BPHBTH90 ÜE GDBBEOS KOlfl. 113 S e p i a época-ÁDo XÍT

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TURO
BPHBTH90 ÜE GDBBEOS KOlfl. 113
TELÉFONO núm. 2.849.
Dios mío, Dios mío, ¿Por
a ballena, y a todo el que ha confiado
qué me has desamparado f en El.
(San Mateo, cap. 27.)
Sólo para Jesús el cielo se hizo de
bronce, y también el Padre hace semADA aflige tanto al hombre blante de abandonarlo.
Añádase a lo dicho que no hay en el
como verse abandonado
mundo
mayor crueldad que insultar a
de los suyos. Se sufre la
falta de consideración, el uno que se ve extremadamente afligido
olvido del beneficio recibido; pero el y añadir aflicción al afligido. Pues esta
abandono en el peligro o en la necesidad aflicción sufrió Jesús en la Cruz..
El mal ladrón que estaba a su lado coes amargo sobre toda ponderación.
Nuestro Divino Redentor lanzó un menzó a reprocharle y blasfemarle, difuerte clamor al cielo al sentirse abando- ciendo: "Si tú eres aquel Dios que te
nado de su Eterno Padre: "Dios mío. jactas, ¿por qué no salvas la vida a ti
Dios mío, ¿por qué me has abando- y a nosotros?" Con lo cual aquel impío
puso en duda si Cristo era verdadero
nado?"
Tres horas venía padeciendo en la Dios, y de tal manera le afrentó, que Diel buen ladrón, compadeciéndole,
Cruz, y no recibiendo de su Padre nin- mas,
tomó
1 a defensa, digún alivio, parecía que le había abandociendo: "¿Ni tú temes
nado. "Hubo, dice San Bernardo, un
a Dios, que estás en la
como abandono alH donde no hubo mamifm.r. condenación?"
nifestación de valor en tan grande neQue era como decirle:
cesidad."
Tu, reprochando a este
Y ciertamente es cosa de maravillar
hombre justo, muestras
que Jesús no mostrase particular sentique no temes a Dios y
miento de dolor ni por las espinas mi por
que no tienes juicio;
los clavos como lo mostró por el abandoporque estando tú en
no en que se veía.
el misnio suplicio y a
Mostró, pues, su dolor para que se enpunto de partir del
lendicra que tenía verdadero cueipo, y
mundo, debiste al meno fantástico, como deslizaron algunos
nos en este tiempo teherejes. Dice muy bien San Agustín, que
ner piedad de él, ya
Jesucristo tomó aquellas cosas que son
propiedades de la carne. Gritó con voz que tú eres compañero
grande para darse a conocer má3 q-ie en la misma pena. Tales eran las penas qCie
hombre
hombre-Dios.
Con razón el Centurión infirió de aqui sentía Jesús, que pusieron compasión a u n
?lo que escribe San Marcos: "Viendo el
Centurión, que así exclamaba cuando ex- en el corazón de un lapiró, dijo: Verdaderamente este hombre drón.
Mas no fué sólo el
era hijo de Dios."
ladrón
el que escarneExtraña en verdad que le abandonaran sus discípulos, que le hubieran des- ció a Jesús puesto en
conocido tantos hebreos, o curados por la cruz. Al mísir.o tiempo lo hizo también el
EJ en sus enfermedades, y aun los mispueblo,
1 o s soldados,
mos resucitados; pero que le abandonalos escribas, los magra su mismo Padre, ¡oh!, éste es un donates
y todos.
lor sin ejemplo.
Unos estando en pie
Porque ¿qué justo ha recurrido a Dios
delante
d e l a Cruz,
que no haya sido escuchado por El?
"Clamaron los justos—'dice el salmis- otros de paso, blasfemaban; otros acercánta—, y el Señor les oyó y los libró de
dose
de propósito ; los Beato AngéUoo.
todas sus tribulaciones."
Asi vemos que Dios libró a Noé del soldados poniéndole en
universal diluvio, a Abraham de manos irrisión y movimientos de cabeza, le carde los caldeos, a Lot del incendio de So- gaban de befa y de calumnias. El uno
doma, a Moisés y a Arón de la conjura decía: ¡Bah! Tú que destruyes el temde Datan y de Abirón, a Daniel del lago plo de Dios y en tres días le reedificas...
de los Leones, a los tres niños del fuego El otro: Sálvate a ti mismo; si eres hijo
del horno de Babilonia, a Susana de la de Dios, desciende de la Cruz. Y otras
calumnia de los falsos viejos, a Elias de horribles blasfemias decían contra él.
la rabia de Jezabel, a Jonás del seno de
Traspasada la Santísima Virgen por
S e p i a época-ÁDo XÍT-Kúin. eiíraorfllDarío
OUINOE
CÉNTIMOS
Aparte de que Ips ultrajes hieren al alma más qt:e las espadas al cuerpo.
Por eso el santo Job, después de haber tolerado con paciencia tantas calamidades en la riqueza, en los hijos, y
hasta en sí mismo, no pudo sufrir las
palabras mordaces de sus amigos, y dijo:
"¿Hasta cuándo afligís mi alma y me
entristecéis con vuestros razonamientos?"
TRÍP
tantas saetas de dolor cuantas eran aquelias voces sacrilegas, hallábase profundamente consteraada en su ánimo. Y con
razón, porque las injurias que se hacen
a un hijo a vista del padre o de la madre son injurias que hieren igualmente
al hijo y a los padres.
Y si el joven Moisés, habiendo visto
No ya solamente los que se apellidan
intelectuales, a la moderna han abandonado a Jesucristo, negando su personalidad y filiación divina, burlándose de su
poder, de su Real Majestad y de su celestial doctrina, reputándole puro hombre y relegando a! olvido sus civilizadoras enseñanzas.
Es también una parte de la masa social, que se llama pueblo, la que, presEs muy de admirar que el Redentor, tando oídos a falsos redentores, ha abanen la Cruz, en vez de mirar los espas- donado a su verdadero Padre y Redenmos de su propia agonía, pusiera toda tor, ha desertado de las fuentes de vida
solicitud en cumplir cuanto el Eterno y ha ido a beber las turbias aguas de la
Padre había decretado para la salud del incredulidad.
mundo y cuanto había hecho predecir a
Al alejarse en mal hora de la Santa
los antiguos profetas.
Iglesia Católica, verdadera esposa de
Por eso, habiendo sorbido el vinagre Jesucristo, le desconoce, le persigue en
y la hiél, conforme al sus miembros, que son los sacerdotes y
vaticinio de David, le- verdaderos católicos, y se deja arrastrar
vantando f uertemente por las corrientes de la civilización mosu voz, dijo: "Todo es- derna.
tá consumado."
Los nuevos apóstoles de la impiedad
Y así como el Señor han dicho al pueblo, y éste lo cree, que
cumplió la creación del la Iglesia es amiga del rico y enemiga
mundo en el sexto día del pobre; y no ha sido menester más
y después reposó en el para aborrecerla y alejarse de sus temséptimo, así en la feria plos. ¡ Funesto engaño!
sexta acabó Jesús 1 a
La iglesia ama de veras al pobre y al
obra de la redención, y rico; a éste predica la caridad para con
en el séptimo día del el pobre, y a éste recomienda el respeto
sábado reposó en el a los mayores en saber y gobierno; quiesepulcro.
re verdadera armonía entre todas las
clases
sociales y que todos se consideren
Y si Noé gastó cienaños en fabricar el ar- como hijos del mismo Padre celestial.
Los enemigos de la Iglesia proclaman
ca en la que se salvaron solamente o c h o el odio a las clases, el enojo contra los
personas, e l Redentor, ricos, la insubordinación contra toda
en un solo día, sobre autoridad y la revolución contra el ore 1 arca mística de 1 a den establecido por Dios.
cruz, llevó a término la
Mira, pueblo, que te seducen los que
salvación d e todo el te adulan. Los enemigos de Jesús indugénero humano. Jesu- jeron al pueblo a que pidiera la libertad
cristo, con un solo sa- de Barrabás y la muerte de Cristo. "Caicrificio , consiguió 1 a ga su sangre sobre nosotros y sobre
eterna salvación de sus nuestros hijos" dijeron, y en efecto,
escogidos, como dice el cayó para su eterna reprobación.
Apóstol.
Lo mismo hacen hoy los impíos: arrei Oh, cuánto deben batan al pueblo inconsciente la fe, colos hombres a Cristo rrompen sus costumbres, y una vez susu redentor, y cuan mal gestionado, fácil les es precipitarle en el
le corresponden!
abi.'ímo de la perversión.
Te ofrecen, ¡oh pueblo!, el pan mate"¡Qué mal te he heGalería Coralnl.—Roma.
TICO
cho,
pueblo mío—ex- rial que alimenta el cuerpo y te arrebaultrajar de palabra a un hebreo paisano clama Jesús—, qué más he podido hacer tan el pan de vida, que es la fe y la casuyo por un egipcio, se ofendió de tal por ti que no haya hecho! Y sin embar- ridad, sin la que no puedes salvarte.
Mira quién te atiende en los días de
manera que desenvainando el puñal lo go, me pagas mal."
aflicción
y conocerás quién es tu verdamató y enterró en la arena, ¿cuánto más
Justificada es la queja de Jesús, pordebieron conmover las entrañas a Ma- que en verdad son muchos los cristianos dero amigo, si el sacerdote ministro de
ría viendo cargado de tantos imprope- que le han abandonado; algunos, apos- Dios o el apóstol de Satanás.
rios a su hijo, que no era un simple tatando de su fe, niegan su divina miEL OBISPO DE TORTOSA.
compatriota, sino un hijo, y divino hijo? sión y redención del género humano.
*^ld
MNMMIMMMMMM
^^^M«M«M^M<MMM«
Arístides Sartorio. - Domingo de Ramos.—/?o/na.
F ú n d a l o en 1875.
Arístides Sartorio —El lavatorio de Pilatos.
Roma.
Aristides Sartorio.—La. Flagelación.—Tío/na.
E L [SIGLO
FUTURO
sudor de sangre, las cicatrices con la
mayor frescura, y gran escándalo de los
buenos afirmando qu€ jamás sudó sangre el Divino Salvador del mundo, y que
la Humanidad fué tomada y recibida en
la Divinidad como una simple gota de
vinagre echado y consumido entre las
olas del Océano. Y todo esto, a pesar
de haber no pocos piadosc; católicos,
que hasta nos ofrecen el númtio de gotas emanadas de la carne sacrosanta del
Señor, por el número de flores que, según ellos, nacieron allí donde cayeron
las gotas. Todo lo cual ofrecerá dudas a
muchos; pero confirma la creencia universal, tradicional del hecho estampado
por el Espíritu Santo en el Evangelio
de San Lucas.
BBouela española.
J B S Ú S CON L A CRUZ A CUESTAS
Los intérpretes y comentaristas de los
libros santos del Antiguo Testamento,
señalan como profecía simbólica de la
oración, agonía y sudor sanguíneo aquello del Salmo 21 de David, donde exclama de esta forma:.
"Derramado he sido como agua y
descoyuntado se han todos mis huesos;
como cera junto al fuego se derritió dent-o del pecho mi corazón."
Quieren los Santos Padres ver en estas palabras la trisi'eza mortal y tan espantable que produjo el sudor sanguíneo
en Cristo agonizante. Razón tiene un
piadoso autor moderno para exclamar:
"Ve aquí a Dios todo ensangrentado,
verdadero varón de dolores y de temores también. Esto es batallar las batallas
del Señor; resistir por su gloria hasta
derramar la sangre; manar sudor, no
oler a ungüento; derramar sangre, no
brillar con púrpura; salir ensangrentado
del campo de batalla, aun antes del combate."
Ahora, que este nuestro Divino Capitán, preveía muy bien la flagelación, la
corona de espinas y la cruz ignominiosa
en que había de morir para darnos vida
a los mortales.
Paréceles a algunos exagerada la tristeza y amargura, oprimiendo tanto el
corazón de Cristo, que por todos sus poros saliese al exterior sudor copioso de
sangre y agua, hasta regar la tierra;
pero se comprende la exageración en in-
Galena Doria, Roma.
teligencias desconocedoras de la Majestad perfectísima, infinita de Dios y de
la gravedad incomparable del pecado,
conculcador, despreciador de tan soberana Majestad. Por eso dejó escrito el
mismo autor, Stanihursto S. J., antes
aludido:
"Si alguno conociese perfectamente la
gravedad del más mínimo pecado, y, al
mismo tiempo la Majestad y bondad de
Dios ofendido, no le quedaría vena en
el cuerpo que no se abriese con la vehemencia del dolor; por todo su cuerpo
sudaría sangre; se le erizarían con el
horror todos los cabellos; le faltarían
las fuerzas; se le rasgaría el corazón;
se le rompería el pecho; se le quebrantarían los costados, y, finalmente, oprimido de la inmensidad del dolor, caería
repentinamente en tierra desmayado y
muerto."
Como remate de todo ello, y viendo
abiertas las • venas sacratísimas del Señor, podemos ahora repetir con el Apocalipsis de San Juan (cap. V, 9):
"Redimido nos has con tu sangre
para Dios.—Redemisti nos Deo sangninetuo."
;
JOSÉ FERNÁNDEZ MONTAÑA.
Presbítero.
El Mimetismo de Pílalos.
NTRE los fenómenos curiosos que nos presenta la
Naturaleza ocupa ciertamente señalado lugar el
conocido con el nombre de mimetismo.
Por mimetismo (miníeles en griego
significa imitador) se entiende la propiedad que tienen algunos animales y
ciertas plantas—muy particularmente las
orquidáceas—de copiar o imitar ya la
coloración del suelo, ya la de las plantas sobre que viven, como ocurre en varios animales, o bien las formas de los
animales que las visitan, como acontece
principalmente con los vegetales.
Esto no acontece al acaso, sino con un
fin, aunque inconsciente, marcadamente
utilitario en alto grado providencial.
El armiño, por ejemplo, ofrece dos
pelajes diferentes: uno blanco, de invierno, que le capacita para vivir en parajes
cubiertos de nieve, y otro pardo, de verano, imitando el tinte de la superficie
del terreno. De esta suerte, copiando la
coloración del medio ambiente que le rodea, en toda época puede ocultarse, pasando inadvertido a la vista de sus enemigos.
Y lo que llama aún más poderosamente la atención es que sobre este mimetismo pasivo, sin intervención directa alguna por parte del animal, existe eí mimetismo activo, que puede ser voluntario, y sólo dura el tiempo que al animal
le conviene disimular su presencia, ya
para librarse de sus enemigos, ya para
pasar inadvertido a sus infelices víctimas.
* * *
Séanos permitido hacer una ligera
aplicación al mimetismo humano, si es
que es lícito hablar así.
El hombre es animal racional. Con harta frecuencia, por desgracia, aparece lánguida en los actos humanos la vida de la
razón, y aparece espontáneamente en
ejercicio el otro constitutivo de nuestra
especie.
'
Y como la carne y sangre—según
frase de Jesucristo a San Pedro—^no son
valerosas para confesar a Cristo, de ahí
que el catolicismo de muchos, presente
rasgos multiformes y cambiantes variadísimos de intermitente laicismo, que es
un verdadero mimetismo moral muy digno de análisis y de estudio, capaz de desorientar a inteligencias poco firmes y a
voluntades llenas de cobardía y vacilación, tan numerosas en épocas de acentuadísima decadencia, como la actual por
'la que atravesamos.
El lema de estos hombres es la prudencia, que no es otra sino aquella de la
carne, condenada por el Apóstol, esencialmente tornadiza y mimetista.
El padre y maestro de su conducta
transaccionista, Pilatos.
¡ Qué buena voluntad tan criminal la
suya!
¿I^Sudó Sangre Nuestro Señor Jesucristo?
[o se puede dudar. El Evangelista San Lucas (cap. 22)
y San Mateo, lo declaran
terminantemente de esta
manera: "Coepit pavere et taedere et
maestus esse, faetus est sudor eius sicut
guttae sanquinis decurrontis in terram",
lo que en nuestro romance viene a ser:
'•('omenzó a entristecerse y angustiarse,
y fué el sudo'- suyo como gotas de sangre que corría hasta la tierra." Ya se
sabe: como Nuestro Señor es Omnipotente, agonizó en el Huerto consabido
de Getsemaní, cuando quiso, y no en la
Cruz, y asimismo exhaló su postrer, suspiro, pronunciando con fuerte voz el
('omumatum est, que no hacen los demás moribundos. En obras y palabras
manifestó al mundo el Divino Redentor
su poder infinito en esto y en todo.
Arriba queda dicho: no poderse dudar, ni por el buen católico negar, que
Jesucristo, Dios y Hombre verdadero,
sudó realmente sangre en su agonía.
Porque habiendo decretado el Santo
Concilio Tridentino, en la cuarta sesión,
deberse tener y recibir como canónicos,
en todas sus partes, los libros íntegros
de las Sagradas Escrituras, según que
de costumbre son leídos en la Iglesia
Católica, y se ofrecen sagrados en la edición Vulgata, y como por otra parte se
ostenta tan admirable sudor en el lugar
citado del Evangelio de San Lucas, probada está la realidad d d sudor sanguíneo en el Huerto susodicho.
Los arríanos intentaron negar la verdad de haber sudado sangre el Señor;
y abusaron mucho del texto evangélico
arriba señalado; porque negadores todos ellos ide la Divinidad de Jesucristo,
afirmaban ser indigno de Dios tan extremado sentimiento y dolor, que le hiciese manar por los poros de su cuerpo
sacrosanto goías de agua y sangre, todo junto, hasta regar la tierra sobre la
cual oraba angustiosamente al Eterno
Padre, por las vanas y pecaminosas alegrías del género hvunano; y como nota
San Bernardo, por las de cada uno en
particulsgr. Pero el referido pasaje de
San Lucas, claro y literal, confunde
el arrianismo y a todos sus seguidores,
los racionalistas de nuestros tiempos. Ni
los antiguos secuaces de Arrio, ni los mo-
dernos racionalistas, enemigos ciegos die
lo sobrenatural, recapacitaron bastante
que Nuestro Señor, con milagros estupendos, mostraba muy claramente su Divinidad ; con el sudor de sangre y demás
padecimientos, durante su corta vida'
mortal, desde el pesebre hasta la Cruz,
su humanidad.
Benedicto XIV, en su obra magna y
eruditísima, de Canonizat
Sanctorum,
capítulo XXVI, y en el no menos famoso y fundamental libro "De Festis D. N.
Jesu Christi", libro I, capítulo VII, Feria VI In Parasceve, expone este mismo
punto, y prueba contra la familia vieja
arriana, acorralada y fustigada terriblemente por San Atasio, y contra la gente
vitanda racionalista moderna, que el sudor sanguíneo del Hijo de Dios encarnado, fué real y verdadero. Poco o nada
menoscaba esta evangélica verdad haberse fijado algunos, amigos de dudar
de todo, en el adverbio comparativo sicut; porque el mismo sabio Benedicto
Papa prueba allí que tal palabra, no
siempre comparando niega, sino que muchas veces, como en el presente caso,
afirma. Sin tener en cuenta que otros,
no pocos, dic^n que esa voz adverbial
se refiere a las gotas que, hilo a hilo,
corrían hasta el suelo; mas no de modo
alguno a la verdad y realidad de la sangre.
El Grozio, escritor hereje, y todo, en
su tratado De sudare Domini nostri Jesu Christi sanguíneo, con el testimonio
de los Padres Doctores de la Iglesia antiguos, demuestra la realidad del sudor
de sangre de Nuestro Señor, sin que
obste a esta verdad la' falta del texto
evangélico en algunos códices; puesto
que lo ofrecen muchos otros de veneranda antigüedad, ni mucho menos, el
vocablo sicut comparativo, por referirse ciertamente a las gotas (fuit sudor
eius similis guttis) que caían del sagrado
cuerpo hasta la tierra. Al escritor hereje se asocia en la manera de juzgar el
punto aquel otro heterodoxo. Sagitario,
quien acerca de lo mismo, en su Harmonía histórica sobre la pasión de Cristo,
defiende haber sido real y positivo él
sanguíneo sudor, aunque observando
con varios autores pontificios (católicos)
que, entumecida la sangre en las venas
de la sacra humanidad del Señor, se
acrecentó; pero por los esfuerzos de la
tristeza, amargura y del dolor, rompió
y salió en gotas sanguíneo-acuosas al
exterior, como San Lucas manifiesta.
Entre los errores de los armenios, señala el carmelita Guido el relativo al
•vo
CV-*
A LA 5ANTA CRUZ
Árbol divino y santo,
Y nunca entre las selvas producido.
Fértil y hermoso tanto,
De cuyas ramas vio la tierra asido
EJ fruto más sabroso,
Cándido, puro, virgen, limpio, hermoso.
Árbol de la victoria,
Del príncipe de paz, ilustre planta
Digna de eterna gloria.
Trofeo que a los cielos se adelanta,
Pues sobraste a las manos
Que trazaron sus orbes soberanos.
Ara donde el cordero
Llegó al cuchillo, humilde, manso y mudo,.
•o
Que, si el Isaac primero
Hallar defensa al sacrificio pudo,
En ti desamparado
Murió el segundo de su Padre amado.
Cruz que siendo desprecio
Por consagrarte aquel dichoso día,
Llegaste a tanto precio
Que se te debe culto de latría,
Esos ramos extiende,
Y en su divina sombra nos defiende.
j Oh cruz alma I i Oh suave
Camino al Cielo, ponte intercediendo.
Como del Cielo llave,
Cuando el proceso de mis años viendo
Esté quien en ti expira
En medio de mis culpas y su ira.
LOPE DE VEGA.
John Van Sonreí.
CRISTO EN L A CRUZ
Galería Coralnl.—Roma.
EL SIGLO
Declara que no encuentra causa ni razón suficiente para condenar a Jesucristo ; y, por acomodarse al medio ambiente
que le rodea y no incurrir en Jas censuras de sus enemigos, de los escribas y fariseos, del pueblo, del César; por no
afrontar la situación con valentía, le
compara con Barrabás; siendo posipuesto
a tan afamado y perverso ma'.hechor, le
manda azotar, como mal menor, y, al
fin y a la postre, después d e n o conseguir
nada con tanto equilibrio y debilidad, termina por condenarle, entregando el Justo a la furia desenfrenada de los que pedían a gritos su sangre.
Esta conducta no es recta y está execrada por la indignación de la piedad secular, que, al recitar el passus siib Pontio
Pilato y moverse a compasión recordando los dolores acerbísimos del Redentor,
tiene que mirar lógicamente con horror
al verdadero causante de todos ellos: Pilatos.
Nosotros insistiremos, abominando de
tanta cobardía y criminal blandura, en
las palabras antimimetistas del Salvador: Para esto nací y- vin-j al mundo,
para dar testimonio de la verdad.
Debe ser el testimonio de la verdad,
según el ejemplo de Jesucristo, un testimonio franco, leal, sincero, valiente e
intrépido, sin atenuaciones ni disimulos
pilatescos, que arrostre con fortaleza
todo género de dificultades antes que
abandonar la defensa de la verdad perseguida.
¿Porr ventura le faltaba a Cristo ta-
lento, sagacidad, sabiduría, fascinadora*
elocuencia para triunfar de Pilatos y
Heredes por esos medios acomodaticios
y mimetistas de que tanto se vanagloria
el mundano oportunismo?
Cristo era mucho más diplomático que
todos ellos, y le sobraban recursos humanos, de influencia natural y humana,
para burlar todas sus tretas y emboscadas. Mas no se trata de nada de eso.
Pictóricos tales recursos de utilidad propia y vacíos de abnegación, no eran aptos para redimir al mundo que exigía
inmolación y sacrificio.
Consecuencia: no fueron aptos entonces, no lo serán nunca; porque la
sociedad no puede salvarse si no es por
Jesucristo, siguiendo sus enseñanzas, sus
procedimientos, sus huellas. Repugna
que la sociedad se salve por aquellos
medios y caminos de mimetismo moral
y pilatesco que condenaron a muerte a
Aquel que es la resurrección y la vida de
\a'^ sociedades.
FUTURO
Al curioso lector que no esté en autos
de lo que era aquel folleto-acontecimiento
(que así le llamaba lord Russell, ^ministro
de Estado en Inglaterra), le bastará saber por ahora que fué compuesto por un
servidor de Napoleón I I I y por mandato
del mismo Emperador; que Napoleón III
(sin cuyo auxilio no habría despojado
del Poder temporal Víctor Manuel al
Papa) hablaba del Papa y de la Iglesia
en el tal folleto con mucho comedimiento y mesura; que el tal escrito era dulce, suave y meloso en la corteza, pero
impío, inicuo y revolucionario en la miga
o en la doctrina, puesto que tiraba nada
menos que a derribar el Pod-er temporal
del Vicario de JESUCRISTO. Por lo cual,
el día I de Enero del año de 1860. Su
Santidad Pío IX calificó públicamente
aquel folleto imperial de monumento insigne de hipocresía; tejido burdo de contradicciones, pero tejido innoble, amén
de burdo.
Mas antes de ser anatematizado por cl
Papa fué condenado (como ya se ha di •
cho) por el intrépido Obispo de Poitiers.
He aquí ahora los párrafos más valientes y famosos del Cardenal Pie en la
referida Pastoral:
II
"Así como la Cirugía moderna (decía
el sucesor de San Hilario) ha logrado
dar con una substancia que tiene la virtud de anestesiar los sentidos corporales
durante las operaciones quirúrgicas, así
los enemigos de la Iglesia han inventado
este folleto, que es un linaje de droga
muy sagazmente confeccionada, y de la
cual se exhalan vapores sutiles y estupefacientes (como dirían los médicos), y
con los cuales vapores se anestesia el cerebro de toda una nación, se la infunde
un sopor dulcísimo, rico y fecundo er
risueñas imágenes y en dorados ensue
ños...; y mientras tanto, los cirujanos del
infierno amputan a Francia su Religión.
E L MAGISTRAL DE C.\DIZ.
su fe y su honra."
Después de esta pintoresca indirectillTt
cobosiana, enderezada contra todos los
enemigos del Poder temporal, se encaraba monseñor Pie con Víctor Manuel, Rey
entonces del Piaünonte, amigo ya de Napoleón I I I y principal actor de la sacrilega tragedia, y le flagelaba sin miseritado en el registro de sospechosos, que el cordia, pero con justicia seca; con Jo
ministro de Cultos. M. Fartoul, escribió cual no hacía Su Ilustrísíma ni más ni
de su puño y letra al insigne Obispo una menos que adelantarse al juicio y fallo
epístola (muy mal tejida por-cierto), en de la Historia imparcial.
Pero al llegarle la vez en la Pastoral
la cual le perdonaba la vida al Prelado,
haciéndole sabedor de que por aquella a Napoleón H I , cómplice de la iniquidad
vez, y solaanente por aquella vez, no de- sacrilega que £e estaba urdiendo entre
nunciaría el Gobierno al Consejo de Es- bastidores, he aquí las famosísimas palabras de monseñor Pie, palabras dignas
tado la referida valentísima Pastoral.
Monseñor Pie leyó la carta, se enco- (como diría nuestro Cervantes) de pingió de hombros, se sonrió y siguió tran- tarse en tablas, de esculpirse en mármoquilamente su camino. Y tan siguió su les y de entallarse en bronces; palabras
camino y tan perseveró en sus trece, que tan celebradas siempre entre los católicuando apareció el famosísimo folleto in- cos íntegros del mundo entero; palabras
titulado El Papa y- el Congreso, aconte- que cien veces comentaron con delectació que el gran Obispo, sin encomendar- ción morosa Gabino Tejado, Ramón Nose al diablo (pues nada tenía que ver con cedal, Sarda y Salvany, y cuyo eco sosu Diahlencia, como diría D. Francisco noro, vibrante, magnífico, resuena casi
de Quevedo), condenó muy solemnemen- todos los años por Semana Santa en las
te y con todas las de la ley aquel folleto, columnas de E L SIGLO FUTURO cuando
que tanto ruido y tanta baraúnda logró las aplicamos a los católicos de balancín,
meter a mediados del siglo xix en todas de barniz o de madriguera, como dirían
Pío IX, León XIII y Sarda:
las naciones de Europa.
La verdad, únicamente el testimonio
de la verdad, nos hará libres, aunque a
esos esplendores de resurrección lleguemos después de haber apurado el cáliz
del abandono, después de recibir el abrazo del falso hermano y la lanzada del
inhumano sayón, después de sufrir todos los dicterios y persecuciones y horas amarguísimas que envuelven el d'a
solemne, augusto y reparador del Viernes Santo.
De Herodes a Pilatos.
¡E entre los Obispos franceses del pasado siglo decimonono nadie pasó de
vuelo al Cardenal Pie,
Obispo de Poitiers, en erudición, en sabiduría, en santa fortaleza, en amor a la
Santísima Virgen ni en devoción ardiente a la Santa Sede Apostólica en medio
<ie los últimos estertores del galicanis•^o, que fué siempre perniciosísima peste de Francia, como el liberalismo lo
fué después en todo el mundo.
Desde la primera magnífica Pastoral
que enderezó el inmortal Obispo a sus
diocesanos en 1855, y de la cual salieron
maltrechos todos los errores contemporáneos, ya le tenía apuntado a monseñor
Pie en el libro verde el Gobierno imperial de Napoleón; de Napoleón III, que
era casi dueño y señor del mundo por
aquellas calendas. Y tan le tenía encar-
Marcelo V.nustl.
"Hace ya diez y ocho siglos (decía
magníficamente monseñor Pie), hace ya
diez y ocho siglos bien cumplidos que
existe una breve pero muy jugosa profesión de fe católica, contenida en doce
artículos, y profesión de fe que recitan
diariamente los labios de todo fiel cristiano en todo el mundo. Y en esta secular profesión de fe, qiie se llama el Símbolo de los Apóstoles o eJ Credo, están
esculpidos entre los nombres adorables
de las tres Personas de la Trinidad Beatísima otros dos nombres propios: el dulcísimo nombre de MARÍA, mil y mil veces y millones de veces bendecido, y el
nombre mil y mil veces y millones de veces execrable del hombre que mandó matar al Hijo de Dios.
"Ese hombre no fué Herodes, ni Judas, ni Caifas, ni ningún escriba, ni ningún fariseo, porque ni ilos fariseos, ni los
escribas, ni Judas, ni Caifas, ni Herodes,
aunque tuvieron tanta parte en la Pasión y Muerte de Cristo, nada hubieran
logrado sin la intervención de PONCIO
PILATO.
"Lávate, pues, las manos, ¡oh, Pilato !; lávatelas, y haz pública protestación
de que eres inocente en la crucifixión y
muerte de Cristo. Pero, no embargante
tu lavatorio y tu protestación, la Iglesia
dirá y cantará mil veces cada día hasta
la consumación de los siglos el Passus
sub Pontio Pilato : "¡ ¡ Padeció debajo del
poder de PONCIO PILATO i!"
LA
DOLOROSA
Galería Corslnl.—Soma.
riBDAD
tos Apóstoles cuando ibant gaudentes, se
regocijaba en el Señor por haber sido
hallado digno de padecer contumelia por
el Nombre de JESUCRISTO.
Cumplida la condena, ordenó el Gobierno imperial que una ronda volante
de policías siguiese siempre devotamente los pasos y andanzas de monseñor Pie.
Los esbirros imperiales no le perdían de
vista de día ni de noche; seguíanle por
todas partes; vigilábanle como a un criminal fichado; no dejaban tampoco en
paz a sus sacerdotes, y copiaban taquigráficamente (para conocimiento de los
ministros) los discursos y sermones del
Prelado insigne.
En dos años seguidos no pudieron coger en ningún renuncio (digámoslo así)
ai Obispo de Poitiers, hasta el día de San
Pedro del año de 1861, siendo también
muy digna de ser contada la breve pero
regocijada historia de lo que en tan solemne día como el de San Pedro aipóstol
aconteció.
Pinioateoa Vatloiaa, Soma.
—Hola, hola; pues esto es peor que
lo de Pilato.
—i Al Gobierno con él!
Y otra vez fué denunciado, pero no ya
al Consejo de Estado, sino a Roma. El
Obispo declaró que ni siquiera ihabía
cruzado por su imaginación el pensamiento de h^icer ningún paralelo entre
Napoleón y Herodes. "Caiga, pues (añadía), caiga sobre esos servidores de Su
Majestad Imperial la torpeza de haber
hecho tan gratuitas suposiciones. Mas
por lo que a mí hace no me. arrepiento
de haber hablado de las persecuciones
del primer Papa, máxime si se considera
que esta es la hora en que tantas iras se
desencadenan contra el Vicario de J E SUCRISTO, y que esta es también la
hora en que uno de sus enemigos más
formidables (el conde de Cavour) acaba
de bajar a la tumba y de comparecer
ante el Supremo Tribunal del Juez de
vivos y muertos."
V
IV
Aquel día era fiesta de primera clase
en la catedral y diócesis de Poitiers, de
las cuales es cabalmente patrón el santo
Apóstol; por lo cual en los Oficios de
tan solemne fiesta tuvo que subir al pulpito monseñor Pie a predicar al pueblo
la correspondiente homilía, }' en ella tuvo
que hablar de la persecución del primer
Vicario de Cristo, es decir, del rey HeIII
rodes, perseguidor de San Pedro.
El tema tenía en ascuas no solamente
Bramaban de rabia Napoleón I I I y a la ronda volante de esbirros, sino al
sus ministros cuando leyeron y rumia- mismísimo prefecto de aquel departaron esta Pastoral, en donde con tanta mento francés, que, escondido y casi agapropiedad y con tan apostólica valentía zapado en una-tribuna, era también oyenun Obispo francés llamaba Pondo Pilato ' te del Obispo.
nada menos que a su propio Monarca y
—"¡El rey Herodes (se dijeron), perEmperador.
seguidor del primer Papa! Pues indirecSacáronse, pues, sin tardanza a relucir ta cobosiana tenemos otra vez contra el
leyes antiguas y regalistas, que ya esta- Emperador. En la Pastoral de marras
ban arrinconadas y en desuso; leyes que fué comparado con Poncio Pilato. Milaallá en los días de Napoleón I habían gro será que ahora no le compare Su
sido forjadas contra la Iglesia, y monse- llustrísima con Herodes."
ñor Pie fué procesado y condenado el
Entre tanto, el Obispo explicaba a los
Miércoles Santo, y Napoleón I I I firmó la fieles (y los taquígrafos policíacos iban
sentencia el Sábado Santo del año de gra- apuntando) quién era este rey Herodes
cia de 1859. Pero, entretanto, llovían des- perseguidor del primer Papa,
de todas partes enhorabuenas, felicita—"No era Herodes Ascalpnita (decía
ciones y parabienes enderezados al va- monseñor): éste fué el perseguidor y marón apostólico, al intrépido Obispo, al tador de los Santos Inocentes. No era
dignísimo sucesor de San Hilario de Poi- tampoco Herodes Antipas: éste fué el
tiers, al valentísimo defensor del Poder que matndó degollar a San Juan Bautistemporal del Papa, al que, como los San- ta, precursor de Nuestro Señor. El rey
Herodes de quien ahora se trata era He-odes Agripa, hijo de Aristóbulo, es decir, era Herodes tercero."
¡ Aquí fué Troya i
—Ya cayó (decía un policía).
—^¿No lo dije? (exclamaría el preA cuestas lleva el Verbo Soberano
fecto).
La dura cruz, de intolerable carga,
Para aliviarte, pecador cristiano,
t—La alusión es un tiro.directo contra
De aquella cruz eterna, triste y larga;
el Emperador.
Hoy vuelve dulce el rico cortesano
—Hombre, ¿por qué? (preguntaba
De nuestra culpa la pobreza amarga;
uno de los más lerdos).
Hoy Isaac su propia sangre empeña
—No seas mastuerzo: bien claro ha
y ¿1 mismo lleva al sacriñcio leña.
dicho (y no en latín) que ahora se trata
de Herodes tercero, es decir, de NapoLie. JUAN LÓPEZ DE UsnaJA.
león' IIL
A Cristo llevaHilo la Croz a [oestas.
Quldo Renl.
LA
Por fin se calmaron aquellas borrascas
contra el insigne Obispo de Poitiers; y
hasta llegó un día (el 26 de Febrero de
1868, por más señas) en que, con motivo
del Concilio Vaticano que ya se avecinaba, tuvo que hablar monseñor Pie con el
Emperador; al cual, por cierto, le dio un
advertimiento saludable, que no solamente fué advertimiento, sino también verdadera profecía:
—"Señor (le dijo), no olvide nunca
Vuestra Majestaid Imperial dos cosas,
conviene a saber: que la libertad que
ahora piden los radicales es libertad para
destronaros, y que las dinastías que han
reinado en Francia solamente han perseverado en el trono mientras han guardado fidelidad a JESUCRISTO."
El cetro de caña de JESUCRISTO es,
efectivamente, más fuerte y poderoso
que los cetros de oro o de hierro de reyes o emperadores, monarquías o repúblicas, aristocracias o democracias. Es
Cristo Rey de reyes y Señor de los que
dominan {Rex regum et Dominus dominantium), y su reino no tendrá fin (canta siempre la Iglesia en el Credo de la
Misa), regni ejus non crit finis. Bienaventuraidos, pues, los que en este Rey
inmortal confían; beati omncs qui confidunt in Eo.
En El (y no en los hombres, aunque
fueran reyes)» en El confió siempre (y
nunca en vano) el Cardenal Pie, varón
apostólico, digno de los tiempos de los
Apóstoles; Ángel de Francia, como le
llamaba el egregio y sapientísimo Dom
Benoit; lumbrera del Concilio Vaticano;
defensor intrépido de la infalibilidad
pontificia; amigo queridísimo y grande
amigo de Pío IX, de anonseñor Segur y
de Luis Veuillot; brazo derecho en
Francia del Vicario de JESUCRISTO,
como le llamó la Santidad die León X I I I .
J. MARÍN DEL CAMPO.
E L SIGLO
4
que tenemos amor, pero no infinito, hubiéiamos contestado: " ¡ E s imposible!"
Dios contestó que era posible y lo hizo.
• ¿Cómo? Haciéndose Hombre y habitando entre nosotros... Et homo factus
est; crucifixus, passiis et sepultas.
III
LA GLORIA DEL DOLOR
U.KA DE LAS r o VINAS INVENCIONES
Notas fácite in populas adinventiones
egus.
Predicad
al pueblo las invenciones del Señor.
C. Cignani.—nLa. Dolorosa» con sus emblemas Je la Pasión
Galería Corsini, Roma.
La Pasión de Cristo,
escándalo del amor humano.
•"Et ait eis J e s ú s : Omnes
ecandalizabimini in me in
nocte ista, quia ecriptum
est: Percutiara Pastorem,
et dispergentur oves."
(.Marc. XIV. 17.)
A triste y vergonzosa historia de la fragilidad de
nuestro corazón, de la
ruindad del amor humano, la describió nuestro Divino Maestro,
el amantísimo Jesús, cuando en el solemne acto y en el preciso momento de la
Sagrada Cena, regalados y confortados
sobrenaturamente con la substancia de
su cuerpo y sangre sacratísimos, sus doce
discípulos escogidos, les dijo: "Todos os
escandalizaréis por ocasión de mí esta
noclie, según está escrito: heriré al Pastor y se descarriarán las ovejas."
iNo importa que sus discípulos, todavía
de pie, junto a la Sagrada Mesa, y acabártelo de decir el himno de acción de
gracias, comenzando Pedro y siguiéndole todos los demás, protesten entusiastas
estar dispuestos a morir con El antes que
negarle. El Divino Maestro, que por encima de sus palabras penetraba lo más
recóndito de sus corazones, sabía bien
que su amor hacia El era aún demasiado
humano para hacer caso de sus entusiasmos y promesas; porque es mucho y muy
distinto lo que va de la Cena al Calvario.
Para gozarse y entusiasmarse en las
alegrías y dulzuras del celestial convite,
basta tener siquiera una miaja de corazón, una chispita de amor humano; mas
para perseverar firmes aún en los dolores y amarguras de la Cruz es preciso, es
indispensable el amor sobrenatural de la
caridad, en que no habían entrado todavía Jos discípulos de Jesús; faltábales
enardecer y caldear sus humanos pechos
en el fuego abrasador del Espíritu Santo.
Y así sucedió realmente que ellos, tan
firmes y decididos en la sobremesa de la
Cena, luego de llegados a la granja llamada de Gelsemaní, donde Jesús se postró de rodillas en profunda y triste oración, y su alma entró en mortales agonías ante el amargo cáliz de su próxima
Pasión, exhalando aquel conmovedor si
posibile est transeat a me calix iste, aun
sus tres más íntimos discípulos, Pedro,
Santiago y Juan, que el Divino Maestro
había escogido para allá muy cerca de
El, se durmieron tranquilamente primera, segunda y tercera vez, a pesar de los
amorosos y urgentes requerimientos de
Jesús.
Y cuando poco después oyen llegar allá
aquella desordenada turba multa cum
gladiis et fústihus, y ven que ponen sus
manos sobre Jesús, prendiéndole fuertemente atado, discipuli ejus relinquentes
eum, omnes fugerunt, sus discípulos,
abandonándole, todos huyeron.
Ni uno de ellos, ni aun Judas traidor,
faltó puntual a la Cena; todos, absolutamente todos, le abandonaron y huyeron
asi que dio comienzo la dolorosísima Pasión de Jesús. ¡ Menguado y ruin amor
el que sólo acompaña a Jesús en las deicias de sus gracias y en las glorias de
sus triunfos, y le abandona y huye luego
de El en sus persecuciones y en su crucifixión!...
Y sin embargo, ¡ triste es decirlo!, ese
es el amor que profesan también hoy a
Cristo no pocos que se afirman católicos.
Católicos que asisten en primeva fila a
las grandes solemnidades, al esplendor
del culto religioso en los templos; que se
honran con la medalla o insignia de las
muy ilustres y reales asociaciones religiosas de Jesús y de María; católicos, en
fin, que devotos frecuentan hasta la Sagrada Mesa de la Eucaristía, y, en cambio, luego después le abandonan y huyen
de El, si ya no se pasan al enemigo y le
venden como Judas cuando la turba multa
de los seguidores de las falsas libertades
y errores modernos le escupen y blasfeman; cuando el sensualismo y la moda
diabólica le arrojan de la modestia de
los trajes y de la decencia y honestidad
de las recreaciones en teatros, cines y
tertulias, y cuando la irreligión y el ateísmo político, conconcertados y convenidos, se aprestan contra Cristo en las
elecciones o comicios, le azotan en los
municipios, le coronan de espinas en las
diputaciones, le crucifican en las Cortes,
y le sepultan bajo los cimientos acatólicos, neutros o ateos, de pretendidas nacionalidades a la moderna.
No, ese no es amor cristiano, no es el
amor que debemos y quiere Cristo, no es
el amor espiritual de caridad que vino
El a traer a la tierra para que en él arda
y se abrase; ese es amor mezquino, amor
egoísta, de conveniencia; amor de corazones cobardes e infieles, que no complace y consuela, sino que hiere y lastima
dolorosamente el corazón amantísimo de
nuestro divino Redentor Jesucristo. ¡Ay
de los cobardes e infieles!...
JOSÉ ALSINA Y BOVER.
Presbítero.
Manresa, Semana Santa de 1919.
Pensamientos sueltos.
LO SUBLIME EN LO VULGAR
¿Qué sabemos nosotros de la Divinidad? Muy poco; pero sabemos lo suficiente para comprender que la virtud
adornada del dolor era para Dios, que
tenía toda la virtud sin dolores, era para
Dios (digámoslo así) un espectáculo tentador y atrayente. " A causa de mi omnipotencia y de mi bondad necesarias, todo
son facilidades para mí", podía decir
DÍG.>. Llamo a las estrellas y no tardan
un instante en venir; miro a Jos valles y
los lleno de flores; miro a las almas y
las lleno de virtudes; todos me llaman
el Santo y nadie se admira de que lo sea,
porque siendo yo la regla de la moralidad, ¿cómo voy a desviarme de Mí mismo? El hijo de Adán, que es bueno, a
pesar de sus trabajos, tiene una gloria
que me falta a m í : el dolor en el bien."
Y miraba Dios al mundo y veía a los
héroes sucumbir por una causa justa, a
las madres perder a sus hijos sin quejarse, a los hijos quedarse huérfanos
sin murmurar, y a muchos justos, como
los Macabeos, morir antes que suscribir
una blasfemia o cometer un crimen. Estos espectáculos eran raros, pero existían ; y como esto es grande y Dios ama
lo grande, comenzaron (digámoslo también así) a atraerse mutuamente estas dos
grandezas. Dios y el dolor, hasta que por
fin subió uno de la tierra, bajó el otro del
cielo y los dos se juntaron. El género
humano, acostumbrado a considerar a
Dios en cumbres inaccesibles o difundido como una luz por la creación, pero
siempre a cubierto de todos los dolores,
quedó herido como por un rayo cuando
en una hora determinada vio al inmenso, al infinito, recogido en un cuerpo
humano con las manos extendidas y diciendo : "i Soy vulnerable!" La aparición
de esta invención divina causó estupor
y pareció una gran locura, y, sin embargo, era una estupenda, colosal, sublime y
no. pensada verdad.
IV
IN AETERNUM ET ULTRA
Y, sin embargo, esas que ya se nos
antojan vulgaridades, por ser cosas tan
sabidas y tan trilladas, son verdades de
las más sublimes que pueden decirse ni
pensarse.
II
EL IMPOSIBLE VENCIDO
La Divinidad, por su naturaleza intrínseca, expulsa y destierra el dolor a larga distancia y fuera y muy lejos de sus
dominios. Suponed que el sol fuera inteligente y dijese un día: "¿Qué es lo que
dicen por ahí que hay lugares sombríos,
oscuros, llenos de tinieblas? Yo quiero
ver las tinieblas", e inmediatamente hiciese un recorrido por el cielo en todas
direcciones para encontrarlas. ¿I^as encontraría? Es seguro que no. Las tinieblas existen, pero hay lugares *donde no
pueden estar, y es cabalmente aquel punto preciso adonde mira el sol. Lo mismo
le sucede a Dios; hay dolores, pero no
puede haber dolor donde hay visión comprensiva de toda la verdad, de todo el
bien, de toda la belleza. Como esa visión
es en Dios metafísicamente necesaria, el
dolor es en Dios metafísicamente imposible.
Pero si la divinidad como tal no puede «padecer, hay m.odo de que el género
humano pueda decir a coro y sin faltar
a la verdad: "¡Dios ha padecido! ¡Dios
ha muerto I" Nosotros, que tenemos poder, pero no infinito; nosotros, que tenemos sabiduría, pero no infinita; nosotros.
por herida que ofrece consuelo,
de aquel Dios cuya esencia trasciende
todas las grandezas,
todos los misterios,
todos los prodigios,
todos los tormentos
de aquel Dios cuya esencia traspasa
la infinita extensión de los cielos;
de aquel Dios hecho carne doliente,
de aquel Rey azotado y sangriento,
de aquel Justo en infame patíbulo
enclavado y muerto.
Y el alma encogióse
como un niño que tiembla de miedo;
miróse a sí misma
de su propia conciencia al reflejo,
y al verse cubierta
de vicios tan negros,
de manchas tan viles,
de delitos tan torpes y horrendos,
que en el cuerpo de Cristo son llagas,
que son clavos que rompen sus miembros,
y en sus sienes son recias espinas,
y en su alma son mar de tormentos,
bajó la cabeza
y gimió con mortal desaliento.
Y ya se alejaba
llevando en su seno
la tristeza incurable que vierten
los remordimientos
desesperanzados,
medrosos, incrédulos,
cuando hacia el divino
desangrado cuerpo
otra vez se tornaron sus ojos,
encendidos por hondos anhelos.
Claváronse entonces
de Cristo en el pecho;
viéronle rasgado
por herida que ofrece consuelos,
por herida que brinda perdones,
por herida que pide mil besos;
1 dulcísima herida,
boca que muy quedo
'»
con sus labios de púrpura dice
amores eternos,
ansias inefables,
divinos requiebros I
Oyólos el alma
como oye el cordero
el balido instador de la madre
que le llama temblando a su seno.
Oyólos, y súbito
arrojóse a los pies macilentos
del Mártir divino
clavado en el leño.
I Lloraba de amores I
i Suspiros y besos
salían de sus labios
como dardos candentes de fuego!
Y a su Dios se quedó allí abrazada,
mientras en el templo
resonaba el tristísimo salmo,
empapado en dolientes misterios,
del Rey penitente,
clemencia pidiendo.
ROBERTO ALCOVER.
Cuarenta siglos estuvieron repitiendo
los profetas:
—¡Dios padecerá!
Treinta y tres años pudieron estar diciendo los contemporáneos de JESUCRISTO :
—¡Dios está padeciendo!
Mas para decir: "Dios ha padecido",
tendremos toda una eternidad; y al angélico cántico que oyó T:antar Isaías en
el cielo añadiremos otra idea tan sublime como gloriosa para Dios Nuestro
Señor:
—Santo, Santo, Santo, ¡oh, Dios, que
has padecido!
•FR.
ÁNGEL DE ABÁRZUZA
capuchino,
los pocos años de venir al
mundo, tomándoos un día
vutetra madre en sus brazos os besó; la besasteis
vosotros también, y vuestra madre os
dijo entonces: " B e s a d ahora esto."
—"¿Qué es eso, madre?", contestasteis
vosotros. Y vuestra madre replicó: " E s
la imagen de Dios, que ha muerto." Besasteis el Crucifijo con mucho amor y
poca admiración, y en aquel instante penetró en vuestra inteligencia para nunca
más salir de ella esta idea estupenda:
"Dios ha muerto por el hombre." ¡¡Eso
es Jo sublime!! Le mirasteis una y otra
vez; acostumbrasteis la mirada, habéis
vivido con lo sublime uno, dos, veinte,
cuarenta, sesenta años, y vuestra alma se
ha elevado tanto, que si un orador sagrado dice solemnemente desde la Cátedra del Espíritu Santo que Dios ha
muerto por la humanidad, sin adornar la
frase de una gala oratoria, puede acontecer que alguna viejecita ignorante, que
cree todavía que el mundo es más grande que el sol, o que el sol gira alrededor
¿? la tierra, levante la cabeza y murmure para sus adentros: "¿Qué vulgaridades dice ese hombre?..."
FUTURO
(i)
( I ) Estos pensamientos están entresacados
de una larga pero sabrosa conferencia del
P a d r e Ángel intitulada Dios ha padecido.
Al pie de la Cruz.
Con su cara que es lirio marchito,
con sus ojos que son soles muertos,
con sus brazos de blancos corales,
con su boca de cárdenos pétalos,
con sus pies que parecen claveles
tronchados y secos,
y sus manos que imitan manojos
de nardos sangrientos;
con las matas sedosas y largas
del negro cabello,
que caen macilentas
sobre el horno apagado del pecho,
del pecho partido,
del pecho entreabierto
por herida que es nido de amores,
por herida que es puerta del cielo;
con los negros estigmas que cubren
el rígido cuerpo
como cubren las flores las tumbas
en los cementerios;
con la cárdena luz que le envuelve
en tonos sangrientos,
en sombras agónicas,
en fulgores de sol cadavérico,
parece su imagen
una estampa de tristes misterios.
No tienen sus líneas,
no tienen sus miembros
la belleza de estatuas romanas,
la armonía de mármoles, griegos,
ni el color virginal de las tintas
que vertió Rafael en sus lienzos;
pero tienen un sello inefable
de pena y tormento,
de amor y ternura,
de muerte y misterio ;
una luz moribunda y ascética,
un aroma doliente y sangriento,
una voz de infinitos dolores,
un latido de amores eternos.
Mirándole estaba
el alma en silencio;
y al hallar en su faz dolorida
el augusto dramático sello
de aquellas visiones
que en sublimes deliquios ascéticos,
entre luz de Tabor y Calvario,
con temblores de espasmos angélicos,
miraron los santos
dibujarse en sus místicos sueños,
imprimirse en sus carnes marchitas, deshacerse en aromas de cielo,
sintióse abrumada
por un hondo y medroso respeto.
P o r sus ojos pasaron brillando,
cual fugaces relámpagos trémulos,
a través de las nieblas opacas
del humano mortal pensamiento.
FELLE MIXTUM
UN "GESTO" DE PIÓ X
dieron vino mezclado
con hiél. Y habiéndolo
probado, no quiso beberlo." (S. Mateo, XXVII,
34; S. Marcos,'XV, 23.)
Pormenor es éste que parece insignificante. Sin embargo, de cada una de esas
palabras han hecho brotar, y como surtir por cada una de esas letras raudales
de significaciones, la exégesis piadosa y
la académica.
Una glosa advierte que solía darse este
"vino mezclado con hiél", o "vino mirrado", como San Marcos le llama, a todos los crucificados para adormecer sus
sentidos en cierto sopor que hacía menos sensibles los tormentos de la cruz.
Jesús no quiso adormecer la sensibilidad
de su cuerpo al entregarlo al furor de
sus verdugos. Tratar de poner obstáculo
o de suavizar el ímpetu a la llama que
había de devorarlo desde el alma hasta
la carne, según la frase de Isaías; economizar dolores; ahorrarse sufrimientos
Jesucristo, no era fácilmente compatible
con la generosidad de aquel Amor que
pudo redimirnos con una lágrima, con
un sollozo, con una mirada, con una sonrisa, con un latido, y prefirió redimirnos
desbordándose en los excesos de la Pasión, vertiendo toda su divina sangre y
consumiéndose, como Hostia, entre las
llamas de todos los dolores sobre el ara
de la Cruz.
Otra glosa ve en aquel vino mezclado
con hiél, un brebaje amarguísimo, y exclama'al observar que Jesús lo prueba y
no lo bebe: "¿ Cómo no ha de estar amar-
Maroel "> Venustl.
go si es el zumo de la fruta que Adán
comió ?" Ni faltan intérpretes parg quienes aquel cáliz de vino mezclado con hiél
sea figura de la obra de la salvación de
cada hombre; obra de la gracia de Jesucristo y de la libertad humana que no de
la mera imputación extrínseca de los méritos del Redentor. E! cual bebe su parte
en ese cáliz, y nos deja a cada uno la
parte que en el mismo cáliz nos corresponde beber.
Pero la glosa más común; la interpretación más frecuente; la significación
que apenas se echará de menos en libro
de piedad o en libro de estudio de la Pasión, es la que ve en el vino mezclado con
hiél la simbología de esa mezcla moral
de verdad y de error, de mal y de bien,
que empapa nuestra vida privada y nuestra vida pública.
Vino mezclado con hiél es la conducta
del cristiano que profesa la fe católica
y vive fuera de la moral.de esa fe.
Y el católico cuyas obras son la negación de los dogmas que proclaman sus
labios.
Y el que en la vida pública pisotea la
Verdad y el Amor que en la vida privada adora.
Los hipócritas del bien y los hipócritas
del mal.
Singulanmente, esa raza inextinguible
que mezcla el vino generoso del catolicismo, engendrador de mártires, con las
hieles acerbísimas de la herejía liberal,
endemoniadora de naciones.
Jesús apartó sus labios de aquel brebaje.
Su gesto pudo ser semejante al gesto
de Pío X cuando en una de sus últimas
alocuciones aludió al brebaje minimista
que le ofrecían en el cáliz de cierto programa social y pol'tico, diciendo mientras apartaba sus labios del cáliz:
"Decidles claramente que las Asociaciones mixtas, las alianzas de católicos
con no católicos, para el bienestar material, pueden permitirse con ciertas y determinadas condiciones. Pero que el
. Papa prefiere las uniones de fieles que,
depuesto todo respeto humano y cerrando los oídos a todo halago y a toda amenaza, se agrupan alrededor de su bandera, tanto más espléndida y glorio-a cuanto más combatida, porque es la bandera
de Ja Iglesia."
Asociaciones mixtas, alianzas entre
católico y no católico..., el vino mezclado con hiél..., bajo ciertas condiciones
para el bienestar material, puede permitirse, afirman algunos. El Papa prueba
ese brebaje, como Jesús en el Calvario.
Pero, como Jesús en el Calvario, el Papa
retira los labios de ese cáliz.
Fué ese gesto de Pío X allá en la Alocución del 24 de Mayo de 1914, y desde
entonces van inseparablemenle unidos en
nuestra-memoria ese gesto y aquel versículo de San Mateo:
" Y le dieron vino mezclado con hiél.
-Y, habiéndolo probado, no quiso beherlo."
EMILIO R. MUÑOZ
C A N Ó N I G O A R C m v E R O DE IVlXtAGA
Serafia.
, A tradición^ que perfuma
rwiK la historia y la vida del
| | .|j linaje humano, nos h a
-^'"•^' conservado el recuerdo de
aquella mujer admirable a quien conocemos con el apellido de la Verónica,
"de Veré Icono (verdadero retrato), a
causa de lo que hizo en este día." Así
lo dice en sus famosas visiones y meditaciones sobre la Pasión de Jesucristo,
Sor Ana Catalina Emnierich, quien cU
pormenores y circunstancias de la persona y de la hazaña en el día de la Pasión del Señor.
La Verónica se llamaba Serafia, mujer de Sirac, miembro del Consejo del
Templo y, a la cuenta de Sor Ana Catalina, era parient.i de San Juan Bautista y del anciano Simeón. El marido fué
de la familia de la Casta Susana, y al
principio de su matrimonio tuvo que sufrir mucho Serafia, porque su marido,
como la inmensa mayoría de los fariseos, escribas y ancianos que formaban
el Sanhedrin, era enemigo de Cristo
Nuestro Señor. Pero dice la vidente
que Nicodemus y José de Arimatea lo
fueran ganando para la buena causa y
lo redujeron a mejores sentimientos, al
extremo de que cuando Caifas reunió
el Consejo extraordinario para condenar a muerte al justo, Sirac, en compañía de José de Arimatea y Nicodcsnus, se
LA ORACIÓN DEL HUERTO
declaró en favor de Jesús y se separó
del Sanhedrin. ¡Dichosos ellos!, ¡y dichoso marido quien logra tener tal mujer!
De elevada estatura y de aspecto imponente, dice Sor Catalina que era la
Verónica, y si io exterior es revelación
de lo interior, con la estatura corporal
corre parejas la grandeza moral de la
mujer esforzada y prudente, valerosa y
práctica. Pues cuando los discípulos andaban huidos por miedo de los judíos y
experimentaban en sí lo que es la miseria humana reducida a sus solas fuerzas ;
cuando aquellas columnas de la Iglesia,
criadas a los pedios del amor de Cristo,
y criadas para cosas tan grandes, vieron
y" tocaron a donde les condujo el haberse
dormido en el Monte de las Olivas, sin
hacer extraordinario y debido caso de
la advertencia del Salvador, de que vigilasen y orasen; cuando la grey varonil daba muestra y razón de todo, menos
de virilidad, una mujer sola rompe el
circulo d e hierro , de la multitud, y,
abriéndose paso entre los soldados y alguaciles, criados de los pontífices, y
chusma ebria de vino y de odio; se llegó al Salvador y limpió su santísimo
rostro, después de arrodillarse y confesarle por su Señor en tan apretadas circunstancias. Y como el Señor no se deja
vencer en generosidad, pagó el valor, el
ardimiento, la prudencia y el amor de
aquella mujer que valía por muchos
hombres, dejando impresa en el lienzo
la imagen de su iSantísimo rostro, en
quien se ihiran los ángeles, convertido
entonces en muestra de todo escarnio y
baldón.
La piadosa vidente cuenta que Serafia llegó hasta Jesús, se arrodilló y le
presentó el lienzo extendido, diciendo:
•'Permitidme que limpie la cara de mi
Señor. El señor cogió el paño, lo aplicó sobre su car.i ensangrentada y se lo
devolvió, dándole las gracias. Serafia,
después de haberlo besado, ;o metió debajo de su manto y se levantó.
"Una vez llegada a su casa, extendió
el sudario sobre una mesa y cayó sin
conocimiento.
"Un amigo que venía a verla la halló así al lado de un lienzo extendido, en
el que la cara ensangrentada de Jesús
veíase estampada de un modo maravilloso. Se sorprendió con este espectáculo ; la hizo volver en sí, y le mostró el
sudario, delante del cual ella se ari'ódiUó
llorando y diciendo: "AHORA LO QUIERO
DEJAR TODO, PUES EL S E Ñ O R ME HA^ DADO UN RECUERDO."
Desde entonces y hasta nuestros tiempos, y hasta el fin de ellos, el recuerdo
de la hazaña de la Verónica ha permanecido y permanecerá, para infundir valor a cuantos tengan que luchar en circunstancias extraordinarias y en medio
de un ambiente hostil- quieran dar la
cara por Jesucristo.
Porque como nuestra Santa Teresa de
Jesús, la Verónica no era nada apocada,
sino muy varonil y esforzada.
En algunas partes hemos visto que
pintores y retratistas han tratado de
nombrar Patrona suya a la Verónica,
depositaría feliz del único retrato de
nuestro Salvador.
Bien está, si las pinturas y retratos de
los patrocinados son dignos de tal Patrona. Pero quien debíamos tomarla por
Patrona y modelo, somos los periodistas católicos, que, en medio de una sociedad apóstata y blasfema, tenemos
que imitar a la Verónica, limpiando el
rostro desfigurado de la Verdad, para
que brille entre las muchedumbres libre
de todos los escarnios y salivazos, con
que trata de injuriarla la rabia sectaria
y los enamorados de las medias tintas.
Porque si bien se mira, el apostolado
de la buena doctrina, de la Prensa enamorada de Cristo Nuesto Señor, y enemiga de todos los errores y horrores de
nuestros tiempos, tiene gran semejanza
con la hazaña de Serafia.
Y el premio tiene que ser también pof
modo parecido, que el recuerdo y la imagen de Nuestro Señor Jesucristo quede
impreso en nuestro pecho; y sea luz en
la negrura, báculo en la prueba, vigor
en la tentación, medicina en el decaimiento, misericordia y lágrimas si tenemos la desdicha de ofenderle, camino
en la vida y premio en la eternidad.
CRISTÓBAL BOTELLA
SUCESORES DE RIVADENEVRA ( s . A.)
Galería Corsint, Roma,
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