textiles Chancay son especialmente peculiares por las imágenes presentes en los lienzos. Los personajes, animales y
símbolos son hechos con trazos simples y sin mayor elaboración, y dan la impresión de pertenecer más a una
escuela de arte moderno que a la cosmovisión de una cultura prehispánica. Temas como las olas del mar y una
serpiente bicéfala son recurrentes y presentan temas como la dualidad y el cosmos. Los colores son terrosos y los
contornos de colores más oscuros, marrones o negros.
En cuanto a la plumería de los Chancay, ésta parece haber reemplazado a los ceramios en cuanto de desarrollo de
color. Son impresionantes las combinaciones y efectos causados con los colores de los mantos de plumas que eran
elaborados insertando las plumas en un hilo principal que luego se cosía a una tela. La iconografía presente, como
en los Chimú, es principalmente la del Dios de los Báculos de la Portada del Sol en Tiahuanaco. También son
frecuentes las imágenes de pájaros, peces, felinos, perros y monos, muchas veces a través de imágenes en serie,
pues a diferencia de los telares, los mantos de plumas Chancay son mucho más rígidos y tradicionales en las
costumbres iconograficas andinas.
Chanca
La tradición Chancha estuvo ubicada en la cuenca del río Pampas, en la moderna provincia de Andahuaylas. Surge en
el momento de retirada de los Huari, en el que las ciudades son dejadas por villorrios, los cuales se ubican en zonas
altas de cerros y donde la topografía del terreno lo permitía. Es muy difícil identificar su organización política y los
principales centros de esta cultura, pues su estilo cerámico tiende a confundirse con el Inca inicial y otros estilos
locales.
Arqueológicamente no se sabe nada de los Chanca. Para los investigadores su importancia radica en haber obligado
a los Incas a desarrollarse en cuanto a organización política y de expansión, debido a la amenaza que representaron
en un momento en que los Incas estaban planeando trascender sus fronteras mediante alianzas y redes de poder. En
realidad lo que se sabe de los Chancas es el relato de los Incas registrado por los cronistas, que asegura que los
Chanca, en pleno proceso de expansión, conquistaron a los Quechua -grupo en alianza con los Incas- y decidieron
arremeter con los liderados por Viracocha. El Inca se refugia en una fortaleza cerca de Calca y el que enfrenta a los
Chanca es el hijo no heredero de Viracocha, Yupanqui, el cual logra que las piedras cobren vida y contribuyan al
triunfo militar de los Incas. El vencedor Yupanqui se coronó Inca y cambió su nombre por Pachacútec.
Lo cierto es que no existe información arqueológica para corroborar o desmentir lo dicho por los Incas y registrado
por los cronistas.
Cronología
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Lambayeque (700 - 1350 dc)
Chimú (1000 - 1460 dc)
Chincha (1100 - 1450 dc)
Chachapoyas (700 - 1500 dc)
Chancay (1300 - 1450 dc)
7. LOS INCAS
(1450 - 1553)
Durante el Intermedio Tardío proliferaron pequeñas organizaciones curacales, llamadas señoríos por los
investigadores, por los toda el área andina. Si bien durante esta misma época estos señoríos coexistieron con
organizaciones más complejas como los Chimú, ninguna resaltaba en especial, a no ser por ciertos vestigios
anecdóticos y particulares de la zona andina. Nada hacía presagiar que de entre estos curacazgos, uno del Cuzco se
haría el más famoso de todos: el de los Inca.
Los Inca para el siglo XII eran un pequeño grupo tribal que ocupaba la cuenca del Cuzco, evolucionando hacia
señorío a inicios del siglo XIV y formando un Estado recién para el siglo XV. Fue allí que grupos como los Chanca
empezaron a constituir una amenaza. Al parecer se libró una batalla, con lo cual se refuerza una idea de un grupo
preparado para la guerra, el cual después sería uno de los principales caracteres de la expansión: administrativa,
militar y cultural. Este carácter bélico de los Incas puede encontrar su origen en la expansión Huari, en su intento por
conquistar el valle del Cuzco, mantuvo a la etnia originaria de los Inca en una alerta constante. Esto los fortaleció y
les permitió atacar a los Chanca. Pero no sólo esto recibieron de los Huari, pues también aprendieron de su tipo de
organización, la cual después reprodujeron a gran escala en el Tahuantinsuyo.
Lamentablemente no contamos con información confiable para relatar cómo fue esta expansión incaica,
quedándose la historia trunca, entremezclada con el mito y con la leyenda. El trabajo de los arqueólogos en este
sentido está en deuda, más aun si se cuenta con gran número de vestigios arqueológicos, como en este caso.
Tentativamente, los investigadores han usado las siguientes fechas para delimitar el desarrollo de los incas: Hacia el
año 1200 d.C. se estableció el Estado Inca, en 1438 aproximadamente ocurrió la coronación de Pachacútec, y de ahí
habría comenzado la vertiginosa expansión incaica hasta el momento de la llegada de los españoles, en 1532.
De los Huari heredaron una organización muy compleja, los caminos, las construcciones de piedra y por sobre todo
la idea imperial. De los Chimú, quizá la cultura más poderosa y compleja hasta su contacto con los Incas, heredaron
la divinización del mandatario y de su entorno, y la existencia de una jerarquía administrativa. El tema de la dualidad
incaica lo encontramos en una tradición que no puede ser atribuida a una sola etnia, y parece que fue una
institución bastante arraigada del área andina.
Para finalizar queremos enfatizar que si bien los Incas recibieron gran parte de las tecnologías e instituciones que
luego utilizó y expandió, el enorme territorio que lograron administrar política y comercialmente, así como los
impresionantes monumentos que han hecho a esta cultura mundialmente famosa, es prueba de una sorprendente
capacidad organizativa que va más allá de la simple reproducción de tecnologías e instituciones. En ese sentido los
Incas no copiaron, sino aprovecharon lo aprendido para mejorarlo y potenciarlo.
Los trece incas
NOMBRE
PERÍODO
PANACA
DINASTÍA
MANCO CÁPAC
1198-1228
Chima panaca
HURIN
SINCHI ROCA
1228-1258
Raura panaca
LLOQUE YUPANQUI
1258-1288
Awayni panaca
MAYTA CÁPAC
1288-1318
Uscamayta panaca
CÁPAC YUPANQUI
1318-1348
Apu Mayta
Cápac panaca
INCA ROCA
1348-1378
Wikak'iraw panaca
YÁHUAR HUACA
1378-1408
Awkaylli panaca
WIRACOCHA
1408-1438
Suqsu panaca
PACHACÚTEC INCA YUPANQUI
1438-1471
Hatun ayllu
TÚPAC INCA YUPANQUI
1471-1493
Cápac ayllu
HUAYNA CÁPAC
1493-1527
Tumipanpa panaca
HUÁSCAR
1527-1532
ATAHUALPA
1532-1533
Hatun Ayllu
HANAN
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