lo fascinante - PEDRO GELTMAN

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EL EFECTO DE FASCINACIÓN ................................................................................. 1
A- Primeras aproximaciones a un concepto de lo fascinante. ..................................... 2
B- Los hechos fascinantes .......................................................................................... 6
i- La doble dimensión de lo fascinante. ................................................................ 6
ii- Tipología de la fascinación ............................................................................... 7
iii- Lo impresionante o impactante........................................................................ 9
iv- Lo horroroso o temible..................................................................................... 9
v- Lo placentero o deleitante. ............................................................................. 12
C- Lo fascinante coactivo. ......................................................................................... 12
i- La fascinación del ritmo. ................................................................................. 13
D- Las formas fascinantes del amor y del poder. ...................................................... 14
i- Fascinación sexual y afán de poder. ............................................................... 14
ii- La autofascinación. ........................................................................................ 16
iii- Fascinación y relación endogámica. ............................................................. 17
E- Lo fascinante en la actividad lúdica, y en la creación estética. ............................ 18
i- Lo Fascinante en la Actividad Lúdica.............................................................. 19
ii- La Actividad Lúdica del Niño. ......................................................................... 21
iii- El Juego Adulto. ............................................................................................ 22
iv- La relación entre el amor y el juego. ............................................................. 23
v- La relación entre ritmo, belleza y amor. ......................................................... 24
F- La fascinación de lo numinoso o mistérico. ......................................................... 25
i- Lo sagrado. ..................................................................................................... 25
ii- Rito y mito....................................................................................................... 25
iii- Lo sagrado como poder. ................................................................................ 27
iv- Lo sagrado como velamiento lúdico. ............................................................. 28
v- Lo sagrado como tabú. ................................................................................... 29
vi- La fascinación cósmica. ................................................................................ 31
vii- La fascinación del saber. .............................................................................. 31
viii- Magia y fascinación. .................................................................................... 31
ix- Divinización y demonización de lo fascinante. .............................................. 32
EL EFECTO DE FASCINACIÓN
§1- La vida moderna parece haber perdido, en parte, su encanto. Muchos hombres hoy
día no saben qué es eso de "quedar fascinado, encantado" frente a un fenómeno natural,
una expresión del arte o simplemente los gestos o movimientos de un niño, una mujer o un
anciano.
Pareciera que ya no hay magia en nuestra vida, ni misterios inescrutables; ya no sabemos
qué es lo inefable, lo maravilloso, lo sublime.
2
Vivimos una cotidianidad en la que todo está explicado, predeterminado, empaquetado, lo
cual puede estar relacionado con la depresión del "sin sentido" tan frecuente en nuestra
época.
Solamente los niños y los poetas parecen escapar de este aplanamiento general. En ellos
puede haber angustia, la buena angustia, pero no la depresión del aburrimiento.
¿Pero qué es eso de quedar fascinado? ¿Cuándo y en qué circunstancias se produce ese
estado particular en que alguien se siente como atrapado, encantado y a la vez
aprisionado por algo que reclama toda su atención y absorbe todas sus facultades? ¿Qué
objetos o qué tipos de realidades tienen la capacidad para producir tales estados?
¿A qué se debe esta capacidad y qué elementos la condicionan? ¿Por qué algunos
sujetos están más predispuestos que otros para percibir el efecto de fascinación al igual
que ciertas culturas más primitivas, y porqué está desapareciendo de la nuestra?
Estos interrogantes, como punto de partida, han de guiar los desarrollos de este ensayo.
En el curso de la investigación surgirán, sin duda otros, y no sabemos si estaremos en
condiciones de encontrar una respuesta, aunque solo sea provisoria, para cada uno de
ellos.
A- Primeras aproximaciones a un concepto de lo fascinante.
§2- Comencemos analizando la fascinación restringida al orden cotidiano (la del adulto
normal "de término medio" en la cultura moderna occidental).
¿Cuándo sentimos todavía algo de fascinación? Aunque pareciera que es cada vez más
excepcional, el enamoramiento sería un estado de ánimo de fascinación y encantamiento,
de los pocos que quedan en un mundo desencantado. Habría que agregar también los
estados de fascinación ante ciertas expresiones del arte, en especial el efecto del ritmo
musical en la juventud y la fascinación, cada vez más rara, frente a los fenómenos
naturales que impresionan por su grandiosidad, belleza o misterio.
En la fascinación nos sentimos atraídos con fuerza por un objeto: no podemos quitarle los
ojos de encima, la mirada queda aprisionada; nos atrapa un ritmo, un tema musical y nos
cuesta separarnos, dejar de escuchar; nos sentimos a gusto con una persona y queremos
seguir junto a ella.
La fascinación crea un deseo, deseo de continuidad, de permanencia, de repetición. Este
deseo se diferencia de todo otro en cuanto que no responde a una necesidad de la que
tengamos conciencia. Algo nos atrapa sin que podamos decir cómo o por qué.
3
No responde directamente a la necesidad sexual (aunque esta pueda constituir su soporte
inconciente), ni a otra necesidad biológica manifiesta. Se podrá teorizar diciendo que el
deseo está sublimado; de cualquier modo, para el sujeto fascinado está escondido y no
tiene explicación posible.
-Si dejamos de lado el reduccionismo biológico, sin negar la posibilidad de que algo
biológico funcione como soporte, parece que se puede afirmar que en la fascinación
aparece lo cotidiano como revelación de lo otro en cuanto totalmente otro. Este, al
menos, será nuestro ángulo de enfoque como hipótesis o conjetura, como posibilidad
aclaratoria, sin pretender con ello agotar todas las posibilidades.
Pensaríamos en los puntos o agujeros en los que la cotidianidad se abre o se rompe hacia
una esfera totalmente distinta que no guarda coherencia con ninguno de sus
ordenamientos, normas o leyes, por lo cual es irreductible e inexplicable, si explicar es
encontrar una cierta analogía entre lo desconocido y lo conocido.
Todo el esfuerzo que se ponga en asimilar la atracción fascinante a la del deseo común
resulta insuficiente, pues no es posible superar el abismo que los separa y sólo parece
admisible señalar una componente del fenómeno aunque no determinante y fundamental.
Lo mismo se podría afirmar con respecto a otras explicaciones menos apoyadas en lo
biológico. Decir que lo fascinante fascina porque proyectamos en él nuestros arquetipos
inconcientes o porque percibimos allí "gestalten" o estructuras desencadenantes, es
adelantar otro tipo de analogía también plausible, sin agotar los múltiples interrogantes
que pueden formularse al respecto.
-Vinculamos, entonces, lo fascinante con "lo totalmente otro". Podría preguntarse
¿porqué no lo vinculamos con lo inconciente ya que podemos caracterizarlo como "lo
totalmente otro" de la conciencia?
Lo inconciente es efectivamente lo “totalmente otro” tanto en la concepción freudiana
como en la jungiana: no responde a las categorías de la conciencia, a las normas de la
razón, a lo habitualmente establecido y conocido por el "yo".
Por lo tanto lo que fascina, el objeto fascinante, es en cierto sentido “el inconciente”. Sin
embargo, esta afirmación no sería del todo correcta si no se agregan ciertas aclaraciones.
El inconciente, en su versión más difundida, tiende a ser pensado como la otra cara del
sujeto. Es decir, se ubica en el orden subjetivo, o por lo menos intersubjetivo (v.g. el
inconciente colectivo de Jung).
Pero esta manera de concebirlo es imprecisa y lleva a la confusión, porque encasilla lo
inconciente en la oposición sujeto-objeto: el inconciente sería la otra cara de la conciencia
del sujeto en cuanto opuesto al objeto y así queda confinado en la concepción racional de
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la conciencia que separa sujeto y objeto.
Si en cambio, se supera este punto de vista, característico del racionalismo postcartesiano y de su parcialidad y esquematismo, entonces se puede comprender que lo
totalmente otro no puede entrar en los modelos categoriales comunes y que no puede
pertenecer al sujeto ni al objeto porque ninguna de estas nociones es capaz de abarcarlo.
Por eso, para evitar el uso rutinario del término inconciente y obviar el esquematismo de
ciertas interpretaciones, preferimos hablar de lo fascinante y de lo totalmente otro.
-Así lo fascinante puede manifestarse frente a un árbol o una serpiente, en un sueño o
una fantasía, sin que sea posible separar en cada caso lo interno de lo externo, lo
subjetivo de lo objetivo.
Freud tenía plena conciencia de este problema cuando en sus "Escritos de
metapsicología", en el artículo sobre "Lo inconciente", cita a Kant poniendo en parangón
el noumeno con la vida anímica inconciente, lo que significa que esta evade y está más
allá de todas las categorías del entendimiento.
Pero no era posible que aclarara este significado cada vez que se refería al tema. Por eso
tanto él como Jung, cuando hablan de ciertos mecanismos, como, por ejemplo, el de la
proyección, se expresan de tal forma que pareciera que se trata de un sujeto que se
proyecta sobre un objeto, cuando en realidad piensan en algo mucho más complejo.
-Al remitir a lo "otro como totalmente otro" estamos suponiendo, entonces, que el que
se siente fascinado se percibe atraído por una dimensión desconocida, mistérica, oscura y
en cierto sentido caótica.Es el caos que produce vértigo, que angustia y puede volverse
insoportable a no ser que logremos interponer ciertas mediaciones, ciertos velamientos
que permitan algún grado de armonización entre "lo mismo" y "lo otro", entre "el yo" y "lo
totalmente no yo".
Esta armonización a través del velamiento es la nota fundamental de toda obra
verdaderamente creativa. El artista, como el místico o el profeta es el que logra prolongar
en su actividad algo del estado de fascinación por medio de algún elemento expresivo que
manifiesta y esconde que muestra y vela a la vez lo fascinante, armonizando lo conocido
con lo desconocido, lo cotidiano con lo misterioso, "lo mismo" con "lo totalmente otro".
-No hay creatividad sin "eso otro", sin "lo nuevo" insólito, inusitado o inesperado; no hay
creatividad si no se parte del caos y se lo reviste de cosmos. El impulso creativo no es en
realidad otra cosa que el intento de retener y perpetuar la experiencia fascinante. El
creador de mitos, de leyendas o cuentos prolonga en el orden expresivo de la narración la
vivencia de fascinación que ha dado origen a su relato, el cual sólo podrá ser apreciado
por los que logren reactualizar de algún modo esa vivencia.
El pintor pinta para mantener aquello frente a lo que ha quedado fascinada su mirada; el
5
poeta canta o recita para prolongar, revivir o realimentar el momento fascinante; el músico
lo crea en el sonido y el arquitecto en las formas.
De ahí que lo que llamamos creación sea en el fondo un intento de recreación, de
reproducción e incluso, de "imitación", no en el sentido burdo de la copia, sino en un
sentido más profundo de reactualización de lo fascinante.
Lo mismo se puede decir de la verdadera creación filosófica y aún de la científica. En
todos los casos se trata de volver a decir, volver a representar, recapturar algo de lo
indecible e irrepresentable que se ha vislumbrado en un momento de fascinación.
Así lo fascinante se desdobla en ensoñación y genera la poesía, en asombro y curiosidad
y genera la filosofía o la ciencia, en embelezo o encantamiento y da nacimiento a la
danza, la música, la plástica, en sentimiento de lo sublime y hace surgir la mística y la
religión. En todos los casos se trata de atrapar aquello en que uno ha sido atrapado,
atrapar lo totalmente otro en una actividad totalmente otra, apoderarse de lo que
trasciende lo cotidiano por una actividad que nada tiene que ver con lo cotidiano.
Y,en el fondo, por eso mismo, toda creatividad tiene algo de la actitud mágico-ritual: es la
acción otra sobre el Ser Otro. Acción otra, no cotidiana, no común, no racional, sobre el
Ser que sobrepasa todo entendimiento.
-Si utilizáramos un lenguaje heideggeriano diríamos que la fascinación es un encontrarse
o un temple de ánimo al cual no corresponde ningún precomprender previo ni entra en
ninguna de las estructuras significativas o marcos de referencia habituales; al que
tampoco corresponde ninguna expresión del habla fónica corriente y que, en todo caso, se
apresa en la silenciosidad. Que, además, podria describirse como un hacerse presente el
"Ser en general" o el "Sí mismo propio" y que podemos retener de modo embozado a
través del velamiento del habla poética, artística, filosófica o religiosa pero que siempre se
escapa, se esfuma y desborda más allá de cualquier apresamiento.
§3- Existen otros términos en el lenguaje ordinario que si no son sinónimos, tienen al
menos algún punto de contacto con la fascinación.
Si definimos la fascinación, en general, como un estado de ánimo que se caracteriza por
un modo de la atención, en que ésta queda como fijada y capturada por el objeto, el
embelezamiento y el encantamiento, están muy próximos a ella y podrían considerarse
casi como sinónimos.
El deslumbramiento destaca el brillo de algo que se manifiesta fuera del curso normal del
acontecer, lo mismo que la maravilla o el asombro por lo cual se los puede considerar
como aspectos de la fascinación.
La sugestión y la seducción hacen referencia explícita a un sujeto externo que intenta
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producir en el otro un estado de ánimo que podría llegar a ser fascinante. (El seductor es
un sujeto que se propone fascinar a los otros y que lo hace conciente o
inconcientemente).
La ensoñación, en algunos casos, puede llegar a adquirir el carácter de fascinación y el el
éxtasis es quizás una fascinación muy intensa en que el sujeto sale enteramente de sí
mismo.
La esencia de lo fascinante parece ser, entonces, lo totalmente otro en cuanto que siendo
no familiar escapa a todo marco de referencia y comparación, no pudiendo identificarse
con lo anormal, enfermizo, amenazante, peligroso o repugnante, porque estas son formas
de lo no familiar que no atraen, fijan o encantan la atención.
Tampoco es fascinante lo simplemente sorprendente, porque lo que sorprende puede ser
algo común y familiar que se manifiesta de modo inesperado.
De algún modo el sentimiento de fascinación hace referencia a lo metafísico, si éste se
entiende como lo que evade todo lo que se conoce o puede conocerse en el orden
natural.
B- Los hechos fascinantes
i- La doble dimensión de lo fascinante.
§4- Toda fascinación supone por definición un estado de fijación, un objeto atrapante que
absorbe la atención dejando en la penumbra el mundo circundante. Es algo que aprisiona
en mayor o menor medida, desestructurando todos los ordenamientos habituales. Por eso,
en realidad, tiene una doble dimensión. En efecto, la fascinación puede tener un carácter
liberador cuando abre hacia otra dimensión, cuando amplifica, renueva, estimula,
desestructura lo cotidiano para abrir a lo nuevo; por el contrario, puede ser esclavizante
si se absolutiza y se cierra en sí misma. Así la fascinación del Ser puede degradarse en
magia y ocultismo; la fascinación de lo sacro, en fanatismo religioso, la del arte en
esteticismo, la del saber en pedantería e intelectualismo; la fascinación de lo erótico en
sexualismo, la de la autoafirmación en ansia de poder, agresividad y violencia.
El que queda fascinado queda cautivo con mayor o menor fijación según los casos. Esta
fijación puede enriquecer la existencia en cuanto amplificación hacia la totalidad como
plenitud y absoluto. Entonces, lo fascinante aprisiona liberando al romper las estructuras
del mundo preestablecidas, cuando lo particular y parcial se abre a lo universal.
7
Pero también puede suceder lo contrario, cuando la fijación en lo fascinante rompe la
unidad cósmica, particulariza la mente en lo limitado, dualiza y divide empobreciendo la
existencia.
§5- En especial las formas del poder, la riqueza y el lujo, los fenómenos mágicos, lo
prodigioso o maravilloso, tienen una alta capacidad de cerramiento fascinante. Pueden
fijar en la particularidad de la imagen, de la fuerza, de la vanagloria y la pedantería
produciendo un efecto de estrechamiento esquemático, de aprisionamiento en una
fascinación desviada que tiende a lo siniestro.
En ese caso, algo otro queda absolutizado reemplazando al Gran Otro: tendremos
entonces al infatuado, al fanático, al mago, al poseído o al loco, para los cuales el símbolo
se ha vuelto obstáculo que no pueden trascender. Así se transforma lo bueno, lo bello, lo
1
verdadero o lo sagrado en lo siniestro, dispersivo o diabólico .
En la tradición occidental, ésta era la función del demonio, símbolo de la fijación en la
particularidad transformada en absoluto. Perdida la flexibilidad, ya no hay juego
metafórico: los ídolos han reemplazado a Dios.
ii- Tipología de la fascinación
§6- Son muchos los fenómenos que podrían incluirse en la esfera de lo que llamamos
efecto de fascinación.
En una primera aproximación se los puede agrupar de la siguiente manera:
a) Lo fascinante coactivo como estímulo desencadenante.
Incluye los mecanismo propios de la conducta animal, las respuestas infantiles y los
estímulos sexuales, los sonidos rítmicos, los fenómenos de la hipnosis o de la
autohipnosis.
En estos casos la percepción de ciertos gestos o movimientos, el despliegue de ciertas
formas y colores, despiertan y fijan la atención del sujeto sin que este pueda hacer mucho
para evitarlo.
b) Las formas fascinantes del amor y del poder.
1
Diabolus en sentido etimológico es el que dispersa, divide, etc. Ver, J.Corominas, Breve diccionario
etimológico de la lengua castellana, Gredos, Madrid, 1976.
8
Es la fascinación del otro como sujeto humano e incluye los fenómenos de seducción y
enamoramiento, la fascinación del prestigio, de la riqueza y la fuerza, de la dominación y
el sometimiento; se manifiesta en el poder seductor de los ídolos populares y de los
personajes idealizados.
c) Lo fascinante lúdico y estético que se manifiesta en el juego, el deporte y las
producciones del arte.
Abarca las conductas que no tienen inmediata relación con la utilidad biológica y que
producen goce por el mero ejercicio de las propias facultades, capacidades o destrezas.
Incluye el juego infantil y el deporte, el juego adulto y todas las formas del arte con sus
variantes, espectacular, plástico-representativo, rítmico-musical, poético-discursivo y en
especial el juego afectivo. Incluye también los juegos de la ingeniosidad (humorística,
lógica, técnica)
d) La fascinación de lo numinoso o mistérico.
Es la fascinación del misterio natural, del fenómeno inusitado, de aquello que produce
curiosidad y asombro o de lo que despierta admiración o maravilla. Se produce frente a
un paisaje grandioso, frente a un espectáculo sublime, ante una narración llena de
maravilla y suspenso, ante la belleza de lo viviente animal, vegetal, niño o adulto, ante lo
que encanta por su gracia; es también la fascinación de lo sagrado sea en su expresión
mítica o ritual o mágico-religiosa y en sus diversas manifestaciones (mántica, pragmática
o alquímica) o de los fenómenos hoy llamados parapsicológicos o paranormales.
Debemos observar que el efecto de fascinación que puede incluirse en cualquiera de los
grupos de esta lista, se manifiesta en muchos casos de modo inestable y fugaz; que no
todos lo perciben de la misma manera y con la misma intensidad; que esta percepción
depende de las circunstancias y de la predisposición del sujeto.
Por otro lado, como podrá advertirse, la clasificación en grupos es apenas aproximada
porque hay formas de fascinación que pueden entrar en dos o más de ellos según el
punto de vista que se adopte.
Además, existen algunas experiencias que están en el justo límite entre lo que llamamos
fascinación y otro fenómeno cercano o paralelo: son vivencias que guardan semejanza
con lo que aquí nos interesa, que pueden entrecruzarse con lo fascinante y la fascinación,
pero que no merecen esa denominación en sentido estricto. Entre esos estados se debe
prestar atención a lo impresionante o impactante, lo horroroso o temible, lo
placentero o deleitante. En ellos también se produce un sentimiento de intensa atracción
o una fijación de la atención en un objeto atrapante y, sin embargo, no se trata
propiamente de fascinación, sino de algo cercano que puede entrecruzarse y entrar en
composición con la misma. Veamos en qué radica la diferencia.
9
iii- Lo impresionante o impactante.
§7- Algo produce una profunda impresión, un impacto emocional. No se trata de lo
peligroso o temible o doloroso de lo que hay que defenderse, ni de algo placentero o
deleitoso que atrae con fuerza. El impacto emocional, el recuerdo perturbador, la
sorpresa, el susto pasajero atraen y fijan la atención, pero no fascinan.
Para que esto suceda falta el elemento mistérico explícito o encubierto, lo otro como otro
presente o más o menos velado.
Estos fenómenos pueden cruzarse, mezclarse o complementarse: lo fascinante puede
producir un alto impacto emocional, perturbar, sorprender e incluso asustar, pero no
necesariamente.
iv- Lo horroroso o temible.
§8- No es lo mismo estar fascinado que estar aterrorizado, aunque parece que en ciertas
formas de terror se incluye una nota de fascinación.
Se podría objetar que lo otro como totalmente otro, lo desconocido, lo extraño, parece
producir mas bien miedo y no fascinación. Es el miedo a la oscuridad en el niño, el miedo
a un lugar desconocido que se supone lleno de peligros, el temor al extraño imaginado
como el bárbaro, el salvaje, cruel y perverso. Ciertamente, en estos ejemplos tenemos
miedo y no fascinación. Para que esta se presente debe haber algún elemento de
atracción placentera, pues lo horroroso produce de por sí un alto grado de displacer y lo
común o normal es el intento por salir o huir de ese estado.
Si en algún caso quedamos fijados o atrapados por el objeto terrorífico esto puede
deberse a que la atención queda concentrada ante aquello que es peligroso como actitud
defensiva, o bien porque lo terrorífico produce un cierto placer. En este segundo caso, si
no se trata de cierta patología (como el masoquismo) debe existir algún elemento
mediador que mantiene alejado el peligro, como sucede en el espectáculo o en la
narración de terror.
Si se incluye, entonces, algún componente de fascinación en lo terrorífico, esto se debe a
lo misterioso, a lo desconocido, a lo otro como otro y no precisamente al terror.
10
En cuanto a lo ominoso de que trata Freud 2 parece abarcar por igual lo horroroso y lo
fascinante.
Muchos de los ejemplos propuestos se refieren claramente al horror. Si en ellos también
hay fascinación se debe a que están mediados por la narrativa (v.g. los ejemplos extraídos
de los cuentos de Hoffmann).
Otros ejemplos pertenecen más decididamente al tipo de lo fascinante y para ellos
convendría con mayor exactitud el término unheimlich (no familiar) utilizado por Freud.
Aquí se incluiría la coincidencia de números altamente improbable, los encuentros
inesperados, las repeticiones azarosas, las visiones y apariciones fantasmales, los
hechos mágicos o milagrosos, etc.
Estos fenómenos, obviamente, tendrán distinta repercusión según el contexto cultural.
Para una cultura abierta a lo mistérico, se tratará de experiencias fascinantes; para un
nivel cultural muy racionalizado, las mismas experiencias se descartarán como ilusorias
pues podrían llegar a ser altamente angustiantes. Para estudiar esa diferencia nada más
esclarecedor que la noción de temor en los Upanishad o la descripción del otro mundo en
el Libro Tibetano de los Muertos 3 .
§9- A veces tiende a confundirse el sentimiento de lo fascinante con el de la angustia. Así,
por ejemplo, Heidegger refiere la angustia a lo que en realidad es lo mistérico fascinante 4.
La angustia para él surge ante la vivencia del “Ser en el mundo” y la posibilidad del “Sí
mismo propio”. Pero lo que llama “el mundo” no es lo que se percibe y conoce
cotidianamente, pues no está "ante lo ojos", y el "Sí mismo" tampoco es lo que
comunmente llamamos “el yo” 5.
En ambos casos se trata de algo oscuro, embozado, que pasa inadvertido para la
“cotidianidad del término medio". Lo que en realidad genera angustia es, entonces, lo
Otro cósmico como misterio y el “Sí mismo propio” como otro distinto del Yo.
Pero esta angustia, según Heidegger, no es, en realidad, el malestar cotidiano por todos
conocido. Es angustia mistérica, angustia existencial y se acerca, en gran parte, a lo que
aquí llamamos fascinación.
2
Obras Completas, Lo Ominoso, Ed. Amorrortu, Vol.XVII, 1919.
3
En los Upanishad una cuerda en movimiento produce terror porque se la ve como si fuera una serpiente
peligrosa; en el Libro Tibetano de los muertos los dioses benignos son vistos ilusoriamente como monstruos
terribles. Es decir que la misma experiencia puede ser terrorífica o fascinante según los casos.
4
5
Cf. El Ser y el Tiempo, § 40.
Cf. Ibid.
11
¿Porqué, entonces, utiliza el término angustia? La razón puede estar en el hecho de que,
en el caso del hombre moderno, lo mistérico resulta difícil de soportar, produce una cierta
angustia, lo que conduce habitualmente a diversos intentos de control racional o
simplemente a su negación.
Es decir que Heidegger generaliza su terminología desde el punto de vista de la
modernidad occidental, cuando en verdad para otras culturas lo Otro misterioso no suele
producir un sentimiento de malestar, sino, justamente, lo que llamamos fascinación. Esta
puede incluir cierto componente reverencial, como temor reverente a lo desconocido,
pero, a la vez, también, un estado de encantamiento y embelezo 6.
Si no nos encerramos en los estrechos límites de la modernidad occidental, el Ser no es
angustiante, sino fascinante.
Queda por aclarar el tema de las pulsiones autodefensivas y agresivas, las llamadas
pulsiones de muerte.
§10- La agresión y la defensa en sí mismas pueden considerarse como complementos de
la función nutricia o también de la sexualidad. Hay un tipo de fascinación que se relaciona
con ellas: es la fascinación del poder, del dominio y sojuzgamiento del otro, la fascinación
de la fuerza e incluso de la guerra y la violencia.
Pero en estos casos los efectos de la pulsión sobrepasan con amplitud toda necesidad
defensiva o de protección y se manifiestan como desviaciones y excrecencias notables.
¿Qué significa la fascinación que acompaña sin duda a muchas manifestaciones de
violencia, crueldad y destructividad volcadas no solamente sobre los demás, sino también
sobre el propio sujeto actuante?
No parece posible una aproximación al problema si no se admite de algún modo la doble
faceta ya mencionada 7 de lo Otro como otro, si el misterio no tiene una cara oscura,
negativa y caótica y en algunos casos fascina por la destructividad y no por el amor y la
armonía. En todas las mitologías antiguas aparece la representación de lo demoníaco o
satánico referida a personajes especializados para el mal o, a veces, los mismos dioses
exhiben una mano irracional, destructora o vengativa, junto a la función protectora y
benéfica. Es el elemento de verdad cuya expresión más elocuente se manifiesta de modo
fascinante en la tragedia griega o en el teatro de Shakespeare.
Los símbolos que confieren seguridad y expresan amor a través del equilibrio o la armonía
de los contrarios, se contraponen aquí a aquellos que representan la "Hibris", el exceso
6
El temor reverencial no debe confundirse con el miedo. Es el sentimiento que describe Kant como lo que se
siente ante alguien que siendo temible por su poder, no despierta temor alguno, por el amor y confianza que
se le tiene. Cf. Crítica del juicio, § 28.
7
Cf. supra § 4-5.
12
en que las pulsiones se desbocan más allá de los canales naturales. Son los gestos de
violencia, del amor sádico o masoquista, la amenaza, el grito, la acumulación avara, el
mando autoritario, las perversiones en el sentido más amplio de la palabra. En ellos
también puede haber fascinación, la fascinación del abismo, la fascinación caótica y
destructiva, la que en lugar de liberar, aprisiona.
v- Lo placentero o deleitante.
§11- Existen impactos sensoriales intensos en el orden visual o tactil, en el olfato o el
gusto, que producen placer en sí mismos y despiertan un deseo de continuidad o
intensificación. Sin embargo, no se puede decir de ellos que produzcan un efecto de
fascinación sino algo parecido que puede estarle acoplado, mezclarse y confundirse con
él, pero que pertenece a un orden de realidad enteramente diferente. Veamos la
diferencia en el plano de la sexualidad.
No es lo mismo la atracción sexual que la fascinación erótica o enamoramiento. En el
primer caso tenemos un estímulo sensorial placentero que despierta un deseo de
consumar la acción, de continuarla o repetirla. En el segundo, que puede darse sobre la
base del primero, lo principal no es tal o cual estímulo, sino un efecto de totalidad que se
percibe en presencia de la persona fascinante.
Además, mientras el estímulo sensorial responde a un código más o menos fijo y
generalizado (impacta a muchos por igual), el efecto de fascinación es selectivo, solo se
produce frente a determinados sujetos.
Veamos ahora cómo se manifiesta lo que hemos supuesto como esencia de lo fascinante
en los diversos tipos y en sus distintos grados (interés, atracción, admiración, hechizo,
arrobamiento, éxtasis).
C- Lo fascinante coactivo.
§12- En el esbozo de una tipología de la fascinación mencionamos, en primer lugar, este
tipo cuasi-biológico que se produce como respuesta obligada frente a un estímulo
desencadenante. Parece ser la forma más simple, puesto que incluso la encontramos en
la conducta animal y en el niño pequeño. Es la fascinación de la mariposa ante la fuente
luminosa, la del ave frente a los colores, sonidos o movimientos de su pareja sexual, la del
13
niño frente al rostro sonriente de la madre o frente a los colores y sonidos llamativos.
Los etólogos nos hablan de ciertos mecanismos desencadenantes de la conducta animal
estudiados ampliamente por la escuela de K. Lorenz. Determinado complejo de estímulos
obra sobre el aparato perceptivo desencadenando una actividad característica distinta
para cada especie que solo responde a esos estímulos como una cerradura que se abre
ante el esquema dentado de una llave determinada.
Los estudios de Spitz muestran que en el niño pequeño hay un mecanismo semejante por
el cual reacciona frente al rostro sonriente del adulto. Pueden colocarse, también, bajo
este título el efecto cuasi- hipnótico del ritmo, sea en la cuna del niño, en la música
adolescente o en la hipnosis propiamente dicha. En efecto, se trata de mecanismos de
estímulo y respuesta vinculados aparentemente con necesidades pulsionales difíciles de
definir o identificar 8.
Podemos catalogar todas estas conductas en el grupo de lo fascinante, aunque con
algunas reservas; se trata de mecanismos de estímulo-respuesta, de efectos
desencadenantes, de parcialidades sensoriales que no involucran la totalidad personal.
Constituyen, entonces, un esbozo biomecánico de otras conductas más plenamente
humanas.
Por eso, como ya lo hemos marcado para el caso de la atracción sexual 9, aquí solo
diríamos que estamos frente a una fascinación incohada y preparatoria. Falta la
totalización personal de un centro de conciencia, de un yo estructurado que se estremece
ante la presencia del “no yo” o de lo otro “totalmene otro”.
i- La fascinación del ritmo .
§13- Hemos señalado el ritmo como una forma característica de la fascinación
biomecánica o coactiva. ¿Qué significa esta relación entre ritmo y fascinación?.
Analicemos algunas dimensiones características: el ritmo musical opone dos sonidos o
grupos de sonidos; la armonía, por su parte, parece ser la expresión y culminación de
alguna forma de ritmo, su equilibrio o composición. Así, la repetición de sonidos opuestos,
se difracta en la armonía como complejización y resolución de esa oposición. En los otros
8
Cf. E. Fabricius, La conducta de los animales, Eudeba, 1961; R. Spitz, El primer año de vida del niño, Aguilar,
1972.
9
Ver Supra, § 11.
14
planos, el ritmo y la armonía aparecen en un sentido analógico: hay ritmos visuales,
quinéticos, antropológicos, cósmicos, etc.
Es posible imaginar para el efecto biomecánico del ritmo explicaciones pulsionales
utilitarias: v.g. en virtud de la correspondencia entre nuestro bioritmo (respiratorio,
cardiológico, alimentario, del sueño, etc.) y los ritmos externos de la música, el arte, la
naturaleza, etc., se produciría en nosotros una distensión o disminución de tensiones,
relajamiento corporal, tranquilidad psíquica, etc.
Para los antiguos griegos la fascinación del ritmo estaba más bien relacionada con la
armonía cósmica, pues el universo es rítmico. Lo concebían como oposición de contrarios
y conciliación de los mismos. Esa lucha y conciliación era armonía, equilibrio y belleza, lo
cual tenía en el plano sonoro su primer analogado y de allí se reflejaba en múltiples
dimensiones: plano visual, del color y la forma; plano de las sustancias corporales
(macho-hembra, vida-no vida); de los fenómenos cósmicos (noche-día, invierno-verano,
cuerpo-alma, respiración); plano de las entidades abstractas (bien-mal); de las formas
geométricas (curvo-recto); de los números (par-impar), etc.
Desde este punto de vista, más allá de su utilidad biológica, el ritmo y la armonía
simbolizarían la estructura profunda del Ser, su misterio más íntimo, lo Otro en cuanto tal y
10
este sería el secreto de su fascinación .
Por eso, la fascinación bio-mecánica del ritmo que en sí misma no es más que una
expresión mínima de la totalidad cósmica, encontraría su plenitud de sentido cuando entra
como componente esencial en la creación estética y en toda creación cultural.
D- Las formas fascinantes del amor y del poder.
i- Fascinación sexual y afán de poder.
§14-Ya hemos considerado la fascinación sexual desde el punto de vista biomecánico 11.
Veamos ahora su integración en la totalidad viviente.
10
Cf. Nietzsche, La cultura de los griegos, en Obras completas ,Vol.XIV, pag.168, Aguilar, Bs. As. 1955:
"Cuanto más sensible es un hombre, cuanto más originario, tanto más actúa sobre él el ritmo como una
fuerza; el ritmo crea una ciega concordancia con lo expresado ritmicamente y despierta un deseo indomable
de ceder, de repetir. El hombre se siente desprovisto de libertad, forzado, dominado, y de aquí deduce que
también de esta suerte podrá dominar a los dioses”.
11
Cf.,Supra, § 11.
15
Para aclarar mejor este punto, tenemos que mencionar una cierta gradación que aparece
en el lenguaje común. Así, pareciera que son grados que anteceden a la fascinación, el
interés, la atracción, la simpatía, la admiración.
No se puede establecer entre ellos una jerarquía y además todos tienen un campo
semántico que no se encierra en la sexualidad. Sin embargo, tener interés, sentirse
atraído, sentir admiración, son formas que pueden anteceder a la fascinación estable que
se llama enamoramiento. Casi se podría decir que todas ellas contienen ya algún
elemento de fascinación.
Pero el enamoramiento no excluye la componente sexual. Allí el efecto de fascinación se
manifiesta a través de mediaciones que podrían ser consideradas como anticipaciones,
representaciones o insinuaciones que se interponen entre el deseo y la satisfacción.
Así por ejemplo, la mostración de afecto, la caricia, el beso, la voz afectuosa, la sonrisa y
todas las formas de seducción, juegan como mediadoras. Funcionan como símbolos
naturales que pueden crear un estado de fascinación en cuanto producen un cierto
aumento de tensión pero no conducen a ´su descarga o sedación.
Es que el objeto de fascinación no es algo que solicita ser poseído, consumido o
incorporado (a nuestra corporalidad).
Son fascinantes los gestos, las palabras y actos que insinúan, asemejan o preparan el
acto sexual, pero no la consumación del mismo que produce un gran monto de placer pero
no de fascinación. Donde hay misterio, algo aún no develado, algo que se insinúa pero no
se da, allí hay fascinación. De todo lo dicho, se puede concluir que la fascinación sexual
es fascinante en cuanto mediadora, en cuanto que supone un cierto velamiento o misterio,
en cuanto significa o sugiere lo que no se posee, es decir, en última instancia, en cuanto
significa lo Otro en cuanto Otro.
§15- Podemos comparar la sexualidad con las necesidades de conservación para señalar
diferencias y semejanzas.
En el caso del objeto alimentario no podemos hablar de fascinación. Sin embargo, el
alimento representa, en alguna medida, la realidad cósmica que nos rodea. Es el puente
de intercambio con el medio y el contacto de nuestra unidad biológica con la vida del
universo (como también lo es la respiración, acto alimentario total y subyacente a toda
experiencia).
En esta vinculación cósmica hay motivo para vivenciar lo fascinante como misterio,
vivencia que descubrimos en las místicas de Oriente y que de algún modo se refleja en
Occidente en la sacralización cristiana del pan y del vino o en la de los actos sacrificiales
de otras religiones. Si en el respirar y comer cotidiano no hay fascinación, esto quizás, no
se debe a que estas actividades no posean la capacidad de producirla, sino a la falta de
nuestra predisposición interna.
16
Así se explica la especial atención que presta el Yoga a los fenómenos alimentarios y
respiratorios. No se trata allí de simples ejercicios de perfeccionamiento útiles para la
salud física o mental, sino de una metodología que apunta a despertar en el sujeto
humano su capacidad para percibir y vivenciar el misterio fascinante del cosmos como
unidad vivificante.
Tenemos así un ejemplo de cómo el objeto saciante de una necesidad biológica que
coacciona exigiendo satisfacción, puede transformarse en objeto fascinante cuando se
pasa del esquema fragmentario del estímulo-respuesta a la totalización cósmica por un
cambio en la actitud interior.
§16- Finalmente también parece haber cierta fascinación para lo que Freud llamaba
“pulsión de muerte” en el ejercicio del poder, la fuerza o la violencia. Podemos reconocer
en el fondo de estas tendencias la necesidad biológica de autodefensa y conservación de
la vida que aquí puede adquirir una forma desmesurada y enfermiza de fascinación
negativa.
En realidad el poder como autoridad es un servicio a la comunidad, pero la fascinación
que puede acompañarlo es un sustituto que sugiere una seguridad, dominio o posesión
que en verdad no se tiene. Poseer al otro total y totalmente, poseerse a sí mismo todo
y plenamente son dos imposibles solo deseables por una mente enfermiza. Aquí se
incluyen las pulsiones dominadoras, acumulativas y sobreprotectoras 12.
ii- La autofascinación.
§17- Mantenemos la hipótesis de que lo fascinante nos pone en contacto con lo
totalmente otro de un modo velado; sin embargo se pueden mencionar ejemplos donde se
manifiesta un tipo de fascinación que no viene de lo Otro o de un Otro sino que surge de
uno mismo: se puede hablar aquí de fascinación narcisista o de autofascinación.
En la actitud narcisista el individuo se encuentra fascinado por sus propias cualidades y
expresiones. Es el niño que se mira al espejo o goza de sus propias "gracias" festejadas
por el adulto; el adolescente que goza con el arreglo y la exhibición de su cuerpo o con la
ingeniosidad de sus respuestas o sus bromas; es el narcicismo de la mujer de que habla
Freud, el narcicismo del pedante o el goce del “status social”, el prestigio, el poder.
¿Dónde esta aquí lo Otro como fascinante?¿O existe alguna forma de fascinación que no
12
Cf. Supra, § 4.
17
se relaciona con la Otredad?.
Una respuesta posible estaría en el supuesto conjetural de que en estos casos la Otredad
está en el sujeto mismo: uno descubre en sí mismo potencialidades, capacidades ocultas,
misteriosas, desconocidas. Pero, como toda fascinación, esta también es máximamente
ambivalente: puede aprisionar y encerrar en un narcisismo egoista o patológico o liberar y
plenificar las capacidades vitales.
Como encerramiento se manifiesta en diversos grados, desde las formas elementales del
egoísmo hasta las expresiones más aberrantes del ejercicio del poder, la fuerza o la
violencia. En su forma saludable y normal se puede hablar de cierto narcicismo vinculado
al ejercicio y goce libre de las propias facultades en el juego, el aprendizaje, el
descubrimiento de capacidades y posibilidades, especialmente en el niño que goza con el
festejo, la admiración o la aceptación del otro.
Es fácil comprender que en este caso, donde la fascinación surge de modo espontáneo,
lo que autofascina es el descubrimiento de algo nuevo y desconocido en uno mismo, de
alguna manera es el descubrimiento de lo otro mistérico como posibilidad propia 13.
iii- Fascinación y relación endogámica.
§18- Los modos de la fascinación también tienen su repercusión en el orden de las
relaciones sociales.
Se puede hablar de una fascinación endogámica en relación a la madre, el núcleo
familiar, el grupo tribal, etc. cuya función puede ser positiva o negativa según los casos.
En sí la fascinación materna tiene un carácter liberador para el infante: es la primera
vivencia de la otredad; es fascinación que estimula su crecimiento. Para el adulto, en
cambio, esta fascinación debe ser superada, pues es el medio que abre hacia el entorno
social 14. Aparece, entonces, una nueva fase: la fascinación grupal o tribal, que también
cumple una función transitoria y temporal pues solo es el medio que debe abrir al
13
Estamos tratando, evidentemente, de un narcicismo normal y saludable y no del narcicismo enfermo de que
habla el psicoanálisis. La autofascinación enferma, v.g. la psicosis, la hipocondría, tiene otros componentes. El
individuo está fijado en algo que le ocurre a él mismo en su cuerpo, sus imágenes o sus alucinaciones o en
ciertas fuerzas compulsivas que lo abruman.
14
Un buen ejemplo, en este sentido, es el estudio de C.G. Jung, en “Psicología de la Transferencia” . Allí
vemos cómo el ánima tiene una función mediadora y por lo tanto ambivalente: en cuanto absorción en la
madre, aprisiona, en cuanto imagen de lo otro, es el puente hacia la exogamia.
18
exogrupo y también puede llegar a ser aprisionante cuando impide el pasaje hacia la
comunidad.
Al final del proceso, lo Otro se manifiesta como cosmos, y este se abre hacia la totalidad
trascendente. El individuo abierto a la totalidad ya no es el Yo sino el Sí mismo que se ha
hecho uno con el Ser.
Así tenemos distintas mediaciones entre individuo y cosmos (la madre, el grupo, la
comunidad, etc.) cada una de los cuales puede cerrar o abrir el paso al Sí mismo
cósmico.
La función materna radica en su capacidad para simbolizar lo Otro como absoluto. En ese
caso, la apertura del núcleo familiar no encierra en otro grupo mayor, sino que permite
trascenderlo en virtud del simbolismo cósmico expresado por la madre.
E- Lo fascinante en la actividad lúdica, y en la creación estética.
§19- La actividad lúdica no tiene la misma capacidad fascinante de los estímulos
biológicos ni de la seducción del amor o del poder. No se trata ahora de una respuesta
automática ante determinados colores, ritmos, movimientos o expresiones como los que
se dan en el bebé ni de la fuerza del enamoramiento. Tratamos de una actividad que se
origina de una cierta intencionalidad, en un deseo de juego, lo cual no significa que no
puedan existir estímulos que despierten o aviven ese deseo.
¿Dónde está aquí la fascinación? No precisamente en un estímulo sino en la misma
actividad. El goce o bienestar que ella produce, crea una cierta ligazón que incita a
continuarla o repetirla.
El niño la vive con mayor intensidad; el adulto, en cambio, tiende a perder con el tiempo
su capacidad de fascinación lúdica y sólo mantiene algo de ella el artista fascinado por la
actividad creadora.
Mencionemos distintas formas de manifestación lúdica:
1) La del niño pequeño. Los juegos infantiles, sean estos manipulaciones de objetos o
dramatizaciones.
2) Los juegos reglamentados o normados, de azar o competitivos.
3) Los juegos verbales, las paradojas y juegos del humor.
19
4) La creación artística como juego de formas, ritmos, movimientos, colores, sonidos,
palabras, etc. El espectáculo como juego escénico.
5) Los juegos del amor.
En todas estas formas encontramos el placer de la actividad como actividad en sí misma
desligada de toda producción útil (como en el trabajo). Ahora bien, cuando el juego logra
fascinar, ¿por qué fascina?.
Se puede responder con el criterio utilitario aduciendo razones que en sí son correctas:
a- en el juego infantil el niño goza ejercitando sus capacidades, lo que le confiere
seguridad y confianza; b- al jugar expresa sus deseos inconcientes, realiza su deseo en el
plano imaginario; c- aprende jugando y se prepara para la vida adulta. El adulto juega por
razones parecidas: realiza deseos inconcientes, aumenta su seguridad y confianza,
desarrolla sus capacidades, etc. Todas estas respuestas son adecuadas y, sin embargo,
parecen insuficientes. Nos muestran el medio pero no el fin.
Resulta muy difícil admitir para la cultura actual que el fin de la actividad lúdica es el juego
mismo como juego (en especial el juego creativo); que las coloraciones contingentes que
puede adoptar como expresión del inconciente individual, de los conflictos infantiles y de
los deseos ocultos, no quitan el fondo de sentido que lleva al hombre al juego como
necesidad fundamental. Para una cultura que define al hombre por su producción técnica
resulta dificil admitir que el trabajo técnico es sólo un medio que posibilita jugar, crear y
recrear 15.
Pero si el juego es el ejercicio libre de las capacidades y facultades humanas (o de
posibilidades y variedades en los animales y en la naturaleza en general) y su capacidad
de fascinación no se debe esencialmente (aunque sí accidentalmente) a la satisfacción
virtual de deseos y necesidades ocultas o reprimidas, ¿a qué se debe? y ¿de qué modo
se conecta con lo otro mistérico que hemos enunciado en nuestra primera aproximación
hipotética?.
i- Lo Fascinante en la Actividad Lúdica.
§20- Sin caer en un reduccionismo estéril podríamos insinuar que la fascinación del juego
como actividad en sí misma (que incluye todo tipo de creación artística) parece
relacionarse, en primer lugar, con la capacidad de manifestar lo Otro oculto como propia
capacidad. También, desde otro punto de vista, parece vivenciar, reproducir o representar
15
H. Marcuse vio con claridad este problema. Cf. Eros y civilización, Seix Barral, 1969; su estudio se inspiraba
en las reflexiones de Schiller en La educación estética del hombre.
20
las otras formas de fascinación (la fascinación del bioritmo, del amor o del poder, la
fascinación cósmica, etc.) Es decir que el juego y la creación artística fascinan en cuanto
retienen o reproducen algo que en sí mismo es fascinante. Por último, el juego y la
creatividad evaden el mundo de la actividad cotidiana, contradicen sus leyes y
ordenamientos en cuanto expresión de lo superfluo e innecesario para las necesidades
subsistenciales básicas, de modo que manifiestan la libertad humana frente a las
exigencias de la naturaleza y constituyen algo otro en el mundo de la vida común.
Vayamos examinando paso a paso las diversas categorías de lo lúdico.
-Primeramente, debemos mencionar que hay un juego prehumano que anticipa y prepara
en un plano analógico y simbólico el juego propiamente humano.
La naturaleza en general juega un misterioso juego creativo en su multiplicidad de
mundos, galaxias, planetas, especies vivientes, etc. y en la superfluidad misteriosa de
16
multiplicaciones y variaciones, de formas, colores, sonidos, etc .
Para nosotros ese juego se nos aparece a veces bajo la forma de fascinación cósmica,
numinosa o mistérica, y se diversifica en las variedades de la ensoñación poética, el
asombro filosófico, el sentimiento de lo sublime, el encantaminento místico o la curiosidad
científica. En todos esos casos quedamos fascinados por el cosmos en alguna de las
manifestaciones de su creatividad.
Estas manifestaciones pueden significar para nosotros belleza, misterio, armonía,
proporción y medida o equilibrio de contrarios, lo numinoso como reverenciable y amable
o lo siniestro u ominoso como destino. En todos los casos podemos hablar de fascinación
del juego oculto y misterioso de las fuerzas naturales.
-Pero más cerca de lo humano y más comprensible, es el juego de algunos animales que
se presenta como un ejercicio libre e innecesario de sus facultades o como ritual sexual y
juego afectivo.
El pájaro parece divertirse con los círculos y espirales que describe en el cielo y con su
cántico incesante; el perro goza en correr y saltar, el gato en atrapar y soltar un ovillo.
Dejemos otra vez en segundo plano la utilidad biológica que estas actividades pueden
tener para el animal. Nuevamente insistimos que con esta utilidad no se agota su sentido,
que más al fondo está el juego de la naturaleza que produce belleza, armonía y también
misterio.
Tampoco agotan su sentido los rituales sexuales, las luchas territoriales, las muestras
afectivas y otros comportamientos extraños que habitualmente se explican como
respuesta a las necesidades biológicas de seguridad y defensa y en base a la teoría de la
16
Cf. Infra, Lo superfluo como necesidad.
21
selección natural. El juego de la naturaleza atrae y fascina por sí mismo cualquiera sea su
utilidad teórica.
Pero, dejando de lado el juego mistérico de la naturaleza, pasemos a considerar las
formas más humanas de la actividad lúdica.
ii- La Actividad Lúdica del Niño.
§21- El juego del niño pequeño, el juego del bebé, parece consistir en un intento activo
por reproducir las experiencias biorítimicas que son causa de su fascinación: las que
hemos considerado como tipo de la fascinación coactiva 17. Por otra parte, para el niño
pequeño todo puede tener su encanto o fascinación.
Cualquier vivencia sensomotora lo fascina. Casi no se puede distinguir en él entre la
cotidianidad y la actividad lúdica. Fuera de la satisfacción de sus necesidades biológicas,
todo lo demás parece juego.
Los movimientos rítmicos suaves lo tranquilizan y adormecen y el chupeteo realiza su
efecto sedante como imitando el pezón materno. Pasados los primeros meses aparecen
algunos juegos más elaborados:
Los posteriores juegos de dramatización solitarios o compartidos constituyen, sin dudas,
formas de imitación de la actividad del adulto.
¿Pero qué significa esta imitación?, más allá y por debajo de las válidas explicaciones en
función del aprendizaje y de la satisfacción de pulsiones, se debe mencionar la función del
juego en sí mismo como creatividad de mundos imaginarios que emergen fuera de la
cotidianidad infantil.
Estos mundos, no cotidianos para el niño, pero que imitan la cotidianidad adulta, tienen su
propia fascinación. Fascinación del aprendizaje, fascinación pulsional, no cabe duda, pero
también y sobre todo fascinación de la creatividad. A través del adulto va apareciendo
para el niño el cosmos, la naturaleza, el universo entero como misterio.
En un principio, para el bebé, no había otra naturaleza que la de la madre y su propio
cuerpo. El mundo natural eran los adultos que lo rodean y muy prontamente los animales
con su propio efecto de fascinación. Así, si recordamos que, en última instancia, es el
juego de la naturaleza y su propia creatividad la que se expresa en el hombre, la
creatividad infantil es su expresión más temprana. El juego que para Schiller es
17
Cf. Supra, § 12.
22
manifestación de la libertad, es también un descubrimiento de la Otredad mistérica en uno
mismo.
iii- El Juego Adulto.
§22- Tomando el concepto de juego en sentido amplio (incluyendo el arte como hace
18
Schiller en su estudio sobre la estética ) se podrían enumerar algunas categorías de
juego, sin pretender ser exhaustivo; en líneas generales parece posible formar varios
agrupamientos;
a- Juegos del amor; Juegos de seducción sexual.
b- Juegos recreativos; deportivos (de destrezas físicas e intelectuales); de ingenio
(competitivos o no); de azar. Juegos mecánicos; de salón, etc.
c- Juegos del discurso; Juegos de palabras (broma, chiste, galanteo, burla, seducción,
refrán, proverbio, retruécano, adivinanza, giro, figura, etc.) (retóricos, poéticos, lógicoparadójicos, matemáticos, filosóficos, mitológicos, etc.)
d- Juegos de la creatividad artística : de las artes plásticas ( arquitectura, pintura,
escultura), de las artes rítmico-musicales (danza, canto, música), del espectáculo (teatro,
cine, etc). Juegos decorativos (adorno personal, decoración de vivienda, etc.).
Estos agrupamientos solo orientativos se interfieren y complementan, y solo nos interesan
en relación al tema que nos ocupa.
En general, en el adulto, las actividades lúdicas tienden a mezclarse muchas veces con
componentes no lúdicos que les quitan el goce del ejercicio libre y espontáneo de las
capacidades humanas y les confieren la seriedad del trabajo, la lucha competitiva, el
objeto pasional, etc.
El primer grupo (juegos del amor) abarca una serie de actividades lúdicas cuyo carácter
no aparece claramente como tal, pues se suele mezclar con otros componentes de
carácter pasional: aquí nos referimos al galanteo, la cortesía, los juegos de seducción, el
reconocimiento, el cuidado amoroso, las expresiones de cariño, el fantaseo, la ensoñación
poética, el canto, el encantamiento, la gracia, etc.
Lo mismo puede decirse de los grupos b- y c- (juegos recreativos, deportivos y juegos del
discurso) donde suelen interactuar los componentes de seriedad (en el deporte competivo
y profesional y en el discurso informativo, comunicativo, científico o filosófico) ocultando o
18
Cf. La educación estética del hombre, Espasa-Calpe, 1952.
23
velando los aspectos propiamente lúdicos.
En el grupo d- que abarca todas las formas de arte también suelen incluirse los
componentes de seriedad como el fin útil, el éxito, la fama, la competición , etc.
Además, debemos recordar que en las culturas antiguas y primitivas todas las formas de
juego (sea artístico o simplemente recreativo) se relacionan con la fiesta (que establece el
tiempo y el lugar de los juegos) y ésta a su vez se conecta con la celebración ritual
(realizada en lugar y tiempo sagrados) ella misma formada por algún aspecto lúdico
(especialmente en las dramatizaciones, danzas y ritmos) 19.
La conexión del juego adulto con lo totalmente otro parece clara en las culturas más
tradicionales por su relación con la fiesta y el ritual. Para estas culturas es un puente de
pasaje entre la vida cotidiana en que se realiza la actividad profana y la dimensión de lo
sagrado.
Pero aún en la cultura moderna, esa relación se mantiene de alguna manera, porque todo
juego supone una ruptura con la cotidianidad de las necesidades primarias y del trabajo,
representa lo no coactivo, lo libre o creativo, y mantiene todavía algún elemento de
fascinación.
iv- La relación entre el amor y el juego.
§23- En primera instancia es difícil ver esta relación. Pero si retomamos las reflexiones
sobre la fascinación endogámica o narcisista, quizás pueda aparecer cierta claridad 20.
Podemos afirmar que cuando se cierra el vínculo endogámico no hay simbolización. La
madre es la madre real, el grupo es el grupo real; no es posible abrirse a lo que está fuera
del núcleo familiar o del clan tribal. Para abrirse hay que simbolizar: encontrar algo de lo
mismo en lo otro; sentir la familia como símbolo de la comunidad, la comunidad como
símbolo del cosmos, la naturaleza como símbolo de lo absolutamente Otro.
El niño aprende a simbolizar junto al amor materno. En el clima amoroso puede jugar, es
decir, abrirse al mundo. Es el sentido profundo del juego del carrete (fort-da) analizado
21
por Freud . El carrete que aparece y desaparece puede simbolizar a la madre bajo el
supuesto del vínculo amoroso. El niño enfermo no puede simbolizar, el psicótico tampoco.
19
20
21
Cf. infra §25.
Cf. Supra, § 18.
Cf. Más allá del principio de placer, Obras Completas, Amorrortu, Vol. XVIII, p. 15.
24
El niño se abre a experimentar el mundo bajo el clima de seguridad que le brinda el afecto
del adulto. Sus ejercitaciones simbolizan su satisfacción y su goce ante la presencia
materna como el “otro” adulto. En sus juegos se desprende de este otro y puede
desprenderse en la medida que equivalen de algún modo a su presencia simbolizada.
El niño manipula objetos, repite sonidos, mueve el cuerpo, chupa objetos imitando al otro
o imaginando su presencia. En un comienzo este juego parece consistir en imaginar la
presencia de la madre (chupar como si estuviese presente el pezón). Luego, en una etapa
posterior, el juego puede concentrarse en la selección de aquellos movimientos, sonidos o
gestos autoproducidos que tienen sentido en el mundo del otro, que imitan al otro y lo
hacen presente, que posibilitan la comunicación con él. En resumen, el juego infantil es
una simbolización del amor materno en cuanto representante de lo Otro y tiene su propia
fascinación, pues como dijimos, la fascinación del juego o del arte radica en la
representación o imitación de algo que es fascinante en sí mismo.
En la vida adulta, amor y juego se han ido separando en la medida que aparece en medio
la seriedad del trabajo y de la lucha por la subsistencia, y, sin embargo, puede reaparecer
su vinculación, especialmente en la creatividad del arte.
v- La relación entre ritmo, belleza y amor.
§24- Este tema brillantemente analizado por los grandes pensadores griegos, 22 resulta
hoy dificil de abordar. Sin embargo, intentaremos destacar algunas breves reflexiones.
Ya marcamos la conexión entre ritmo y ciclos cósmicos 23. Ahora bien, todo lo bello, sea
en la naturaleza o en las creaciones del arte manifiesta alguna forma de ritmo 24, alguna
relación proporcional que se armoniza sea por la combinación de sonidos, de colores, de
formas, de espacios y direcciones, etc. Y lo bello es lo que agrada, lo que es amable, lo
que despierta el amor. Esta conexión entre ritmo, belleza y amor resume una realidad de
enorme complejidad sobre la cual se inserta en mayor o menor medida, según las
circunstancias, el efecto de fascinación.
22
23
24
Por ejemplo, Heráclito, los pitagóricos, Platón y los neoplatónicos.
Cf. Supra, § 13.
Incluso los sonidos y los colores puros tienen algún ritmo, porque solo los podemos percibir sobre algún
fondo contrastante.
25
F- La fascinación de lo numinoso o mistérico.
i- Lo sagrado.
§25- Podemos tomar como punto de partida de nuestra reflexión la descripción de R. Otto
de lo sagrado como lo numinoso, lo tremendo y misterioso, es decir, en otras palabras,
como algo que produce un efecto de fascinación 25.
A los modernos nos cuesta admitir la posibilidad de esa fascinación y también, en
consecuencia, comprender ese sentimiento en los primitivos o los antiguos. Incluso el
hombre religioso de hoy día, suele estar, con frecuencia, lejos de todo sentimiento de
fascinación.
Sin embargo, de acuerdo a lo que diremos enseguida sobre el velamiento de la Otredad,
podemos admitir que lo sagrado consituye uno de sus vías de manifestación 26: en efecto,
los ritos, mitos, lugares y tiempos, objetos y personajes sagrados, etc., revelan lo otro
manteniendo a la vez un cierto velamiento. ¿Pero qué es lo sagrado, por qué fascina?.
ii- Rito y mito.
§26- Si observamos la vida de los llamados pueblos primitivos, de acuerdo a la
información de los antropólogos, vemos que, para ellos, lo sagrado se relaciona con lo
mágico, con lo inusitado, con lo extraordinario 27; así, por ejemplo, puede tener esa
condición una piedra, un ídolo, el altar, algún personaje (rey, sacerdote) lugar o tiempo, la
acción ritual, etc., siempre y cuando manifiesten un carácter no común, no cotidiano o
profano, como algo separado, consagrado. La fascinación que siente el primitivo frente a
estas realidades implica, entonces, la percepción de algo otro, desconocido, mistérico.
25
26
27
Cf. R. Otto, Lo Sacro, Alianza, Madrid, 1980.
Cf. Infra.,§ 33.
Cf. J. Cazeneuve, Sociología del rito, Amorrortu, Bs. As., 1972. Tomamos como referencia la religiosidad de
los primitivos porque, a pesar de sus posibles deformaciones, aparece como una vivencia en estado simple en
la cual todavía no interfieren los conceptos y las abstracciones.
26
§27- Desde este punto de vista el rito y el mito constituyen sus expresiones
fundamentales. En ellos se manifiesta la hierofanía en el sentido de Eliade o lo numinoso
en el sentido de R. Otto 28.
En el mito los objetos fascinantes se han personificado quedando dotados de
determinados atributos expresados en forma de acontecimientos (hierogamia, teomaquia,
milagros, poder, fuerza, etc.).
En el rito se realizan acciones por medio de las cuales el individuo o el grupo entra en
contacto con el misterio como fascinante, a través de figuras e imágenes (que velan y
revelan a la vez).
El mito y el rito simbolizan, entonces, lo totalmente otro como mistérico, como poder
benevolente y peligroso. Bajo este aspecto expresan la seriedad de lo fascinante .
Pero, en cuanto lo actualizan también lo velan en un juego de imágenes, gestos y
palabras. Así la seriedad del misterio entra en un juego lúdico que vela y revela aquello
cuya experiencia directa resulta inabarcable o insoportable.
§28- En este sentido ya señalamos que en las tradiciones antiguas y en los pueblos
29
primitivos el juego estaba intimamente ligado a la fiesta y al rito . Esto vale tanto para
los juegos deportivos y recreativos, como para la creatividad artística. Así, lo lúdico viene
a constituir un elemento complementario de lo sagrado, ambos opuestos a lo profano de la
vida cotidiana.
En lo sagrado se complementan, entonces, como fondo y figura, la seriedad no lúdica del
acto cultual y el complemento del juego creativo y recreativo de la actividad que antecede,
acompaña y sigue al rito como fiesta, arte o juego de imágenes y símbolos.
De modo que se puede afirmar que lo lúdico, en el sentido más amplio de la palabra, en
cuanto no cotidiano, constituye un puente entre dos formas de la seriedad: la seriedad
cotidiana (necesidades perentorias de conservación y propagación, trabajo y lucha) y la
seriedad cultual (ritos, mitos, oraciones, sacramentos).
También es interesante destacar que la no seriedad de lo lúdico con su carácter de juego
figurativo, metafórico o simbólico se incluye como componente intrínseca e inseparable en
la misma seriedad cultual que no tiene posibilidades de expresarse de otro modo. El rito y
el mito conforman de este modo una unión estrecha entre la seriedad mistérica y el juego
de imágenes.
28
29
Cf. M. Eliade, Lo sagrado y lo profano; R. Otto, Lo Sacro.
Cf. Supra, §22. Por ejemplo: los juegos griegos mencionados en la Ilíada que se realizan como
complemento de los funerales de Patroclo o los juegos fúnebres mencionados en la Eneida.
27
Observamos también, por otra parte, que la acción sagrada, individual o colectiva, tiene
ritmo, que es rítmica en el sentido de que se repite siguiendo los ritmos cósmicos: ritmos o
ciclos que constituyen la unión de contrarios (noche- día, verano-invierno, luz- sombra,
profano-divino) y que expresan, a la vez y armonizan al individuo con la sociedad, con el
cosmos o con la divinidad. Allí aparece la fascinación del bioritmo que es belleza y es
también amor y armonía de acuerdo a lo dicho 30.
Concluyendo. Hemos visto que el ritmo como expresión biomecánica constituye la forma
simple y primitiva de fascinación: las otras formas podrían ser consideradas como la
integración en alguna totalización personal de ese ritmo cósmico y natural: integración en
la actividad lúdica y estética, en la vivencia del amor o en el descubrimiento de lo
numinoso. Podemos suponer, entonces, que es posible que los antiguos no estuvieran
errados cuando pensaban que donde hay fascinación hay alguna forma de ritmo oculta o
no manifiesta como oposición de contrarios que se reconcilian en la armonía.
iii- Lo sagrado como poder.
§29- Pero además, lo sagrado está dotado de poder, poder cósmico, 31 poder que es
peligroso y por eso puede tener la condición del tabú. Este poder está en los posibles
efectos mágicos que vienen de lo Otro como fuerza misteriosa, fuerza con la cual se
puede entrar en armonía o en oposición. Por eso, son tabú ciertas personas sagradas o
bien ciertas acciones y relaciones (prohibición del incesto, del crimen, etc.). El tabú
impide la transgresión de la armonía sacra. A todo lo cual hay que agregar que la magia
es la utilización posible del poder sacro
Entonces, la fascinación de lo sagrado abarca varios aspectos relacionados con el poder
cósmico: poder armonizado con el individuo en el rito sagrado y en los objetos que lo
representan; no armonizado, en lo impuro o tabú; utilizado con un fin práctico lícito o ilícito
en la magia.
Este poder fascina porque es poder sobrenatural, poder de lo Otro absoluto que puede
entrar en conjunción con el sujeto humano. Es poder mistérico, caos creativo, fuerza
numinosa y, en cuanto tal, tiene que quedar velado en alguna medida.
30
31
Cf. Supra, § 24.
Cf. G. Van der Leeuw, Fenomenología de la religión, F.C.E., 1964.
28
iv- Lo sagrado como velamiento lúdico.
§30- Cuando hablamos de lo Otro como totalmente Otro, nos referimos a algo que es lo
otro de todo lo pensable o concebible en términos abstractos y racionales. Es decir, algo
que evade las características de toda particularidad y también de todo lo general y
abstracto, que no admite las notas de lo sensible pero tampoco es lo inteligible en cuanto
expresión conceptual.
Lo Otro en cuanto totalmente Otro debe ser concebido como una no dualidad vedantina,
no dualidad cuya existencia se revela siempre encubierta en algún velamiento o
envoltorio de dualidad. Este velamiento puede tener distintos niveles de densidad, desde
lo más tenue a lo casi opaco u oscuro. Cada individuo puede entrar en contacto con la
otredad en función de un velamiento adecuado a las características de sus propias
disposiciones, determinando las posibilidades de algún efecto de fascinación. La razón de
este velamiento radica en el hecho de que la divinidad como poder no puede ser
expresada con entera plenitud, ya que es en sí fuerza caótica inabarcable. En
consecuencia, toda manifestación de lo sagrado es solo un componente cósmico (una
hierofanía) que representa en el plano simbólico la armonía o conjunción con la divinidad,
pero no es esa conjunción en sí misma. Por eso lo Mistérico Absoluto solo puede
aparecer en símbolos, metáforas y representaciones 32.
Para aclarar esta situación podemos distinguir tres modos de vinculación con lo fascinante
que podrían corresponderse con etapas de la historia humana o con diversas actividades
que se mezclan o desmezclan en la experiencia de los individuos en distintas situaciones
histórico-culturales:
1- En primer lugar, se puede hablar de una fascinación difusa que todo lo invade
transformando el cosmos y cada uno de sus componentes en un mundo misterioso lleno
de maravillas poéticas, místicas o numinosas, donde se juntan armonía, belleza y amor.
En ese caso, un velamiento ténue produce una fascinación suave y constante que abarca
gran parte de los momentos de la existencia. Este efecto se parece al modo de ser infantil,
para el cual todo el acontecer cotidiano tiene algo de extraordinario y se vincula con la
actividad lúdica, la cual descubre velando la otredad materna. Para el sabio, el místico o
el poeta todo acontecer revela la Gran Otredad Mistérica en un juego de significaciones
que velan y descubren lo fascinante. En otras palabras, se podría afirmar que, en ese
caso, alguna forma de lo sagrado se transparenta en todo lo profano hasta conjugar
totalmente los opuestos.
2- Otra forma de fascinación es la que se expresa en lo sagrado en cuanto opuesto y
separado de lo profano o distinto de lo común y cotidiano. Aquí tenemos un velamiento
32
Cf. M. Eliade, Lo sagrado y lo profano
29
intermedio que aparece en todo juego mítico-ritual y en las artes que se derivan en
múltiples formas a partir de allí. Es la fascinación del hombre religioso frente a los ritos de
su religión, los lugares y tiempos sagrados, los sacramentos y sacramentales o del artista
en sus creaciones.
3- Por último debemos mencionar una fascinación enteramente velada en lo profano
cotidiano en cuanto encubrimiento de lo sagrado en las actividades ordinarias y comunes
del juego secularizado (artístico o recreativo) y la afectividad (materno-infantil o de
pareja). Este velamiento mayor ya lo hemos tratado como presencia de lo otro en la
cotidianidad del juego, del arte o del amor. Aquí la otredad visible para el místico o el
sabio, está oculta y fascina desde su escondite al hombre común.
v- Lo sagrado como tabú.
§31- Las prohibiciones del tabú en cuanto actividades o gestos prohibidos, constituyen un
aspecto fundamental de lo sagrado, porque lo numinoso es simbolizado desde un doble
aspecto: por un lado, la cosa, la acción o persona sacra; por el otro, lo santo como
separado, diferenciado y apartado de todo lo profano, cercado por la prohibición del tabú.
Lo sacro, en cuanto símbolo de lo totalmente otro no sólo simboliza en cuanto cosa,
persona o acción sino que simboliza también por su separación de todo lo profano,
separación que representa lo otro, como absolutamente Otro 33.
De este modo el objeto, la persona o la acción sagrada se cargan de poder numínico,
poder que puede ser beneficioso para el que se acerca de acuerdo a las reglas de lo
sagrado y destructivo para el que no guarda el orden adecuado.
Este es el significado concreto de lo que se llama “profanación”. Esta consiste en una
lectura errada de la significación de lo sagrado: se considera lo absoluto en el mismo nivel
de lo cotidiano según preconceptos, prejuicios, mezquindades o intereses profanos.
Lo que se llama magia negra tiene este carácter de profanación, ya que implica una
utilización de fuerzas o poderes sagrados con fines mezquinos. La magia blanca o lícita
sería, en cambio, la que se vale de lo sagrado sin violar las reglas que lo envuelven, sin
33
Sin embargo, es necesario observar que en ciertas expresiones de Oriente (especialmente en el Tao, y en el
Budismo- Zen) la separación sacro-profano está diluida en cuanto que se proponen modos de vida que tienden
a transparentar lo sacro dentro de lo cotidiano. En otras palabras, estas tradiciones tienden a hacer de lo
fascinante una experiencia común al incorporar la experiencia mistérica en la vida cotidiana. Por eso se puede
decir que transforman el mito y el rito en actividad común y cotidiana. Si en ellas todavía se puede hablar de
mitos o ritos sólo se debe entender como lenguaje de símbolos que manifiestan algo inefable en todos los
aspectos de la vida común.
30
profanarlo, es decir, de acuerdo a las normas de una tradición religiosa.
§32- Pero además, puede afirmarse que en las sociedades tradicionales toda transgresión
tanto ritual como moral puede ser considerada como la transgresión de un tabú porque en
esas sociedades lo moral como lo ritual, tiene una vinculación con lo sagrado.
A esta descripción de lo sagrado como incluyendo las normas morales, se podría objetar
el carácter natural y no sacro de las reglas de convivencia social. Estas parecen surgir
directamente del orden natural.
Se puede responder señalando que en toda cultura tradicional la organización social
tiende a ser sacralizada. Es lo mismo cotidiano que participa de algún modo de lo
absoluto; cada persona tiende a ser sacralizada en ese mismo sentido. Así en esa
sociedad se podrían distinguir dos dimensiones de lo sagrado: el rito, la doctrina y los
objetos del culto plenamente separados de lo cotidiano, y la vida social cotidiana cuyas
normas y leyes reciben una sanción que les confiere cierta sacralidad 34. De modo que
quedan sacralizadas las normas y costumbres sociales, las formas que reglamentan la
convivencia.
§33- En esas sociedades encontramos también múltiples prescripciones rituales que
35
parecen absurdas y sin sentido. Para aclarar en algo este punto , se puede señalar que
para la percepción primitiva todo lo que se refiere a la vida o a la muerte contiene algo de
fascinante y, en consecuencia, puede adquirir la condición de lo sagrado. Esto se puede
ejemplificar con las prescripciones legales del Antiguo Testamento que establecen tabúes
para la parturienta, la menstruación, la sangre en general, establecen reglas de
abstinencia sexual para determinadas ocasiones, rituales y ceremoniales para el
matrimonio, el nacimiento, el crecimiento y la muerte.
Para este punto de vista la sexualidad, la vida y la muerte son manifestaciones cotidianas
de lo mistérico, incrustaciones de lo totalmente otro en la vida diaria y por lo tanto, formas
comunes de lo fascinante.
Se puede repetir para la sexualidad y para la vida en general, lo dicho sobre la
vinculación cósmica en el acto alimentario (o respiratorio) 36.
34
Luego, obviamente, en una instrumentación ideológica esta sanción se puede volver justificativa del poder
abusivo de unos pocos. Pero aquí solo nos referimos al sentido originario de los vínculos sociales en una
sociedad tradicional.
35
36
Tema que exigiría estudios particularizados muy complejos.
Cf. Supra, § 15.
31
vi- La fascinación cósmica.
§34- La fascinación cósmica abarca por igual los fenómenos naturales comunes y
habituales (para los cuales no muchos están abiertos a excepción de los niños, los
místicos y los poetas) y los fenómenos excepcionales, altamente improbables,
prodigiosos, milagrosos, etc.(estos últimos, obviamente, fascinantes para todo el mundo).
Lo fascinante, en general, tiene, ciertamente, relación con alguna forma de lo infrecuente;
en cuanto distinto, misterioso, lo que no corresponde bajo ningún aspecto con el orden de
cosas conocido y familiar (lo unheimlich), ni tiene término de comparación. El misterio
cósmico se revela al hombre común en la ruptura del orden habitual y familiar por una
especie de irrupción caótica e inesperada; los poetas, los místicos o los filósofos ven, en
cambio, en el mismo orden cósmico, una realidad mistérica, algo extraordinario o
maravilloso. En ellos gran parte de la existencia está subtendida por un cierto estado de
fascinación suave y permanente.
vii- La fascinación del saber.
§35- La fascinación de lo numinoso o mistérico se puede vincular con la fascinación del
saber. Este fascina en cuanto no poseído. Fascina en cuanto algo velado que promete
develarse, en cuanto misterio que manifiesta una faceta, pero oculta las otras. El saber
plenamente poseído ya no fascina; produce la satisfacción de la posesión de lo deseado,
la seguridad del control de la situación.
La fascinación mistérica del saber adopta distintas formas. Puede manifestarse como
simple curiosidad acusiante, como pasión intelectual. Puede exhibir las notas del secreto,
lo oculto, lo esotérico, la intriga, el suspenso. Mueve a la interrogación, la indagación, la
investigación, la búsqueda, la exploración, etc.
Se manifiesta como curiosidad cotidiana que llena en el niño gran parte de sus
actividades: lleva a buscar, indagar, preguntar, se manifiesta como sed de nuevas
experiencias, sed de aventuras. Está en el origen de la filosofía y de las ciencias 37.
viii- Magia y fascinación.
§36- La fascinación mistérica tiene su máxima intensidad en los fenómenos
extraordinarios que consideramos como sobrenaturales. Aparte de los efectos de
37
Cf. Infra, El simbolismo como expresión de lo infebable.
32
fascinación que se transparentan en la cotidianidad, puede haber otros absolutamente
inusitados, extraños e incomunicables que se categorizan habitualmente bajo el nombre
de "experiencia mística", "milagro" o "magia". Estos hechos maravillosos fascinan
intensamente.
El fenómeno mágico está formado por gestos, palabras y ritmos que producen un estado
de fascinación: el mago se autosugestiona y sugestiona a los coparticipantes en la
ceremonia mágica 38.
Si realmente se produce un hecho inusitado, estamos en presencia de lo Otro en cuanto
Otro mistérico; manifestación intensa, no velada, relativamente pura (en cuanto que no
entra en composición con otros fenómenos próximos y colaterales).
Sin embargo, como vimos, la actitud mágica en cuanto utilización pragmática de presuntas
fuerzas ocultas, se presta a la degradación en formas viles y negativas (la magia negra) y,
entonces, se transforma en expresión de la fascinación aprisionante y destructiva 39.
Pero aparte de los hechos o fenómenos considerados como resultante de una supuesta
acción mágica, se debe mencionar la experiencia mística o el milagro como
manifestaciones intensas de la presencia del poder numínico. En general, estas
manifestaciones han sido pensadas en el encuadre de alguna doctrina religiosa.
ix- Divinización y demonización de lo fascinante.
§37- Todo lo fascinante puede idealizarse divinizando o demonizando y por eso puede
liberar o aprisionar. En cuanto aprisionante, adquiere el carácter de lo demoníaco. Por el
contrario, en cuanto abre a la dimensión de lo infinito cumple una función liberadora.
En la divinización se concibe lo fascinante como un ente personificado que puede
beneficiarnos o resultar peligroso; en cambio, cuando se lo demoniza se imagina algo
sobrehumano que solo puede ser destructivo o negativo para el hombre (en ese caso se
reserva para el dios sólo lo beneficioso). En todo caso, lo extraño fascinante siempre es
imaginado como dotado de poder (beneficioso o maligno).
Lo extraño divinizado como benigno puede ser el río, el sol, el árbol, el rey. Lo extraño
38
39
Cf. Lévi Stauss, Antropología Estructural, IX, El hechicero y su magia, Eudeba, 1968.
Cf. Supra, § 4-5.
33
demonizado puede ser la enfermedad, la tribu enemiga, el mar, etc.
Evidentemente, la divinización y la demonización suponen la proyección de arquetipos y
no se dan en la actitud racional que reprime todo lo inconciente, evalúa, estudia, investiga
lo desconocido. El hombre moderno en la luna no diviniza ni demoniza el misterio.
El deslumbramiento y fascinación del niño frente a ciertos colores, o frente a los
movimientos o gestos del rostro humano, parece anticipar la divinización adulta. El
rechazo del niño a lo extraño o los extraños, parece anticipar la demonización. El adulto
querido deslumbra y fascina en su benignidad y es temido en sus enojos y malignidad. La
persona que juega, cuida o alimenta es para el niño como un dios; cuando castiga o
prohíbe es como un demonio.
En conclusión: la divinización corresponde al objeto fascinante, tanto en sus aspectos
benéficos como malignos (sacrificios, castigos, exigencias, destinaciones, etc.). La
demonización corresponde a una separación personificante de sus aspectos malignos.
Sin embargo, si bien existe una tendencia natural a divinizar o demonizar lo fascinante,
debemos aclarar para evitar malentendidos, que la divinización o demonización de ciertas
experiencias no implica, de ningún modo, desde el punto de vista en que nos colocamos,
la idea racionalista de la falsedad ilusoria de las mismas. Puede tratarse de auténticas
vivencias en sí inefables que necesitan ser expresadas por alguna forma de
representación para poder ser asumidas o comunicadas. En ese caso, las formas más
comunes de expresión y comunicación de la vivencia fascinante es la representación
personificada (divinizando o demonizando) o la representación verbal (utilizando las
analogías de la fuerza, el poder, la energía, etc.)
§38- Lo Otro se inserta en la vida humana por todas partes y envuelve su existencia. Se
incrusta en la cotidianidad, en todo vínculo afectivo, en las formas del amor y la belleza
como padre, madre, pareja, amigo. Se incrusta en la seriedad productiva como elementos
lúdicos, decorativos, superfluos, etc. Aparece de modo velado en la fiesta, la recreación,
la creación artística, adoptando una mayor seriedad en los fenómenos deslumbrantes, en
los sucesos inusitados, en los hechos excepcionales. Adquiere plenitud en la
manifestación cósmica como numinoso y mistérico. En todas, según nuestra hipótesis, es
lo otro como presencia mistérica lo que produce algún efecto de fascinación.
julio de 1988.
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