El género sexual en la narrativa de Juan Carlos Onetti

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EL GÉNERO SEXUAL EN LA NARRATIVA DE JUAN CARLOS
ONETTI: A PROPÓSITO DE L A VIDA B R E V E
Elena M. M artínez
Baruch College (CUNY)1
E n este trabajo me propongo ex a m in ar las construcciones de género
sexual en la narrativa de Juan Carlos Onetti (M ontevideo, 1908-1994). Sin
em bargo, debido a la im portancia de La vida breve, y por considerarla
representativa de la producción de Onetti, haré más referencias a la misma.
Mi estudio, a diferencia de los estudios de representación de la m ujer que
tuvieron auge en la década del setenta y principios del ochenta, propone el
análisis de la construcción de subjetividades m asculinas y fem eninas, y su
correspondencia con el espacio literario que explora la diferenciación entre
ficción y realidad en la narrativa de Onetti. Aunque el universo literario de
Onetti reproduce la ideología patriarcal inscrita en el sistem a de géneros
sexuales, en él hay ciertas m odalidades dignas de estudio y que ponen de
m anifiesto la com plejidad del autor.
Investigo la configuración de las subjetividades m asculinas y fem eninas,
sus funciones en la narrativa y la hom ología con la construcción literaria
misma. Considero la posición social de los personajes masculinos y femeninos
en distintos espacios— para señalar el carácter periférico de las subjetividades
fem eninas y, m ostrar cómo, contrario a lo que sucede con las subjetividades
m asculinas en el sistem a patriarcal, aquí también ocupan espacios (sociales)
m arginales. Los personajes m asculinos están en la periferia por ser, m uchos
de ellos, escritores que se refugian en la creación negándose a ejecutar el
papel tradicional — de productores económ icos— que la sociedad burguesa
les impone; otros, son personajes asociados con la ilegalidad, la prostitución
o personajes enferm os física o sicológicam ente.
Para que se aprecie m ejor la discusión, resum iré el argum ento de La vida
breve, obra de fundación que inicia el conocido ciclo onettiano de Santa
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María. La novela, dividida en dos partes (la prim era tiene 24 capítulos; la
segunda 17), em pieza con el interés que despiertan en Brausen, los ruidos
que oye en el apartam ento contiguo al suyo, el cual ocupa la prostituta
Queca. A partir de la voz de la Queca que escucha a través de la pared, Juan
M aría Brausen, em pleado de una agencia de publicidad y quien necesita
escribir un argum ento, inventa historias de otras vidas. Defraudado con su
existencia vacía, el fracaso de su m atrim onio con Gertrudis y la amputación
del seno de ésta, Brausen crea un mundo im aginario. El argum ento tiene tres
líneas principales que corresponden al entram ado de las vidas “breves” de
dos de los personajes creados por el protagonista, Brausen, y los personajes
alter-egos que imagina: Díaz Grey (el m édico) y Arce (el amante de Queca).
Brausen funda el m undo de Santa M aría superponiendo tres historias, la
suya y la de los personajes inventados. Valiéndose del proceso de creación
de Brausen, Onetti explora la diferenciación entre realidad y ficción.
C uriosam ente, la escena final de La vida breve presenta un carnaval en que
los personajes disfrutan con el juego de apariencias, con la confusión de
identidades y las inversiones, esto es, la posibilidad de aparentar ser otro y
ju g ar a hacer el papel de otro. Este espacio carnavalesco es em blem ático de
la enajenación de Brausen y está a favor de la ambigüedad del universo
literario onettiano.
En la form ación de subjetividades y la construcción literaria m ism a,
O n e tti se vale de las té c n ic a s de e s p e c u la riz a c ió n y o p o sic ió n .
Especularización apunta a dos significados intrínsecam ente unidos: una
connotación tiene que ver con la form ación de identidades en la novela, y
con la construcción del género sexual, y la otra, delata el proceso de
m etaficción y la relación de realidad/ficción que, como señalé antes,
investiga m ucha de la narrativa de este autor. La oposición alude a la
contraposición de personajes (del mismo sexo o de distinto sexo) que
presentan posiciones o valores distintos y que son requisito indispensable en
la narrativa de Onetti.
La palabra “especular” designa aquí la técnica de elaborar personajes a
partir de un personaje m odelo y, específicam ente en La vida breve, a la
creación que lleva a cabo el protagonista Juan M aría Brausen, quien
encam ando al escritor en el proceso literario, nom bra e inventa otros
personajes de la ficción. Aún más, en la narrativa de Onetti, el personaje
m asculino en función de escritor o de la ideología literaria es un lugar
paradigm ático.
E l proceso de invención de Brausen— el cual coincide con el com ienzo
de la novela— surge de la necesidad de éste de sobrepasar la alienación a
través de la reparación de la realidad. Utilizando el mecanismo de sustitución,
B rausen rem plaza una realidad por otra, proyecta y desarrolla los personajes
a partir de la pérdida inicial del seno de su esposa G ertrudis, y atraviesa por
el reconocim iento y el rechazo de la im agen m utilada de ella:
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No quiero soportar la imagen de Gertrudis tendida de espaldas, vigilando
alternativamente los platillos de una balanza, calculando la intensidad de
los dolores que pueden, en cualquier momento, transmitirle un nuevo aviso
de enfermedad desde el pulmón y estudiando, en el otro platillo, las
probabilidades que tiene de volver a vivir, de participar, interesarse y
conquistar, de compadecer a los otros. (La vida breve O. C. 471)
Al igual que los otros personajes m asculinos onettianos (por ejem plo,
Eladio Linacero de El Pozo, Larsen de Juntacadáveres y M edina de
D ejem os hablar al viento), Brausen se caracteriza por su conciencia
existencial y por su capacidad de reflexionar sobre el m undo y sus
experiencias. Onetti presenta un personaje problem ático y com plejo que
percibe su enajenación y que se rebela contra la rutina diaria y las obligaciones.
Esa conciencia se ve en Brausen - personaje que em blem atiza el problem a
ontológico. En las prim eras páginas de la novela, Brausen apunta:
Entretando, soy este hombre pequeño y tímido, incambiable, casado con
la única mujer que seduje o me sedujo a mí, incapaz, no ya de ser otro, sino
de la misma voluntad de ser otro. El hombrecito que disgusta en la medida
que impone la lástima, hombrecito confundido en la legión de hombrecitos
a los que fue prometido el reino de los cielos. Asceta, como se burla Stein,
por la imposibilidad de apasionarse y no por el aceptado absurdo de una
convicción eventualmente mutilada. (La vida breve O. C. 476)
En la cita anterior, el énfasis en los adjetivos “pequeño” , “tím ido” y
luego el dim inutivo “hom brecito” indican una actitud de auto-lástim a, autodesprecio y el conocim iento de ser un ente m enor, producto de la creación
de un autor. Brausen, como Linacero en El pozo, Larsen en Juntacadáveres
y M edina en D ejemos hablar al viento, siente desconfianza y cierta repulsión
hacia sí m ism o y hacia el género humano. Además de ser una forma de
d ism in u irse y m o strar la im p o ten cia que sien te B rausen ante los
acontecim ientos de su vida, estas palabras encierran un sentim iento de
devaluación de la m asculinidad. Esto es interesante pues si el patriarcado
percibe al sujeto m asculino como estable, el autor desestabiliza esa
construcción y hace que la configuración de las subjetividades m asculinas
desafíe las convenciones.
El gesto de Brausen de describirse ante el espejo es un ardid com ún de
los personajes m asculinos onettianos. Estos autorretratos, por un lado,
contribuyen a fijar el espacio del sujeto m asculino y a poner de m anifiesto
la conciencia que tiene de la im portancia de la relación entre el mundo
exterior y el interior; por otro lado, delatan el narcisism o que caracteriza a
las subjetividades m asculinas y que es rasgo esencial en las relaciones entre
personajes de distintos sexos en la novela.
Otra característica de los personajes m asculinos que se aprecia en la cita
anterior, es el cansancio, el cual está asociado en la narrativa de Onetti con
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el proceso de ficcionalización. Precisam enle, La vida breve com ienza
cuando Brausen intenta sobrepasar la alienación a través de la reparación de
la realidad. Brausen rem plaza su realidad (la enferm edad de Gertrudis, el
tedio del trabajo y del m atrim onio) por otra realidad (la ficción, la invención
de personajes, las historias sobre Arce, Queca y Díaz Grey). Esto es:
proyecta y desarrolla los personajes a partir de la pérdida inicial (del seno
de la esposa) y atraviesa por el reconocim iento y el rechazo de la imagen
m utilada de ella.
El poder im aginativo de Brausen lo impulsa a inventar otras vidas y
realidades que se oponen o corresponden a sus experiencias. Sus creaciones
son una duplicación de sí mismo pero con la posibilidad de cambio. Esa
creación, basada en la especularización y oposición, conlleva la instauración
de un juego de personalidades, la cual representa una subversión al concepto
tradicional de la identidad como algo fijo y estable. Esto pone de m anifiesto
la idea de que no hay una subjetividad auténtica y, por el contrario, apoya
la idea de que la identidad es variable, y escapa a la fijación, lo cual se hace
eco del concepto derrideano de sujeto descentrado. Así, la identidad m asculina
fragm entada, tan característica de la narrativa de Onetti, em blem atiza un
universo narrativo sin verdades absolutas donde prevalece la ambigüedad.
La transform ación de Brausen y la reiteración de la posiblidad de vivir
otras existencias culm ina en la novela con el carnaval, durante el cual los
personajes asumen el disfraz. Y es en el carnaval que Brausen logra
co n seg u ir la lib eració n que buscaba desde el principio, “ ser libre,
irresponsable ante los dem ás, conquistarm e sin esfuerzo en una verdadera
soledad” (La vida breve O.C. 694). El carnaval reitera la transform ación de
Brausen y m arca el m om ento de la toma de conciencia de ese cam bio que se
ha operado en él.
Elem ento básico en la formación del género sexual, la oposición se da
en La vida breve a nivel de individuos y de grupos. Por oposición, se
entiende la confrontación de un personaje con otro, teniendo en cuenta la
diferenciación por sexo (la más común) y por edad. Es decir, los personajes
se crean com o im agen especular de otros y aparecen involucrados en las
situaciones narrativas en pares por características físicas y psicológicas
opuestas. Es com ún en la narrativa de este autor encontrar personajes
m asculinos que presentan características o modos de ser opuestos o que
representan visiones o ideologías de vida contrarias. Los m odos de ser o la
actitud de los personajes ante la vida se contrapone, lo cual le vale a Onetti
para crear un contrapunto ideológico y escapar del dogm atism o. En muchas
ocasiones las situaciones o acontecim ientos incluyen a dos personajes
m asculinos, a dos personajes fem eninos, y a personajes de distinto sexo. Por
ejem plo, en La vida breve aparecen Brausen y Stein, G etrudis y Queca y
Brausen y Gertrudis. Ejem plos de pares de personajes que se enfrentan por
presentar distintas ideologías son Brausen y Stein (en La vida breve) y
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Larscn y Pctrus (en El astillero). Si Brausen presenta una ideología m arginal,
por estar interesado en la creación y la reflexión, Stein, el dueño de la
agencia de publicidad en que aquél trabaja, es un hom bre ambicioso,
dinám ico, interesado en el dinero y en la productividad económ ica. En El
astillero (1961), Larscn representa la m arginalidad y cierto idealism o
m ientras que Petrus, el dueño del viejo astillero, encarna el poder y la
am bición. Este binarism o le sirve a Onetti para criticar la clase social
(burguesa) que Stein y Petrus representan y, por otro lado, indagar en una
figura m arginal, la cual en el caso de Brausen está en función de escritor—
como antagonista de la clase que Stein y Petrus encarnan.
Una constante desde La vida breve hasta la últim a novela de Onetti,
Cuando ya no importe (1993), es la presentación de un mundo hom osocial
en el cual las m ujeres están en función de las identidades m asculinas. Como
verem os más adelante, m ientras que Brausen escribe, curiosam ente, y con
am plias im plicaciones ideológicas, los personajes fem eninos insatisfechos
con la realidad, se prostituyen, m ueren o enloquecen.
En ese universo, la narrativa surge y se da como una transacción
masculina. M uchos de los textos de Onetti (“Presencia” , Para una tumba sin
nombre, Cuando entonces, entre otros) com ienzan con una conversación
entre hom bres, quienes recuerdan o evocan a una figura fem enina a quien
aman o desean. O tam bién, el narrador m asculino -en un claro gesto
especular— observa, evoca o recrea a un personaje fem enino que ama. Así,
se puede decir que en la producción de Onetti hay una relación entre deseo
m asculino (heterosexual) y narrativa. Todos los narradores onettianos son
m asculinos, m ientras que los objetos de lanarración son sujetos (¿objetos?)
fem eninos. El papel de las mujeres onettianas es m arcar una diferencia, y esa
diferencia apoya la identidad (m asculina) y el poder m asculino como
asegura M illington.2 El valor (valor paradójico, por supuesto, y que
responde a construcciones patriarcales) de las m ujeres radica en la función
que ellas cum plen para los hom bres, ya sea ésta en térm inos de la producción
narrativa o la gratificación sexual de los personajes m asculinos.
Las escenas iniciales de La vida breve, Cuando entonces (1987) y el
relato “Presencia” (1978) presentan el deseo (sexual) del personaje masculino
por el fem enino. En La vida breve, Brausen — a través de los ruidos que
llegan del apartam ento de la Queca, la imagina y la desea. El proceso de
ficcionalización que emprende Brausen tiene que ver con distintos aspectos
de su vida: su interés por Queca, la relación (económ ica y social) con Stein,
y la relación afectiva y sexual con su esposa Gertrudis. Sin duda, estos
aspectos están relacionados pues Brausen, empleado de Julio Stein, debe
escribir un argum ento cinem atográfico para éste. Y su salvación, la cual
radica en la escritura del argum ento para Stein, depende de su relación con
las dos m ujeres quienes estim ulan su im aginación, y lo satisfacen
sexualm ente.
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En La vida breve, Cuando entonces, P a ra una tumba sin nombre y
“Presencia”, la ficción se origina en la apropiación (especular) im aginaria
del sujeto fem enino (visto como objeto) y de la ausencia del mismo. Uno de
los ejem plos más claros de la relación de narrativa y apropiación del cuerpo
fem enino en el corpus de Onetti es la novela P a ra una tumba sin nombre.
Aquí, los personajes m asculinos inventan y subvierten distintas versiones
sobre Rita que aparece como un lugar vacío para la elaboración narrativa de
las subjetividades m asculinas. Otro ejem plo curioso es el relato “Presencia”
(P resencia y otros cuentos)— el cual, sim bólicam ente, inscribe el juego de
ausencia/presencia del personaje femenino. La narrativa como transacción
m asculina se ve en la relación de M alabia y el detective; el prim ero le paga
al detective para que le construya una fantasía sobre M aría José, fantasía que
el narrador term inará creyendo.
En los textos antes m encionados, la narrativa com ienza y tcm atiza la
búsqueda de la m ujer que lleva a cabo el narrador m asculino. La m ujer se
presenta como un enigm a (una ausencia), es decir, como alguien rodeado de
m uchas interrogantes (no se conoce su nom bre o no se puede precisar
nom bre ni edad). Ellas aparecen como “el otro”, el opuesto, lo desconocido;
son objetos de la imaginación m asculina y se constituyen como “lo diferente”
al hom bre. Como apunta Mark M illington, las m ujeres en la narrativa
onettiana son “objetos y signos, no hablan, no desean, no producen
significado.” Los personajes fem eninos son un lugar especular, esto es, la
otredad m asculina.
En esa configuración de la otredad, en la narrativa de Onetti, como ha
sido característico en los discursos literarios, artísticos, y culturales, la
negación de la sexualidad fem enina es esencial. Es contradictorio que a la
m ujer se le presente como objeto sexual y que a la vez se le niegue la
capacidad de actuar para satisfacer ese deseo, el cual es prerrogativa del
sujeto m asculino. Esto es; el cuerpo femenino se objetiva y es lugar de
origen de la productividad narrativa (porque los personajes com ienzan a
ficcionalizar sus m undos a partir de la relación con las m ujeres) o de placer
sexual y visual para el hombre.
En el proceso de ficcionalización que llevan a cabo los sujetos masculinos,
los cuerpos fem eninos son centrales. La am putación del seno de Gertrudis
es la situación o instancia que pone en m archa el impulso im aginativo y
literario de Brausen, y a partir de la pérdida del seno de G ertrudis, Brausen
se convierte en productor de una realidad. No obstante, si la visión de la
carencia de G ertrudis le resulta repugnante a Brausen, ésta tam bién lo
inspira:
Un momento más, un diminuto suceso cualquiera y la misma Gertrudis
bajaría del retrato para salvarme del desánimo, del clima de amor
emporcado, de la Gertrudis gruesa y mutilada; vendría a guiarme la mano
para escribir un nuevo principio. (La vida breve O.C. 635)
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Desde una óptica fem inista, el corte del seno de Gertrudis como requisito
para la labor creadora de Brausen es problem ático ya que, obviam ente, el
gesto está m arcado por la m isoginia, pues la creación se vincula estrictam ente
con lo m asculino. Y aún más, se da a entender que la aniquilación de lo
fem enino es requisito para la ficcionalización del mundo, la cual es privilegio
único del varón. Así, Onetti reitera los postulados m isóginos im perantes en
la época, los cuales los discursos psicoanalíticos— pensem os en las teorías
de Freud y Lacan— conm inados por el falocentrism o, sustentaron.
A los personajes de Brausen, Arce y Díaz Grey en La vida breve, se
oponen, a la vez que corresponden, los personajes fem eninos. Coincidiendo
con lo que ha sido la norm a en los discursos literarios, en Onetti prevalece
un esencialism o en la presentación del género sexual. Las categorías
binarias establecidas por la ideología patriarcal designan como positivo y
superior lo m asculino, lo cual se asocia con la cultura, la civilización, lo
racional, lo capaz de trascender la materia. Dentro de este sistem a, lo
fem enino se vincula con la naturaleza, la m ateria, lo intrascendente y lo
perm anente. La idea de la m ujer como naturaleza, madre, cuerpo y m ateria
es clara en La vida breve y se textualiza en la im portancia que tienen los
cuerpos de Gertrudis y de Queca. Brausen, refiriéndose al cuerpo de
G ertrudis en las primeras páginas de la novela apunta:
Su gran cuerpo blanco está siempre pesando sobre una iniciación; ese don
femenino de la permanencia, esa falta individualidad, ese parentesco con
la tierra, eternamente tendida de espaldas y nueva, debajo de nuestro
sudor, nuestro paso, nuestra breve presencia. (La vida breve O.C. 594)
Como se ve en la cita anterior, lo femenino y lo m asculino se contraponen
como categorías excluyentes que se definen a partir de la oposición. Aquí,
lo fem enino se vincula con la pasividad, la perm anencia, la inm ovilidad, la
im posibilidad de ser alguien. Lo m asculino, por su parte, se relaciona con
la acción, la pujanza y el quehacer. En resum en, en la cita anterior, lo
hum ano está únicam ente herm anado con el varón.
Intrínseco a ese sistem a de pensam iento especular y binarista es la
violencia hacia la m ujer. En La vida breve, como en El pozo, Dejemos
hablar al viento y Cuando entonces, entre otras, impera una violencia de
parte de los narradores m asculinos hacia los personajes fem eninos. Esa
violencia se da a nivel de narración y representación retórica y a nivel de
conceptualización de lo fem enino. Su representación textual en la obra de
Onetti adquiere distintas m anifestaciones: la am putación del cuerpo, la
enferm edad, la objetivación de la m ujer, la sobrevaloración de lo físico y lo
sexual, descripciones de violencia física o verbal hacia las m ujeres, y su uso
com o instrum ento de placer o autodefinición para el hom bre, su ausencia,
o la negación de su voz y, por último, su muerte.
Algunos personajes masculinos disfrutan con la expresión de la violencia,
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la cual, adquiere formas más directas (física o verbal) en El pozo (1939)—
en que Linacero ataca físicam ente a Ana M aría y en La vida breve en que
Brausen reacciona violentam ente hacia la Queca al no lograr conciliar la
imagen que de ella se había formado al escuchar los ruidos de su apartam ento
con la m ujer real. En esta dinám ica, Queca se convierte en el chivo
espiatorio en que Brausen descarga su frustración:
Y de la imposibilidad de confundir a la mujer de carne y hueso con la
imagen formada por las voces y los ruidos, de la imposibilidad de
conseguir la excitación que necesitaba extraer de ella, surgía hasta invadirme
un creciente rencor, el deseo de vengar en ella y de una sola vez todos los
agravios que me era posible recordar. (La vida breve O.C. 501)
Posteriorm ente en la novela, esa violencia se da en la relación de Arce
y Queca, y el deseo creciente del prim ero de darle m uerte a la prostituta:
la obligaba a emborracharse y a ofenderme, la golpeaba por sorpresa,
siempre después de una frase amistosa o una caricia, cada vez con más
gozo, repitiendo con paciencia de aprendiz ángulos y velocidades, sofocando
vigorosamente la tentación de la obra maestra, resistiéndome a la promesa
de contento definitivo e invariable que me anticipaba la idea de matarla y
verla muerta. (La vida breve O.C. 600)
La m utilación del cuerpo fem enino en la narrativa de Onetti surge, sin
duda, de un pensam iento m isógino que objetiva a la mujer, reduciéndola a
m ateria y negándole individualidad. El corte del seno de G ertrudis es
em blem a de la destrucción física que sufren otros personajes fem eninos.
Después de Gertrudis (de La vida breve) aparecen otras figuras fem eninas
m utiladas física o sicológicam ente: la m ujer en La m uerte y la niña, Frieda
en Dejem os h a b la r a l viento, y la m uchacha de “La cara de la desgracia”,
aparecen como víctim as de alguna violencia física, la cual culm ina en los
tres casos en la m uerte. El final de esas tres obras presenta los cuerpos
inertes de los personajes fem eninos, los cuales, entonces, se convierten en
m ateria de investigación m édica y, específicam ente, en objeto de análisis
del m édico Díaz Grey, quien es punto de referencia en la narrativa del
escritor uruguayo. Las descripciones m inuciosas de cuerpos fem eninos
m utilados y enferm os ponen de m anifiesto cierto placer y goce del narrador
m asculino en la violencia hacia la mujer:
...Ablación de mama. Una cicatriz puede ser imaginada como un corte
irregular practicado en una copa de goma, de paredes gruesas, que contenga
una materia inmóvil, sonrosada, con burbujas en la superficie, y que dé la
impresión de ser líquida si hacemos oscilar la lámpara que la ilumina. También
puede pensarse como será quince mes después de la intervención, con una
sombra de piel que se le estira encima, traslúcida tan delgada, que nadie se
atrevería a detener mucho tiempo sus ojos en ella. (La vida breve O.C. 438)
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Otro personaje fem enino que presenta la enferm edad — en este caso
sicológica— es Elena Sala. El capítulo V titulado, “Elena Sala” , invención
de Brausen, dedicado a la visita que ésta le hace al m édico Díaz Grey, pone
de m anifiesto la dinám ica tradicional de la relación de géneros sexuales y la
concepción de que la m u je r es m ateria, corporeidad, m ientras que el hom bre
es racionalidad. Díaz Grey, el m édico, representante del discurso científico
y racional, tiene a su cuidado a la enferma Elena Sala quien sufre de
inestabilidad emocional. Sin duda, la relación que se da entre el m édico y la
enferm a refleja la dicotom ía construida social y culturam ente en la que lo
m asculino se alinea con el conocim iento; lo femenino con la naturaleza.
La operación quirúrgica de Gertrudis, además de indicar cierta violencia
de parte del narrador, tam bién representa la desexualización del cuerpo de
la esposa. Ella es signo negativo en el ámbito sexual y em blem a del desgano
de Brausen, su falta de interés sexual, y en general, de la crisis que
experim enta la pareja después de cinco años de m atrim onio. Según Brausen,
para que G ertrudis no se sienta rechazada después de su operación, él
necesita ocultar su desinterés sexual por ella y hacer un esfuerzo por
conseguir la intimidad.
Como ha sucedido históricam ente, las subjetividades fem eninas se
construyen dentro de un entram ado de prohibiciones. Siendo la más severa
de ellas la restricción de la sexualidad de la m ujer, la cual ha pasado a ser
principal en la form ación de los arquetipos de la m adre, la esposa y la virgen.
Contrapartida de esos arquetipos es la prostituta, la encam ación de la
sexualidad, pero entendida, no como función de la sexualidad fem enina sino
com o resultado del poder y de la violencia m asculina.
En La vida breve, Gertrudis, Queca, M ami, Elena Sala, y la violinista
ejercen funciones narrativas significativas, pero dentro de coordenadas
patriarcales. De éstos, Gertrudis, cumple la función de esposa, m ientras que
Queca y M ami, son las prostitutas. Recordem os que el sistem a patriarcal de
géneros sexuales ha enfrentado tradicionalm ente los papeles de esposa y
prostituta, los cuales son constantes que m anifiestan los papeles esenciales
(y esencialistas) en la configuración fem enina dentro de este sistema.
Desde los puntos de vista literario y sociológico es interesante la
dinám ica que prevalece en la conform ación de estos personajes. La
representación de Gertrudis, Queca y Mami está m arcada por la ideología
sexista y por la violencia que prevalece hacia la m ujer en dicho entram ado.
Sin em bargo, a diferencia de otros discursos patriarcales que veneran (a la
vez que subyugan) a la esposa y a la m adre, el discurso onettiano conlleva
im plícitam ente una crítica a esos papeles sociales, los cuales los narradores
rebajan y desprecian por considerarlos oportunistas y resultado de un
sistem a económ ico de dom inación de clase social. A nteriorm ente señalé
que Onetti configura las subjetividades fem eninas basándose en la oposición
de la esposa, a quien se desexualiza, y la prostituta a quien se construye
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como lugar del deseo sexual. Esa oposición se basa en características físicas
(y m orales), y consecuentem ente, la función textual que Onetti les adjudica.
A tono con las construcciones sociales que les otorgan papeles sociales y
espacios (la casa/el prostíbulo) opuestos a la esposa y a la prostituta,
respectivam ente, la novela elabora la oposición entre Gertrudis y Queca. Si
el narrador presenta a Gertrudis como una m ujer am putada, a quien describe
por m edio del adjetivo “callada”, a Queca se le describe por el poder de su
voz, la cual Brausen oye desde su apartam ento (la obra com ienza con las
palabras de la Queca: “M undo loco” y una descripción física de ella y de su
espacio, un apartam ento en desorden). Además, en la descripción de la
prostituta Queca abundan referencias físicas que crean un efecto de
sensualidad. M ás adelante, el narrador ratifica la oposición de los dos
personajes: G ertrudis es un cuerpo seco, m oribundo, enferm o, asexual; la
Queca es un cuerpo rebosante de vida, y sensualidad. En las prim eras
páginas de la novela, la sensualidad de la Queca se exagera hasta el punto
de que el narrador la llam a “bestia asquerosa” — la com paración de Queca
con una “bestia” pone énfasis en su capacidad sexual desm edida, la cual
llega a ser brutal. Recordem os que dentro del pensam iento binarista a la
m ujer se le niega el derecho a la sexualidad, así, el adjetivo “ asquerosa”
subraya la idea (convencional) que los procesos físicos y la sexualidad de la
m ujer son degradantes. Tanto Gertrudis como Queca, por distintas razones,
son personajes funcionales (para Brausen) dentro de la narración, pues
estim ulan la im aginación del personaje m asculino, y le sirven a él de
vehículo de auto-exploración especular y reafirmación.
Como en la descripción de Queca, en la de la prostituta M ami, el
narrador pone énfasis en los atributos físicos, la audacia y una actitud de
provocación sexual al hom bre. Contrariam ente a G ertrudis, a quien el
narrador vincula con la enferm edad y la carencia, Mami se asocia con lo
excesivo y lo sexual. Su espacio es el bar y su presentación es enigm ática:
prim ero se habla de ella como la m ujer que fuma, luego, el narrador la
identifica.
M ami (M iriam , en judío, M aría) presenta una caracterización fem enina
inusual: la prostituta que cumple un papel protector para el hom bre, y un
personaje que se destaca por la inteligencia. Es evidente que esta representación
de la prostituta es problem ática, pues es una idealización m isógina que pasa
por alto la explotación física, social y emocional de estas m ujeres, y que
corresponde a un sistem a socio-económ ico injusto que pone a la m ujer al
servicio de las necesidades y del deseo del hombre. Onetti, sin em bargo, al
otorgarle un carácter m aternal a la prostituta, expande y m odifica los
arquetipos patriarcales de la m adre y la prostituta. Por un lado, coloca a la
m adre fuera de las expectativas tradicionales del sistem a social que insiste
en su desexualización. Y por otro, se exalta en la prostituta la capacidad de
proteger y dar consuelo. Especies de m adres prostituidas, Mami, y Frieda
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(en D ejem os hablar al viento) son m ujeres que dan apoyo y que proveen
bienes materiales a los hombres. Vale notar que, ciertamente, ambos papeles
(de m adre y de prostituta) están en función del narcisism o de los hombres y
de sus exigencias y carencias como se aprecia en la relación de Mami y Stein:
Lo buscó y le ofreció la mitad de una cama, dos comidas diarias, alcohol
y cigarrillos, un poco de dinero para la billetera; y, a veces consejos y
cuidados, un apoyo burlón y vigoroso que acaso Stein nunca podría
reconocer. (La vida breve O.C. 448)
Aún m ás, la descripción que Stein hace de Mami es una de las descripciones
de m ujeres más interesantes y, por cierto, única en la narrativa onettiana
pues exalta la inteligencia de la mujer:
Vieja, claro; y no hay palabra para hacerte ver en la cara que tiene ahora
la que tuvo antes. La mujer más perra, más fantástica y más inteligente que
conocí nunca. Y no es mentira que yo la quiera como una madre; con las
licencias lógicas, naturalmente. (La vida breve O.C.452)
Dentro de la dinám ica especular y de oposición, M ami funciona como
m ediadora entre hom bres (Stein y Brausen) y sirve como contrapunto a la
relación de Gertrudis y Brausen. Si el m atrim onio de Brausen y Gertrudis,
definido dentro de los parám etros del mundo burgués, se caracteriza por la
falta de entendim iento, en la relación de Mami y Julio Stein hay com prensión
de lo que cada uno es y el interés sexual se m antiene después de muchos
años. La pareja de la prostituta y el burgués am bicioso, le sirve a Onetti para
c ritic a r las estructuras sociales y la institución del m atrim onio, el cual en la
ideología onettiana, es un vehículo de opresión del individuo.
En su narrativa, Onetti da a la prostituta un lugar privilegiado pero, por
supuesto, como figura m arginada socialmente. Es ella quien favorece el
escape de los personajes m asculinos al espacio de la literatura y la creación
com o ya han señalado Ludm er y M illington. Esta función principal de la
prostituta que obviam ente corresponde a unas coordenadas patriarcales, es
la de servir de sustento al sujeto m asculino.
Como contrapunto de la esposa y la prostituta están la joven y la loca,
las cuales tam bién sobresalen en la ficción de este autor. Una vez más,
vem os que los papeles de joven y loca y los de esposa y prostituta son, desde
una perspectiva fem inista, aspectos conflictivos de la construcción de
géneros sexuales en Onetti. Es obvio que la sobrevaloración de la joven en
el corpus onettiano corresponde a una concepción patriarcal que ve a la
m ujer como objeto sexual, cuyo valor reside en lo físico. Ya en El pozo
(1939) el narrador exalta el papel de la joven por su físico a la vez que rebaja
sus capacidades intelectuales, privando así, a la m ujer de subjetividad, y
ofreciendo uno de los pasajes más m isóginos de la narrativa de este autor:
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He leído que la inteligencia de las mujeres termina de crecer a los veinte
o veinticinco años. No sé nada de la inteligencia de las mujeres y tampoco
me interesa. Pero el espíritu de las muchachas muere a esa edad, más o
menos. Pero muere siempre; terminan siendo todas iguales, con un sentido
práctico hediondo, con sus necesidades materiales y un deseo ciego y
oscuro de parir un hijo. Piénsese en esto y se sabrá por qué no hay grandes
artistas mujeres. Y si uno se casa con una muchacha y un día se despierta
al lado de una mujer, es posible que comprenda, sin asco, el alma de los
violadores de niñas y el cariño baboso de los viejos que esperan con
chocolatines en las esquinas de los liceos. (El pozo O.C.63)
Aquí, la m isoginia del narrador es evidente y se textualiza en su
negación a reconocer la individualidad de la m ujer, al verla como objeto,
esto es, reducida a lo físico, al m undo m aterial y a las convenciones sociales.
En la narrativa de Onetti — reflejo de un pensam iento sexista— la m ujer
adulta como tal no existe o si existe se le rebaja por representar a alguien que
se acom oda y adapta a los m oldes sociales. Por otro lado, la jovencita, a
través de la producción novelística y cuentística de este autor, no sólo se
valúa por su condición física sino porque ella está fuera del orden social y
la moral de clase m edia, y representa un espíritu de pureza y de libertad que
va más allá de lo establecido. Emblema de libertad, las jóvenes se contraponen
a las obligaciones sociales y al “establishm ent” (como dicen algunos
narradores onettianos). Sim bolizan un mundo que el personaje m asculino
echa de m enos; esto es, una existencia anterior a la corrupción de la
sociedad— antes de la degradación arraigada e im plícita en el sistem a social.
Así, com o apunta Jorge Ruffinelli, “la m uchacha aparece en la literatura de
Onetti como negación, en un gesto romántico de resistencia a las leyes del
m undo y de la vida” .
Es curioso y paradójico que muchos de los personajes fem eninos
jóvenes de Onetti mueran. Estos personajes que m ueren— Ana M aría en El
pozo, M oncha en La novia robada, la muchacha en La c a ra de la desgracia,
Julita de Ju n tacad áv eres y la m ujer de La m uerte y la niña son m ujeres que
están en el lím ite de la juventud y la madurez; son personajes am biguos que
evocan la im agen de niña y de m ujer. La m uerte de esos personajes en el
pensam iento patriarcal y pesim ista que recorre la obra de Onetti se ve como
condición liberadora. Como apuntan muchos narradores, ellas deben m orir
antes de llegar a sufrir la degradación del adulto. Contraria a la suerte de los
personajes antes m encionados, en La vida breve la joven violinista — en
plena ju v en tu d - no m uere, sino que se salva, precisam ente, dice el narrador
- por su juventud, la que en una visión rom ántica encarna la libertad de
espíritu: -¿La violinista?-se asom bra, se burla un poco, sacude una m ano en
el aire. - A ese tipo de m ujeres hay que darle cualquier cosa m enos la paz.
Lo excitante, exciting, es su lema. Nacieron para vivir, las respeto: ¡son tan
escasas! (L a vida breve O.C. 708).
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Como Elena Sala en La vida breve, los personajes fem eninos de “ Un
sueño realizado” y “La novia robada” están enfermos psicológicam ente. A
la loca, como a la prostituta y a la joven, tam bién se les idealiza y se les
vincula con lo literario. En “Un sueño realizado” la protagonista presenta
una caracterización más com pleja que Elena Sala ya que encam a al escritor
en el proceso de escritura. (Recordem os que el relato trata de una m ujer que
busca com pañía teatral que ponga en escena un sueño que ella tuvo.) La
estética de total ambigüedad, así como la apertura del texto y de posibilidades
plurales de interpretación se hace eco de la visión literaria onettiana.
El personaje de “la loca” de “ Un sueño realizado” y M oncha en “La
novia robada” son sujetos que se m anejan en una esfera irreal y quienes
im ponen sus fantasías sobre la realidad. Fuera de la realidad y las lim itaciones
sociales, la loca instala su propio espacio regido por las reglas de la fantasía.
En el relato “La novia robada”, M oncha, la novia abandonada se recluye e
inventa cerem onias de encuentro con su amante. Ella, como otros personajes
fem eninos (Julita en La m uerte y la niña, por ejem plo), que no soportan la
carga de la m arginación social im plícita en el sistema, se esconde, se oculta
e instituye su propio espacio de libertad regido por la fantasía y como
negación del orden social.
Indudablem ente que en esta narrativa, el posicionam iento de la m ujer en
espacios m arginales responde y se hace eco de un pensam iento sexista que
ha desplazado tradicionalm ente a las m ujeres de los centros de producción
de significados. Dentro de este sistema, las m ujeres onettianas (las locas, las
prostitutas y las jovencitas) son las que facilitan la creación literaria y
encam an la ideología literaria onettiana de no instalar “verdades”, a la vez
que sostienen la duda y la ambigüedad. Es curioso — aunque predecible
debido al m om ento histórico en que Onetti escribe— que en su narrativa, el
a u to r, m ae stro co n sag ra d o en tra n s g re d ir lím ite s, m a n te n g a una
diferenciación cultural y social (especular) en la conceptualización de lo
fem enino y lo m asculino.
NOTAS
1 Hago constar mi agradecimiento al PSC-CUN Y Grants por otorgarme una beca
durante el afio 1996-1997. Su apoyo económico me permitió completar éste y otros
proyectos.
2 Mark Millington, “No Woman’s Land: The Representation of Woman in
Onetti”, pp. 358-359.
3
Mark Millington, “No Woman’s Land,” p. 359.
4
Jorge Ruffinelli, “Onetti antes de Onetti,” p. 30.
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OBRAS CITADAS
Castillo, Debra A. “Escritura/mujer: El signo de ruptura en Dostoievski y
Onetti.” Discurso Literario: Revista de Temas Hispánicos, 1989 Spring, 6: 2, pp.
329-349.
Cucchiari, Salvatore. “The Gender Revolution and the Transition from
Bisexual Horde to Patrilocal Band: The Origins of Gender Hierarchy” en Sherry
Ortner y Harriet Whitehead, eds., Sexual Meanings. Cambridge: Cambridge
University Press, 1981.
de Lauretis, Teresa. Technologies of Gender: Essays on Theory, Film, and
Fiction. Bloomington: Indiana Unversity Press, 1987.
_____ . “Desire in Narrative” in Alice Doesn’t: Feminism, Semiotics, Cinema.
Bloomington, Indiana University Press, 1984, pp. 103-157.
Ludmer, Josefina. Onetti: los procesos de construcción del relato. Buenos
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Maloof, Judy, Over Her Dead Body: The Construction of Male Subjectivity.
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Martínez, Elena M. Onetti: estrategias textuales y operaciones del lector.
Madrid: Verbum, 1992.
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2, 1983, pp. 44-56.
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Onetti,” Modern Languages Association, Marzo 1987, 102:2, pp. 358-377.
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1981.
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_____ . Cuando entonces. Madrid: Mondadori, 1987.
_____. Cuando ya no importe. Madrid: Alfaguara, 1993.
Ruffinelli, Jorge. “Onetti antes de Onetti.” Prólogo a Tiempo de abrazar y los
cuentos de 1933 a 1950. Montevideo: Arca, 1974.
Verani, Hugo. Onetti: El ritual de la impostura. Caracas: Monte Ávila
Editores, C.A., 1981.
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