Yanira Soundy - Arte poética

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Yanira Soundy
Sílabas celestes
LA CHILIN
Un día azul de palabras mágicas mi padre la trajo a casa. Los árboles se mecían con sus
largos vestidos verdes y amarillos y el viento callaba. Ella llegó vestida de abril procedente
de un país de música. La llamé "Chilín". Era una ardilla chiquita y nerviosa que tenía la
cola flaca y sin pelo. De su carita sobresalían sus ojos redondos y negros, y una trompita
con dos enormes dientes de roedor.
En ese momento Chilín dormía en una cajita de madera, envuelta toda con trapos,
calcetines y hojas, dejando apenas entrever sus ojos como dos fulgores en la oscurida
Al poco tiempo de tenerla con nosotros, mi padre le compró una preciosa jaula que
abarcaba más de la mitad del jardín de mi casa. La cual adornamos con macetas de plantas.
La "Chilin" creció y de pronto comenzó a visitarla una ardilla macho, que le regalaba en
ramos pequeños de flores: la fronda olorosa, paisajes y agua fresca. La "Chilin" se
emocionaba y gozosa los agarraba por entre las rendijas de la jaula, ella lo había aceptado
ya como su novio. Muchas veces quisimos atraparlo, pero fue imposible. Él estaba
enamorado de la "Chilin", pero también amaba su libertad, los soplos de azul en el volcán
de San Salvador, los vigorosos árboles, el crepúsculo y los caminos de los montes. Cuando
la ardilla macho decidía visitarla, pasaban largas horas uno frente al otro, separados por el
cautiverio de la "Chilin". Entonces ella tomaba entre sus patitas nerviosas pequeñas gotas
de rocío que reflejaban el inmenso campo mojado por la lluvia, hasta que el viento se las
arrebataba. Entonces parecía sonreír...
Un día la "Chilin" estaba muy triste, tenía los ojitos húmedos de llanto. La ardilla macho,
se lastimaba la carita queriendo quitar el alambre de la jaula. Mientras en el exterior se
deshojaban las estrellas al golpe de las hojas, atravesándome con una música gris en el
corazón...
Al verlos, sentí un gran remordimiento, entonces abrí la jaula. Mi sorpresa fue que entró la
ardilla macho resignado al encierro. Esperé frente a ellos, silenciosa, sin cerrar la puerta.
Salieron poco a poco, la "Chilin" saltó a mi hombro, espléndida , agradecida, bañándome
de gracias. Se fue junto a su amado, por floridos cafetales, con una aurora de frescura en la
mirada. Afuera les recibieron los árboles, el silencio de las flores, el brillo de los cielos, los
campos perfumados con olor a pino y a hoja de naranja
Desde ese día puse siempre comida junto a la jaula. Ellos llegaban alegres, con sus
cuerpecitos mojados por el rocío y un encanto lleno de misterio, distraídos oliendo los
claveles y saltando de rama en rama, hasta llegar a la cálida palmera empapada de cielo
que adornaba el patio de la casa.
Yanira Soundy
Antología esencial
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1
La "Chilín" había dejado de ser gordita, hacía mucho ejercicio saltando de un árbol a otro.
Pero luego vino el invierno y no los vi más.
Quebró el junco la música y yo quedé como una niña con el corazón solitario...
Pasaron no sé cuántas noches de lluvia, hasta que un día los rayos del sol se filtraron por la
ventana de mi cuarto. El verano había llegado fresco, nuevo y galopante a las rosas, a las
lilas y violetas.
Corrí al patio con la esperanza de verlos.
Cinco ardillas saltaban entre los árboles de la quebrada, dichosamente juntas a la sombra
de las ramas.
Llamé a la "Chilín" por su nombre y ella volvió su carita nerviosa para verme, deteniéndose
un instante me mostró con orgullo sus crías. Después saltó con ellas a otro árbol y les perdí
de vista...
Hoy después de tanto tiempo, cuando escucho ruidos de ardillas en la quebrada imagino
en cada una de ellas a la "Chilín", balanceándose al ritmo de las ramas de algún árbol
frutal en nuestra casa, recordando quizás mis caricias tañidas por los dedos de la lluvia.
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Vocabulario:
Fulgores: Resplandores, brillos
Tañidas: El sonido de cualquier instrumento.
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Yanira Soundy
Sílabas celestes
PRINGA
Estoy en este sitio lleno de algas y espumas, donde te bañabas desnuda entre las rocas, y le
hablabas a la luna pálida que parecía caer en el pecho azul del mar...
Hoy todo me parece nuevo, el trino el perfume, el crepúsculo, la aurora...El arenal, donde
corrías desafiando a la marea. Caen cansadas las hojas de nuestro árbol, y los pájaros no
cantan más al salir el alba
Todo permanece en silencio.
Volverá el invierno, y tú no escucharás caer las gotas de agua como si fuesen una música
sin tiempo. No verás la calle como un río, iluminado por las luces de los postes, ni tu
corazón latirá como una estrella recordada por un niño.
Estuviste conmigo en todos los momentos. Al conocer la miel del beso, la lumbre de la luna
entre la niebla, el aire que se ausenta del alma, la palabra más honda, los desengaños.
Me acompañaste bajo la fina llovizna, a llorar la muerte de mi padre, sentada a la luz, con
tu carita apoyada en mis rodillas y los ojitos llenos de lágrimas.
Me escuchaste hablar de mis sueños, de los inflexibles pasos que nos cierran el mundo, del
agua limpia, de los vastos cielos, del principio y el fondo del silencio.
Cuando vino tu ceguera, supiste superar el miedo a la oscuridad, y buscaste como siempre
entre las piedras los helechos.
Parecías conocer de memoria cada rincón de nuestro hogar.
Los soplos en el traspatio alegre, las nubes últimas, el sofá, la alfombra, el corredor, el
ruido de la hierba en flor...
Me despediste una fría mañana de septiembre cuando me fui de casa.
Pensabas en quién te daría el hueso que tanto te gustaba, a quién cuidarías el armario, a
quién despertarías con tus ladridos cada mañana. Y tu silencio maduró mi alma con el beso
de su onda.
De pronto el llanto de una niña penetró tu mundo de nieblas, y tuviste celos, lloviendo,
atardeciendo sola.
Pero aprendiste a quererla como nadie. Había alegría en los jazmines, en las rosas
pensativas, en las cigarras.
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Yo te hablaba de las islas, del fondo del mar, de la música presa entre los labios. Y tú
empezabas a ladrar...
Cuando te vi agonizar, supe que por fin beberías la frescura del agua en la mañana,
corriendo entre las matitas de flores recién sembradas, acostándote panza arriba en el sofá
sin temor a caerte..
Pero sin embargo no pude evitar llorar.
De pronto tus ojos se llenaron de la luz que sube a las estrellas, miraste la rosa amarilla
abierta al aire tibio, los narcisos con sus ramas encendidas, y aquel caracol de música que
te gustaba tanto escuchar...Miraste mi rostro, mojado en lágrimas. Y me dijiste adiós.
Hoy estás junto a la cucaracha Cuki y con Bichu ladrándole a todos los niños que entran al
cielo, correteando entre campanas, en un jardín de rosas suaves y un sol lleno de espuma.
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Vocabulario:
Algas: Planta que vive en el agua.
Narciso: Planta de flores blancas o amarillas.
Matitas: plantas perennes de tallos bajos, leñosos y más o menos ramificados.
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Yanira Soundy
Sílabas celestes
DORA MONA
Era una niña de pupilas hondas, un astro nocturno a los fulgores, un corazón rebosante de
sueños..."Dora Mona" su sobrenombre, así la bautizó mi hermano, porque según él,
aquella niña era tan fea como una mona.
Dora Mona partía a los jardines, diciéndome que eran países extraños y corría con sus pies
desnudos sobre el suelo mojado después de la lluvia.
Las gotas de rocío, nuestras amiguitas llorosas, se vestían de lirios y nos cernían de
rosas...La tarde ponía un poco de color en su pincel y una lánguida brisa nos acariciaba las
sienes.
-
Es tan distinta a mi, pensaba al verla jugar con mis muñecas. Mientras yo
hablaba al viento que acarreaba translúcidas olas de inmensidad, aprovechando el
menor descuido de mamá, para correr al baúl donde me esperaban las cartas,
poemas y libros de mi tío Ricardo.
Dora Mona que me observaba desde el patio, no dejaba pasar ese momento para
apoderarse de mis juguetes.
A Dora Mona no le importaban el trino del jilguero, la honda queja del mar, ni el viaje de
las nubes, todo eso era parte de un mundo que ella conocía plenamente. A pesar de su
edad, ella era viva, ágil y astuta, hablaba de hacer un trueque de muñecas por abrigos de
ramas en flor, y yo reía al ver sus intenciones.
-Tráeme rosas que derramen su perfume en la luz y un hermoso príncipe que me enseñe
que es el amor. Le decía.
Y Dora Mona, ponía su carita triste...y contestaba:
-Ven y juguemos a las cocineras. Sus grandes pupilas negras miraban el horizonte
palpitante, como caracoles nocturnos, mientras su pelo lacio se pegaba a su frente
sudorosa.
Entonces, mi espíritu de niña atravesaba las estrellas con las alas abiertas...
Un domingo de invierno, en que Dora Mona y su madre Lydia, nuestra cocinera, habían
salido a su pueblo, decidí entrar a su escondite predilecto, su cuarto, y encontré todos los
juguetes que desde mucho tiempo atrás había dado por perdidos.
Los dejé en el mismo sitio y esperé a que regresará para reclamarle.
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Dora Mona al enterarse que ya la había descubierto, rompió en llanto. ¡Nunca antes le vi
con el rostro tan feo!...
Al verla de ese modo, le dije que se quedará con los juguetes. Pero Dora Mona, con gran
indiferencia me los devolvió.
Pasaron unas cuantas semanas después de aquel incidente, Dora Mona no me acompañaba
más a visitar a las hierbas sin nombre, a las hormigas con sus duras faenas, ni a la Virgen
de la Cueva...
Me miraba de lejos, mientras cantaba mi corazón en el pulso de los árboles:
-Los grillos siempre cantan,
con vocecitas viejas...
Y Dora Mona corría a las faldas de su madre...
Al poco tiempo Lydia nos dijo que se iba de casa para trabajar en un restaurante.
Dora Mona empezó a visitar mi reino infantil, yo sabía que se preparaba para su partida y
que su idea era llevarse todos los juguetes que pudiera.
Cuando se fue con su madre, llevaba escondidos en una caja de cartón los mismos juguetes
que yo había descubierto en su escondite, aquel domingo de invierno...
Su carita resplandecía de felicidad.
-Dora Mona es tan distinta a mí. Pensaba al verla partir con su sonrisa burlona, creyendo
que yo no la había descubierto.
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Vocabulario
Cerner: llover suave y menudo.
Cernido: acción de cerner.
Pupilas: Abertura del iris del ojo por donde entra la luz.
Lánguida: flaca, abatida, decaída.
Translúcida: dícese del cuerpo que deja pasar la luz, pero que no permite ver lo que está detrás de
él.
Nota importante: nunca pongas apodos a tus amigos , todos tenemos derecho a tener un nombre.
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Yanira Soundy
Sílabas celestes
UNA AVENTURA
La brisa tersa y desnuda acariciaba nuestras frentes...
Gloria y Tomás, dos muchachos con quienes compartíamos nuestros juegos hablaban de
emprender una aventura.
Para mí, no había elección, era la más pequeña y ellos decidieron llevarme.
No podré olvidar aquel silencio en la quebrada, donde al principio todo parecía muy
divertido, volaban las palomas sobre los caminitos de arena buscando un poco de agua y la
voz de Dios parecía bautizar aquel sitio.
Las flores silvestres nos traían su perfume, besando nuestros pies, los pájaros entonaban
sus cantos bajo el mágico soplo de la tarde...
Era un ambiente fresco, lleno de musgos y helechos.
De pronto el agua se tornó oscura y los jardines quedaron sin colores, los pies sin senda,
los árboles sin raíces...
No había cielo, ni tierra, solo precipicios.
-Quiero regresar. Dije con voz entrecortada, pero todo era imposible, estábamos perdidos...
Gloria nos ordenaba: -Sigamos que este túnel nos tiene que llevar a algún lado.
Pensaba en mis padres, en el rinconcito tibio de mi cuarto, donde solía pasar horas
jugando.
Lloraba desconcertada...
Mis manos temerosas se aferraban al cuello de Gloria y mi hermano, al lado de Tomás, veía
el peligro con asombro.
No podíamos descansar. Todo se volvía más oscuro, habían lagartijas, sapos, iguanas,
tenguereches y muchos insectos.
Las aguas estancadas producían mal olor.
Los helechos que había cortado para mamá yacían en el fondo de un precipicio...
-¿Dónde está el cielo?. Preguntaba.
-Cállate, ya es de noche. Me contestaba Tomás.
Mis ojos abiertos al silencio y a la sombra miraban con horror aquel camino largo,
interminable, donde los pájaros no hacen sus nidos, ni canta el viento su eco, donde la rana
se queda muda y el sapo saltarín permanece quieto.
Seguimos caminando entre las sombras que crecían aprisa...
Por fin, una pequeña luz llegó a nuestros ojos. El aire fresco tocaba nuestros rostros,
sonreímos dichosos, habíamos encontrado el camino a nuestro hogar.
Salimos de aquellos túneles a una fábrica. Eran como las diez de la noche.
Nos esperaba una larga caminata para regresar a casa. Yo pensaba en lo que diría a mis
padres, con cuatro años de edad no tenía mayor culpa.
Pero ya nada me importaba, al fin estaba a salvo.
Llegamos a casa, nos esperaban la madre de Gloria y Tomás con un lazo mojado y mis
papás.
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Corrí a esconderme en la casita de Blacky mientras escuchaba a mis padres reclamar a mis
amigos y a mi hermano su conducta.
-¿Dónde está Yanira?. Preguntaba mamá.
Ninguno contestaba...
Yo temblaba como un pájaro asustado, pero la alegría de Blacky al verme, me delató al
instante.
Mi madre me ordenó que saliera de mi escondite, yo lo hice llorando como si se fuera a
acabar el mundo.
Nos castigaron a todos, y acabó de este modo, una de las aventuras más emocionantes de
mi infancia.
Nota importante:
Los niños y niñas no deben alejarse de sus padres, ni caminar a solas por sitios peligrosos.
Nunca lo hagas pues hay delincuentes que pueden hacerte daño y ser víctima de un
accidente.
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Vocabulario
Musgos: Planta formada por varios tallos menudos que crece en lugares sombreados.
Helechos: Plantas que crecen en los lugares húmedos.
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Sílabas celestes
SUS CELOS
Esta noche, quiero arropar tu alma, llenarte de una fuerza divina, aumentar tu luz interior
con este amor inmenso que se prende de ti como a una estrella.
Quiero hablarte del sonido del viento y de los aromados pinares, y enseñarte como canta el
ruiseñor en la montaña, el maullido de Toto y el ritmo de mi voz cuando digo que te amo.
Esta noche, quiero arropar tu alma, para que el frío no llegue a tu cuerpo, y tu miedo salga
volando por la ventana.
Quiero que tomes las puntitas de tu falda y toques tu piano, bailando al son de tu música
interior, esa música inventada en la eternidad de nuestros sueños, esa música que nace de
este amor que es quietud de cielo y tempestad de mar abierto.
Mueve tus labios y vuelve a decirme "mamá" con voz delgada. Para que yo pueda contarle
a las estrellas de tus versos y de los libros que tanto coloreaste .
Esta noche voy a enseñarte a atrapar la sombra de las nubes, para ahuyentar el monstruo
de los celos a un bosque lejano y espeso, de donde no regrese nunca más.
Quiero que entiendas que te amo, aunque a veces me mires callada y triste. Y sientas que
no soy más tu río majestuoso y que se han borrado de mi alma los colores del campo.
Quiero que entiendas que te amo, aunque me mires abrazar a tus hermanos y se alboroten
de nuevo los celos en tu mente.
Estela de sueños, esta noche haremos un manjar de besos y alegrías, y tus hermanos
sentirán junto a nosotras la dulzura de este amor que es uno solo, el sol más grande, la
nube más blanca, el color más inmenso...
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Vocabulario:
Eternidad: Tiempo que no tiene principio ni tendrá fin.
Estela: Rastro o huella de una cosa.
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Manos mágicas
EL SAPO ENAMORADO
Dentro de una enorme piscina que tenía forma de trébol estaba un enorme sapo. Sus ojos
brillaban y jugaban a brincar como chibolas de colores. A mi me parecía divertido
observarlo encima de una alfombra verde que flotaba en aquel sitio. El sapo pensaba con
seguridad que estaría a salvo. El soñaba con correr detrás de las ninfas en medio de
corrientes frescas y perseguir un océano fantástico y a los imperios de estrellas.
¡Pobre sapo! buscaba el amor y en sus ojos sólo se miraba el mundo de un charco de agua
sucia y el vuelo presuroso de los pericos a las cinco de la tarde.
El sapo cloaba imitando a las ranas, daba brincos con una impaciente sonrisa...Sus ojos
negros y grandes se pegaban a la orilla de la piscina para ver la por dentro. Era un sapo
enamorado de una fuente de agua que estaba justo en el centro . De pronto otro sapo más
joven y con menos experiencia –pum- cayó sobre él. Al verlo yo le grité que lo dejará
tranquilo pues el sapo enamorado quería estar solo con su fuente de cristal. Pero el otro
sapo no hizo caso.. a él le gustaba también ese lugar porque habían muchos insectos y no le
importaba ahogar a su compañero con tal de comérselos.
La desgracia ocurrió frente a mis ojos el sapo enamorado fue hundiéndose poco a poco
hasta morir ahogado, mientras el otro sapo comía y comía....hasta no poder más y morir
con él en el fondo de la piscina.
Me senté en el suelo de piedra para ver la tragedia y tratar de comprender porque pasan
esas cosas. La fuente en el centro de la piscina continuaba cantando con su voz de cristal...
***
No debemos maltratar a otros con tal de conseguir lo que nosotros deseamos. Recordemos
que el amor a nuestros semejantes nos hace más hermosos a los ojos de Dios.
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Manos mágicas
EL TESORO
¿Cómo serán los hormigueros por dentro? Me preguntaba.
Siempre sentí esa curiosidad y quise hacerme bien chiquita entrar en ellos y conocerlos.
Me encantaba ver a las hormigas antes del invierno. Parecían hilos de colores negros, rojos,
amarillos y blancos. Todos en movimientos jugando a llevar pan de azúcar, dulces y
rodajas de jamón en miniatura a sus escondites secretos.
Cierto día a orillas del lago de Coatepeque mientras me preparaba un enorme emparedado
de jamón con queso y hacía mis deberes, se me ocurrió ir a recoger aceitunas. - Son tan
moraditas y ricas.- Me decía- . Así que empecé a recoger una a una mientras las
hormiguitas comían dulce y hojas rojas cerca de mis pies descalzos. Me acerqué a ellas y
pude ver como llevaban en sus patas lamparillas temblorosas para buscar en la noche a la
más bella de las flores y pedirle que les regalase polen. Otras caminaban cuesta arriba en
el muro de piedra del Autoclub. Era divertido ver sus cabezas doradas adornadas con
música y sorbete. Y en sus caritas unas enormes chapas que parecían sonreír.
Quería hacerme chiquita y caminar junto a ellas bien pegadita all suelo. Pero en esas
estaba cuando de pronto ¡Ayyyy ayúdenme! Las hormiguitas enojadas se habían
transformado en puntitos amarillos con cabecitas de alfileres que me picaban en todo el
cuerpo. Corrí muy rápido a la piscina para niños y mi papá logró alzarme entre sus brazos
y sumergirme en el agua . ¡Que alivio!!
Alcancé a ver como las hormiguitas nadaban en el agua y tosían una y otra vez
sacudiéndose como puntitos en el horizonte de un enorme paisaje.
Mi mamá me untó miel en las ronchas cuidando a que el ejército de hormigas no volviera a
molestarme. Mis aceitunas quedaron en el tesoro de las hormigas y no pude rescatarlas.
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Manos mágicas
LA POESÍA VIENE DE LA ETERNIDAD...
Quién diría que Bécquer no representó nada en su tiempo. Que vivió y murió pobre y casi
desconocido. No le consideraron como un gran poeta sus coetáneos. Los “grandes” de ese
momento eran oratorios, elocuentes, pomposos.
Esto mismo sucede en todos los tiempos. Los poetas y las poetisas trabajamos duramente y
a pesar de ahondar más en el sentimiento y afinar nuestra sensibilidad muchas veces no
somos tomados en serio por nuestra sociedad.
La poesía nos da una visión clara, honda y aguda de la belleza y la vida cotidiana.
Todas las personas que escribimos poesía experimentamos sensaciones indefinibles de
enervación, marasmo, vaguedad. Y es en estos momentos cuando todo parece cubierto con
un velo, que llegan a nuestros sentidos : una voz, un sueño, el soplo del viento, el viejo reloj
en la penumbra, el aullido lejano de un perro, todos con una claridad y agudeza
indefinibles y un significado distinto.
Los poetas y poetisas debemos vivir entregados a nosotros mismos. Y como dice Martín
Alonso “La palabra se hace alma en el ritmo poético”.
El misterio de fray Luis de León es no saber “lo que es y lo que ha sido, y su principio
propio y escondido”. El misterio de Góngora es ignorar si cuando estaba sumido en “un
parasismal sueño profundo soñaba o no soñaba”. El misterio de Rubén es no poder decir
“adónde vamos, ni de dónde venimos”…
Entonces la poesía ¿es el pensamiento?¿es el ritmo?¿o es la imagen?...cada uno de estos
elementos puede unirse al otro y la poesía perfectamente puede no venir a la cita.
Comparto el concepto del maestro Dámaso Alonso cuando en su obra “Ensayos sobre
poesía española” afirma que la poesía es “la intima vibración del poeta, por vías del
misterio comunicada a su obra; vibración que en ondas de luz nos descubre hasta
profundidades últimas, como en prodigio, el pensamiento, nítidamente traslúcido e
intensificado; temblor que avanza en música a lo largo del ritmo; sacudida que hace fúlgida
la imagen; vibración, estremecimiento, furia, lo llamaron los antiguos, que une todos esos
elementos; y ya, en la obra inconsútil, pensamiento, imagen, ritmo, son un solo e
indivisible ser: la criatura del arte, el poema”.
Para muchos toda la lírica es poesía, pero en realidad no todo lo poético es lírico. La
aptitud lírica es algo intimo y cargado de plegaria. Los poetas y poetisas ahondan dentro de
si mismos buscando lo divino. La lírica no analiza, no razona, ni enumera. Es simplemente
intuitiva y amorosa.
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En la lírica se suscitan los sueños. Para el caso podemos admirar a Bécquer y sentir sus
rimas por resonancias íntimas de autenticidad lírica.
Para otros que toman las palabras de Aristóteles “La esencia del Arte es crear lo verdadero
con reflexión” , la poesía es obra culta de las minorías, de almas interesadas en las
imágenes conceptuadas de los poetas.
Los mejores poetas y poetisas son aquellos que prenden su fuego en todas las personas por
igual, desde el profano hasta el literato. Porque debemos comprender, que el filósofo no
debe acercarse a la poesía como filósofo, ni los científicos como científicos, o los
profesionales como profesionales, por citar tan sólo ejemplos, sino como personas que
vibran. Sólo así encontrarán al poeta y la poetisa de su tiempo.
Y para concluir este comentario en ocasión de celebrarse el día internacional de la poesía,
los invito a escuchar las palabras de Azorín cuando dice: “El poeta está en todo momento
presente; no pasa nunca; vive en la montaña o en el valle, a orillas del mar o junto al río.
Para él es todo: montañas, mar, árboles, ríos, nubes, viento, luz, sombra y humo; él está
con su espíritu y no necesita accesorios. En su seno lleva el misterio. Y ¡Ay del poeta que no
tenga su misterio!.
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Los niños viejos
NIÑO LANZA FUEGO
A ese pequeño dragón que habita las calles del boulevard Los Próceres...
¿Quién deshizo tu vida con el fuego?
El secreto de la piedra o el hambre...
Niño moribundo en las ciudades, cuerpo desnudo que toca a nuestras puertas.
Es la hora de morir entre las llamas.
Es la hora de orar por el pan que no tendrás.
Con la lengua apretada y seca entre tus dientes, te dolerá la cara y los ojos de tanto
sostenerlos, cogerás entre tus manos una antorcha y te aguantarás el miedo.
La tarde ha empezado y las llagas encienden de nuevo tus pulmones.
Te mojas con gasolina y los sueños crujen incendiando con un cerillo mi silencio.
Niño marginado y solo, es la hora de morir entre las llamas.
No madurarán los colores en tu campo...
¡Es la hora de rezar a Dios en las aceras!
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Los niños viejos
COMO OTRAS TANTAS VECES
A los niños y niñas que fueron violados bajo la noche...
Esta noche ha entrado la luz casi dormida, atrapando estrellas y violines.
Ha venido con su boca helada y rendida, con su alma gris templando mis raíces.
Ha venido a tallar el tiempo, con un manojo de violetas, como un sueño sin aurora,
pintado de nuevo con cenizas.
Murmura secretos y deja caer sus lágrimas en mi garganta, triturando la angustia
hundida entre mis venas.
El viento cruza el resto del cielo, moviendo los platos vacíos. Una miel rota se
derrama en los cartones de los niños que duermen abandonados en las calles.
La noche es una puerta abierta...
Hombres de vidrio desgarran los jacintos y descapullan las rosas inocentes.
Un aire frío se cae, se levanta y se consume...
La luz pasa de largo, como otras tantas veces.
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Los niños viejos
NIÑA DURMIENTE
A esa pequeña que murió en el vientre de María...
¿Para qué despertar, Niña Durmiente?
Entre un charco de sangre y periódicos rotos, con una madre huelepega y un
letargo de cosas amargas.
Ve a la blancura del sol, a las divinas horas en que se eternizan los instantes, a un
cielo de sorpresas donde juegues con el mundo inocente entre tus manos.
Vuela al trino, al perfume y a la primavera, canta con una guirnalda de risas y deja
ya de llorar.
¿Para qué despertar Niña Durmiente?
Vuelve a la blanca luna, y a los muñequitos de azúcar.
Deja la quietud que arrastra tu cansancio de luchar.
Cruza las islas y los silencios del campo, los mares sin naufragios, las invisibles
lágrimas.
Déjanos en esta cosecha de tinieblas, fantasmas y corazones lacerados.
Déjanos con el canto apagado y los dedos ansiosos.
Vuelve a Dios, con tu manto blanco.
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Los niños viejos
NIÑOS DE ESCARCHA
Con la brizna que arrastra el viento, una estrella fulge en la vastedad de la noche.
El dolor se ahueca entre sus manos, para escuchar mejor el llanto de los seres que
pueblan el subsuelo.
Seres que caben en una palabra, en la vena oculta que pasa a través de la carne.
Seres cotidianos, que viven en otra arquitectura humana, con la obstinada idea de
la muerte.
Esa muerte lenta que va afirmando la muerte única.
Porque en ellos falta algo por florecer bajo la tierra.
Son esos niños, sin cuentos de hadas madrinas, y de margaritas pálidas deshojadas
por la luna.
Son esos seres hendidos que llevan las manos frías y las frentes apagadas.
Son esos niños de escarcha, de calles con sangre y campanas olvidadas.
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Los niños viejos
MARÍA
La muerte llega con un gesto de burla, a quebrar su nombre entre las fábulas.
María, más pequeña que un dedal, detiene el paso.
Al verla, los árboles se empinan sobre sus raíces, con una curiosidad que los
agiganta. Y ella, traslúcida, descalza, débil, recién desgajada en la noche, cae contra
el suelo.
Todo su mundo está dentro de un bote de vidrio, donde desaparecen los aromas
frutales y el canto áspero de los grillos.
María no conoce más que las hilachas de un harapo perdido, la basura de un
parqueo, las moscas, las navajas, y de como apagar la sed de los perros callejeros.
Derrotada, torva y trágica, desanuda el miedo en las luciérnagas.
Le tiemblan las rodillas, mientras su vientre se contrae. Vuela entre sus piernas un
cometa de luz.
No hay carruajes de princesas, sólo una niña sin sonrisa con puñales hendidos en
los sueños, y una impotencia que ahoga mi palabra.
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Yanira Soundy
Los niños viejos
GALLITO
A ese niño que duerme en la Plaza Libertad.
Puño crispado, invisible y alerta. Colgado del cuello y amarrado con cerrojos.
Rueda en una ruta donde no existe el regreso, entre rincones sin luz y ramas
quebradas.
Conciencia arrodillada por simple costumbre, de no esperar nada de la vida.
Esperanza hundida en el insomnio de una almohada hecha de periódicos.
Alma que rompe las estrellas, rasgando el aire con las uñas. Presa de muerte que en
las nubes se mece.
Esclavo de las auras de la noche, donde alguien marca la eterna cicatriz de sus
heridas.
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Invierno
ASAS DE SOMBRAS
Carta a un amigo
(22 de febrero de 2001)
Es de madrugada. El insomnio ha venido a querer saber porque estoy triste.
Quizás la noche no se explique mi silencio o las huellas celestes del cielo necesiten
una mujer que les escriba versos.
La verdad es que ni el mar ni la luna dan calor a mi corazón. Siento que en estos
días pasados se han esparcido todas las hojas áureas y rojas de mi campo y me han
dejado completamente desnuda.
Quizás deba aprender a vivir como esa hoja seca que se despide de las volubles
mariposas o como el agua que corre entre las piedras riendo en formas distintas de
vida y de colores.
Quizás deba aprender a romper las ataduras y ondear libre en el aire, cruzar los
palmares en los esteros abiertos, o quedarme hechizada por la fantasía de la
soledad. Y palpitar en lo que no duele dejándome llevar sin prisa.
Pero hoy veo todos mis caminos abiertos...Y no encuentro la ruta correcta.
Pienso en ti y en tu forma de encender las estrellas como flores de luciérnagas.
Y te veo así, amigo, con tu cordura y tus verdades eternas cumpliendo tus deseos de
navegar en un mar sin puertos.
Afuera la noche se extiende con su manto negro, ha temblado otra vez. No sé si es
la tierra prendida en fiebre o un ave herida que persigue el universo.
Empiezo a sentirme cansada, abro la puerta de mi dormitorio y se dispersa un
enjambre de palabras.
Como ves he querido narrarte historias de colores que parecen cristales...donde la
quietud y el silencio hacen el amor de lunes a domingo. Escribir simplemente para
ti y destrenzar mis recuerdos. Pero no pude hacerlo.
Debo aprender a recuperar la alegría. Y saber dónde ir, dónde volver....
El sueño es más fuerte. Me abrigo. Duermo.
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
Invierno
ARMENIA
El pájaro duerme entre las ramas y el camino es seco y áspero.
Llegan las mañanas tibias de abril y la luna perezosa no se abre más a los ojos sin
pestañas de mis muñecas, para correr por los portales de Armenia y cantarle mis
versos a las flores. Este es el primer recuerdo que tengo de Armenia, una visita que
hicimos con mis padres a la casa de Claudia Lars, había feria en el pueblo, un son
de salsa y merengue, un ramo de risas y flores en el parque.
Yo admiraba desde niña a Claudia Lars, para mí conocer Armenia era como entrar
a su jardín secreto, en donde el pájaro cantaba en un mirador de colores con voz
casi humana y permanecían en silencio la “Escuela de Pájaros” y “La Casa de
Vidrio” de sus poemas...era entrar en ese río dormido y escuchar la música de las
palmeras bajo un cielo plácido y blando.
Mi último recuerdo de Armenia fue la presentación de mi libro “Sílabas Celestes”
gracias al Comité de Apoyo y a la Casa de la Cultura. Nos reunimos un grupo
bastante grande de escritores con estudiantes y amas de casa, profesores y
promotores culturales, en ese entonces el pueblo de Armenia tenía la cara pintada
de blanco, el adobe de sus casas, sus portales, el parque , las calles adoquinadas
estaban de pie...
Hoy Armenia está derrumbada...y en su tierra se abren mis manos para recoger
aquellos recuerdos. El sol ha mandado su rayo de oro a las palmeras, el pueblo está
callado y triste.
Los terremotos dejaron a Armenia herida y llena de hojas secas. Pero a pesar del
desastre sigue intacto el jardín de la Escuela de Pájaros de Claudia, ese donde ella
canta y nos mira sonriendo mientras se levantan las nubes en medio del polvo.
Armenia no ha perdido mis recuerdos, permanecen allí con miradas que abren
hojas de colores a la primavera.
¡Armenia.... vayan a ti mis plegarias y que las olas del mar sequen todas tus
lágrimas!
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
Invierno
LAS COLINAS
Es un día triste. Pasa el dolor y devora los cuerpos solitarios. Deja su huella en las
Colinas... y arranca de su vientre los cometas . Pone tierra en sus bocas y en las
burbujas de sus párpados...en sus uñas rotas... en sus almas y en los gritos.
Es un día triste. Se amordazan los sueños y las manos de los niños, se detiene la voz
de Dios y las palomas alzan su vuelo llenas de espanto.
Laud de sufrimiento que derrama piernas, brazos y ojos. Cierra con llave todas las
salidas..
Familias enteras han quedado bajo tierra..
Estallan los relojes .Mis manos se hieren con las zarzas abiertas...los monstruos de
colas erguidas pasan en fila.
El vértigo camina solo. Duermo y despierto. Mi cerebro siente y mis ojos se cierran
sin poder dejar de ver..Existen sombras que saltan místicas, nocturnas; espíritus
que relatan sus historias bajo una bóveda de plata...un día trece de enero..
Un ángel está de pie. [1][1]
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
Invierno
COLON
Las calles parecen serpientes semicortadas...desde el desvío de Lourdes, Colón
hasta las pedreras de Los Chorros.. serpientes desplumadas que enmohecen y se
arrastran.
Centenares de rocas han caído al pavimento. Los paredones de tierra se desbordan
soterrando a las personas dentro de los carros y los buses: dedos ceñidos a los
hierros, lenguas masticadas por la angustia; ojos dolientes contra las piedras...
huesos como estacas en el suelo.
No hay descanso. Es inútil buscar..la tierra reclama sus presas.
Al pie de los barrancos los trabajadores yacen muertos. La gente asustada se
refugia en los peñones más altos. Mujeres y hombres caminan de allá para acá
buscando palos y extendiendo plásticos para hacer sus champas.
Los niños tiemblan...se acurrucan...orinan descalzos.
Las gruesas divisiones de cemento entre ambos sentidos de la carretera han
quedado quebradas, nubes de polvo sofocan la respiración. ¡Grupos de gente
claman socorro!.
Hay derrumbes por todos lados...las paredes caen como gigantes lacerados. Todo
Colón está sediento, el polvo ha secado la garganta de sus pobladores. La muerte
los atrapa con dientes y cuchillas.
Vuelve a temblar....la gente reza en medio del llanto.
Las plantaciones de café se visten de esqueletos. Los niños gritan que no los
abandonen. El Salvador es un pueblo de ayes y lamentos...
La vía de Los Chorros está bloqueada. A partir del kilómetro catorce, la carretera
parece una vía rural. El lodo alcanza unos tres kilómetros. [2][2]
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
Invierno
Amor inaccesible
En esta cárcel de mi alma giro sin huellas.
Soy la rosa ya palidecida, la hoja temerosa que tiembla entre tus alas, un nido
vacío.
Detrás de mí, están el suspiro largo y frío, una lejana música, ardida piel prohibida.
Soy un amor de soledad, lleno de sombra, una fría ceniza de ilusión, un vuelo
silencioso.
Soy ese amor que corre por las noches largas de ánforas plenas y ritmos azules.
Quisiera tocarte, y quedarme en tus oídos, con el aire de mis palabras.
Amor primero, íntimo, tan mío.
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Yanira Soundy
Invierno
Sin ti
Te vas y vuelan resignadas las gaviotas. Ya no llenaré tus oídos con mis rosas ni
mojaré mi ayer con desventuras. Caminaré sin ti bajo este cielo; será como vestirme
de una voz nueva, y aprender a vivir como las aves.
Caminaré sin ti, y será por siempre de esa forma; mojarán la tierra los inviernos y
vendrá de nuevo el sol, y tú no estarás conmigo.
Galoparé en mis sueños y reposarán mis caminos llenos de ternura.
Entonces nadie habrá vencido. Abandonados quedarán tu escudo y tu batalla.
Lo tuyo no fue amor, lo supe siempre. Envuelto en fantasías te perdiste, y lejos, ya
muy lejos de mi playa, giraste tu veleta en busca de un sueño irrealizable.
Te vas y vuelan resignadas las gaviotas; calla mi boca y el corazón toca tu estela.
Qué mal te hice al amarte de esta forma. Caminaré sin tí, y seré feliz de igual
manera. El amor, cuando se va, no vuelve nunca, y tú te fuiste dejando un rastro de
hiel entre mis lágrimas.
Déjame escuchar el canto de la fuente. Quiero beber un poco de ese río que se lleva
consigo todas mis ansias. Quiero guardar en silencio el frío y la arena de tu nombre,
y colorear mi rostro con la luz nueva de una estrella.
Pasará esta vida como todas; entonces seremos el milagro y el vuelo ilusorio de dos
almas.
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
Invierno
PARA LLEGAR A AMARME...
Este día en el ascensor, la inquietud ha vedado nuestro beso. A pesar de vernos
llegar sin el usual cargamento de miedos y quimeras, con los ojos de ópalo y la sed
que arde en nuestros cuerpos.
Estás frente a mí , como un jardín de tallos en mis venas, donde estallan flores
encendidas. Ardorosa maraña de historias en este suelo de sombras y pájaros de
espumas.
Estas en mi, con la pompa del follaje eterno…
Déjame llenar mis labios de sonrisas, entender que mi vida esta hecha para las
cumbres y no para los abismos. Quiero alejarme a la estación anónima y acariciar
tu cabello de lunas.
Este día la inquietud ha vedado nuestro beso. Se abre el ascensor y un áureo polen
cae sobre mi corazón desnudo. Mientras tú permaneces callado y frío.
Es el misterio que abre nuestras manos, es el amor que se fue y no vino. Un viento
en los naranjales, donde tiembla el cantar de los ayes,,,
Miro tu rastro en los caminos vividos: firmando en el silencio, mesas de manteles
blancos, noches de castos proyectos, sueños de ramas nerviosas, perfumes verbales,
bailes y compases... miro en tu noche: la galantería indiscreta, los donativos a la
iglesia y los acentos medidos de tus palabras.
¿cómo encontrar los dóndes, los cómos, los porqués? Como articular lo perdido y
aquello que es solo un instante de quien juega a divagar, a soñar... a tener un
paisaje irreal y un piano de hojas. Es andar y desandar con los párpados cerrados.
Para llegar a amarme es necesario aprender a estrenar las alas de los pájaros y
entregarte sin la embriaguez de las cañadas abiertas.
Hoy te miro como el niño que corre para no asustarse, con su otoño prendido como
sol a mi silueta; seguro de vivir para olvidar la vida. No escuchas el ruido de los
sueños, la dulce hierba que cae , acaricia y se va, ni la orilla fresca donde los pies
desnudos ignoran al viento. No rompes el frío ni salpicas las flores con las
palabras.
Tu luna aparece en el cielo al contraluz de la tarde...
Yanira Soundy
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La sombra espesa ha callado nuestras bocas, amarrándonos las manos intactas.
He llegado a casa, veo de lejos el tráfico imponente, y destellos de luz sobre las
cabezas de los automovilistas. Me siento frente a la computadora, suspendida en el
tiempo y conjugo el rojo, el índigo, la plata, la dulzura del otoño, el amarillo.. la
música nueva y las estrellas marchitas.
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
Invierno
La Princesa de la Noche
Vuelve la noche con su pecho callado, para alzarnos en su marea hacia un puerto
sin astros...
Un pájaro la espía, manso como el suave faldeo de un ensueño.
En este mundo de soledad y cristales celestes, donde las humedades son nuestras
elegías, y los ojos paisajes con alas...En este mundo donde el terrorismo vigila los
edificios y las calles.
Vuelve al árbol y a la sed encorvada, a la sombra que se refugia en las paredes, a los
seres minúsculos entre una y otra gota de luz.
Vuelve la noche con una intimidad intensa, a cada hoja de hierba, a cada
escarabajo.
La luna se arroja al centro del agua, estriada de blanco. Un conejo se atraviesa para
mirar de lejos, el lobo que se va.
Cantan los grillos con sus notas agudas a los duendes verdes.
No hay caravanas de hormigas, ni pájaros que píen. Sólo la quieta noche, una
canción suspendida en el tiempo, la almohada que abre espacios a mis sueños, mi
forma hecha cielo de planos invisibles.
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
Invierno
Espejo de Sueños
Alma prófuga del mar, de palabras incendiadas, quiero estar a solas contigo. Ahí
donde las raíces son como duras venas abiertas y el amor una sed de fruta oscura.
Quiero volver a ti...al lugar exacto donde no permanecemos como espejos de
intranquilas esperas. A ese pedazo de fe que nos guarda la esperanza.
Este día he terminado el inventario de los sueños...y he apartado con mis ojos las
estancias umbrosas y los círculos que ruedan dentro. No escucho el reloj y la luna
no ha puesto su señal en los cristales. El amor salta de rama en rama y toca una
vegetación que resguarda viejas trincheras. Caen las hojas amarillas...y en los
suelos hoy existe un testimonio cubierto por troncos corroídos.
Alma de bosque seco de Cinquera...de afanes inexplicables y luces de ángeles
inmortales...aceitunos, cedros, copinoles, quebrachos, caulotes, son algunos de los
árboles de las palabras que coexisten con pichiches de ala blanca, patos calvos,
codornices y gavilanes.
El río Quezalapa se extiende devorado por animales sedientos, descubro su
lenguaje y pronuncio el acento del agua que corre a prisa hasta sus afluentes.
Lentanto mi voz con una garganta nueva, para cantarle al suelo desnudo de
Cinquera, a su rostro y a las cascadas del tiempo insistente de nubes y misterios.
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Yanira Soundy
Tiempo sin ausencia
LLAMAS HÚMEDAS
I
Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed, intensa, fuerte.
Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del cielo. Cíñeme a la rosa
más leve, al silencio total, a la última estrella.
II
Quiero la trémula sombra de un ave, para oírte en el vuelo del silencio, y dormir en
ti, con el beso de tu honda, en tu montaña pálida, con un poco de alas.
Nocturno mar, sube silencioso hasta mis senos, déjame sentir tu paso enlazado de
espumas y ser toda tuya, sobre llamas húmedas.
III
Hoy el alma me pesa. Todo se apaga en mí, en un palpitar leve fundido a mi
cansancio. En la sombra que te sigue susurrando, por este camino que es olvido y
distancia.
Todo se apaga: este canto quieto en tus orillas, esta prisión de sangre y niebla.
IV
Llévame lejos de este mar sin límite, de estas olas frías que se agolpan a mi paso.
Quiero apartar mi barca de su orilla nocturna y reanudar el viaje.
Quiero beber la luna en tu jardín de sueños. Llévame a ver crecer la hierba en el
canto de los pájaros, con el último reflejo del verdor terrestre.
Seamos un corazón de viento y el color distinto en las auroras.
Tú y yo, en la primera lluvia que cae en el recuerdo.
V
Llévame lejos de este sosiego, quebrado en mis palabras, ebrio de llanto.
Llévame a un refugio de medusas y pálidas diademas; seré tu paisaje adherido a la
piel de tu alma.
Rastrearé tu fulgor y correremos juntos sobre las gotas más finas, alargando el paso
en este viento que gira.
Llévame a otro canto que no oímos, a otra plenitud.
Llévame a una dormida inmensidad de luz donde el alma se desnude.
No quiero ser más el follaje de la bruma.
Yanira Soundy
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VI
Voz de largo cielo; ida de mí, y a la vez tan mía.
Isla de amargura, perfil ardido, hora sin luna.
Ritmo interminable y entrecortado.
Hombre que acrecienta mi nostalgia, llama votiva quemando los recuerdos.
VII
Es una sed de tenerte, un fuego contenido, inagotable canto, un deseo que duele
como fruta caída...
Una sed de sentirte como río creciendo entre mi tacto.
Un nudo de sollozos, un dolor que llora a las estrellas.
Es una sed mudable al no llegar y alejarme como un pequeño mar o espuma de ola,
donde mi voz se vuelve árida.
Una sed de arrasar las márgenes del tiempo...
IIX
Labios imbesables y ausentes, que agigantan mi sed de lágrimas congelada.
Dichosos silban a las hojas del alba, al perfume invencible, a los rayos celestes que
se adueñan de mi forma.
Labios imbesables y ausentes, que envuelven mi presagio. Húmedos, abiertos a la
luz, desnudos sobre tu cuerpo adormecido. Roca y marea, de un corazón que fue
noche y fue desierto.
Labios imbesables y ausentes, islas de cielo, hojas entrelazadas, prado verde.
Recorren las palabras y abren sus alas, en esta playa mía.
Labios que hieren como astillas, labios de fiebre, de fuego oscurecido.
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
Tiempo sin ausencia
SUAVIDAD DE LUNA
Hombre, somnoliento río que acaricias el oro dormido de mi cuerpo; llama,
incendio, fuego equidistante.
Pájaro de coral y brasa en la espesura de mis ramas.
Silencio que me yergue y me interroga.
Suavidad de luna.
Caricia íntima y abierta que se resbala en mis caderas de ánfora, corazón escondido
en pecho de paloma, estanque profundo para mi cuerpo ardoroso y delgado.
Beso, que cae entre mis labios como fruto maduro.
Aliento, que se apaga en mi pecho suavemente y pone perfume a la flor de mi
silencio.
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Yanira Soundy
Tiempo sin ausencia
CON EL VELO DE LA NOCHE
Cuando cubres mi espalda con el velo de la noche y cruzas en silencio el húmedo
paisaje de mi cuerpo, el ala errante del viento se quiebra en nuestro sueño.
La luna cae sobre el mar, llena de silencios. La tarde se vuelve tempestad, agua
despeñada de lo alto, voz de lluvia. La rosa amarilla se abre al aire frío, susurran los
árboles y tú bebes el secreto que vibra entre mis labios.
Cuando cubres mi espalda con el velo de la noche, una amapola se quema entre tus
dedos.
El amor abre sus alas a un canto de estrofas y se vuelve un río pensativo, una larga
voz que moja las campanillas y los cardos.
Cuando cubres mi espalda con el velo de la noche, en los aleros canta un pájaro
salvaje.
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
Tiempo sin ausencia
FUNDIDO A MI SILENCIO
Me vestiré sin prisa, mientras tu luz anida en el gemido de mi pecho, encadenada a
tus surcos, tus barrancos y tus selvas.
Me vestiré sin prisa con la piel solitaria, hecha colina virgen y volcán en llamas.
Tendré la sangre en celo encadenada a tu batalla, y
tú serás vertiente y filo en el temblor de la mañana.
Mecido en el aroma de una paz frondosa, beberás hasta el fondo mi conciencia.
Me vestiré sin prisa, absorta frente al agua, el viento y a las rosas, en el suspiro
invisible que vela mi silencio, con la alegria en los ojos y un olor a ritmo y tierra.
Recorreré la ruta de tu cuerpo ya sin miedo, y tú ceñido a mi te fundirás
tormentoso a mi silencio.
Y de nuevo si... encadenada a tu campo, tu estanque y tu redil celeste, improvisaré
frutales y nidos de espumas.
Después, cuajado de tristeza ....me acosarás,
y al pie de mi ventana dolerás entre mis dudas.
Me obligarás a quererte y te querré , lejos del río y de la entrega
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
En mi soledad
TIEMPO SIN RETORNO
Estamos separados por un vacío agudo y triste...
En un tiempo sin retorno que es cárcel de este anhelo perenne y breve...
Cada cual en su vida; mientras te empeñas en llenarme de tí, como un fantasma.
Me queman tus palabras, la nostalgia, los recuerdos, la mudez tensa del silencio...
Este camino que nos pierde , tu vuelo azul de golondrinas...
Tú: todo y nada, rumor que se resbala por mis sienes, impulso que me atrapa, luz
que brota en mi frío y me abraza tibiamente...
Vuelves sin quererlo, en la sed que nos separa, siendo temblor y fiebre extraña...
Tú y yo, tan lejos como doloridas sombras ahogándose por dentro con este aire
triste, donde se rompe el cristal de nuestro sueño.
Sólo nos queda: una sonrisa fría, el vacío ante los ojos, y el miedo de perdernos...
Tu soledad y la mía, queriendo rescatar aquellas tardes de abril, hechas ya pliegues
del viento; las horas idas, los paisajes borrados...
Porque permanezco en tí, con infatible cercanía, donde me persigues y me huyes,
tendiéndome tu mano impalpable en la distancia...
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
En mi soledad
A ESE HOMBRE
Pienso en ese hombre que besa como si el mar fuera a desbordarse, que siembra su
sonrisa en mi piel con la altivez de la espiga, que dibuja mi soledad sobre la niebla.
Pienso en ese hombre, dócil a mis ojos, fiel, pleno, íntegro.
En su vuelo humedecido sin tiempo y sin espacio.
Como primavera sobre el trigo del otoño.
Pienso en ese hombre que inventa soles, aguas de seda al tacto y una verdad
sencilla para amarme.
Ese hombre cierto, inconstante, mío.
En el callado temblor de sus latidos, en sus ojos de oscuros desafíos.
Pienso en ese hombre que me espera con dulce arrobamiento. En su cabello de
trigo que me inunda en un pleamar de pétalos y trinos.
Ese hombre:
Sol salvaje, río de música y silencio, pájaro en el alba.
Pienso en ese hombre y hay aroma en la música y color en el aroma, claveles recién
abiertos y flores níveas en mis sueños.
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
En mi soledad
SEMILLAS INMORTALES
LLORA MI ALMA
Esta noche, envidio a la apartada gruta en su mundo perdido del camino, al mar
que a la ribera sujeta con amarras, a la lumbre, a la huida del celaje...
Cómo callar mi corazón, si todo es inquietud, ansia y cansancio. Se apagó tu voz y
no acepto tu muerte, aunque permanezcan en silencio tus óleos, acuarelas y
pinceles.
Mi voz no logra tocarte en la distancia, llora mi alma, otra vez sus alas grises...
Retornan los recuerdos y tu figura es un signo leve dibujado en el aire.
Vaga mi mirada, me pesan los párpados en este torbellino que rueda en mi
memoria.
¿Sabes?, hoy cuando los capullos se abrieron, sentí que en ellos tu alma suspiraba.
Si tan sólo pudiera encontrar tu paso y dejarme llevar.
Que cerrada es la noche en el insomnio, qué hondo es el dolor y qué ansia por
rescatarte de los ocultos jardines donde empiezas a vivir.
Si hubiera podido sujetar el tiempo, decirte cuánto te amo; pero tú al morir fuiste
oscureciendo de melancolía.
Dejaste mi alma sola, fluyendo en emociones de ayer, volviendo los ojos a un
camino largo, interminable, cercado por dolor y lejanías.
Estarás en mí, aunque hoy tiemble la luna con mi llanto, y tus labios pálidos no se
abran más para llamarme, estarás en mí con el amor de siempre, rodeando mi
corazón en todas sus auroras.
Te hablo desde el fondo de mi sangre, a gritos, perdiéndome en el vértigo del
límite. Te marchaste como pasajero liberado del tiempo. No pude detener tu
muerte, con este lazo de lágrimas...
Padre, recógete en la sombra, sé trino y alabanza. Tu cuerpo en la tierra y el alma
en el cielo, consuelen mi pena y bendito seas...
Yanira Soundy
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Yanira Soundy
En mi soledad
TU RECUERDO
El viento es monótono y seco. Pasan los días como los sueños y las voces, el ayer
lánguido y triste.
¿Cómo escuchar tu voz en los labios del silencio?
Mírame - en la inmóvil yedra- imaginándote en la calma del ocaso, bajo la luz de un
cielo estrellado.
Calla mi boca tu ausencia, en cada instante que pasa.
Soy la linfa del caudal disperso que se oculta, en esta noche íntima, donde esquivo
la orfandad del pensamiento.
Dame una soledad intacta y pura, que pueda sentir la exceltitud del alma, oír tu risa
en un niño jubiloso, escuchar la lluvia entre los recodos dormidos del jardín.
Así en el azul de tu distancia, a solas lloro tu abandono.
Si pudiera sentirme leve como el viento, llegar a ti humildemente sin sueños ni
ataduras. Así, en el hondo anhelo de mi alma, sigo sin encontrarte.
Pinceladas violetas abren mi ventana, la brisa huele a rosas...tu voz inefable me
grita en la senda estremecida.
La muerte oculta matices de belleza que aún no has penetrado.
Vibra tu alma cuando la sombra llega con sus tenues misterios.
¿Qué hacer sin tí? Me pregunto tantas veces, mientras la vida sigue su curso.
Tu espacio está lleno de rosas marchitas. Tú no puedes morir porque vas en
nosotros y más allá de nosotros...
Este dolor nuevo, dolor llevado en las entrañas hace brotar acongojadas voces.
Hoy he comprendido la distancia y llegó hasta mi la honda tristeza.
Me invade la ternura, me quedo a dos pasos del llanto...
Padre:¡Que las enredaderas del olvido no cubran tu figura!
“En nuestro país existimos cantidad de personas que escribimos poesía. Muchos
somos encasillados como naturalistas pues nuestra obra se enraíza a lo espiritual,
como una consecuencia de un realismo no satisfecho. Es decir, vivimos el misterio
y la impresión interna y externa de nuestro ser. Otros en cambio, prefieren el
realismo en cuanto estiman todo aquello que alcanzan con los sentidos. Pero en
realidad, pienso que debido a nuestra naturaleza, somos seres hechos de –espíritu
y materia-, por lo que tarde o temprano cabalgamos con una u otra corriente.”
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[4][1] Las Colinas era una colonia que fue soterrada por un laúd de tierra en la Cordillera del
Bálsamo, en la Ciudad de Santa Tecla, en el terremoto ocurrido en El Salvador el 13 de enero del
año 2001. Se han relatado muchas leyendas desde entonces: una de ellas habla del pacto con
Satanás de una familia propietaria de una mansión que no fue tocada por el laúd de tierra a pesar
de estar justo en el lugar del desastre, la otra nos dice que una serpiente gigante atravesó toda la
Cordillera del Bálsamo por debajo de la tierra, desde el lago de Coatepeque hasta el lago de
Ilopango y que justamente hoy reposa bajo el Cerro de San Jacinto. Ambos relatos sólo
representan la imaginación
El fango bajó a las fincas “El Jardín” y “Los Naranjos” y corrió como un demonio por toda la
carretera después del temblor. Bajo el laud murieron decenas de personas soterradas.
En la comunidad “El Jabalinillo”, Sitio “El Niño” , situadada en Colón, Departamento de La
Libertad, quedaron cuarenta viviendas bajo tierra.
[5][2]
El 19 de enero del año 2001 el Gobierno del Reino de España donó dos millones de dólares para
reconstruir viviendas definitivas en Tepecoyo, Departamento de La Libertad según fuente de El
Diario de Hoy, 3 de marzo del año 2001.
[6][3] Las vías de acceso de San Salvador al bosque de Cinquera son dos: una por Suchitoto y otra
por Ilobasco.
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