Injusticia, daño, derecho del más fuerte y sanción máxima en el

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Injusticia, daño, derecho del más fuerte y sanción máxima en el último Platón
La muerte como castigo y su fundamento en Leyes.
Estado de la cuestión y revisión crítica del tema.
Meabe, Joaquín E.
Instituto de Teoría General del Derecho - Facultad de Derecho, Ciencias Sociales y Políticas - UNNE
Salta 459 - (3400) Corrientes - Argentina
Tel./Fax: +54 (03783) 423506 - E-mail: [email protected]
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Platón ( Carta II : 314 b )
INTRODUCCIÓN
Uno de los puntos más controvertidos del pensamiento de Platón acerca de la ley se relaciona con los tópicos
relativos a la injusticia, el daño, el derecho del más fuerte y el castigo, que se discute y detalla en los libros
III , IX, XI y XII de su inconcluso diálogo editado, al parecer, en forma póstuma con el título de C#/+
(Leyes ) por Filipo de Opunte poco tiempo después de la muerte del filósofo.
ANTECEDENTES
No vamos a reproducir aquí la interminable controversia acerca de la autenticidad de la obra, discutida a lo
largo de los últimos dos siglos sobre todo en el ámbito de la filología germana, cuya bibliografía puede
consultarse en la obra clásica de Werner Jaeger ( Jaeger, 1942-45), lo mismo que en el volumen IV del
monumental comentario de Herman Gauss ( Gauss, 1952) o en los más recientes trabajos de T.J. Saunders
(Saunders, 1976) , W. K. C. Guthrie ( Guthrie, 1978) y Eduardo García Maynez ( García Maynez, 1981-88).
A partir de los reparos planteados por Boeckh, a principios del siglo XIX, la opinión de los eruditos se
inclinó primero por la impugnación, el rechazo o la reserva y últimamente por una relativa aceptación que
no siempre satisface, no obstante la fervorosa y erudita reivindicación de Jaeger (Paideia, Lib.IV,Cap. X)
que exalta sus valores educativos frente a la censura de Ulrico von Wilamowitz Möllendorf (Wilamowitz,
1920, vol I: 654-655) que lo califica de conglomerado inarmónico y extravagante caos, ausente de plan,
pesado para la lectura y prescindible de cara al estudio del pensamiento del filósofo de la Academia. La
diversidad de opiniones y puntos de vista, en cierto modo, resultan inevitables por el tratamiento de algunos
temas que presentan una resolución no siempre coincidente con el resto de la obra anterior del filósofo y en
especial con el Gorgias o República que tienden a ocupar un lugar central en las exposiciones de su
pensamiento. Cualquier examen puntual, sin embargo, es probable que encuentre menos diferencia de las
que, de ordinario, anotan los comentaristas, a pesar de la notoria oposición entre el estado ideal de
República, que se concibe como un modelo destinado a medir y enjuiciar a los estados reales, y el Estado de
Leyes que se sitúa en un lugar concreto (Magnesia), cuyo emplazamiento describe con detalle (una zona de
la antigua ciudad de Magnesia, en la isla de Creta, a diez millas del mar, con recursos propios para la
subsistencia y puertos adecuados). Sea como fuere, lo que no deja de impresionar en Leyes es el tratamiento
que recibe la reivindicación del derecho del mas fuerte en el libro III ( Ley. 689e-690c) y la tópica de la pena
de muerte en los libros IX ( Ley. 854b-c) XI (Ley. 909a; 937c; 938c) y XII (Ley. 952c-d y 955d).
ESTADO DE LA CUESTIÓN Y ANÁLISIS CRÍTICO DEL DERECHO DEL MÁS FUERTE, EL DAÑO Y EL CASTIGO
MÁXIMO EN LEYES
No tiene, desde ya el derecho del más fuerte en Leyes la impronta que en República muestra el asunto a
través de Trasímaco ( Rep. 336a-354c) o la complejidad que en el Gorgias tiene la argumentación de
Calicles (Gorg. 481b-506a); pero no por eso se desdibuja su sesgo, desde ya contradictorio con lo sostenido
por Sócrates en Gorgias (481d-527e) y República (336a-354c), cuyo argumentación detallada hemos
examinado en nuestro libro El derecho y la Justicia del Más fuerte ( Corrientes, 1994).
Menos conservador que Trasímaco, que asocia el derecho del más fuerte con el interés o la conveniencia del
gobernante y más sutil que Calicles que reclama un reconocimiento de la necesidad control normativo de la
vida para aquellos que por naturaleza son los mejores, el Extranjero de Atenas sostiene, en Leyes (690a-c)
que el mando forzoso es conforme a la naturaleza y que este título o derecho ordena al ignorante ir detrás del
prudente que manda y guía. Hay aquí no solo un eco directo de Píndaro, a quien se cita expresamente, sino
también del sofista Gorgias que, en el Encomio de Helena utiliza este argumento ( En.H.: 6; DK, 82, B 11)
en favor de una jerarquía de mando que subordina el hombre a los dioses y el débil al fuerte. Por cierto,
conviene detenerse en la formulación de Leyes para entender mejor todo el desarrollo de esta singular vuelta
de tuerca en torno al derecho del más fuerte, que muestra una decidida variación respecto de los anteriores
diálogos cuya atribución al filósofo de la Academia no se discute como Gorgias y República. Los
presupuestos que incluye esa variación se exponen en el libro III de Leyes (689e-690c) y se vinculan con los
principios o axiomas relativos a la extensión y el fundamento de la autoridad relacionados con el gobierno
democrático de tipo ateniense - que no debe confundirse con el modelo examinado en la teoría de los tipos de
gobierno -, que el Extranjero de Atenas desagrega en siete órdenes o categorías en respuesta a la inquietud
de su interlocutor Clinias.
Para dilucidar tan complicada cuestión el Extranjero de Atenas establece los términos con arreglo a la
pregunta primaria acerca de la axiomática de la dominación : «JT w!I- ‡ Ž -#º -J
x'3J (Ley.690a ), a lo que él mismo responde con siete principios o títulos de legitimación que se
postulan como axiomas del dispositivo global de dominación : El primero se funda en el hecho de que los
progenitores gobiernan a sus descendientes, lo que vale al parecer tanto para la familia como para la ciudad.
El segundo axioma indica que el conjunto debe marchar detrás de los que detentan un linaje superior. El
tercer axioma indica que los mayores deben dominar a los más jóvenes. El cuarto establece que los esclavos
o siervos deben someterse y obedecer a sus dueños o amos. El quinto directamente establece que el más
fuerte domine y el más débil obedezca. El sexto, sostiene que esta dominación es conforme a la naturaleza , a
lo que agrega, finalmente, la posibilidad de que esa misma dominación, de manera restringida se someta a la
suerte de tal modo que si en el sorteo alguno es elegido para mandar será justo que lo haga pero si así no
resulta será igualmente inevitable que se retire, se someta y obedezca.
De esta extensa enumeración vamos a examinar solo aquel aspecto que hace al fundamento por medio del
cual se justifica en la naturaleza el ejercicio de la dominación. Dice el texto en el original : T $;%-#
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C#/ ‹C-7 w'3Ž wU #½ ?# %JQ//¥ (Ley. 690b-c); cuya traducción
castellana es la siguiente : Extranjero de Atenas: El quinto, considero que mande el más poderoso y el más
débil se someta a su autoridad. Clinias : Te has referido a una dominación necesariamente irresistible.
Extranjero de Atenas : Y el que resulta mas reconocido entre los seres vivos y que es conforme a la
naturaleza, como dijo antes el tebano Píndaro. Pero el mayor de todos los principios será, al parecer, el
sexto, que dispone que el ignorante debe ir detrás y el sensato guiar y dominar. Y esto, oh sapientísimo
Píndaro, no contradice el imperio de la naturaleza sino que es más bien el producto de ella, que es
asimismo la dominación de la ley sobre los que la aceptan como tal sin violencia.
Hemos traducido x'3J por dominación en lugar de mando no solo por que lo permiten los léxicos más
autorizados como el Greek-English Lexicon (Liddel-Scott-Jones, Oxford, 1966 ), el Léxicque de Des Places
(Des Places, 1964) y el Dictionarie de Pierre Chantraine, ( Chantraine, 1968), sino además por que, en
orden al derecho del más fuerte, antes que el mando (elemento empírico) lo que inordina el vínculo legal es
la relación normativa de sujeción obligatoria a un poder superior irresistible (elemento prescriptivo) que se
ejecuta con arreglo a un principio o axioma derivado de la naturaleza. Con arreglo a estos presupuestos, en
los que se combina la idea de dominación normativa con la de sujeción que se transforma en obediencia por
la necesidad de preservación de la ciudad, el diálogo Leyes justifica el máximo castigo, que consiste en la
muerte para los hombres libres a los que la ciudad encuentra culpables de aquellas violaciones a la ley
establecida para la cual sea ha impuesto previamente semejante castigo en beneficio de la preservación del
conjunto y de las costumbre y hábitos en lo que se educa a sus miembros; lo que, por otra parte, siempre se
insinúa como algo claramente orientado preservar a la ciudad del mal y a educar a los ciudadanos en el
cumplimiento de la ley, que no sería otra cosa que la realización del bien. Esto último - la ley como función
tutelar de la educación ciudadana - es, desde luego, concordante con el criterio sostenido en Gorgias y
República; pero nada indica que, de ello, se siga una extensión tal en la posibilidad de sanción que justifique
aquel máximo castigo sostenido en Leyes.
La imposibilidad de justificar el derecho del más fuerte, aun en la refinada versión de Calicles, inhibe y
torna insolvente el argumento que sutilmente se despliega en Leyes (689e-690c) para justificar el poder de la
ciudad en orden a la imposición de la pena de muerte. Por el contrario, el Sócrates del Gorgias asocia la
función terapéutica de la pena con la más absoluta preservación de la vida y así parece haberlo entendido
Roeder, el discípulo de Krause y fundador de la escuela correcionalista de derecho penal, en su tratado de
1839 titulado Comentatio an poena malum esse debeat.
Para Guthrie (Gutrhrie, 1978 ) la argumentación en favor el derecho del más fuerte, en Leyes, insinúa una
suerte de autoritarismo y la misma tópica de la pena de muerte le parece bastante ocurrente, aunque en
definitiva los propósitos se orientan en una línea destinada a establecer un orden razonable que aseguraría
una convivencia armónica y responsable, criterio que de manera similar anotan Leo Strauss ( Strauss, 1975)
y Eduardo García Maynez en la obra también ya citada. Strauss, por su parte, destaca al comentar el libro
tercero, que en orden a la democracia histórica de Atenas esta es no solo el reino de la ley sino tambien el
reino del más fuerte, de acuerdo a lo expuesto en Gorgias por Platón ( Gorg. 488d 5-10), y que, aunque la
superioridad en fuerza es siempre superioridad en fuerza corporal, esta fuerza también se manifiesta
naturalmente en la fuerza de la mayoría que se impone con el número al hombre superior que forma siempre
una minoría; lo cual (aunque no lo dice Strauss) legitimaría en la práctica el castigo máximo nada más que
como resultado del derecho del más fuerte, dándole un viso de justificación a lo que no es más que un
resultado del argumento de autoridad expresado en el axioma que funda la dominación y que no sería sino
un círculo vicioso, bastante parecido al que observamos en los regímenes actuales que justifican, de modo
similar, la pena de muerte con la excusa de su aparente valor educativo y disciplinario. Para delimitar los
ámbitos y justificar las sanciones, el diálogo Leyes propone una distinción entre w? y 9J, que
podemos traducir por injusticia (w?) y daño (9J). No todas las w? ocasionarían 9J
porque en muchos casos el acto injusto sería involuntario y no se debería cargar con una sanción penal a
aquel que no ha tenido una disposición anímica deliberada. El delito resulta así algo parecido a una
enfermedad del alma que demanda una cura adecuada, en tanto que el daño en si requiere siempre una
reparación.
CONCLUSIONES: OFENSA, INJUSTICIA, CRITERIOS ANTAGÓNICOS E INUTILIDAD DE LA PENA DE MUERTE
Hurtington Cairns ( Cairns, 1949 [cap.2, pags.29-76]), señala, a propósito de todo esto que, en orden al
derecho penal, para imponer un castigo debe determinarse el carácter de la ofensa y su existencia misma, lo
que origina dificultades que incluso hoy no han sido resueltas debidamente en la doctrina penal. Si la
medida del castigo fuera calculada con arreglo a la personalidad del delincuente y no en base a la ofensa,
dice Cairns, se revertiría el alcance de la pena para alcanzar al malo que resultaría sancionado por su propio
bien y, si así fuera, se podría sancionar al inocente. A la inversa, el castigo resultaría moralmente indiferente
porque la reparación sería objetiva y meramente restitutiva. Sin embargo, en ninguno de los dos casos se
advierte la ventaja educativa que tiene lugar con la pena de muerte; y, desde luego, no parece que lo que se
expone en Leyes fuera fácil de conciliar con lo que se sostiene en Gorgias y República, donde el bien no
impone una tutela ni depende de situaciones contingentes, y donde la educación de la 5/3= - que se traduce
impropiamente por alma - se orienta a la preservación armónica y responsable de la vida. En una posición
conciliadora Leo Strauss señala que en modo alguno podría Sócrates haber sido condenado a muerte, con
arreglo a las prescripciones de Leyes y opina que, seguramente con las normas que en este diálogo regulan
ese máximo castigo el maestro de Platón habría salvado la vida. El argumento es plausible, pero no evita la
contradicción apuntada más arriba entre la doctrina de Gorgias y República y la solución de Leyes.
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