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Gálvez Ronceros,
hacedor de historias
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ntonio Gálvez Ronceros conocido autor chinchano, nació en 1932. Su primer libro Los
ermitaños, compuesto de siete breves relatos, apareció 1962 y es motivo de estas líneas.
Su producción literaria, en general, no ha recibido los estudios críticos necesarios para
analizar e interpretar los mundos representados en su narrativa; sin embargo, el autor es
ya desde hace algunos años celebrado y homenajeado. Hoy, después de 50 años de la
aparición de su primer libro, hacemos un acercamiento que intenta rescatar su aporte a
nuestra narrativa peruana y, en especial, a la afroperuana.
La narrativa de Gálvez Ronceros es muy cuidada y detallista, donde cada palabra asume
la fuerte responsabilidad de caracterizar, crear, hacer creer; así el universo de Gálvez
Ronceros es más que creíble, es verdadero con sus palabras.
Su narrativa es claramente un trabajo, en primer lugar, de estilo, con una honda manera
de darle vida a las palabras, a veces incluso con aires poéticos. “El viento leve del norte
sopla la niebla hacia la ciudad: despunta ya la profundidad fría de las noches de junio”,
es el inicio de “Sombreros” el cuento con el que empieza Los ermitaños donde nos recibe
una descripción elaborada con figuras. Basta con leer las líneas que siguen y el remate
que llega con “… La ciudad se desampara”. En general, el lugar, la sensación que produce
su lectura, la descripción de los personajes que habitan este pueblo crean una atmósfera
inmediata que ubica al lector en este ambiente frío y solitario y le hace sentirse inmerso
en este desolado lugar. Y todo eso solo con el primer párrafo. Es así de contundente la
narración de Gálvez Ronceros.
Sin embargo, a pesar de que analizando su lenguaje se percibe el trabajo estilístico, su
narración no deja de ser sencilla y directa. Fluye naturalmente, frente a los ojos del lector
posiblemente más preocupado por llegar al final de la historia.
Y es ese aire poético del que hablábamos antes, el que alimenta la narración y le imprime a
las descripciones la pausa necesaria para luego seguir con los acontecimientos: “Sobre la
ciudad está la niebla. Lentamente, sin premura, baja hasta besar el piso de las calles y allí
se duerme, recostada en las…” por lo que esta poesía está al servicio de lo que se narra.
En cuanto al argumento, este primer cuento expresa una especie de “descariño” por el
pueblo donde se realizan las acciones, cuando el protagonista dice, por ejemplo “¡Pero el
tamaño culpable es este pueblo maldecido” (p.10). Luego, se inquiere a sí mismo expresando todo su rencor hacia el lugar donde se encuentra “Yo a veces pregunto: ¿por qué
este pueblo no se vuelve un champón de hielo o se incendia de una vez?”. Claro está,
ese sentimiento se explica porque el protagonista, se ve despojado constantemente de
sus preciados sombreros.
Sobre la representación del personaje, nos queda la duda si sería útil calificarlo según las
categorías de héroe o antihéroe, ya que al parecer este desborda dichas denominaciones.
Muchas veces efectivamente, a lo largo del libro, los personajes realizan acciones que
podrían hacerlos ver como antihéroes. Pero, curiosamente, guardan una duplicidad en
su caracterización, sufren, son víctimas, pero también son vengativos y rencorosos, o al
mismo tiempo sienten arrepentimiento.
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En este primer relato, “Sombreros”, se representa a un poblador de una zona (aledaña al
pueblo del protagonista) con especial manera de hablar, quien utiliza frases como: “me
ha agarrado de su hijo”, por decir que alguien ejerce poder sobre el que habla o palabras
como “malamaña” para referirse al modo criticable de actuar de alguien, con lo cual ya
tenemos un personaje representativo de la zona, que luego nos enteramos, está rodeada
de chacras y animales.
Acerca de la figura del personaje afroperuano hay ciertas referencias que llaman la atención:
“su tamaña jeta” (p. 11) o “Entonces el negro le aventó con un vozarrón” (p. 11). haciendo
énfasis en sus características más resaltantes, pero esto es solo en cuanto a lo físico.
El personaje negro que aparece mencionado no es precisamente amigo del protagonista,
porque ese regaló uno de sus sombreros y así se ganó su enemistad. Cuando el protagonista se refiere a este personaje dice “el negro era así grandazo” (p. 1). Y es precisamente
en ese momento donde se aprecia un aspecto de la oralidad: la inmediatez de la representación porque con la palabra quiere mostrar los gestos que el personaje (que habla)
estaba realizando en ese momento. Además, una de los momentos de oralidad aparece
cuando haciendo uso del lenguaje popular y del léxico, representando el modo de hablar
de la gente de la zona, el personaje dice: “¿Quién se iba a meter con tamaño tizne? (p 11).
Según Antonio Cornejo Polar (1994) “el habla que se pretende representar en la escritura
es, precisamente (o al menos en buena parte) la de los que no saben escribir (p. 173). Y
no podría ser más acertado para este relato y, en general, para el libro. El personaje que
se representa en el relato, es un humilde poblador, para quien sus sombreros constituyen
parte importante de su patrimonio.
Por otro lado, este texto tiene una estructura clásica, en el sentido que está presente un
narrador que da paso a sus personajes para que dialoguen. Y es el mismo narrador el
que se encarga de dar término al relato. Solo casi al final nos damos cuenta de que el
protagonista se está dirigiendo a Esteban, su interlocutor. Y nuestro narrador personaje
se llama Melesio, la víctima constante del robo de sombreros.
El narrador vuelve con la descripción del inicio y nos deja la sensación de que en este
pueblo todos los días son iguales. González Montes comenta a propósito que “Como puede
apreciarse, Gálvez Ronceros ha empleado una técnica circular para contarnos esta graciosa anécdota: comenzó con el narrador omnisciente; luego dejó libres a los personajes
compartir voces y afanes. Y finalmente el narrador inicial dio remate a la anécdota y deleitó
a los lectores con esta historia pequeña pero muy graciosa y verosímil” (p. 3).
El siguiente relato es “La compra”. Se centra en una anécdota que es curiosamente, a
pesar de lo que sugiere el título, un evento que nunca se realiza. Florencio, el protagonista,
es animado, mientras bebe, a comprar un carro y a deshacerse de los burros que poseía.
Aunque finalmente convencido por la idea, no llega a hacerlo ya que en la tienda de autos
a la que se dirigió lo confunden con un mendigo y lo expulsan sin escucharlo. Fue tratado
con desprecio por su mala y sucia apariencia. Fastidiado, regresa a la tienda a incriminarles su actitud a los vendedores. Cuando estos se dan cuenta de la pérdida que están por
enfrentar, cambian de actitud con él, dando muestras de zalamería, pero esta vez Florencio
se niega a comprar el carro a pesar de que tiene mucho dinero.
El relato deja un sinsabor sobre la discriminación que sufre este campesino, a pesar de
ser uno de los más adinerados, no “cumple” con los requisitos del hombre de la ciudad
que se maneja en un auto y no en burro. Al mismo tiempo, llama la atención la curiosidad
del protagonista por querer ser otro y dejar las costumbres arraigadas. Pero también habla sobre la fuerza del trabajo del campesino quien, finalmente, prefiere vivir alejado de
la “modernidad”.
Este relato, como el anterior, se centra principalmente en la anécdota narrada con sencillez, sin aspavientos. Y nos queda la imagen de Florencio, como un poblador más de este
lugar, a veces incomprendido por los propios lugareños menos favorecidos que él. Es que
cambiar un burro por un automóvil es más que una simple anécdota para Florencio, claro
está, para un campesino como él es cambiar parte de su ser. Y parece que, felizmente,
no lo logró. Por eso al final, el personaje habiendo fracasado en su intento vuelve por la
campiña llamando con suaves palabras al burro que dejó marchar cuando tuvo la intención,
después de dejarse convencer, de comprar un automóvil.
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El cachimbo, el novio y el graduado Antonio Gálvez
Ronceros con Walter Peñaloza en la Cantuta
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En este relato, no sabemos más acerca de otras características de Florencio, de su manera de ser o de su aspecto físico. No hay más detalles sobre él, solo sobre la anécdota
antes analizada.
“El buche” es el nombre del cuento y al mismo tiempo del personaje que representa la
viveza del ladrón que cumple su hazaña engañando a otro que pretendía, bajo sus indicaciones, robarse un cochino. Valiéndose de la observación de ciertos detalles de la
vida de los habitantes de la casa, como dormir temprano, evitar la reacción de los perros
guardianes, etc., el buche convence con verosimilitud a su interlocutor, su principal víctima,
para realizar el gran robo.
La víctima quien por sugerencia de El Buche entró desnudo a la casa cuenta la historia
desde la comisaría, adonde llegó después de ser atrapado sin ropas y golpeado por la
familia dueña de la casa.
Este relato también empieza con un diálogo entre el protagonista y un interlocutor. Luego,
el mismo protagonista relata los hechos centrales (la anécdota) y finalmente, termina con
la continuación del diálogo inicial. Esta estructura de marco, actúa como referencia de la
materia propiamente narrativa. En ese sentido, la estructura que plantea Gálvez Ronceros
sin ser muy arriesgada, es ordenada y es como si tomara de la mano al lector para guiarlo
por el camino de la historia.
En el siguiente relato “La cena” aparece Melitón quien es un padre que trabaja todo el día
fuera de casa pero no comparte la comida con su familia. Como castigo, su esposa e hijos
le dan de comer ratas y él sin saber disfruta de la cena. Ellos no sienten culpa y el relato
termina con: ““Bah, la misma cantaleta”, mascullaron la mujer y los hijos. Pero, al instante
sádicamente agregaron: “¡Peor para él le saldrán bubas en las tripas de tantas ratas que
se ha tragado!””. Aunque parece poco inverosímil que hablen todos al mismo momento,
este recurso dado al final funciona como moraleja. A manera de conclusión, cual coro
que resume los acontecimientos, los personajes “reivindicados” terminan su participación
sentenciando al personaje egoísta, que forma parte de su propia familia y del cual aparentemente no pueden prescindir.
Sigue el relato “El desaparecido”. En él se cuenta cómo Don Isaías se hizo rico, según
los pobladores, al parecer con la ayuda maliciosa del diablo. La atención se centra en su
velorio a donde solo acuden siete personas. Uno de los asistentes es el encargado de
contar los detalles del dineral encontrado por Don Isaías gracias a la presencia del diablo.
Sucesos extraños ocurren en el velorio, cuando aparece una oscura muchedumbre que
invade la casa; la hija del difunto asegura haber visto a su padre penando; y, finalmente,
y sin explicación alguna, desaparece el cuerpo del ataúd.
En esta historia se entremezclan conocidas historias del relato oral de la zona. Curiosamente, no interesa saber la identidad de los asistentes, que son los personajes de la historia
también, porque se hace hincapié en la anécdota misma.
“El animal está en casa” es un relato que combina las costumbres de hacendados y peones con un suceso extraño, algo fantástico, casi inexplicable. La historia se centra en la
muerte del hacendado Ricardón, quien se mimetiza con la imagen de un perro rabioso
que lo había mordido.
Se observa la fidelidad de los peones que aun viendo loco y moribundo a su patrón, solo
se alejan de él después de haberlo enterrado, poniéndolo a salvo de los gallinazos que lo
rodeaban. Aquí también aparecen personajes conocidos para la zona representada como
la “carcancha”, conocido personajes de los relatos orales.
Finalmente, en “Joche” tenemos la historia melancólica contada a través de los ojos de
un niño de once años que relata una muerte triste y tonta. El Joche muere y se narra su
velorio, con episodios que van entre la alegría y la pena.
El relato termina con los deseos de venganza del pequeño narrador, quien solo encuentra
justicia con sus palabras: “ojalá yo tenga esas manos del Joche, para tirarles piedras a
su padre, al caporal y a toda esa gente, con esa puntería que él tenía para traerse abajo
cernícalos y lechuzas”.
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Estos relatos que forman parte de Los ermitaños presentan a personajes que, por definición
son solitarios, pero no necesariamente físicamente, sino emocionalmente. Porque estos
personajes están rodeados de otras personas con las que viven o trabajan o que son sus
amigos o incluso sus familiares, pero se sienten irremediablemente solos.
En general, los relatos tienen un tono de tristeza y de desesperanza. Los personajes emprenden la búsqueda de la justicia que no llega y, finalmente, experimentan la impotencia
de no poder cambiar el rumbo de las cosas.
Hay también desconfianza por el otro, lo que trae como consecuencia más aislamiento
emocional. Son personajes que viven cuidándose constantemente de otros, protegiéndose
de una fuerza que los oprime. Son personajes que intentan reponerse individualmente
(ermitaños) del dolor y la pérdida.
El campo temático de este libro va desde lo más sencillo hasta lo inexplicable. Se narra la
historia de la pérdida de sombreros hasta la injusta y complicada muerte de un muchacho.
Sus personajes expresan miedo a la autoridad que se ejerce violentamente. Aparentemente, la vida vale poco para ellos. No son solo los ermitaños porque viven en soledad, sino
porque realmente se sienten solos.
En cuanto al trabajo estilístico de Gálvez Ronceros cabe destacar el cuidado de la palabra,
de la recreación de la escena que se cuenta. Desde los títulos (siempre sustantivos), los
cuentos son directos, objetivos, no pretenden confundir al lector, sino presentarle la simpleza
de la realidad y de las acciones de los personajes. Inmediatamente nos dirigen al objeto
central o al contexto donde se desarrolla la historia. Son siete breves cuentos “Sombreros”,
“La compra”, “El buche”, “La cena”, “El desaparecido”, “El animal está en casa” y “Joche”.
Casi todos, desde el título, precisos, cortos, directos, como la propia narración y descripción
de los escenarios como la campiña y personajes. Tal es así que no podríamos afirmar si
el libro da una imagen positiva del personaje, pero sí transparente.
Es curioso que los cuentos vayan acompañados de imágenes de campo y no de personas.
Solo vemos paisajes deshabitados que crean la atmósfera de desolación, que es casi como
se sienten estos personajes. El gran protagonista de este libro parece ser el campo (el
lugar) y no ellos, en el sentido que este libro está lleno de sucesos sencillos, cotidianos,
casi intrascendentes para el hombre de la ciudad, tan ajeno a ellos. Y, sin embargo, son
especialmente importantes para Los ermitaños.
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BIBLIOGRAFÍA
Cornejo Polar, Antonio
1994
Escribir en el aire. Ensayos sobre heterogeneidad. Lima: Ed. Horizonte.
Gálvez Ronceros, Antonio
2010
Los ermitaños. Lima: Peisa.
García Miranda, Carlos
2007
La utopía negra. Lima: Fondo Editorial de la Facultad de Letras de la UNMSM.
González Montes
2012
Antonio Gálvez Ronceros y su narrativa. Presentado en Biblioteca Municipal El Olivar.
Orihuela, Carlos
2009
Abordajes y aproximaciones. Ensayos sobre Literatura Peruana del siglo
XX (1950-2001). Lima: Hipocampo editores.
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Desde AGR
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