Publicado en: Bioética y conflicto armado. Colección Bios y Ethos

Anuncio
Publicado en: Bioética y conflicto armado. Colección Bios y Ethos No. 19. Bogotá: Ed.
Universidad El Bosque., Autores varios; Capítulo: “Una pregunta difícil: ¿(cómo) es
posible la neutralidad?, págs. 31-43, 2002
UNA PREGUNTA DIFÍCIL: ¿(CÓMO) ES POSIBLE LA NEUTRALIDAD?
Carlos Eduardo Maldonado
Escuela de Filosofía – UIS
Introducción
Las relaciones entre bioética y sociedad civil se inscriben, en el contexto colombiano,
claramente, de frente a, y en medio de, el conflicto armado generalizado y
crecientemente degradante que vivimos desde hace ya varias décadas. Para quienes
trabajamos en bioética es claro que esta disciplina científica puede contribuir al análisis
y comprensión de los temas y problemas que atañen a la vida en general, esto es, a la
vida humana tanto como a la vida sobre el planeta, tanto a la vida conocida como a la
vida por conocer. Uno de los pilares de la bioética, y ciertamente una de las aristas más
ricas del pensamiento contemporáneo, es la biopolítica, y la biopolítica es el contexto y
el problema mismo en el cual se inscriben las relaciones entre bioética, sociedad civil y
conflicto político, en el más amplio de los sentidos. Quisiera concentrarme aquí en la
formulación y en la búsqueda de solución de una pregunta puntual que ni es evidente ni
fácil en el contexto del conflicto armado generalizado, en medio de la violencia como
forma de vida, en fin, en medio de la guerra que vivimos y que parece cobrar, hacia el
futuro inmediato, una intensificación brutal. Basta con recordar, sencillamente, que las
relaciones entre biopolítica y geopolítica son recientes y tensionantes.
La pregunta con la cual me quiero ocupar y que intentaré desbrozar al máximo posible
es ésta: En medio de la guerra, de la violencia, de asesinatos y masacres cotidianos, de
desplazamientos forzados de una gran parte de la población civil, en medio del silencio
y el miedo, ¿es posible la neutralidad, y si lo es, cómo es posible? El tono de esta
pregunta no se origina únicamente en la situación de la historia reciente colombiana.
Antes bien, puede rastrearse igualmente en la geopolítica internacional hasta el marco
de la guerra fría entre la antigua Unión Soviética y los Estados Unidos, y la creación de
2
los correspondientes Pacto de Varsovia y la Organización del Tratado del Atlántico
Norte (OTAN). Luego del colapso de la Unión Soviética y la caída del llamado Bloque
Soviético, en 1991 y a partir de esa fecha, la guerra fría desapareció como un
componente central constitutivo de la Agenda Internacional, con lo cual, a su vez, la
Agenda Internacional se modificó sustancialmente. Durante la época de la guerra fría la
pregunta enunciada antes arriba tenía un cariz vital, prácticamente agónico, y su tono
era, dicho negativamente, de negación y crítica al militarismo. El referente negativo era
la búsqueda de superación de la carrera armamentista. Pero luego cambió la Agenda
Internacional y, sin embargo, permanecieron los impresionantes arsenales atómicos,
biológicos y químicos que pueden destruir varias veces toda forma de vida sobre el
planeta; cayó el Pacto de Varsovia pero su mantuvo, se fortaleció y se amplió la OTAN,
y aún se emprenden guerras regionales como laboratorios de entrenamiento militar
como la antigua Yugoslavia, Bosnia, Irak y el Golfo Pérsico, y Macedonia. La
geopolítica, lejos de eclipsarse se fortaleció entre los tres bloques económicos
capitalistas, Estados Unidos, Europa (Occidental) y Japón.
Colombia sigue perteneciendo claramente al interés primario de la política
estadounidense, como lo corrobora el hecho de que en el presupuesto de ayuda militar a
Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo después de Rusia y por encima de la
guerra en el Medio Oriente, entre Palestina e Israel. En Colombia, incluso los esfuerzos
por, y las posibilidades de, la paz atraviesan por la geopolítica internacional, hasta el
punto de que las conversaciones con el ELN dependen en buen grado de las relaciones
con la Unión Europea en general y con el catolicismo de Alemania en especial, mientras
que las conversaciones con las FARC atraviesan, por ejemplo, por la Secretaría para
Asuntos Latinoamericanos del Pentágono, en Estados Unidos. El título de la
globalización representa, en realidad, el marco último de referencia de la política
nacional, y así, la bioética y la biopolítica se asientan y se posibilitan sobre el trasfondo
de la geopolítica.
Quizás, en el contexto internacional, el problema de la neutralidad haya pasado a un
segundo plano, aunque manifiestamente a nivel regional, en varios lugares del mundo,
la pregunta ni aparece como un asunto retórico –los medios masivos de comunicación
tienen su propia guerra, como es ya ampliamente reconocido y criticado-, ni tampoco
como un mero ejercicio académico –¿cómo puede la academia contribuir a la búsqueda
3
de soluciones del conflicto armado?-. En el caso colombiano, sin embargo, la pregunta
no admite dilaciones pero tampoco es del todo evidente: ¿Es posible la neutralidad? O
también, ¿Cómo es posible la neutralidad?
A fin de abordar la pregunta e intentar resolverla satisfactoriamente quisiera ensayar tres
argumentos de un orden e importancia perfectamente distintos entre sí. En primer lugar,
me propongo presentar un argumento trascendental, a saber: una condición de
posibilidad para la neutralidad. En segundo término, quisiera introducir un argumento
analítico, y que exige un cuidadoso trabajo con el lenguaje. Finalmente, concluyo con
un argumento de la biopolítica en el que señalo que el problema de la neutralidad es, en
verdad, el problema mismo de la vida o por la vida, en condiciones de degradación y
escalamiento de los conflictos armados.
Una observación puntual. No entro en la consideración acerca de si la neutralidad es
posible o ni siquiera sobre si es necesaria. En el contexto y en la historia del conflicto
armado colombiano, otorgarle unas líneas de consideración a este aspecto me parece
éticamente irresponsable y políticamente inocuo. “Allá afuera” hay mucha gente para la
cual la pregunta no es retórica, sino agónica. En ella va la vida o la muerte.
I
Inicialmente, quiero mencionar una condición de posibilidad para la neutralidad.
Adopto el término de condición de posibilidad de la tradición de la filosofía
trascendental, y que hace referencia inmediatamente al papel central del sujeto como
polo a partir del cual se constituye el orden y el sentido de la realidad en general, o
también, el sentido y las posibilidades del mundo.
Es posible y necesario crear y ampliar espacios de neutralidad. Se trata de conducir a
los violentos a reconocer que existen determinados espacios que, debido a su carácter
común, pueden y deben ser respetados, de suerte que o bien quienes se encuentren allí
merecen el respeto a sus vidas e integridad, o bien, desde otro punto de vista, que estos
espacios pueden ser tenidos en cuenta a fin de adelantar conversaciones, diálogos,
4
negociaciones en medio de la guerra1. Estos espacios de neutralidad no tienen por qué
ser únicos en todos los sitios y momentos, y su importancia puede variar de una región a
otra, de una cultura a otra, en fin, de un período histórico o social a otro. Lo que sí es
importante es tener cuidadosamente en cuenta cuáles son, y las razones por las cuales lo
son, espacios de neutralidad.
Quisiera primero proponer proponer algunos de estos espacios, para posteriormente
presentar algunas de la razones por las que pueden ser considerados como espacios de
neutralidad. El orden de su presentación aquí no implica, en absoluto, ninguna jerarquía
ni preferencia:
•
Los colegios y las escuelas públicas, las Universidades públicas y, en algunos casos,
algunas Universidades privadas no confesionales en cualquier sentido de la palabra.
•
Los parques públicos, y las plazas públicas, los escenarios deportivos, dado que por
definición son espacios de encuentro, de recreación y esparcimiento.
•
Allí en donde un credo religioso tenga una gran base social y prestigio entre las
comunidades por su ayuda sincera a los más necesitados, algunos templos pueden
también valer como espacios de neutralidad, sin que esto se limite a la existencia de
un credo oficial en un estado o país.
•
Los hospitales, las clínicas, los centros de salud, independientemente de si son
privados o públicos, particularmente cuando allí se encuentran heridos,
convalecientes o personas sensibles de distinto modo y grado a las inclemencias de
la guerra, ya sea emocional, afectiva, o psicológicamente.
•
El propio hogar de cada uno de los seres humanos, ya sean ciudadanos o no, e
independientemente de las razones por las cuales lo son.
•
Las bibliotecas, las salas de música, los teatros y museos, las librerías y en general
los espacios culturales, independientemente de la defensa del concepto de cultura, a
saber: como cultura popular o como cultura de élite.
1
Una precisión importante de pasada. Desde el punto de vista ético, lógico o político, particularmente
(aunque podría introducir también otras razones adicionales), hablar de conversaciones, de diálogos o de
negociaciones no es lo mismo, aun cuando, a primera vista, éstos términos aparezcan como equivalentes.
El elemento crítico se halla en el reconocimiento de que no es necesario el consenso, y ciertamente no a
expensas del disenso, y que el fundamento y el resultado de cualquiera de los tres –conversación, diálogo
y negociación- no puede ni debe ser de criterio estadístico. La distinción lógica acerca de los tres procesos
mencionados es el tema de otro trabajo y que postergo para otro momento.
5
•
Lugares en los que los seres humanos estén realizando actividades vitales, tales
como los supermercados, las droguerías y otros semejantes. La debilidad de estos
espacios está en el tiempo en el que los seres humanos permanecen, en condiciones
normales, allí.
•
Por su propia naturaleza, y es algo que ni siquiera necesita justificarse, las
embajadas y en general las sedes diplomáticas.
Confieso que debería poder pensar en más espacios de neutralidad, pero estoy
igualmente seguro que no pueden agotarse en la lista mencionada.
Ahora bien, la identificación de determinados espacios de neutralidad no garantiza,
desde luego, que los espacios de neutralidad sean condiciones plenas de vida, de respeto
y dignidad de los derechos humanos. Numerosas veces se han cometido asesinatos en
las puertas o en el interior de espacios como éstos, tanto en el país, como en el mundo
entero, se han llevado a cabo secuestros, amenazas abiertas que luego se han cumplido,
o atentados de diverso tipo.
La historia de la humanidad, y más exactamente, la historia de la humanidad occidental
jamás se ha pronunciado explícita y sistemáticamente en favor de la constitución,
defensa y ampliación de espacios de neutralidad. En condiciones de una refinada
inteligencia y contrainteligencia militar –en cualquier sentido de la palabra- la
vulnerabilidad ha sido o bien algo dado por sentado siempre, o algo que va de suyo y es
frágil, y blanco fácil. Y con la vulnerabilidad de los seres humanos, ante aparatos
impresionantes de control militares, la neutralidad ha sido un fenómeno perfectamente
inexistente. La ética jamás ha hablado de la neutralidad, como tampoco la religión, y
muchísimo menos el derecho. Flaco favor le cumplen entonces el derecho positivo, la
religión y la ética a la vida, y al establecimiento de condiciones de posibilidad para la
vida: una de las más sensibles es la condición de posibilidad de los espacios de
neutralidad.
Algunas de las razones por las que estos espacios pueden ser identificados sin ambages
como espacios de neutralidad son las siguientes: se trata de espacios de construcción de
vida y de construcción de horizontes y posibilidades de vida; son espacios que producen
o acompañan acciones y reflexiones serias en torno a la calidad de la vida y la dignidad
6
de la vida, la vida humana, y con ella, también la vida en general sobre el planeta, la
vida conocida tanto como la vida por conocer; son espacios de encuentro, de
intercambio y de cooperación en los cuales prevalecen y se entrecruzan diversos
lenguajes y sistemas de comunicación, de suerte que si se presentan conflictos, éstos
permanecen y se resuelven en la esfera de los argumentos; se trata de espacios en los
que explícita o vivencialmente existe una conciencia o un sentimiento de que la vida es
un fenómeno colectivo, y responde a una lógica colectiva, en la que no existen
jerarquías rígidas ni prerrogativas que no se puedan cuestionar y modificar; en fin, son
espacios en los que existe una conciencia clara o tácita de que la vida es responsable
tanto del pasado como del futuro y que el presente no consume ni decide nada sin las
otras dimensiones temporales.
Claramente, existen, en contrapartida, varios territorios y espacios que manifiestamente
no pueden ser llamados, desde ningún punto de vista, como espacios de neutralidad.
Notablemente, se trata de los cuarteles militares y de policía y de toda oficina o centro
logístico-militar, las oficinas públicas municipales, departamentales y nacionales, y
centros de la empresa y del sector privado que abierta o subrepticiamente apoyan el
militarismo, avivan posiciones guerreristas y financian, apoyan o gestionan de alguna
manera la violencia. Así como, en la conciencia pública debe haber un trabajo en torno
al valor, importancia y urgencia de los espacios de neutralidad, igualmente es preciso
identificar estos otros territorios que en absoluto pueden ser erigidos como reales o
presuntos lugares de neutralidad.
II
La neutralidad no puede ni debe ser entendida, en manera alguna, en el sentido de
pasividad, aceptación de los hechos o indiferencia ante los procesos, fenómenos y actos
que suceden alrededor y por fuera de estos espacios. El título el torno al cual pueden
integrarse de una manera positiva la pasividad, la aceptación o la indiferencia es el del
pacifismo, una experiencia que con frecuencia y con razón se asimila al nombre de
Mahatma Gandhi. (Sobre el pacifismo de Mahatma Gandhi jamás hay que situarlo por
fuera del contexto, a saber: el hecho de que fue posible gracias a que su contrincante era
el imperio británico. Si Gandhi hubiera tenido como opositor al estado francés habría
sido eliminado muy pronto, tal y como lo evidencia la experiencia de numerosos
7
personajes y pueblos en Africa y Asia que estuvieron bajo el colonialismo francés.
Análogamente, el pacifismo hubiera sido y es imposible cuando el contrincante es el
gobierno de los Estados Unidos, como lo ponen en evidencia numerosos ejemplos en
América Latina, Africa y Asia. Pero fácilmente podría extender estos ejemplos y
contextualizaciones a varios otros gobiernos y estados. El punto central se sostiene: el
llamado a la no violencia y el pacifismo de Gandhi fueron posibles, en contrapartida,
gracias a la cultura, al gobierno y al estado inglés, lo cual en absoluto le quita mérito
alguno a la vida y obra de Gandhi).
Desde el punto de vista analítico, la neutralidad implica tres elementos precisos:
i)
Una conciencia de lucidez acerca de la realidad social, política, militar y
cultural en la que se vive. Desde este punto de vista, la neutralidad no es
una postura que se haya de adoptar de entrada y gratuitamente, sino, por
el contrario, es el resultado mismo de la conciencia de lucidez acerca de
los escenarios reales y posibles de la guerra. Esta conciencia es la obra
misma de un conocimiento de la política, la economía, los principales
temas y problemas militares y lo que podemos denominar generosamente
como una filosofía de la cultura. Esta conciencia de lucidez incluye
explícitamente factores tales como el riesgo, la incertidumbre, las
probabilidades y las certezas de la realidad social, tomados el riesgo, la
incertidumbre y las certezas en las acepciones más amplias que podamos
configurar; la conciencia de lucidez constituye y le confiere sentido al
realismo político;
ii)
Una fe sin límites en las posibilidades de la vida, y un amor y ganas de
vivir que tanto es consciente de los riesgos y peligros como que puede
superponerse a ellos y elevarse en el esfuerzo por anticipar y realizar
efectivamente horizontes de vida. La fe en las posibilidades de la vida no
connota, en manera alguna, un principio religioso cualquiera y, por el
contrario, es el resultado mismo del amor por la vida y de las ganas
mismas por vivir y por superar los momentos negros, las sin-salidas, los
atolladeros de todo tipo. Para cada quien, son y pueden ser múltiples las
motivaciones para definirse en términos de las posibilidades de vida, y ni
necesitan ser expuestas en público ni argumentadas lógicamente. Desde
este punto de vista, la neutralidad significa la capacidad para tomar
8
iniciativas, para elevarse como agentes autónomos en medio de fuerzas,
circunstancias y procesos que parecen tener vida propia por encima y a
pesar de los individuos, sus núcleos humanos, y los entornos en que
viven;
iii)
Un claro sentido de la flexibilidad ante situaciones en las que los actores
violentos hablan siempre acompañados de rumores, armas de grueso
calibre, acompañantes en actitudes también desafiantes y dispuestos a
todo, amenazas abiertas o veladas contra nosotros o algunos de los
nuestros. Es claro que los actores violentos no siempre se encuentran por
fuera de estado, y que también aquellos que están dentro del estado
pretenden sin más que o bien nos pleguemos con ellos, o bien en contra
de sus oponentes. Así, la flexibilidad significa que la neutralidad no es ni
una frontera rígida, ni un punto único, y que, antes bien, tanto toma
distancias con respecto a la exigencia de extremismos –“el que no está
conmigo está contra mí”-, como que permite aprovechar el tiempo y el
espacio a favor del rechazo a las acciones violentas de cualquier tipo y
con cualquier justificación. La fuerza de la flexibilidad está, claramente,
en la capacidad para anticiparse a los eventos de la guerra;
Integralmente vistos, estos tres elementos –flexibilidad, fe en las posibilidades de la
vida y amor y ganas de vivir, y conciencia de lucidez- quieren poner de manifiesto que
la neutralidad es un principio activo y nunca una reacción ante un estado de cosas. Este
principio activo que es la neutralidad se expresa como, y consiste en, acciones tales
como la desobediencia civil, la resistencia civil, y la insurrección no-violenta. Sobre la
desobediencia civil existen numerosos textos, y va siendo un concepto gradualmente
más socializado y normalizable. En cuanto a la insurrección no violenta, se trata de la
expresión contemporánea de lo que ya, en los orígenes de la modernidad, en el
Leviathan de Hobbes y en los Dos ensayos sobre el gobierno civil de Locke, se
pregonaba como el derecho natural a la subversión, derecho del cual no se volvió hablar
después de las revoluciones industrial en Inglaterra y política en Francia. Quizás el
mejor ejemplo mundial de insurrección no violenta es la intifada palestina contra el
estado israelí. Y en cuanto a la resistencia civil, se trata de un concepto que, de acuerdo
con M. Randle (1998), comprende acciones tales como la protesta, la persuasión hasta la
no cooperación social, económica y política, aunque habría que agregarle la no
9
cooperación militar, las manifestaciones, marchas, paros, huelgas de hambre, las
jornadas de trabajo lento, los boicots, las ocupaciones, las sentadas y la creación de
instituciones paralelas, las infiltraciones, el espionaje, la insumisión, el desacato y la
desinformación, y la insurrección armada no violenta.
En cualquier caso, es fundamental subrayar que la neutralidad es una acción colectiva
que evita cualquier recurso sistemático a la violencia y, más puntualmente dicho, que
recusa toda justificación del militarismo, el guerrerismo y la violencia. O bien, para
decirlo abiertamente, el problema de la neutralidad y, por ejemplo, el de los espacios de
neutralidad, no es un principio individual ni se refiere a espacios individuales. Por el
contrario, preguntarnos si y cómo es posible la neutralidad apunta inmediata y
directamente a la esfera de la política. Así, la neutralidad no consiste y antes bien
desborda amplia y profusamente los marcos de la ética pues nos sitúa por completo en
el terreno de la acción política. Nadie es neutral permaneciendo al margen de los
acontecimientos y encerrándose en su pequeño mundo de todos los días y de las
pequeñas preocupaciones. Existen ingenierías que pretenden conducir las cosas en esta
dirección –me refiero particularmente al “cocooning” (a saber, el encerramiento en su
propia casa, club o vecindario, el encerramiento en la seguridad suministrada por los
grandes centros comerciales, y demás, en fin, el encerramiento en el propio espacio
privado)2- y que, en realidad, no son otra cosa que la apología indirecta al
establecimiento de sistemas paralelos y privados de vigilancia, de seguridad y de
justicia. Es este pretendido ambiente y clima de neutralidad el que le agrada a, y el que
promueven, los violentos y sus agentes de todo tipo.
III
¿Cuál es el significado, entonces, de la neutralidad? El problema de fondo a propósito
de la neutralidad es el de cómo los seres humanos pueden tener control sobre su vida, un
tema que ni es evidente, ni fácil, y ciertamente no en momentos y contextos en los que
2
Justamente en este sitio corresponde una referencia crítica a los planes y políticas de ordenamiento
territorial en el sentido de que la defensa del espacio público debe ir acompañada de una crítica a la
defensa y constitución de una psicología que sólo sabe de lo privado y de lo público en el sentido del
derecho positivo. Pregonar por el carácter abierto del espacio público no equivale a sacar a los sujetos de
su anonimato, inacción y pasividad.
10
la violencia adopta numerosos canales, justificaciones, agenciadores, y formas de
expresión y existencia, en contextos y momentos de una creciente polarización.
La neutralidad no es fácil pues corresponde a una acción colectiva, pero no necesita
formalizarse y puede emerger en distintos espacios, adaptarse a diferentes
circunstancias y adoptar varias formas de expresión, según las posibilidades y las
necesidades del momento. Puntualmente dicho, según los decursos y acciones de los
violentos y los desarrollos de la guerra. Como se aprecia, la neutralidad es posible como
una acción colectiva, y como una búsqueda de tomar y defender iniciativas que
defiendan absoluta e incondicionalmente a la vida. Desde este punto de vista, la defensa
de la neutralidad es el llamado a un compromiso no partidista con la vida - y lo que sea
la vida misma, en este contexto, no exige ser puesto en términos del lenguaje
proposicional “S es P”, definiendo a la vida, pues una postura semejante puede prestarse
a serios cuestionamientos por reduccionista o ingenua, lo que aquí es lo mismo. El
llamado a, y la defensa de, la neutralidad no es, pues, otra cosa, que la adopción de un
principio de inteligencia según el cual para la defensa de la vida son válidas todas las
estrategias y tácticas, con tal de que no se claudique, bajo ningún pretexto, ante las
armas y los términos de la violencia, la traición a sí mismo y a los otros, la debilidad
ante la intimidación, las presiones y la fuerza. Armas y términos de la violencia son la
sumisión y la complicidad.
Podemos ir reconociendo, entre nosotros, alrededor nuestro, a diversas personas,
espacios y comunidades neutrales en medio del conflicto creciente y degradante al
mismo tiempo en el que vivimos. Todos, o casi todos, reconocemos algunos rasgos de
estos seres humanos que saben de neutralidad: son seres humanos íntegros –un rasgo
ético, ciertamente: integridad moral, integridad humana-, son incorruptibles e
intransigentes con la apariencia, las veleidades y los facilismos; son abiertos,
transparentes y directos –rasgos al mismo tiempo morales, lógicos y metodológicos-, y
son cálidos y joviales.
Si la neutralidad es posible, entonces es posible el cuidado de la vida ajena como de la
propia, y de la propia en función de y en correspondencia con la ajena. Michael Ende
acusa en La historia interminable cómo los espacios de Fantasia van siendo reducidos
por la Nada que elimina sistemáticamente toda realidad y posibilidad. El trabajo del
11
personaje central en la novela de Ende, Ataryú, no sabe de descanso ni de fatiga en la
defensa de Fantasia. Todo parece indicar que Fantasia y Neutralidad no son muy
diferentes.
Cómo es posible la neutralidad, significa en realidad dos cosas: de un lado, para quienes
no hemos sido (aún) víctimas de la violencia –secuestro, amenazas, desplazamiento
forzado, asesinato de nuestros parientes y amigos, etc.-, la neutralidad implica la
capacidad para fortalecerse a sí mismos contra y frente a las demandas, abiertas o
veladas, de polarización. Y deotra parte, para quienes hemos sido víctimas de la
violencia –ver caer muertos a nuestros padres, hijos, esposa o esposo, familiares,
compañeros y amigos; ver la tortura, la sangre, las lágrimas y el sufrimiento, la
impotencia-, la neutralidad significa la capacidad de perdón y volver a tomar la vida en
nuestras manos. El perdón no implica jamás el olvido. Pero en condiciones de ira, de
venganza, de rencor, de profundo odio, no somos dueños de nosotros mismos. Nos han
arrancado la vida y quizás ya nunca la tengamos. Así, la posibilidad de la neutralidad,
difícil en este segundo caso, equivale a la recuperación de sí mismos: creer en sí
mismos, en nuestros próximos, y vislumbrar, aún, un futuro. Y eso no es poca cosa.
Una observación puntual para finalizar. No niego que estas reflexiones tanto se
encuentren en cierta dependencia con el cuerpo difícil y complejo de los derechos
humanos (DH), del derecho internacional humanitario (DIH) y del derecho
internacional de los conflictos armados (DICA), como que puedan contribuir a ellos.
Distintos entre sí, estos tres tipos de derecho tienen, sin embargo, varios vasos
comunicantes. La bioética no es posible sin entrar en diálogo serio y profundo con ellos,
así como sin permearse a sí misma con respecto a ellos. No quiero entrar en una
presentación de los tipos de relaciones existentes entre los DH, el DIH y el DICA, pues
esa es una cuestión perfectamente distinta en el contexto de este texto. Pero sí es cierto
que la neutralidad es un problema irresoluto para cualquiera de ellos, los DH, el DIH y
el DICA. Creo que la bioética, y más específicamente un capítulo suyo, altamente
sensible desde varios puntos de vista, la biopolítica, sí puede contribuir a resolver ese
problema para los DH, para el DIH y para el DICA. Me refiero a las posibilidades de la
neutralidad.
Referencias bibliográficas
12
Maldonado, C.E., (2001). Filosofía de la sociedad civil. Bogotá: Siglo del Hombre
Editores (en prensa)
Randle, M., (1998). Resistencia civil. La ciudadanía ante las arbitrariedades de los
gobiernos. Barcelona: Paidós
Ternon, Y., (1995). El estado criminal. Los genocidios en el siglo XX. Barcelona:
Península
Descargar