Voz que clama en el desierto

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Voz que clama en
el desierto
David Roper
ra alrededor del año 26 d. C.; en la Betania del
otro lado del Jordán, un predicador de unos
treinta años había estado agitando a la gente de
ambos lados del Mar Muerto. Por lo tanto, una
comisión de sacerdotes y levitas vino a él y le
preguntaron: «¿Tú, quién eres?» (Juan 1.19b). Al
entender por qué le hacían tal pregunta, respondió,
diciendo: «Yo no soy el Cristo» (Juan 1.20b), pero
ellos siguieron interrogándolo:
E
Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías?
Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió:
No. Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que
demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué
dices de ti mismo? (Juan 1.21–22).
Fue una respuesta enigmática la que obtuvieron,
pues dijo: «Yo soy la voz de uno que clama en el
desierto» (Juan 1.23a).
El joven que se llamaba a sí mismo «la voz […]
que clama en el desierto» era Juan el Bautista. Las
palabras que estaba usando provenían de Isaías 40,
la profecía donde se anunciaba la venida del precursor del Mesías:
Voz que clama en el desierto: Preparad
camino a Jehová; enderezad calzada en la
soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado,
y bájese todo monte y collado; y lo torcido se
enderece, y lo áspero se allane (Isaías 40.3–4).1
La frase «voz […] que clama en el desierto» de
Juan 1.23 resume el fenómeno que era Juan: Era,
ante todo, una voz; un hombre con un mensaje. Ese
mensaje había de ser presentado en un singular
escenario: en el desierto. Juan predicó literalmente
en un desierto físico; sin embargo, «el desierto» al
1
Sería recomendable que explique usted cómo los
heraldos o precursores, no solo anunciaban la venida de un
rey, sino que también hacían preparativos para su llegada:
por medio de almacenar provisiones y, como se recalca en
este texto, por medio de hacer un camino por el cual
pudiera transitar.
Un examen
más detenido
del ministerio de
Juan el Bautista
cual se refieren Isaías 40 y Juan 1 era más que
piedras, arena y escorpiones; era también un
desierto de pecado. Juan se atrevió a ser una voz
donde otras voces habían sido calladas.
En este sermón analizaremos brevemente la
vida de Juan, para apreciar al hombre que él fue y
el mensaje que tenía para su tiempo así como para
el nuestro.2
VOZ QUE CLAMA «¡NIÉGATE A TI
MISMO!» EN UN DESIERTO DE
HALAGO DE SÍ MISMO
Cuando pienso en Juan, me lo imagino un
hombre con cabello despeinado por el viento y con
la piel quemada por el sol. Su tosca vestimenta
estaba hecha de pelo de camello. Alrededor de su
cintura tenía un ancho cinto de cuero. Vivía de lo
que producía la tierra, subsistiendo a base de una
dieta de langostas3 y miel silvestre. Personificaba
la negación de sí mismo y la autodisciplina.
¿Qué factores se conjugaron para dar origen a
un hombre así? Uno de ellos tenía que ver con unos
padres piadosos. Su padre era un sacerdote llamado
Zacarías; su madre era Elizabet (Lucas 1.5). Lucas
1.6 resume la vida de estos: «Ambos eran justos
delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos
los mandamientos y ordenanzas del Señor». La
parte que más llama la atención de ese versículo, es
la palabra «ambos». Hay quienes han tenido una
madre piadosa, pero no un padre piadoso. Hay
algunos que han tenido un padre piadoso, pero no
una madre piadosa. En el caso de Juan el Bautista,
ambos padres amaban al Señor y vivían conforme a
2
Estas notas sobre este sermón fueron elaboradas
hace varios años, antes que comenzara yo a documentar las
fuentes de consulta. Pido disculpas de antemano por
cualquier caso en el que no reconozca el mérito a quien lo
merezca.
3
En este contexto, «langostas» no se refiere a lo que
muchos llamamos langostas. Imagínese «saltamontes», y
no andará muy lejos.
1
los preceptos de Este. No hay mejor herencia que
esta.4
Otro factor lo constituía un propósito piadoso.
Recordará usted la historia de Zacarías y Elisabet,
sobre cómo anhelaban tener un hijo, cómo un ángel
se le apareció a Zacarías y cómo Juan por fin le
nació a Elisabet.5 Permítame centrarme en las
palabras que dijo el ángel al anciano sacerdote en
el templo:
Zacarías, no temas; porque tu oración ha
sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un
hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás
gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su
nacimiento; porque será grande delante de Dios.
No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu
Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará
que muchos de los hijos de Israel se conviertan
al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el
espíritu y el poder de Elías, para hacer volver
los corazones de los padres a los hijos, y de los
rebeldes a la prudencia de los justos, para
preparar al Señor un pueblo bien dispuesto
(Lucas 1.13–17).
Desde el comienzo de la vida de Juan, no hubo
dudas acerca de quién había de ser, ni acerca de
cuál había de ser su propósito en la vida. Toda
persona necesita que desde su niñez sus padres le
digan que Dios tiene un propósito para su vida.
El tercer factor fue una crianza piadosa. Es poco
lo que se nos dice acerca de esa crianza, pero no es
difícil imaginar a Zacarías y a Elisabet dándole a
conocer al niño lo que el ángel había dicho, y
animándole a amar y a obedecer al Señor. Hasta
donde el texto lo da a conocer, estos son los escasos
detalles que se nos dan acerca de sus primeros años
de vida: «Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu;
y estuvo en lugares desiertos6 hasta el día de su
manifestación a Israel» (Lucas 1.80). No sabemos
cuándo ni por qué Juan fue a la región desolada
que rodeaba al Mar Muerto,7 pero en la sabiduría
de Dios, se escogió el desierto como su campamento
de instrucción. Desde esa base, podía observar
dónde habían estado las orgullosas ciudades de
4
Le doy gracias a Dios que tuve tal herencia. Si usted
también fue bendecido de igual manera, será recomendable
que lo mencione.
5
Vea los detalles de este relato en la lección «¡Cristo
viene!» de «La vida de Cristo, núm. 2». Si sus oyentes no
conocen este relato, será recomendable que tome usted
algunos minutos para repasarlo.
6
La palabra griega que se traduce por «lugares
desiertos» en Lucas 1.80 es básicamente la misma que se
traduce por «desierto» en Juan 1.23.
7
Hay quienes han sugerido que sus padres murieron
cuando él todavía era joven y que esa fue la razón por la
que se mudó al desierto, pero esto no es más que conjetura.
2
Sodoma y Gomorra,8 ejemplos perfectos de las
consecuencias de una vida de halago de sí mismo.
Los padres desean un ambiente bueno para
sus hijos. Muchos creemos que un «ambiente
bueno» exige una atmósfera saludable y
armoniosa. El ambiente en que Juan vivió al
comienzo de su vida fue el escabroso terreno de
Judea oriental. Allí aprendió la autodisciplina. A
partir de ese escenario, emergió la voz que clamó
«negación de sí mismo» en un desierto de halago
de sí mismo.
¿Podemos escuchar esa voz hoy? Vivimos en
un mundo de halago de sí mismo,9 y necesitamos
urgentemente el mensaje de Juan. Después de todo,
Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame»
(Mateo 16.24).
Debido a su austero estilo de vida (Lucas 7.33),
algunos creyeron que Juan tenía un demonio.
Sépalo usted, a modo de advertencia, que el
mundo creerá que nosotros también estamos
dementes, cuando vea que nuestra preocupación
es por los demás, antes que por nosotros mismos.
No obstante, Jesús recalcó la grandeza de una vida
así. Hablando del Bautista, les preguntó a Sus
seguidores: «Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre
cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que
tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en
los palacios de los reyes están» (Lucas 7.25). Juan
no estaba interesado en la vida fácil; que los reyes
se queden en sus castillos con sus lujos. Jesús hizo
también esta asombrosa aseveración: «Os digo que
entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta
que Juan el Bautista» (Lucas 7.28a). ¡Qué gran
homenaje para la voz que clama en el desierto!
Que cada uno de nosotros compare su vida con
la de Juan el Bautista, y se pregunte: «¿Vivo yo una
vida de autodisciplina y negación de mí mismo?».
VOZ QUE CLAMA «¡ENMIÉNDATE!»
EN UN DESIERTO DE SATISFACCIÓN
CONSIGO MISMO
Cuando vino «el cumplimiento del tiempo»,10
«vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en
el desierto» (Lucas 3.2). En la vida de Juan, la
8
Algunos eruditos piensan que Sodoma y Gomorra
estuvieron situadas sobre el sitio o cerca del sitio en que el
río Jordán desemboca en el Mar Muerto.
9
En mis notas, tengo ejemplos de halago de sí mismo
que son apropiados donde vivo. Amplíe usted esta sección
de modo que se adapte a sus oyentes. Aun si vive usted en
un ambiente donde los lujos son pocos, todavía se puede
hacer la aplicación.
10
Gálatas 4.4.
Palabra de Dios fue como el pistoletazo de salida
para un velocista, como el gong de la campana
para un luchador, como la orden de ataque para un
perro guardián.11
Juan comenzó a predicar enseguida, pues esto
es lo que leemos: «En aquellos días vino Juan el
Bautista predicando en el desierto de Judea, y
diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos
se ha acercado» (Mateo 3.1–2). Su tarea consistía en
preparar a la gente para la venida del Mesías y del
reino de Éste. El predicador no se anduvo con
rodeos para decirles a sus oyentes que debían
enmendar sus vidas:
Y decía a las multitudes que salían para ser
bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras!
¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?
Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,
y no comencéis a decir dentro de vosotros
mismos: Tenemos a Abraham por padre;
porque os digo que Dios puede levantar hijos a
Abraham aun de estas piedras (Lucas 3.7–8).
Por mucho tiempo, la gente había creído que
Dios los recibiría simplemente porque eran judíos.
El mensaje de Juan era el mensaje de un reloj
despertador, ¡concebido para despertarlos! Les
estaba diciendo, en otras palabras, que si no
enmendaban su vida, no serían «[aptos] para el
reino de Dios» (vea Lucas 9.62).
Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces,
¿qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El
que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y
el que tiene qué comer, haga lo mismo.
Vinieron también unos publicanos para ser
bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?
Él les dijo: No exijáis más de lo que os
está ordenado. También le preguntaron unos
soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos?
Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni
calumniéis; y contentaos con vuestro salario
(Lucas 3.10–14).12
Hoy seguimos teniendo necesidad de prédicas francas. Necesitamos prédicas que nos despierten y
nos preparen para el cielo. A veces el pecado se
condena de forma tan general, que ningún pecador
llega a compungirse por su pecado. Las prédicas
de Juan eran penetrantes y prácticas.
Lucas 3.18 dice que «[con] estas y otras muchas
exhortaciones [Juan] anunciaba las buenas nuevas
11
Las ilustraciones usadas en esta aseveración son
aplicables al lugar donde yo vivo. Use usted ejemplos
apropiados para el lugar donde vive.
12
Al avanzar por este pasaje, haga aplicación breve al
lugar donde usted vive. Muchas de las palabras de Juan me
condenan (tal como la palabra «contentaos»).
al pueblo». La expresión «buenas nuevas» se traduce a veces por «evangelio». ¿En qué sentido era
«buenas nuevas» exhortar al pueblo a no ser
egoístas, ni fraudulentos y a no cometer abuso de
autoridad? ¡Era «buenas nuevas» porque echaba
abajo la satisfacción de ellos consigo mismos, les
obligaba a reexaminarse a sí mismos y les animaba
a ser la clase de personas sobre las cuales Dios
podía derramar Su gracia!
¿Apreciamos nosotros a los que hablan «la
verdad [toda la verdad] en amor»? (Efesios 4.15;
vea Gálatas 4.16.) Espero que sí. Si tuviéramos
necesidad de un cirujano, no nos gustaría que
fuera tímido. Por lo tanto, no deberíamos desear
que nuestro predicador sea tímido. También espero
que estemos dispuestos a ser voces que claman
«¡Enmendaos!» en medio de gente que necesite
oírlo (vea Gálatas 6.1; Santiago 5.19–20).
VOZ QUE CLAMA «¡CREE!» EN
UN DESIERTO DE DUDA
Un día, cuando Juan predicaba junto al Jordán,
Jesús vino a ser bautizado. Es probable que ya
usted esté al tanto del relato: de cómo Juan no
quería bautizar a Cristo, de cómo Éste lo persuadió
y de cómo después del bautismo de Jesús, Dios
habló desde el cielo y el Espíritu Santo descendió
como paloma (Mateo 3.13–17).13
¡Estas manifestaciones confirmaron en la mente
de Juan que Jesús era realmente el Mesías para el
cual había estado preparando el camino! A partir
de ese momento, el mensaje favorito de Juan fue
«He aquí el Cordero de Dios».
El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a
él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo (Juan 1.29).
El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos
de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba
por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios (Juan
1.35–36).
Juan no predicó que Jesús era simplemente un
buen hombre y un gran maestro; ¡más bien lo
proclamó como el sacrificio por nuestros pecados,
el Único por quien podíamos ser salvos!
En un mundo de incredulidad y escepticismo,
todavía necesita oírse la llamada fuerte y sonora de
Juan. ¡Jesús es el Hijo de Dios! ¡Él es la única
esperanza del hombre! ¡Prediquemos con la
13
El relato del bautismo de Jesús se comenta en la
lección «¡El Mesías está aqui!» de «La vida de Cristo, núm.
2». Si sus estu-diantes ignoran el relato, será recomendable
que describa usted esos eventos.
3
misma convicción que Juan tuvo!
VOZ QUE CLAMA «¡SÉ HUMILDE!» EN
UN DESIERTO DE ORGULLO
El bautismo de Jesús fue el momento cumbre
del ministerio de Juan. En ese momento, su obra ya
estaba prácticamente hecha; y a partir de ese
momento, su ministerio disminuyó. Como precursor del Mesías que era, Juan tenía básicamente tres
responsabilidades: despejar el camino para el
Mesías, preparar el camino para el Mesías, ¡y
luego apartarse del camino del Mesías! 14 Esto
estaba bien para Juan; ya que Él estaba dispuesto
a cumplir cualquier función que Dios hubiera
concebido para él.
Acompáñeme hasta Juan 3, un pasaje clave
para conocer la verdadera grandeza de Juan.
Cuando la popularidad de Cristo comenzó a
aumentar, los discípulos de Juan vinieron a este,
diciendo: «Rabí, mira que el que estaba contigo al
otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio,
bautiza, y todos vienen a él» (vers.o 26). ¿Percibe
usted los celos de ellos en estas palabras? En otras
palabras, lo que estaban diciendo era esto: «Hubo
un tiempo cuando todos venían a nosotros, pero
ahora vienen a Él. Antes estábamos en primer
plano, pero ahora Él es el centro de atención. Tú
fuiste quien lo bautizaste; ¿no saben ellos que esto
te hace más grande que Él?».
Se han perdido batallas debido a los celos entre
generales. Si la envidia de sus discípulos hubiera
sido fomentada por Juan, imagínese el daño que
podría haber causado al incipiente movimiento de
Jesús. Preste oído a la respuesta del Bautista a la
queja de ellos, y maravíllese de ella. Primero dijo
que el éxito de Cristo era la voluntad de Dios: «No
puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado
del cielo» (vers.o 27). Luego recalcó que lo que
estaba sucediendo le hacía feliz, pues dijo:
Vosotros mismos me sois testigos de que dije:
Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante
de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas
el amigo del esposo, que está a su lado y le oye,
se goza grandemente de la voz del esposo; así
pues, este mi gozo está cumplido (vers.os 28–29).
Al final, dijo estas sorprendentes palabras: «Es
necesario que él crezca, pero que yo mengüe»
(vers.o 30). ¡Hace falta que un hombre sea muy
generoso para decir palabras como estas, y decirlas
en serio!
14
Esta aseveración fue adaptada de Charles R. Swindoll,
John the Baptizer (Juan el Bautista) (Anaheim, Calif.: Insight
for Living, 1991), 3.
4
La mayoría de los predicadores exitosos que
conozco tienen problemas con el dilema de Juan.
Les encantan los elogios, lo reconozcan o no. Como
regla general, sin embargo, a medida que los
predicadores respetados envejecen, reciben cada
vez menos invitaciones a predicar, y el centro de
atención se traslada a los predicadores más jóvenes.
Qué difícil es para nosotros decir: «Eso es bueno.
Ellos deben crecer, y nosotros debemos menguar.
¡Que Dios esté con ellos!».
Los predicadores no son los únicos que tienen
problemas con su ego. ¿Qué tal si otros reciben la
alabanza que nosotros creíamos merecer? ¿Qué tal
si otros reciben mejores empleos o ascensos?
¿Podremos decir con sinceridad que nos alegramos
por ellos? ¿Podremos decir con franqueza que «ellos
deben crecer, pero que nosotros debemos menguar»?
Para algunos de nosotros no hay más grande
desafío que este. Recuerde que «Dios resiste a los
soberbios, y da gracia a los humildes» (Santiago
4.6b). Que Dios nos ayude a ser más como Juan, quien
clamó «¡sed humildes!» en un mundo de orgullo.15
VOZ QUE CLAMA «¡SÉ VALIENTE!» EN
UN DESIERTO DE COBARDÍA
Hay otros sucesos de la vida de Juan que
podrían estudiarse,16 pero terminaremos con esta
escena final de su vida. Hicimos ver anteriormente
que sus prédicas eran penetrantes y prácticas.
También eran intensamente personales. No hay
mejor ilustración de esto que las palabras con que
censuró al rey Herodes.
… Herodes el tetrarca, [fue] reprendido por
Juan a causa de Herodías, mujer de Felipe su
hermano, y de todas las maldades que Herodes
había hecho (Lucas 3.19).
… Herodes había prendido a Juan, y le había
[…] metido en la cárcel, por causa de Herodías,
15
A la luz de la humildad de Juan, es irónico que
algunos hayan tratado de elevarlo a un estatus que él
mismo no hubiera deseado tener. En tiempos pasados,
no era raro que los hombres hablaran del reino, esto es,
la iglesia, diciendo que fue establecido en los tiempos de
Juan. Sin embargo, Mateo habla de la muerte de Juan en
el capítulo 14 y de la promesa del establecimiento del
reino, o la iglesia, en el capítulo 16. En tiempos pasados,
algunos usaban el término «Bautista» como justificación
para denominarse a sí mismos por ese término. Será
recomendable que explique usted qué significa el término
«Bautista».
16
Por ejemplo, el relato acerca de la duda momentánea
que tuvo Juan cuando estaba encarcelado, no se incluye en
este sermón. Ese suceso es fascinante (estudie la lección
«¿Tiene Jesús cuidado de nosotros?» que comienza en la
página 25 de «La vida de Cristo, núm. 4»); sin embargo no
encaja en el tema general de esta presentación.
mujer de Felipe su hermano; porque Juan le
decía: No te es lícito tenerla (Mateo 14.3–4).
No sabemos cómo fue exactamente que se dio
esta confrontación entre Juan y Herodes. ¿Vino
Herodes a escuchar las prédicas de Juan?17 (Me
imagino su caravana real estacionada en los
alrededores de las multitudes que escuchaban a
Juan.) ¿Hizo Juan un viaje a los castillos de Herodes?
(Me imagino incluso al predicador de pie en el
palacio real de Herodes, con los ojos lanzando
destellos al presentar su mensaje.) No se nos dan
los detalles, pero el texto griego indica que Juan
le decía continuamente que su matrimonio con
Herodías era ilícito.
Para esto había que ser valiente, ¡enormemente
valiente! Había que ser valiente porque Herodes
era un hombre importante, un hombre influyente.
Había que ser valiente porque Juan estaba haciendo
una reprensión personal. Una cosa es censurar el
pecado en general desde la seguridad del púlpito,
y otra decirle a alguien: «Usted está en un error».18
Había que ser valiente porque Juan estaba diciendo
lo que Herodes y Herodías necesitaban oír, no lo
que deseaban oír. Muchos «mensajes del evangelio»
no ofenden a nadie, pero Juan se dejó decir: «No te
es lícito tenerla», ¡y esto molestó a sus oyentes!
Había que ser valiente porque el profeta tenía que
saber que por sus palabras podía pagar con su
vida. No se puede irritar a un Herodes con una
esposa como Herodías19 sin sufrir las consecuencias.
Jesús dijo que Juan no era una «caña sacudida por
el viento» (Mateo 11.7). ¡Antes él era la firme y
valiente voz de Dios que denunciaba el pecado!
Como ya se dijo, puede que conozca usted los
detalles de la consecuencia: cómo Juan fue arrestado
y cómo al final perdió la vida como resultado de un
banquete de borrachos, una joven bailarina y una
esposa vengativa.20 Según la tradición humana,
cuando presentaron la cabeza de Juan a Herodías,
17
Más adelante se asevera que a Herodes le encantaba
oír a Juan (Marcos 6.20), de modo que esta es una posibilidad
muy real.
18
Algunas de las verdades que se declaran en este
párrafo son parecidas a las que se dieron anteriormente,
bajo el encabezado «Voz que clama “¡Enmiéndate!” en un
desierto de satisfacción consigo mismo». No pido
disculpas por la repetición, porque recalcar una vez más lo
dicho debe servir para afirmar la importancia de estas
verdades.
19
A Herodes y Herodías se les ha llamado el Acab y la
Jezabel del Nuevo Testamento.
20
Si los oyentes no conocen la historia, será recomendable
que la cuente brevemente. (Estudie la lección «Los peligros
del éxito» de «La vida de Cristo, núm. 5».)
esta traspasó con un largo alfiler la lengua del
profeta y gritó diciendo: «¡Jamás volverás a decir:
No te es lícito tenerla!».
Herodías tal vez creyó que había hecho callar a
Juan, pero no era así. La voz de un hombre
valiente no puede acallarse. La muerte del Bautista
obsesionó a Herodes; y cuando este oyó acerca de
la obra de Jesús, le perturbó la posibilidad de que
Él fuese Juan resucitado de los muertos (Marcos
6.14). Aun cuando Juan había estado muerto por
algún tiempo, su influencia había sido tan grande,
que Jesús usó la obra de él para dar respuesta a los
que le interrogaron (Mateo 21.23–27; Lucas 20.2–8).
Que Dios nos dé la valentía de Juan: la valentía
para denunciar el pecado, se encuentre este en las
altas esferas o en las bajas; la valentía para
acercarnos a la gente y hablarles personalmente
acerca de su pecado; la valentía para hablar lo que
la gente necesita oír, no necesariamente lo que
desea oír; la valentía para luchar por el bien, cuales
sean las consecuencias. Jesús todavía nos desafía
diciéndonos: «… sed fieles, aun si tenéis que morir.
Si sois fieles, os daré la corona de vida» (Apocalipsis
2.10; New Century Version).
CONCLUSIÓN
Juan fue «voz que clama en el desierto»:
… voz que clama «¡Niégate a ti mismo!» en un
desierto de halago de sí mismo.
… voz que clama «¡Enmiéndate!» en un desierto
de satisfacción consigo mismo.
… voz que clama «¡Cree!» en un desierto de
duda.
… voz que clama «¡Sé humilde!» en un desierto
de orgullo.
… voz que clama «¡Sé valiente!» en un desierto
de cobardía.
¿Cómo pudo Juan ser tal voz? ¿Cuál fue su
secreto? Estaba consagrado al Señor y a hacer la
voluntad de Este. Por lo tanto, se atrevió a ser
diferente. Estuvo dispuesto a hablar allí donde a
otras voces se les hizo callar.
Que Dios nos dé hoy más hombres y mujeres
como Juan. ¡Que Dios nos ayude a cada uno de
nosotros a ser más como Juan!21
21
Si usa usted esto como sermón y hace una invitación,
recalque que la invitación es en el sentido de consagrar la
vida al Señor. Subraye que la respuesta de fe y obediencia
que manda el Nuevo Testamento (Marcos 16.15–16; Hechos
2.38) es una respuesta que dice al Señor: «Te entrego mi
vida a Ti, y lo que quieras que yo haga, eso haré».
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