Hinduísmo y pluralidad, según Raimon Panikkar y

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ISSN 1669-9092
KONVERGENCIAS
FILOSOFÍAS DE LA INDIA
HINDUISMO Y PLURALIDAD,
SEGÚN RAIMON PANIKKAR
Y CARMEN DRAGONETTI.
Daniel López Salort
En Raimon Panikkar encontramos definiciones del Hinduísmo que bien merecen
ser consideradas. Tomamos como base sus afirmaciones en Los dioses y el Señor1.
En primer lugar, comienza afirmando que el Hinduísmo “representa una
coexistencia pacífica de doctrinas totalmente opuestas”. Así cada uno de los seis
dharsanas se ven a sí mismos como completos y opuestos a los restantes. Sin embargo,
todos estos sistemas se proclaman hinduistas. Hay lugar para la heterodoxia, pero esa
heterodoxia no es sobre una idea o sistema conceptual sino sobre la fidelidad o no a los
Vedas. Explicita Panikkar: “Debe tenerse en cuenta que aquí no se trata de una simple
afirmación o negación, sino de una aceptación o de un rechazo. ¿De qué? ¿De una
doctrina? Por cierto que no, puesto que existen una multiplicidad de doctrinas, un terrible
matorral para la razón puramente lógica. Se trata simplemente del rechazo o de la
aceptación de la autoridad de los Vedas; bien entendido, de su autoridad, no de su
doctrina; del valor existencial y no del contenido esencial”. A continuación, cita el
sincretismo de pensadores como Ramakrishna, quien acepta y hace confluir tanto los
Vedas cuanto el Cristianismo y el Islamismo.
1
Pp. 67-74, Ed.Columba, Buenos Aires, 1967.
KONVERGENCIAS, Filosofías de la India, N° 5, 2015 | 49
Posteriormente, Panikkar define al Hinduísmo como que “(…) no es una esencia ni
una doctrina. Ni siquiera posee un nombre (ningún hindú se llamaría a sí mismo de esta
manera; los otros, los cristianos o musulmanes, lo llaman así para distinguirlo). Pero el
Hinduísmo tampoco es una idea”, y agrega luego que no tiene un fundador, ni un
comienzo definido históricamente, que no posee dogmas en el sentido estricto de la
palabra.
En tercer término, Panikkar escribe que mientras el llamado pensamiento
occidental descansa sobre el principio de contradicción, el pensamiento indio se apoya en
el principio de identidad. En Occidente, expresa Panikkar, ningún ser puede ser y no ser al
mismo tiempo. Esto implica individuación y aislamiento de los entes unos de otros. Cada
ente es intransferible y único. A no puede ser No-A. En cambio, la cultura india descansa
sobre el dominio del principio de identidad. Es la búsqueda de que A sea A. De un
predicado P idéntico al sujeto S. No se admite en última instancia la diferencia entre Dios y
el mundo, el Ser y los entes. Aunque, aclara Panikkar en nota al pie: “Sería interesante
hacer un estudio sobre la dialéctica de los contrarios (por ejemplo, luz y sombra en la
Katha Upanishad, III, 1; VI, 5; vida y muerte en el Rig-Veda X, 121, 2) y compararla con la
coincidencia oppositorum de la tradición cristiana”.
Finalmente, para Panikkar el Hinduísmo no es una esencia sino una existencia: “Es
aquello que queda cuando se excluye todo lo demás. Es aquel resto inextinguible y no
cristalizado del que luego brotan convicciones, ideas y sistemas. Es la base que soporta las
concretizaciones posteriores, las diversas encarnaciones en las formas de pensar, en las
culturas, etc.”. Y más adelante: “Hablando en términos occidentales, me permitiría afirmar
que el Hinduísmo precisamente es una ex-sistencia, una actitud, un vaso que puede ser
llenado con cualquier contenido. Es –y quiere serlo- la realidad y no el conocimiento de
esta realidad. Es la verdad en el sentido de la verdad existencial y no una verdad o el
conocimiento de la verdad, que es una limitación e interpretación (y aquí tocamos nuestro
tema central) de la verdad”. Y finaliza: “El Hinduísmo no es, sino que existe en aquellos
hombres de la India que no reniegan de él”.
Que el Hinduísmo es coexistencia de conceptos muchas veces antagónicos,
siempre enmarcados en el respeto a la autoridad de los Vedas, es un hecho innegable.
Aunque uno deba preguntarse, en tal sentido, qué es lo que sucede en Occidente con el
corpus de conceptos del Cristianismo y la autoridad de su texto sagrado, si se toman
interpretaciones religiosas como las bizantinas o la católica o la protestante y las
contradicciones entre ellas, o en el campo de la filosofía –para poner simplemente un
ejemplo-, entre las pruebas tomistas de la existencia de Dios y la crítica de Duns Scoto a
las mismas.
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Sin embargo, Carmen Dragonetti2, señala acertadamente que esa coexistencia de
ideas lo es también de normas, ceremonias y ritos, y en menor medida de castas y
estructuras sociales. Pero esta coexistencia de ideas y doctrinas se mantiene únicamente
en este plano, porque la intolerancia hindú es grave en la observancia de normas y reglas:
una vaca muerta por un musulmán “puede dar origen a terribles represalias contra toda la
comunidad musulmana del lugar”, o –en otro ejemplo- los pensadores y grupos
heterodoxos como budistas, jainistas y materialistas, que son objeto de repudio por los
hindúes.
La pluralidad debe entonces circunscribirse adecuadamente a la actitud filosófica
hindú, y delimitarla claramente de la realidad histórica en que esa pluralidad se ha
situado. En otras palabras: pluralidad hacia adentro, rígido cumplimiento de normas en
todo espectro.
2
La Tolerancia Hindú, en Yoga y Mística de la India, Kier, Buenos Aires, 1978.
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