el derribo del avión turco y el aumento de la tensión en torno a siria

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EL DERRIBO DEL AVIÓN TURCO Y EL AUMENTO DE LA TENSIÓN EN
TORNO A SIRIA
Francisco J. Ruíz González
Comité Consultivo de Funciva
Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE)
Introducción
El viernes 22 de junio se produjo el derribo de un avión de la Fuerza Aérea turca, en
concreto un F-4 “Phantom” biplaza, alcanzado por un misil antiaéreo sirio. Según las
autoridades turcas, algunos restos del aparato han sido localizados a 1.300 metros de
profundidad en el Mediterráneo, pero no se sabe nada de la suerte de los dos pilotos.
El avión había despegado de una base en el sur de Turquía, en la provincia de Hatay,
próxima a la frontera con Siria.
El domingo 24 el Ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, intervino en el canal
de televisión TRT para dar su versión del incidente. Según él, el avión fue derribado
mientras volaba sobre aguas internacionales, y no dentro del espacio aéreo sirio como
afirmó Damasco el viernes. Añadió que el avión no recibió ninguna advertencia por
parte de la defensa aérea siria, y que su misión era probar un nuevo sistema de radar.
Ankara reconoce que el avión entró en el espacio aéreo de su vecino del sur, pero que
recibió orden de abandonarlo cuando sus mandos se dieron cuenta del error, y poco
después de hacerlo fue derribado.
Tras esas primeras declaraciones de Davutoglu, las autoridades turcas han ido
subiendo el tono de sus amenazas de represalia, con afirmaciones como que “nadie
debería poner a prueba a Turquía”, han convocado una reunión del Consejo del
Atlántico Norte de la OTAN (de la que Turquía es miembro desde 1952), en base a las
consultas previstas por el Artículo 4 del Tratado de Washington de 1949, y se ha
enviado una nota diplomática a Siria exigiendo que se identifique a los responsables y
se produzca una disculpa formal y una compensación.
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Por su parte, la versión oficial siria del incidente es que un objeto aéreo no identificado
entró en su espacio aéreo, y fue derribado siguiendo los procedimientos habituales de
defensa, a la vez que piden a Turquía que actúe de forma contenida para mantener la
estabilidad regional.
La reacción internacional
En las vísperas de la reunión de los 28 Embajadores de los Estados aliados en el NAC,
se han sucedido las declaraciones de mandatarios internacionales sobre el incidente y
sobre la situación de Siria en general. De entrada, cabe destacar la llamada a la
prudencia del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, que afirmó que el incidente
debe ser manejado con “contención y diplomacia”.
En lo que respecta a España, el Ministro de Exteriores José M. García-Margallo, que
participaba el lunes 25 en una reunión con sus equivalentes de la Unión Europea en
Luxemburgo, ha declarado que los aliados no se han planteado una intervención
militar en Siria, e insistió en que la prioridad es detener las matanzas del régimen de
Bachar al-Assad.
Mucho más duro fue el Ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, que afirmó en la
misma reunión en Luxemburgo que “El avión no transportaba armas y realizaba un
vuelo rutinario. Fue abatido sin aviso previo. Es inadmisible”, dando completamente
por buena la versión turca del incidente. Como resultado de la reunión, la Alta
Representante de la Política Exterior de la UE, Catherine Ashton, anunció el 16º
paquete de sanciones contra el régimen de Damasco, con entrada en vigor el 26 de
junio tras su publicación en el Diario Oficial de la UE.
Por otra parte, y de cara a la reunión de la OTAN, Turquía ha hecho público un informe
detallado sobre el derribo. Según el Jefe del Estado Mayor, Necdet Özel, el avión
penetró de forma no intencionada en el espacio aéreo sirio a las 11:42. A las 11:44 el
piloto fue informado por sus superiores de la situación, y conminado a salir lo antes
posible, y 15’ después se perdió todo contacto con el avión. Afirmó también que
existen grabaciones que demuestran que los sirios sabían que se trataba de un avión
turco, que llevaba el IFF (identificador amigo-enemigo) encendido, y que este año en el
espacio aéreo turco se han producido hasta 114 entradas no-autorizadas de aviones
extranjeros, en su mayoría griegos, sin que se haya producido ningún derribo.
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Una primera valoración
Ni que decir tiene que todavía no se conocen todos los detalles del incidente, por lo
que no se pueden hacer afirmaciones concluyentes sobre lo que ocurrió. Sin embargo,
ya han surgido distintas teorías, alguna tan pintoresca como la que afirma que se ha
tratado de un acto premeditado de un sector de las Fuerzas Armadas turcas, opuesto
al partido islamista del Primer Ministro Erdogan (el AKP, en el Gobierno desde 2002),
para justificar un posible golpe de estado de los sectores laicos-kemalistas.
En todo caso, sí que se puede hacer un primer análisis de las circunstancias que han
rodeado el derribo. De entrada, el F-4 “Phantom” es un avión muy antiguo y de
limitado valor militar, que entró en servicio en Turquía en 1974 y fue renovado por la
empresa israelí IAI en el año 1995, en la ya olvidada etapa de los años 90 del pasado
siglo en que Turquía e Israel forjaron una alianza estratégica. En todo caso, se trata de
un avión con una velocidad de crucero de unos 900 Km. hora, aunque puede llegar a
superar la velocidad del sonido. De acuerdo por lo afirmado por Turquía, si pasaron 15’
entre la orden de salir del espacio aéreo sirio y la pérdida de contacto con el avión, en
ese tiempo pudo haber recorrido hasta 225 Km., una distancia enorme.
Sin embargo, y según los turcos, el derribo se produjo a 16 Km. del territorio de
soberanía siria, una distancia que el F-4 puede recorrer en sólo un minuto. Además, la
referencia al IFF es insólita, ya que ese sistema identifica a las aeronaves militares con
una serie de códigos sólo compartidos por los aliados de la OTAN, por lo que Siria
carece de las claves para desencriptarlos y leerlos. Para acabar con las referencias
técnicas, si el avión se alejase perpendicularmente de la costa siria a gran velocidad
sería muy difícil que un misil antiaéreo lo alcanzase, y los detectores del avión habrían
puesto sobre aviso a los pilotos del enganche previo del radar de guiado del misil,
dándoles tiempo a intentar ponerse a salvo aumentando su velocidad, o de eyectarse
en caso de no poder romper el seguimiento.
Por otra parte, y aunque es cierto que esos incidentes son muy frecuentes en todos los
países, y que afortunadamente casi nunca acaban con el derribo de la aeronave que no
es identificada, hay que tener en cuenta que Siria, en la actualidad, no es un país
normal, que lleve a cabo operaciones rutinarias de control de su espacio aéreo en
tiempos de paz: Siria es el escenario de una cruenta guerra civil desde 2011, con una
creciente violencia tanto por parte del Gobierno de al-Assad como por parte de la
oposición, que ha causado miles de muertos y suscitado la preocupación de la
comunidad internacional.
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Por ello, en un momento en que se plantea una intervención internacional para frenar
la violencia, ante el evidente fracaso del plan de Kofi Annan y del despliegue de
observadores internacionales; cuando crece el tono de las acusaciones mutuas entre
EEUU, que apoya a la oposición siria y el derrocamiento de al-Assad, y Rusia, que se
opone a la injerencia en los asuntos internos de otro Estado, y amenaza con vetar en la
ONU toda iniciativa en ese sentido; y cuando todos los actores de la zona (Irán, Arabia
Saudí, la propia Turquía) intentan influir en el resultado del conflicto en función de sus
propios intereses, resulta cuando menos sorprendente que un caza turco, en una
misión rutinaria e irrelevante, se dirigiera directamente a territorio sirio nada más
despegar, algo evidentemente arriesgado ante la situación de seguridad en la zona.
Conclusión
La reunión del NAC no supondrá más que una condena formal de la OTAN a Siria, de la
que no cabe esperar ningún apoyo militar, cosa que por cierto Turquía no necesita.
Más bien se trata de aprovechar su pertenencia a la Alianza Atlántica para ir sumando
legitimidad a su cada vez mayor implicación en el conflicto sirio. De hecho, Turquía
sigue una carrera desenfrenada con Arabia Saudí para ver cual de los dos países apoya
más a los rebeldes, para intentar reafirmar su liderazgo regional en caso de una más
que posible caída final del régimen alauita de Bachar al-Assad.
Por ello, y sin dejar de cumplir los compromisos de defensa colectiva del Tratado de
Washington, cabe concluir que Occidente debe ser especialmente cuidadoso ante la
posibilidad de que otros actores instrumentalicen su postura y apoyo, para reforzar a
uno de los bandos en una guerra civil, que además tal vez no sea el más favorable para
nuestros propios intereses.
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