Palpar el iPod… - Línea Calasanz

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Se impone, para tratar cualquier asunto con seriedad en la sociedad de los
medios de comunicación, un esfuerzo ímprobo por despojarse de prejuicios
que inundan al sujeto (epojé). Lo que vemos, lo que palpamos, no es
simplemente la realidad sino un objeto dominado por actos intencionales. Si
nos acercamos a algo es porque algo andamos buscando, tenemos y portamos
una intención en cuanto hacemos y pretendemos buscar. Sólo podemos
pensar, entonces, aquello que ya hemos dominado –aunque sea en deseos,
sueños y voluntad- y que creemos que está controlado –algo que por otro
lado es una continua lucha, que nunca termina-. El primer paso para la fe es el
verdadero despojo de los prejuicios que me puede hacer ver, de alguna
manera, la esencia de las cosas, de lo real. Dicho sea de paso, la fe hoy es un
combate contra los prejuicios, también, de los demás y del contexto en el que
vivimos. Alguien puede contar que le hace feliz jugar al mus y la Wii, pero
parece increíble que se pueda encontrar sentido y profundidad en un diálogo
desde Dios, en la voluntad de ser como Jesucristo. Puedo identificarme con un
cantautor o un futbolista, pero si me encuentro a mí mismo y me fortalezco en
la oración… esto nadie quiere escucharlo. ¡Aunque sea una felicidad verdadera
y duradera, una alegría plena y distinta!
La fe en este sentido no es un conjunto de verdades ni un código ético, sino
una actitud vital y profundamente intencional que me lleva a las
preguntas por la esencia del mundo. La fe, que es confiar en medio del
misterio, acoge de forma especial la realidad desde la revelación, pero no de
forma acrítica, sino personal. Hoy más que nunca es evidente que se buscan
respuestas, que nos cuestiona el sentido de lo que nos sucede. Dos minutos
hablando, en serio, con una persona nos descubren su lucha por confiar y
mirar positivamente el mundo, a pesar de las dificultades que afrontamos y el
ritmo de vida que llevamos. La fe es, en medio de este caos –que hoy no
incomoda- luz que orienta, que fortalece, que provoca esperanza y pone en
marcha a la persona. Una fe que, en medio de un mundo de cosas y
constataciones (donde el método científico e hipotético deductivo puede
aplicarse a toda realidad a través de pruebas, experiencias múltiples…) es
identificación con el misterio y me hace entablar un diálogo especial con lo
verdaderamente humano. No puedo separar la fe de la realidad sino constatar
su validez en ella, ni puedo dividirme en dos sujetos: el creyente y el humano.
Busco palpar a Dios. Y por la fe dejarme tocar por él. Esto es lo que se pide a
Dios. Pero ponerse a tiro, estar dispuesto a vivirlo realmente… son palabras
mayores. La religión proclama que es posible. Que Dios es más real y más
humano, sin artificios ni esfuerzos que tantas y tantas cosas que nos rodean y
que provocan insatisfacción. En Dios también se puede palpar la humanidad,
la “demasiada humanidad” que desearíamos para nosotros.
Tema 6
Palpar el iPod…
Palpar es más que tocar, es experimentar, manipular con intención. Supongo
que todo joven sabe qué es un iPod y alguna que otra persona mayor, de esas
que está cercana a los avances tecnológicos de la Generación Y pero no
comprende su forma real de pensar. Lo que ahora se lleva, lo que está de
moda, estar a la última no es ver en alta calidad o poder disfrutar imágenes o
videos en cualquier momento, ni escuchar música (mi música o la de
cualquier otro gracias al Bluetooth –palabra curiosa-) al instante pudiendo
seleccionar una serie de pistas entre los Gb de mi tarjeta de mini-memoria
Secure Digital creada por Panasonic e incrustada en cualquier realidad virtual
que pueda conocer –incluida la Wii o Nintendo DSi-, ni estar disponible –
localizado- para cualquier persona y poder localizar cualquier punto en el
mapa hasta llegar a él, o simplemente saber si está lejos o cerca de mi posición
actual gracias a los GPS integrados, ni siquiera la capacidad de disponer de
todos los recursos de internet en cualquier lugar de la ciudad, incluido en
metro, convirtiéndose en una terminal capaz de interactuar con el resto del
mundo a través de las web, del correo electrónico o las redes sociales.
Lo que ahora se lleva es palpar, touch (“put body in contact with
something”). No se busca ser alguien extravagante, extraño, estrafalario o
fanático. No se quiere ser original. Todos lo tienen. Lo sabemos. No es de
frikis (freak, en inglés). Todos están en lo mismo, con lo mismo, disponemos
de lo mismo. Lo sabemos. Se busca palpar en la vida todo lo que decimos que
existe en una realidad virtual que no podemos dominar del todo. Por eso el
avance touch me pone en contacto de forma diferente con lo real. Lo que
tengo entre manos, lo que llevo en el bolsillo es algo que puedo tocar. Eso
provoca sensaciones diferentes a las de teclear viendo en una pantalla, menos
directo, más impersonal. Ahora toco, palpo. Insistimos en que no es una
cuestión simplemente de moda, no es por lo material ni por el consumo, sino
que es algo “normal”. ¿Cómo no querer lo mejor para mí? ¿Cómo no buscar
lo más humano?
Y me gustaría además dejarme tocar por esa realidad. Ya se están estudiando
estas opciones. Quisiera, es el siguiente paso de la voluntad -de la que se
aprovecharán- que también interactuara conmigo. En el fondo sé que las
limitaciones de mi vida real se están trasportando también a la virtualidad y lo
efímero del mundo en el que hasta ahora creía que era prácticamente todo
posible. Hay que superar lo que ahora siento como debilidades de esta
realidad para continuar explotando su capacidad tecnológica. Dicho de otra
manera, hay que salvar lo virtual para que no caiga en lo chabacano del
mundo en el que me muevo. No puede ser verdad, no se puede dejar que un
sueño de tan poco tiempo, y que es común y engancha a todos, perezca tan
rápido. Hay que continuar innovando –haciéndolo todo nuevo- con más
profundidad para que conecte definitivamente con todo lo humano que
somos.
De momento entra y cae, con la frustración que provoca al sujeto de hoy,
dentro del reino de los sueños, casi alucinaciones, de un futuro que como
entendemos que va siempre progresando y mejorando, no puede frenarse.
Aunque la fuerza que nos mueva o mueve es que creemos que es posible. Y
si es posible, sin duda alguna hay que explotar –por bien de todos, de todo,
de nuestro bienestar- los recursos de los que disponemos: inteligencia,
voluntad, trabajo en red, conocimientos, dinero, empresas… Nada nos parará
si alcanzamos resultados –aunque pequeños- a corto plazo que nos hagan
continuar soñando a medio plazo. Mucho más no seremos capaces.
La tecnología y la ciencia están al servicio de algo más que así mismas. No
son buenas por sí mismas. Requieren aplicación y utilidad. ¿No es así? Aunque
tampoco nos preocupamos demasiado cuando comprendemos que son
realidades que se autoalimentan o retroalimentan continuamente.
La nanotecnología es reflejo de lo pequeños que somos, de la necesidad de
que todo sea ínfimo para que sea portable y pueda “venir con nosotros”
(expresión diferente de “llevarlo”, que sería estar cargando todo el día con
algo). Nanotecnología que no puede excederse porque lo humano tiene unas
dimensiones precisas si quiere seguir siendo realmente humano. No puede
desaparecer. Tiene que ser lo suficientemente “mediano” para conjugar ambas
realidades: portabilidad y humanidad. Lo demasiado pequeño cae fuera de mi
alcance, se puede perder, carece de sentido y significatividad, no es visible ni
aporta comodidad. Lo que es demasiado grande deja se de ser manejable, no
puede acompañarme, ocupa demasiado espacio y se come otras cosas y
ámbitos de la vida que debo dejar libre para sentirme libre y no llevar un peso
excesivo. En el término medio está la prudencia. Pero además, nanotecnología
es símbolo de unificación de la vida humana frente a la fragmentación excesiva
de la realidad. Hubo un tiempo, que pocos recuerdan, en el que poder
disfrutar de la excelencia virtual suponía llevar móvil tocho, llevar MP3 con
sus cascos, cuidar el GPS que llevábamos en la guantera del coche, estar
sentado frente a un ordenador fijo con conexión telefónica y disfrutar una
magnífica PALM o PDA… todo en el mismo bolsillo de la cartera, las llaves, los
carnets, las monedas… Ahora, todo en uno. Como nosotros, todo en uno.
Tema 6
…y dejarse tocar por Dios.
También todo lo religioso camina en la misma dirección. Las búsquedas del
hombre van en la misma línea. Son sus ansias por alcanzar lo humano lo que
más le acerca a Dios. Y en todo este camino, un reto. El de la no-división de la
conciencia, el del servicio de todas las cosas en la misma dirección, el de la
esperanza de lo posible que en el corazón del hombre es como una llama que
nunca terminará por extinguirse. Generación tras generación –como se
expresa la misma Escritura- buscan en su historia y en su momento saciar una
sed que se prolonga más allá de ellos mismos. Necesitamos salvar los sueños
que no controlamos. Y vivimos como si fuéramos los únicos que nos hemos
planteado ciertas cuestiones con radicalidad y tocásemos por fin el verdadero
sentido de todo lo que nos sucede. Y toda Generación vive lo humano con
especial pasión, sin despojarse ni poder prescindir de ello, y es el común que
les enlaza con otras personas. La Generación de la tecnología intenta hacer de
la tecnología algo humano, y tiene éxito en la medida en que se convierte en
un eco que les recuerda que no son robots.
La Generación Y es una generación que escucha y lee como ninguna otra lo
ha hecho. Le impresiona el silencio, se calla ante una imagen. Deja que la
realidad le hable. Y quiere que le toque en lo profundo. Por eso es una
generación especialmente espiritual, despojada de las preocupaciones
materiales aunque encadenada a un mundo que pretende cerrarse sobre sí
mismo. Una generación que se pasa delante del ordenador tanto tiempo que
el contacto humano busca que sea intenso, continuamente especial. La
Generación del click informático desea con ansia hacer click en los demás, en
los que le rodean pulsando la tecla –afectiva normalmente- precisa. Busca
encontrar ese resquicio. Ese toque que genera vida nueva.
En relación al hecho religioso, las palabras que hemos puesto respecto al iPod
coinciden en gran medida con la forma de vivir y expresar su fe. Si en otro
tiempos era una cuestión social, hoy pasa a ser personal que nos toque, que
nos emocione, que nos ofrezca libertad y seguridad, que vaya en conformidad
con los tiempos, que nos dé identidad. Es tan personal como el iPod, que
muchos llevan pero sé que es mía. La fe tiene formas diferentes que recubren
lo fundamental y que hacen que sea mía, sin duda alguna mía. Pero nada es
definitivo hoy. Todo es susceptible de cambiar, y debe hacerlo. Cambiamos la
pantalla del móvil y sabemos que la fe que tenemos, por muy personal que
sea, tiene que cambiar conmigo y adaptarse a lo que vivo.
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