La Roma imperial: los Flavios

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LA ROMA IMPERIAL: LOS
FLAVIOS
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Tras un tiempo largo con el especial sobre la Roma imperial en el «baúl», nos
disponemos a recuperarlo de nuevo para quitarle el polvo, y continuar así
sumando entradas sobre esta parte de la historia de Roma. En el «baúl del blog»
hemos guardado ya dos entradas sobre el final de la República -I y II-, otra
sobre el Principado y por último una sobre la familia Julio-Claudia. Ahora le toca
el turno a una nueva dinastía, la flavia.
Recuperado de nuevo este especial sobre Roma, vamos a ver la dinastía que
sucedió a la dinastía Julio-Claudia...
La sucesión de la familia Julio-Claudia
Tras el suicidio de Nerón, provocado por haberse quedado sin apoyos y a su
inestabilidad mental, Galba tomó el control del imperio, puesto que fue
proclamado emperador en Clunia -actual provincia de Burgos- por el ejército y los
pretorianos. Con el ascenso de Galba, se inicia el llamado «año de los cuatro
emperadores».
Una vez en Roma, el nuevo emperador instauró un mandato severo que acabó por
suscitar rechazo, debido a su dureza y a la falta de recompensa que obtuvieron los
pretorianos, por haberse sumado a la rebelión para destronar a Nerón. Por estos
motivos, en el año 69 los pretorianos asesinaron a Galba y proclamaron emperador
a Marco Salvio Otón, quien ya había mostrado interés en ocupar en ser
emperador.
Nerón, último emperador de la dinastía Julio-Claudia
De forma casi paralela a la proclamación de Otón, las legiones del Rin proclamaban
a su comandante, Aulo Vitelio, quien con el apoyo de las provincias occidentales y
del Senado, fue reconocido como emperador tras derrotar a Otón.
Pero por si no fuera suficiente con la sucesión de tres emperadores en tan corto
periodo de tiempo, en Oriente era proclamado Tito Flavio Vespasiano a manos de
las legiones asentadas en Oriente. Con el apoyo de los gobernadores de Siria y
Egipto y las legiones del Danubio, Vespasiano fue reconocido como emperador por
el Senado, tras la marcha sobre Roma de Marco Antonio Primo, quién derrotó a
Otón y ocupó la capital.
Termina así un año bastante agitado en la política romana, pues ésta vio como del
68 al 69 se sucedieron cuatro emperadores: Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano,
quien por último fue capaz de retener el poder.
Vespasiano (69-79)
Con Tito Flavio Vespasiano da comienzo la dinastía que da nombre a esta
publicación, los flavios, quienes van a dirigir Roma durante 25 años.
Busto del emperador Vespasiano
De origen itálico, el nuevo emperador proclama su fidelidad a los principios de la
tradición, gobernando con apoyo del senado, al igual que el modelo augustal.
Ocupó el cargo del consulado casi durante todo su mandato, renovando el senado
con itálicos y occidentales de la clase ecuestre.
Las intervenciones militares que llevó a cabo Vespasiano, tenían como objetivo
afianzar el poder romano en todo el imperio, neutralizando los efectos de las
guerras civiles en algunas regiones.
Si por algo podemos reconocer a Vespasiano, es por la labor pacificadora que llevó
a cabo en el imperio, puesto que desde los últimos tiempos de Nerón, Roma estaba
sumida en una guerra civil. Se ganó la lealtad del ejército, bastante influyente en la
política romana, puesto que se había erigido como los nombradores de
emperadores. Dio paso a la clase ecuestre en la administración. Roma entró así
pronto en un periodo de estabilidad.
Anfiteatro Flavio, el Coliseo, construido por Vespasiano, es una de los monumentos
romanos más característicos
En Oriente se acabó con la insurrección de los judíos, Tito, hijo primogénito de
Vespasiano, tomó Jerusalén y destruyó el Templo. Respecto al Senado, el nuevo
emperador supo mantener una buena relación, haciéndolo partícipe de todos los
asuntos del imperio. Impulsó la romanización, creando nuevas colonias y
expandiendo la la ciudadanía romana.
Vespasiano logró sanear las finanzas, que habían quedado bastante maltrechas en
el periodo anterior. Con ello, consiguió no sólo atender los gastos comunes de la
hacienda romana, si no que le permitió edificar ambiciosas obras públicas, como
el templo Capitolio y el anfiteatro Flavio, el famoso Coliseo.
En cuanto a la política exterior, Vespasiano no quiso sufrir riesgos, y se limitó a la
conquista de los Campos Decumates, para asegurar provincias limítrofes en la
Germanía. Con excepción de esta conquista, se renunció a cualquier otra
expansión.
Tito (79-81)
Muerto y divinizado Vespasiano, su hijo Tito le sucedió como emperador, quien ya
había mostrado ser un excelente militar. Pero a pesar de esta característica,
gobernó poco tiempo, y pasó por la política romana sin demasiada relevancia.
Durante su mandato, ocurren tres catástrofes: la erupción del Vesubio, la peste, y
un incendió que asoló roma durante tres días. La mayor fama que obtuvo Tito fue a
raíz de sus cualidades humanas en relación a estas catástrofes, mostrando interés
por aliviar las penosidades del pueblo, así, según Suetonio fue un emperador
ejemplar:
«No hizo daño a nadie, respetó los bienes ajenos y ni siquiera quiso recibir los
regalos de costumbre...»
Domiciano (81-96)
La desaparición de Tito dio el poder a su hermano menor Domiciano, quien en
poco tiempo mostró ser la parte opuesta de su hermano, pues aunque fue un eficaz
gobernante y administrador, demostró ser demasiado ambicioso y autoritario en
extremo: intentó instaurar una monarquía absoluta, relegó al Senado y exigió que
se proclamase su divinidad, llevó a cabo confiscaciones arbitrarias, demasiada
facilidad para condenar a muerte.
Sin embargo, aunque déspota, logró aumentar la eficacia de la administración,
incrementó la presencia de las clases ecuestres en la burocracia, se alejó de las
tradiciones orientales y reforzó con empeño las fronteras, se hizo más efectiva la
justicia y se amplió el derecho de ciudadanía. Déspota, pero alejado de los
caprichos de Nerón y Calígula.
Busto de Domiciano, emperador déspota, aunque buen administrador del imperio
Pese a su mandato riguroso, no tuvo que enfrentarse a ninguna rebelión de
importancia. No obstante, no pudo escaparse de las conjuras familiares que se
habían hecho endémicas en la familia flavia. Esta dinastía se extinguió tras ser
asesinado por una conjura donde participó su propia esposa.
Aunque extinguida la dinastía de los Flavios, dejaron una huella más que
importante para el futuro del imperio romano, pues la obra de estos emperadores
supuso una importante base para la Pax Romana, se prolongará casi un siglo con
los siguientes emperadores.
Vía | - Coord., Sayalero, M. Atlas ilustrado de la Antigua Roma. De los orígenes a la
caída del Imperio. Ediciones Susaeta. Madrid. - Roma en el origen de Occidente.
Ediciones Rueda (2002). Madrid.
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