La toma del Palacio de Invierno

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La toma del Palacio de Invierno
La tenacidad de los obreros y de los marineros es grande, pero todavía no se ha transformado en apasionamiento. Para no provocar su furor, los
sitiados, siendo la parte infinitamente más débil, no osan tomar medidas rigurosas en relación a los agentes del enemigo que penetran en el palacio.
No se fusila a nadie. Los intrusos no se muestran de a uno, sino a grupos. Cuando los junkers se lanzan contra el invasor, éstos se dejan desarmar.
« ¡Qué carroña! ¡Qué incapaces! », dice Palchinski con desprecio. No, aquellos hombres no son incapaces. Para penetrar en el palacio atestado de
oficiales y de junkers se necesita gran coraje. En el laberinto de un edificio desconocido, por corredores sombríos, delante de innumerables puertas,
que conducen quién sabe a dónde y amenazan quizás con qué, los hombres no pueden sino rendirse. El número de prisioneros aumenta. Irrumpen
nuevos grupos. No es siempre fácil comprender quiénes son aquellos que se rinden y quiénes son obligados a entregar las armas. El cañón truena
entretanto sin interrupción.
Con excepción del radio inmediatamente adyacente al Palacio de Invierno, el trajín en la calle no se detiene. Los teatros y cines estaban abiertos.
Pareciera que los medios más, conocidos e instruidos de la capital se preocuparan poco de saber que el Gobierno estaba amenazado [...].
Y los ministros continuaban agitándose en la ratonera [...].
El Smolny reclamaba categóricamente un rompimiento. No se puede prolongar el sitio hasta la mañana, tener la ciudad en esa tensión, enervar al
Congreso, dejar todos los éxitos en la duda. Lenin lanza notas irritadas. Telefonazos sucesivos emanan del Comité Militar Revolucionario. Podvoski
arenga y gruñe. Se puede enviar a las masas al asalto, hay voluntarios suficientes, pero, ¿cuántas víctimas había? Y, ¿qué quedará de los ministros y
de los junkers? A pesar de todo, es demasiado imperiosa la necesidad de llevar las cosas hasta el fin. No hay sino que ceder la palabra a los cañones
de la Marina. Un marinero parte de la Fortaleza de Pedro y Pablo llevando un mensaje para el Aurora: abrir de inmediato el fuego contra el
palacio. ¡Ahora todo parece aclararse! No serán precisamente los artilleros del Aurora quienes sigan dilatando las cosas. Pero los dirigentes no están
firmemente resueltos todavía. Aún realizan una última tentativa. «Decidimos aguantar otro cuarto de hora -escribe Flerovski-, intuyendo la posibilidad
de un cambio de situación». Intuitivamente se comprende que aún se esperaba obtener el desenlace mediante simples recursos demostrativos. Y esta
vez la «intuición» no los engañó: al cabo de un cuarto de hora un emisario llegó directamente del Palacio de Invierno: ¡el palacio ha sido tomado!
El Palacio no se había rendido; lo habían tomado por asalto [...].FUENTE: En TROTSKY, León, Historia de la Revolución rusa, 2/octubre 1917, Ed
Zero, Madrid, 1972, págs. 504-505.
Fuente: http://www.historiacontemporanea.com/pages/bloque3/la-revolucion-sovietica-y-la-rusia-de-stalin/documentos_historicos/la-toma-del-palacio-de-invierno
Última versión: 2016-11-21 03:50
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