revolución francesa

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Revolución Francesa
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Curso 2009/2010
Las Causas
1. Ideológica.
La Ilustración aportó las bases teóricas para derribar el absolutismo monárquico.

Los filósofos ilustrados cuestionaron la concentración de poderes en las manos
del rey y preconizaron su separación con Montesquieu.

Anunciaron los beneficios de la libertad y la tolerancia con Voltaire, portavoz de
una burguesía acomodada indiferente a la miseria del pueblo.

Reivindicaron una igualdad social entendida como ley natural con Rousseau,
muy hostil a toda sociedad opresiva.

Formularon el principio de soberanía del pueblo con Mably.
Sus ideas se simplificaron y difundieron por medio de libelos y almanaques
populares entre 1775 y 1789 y se discutieron en las academias provinciales. La comedia
se puso al servicio de la filosofía y amplió considerablemente su público.
2. Demográfica.
Se produjo un fuerte crecimiento demográfico durante el siglo XVIII. El
aumento de la población, parece que produjo en ocasiones escasez de alimentos,
haciéndose muy frecuentes las crisis de subsistencias, y un crecimiento del número de
pobres.
3. El descontento del campesinado.
a.
Las crisis de subsistencia debidas a las malas cosechas.
En vísperas del estallido de la Revolución, la economía francesa no pasaba por
buenos momentos. La circunstancia de fondo era la mala situación de la agricultura,
sector responsable entonces de dos tercios de la riqueza de Francia. Los años 1787 y
1788 se caracterizaron por desfavorables condiciones meteorológicas que van a poner
en marcha una durísima crisis de subsistencia. Muchos campesinos se ven obligados a
recurrir a la mendicidad o a la caridad en las ciudades próximas.
b.
El campesinado estaba agobiado por impuestos.
Los impuestos directos eran tres: la Taille, que se alzaba sobre todas las tierras
plebeyas (El gobierno fijaba su suma cada año y lo repartía entre cada habitante
tallable); la capitation, afectaba al conjunto de la población en veinte clases tasadas de
una suma uniforme (2.000 libras para la primera clase, una sola para la última. El clero
se redimió del mismo y muchos nobles escapaban a él); el vigésimo de los ingresos,
limitado en la práctica a los ingresos por tierras (Esquivado por multitud de
encabezamientos y tolerancias)
Los impuestos indirectos eran: las aides, sobre la circulación y venta de las
mercancías; los aranceles de las fronteras interiores; la gabela, la obligación de tomar
del depósito de sal una cantidad destinada al consumo y no a las salazones (Con
regimenes diferentes según las provincias).
c. Además, hay que añadir el pago del diezmo a la Iglesia, el existencia de
derechos feudales y señoriales (El cens en metálico, el champart en especies, la corvée
en trabajo, los lods et ventes sobre los traslados, las banalités sobre el uso del molino o
del lagar) y la detestada carga de la milicia.
4. El descontento de los grupos urbanos.
Los agricultores, privados de ingresos suficientes, dejan de comprar productos
industriales. La caída de la demanda de productos industriales significa paro y pobreza
para los trabajadores de pequeños y grandes negocios manufactureros. Existe, por tanto,
una masa importante de desocupados en la frontera del mundo de los mendigos y los
bandidos, dispuestos a provocar motines o a abalanzarse sobre los campos. La escasez,
por tanto, conducirá a la escalada de precios y con esta carestía llegará el descontento
social de los grupos más desfavorecidos.
5. El descontento de la burguesía.
a) La llamada sociedad estamental se encontraba en crisis ante el empuje de la
burguesía, grupo social cuyo papel económico no para de crecer, y que, sin embargo, ve
como su fuerza política es muy reducida, ante los deseos de la nobleza de ejercer un
verdadero monopolio de los cargos del Estado. Por tanto, las pretensiones de la
burguesía se han acrecentado con su fortuna: categoría dirigente de la sociedad desde el
punto de vista económico, aspira ahora a serlo desde el punto de vista político y social
"Una nueva distribución de la riqueza produce una nueva distribución del poder".
Palabras de Barnave, abogado de la ciudad de Grenoble.
b) Además, afectada directamente por los desórdenes financieros de una
monarquía a la que ha prestado sumas considerables, la burguesía anhela una
transformación política que le permita controlar la administración o participar en el
gobierno del Estado.
c) Conscientes también de valer muchísimo más que la nobleza por su cultura y
su trabajo, los burgueses desean además una reforma social que se haga en su provecho.
6. El endeudamiento del Estado
La monarquía, atrapada ante los problemas presupuestarios del Estado (la
existencia de un enorme déficit en las cuentas del Estado) quería recaudar más
impuestos, por lo que debería cobrárselos a los privilegiados. Esta medida significaría
acabar con un sistema basado, precisamente, en el privilegio, y enfrentaría al monarca
con la nobleza y la Iglesia.
La hacienda francesa era incapaz de recaudar con sus impuestos las cantidades
que se gastaban.
PRESUPUESTO DE FRANCIA EN 1788. EN LIBRAS.
GASTOS
Gastos civiles
INGRESOS
145802388 Impuestos directos
157583461
Gastos militares
165510050 Impuestos indirectos
207963427
Pago de la deuda
310426744 Resto ingresos
137999161
Total
621739182 Total
503546049
DÉFICIT PÚBLICO
118193133
Estas pérdidas públicas crónicas se vieron agravadas por las guerras en las que se
vio envuelta Francia contra Inglaterra, incluyendo los préstamos a los rebeldes de las
colonias de Norteamérica que fundaron los Estados Unidos de América al
independizarse de los ingleses, y llevaron a un enorme crecimiento del endeudamiento
del Estado. El pago de la deuda pública llegó a superar la mitad del presupuesto estatal.
Así las cosas, cuando alguno de los ministros de Hacienda, como
fue el caso de Turgot, inspector general de Finanzas de 1774 a 1776,
proponía reformas –creación de una subvención territorial que gravara a
todos- que parecían dirigidas a terminar con el privilegio de la Iglesia y
la nobleza las presiones de la Corte condujeron a su cese por el Rey.
"Sistema inadmisible de igualdad cuyo primer efecto es confundir a
todos los estamentos del Estado". Palabras de un parlamentario contrario a la contribución
universal.
Necker, director de Finanzas de 1777 a 1781, más
favorable a la utilización de empréstitos que a la reforma fiscal,
embarcó a la monarquía en el camino del déficit incontrolable.
La publicación de los “Ingresos y gastos del reino” (1781)
acusaba a las pensiones y a los gastos de Corte de los enormes
gastos existentes en el reino, mientras que hacía la vista gorda
sobre los gastos militares. La opinión se alzó contra la
aristocracia y, ésta, contra el ministro. Además, el intento de
sustituir asambleas provinciales compuestas por representantes
de los tres estamentos- buscaba la igualdad en el pago de
impuestos y la participación de los representantes de la nación en
el gobierno- fracasó. Incapaz de proseguir esta política, el rey destituyó a Necker.
Si en los años setenta la situación era ya de auténtica bancarrota, continuó
agravándose.
Charles de Calonne, llamado a la inspección de Finanzas en
1783, se vio acorralado por la deuda y amenazado por la bancarrota
del Estado. Propuso, como Turgot, un impuesto territorial y, como
Necker, asambleas provinciales.
La exención de impuestos: “¡Son abusos! Sí, señores, abusos que
pesan sobre las clases productivas y laboriosas, abusos de privilegios
pecuniarios, excepciones de la ley común, desigualdad en el reparto de los
subsidios, enorme desproporción entre las contribuciones de las diferentes provincias de un
mismo Estado y entre las cargas de los súbditos de un mismo soberano”. Palabras de
Calonne.
Para esquivar las dificultades hizo que el rey convocara en febrero de 1787 una
Asamblea de Notables, ampliamente dominada por los privilegiados. Esta Asamblea
aceptó todas las proposiciones realizadas salvo lo esencial: el impuesto territorial
“Ni esta asamblea de Notables, ni otras asambleas parecidas. Ni aun el rey… pueden
imponer el impuesto territorial. Únicamente tendrían derecho de hacerlo los Estados Generales,
o Parlamento general de todo el reino, elegido por el pueblo”. Discurso del procurador
general de Aix.
En mayo de 1787 Luis XVI nombró responsable de Finanzas a Loménie de
Brienne. Tras un mediocre año 1787, se desarrolla un muy mal año 1788, con lluvias en
primavera y tormentas de verano, un granizo catastrófico que daña el grano y destruye
las vides, y la pérdida de la cuarta parte de las cosechas en algunas regiones. En esta
coyuntura, suben los precios. Además, se anuncia un invierno de 1788-1789 riguroso.
Brienne lo intentó todo.
Primero creó asambleas provinciales en las regiones electorales, con duplicación
de los representantes del Tercer Estado, por un edicto de junio de 1787. Se trata de
descentralizar el Estado y que reciban el reparto y recaudación de impuestos. El
problema fiscal siguió sin regularse.
El 2 de julio de 1787, el Parlamento de París se alzó contra la subvención
territorial, afirmando como ley fundamental del reino el consentimiento del impuesto
El día 24 de julio, un parlamentario, Duval d’Eprémesnil, pidió la convocatoria
de los Estados Generales. Se llegó al acuerdo de convocarlos para 1792 y la concesión
de un préstamo. Al final la reforma fiscal no tuvo lugar y los privilegios siguieron
intactos.
En mayo de 1788 renace la crisis: d´Eprémesnil y de Montsabert invocan de
nuevo las leyes fundamentales del reino, el control de la monarquía por los Estados
Generales y el mantenimiento de todos los privilegios.
La opinión ilustrada ya no confiaba en la posibilidad de reformas
gubernamentales; al contrario, toma partido por los parlamentos, seguida por las masas
populares, castigadas por la escasez y los precios. El Parlamento de París es sostenido
por un partido de patriotas (La Fayette y Barnave) y luego por la Asamblea del clero,
que reafirma la distinción de los tres estamentos en la sociedad.
La nobleza se agita en Bearn, Gascuña y Bretaña, regiones de nobleza pobre. En
Pau, Toulouse, Rennes y París se producen agitaciones populares. En el Dauphiné la
violencia alcanza su más alto nivel: el ejército dispara en Grenoble (7 de junio de 1788.
Conocido como el "Día de las Tejas"). Ante esta hecho, los notables de la zona
convocan una asamblea de delegados de los tres estamentos que piden Estados
Generales, la duplicación del Tercer Estado, el fin de los privilegios fiscales y ponen por
delante el interés nacional.
Los Estados Generales: la revuelta de los privilegiados
Ante las presiones, Brienne convoca el 8 de agosto los Estados Generales para el
1 de mayo de 1789 (Los Estados Generales habían caído en desuso desde 1614).
Según consejo del Parlamento, consultado en septiembre de 1788, confirmado por
la asamblea de Notables (Reunida del 6 de noviembre al 12 de diciembre de 1788), se
debía conservar la fórmula antigua: igual representación de los tres estamentos y voto
por estamento en los Estados. Al conocerse la noticia, la popularidad de los
parlamentarios se hundió. Llamado a arbitrar el conflicto entre los privilegiados y el
Tercer Estado, más exactamente, entre las dos corrientes que se organizan, los
aristócratas- parlamentarios, alto clero, gran parte de la nobleza de espada- y los
patriotas- nobles liberales, lo esencial de la burguesía, el bajo clero-, el rey adopta el 27
de diciembre una posición mediadora: duplicación del Tercer Estado pero silencio sobre
el problema del voto. Nadie quedó satisfecho.
A partir de ahora, el debate público ha cambiado. Sólo secundariamente se trata
del rey, del despotismo, de la Constitución; es una guerra entre el tercer Estado y los
otros dos estamentos.
En esta guerra intervendrá el pueblo. El invierno se anuncia extraordinariamente
duro; el ciclo del levantamiento popular se ha puesto en marcha.
Necker es llamado para sustituir a Brienne. La misión exacta de Necker es la
correcta celebración de los Estados Generales. Espera de ellos la abolición de los
privilegios fiscales y se inclina a favorecer al Tercer Estado, pero sabe que resulta
sospechoso a la aristocracia y a la Corte, por lo que avanza con prudencia y se atiene a
la decisión del rey del 27 de diciembre.
Luis XVI convoca los Estados Generales:
“Nos necesitamos el concurso de nuestros fieles súbditos para que nos ayuden a
superar las dificultades que Nos encontramos relativas al estado de nuestras finanzas, y para
establecer, de acuerdo con nuestros deseos, un orden constante e invariable en todos los
aspectos del gobierno que tienen que ver con la felicidad de nuestros súbditos y con la
prosperidad de nuestro reino. Estas importantes razones nos han determinado a convocar la
Asamblea de los Estados Generales de todas las provincias, tanto para que nos aconsejen y
nos asistan en todos los asuntos que sean expuestos ante Nos, como para hacernos saber los
deseos y quejas de nuestros súbditos, de forma que por una mutua confianza y amor
recíproco, se aporte lo más prontamente posible un remedio eficaz a los males del estado, que
los abusos de todo género sean reformados y prevenidos por buenas y firmes disposiciones
que aseguren la felicidad pública y que nos aporten a Nos particularmente, la calma y
tranquilidad de las que Nos hemos carecido desde hace largo tiempo.” Convocatoria de los
Estados Generales, Luis XVI en Versalles el 14 de enero de 1789
A partir de febrero se desarrollan las votaciones para elegir los representantes que
acudirán a los Estados Generales. Al mismo tiempo que por toda Francia cada
comunidad designaba a sus representantes, se realizaban los llamados Cuadernos de
quejas (“cahiers de doléances”) en los cuales cada comunidad expresaba las
reivindicaciones que luego cada diputado trasladaría al Rey. La mayoría de ellos fueron
redactados por miembros de la burguesía, aunque también algunas fueron redactadas
por clases más bajas.
1. Suplicamos humildemente a Su Majestad que ordene la supresión de todos los
privilegios atribuidos a las heredades consideradas como señoriales, cualquiera que sea la
calidad de sus poseedores; y que las imposiciones de toda naturaleza, reales, provinciales,
diocesanas y municipales sean soportadas por todas las heredades indistintamente según la
tarifa del catastro.
2. Dado que este primer tipo de impuesto no afecta más que a las heredades, y que es
justo que los capitalistas y gentes de negocios concurran a las necesidades del Estado de
acuerdo con su fortuna. También suplicamos a Su Majestad que determine, según su buen
juicio, el reglamento que juzgare necesario para autorizar a las municipalidades de su reino
incluir en el registro de contribuyentes, especialmente las heredades y fortunas de todos los
súbditos del rey.
3. Que conceda a la provincia de Languedoc una nueva constitución y una nueva
administración, compuesta por diputados de los tres órdenes libremente elegidos, a fin de que
la misma sea verdaderamente representativa de estos tres órdenes de la dicha provincia, y que
el Tercer Estado tenga el mismo número de representantes que los otros dos órganos reunidos
del Clero y la Nobleza; y que, se delibere no por orden sino por cabeza de deliberantes.
5. Que ordene la supresión de todos los derechos de salida impuestos a los vinos de
Languedoc, dado que este producto constituye el principal recurso de esta parte de la
provincia, pues los genoveses y otros extranjeros que compran los vinos aprovechan esta
circunstancia para adquirirlos a un precio bajo... Cuaderno de Quejas y Súplicas de la
comunidad D´uchau, 14 de marzo de 1789
Art. 1. Declaramos tener el honor de exponer a Su Majestad que los pueblos bretones,
tanto de las ciudades como del campo, son tratados y llevados como esclavos por los nobles y
miembros del alto clero. Fuerzan al Tercer Estado a moler y cocer en sus molinos y hornos
banales, para ser robados por empleados infames que desperdician nuestro grano y nos roban
impunemente. (...) Que nos sea permitido en adelante moler y cocer en los molinos y hornos de
los señores (...) que nos gusten más (...), y que no haya ya esclavos en Bretaña sobre este
asunto y
que
cada uno
sea
libre
(...)
Art. 13. Que en adelante se elegirá a los doce representantes de la comunidad de PontL´Abbée de la siguiente manera: cuatro de entre los burgueses, cuatro de entre los más
notables artesanos y cuatro de entre los más nobles labradores (...) y que todos los cargos
municipales (....) (sean) tanto para los labradores, artesanos como burgueses. Pues es algo
indigno e injusto privar a honestos ciudadanos de los cargos municipales de su parroquia,
como lo vienen haciendo los burgueses de Pont-L´Abbé desde hace pocos años (...) Cuaderno
de quejas de los labradores de Pont-L´Abbé.
Además de estos cuadernos, Francia se vio inundada por numerosos panfletos y
periódicos de carácter político. El más conocido es el redactado por Sièyes y titulado
"¿Qué es el Tercer Estado?" En esta obra Sièyes concluye que desde el punto de vista
político el Tercer Estado, la inmensa mayoría de la nación francesa, formado por
quienes trabajan y sostienen con sus impuestos el estado, debe tener en sus manos el
control político de Francia.
“¿Qué es el tercer Estado?- ¡Lo es todo!- ¿Qué ha sido hastaahora en el gobierno?¡Nada!- Si se eliminaran de la nación las clases privilegiadas, ¿el estado, en lugar de perder,
ganaría?- Los nobles son un pueblo aparte dentro de una nación…”. Emmanuel Joseph
Sieyes.: ¿Qué es el tercer estado?.
La situación se discute en salones y clubes.
No sólo existen la palabra y la escritura: hay también una atmósfera de motín:
Fecha
Lugar
Dauphiné,
Provenza
Languedoc
Suceso
y
Rebeliones campesinas
Aups
Los campesinos linchan al marqués de Montferrat
Bretaña
Los campesinos se niegan a abonar las rentas señoriales
Maine
Asalto de los mercados rurales
Marzo
Reims, Marsella y La Rochelle
(Esta última en abril)
Una masa de miserables asaltan los graneros eclesiásticos, las
panaderías y los convoyes de trigo
Abril
París
Saqueo de los establecimientos Réveillon
Mayo
Saint-Lô
Las autoridades dejan a la población organizar expediciones
armadas al campo para llenar la lonja de cereales
Febrero
Por fin, en mayo de 1789, se reúnen los Estados Generales.
Casi 1.200 diputados: las negativas a ocupar escaño, las dimisiones y las
invalidaciones tardías, impiden saber su número exacto. Los estamentos de la nobleza y
del clero, sin homogeneidad, se dividen en partidarios y adversarios de las reformas.
Los diputados llevan con ellos los cuadernos de quejas, casi 60.000. la mayoría de
los cuadernos de las parroquias son indiferentes al problema de la reforma
constitucional, critican las cargas que abruman a la población: la taille, la gabela y la
milicia. También critican los derechos feudales y el diezmo. El pueblo campesino,
además de las cuestiones locales, desea resolver la cuestión de la igualdad fiscal y la
desgravación global de las cargas. Todo ello con una inmensa lealtad monárquica.
Los cuadernos de la burguesía y de los privilegiados expresan también, antes que
nada, su apego a la monarquía, pero, además, los deseos de reformas fiscales y
judiciales y preservar la autonomía regional y municipal frente a la centralización y el
despotismo ministerial. Por último, y sobre todo, la libertad es un anhelo del conjunto
de los franceses.
Atribuyendo todos los males a un poder arbitrario, los tres estamentos acuerdan la
necesidad de establecer una Constitución que sustituya el poder absoluto por el reinado
de la ley consentida por los representantes de la nación.
No es ésa la intención del rey.
Todo empieza mal. La procesión del Espíritu Santo del 4 de mayo subraya la
dignidad desigual de cada uno. El sermón del obispo de Nancy recuerda la distinción
natural entre los bien nacidos y la chusma y el deber de obediencia de ésta. El
ceremonial inmutable de la monarquía abre la jornada del 5 de mayo. Los antiguos
fastos del absolutismo parecen intactos.
Luis XVI pronuncia entonces una alocución decepcionante y Necker explica la
situación del Tesoro y el conjunto de mejoras fiscales esperadas.
El Tercer Estado esperaba que la verificación de los poderes se hiciera en común,
primera etapa hacia una reunión de los tres estamentos, pero la nobleza y el clero se
reúnen por separado al día siguiente.
El Tercer Estado esperó 35 días (reunido en la sala de los Pequeños Placeres) y se
negó a constituirse por temor a que le fuera impuesto como un hecho consumado la
separación y el voto por estamentos. Tras vanas tentativas de conciliación, tomó la
iniciativa; el 10 de junio el Tercer Estado cursó una invitación a los miembros de la
Iglesia y la Nobleza para unirse bajo un solo techo, se declara representante de toda la
nación y decide proceder a la nominación de los diputados de los tres estamentos.
Algunos miembros del bajo clero se unen a la reunión a título personal. El 17 de junio
los representantes del Tercer Estado deciden constituirse en Asamblea Nacional y
confirman provisionalmente los impuestos existentes. En respuesta a esta decisión el
rey, que ya había demostrado estar en desacuerdo con esta pretensión de los diputados
del Tercer Estado, decidió impedirles el acceso a la sala de reunión y de esta forma los
diputados del Tercer Estado, más los que se les habían unido de los otros estamentos,
decidieron reunirse en adelante en el edificio de un frontón dedicado al juego de pelota
donde juraron no separarse hasta haber proporcionado una nueva Constitución a
Francia.
Aunque el Rey cedió en algunos aspectos, se negó a considerar la igualdad de
todos los franceses ante los impuestos y también a que el voto en los Estados Generales
se hiciese individualmente. La monarquía insta al tercer Estado a abandonar su posición,
pero éste no está dispuesto:
"La Nación convocada no puede recibir órdenes". Palabras de Bailly.
"Estamos aquí por la voluntad despueblo, sólo saldremos por la fuerza de las
bayonetas". Palabras de Mirabeau.
El Tercer Estado está en rebelión abierta contra la autoridad real. Esta rebelión
sale victoriosa. El rey no está seguro ni siquiera del apoyo de las tropas acuarteladas en
Versalles. El 25 de junio el primo del rey, el duque de Orleáns, con otros 46 diputados
de la nobleza, ocupa su escaño en la Asamblea Nacional. El 27 de junio el rey cede e
invita a los recalcitrantes a seguir su ejemplo.
La revolución moderada, pacífica y jurídica, realizada por hombres de leyes con
procedimientos parlamentarios, ha acabado: la transferencia del poder legislativo está
conseguida. El día 7 de julio se otorga el nombre de Asamblea Nacional Constituyente,
nombrando un comité constitucional.
Las revueltas populares urbanas y campesinas
Sin embargo, desde finales de junio movimientos inhabituales de tropas hacen
planear la duda sobre las verdaderas intenciones del rey.
En la primera quincena de julio se acumulan las desconfianzas recíprocas.
El rey no puede aceptar serenamente el fin del absolutismo político. La Asamblea
teme una disolución. El pueblo parisino teme a esas tropas que anuncian una reacción
tardía del rey. Necker es destituido. El precio del pan sube escandalosamente. Bésenval,
al mando de las tropas, transforma el Campo de Marte en campo de maniobras y
almacena pólvora en la fortaleza de la Bastilla. Todo el mundo tiene miedo. El pueblo,
de forma espontánea, reacciona con una actitud defensiva y con una voluntad punitiva
contra sus enemigos.
Pronto se advierte un nuevo y numeroso despliegue de tropas en Versalles y París
que será respondida con movimientos populares de miles de personas buscando armas.
Los enfrentamientos se inician el 12 de julio. El 13 de julio sigue la violencia, mientras
la asamblea presiona al rey para que retire las tropas.
En este contexto se producirá un acontecimiento que simbolizará para siempre el
comienzo de las acciones revolucionarias. El 14 de julio una enorme masa de parisinos
se apodera de 32.000 fusiles en los Inválidos. Falta la pólvora: hay que ir a la Bastilla.
En ese momento es una fortaleza mal defendida, poco más de 100 hombres, y mal
mandada por su gobernador, de Launay, que fatiga a la
muchedumbre con sus moratorias y deja que se cumpla lo
irremediable: sus soldados disparan, decenas de atacantes
caen, el asalto parece inevitable. El pueblo se lanza a la
toma de La Bastilla. Los revolucionarios tomaron la
fortaleza sin demasiada resistencia y sin que intervinieran
las tropas reales que permanecieron impasibles ante el
temor de sus oficiales de que los soldados se unieran a los
revolucionarios. De Launay es degollado en el
Ayuntamiento de París.
Como resultado de este movimiento los revolucionarios crearán un nuevo
ayuntamiento bajo su control y nacerá también la Guardia Nacional (Mandadas por La
Fayette), tropas que aceptan la nueva realidad revolucionaria. El 15 de julio el rey
ordena la retirada de tropas y acepta la constitución de esa milicia. El 17 de julio el rey
se presenta en París, donde recibe la escarapela tricolor de manos de Baillo, proclamado
alcalde de la ciudad.
En los días siguientes el estallido se extenderá por toda Francia, pues en las
demás ciudades surgirán ayuntamientos revolucionarios y guardias nacionales a
imitación de lo sucedido en París. En todas partes la revolución municipal ha tenido el
mismo efecto: el rey es destituido de toda autoridad efectiva, ya sólo se tiene en cuenta
a la Asamblea. No obstante, la población sólo observa, generalmente, aquéllos de sus
decretos que le convienen.
También en el campo se producirá una enorme agitación, el "Gran Miedo", con
masas de campesinos tomando castillos y monasterios al asalto con la intención de
quemar los archivos donde se guardaban los documentos de propiedad señorial, y así
terminar con la opresión que para ellos suponía el régimen feudal. Como respuesta a
estas revueltas campesinas los diputados de la Asamblea Nacional redactarán un decreto
de abolición de los derechos feudales que sin responder a todas las demandas
campesinas sirvió para pacificar el campo.
El gobierno revolucionario: nuevas leyes
En el mes de agosto de 1789 avanza la redacción de la Constitución en cuyo
comienzo figurará la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano,
publicada el 26 de agosto de 1789 y que constituye un auténtico resumen de las ideas de
quienes impulsan la revolución. Esta Declaración, con su defensa de la igualdad ante la
ley (artículo primero), la soberanía nacional, esto es, que el poder reside en el conjunto
de los ciudadanos (artículo tercero) y de las libertades individuales (de expresión,
religiosa...); se convertirá en uno de los documentos más influyentes de toda la historia
contemporánea y es el embrión (junto con la legislación de los recién nacidos Estados
Unidos de América) de los regímenes liberales que durante el siglo XIX se instalarán en
muchos países europeos.
Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano (26 de agosto de 1789)
Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea nacional, considerando que
la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de
las calamidades públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una
declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que
esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social, les
recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; a fin de que los actos del poder legislativo y del
poder ejecutivo, al poder cotejarse a cada instante con la finalidad de toda institución política,
sean más respetados y para que las reclamaciones de los ciudadanos, en adelante fundadas
en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la
Constitución y de la felicidad de todos.
En consecuencia, la Asamblea nacional reconoce y declara, en presencia del Ser Supremo y
bajo sus auspicios, los siguientes derechos del hombre y del ciudadano:
Artículo primero.- Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las
distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.
Artículo 2.- La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos
naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la
seguridad y la resistencia a la opresión.
Artículo 3.- El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación. Ningún cuerpo,
ningún individuo, pueden ejercer una autoridad que no emane expresamente de ella.
Artículo 4.- La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no perjudique a otro: por eso,
el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que
garantizan a los demás miembros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Tales
límites sólo pueden ser determinados por la ley.
Artículo 5.- La ley sólo tiene derecho a prohibir los actos perjudiciales para la sociedad. Nada
que no esté prohibido por la ley puede ser impedido, y nadie puede ser constreñido a hacer
algo que ésta no ordene.
Artículo 6.- La ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho
a contribuir a su elaboración, personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la
misma para todos, ya sea que proteja o que sancione. Como todos los ciudadanos son iguales
ante ella, todos son igualmente admisibles en toda dignidad, cargo o empleo públicos, según
sus capacidades y sin otra distinción que la de sus virtudes y sus talentos.
Artículo 7.- Ningún hombre puede ser acusado, arrestado o detenido, como no sea en los
casos determinados por la ley y con arreglo a las formas que ésta ha prescrito. Quienes
soliciten, cursen, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias deberán ser castigados; pero
todo ciudadano convocado o aprehendido en virtud de la ley debe obedecer de inmediato; es
culpable si opone resistencia.
Artículo 8.- La ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias, y nadie
puede ser castigado sino en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al
delito, y aplicada legalmente.
Artículo 9.- Puesto que todo hombre se presume inocente mientras no sea declarado culpable,
si se juzga indispensable detenerlo, todo rigor que no sea necesario para apoderarse de su
persona debe ser severamente reprimido por la ley.
Artículo 10.- Nadie debe ser incomodado por sus opiniones, inclusive religiosas, a condición
de que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley.
Artículo 11.- La libre comunicación de pensamientos y de opiniones es uno de los derechos
más preciosos del hombre; en consecuencia, todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir
libremente, a trueque de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la
ley.
Artículo 12.- La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza
pública; por lo tanto, esta fuerza ha sido instituida en beneficio de todos, y no para el provecho
particular de aquellos a quienes ha sido encomendada.
Artículo 13.- Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración,
resulta indispensable una contribución común; ésta debe repartirse equitativamente entre los
ciudadanos, proporcionalmente a su capacidad.
Artículo 14.- Los ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o a través de sus
representantes, la necesidad de la contribución pública, de aceptarla libremente, de vigilar su
empleo y de determinar su prorrata, su base, su recaudación y su duración.
Artículo 15.- La sociedad tiene derecho a pedir cuentas de su gestión a todo agente público.
Artículo 16.- Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni
determinada la separación de los poderes, carece de Constitución.
Artículo 17.- Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de
ella, salvo cuando la necesidad pública, legalmente comprobada, lo exija de modo evidente, y a
condición de una justa y previa indemnización.
Pero el rey se negó a sancionar la Declaración: la crisis se vuelva a abrir.
Además, Luis XVI no está solo: comienza a constituirse un auténtico partido del rey.
En septiembre, Luis XVI defiende ante la Asamblea el principio de legitimidad de
poderes de la nobleza y el clero y llama a Versalles al regimiento de Flandes. A estas
circunstancias políticas se añaden circunstancias sociales y económicas: los nobles y
ricos despiden a sus domésticos, las industrias de lujo cierran, los mercados están vacíos
y los molinos trabajan poco. Se habla de nuevo de penuria y de complot; crisis política y
crisis económica conjugan sus efectos: sólo falta un incidente.
Así las cosas, el 5 de octubre de 1789, tras ciertos rumores sobre una intervención
militar contrarrevolucionaria, una masa de mujeres armadas, venidas de los suburbios
para reclamar pan, se dirigen a Versalles. El 6 de octubre la multitud invade el palacio
real y, tras asesinar a la guardia real, traslada a la familia real a París. Se instalan en las
Tullerías, donde la Asamblea se unirá a ellos poco después.
En conclusión, la nobleza ha roto con la Revolución y el imaginario complot
aristocrático se hace realidad. La burguesía sólo gobierna la Asamblea a condición de
satisfacer al pueblo, que la controla de cerca. Los campesinos ya no pagan ni un
impuesto.
La Asamblea Nacional Constituyente (1790-1791)
Durante 1790 destaca la figura de La Fayette, comandante de la Guardia Nacional
de París, que asegura un vínculo permanente entre el rey, la Asamblea y la ciudad.
Parece poder asegurar un compromiso entre la aristocracia terrateniente y la burguesía
industrial y negociante.
No hay partidos, existen corrientes ideológicas:
1. Los Aristócratas o Negros. Defendían el Antiguo Régimen fundado sobre el
derecho divino y la defensa de los privilegios.
2. Los Monárquicos. Son más moderados; aceptan la revolución de 1789, pero no
desean ir más lejos.
3. Los Constitucionales. Son los más numerosos. Son fieles a los principios de
1789. La burguesía y nobleza moderada que realizaron la revolución liberal.
4. Los Patriotas (Desde otoño llamados Jacobinos). Revolucionarios más radicales.
La obra de la Asamblea Nacional Constituyente
1. Reorganización administrativa. Francia fue dividida en 83 departamentos,
dividido cada departamento en distritos, cantones y municipios.
2. El poder judicial se delega en jueces elegidos
3. Supresión de los impuestos indirectos y sustitución de los impuestos directos del
Antiguo Régimen por tres contribuciones: una contribución por la tierra, una
contribución mobiliaria y una patente sobre los ingresos comerciales e
industriales.
4. Enfrentamiento con la Iglesia. Será progresivo y vendrá jalonado con medidas
tomadas por la Asamblea como la nacionalización y venta (1789) de sus bienes
(el estado los venderá para obtener recursos para disminuir la deuda pública), la
supresión de órdenes religiosas, la Constitución Civil del clero (Sitúa a la Iglesia
en el mismo marco administrativo que las demás instituciones) y la obligación
de todos los miembros de la iglesia de realizar un juramento de fidelidad al
nuevo estado. Casi la mitad de la iglesia se resistirá a este juramento y parte de
las revueltas contrarrevolucionarias serán lideradas por los eclesiásticos en
algunas regiones francesas.
5. Nuevo reparto de la riqueza rústica en beneficio de los labradores ya
propietarios, de los grandes granjeros y de la burguesía.
6. Supresión de los diezmos y derechos señoriales.
7. Supresión de los gremios.
8. Creación de una gran Federación de todas las tropas y guardias nacionales, con
lo que se afirma abiertamente la unidad de la nación.
Los países extranjeros desconfiaban de la Revolución francesa, temían sobre
todo las ideas revolucionarias. En marzo de 1791 España establece un cordón de tropas
a lo largo de los Pirineos para detener la peste francesa. Pío VI, en la primavera de
1791, condenó la Revolución.
Los exiliados presionan por su parte al rey de Cerdeña y al emperador Leopoldo
II, hermano de María Antonieta, pero también al Papa y al rey de España. Los exiliados,
también llamados "emigrés", esperan subsidios a falta de una intervención a favor de la
monarquía francesa.
Émigrés. Nombre dado a los fugitivos monárquicos que huyeron de Francia durante la
Revolución de 1789, la mayoría de los cuales eran aristócratas o miembros del clero. Sus
líderes fueron el conde de Provenza, quien se convertiría en Luis XVIII, el conde de Artois, que
posteriormente llegaría a ser Carlos X (ambos eran hermanos del rey Luis XVI), y Louis
Joseph de Borbón, príncipe de Condé. Los émigrés buscaron refugio primero en Alemania y
Austria, y después en Inglaterra y Rusia.
Este grupo participó en conjuras y conspiraciones destinadas a restaurar el poder absoluto
de la monarquía antes de que tuviera lugar la ejecución de Luis XVI. Tras su muerte, ocurrida
en 1793, abogaron por la implantación de la monarquía borbónica y juraron lealtad al hijo de
Luis, al que proclamaron rey bajo el nombre de Luis XVII. Al fallecer éste en 1795, el conde de
Provenza ocupó su lugar. Muchos émigrés lucharon en ejércitos enviados por las potencias
europeas aliadas para aplastar la Revolución Francesa. Parte de las fuerzas de invasión
encabezadas por el duque de Brunswick en 1792 estaban formadas por émigrés. Asimismo,
otros tres mil participaron en un fracasado desembarco que tuvo lugar en 1795 en Bretaña.
Todos los terrenos que poseían en Francia fueron confiscados y empleados como parte de
la garantía de la emisión de un papel moneda conocido como asignado. Sus familiares se
vieron privados de sus derechos civiles y muchos fueron guillotinados durante el Terror.
Algunos émigrés regresaron a Francia durante el periodo napoleónico, mientras que otros no
pusieron fin a su exilio hasta que en 1814 se restauró la monarquía borbónica.
Luis XVI juega un doble papel: rey de derecho divino, no abraza sinceramente
los principios de la Revolución o el régimen constitucional; pero no se arriesga a una
nueva revuelta popular.
En abril de 1791 el descontento de las ciudades se hace sentir de nuevo: los
precios suben. Es también el momento en que la aplicación de la Constitución Civil del
Clero coloca a los católicos en la oposición, con los enemigos de la Revolución.
Ante esta situación, Luis XVI toma la
decisión de huir de Francia. El 20 de junio de
1791, a las 11,30 de la noche, la familia real
huye de París. La huida del rey inquieta. La
Fayette y los moderados hacen prevalecer la
tesis del secuestro, pero reconocido en la huida,
el rey es denunciado, capturado y arrestado en
Varennes. El 25 de junio la familia real llega a
París rodeada de una multitud enorme y hostil.
La tesis del secuestro no engaña a nadie.
Huida de Varennes. Intento de fuga llevado a cabo por el rey Luis XVI y su familia el 20 y 21
de junio de 1791 para conseguir escapar de los revolucionarios franceses. Después de que
una violenta muchedumbre impidiera a los monarcas viajar hacia el Este hasta Saint-Cloud, la
familia real planeó dirigirse a la ciudad fronteriza de Montmédy, que estaba guarnecida por
regimientos alemanes y suizos del ejército francés que aún eran leales al rey. La salida de
París se desarrolló sin incidentes, pero el coche real sufrió un retraso debido a un accidente y
el grupo perdió a la escolta armada que debía acompañarles hasta la última etapa del
trayecto. Por este motivo, la familia real fue apresada fácilmente al ser reconocida en
Varennes. Fueron conducidos a París, custodiados por la guardia armada, y retenidos bajo
arresto. La fuga y la denuncia escrita del régimen revolucionario que el Rey había dejado tras
de sí, destruyeron la credibilidad política del monarca.
Conocida enseguida en el reino, la huida del rey provocó un inmenso desorden.
Los ciudadanos se armaron; se teme a los austriacos al norte y al este, a los ingleses al
oeste, a los españoles al sur. En París, el pueblo muestra su hostilidad a la monarquía.
El 14 de julio de 1791, los jacobinos demandan la sustitución del rey. La retirada
de esta petición, por problemas de ilegalidad, implica la ruptura entre jacobinos y
feuillants, pero la idea prende. El 17 de julio se lleva de nuevo al campo de Marte una
petición de los cordeliers para la deposición de Luis XVI. El alcalde de París proclama
la ley marcial y la guardia nacional de La Fayette dispersa a los alborotadores (Se
producen 50 muertos). El tiroteo del Campo de Marte consagra la ruptura entre la
burguesía y el pueblo. La idea de república, absurda en 1789, ha entrado en las mentes.
Meses después, el 14 de septiembre, Luis XVI presta juramento a la Constitución,
pero en realidad las desconfianzas recíprocas dominan la situación. La nobleza ha roto
con la burguesía moderada y emprende masivamente el camino del exilio; el ejército
monárquico pierde sus mandos. La burguesía liberal teme a un pueblo de aspiraciones
republicanas.
El pueblo sigue viendo cómo suben los precios: acusa a la burguesía. En las
aldeas cunde el pánico y el pueblo se arma. Por último, la Constitución Civil del Clero
convierte la mayor parte del oeste de Francia en refractario.
Y el rey, mientras los clubes parisinos piensan en destronarlo, sueña con una
intervención extranjera, pues el emperador Leopoldo y el rey de Prusia, Federico
Guillermo II, han hecho saber que estaban examinando
"los medios más eficaces para intervenir en Francia". Declaración de Pilnitz, Sajonia,
25 de agosto.
La Constitución de 1791
La huída del Rey demuestra el escaso entusiasmo de Luis XVI con su papel de
monarca con poderes limitados. De hecho, el poder lo ejerce desde mediados de 1789 la
Asamblea cuya obra legislativa es muy abundante e incluye la finalización de la
Constitución en septiembre de 1791. Esta constitución, aunque reconocía un régimen
monárquico, limitaba mucho los poderes del rey mediante la formulación de la
Soberanía Nacional. De hecho, el monarca dentro del esquema de división de poderes
que sigue la teoría de Montesquieu, conserva el poder ejecutivo y tiene derecho de veto
sobre las leyes que salgan de la Asamblea, pero sus poderes están muy lejos de los de
un monarca absoluto. El poder legislativo, residirá en una única cámara, la Asamblea
Legislativa, cuyos miembros debían ser renovados mediante elección popular (aunque
por medio de un sufragio censitario) cada dos años. Por último, el poder judicial, que
reposaba en los jueces, tiene garantizada su independencia del resto de poderes del
Estado.
Esta constitución con su reconocimiento de la Soberanía Nacional, de la
separación de poderes, de la supremacía de la constitución sobre las demás leyes e
instituciones del estado y del reconocimiento de una gran cantidad de libertades y
derechos individuales (libertad de expresión, de reunión, derecho a la inviolabilidad del
domicilio, libertad religiosa...); se convertirá en modelo para las constituciones liberales
del siglo XIX. Su proclamación de la libertad económica significará la prohibición de
los gremios o el fin de los precios protegidos en artículos de primera necesidad.
Los redactores de esta constitución se inspiraron de forma clara en las ideas de
ilustrados como Rousseau y Montesquieu, y también en la Declaración de
Independencia y en la Constitución de los Estados Unidos de América.
Con la Constitución de 1791, quienes apoyaban lo realizado por la Asamblea,
daban por terminado el proceso revolucionario. Pero las nuevas leyes no sólo habían
provocado el descontento de los antiguos privilegiados (que están organizándose para
entrar en combate), sino que también van a crear descontento entre las masas populares
al dejarlos sin derecho al voto o sin las subvenciones estatales en los precios del trigo.
Bandos y grupos políticos
Los diputados de la Asamblea Legislativa, que se reúnen el 1 de octubre de 1791,
son hombres nuevos:
- Brissontinos. Conducidos por Brissot, son abogados y negociantes. La mayoría
elegidos en la Gironda (En el futuro serán llamados Girondinos).
Girondinos. Sector republicano moderado que intervino en la Revolución Francesa
desde 1791 hasta 1793. Recibieron este nombre porque sus miembros más destacados
representaban al departamento de la Gironda, aunque también se les conocía como
"brissotinos" debido a que uno de sus dirigentes era Jacques Pierre Brissot. Este grupo
participó en la Asamblea Legislativa por primera vez en octubre de 1791. Se les identificó con
los jacobinos en un principio, pero los dos grupos se separaron a causa de sus diferencias
sobre la guerra con Austria; los girondinos eran partidarios de ir a la lucha porque consideraban
que uniría a Francia bajo la bandera de la revolución. Este grupo, encabezado por Brissot y
Jean Marie Roland de La Platière, persuadió a la Asamblea para que votara a favor de la
guerra en abril de 1792. Su influencia disminuyó después de este episodio. Los girondinos se
oponían a los controles económicos y a la democracia radical que defendían los jacobinos,
establecidos en París, y no consiguieron el apoyo militar de las provincias en octubre de 1793.
Su poder terminó cuando Brissot y treinta de sus seguidores fueron guillotinados por los
jacobinos el 31 de octubre.
- Jacobinos. Irreligiosos y ardientes demócratas. Forman la segunda generación
revolucionaria.
Jacobinos. Nombre que recibían los miembros del club radical francés que dirigió la
vida política del país durante la Revolución Francesa.
El club estuvo a favor de la implantación de una monarquía constitucional en sus
primeros momentos, pero cuando Luis XVI intentó huir del país en 1791, los jacobinos
rechazaron cualquier sistema de gobierno monárquico.
- Cordeliers. Un pequeño número de diputados más avanzados.
- Feuillants. 264 diputados que se atienen a una aplicación estricta de la
Constitución.
- Marais. Una masa bastante indistinta de unos 350 diputados. Son
constitucionales, pero el recuerdo de Varennes y Pilnitz despierta en ellos una gran
desconfianza contra el rey.
En octubre de 1791, los feuillants se creen dueños de Francia. Ya no se habla de
República. Se trata de tranquilizar a la opinión pública, pero los sacerdotes refractarios
se oponen a la propaganda jacobina: el menor incidente desataría la guerra civil en la
Vendée.
A falta de poder resolver las dificultades económicas persistentes, los
aristócratas y los refractarios constituyen un blanco perfecto; los exiliados más aún.
El 9 de noviembre de 1791 se conmina a todos los exiliados a
volver en un plazo de dos meses so pena de confiscación de sus bienes,
y el 29 de noviembre los refractarios son amenazados con la prisión y
la pérdida de sus pensiones si no prestan juramento. A estos últimos
decretos Luis XVI opone su veto el 14 de diciembre. El veto del
monarca y una posible intervención austriaca desatan el odio contra los
enemigos de la Revolución. Estalla la acción popular y el ímpetu
democrático. Los sans-culotte toman las armas. La guerra: ¿una
solución?
La guerra tiene muchos partidarios. El rey y la reina ven en ella el mejor medio
para restablecer la autoridad monárquica.
La mayoría de los feuillants piensan que una guerra limitada, y por consiguiente
victoriosa, daría al rey cierto prestigio constitucional y reforzaría el régimen. La
Fayette, al que se destina el mando de un ejército, podría, si fuera preciso, reprimir las
intrigas de los demócratas.
Los girondinos están convencidos de que la guerra obligará al rey a
desenmascararse; si pacta con el enemigo será un traidor, o bien, a la cabeza de sus
ejércitos victoriosos, se convertirá en jefe glorioso de esta revolución.
Sólo Robespierre se pronunció contra la guerra. había comprendido que la guerra
favorecería todas las formas de radicalización de la Revolución o de restauración de un
absolutismo vengador y que en ningún caso los cálculos de los moderados podían salir
bien en ella.
Los soberanos extranjeros, muy inquietos por las repercusiones internacionales
de la Revolución, habían pensado primero en protegerse. Pero Luis XVI es uno de
ellos, les pide ayuda directamente y, después de Varennes, están obligados actuar.
Luis XVI, en marzo de1792, sustituye a sus ministros feuillants por patriotas, entre ellos
varios girondinos, y el 20 de abril declara la guerra a Austria. La reina y Luis XVI
suplican sin embargo a los aliados que hagan saber a la Asamblea que no tolerarán
ninguna afrenta contra sus personas y su familia:
“El rey había decidido hacer un último esfuerzo por recuperar su libertad. (...) El rey ha
resuelto hacer conocer a Europa el estado en el que se encuentra, y confiando sus penas al
Emperador, su buen amigo, no tiene duda de que este tomará las medidas que su generoso
corazón le dictará para acudir en socorro del rey y del reino de Francia.” Julio de 1791. Carta
de Luis XVI al emperador de Austria, Leopoldo II.
El 29 de mayo Luis XVI opone su veto al decreto de deportación de los
refractarios y, más tarde, destituye a sus ministros girondinos y los sustituye por
feuillants. Por su parte, La Fayette denuncia en la Asamblea las intrigas de los
jacobinos. Girondinos y jacobinos vuelven a verse unidos y resueltos a una acción
común: el 20 de junio de 1792 organizan una marcha sobre las Tullerías. La miseria y
el desempleo proveen al pueblo de tropas combativas. La carestía ha aumentado el
número de pobres y los asaltos a los convoyes de cereales; el saqueo de tiendas,
habitual desde principios de 1792, revela tanto el nerviosismo del pueblo como el
nuevo peligro: la costumbre del recurso a la violencia. Así las cosas, agitadores piden
ser recibidos en la Asamblea, que rehúsa; la Asamblea es invadida y debe escuchar la
arenga violenta de su orador popular:
"El pueblo está en pie, correrá la sangre o florecerá en paz el árbol de la Libertad"
La multitud se dirige hacia el palacio del rey. Las puertas son forzadas. El rey es
empujado, insultado, obligado a brindar con el pueblo, cubierto con la gorra roja, Luis
XVI no cede; mantiene su veto y se niega a renombrar a los ministros girondinos.
Pero cualquier movimiento de reacción monárquica queda abortado, la última
oportunidad de Luis XVI acaba de perderse:
"Ya no sois nada para esta Constitución que habéis violado tan indignamente, para ese
pueblo que habéis traicionado tan cobardemente
(Si el rey, ante las amenazas exteriores
que pesan sobre Francia) no defiende sinceramente la libertad y la patria, debe considerarse
que ha abdicado". Vergniaud, 3 de julio de 1792, en la Asamblea.
El 15 de julio una petición de los cordeliers pide la suspensión del rey.
Robespierre hace un llamamiento para la elección de una nueva asamblea, una
Convención por sufragio universal.
Entretanto se conocen en París el 1 de agosto los términos del manifiesto de
Brunswick:
“Sus majestades el emperador y el rey de Prusia, habiéndome confiado el mando de sus
ejércitos combinados (...), quiero anunciar a los habitantes de este reino los motivos que han
determinado las medidas de los dos soberanos y las intenciones que los guían.
(...) Es poner fin a la anarquía en el interior de Francia, detener los ataques dirigidos contra el
trono y el altar, restablecer el poder legal, devolver al rey la seguridad y libertad de la que ha
sido privado y ponerlo en condiciones de ejercer la legítima autoridad que le corresponde.
Es con estos objetivos que yo, el abajo firmante, comandante en jefe de los dos ejércitos,
declaro:
(...) 2º Que (los ejércitos) no pretenden inmiscuirse en absoluto en los asuntos internos de
Francia, sino que quieren únicamente liberar al rey, la reina y la familia real de su cautividad, y
procurar a su muy cristiana majestad la seguridad necesaria para que pueda realizar sin peligro
y sin obstáculos, las convocatorias que desee y trabajar para asegurar la felicidad de sus
súbditos...
8° La ciudad de Paris y todos sus habitantes sin distinción serán obligados a someterse sin
tardanza al Rey (...) las ya citadas majestades declaran bajo su palabra de honor como
emperador y rey, que si el palacio de las Tullerías es forzado o atacado, que si la mínima
violencia se realiza contra el rey la reina y la familia real y que si su seguridad y libertad no son
inmediatamente aseguradas; infligirán una venganza ejemplar que nunca se olvidará...
Por estas rezones llamo y exhorto de forma apremiante a que todos los habitantes del reino no
presenten oposición a las movimientos de las tropas bajo mi mando, sino que por el contrario
les procuren un paso libre y les asistan y ayuden con buena voluntad en lo que las
circunstancias requieran.” Dado en el cuartel general en Coblenza, 25 de
Julio de 1792.
Duque de Brunswick.
El 9 de agosto la Asamblea se separa sabiendo que las milicias se están
preparando. La gente se arma. Se constituye una Comuna Insurreccional en el
Ayuntamiento. El rey se ha dirigido a la Asamblea. Se produce la lucha entre
insurrectos y defensores del monarca. Estos últimos son derrotados. La Asamblea
decreta la suspensión del rey; se nombra un Comité Ejecutivo en lugar del gobierno.
Quedaba claro que el poder lo tenían las masas en la calle y que el proyecto de la
revolución de 1789, la creación de un régimen político basado en la convivencia entre la
monarquía y una constitución que reconoce la soberanía de la nación, y controlado por
la burguesía mediante el mecanismo del sufragio censitario, había terminado.
El 11 de agosto los electores son convocados para elegir por sufragio universal
una Convención Nacional. En el Ayuntamiento la Comuna Insurreccional sustituye a la
antigua municipalidad y representa un segundo poder. Pronto será dominada por
Robespierre, Billaud-Varenne, Chaumette y gente del pueblo: han llegado los sansculottes (Masas de ciudadanos políticamente concienciados y agitados dispuestos a
seguir avanzando en el camino de la igualdad social).
Fernando Prieto, del libro La Revolución Francesa. Ed. Istmo.
El atuendo creó un nombre para una categoría social. Son las masas populares urbanas, en
particular las de París, que tuvieron un claro protagonismo en todo el proceso de la Revolución.
Estas gentes modestas no llevaban culottes (calzas), sino que vestían pantalones que llegaban
hasta los talones. No es fácil definir esta categoría social. N o se trata de una clase social, sino
de un grupo heterogéneo urbano cuya parte más activa la forman los trabajadores
independientes más modestos -artesanos y tenderos- a los que se suman los obreros. Éstos en
su mayoría no son todavía proletarios, pues apenas existe la industria capitalista. Muchos de
los asalariados de los maestros artesanos son oficiales (compagnons), que teóricamente aún
están en período de formación profesional. Viven en la casa del patrón, comen a su mesa,
participan de sus problemas y mentalidad, esperando poder establecerse un día como
maestros independientes. Esto quiere decir que no tienen conciencia de clase propia. Existían,
desde luego, los proletarios, pero nunca constituyeron un agente colectivo independiente en la
historia de la Revolución. Una categoría intermedia la forma el artesano dependiente, que
jurídicamente es un trabajador independiente, dueño de sus útiles, incluso un pequeño patrón
independiente con algunos asalariados, pero económicamente es un asalariado del empresario
comerciante que explota el trabajo doméstico.
El rasgo que une a los sans-culottes es su oposición a los ricos, a los nobles y a la burguesía
mercantil, oposición especialmente sentida en momentos de escasez de subsistencias. El
hambre une a clases sociales diferentes contra el acaparador. Pero no tienen mentalidad
socialista, sino burguesa. Quieren una sociedad igualitaria. Su reclamación primaria y básica es
sencillamente el pan, puesto que el pan suponía entonces más de la mitad del presupuesto de
una familia pobre. Le dan una base teórica reclamando el derecho a la existencia como primer
derecho natural, anterior al derecho de propiedad. Este derecho lo concretan en el derecho a la
igualdad básica en materia de subsistencias (todos tienen igual derecho a lo esencial para la
vida), que formulan como «igualdad de disfrute» (égalité des jouissances). Para conseguirla
nunca piensan en un comunismo, nunca piden la abolición del derecho de propiedad, sino la
extensión de ese derecho a todos. Desean una sociedad de trabajadores independientes,
propietarios de sus medios de trabajo (tierra, taller o tienda) y capaces de atender a las
necesidades de su familia sin recurrir al trabajo asalariado. De hecho, estas aspiraciones iban
en contra del progreso del capitalismo; los sans-culottes ven que la situación los está
reduciendo a la categoría de asalariados, pero no saben analizar el proceso de concentración
del capital. Hasta aquí coinciden con los jacobinos. Pero los sans-culottes van más allá y
quieren limitar el derecho de propiedad: lo que el rico tiene de sobra pertenece a la República y
a sus miembros más desafortunados. En definitiva, los sans-culottes no plantearon
reivindicaciones como trabajadores, sino como consumidores. Lo que los movilizó fue la
carencia (el alza de precios) de las subsistencias. De ahí que sus reivindicaciones más
inmediatas fueran las medidas para asegurar la distribución: los reglamentos económicos que
los jacobinos sólo admitieron bajo presión de las masas. La primera exigencia fue el control de
los precios de los artículos más necesarios con la fijación de un precio máximo, la tasa.
Cuando vieron que la tasa era insuficiente para asegurar la distribución, pidieron otras
medidas, como fue la creación de almacenes públicos obligatorios, alegando que ni el
agricultor ni el comerciante son dueños de las mercancías de primera necesidad y el
racionamiento. Pero la reivindicación se radicalizó y reclamaron la limitación directa del
derecho de propiedad (el maximum de fortuna que un ciudadano podía poseer) a fin de que
aumentara el número de los pequeños propietarios.
Las aspiraciones de los sans-culottes fueron recogidas por hombres que no pertenecían a
ellos. En parte lo hicieron los jacobinos, según ya hemos visto, pero hay otros personajes que
fueron más directamente portavoces de las masas populares. No formaron un grupo ni de
opinión ni de actuación. Fueron activistas que trabajaron sin conexión entre ellos. En
consecuencia, no se puede encontrar en su conjunto ni siquiera en cada uno de ellos una
doctrina articulada.
El mismo día el rey y su familia son encerrados en el Temple. La Comuna
Insurreccional impone a la Asamblea la creación de un tribunal criminal extraordinario
con el fin de que la justicia castigue a los criminales contrarrevolucionarios.
La caída de la monarquía no fue bien recibida en todas partes, especialmente en la
Vendée.
El 30 de agosto la Comuna es declarada ilegal por la Asamblea: los girondinos la
acusan de querer instaurar "un despotismo más duro y más odioso que el de la monarquía".
Desde el punto de vista militar la situación cambia. Se produce una ofensiva
austro-prusiana de gran envergadura. En París el miedo está en su apogeo. El furor
popular se desata contra los enemigos que se pueden capturar: aristócratas y
refractarios, que son encerrados desde el 10 de agosto. Los rumores circulan enseguida;
los traidores encerrados en las prisiones conspiran desde sus mazmorras. Entonces
comienza una terrible masacre. El balance es terrible: alrededor de 1.400 asesinados;
sacerdotes, algunos nobles y presos comunes. Detrás de la masacre hay también un
pueblo atormentado por el espectro de los precios y del hambre.
En las provincias tuvieron lugar masacres comparables, por la misma mezcla de
motivos políticos y sociales. Pero los aristócratas y refractarios son allí las primeras
víctimas.
Estas masacres han avivado la rivalidad entre la Comuna y la Asamblea y entre
jacobinos y girondinos.
Al final, sólo una inesperada victoria, en Valmy, permite una distensión
imprevisible.
La proclamación de la república y la ejecución del rey
La Convención Nacional estaba compuesta por 749 diputados elegidos por
sufragio universal.
Son elegidos notables y hombres de leyes, abogados y literatos antes que hombres
del pueblo o verdaderos sans-culottes. Entre los electos, hay 80 constituyentes y 200
legisladores.
Los girondinos, conducidos todavía por Brissot y Pétion, y luego por Vergniaud,
dominan la nueva Asamblea. Representan en ella a los departamentos más que a París.
Son republicanos sinceros, ateos o deístas, partidarios del sufragio universal y de la
guerra de propaganda, pero sobre todo son provincianos que desconfían de la Comuna y
de Paría. Pasan por moderados, sobre todo porque son muy afectos a la legalidad y a la
libertad económica y les repugnan las medida extraordinarias.
La Montaña es, ante todo, París. Sus diputados representan mejor las
aspiraciones populares y están dispuestos a tomar medidas de excepción. Robespierre es
el jacobino por excelencia, un deísta y demócrata convencido. Junto a él, destacan
Danton y Marat.
La Montaña . Nombre que recibió durante la Revolución Francesa el partido de
radicales extremistas dirigido por Maximilien de Robespierre y Georges Jacques Danton. El
apelativo se debía a que los representantes de este grupo, conocidos como los montañeses
(montagnards), se sentaban en la parte superior del salón donde se reunía la Convención
Nacional. Desde finales de 1792 hasta la primavera de 1793 se opusieron a los girondinos,
cuyos miembros controlaban entonces el gobierno revolucionario.
Entre estas dos tendencias, la Llanura (Plaine) es siempre mayoritaria y se inclina
ya hacia la Gironda ya hacia la montaña.
El 21 de septiembre de 1792 es abolida la realeza y el 25 de septiembre es
declarada la República. Los girondinos atacan enseguida la influencia excesiva de París
y de la Comuna. Atacan a Marat y luego a Robespierre, acusado ya violentamente de
dictadura, y Danton es acusado de malversación de fondos.
Las victorias de otoño de 1792 y el proceso de Luis XVI ocupan la cabecera de
los debates y dejan a la República tiempo para situar sus principales órganos: los
ministros, que ejercen el ejecutivo, y los comités, que preparan el trabajo dde la
Asamblea; el Comité constitucional y el de Seguridad general son los más importantes.
A finales de septiembre los ejércitos franceses ganan por doquier y se anexionan
Saboya y Niza. En noviembre conquistan Bélgica.
El 5 de diciembre la Convención se atribuye el poder de juzgar al rey depuesto,
tras el descubrimiento de la correspondencia secreta de Luis con los enemigos. La teoría
de la inviolabilidad del rey es barrida por la traición. Marat exige el proceso para
instrucción del pueblo, Saint-Just pide la ejecución del rey sin juicio y Robespierre
opone la necesidad política:
No hay que hacer ningún proceso, Luis no es un acusado, vosotros no sois jueces… No
tenéis que dictar ninguna sentencia, sino tomar una medida de salvación pública.
La Gironda admite que el proceso es inevitable, pero desea salvar al rey.
El 11 de enero de 1793 la asamblea decreta que se votará sucesivamente la
culpabilidad del rey, la ratificación por el pueblo de la sentencia y la misma sentencia.
A la primera pregunta la Convención declaro unánimemente a Luis culpable de
conspiración contra la seguridad general del Estado. en el segundo escrutinio, la
ratificación popular fue rechazada por una fuerte mayoría, lo que constituye la primera
derrota de los girondinos, convencidos de que Francia, al ser consultada, no ejecutaría al
rey.
La sesión del 16 y 17 de enero de 1793 decretó la
pena de muerte para el rey (387 votos favorables a la
ejecución, frente a 333 contrarios a la ejecución. Entre
los regicidas estaban casi todos los montañeses:
Robespierre, Danton, Marat, David, Desmoulins, SaintJust…). El 21 de enero de 1793 el rey es guillotinado.
La ejecución de Luis XVI sumió a Francia en el desasosiego; pero Europa,
unánimemente indignada, reacciona pronto, tanto más por cuanto la política de
anexiones, desarrollada con brutalidad, en el invierno de 1793, inquieta muy
concretamente.
La Convención declara la guerra a Inglaterra el 1 de febrero. La ruptura entre
Francia e Inglaterra condujo a la primera coalición: la Convención declara la guerra a
España el 18 de marzo; el 22, los príncipes alemanes del Imperio se unen a Prusia y a
Austria; lo mismo hacen los Estados italianos, salvo Génova y Venecia; Portugal
secunda a Inglaterra, Rusia y Suecia amenazan… Para hacer frente a esta coalición la
Convención vota el 24 de febrero una leva de 300.000 efectivos, los hombres válidos y
sin hijos de 18 a 40 años. Es entonces cuando Francia explota: a la guerra extranjera se
añaden una insurrección interior y una ruptura, ahora violenta, entre girondinos y
montañeses.
La presión popular, parisina sobre todo, era cada vez más dura; la penuria
alimentaria se agrava por la detención de las importaciones de grano, que llegaban a los
puertos franceses en barcos holandeses e ingleses. El 12 de febrero los sans-culottes de
París llevan una petición a la Convención para poner fin al aumento de los precios y a
los manejos de los acaparadores. Al mismo tiempo, reclaman el fin de las desigualdades
sociales y atacan a girondinos y montañeses. Los motines y actos violentos se
generalizan en París. La misma Comuna teme que la situación escape a su control.
En provincias las disensiones más notables siguen siendo las que enfrentan a
jacobinos y girondinos y se expresan más en un plano político que social. La leva fue
mal recibida a causa de su carácter inhabitual e imperativo; hasta ahora la nación sólo
reclutaba voluntarios. París y los departamentos de la frontera tienen una conciencia
clara del peligro militar, pero no ocurre lo mismo en otros lugares y la resistencia se
hace notar; ésta se gesta a menudo en torno a los curas buenos y a la desaparecida
aristocracia. Los desórdenes hacen reventar Francia por todas partes, pero es en La
Vendée donde se pasa del desorden y la resistencia a la insurrección y la guerra civil.
El levantamiento vendeano tiene una base popular, los campesinos estaban
consternados viendo las cargas feudales y reales sustituidas por una fiscalidad nacional
al menos igual de dura; eran además incapaces de convertirse en adquisidores de bienes
nacionales, y la leva fue unánimemente rechazada. A los campesinos se unieron,
además, tenderos y artesanos arruinados. La ejecución del rey impresionó a una
aristocracia aún sólidamente asentada, que se ponen inmediatamente a la cabeza del
movimiento. La sublevación estalla en la primera semana de marzo.
La Vendée, antiguo departamento de la costa oeste francesa en el que se produjeron
insurrecciones (1793-1796) durante la Revolución Francesa. Las verdaderas causas que
provocaron estas rebeliones contrarrevolucionarias fueron las fuertes creencias religiosas de su
población campesina, los controles a los que las autoridades sometieron a la Iglesia católica y
el decreto de leva forzosa de febrero de 1793. Las revueltas comenzaron en Cholet el 4 de
marzo; la más importante, encabezada por los campesinos Jacques Cathelineau, Gaston
Bourdic y Jean-Nicolas Stofflet, a los que se unieron algunos nobles monárquicos, continuó
hasta el 13 de marzo. En junio, 30.000 rebeldes que se autodenominaban Ejército Real y
Católico, tomaron las ciudades de Saumur y Angers. El gobierno jacobino se vio seriamente
amenazado en los primeros momentos, ya que en aquellos momentos también se estaban
produciendo alzamientos en Normandía, Lyon y Marsella, y las tropas revolucionarias
acababan de ser derrotadas en la batalla de Neerwinden; no obstante, recibieron refuerzos y
vencieron en Cholet a las tropas contrarrevolucionarias de La Vendée, que ya alcanzaban los
65.000 hombres.
Los rebeldes sufrieron nuevas derrotas en la batalla de Le Mans el 12 de diciembre (se
cree que el número de bajas entre muertos y prisioneros fue de 15.000) y en Savenay once
días después, cuando el resto de sus tropas intentó volver a cruzar el río Loira. Durante el año
siguiente, el gobierno continuó hostigando a la población de esta región, lo que provocó nuevas
insurrecciones, aunque de menor intensidad. Finalmente, en diciembre de 1794 el régimen
termidoriano anunció una amnistía a la que siguió la concesión de la libertad de culto y la
exención del servicio militar para los habitantes de esta comarca. En junio de 1795, FrançoisAthanase Charette, uno de los nobles que dirigió el alzamiento de 1793, se unió a los británicos
que arribaron a la bahía de Quiberon (Bretaña), pero su derrota y posterior ejecución pusieron
fin a la resistencia organizada de La Vendée.
En ese momento se produjo la primera gran derrota en el frente extranjero, en
Neerwindden, el 18 de marzo, seguida de la deserción de Dumouriez. El asalto a
Francia se anunciaba amenazador. La traición de Dumouriez produjo un clima de
desconfianza.
La Revolución pone en marcha los primeros órganos de un gobierno e excepción.
Danton reclama una tasa sobre los ricos y la creación de un tribunal criminal
revolucionario:
"Seamos terribles para dispensar al pueblo de serlo"
El 6 de abril se crea el Comité de Salvación Pública, encargado de vigilar la
actividad de los ministros y de coordinar todas las medidas que afectan a la defensa
interior y exterior. Este primer Comité de Salvación Pública está dominado por Danton.
En provincias las administraciones, bajo la presión de los jacobinos, constituyen
espontáneamente comités locales de Salvación Pública, que se atribuyen el poder de
imponer medidas de seguridad.
En esta coyuntura, la oposición entre la Montaña y la Gironda se hace cada vez
más virulenta. En abril se consiguió la suspensión de la inviolabilidad de los miembros
de la Convención, que la misma Asamblea pueda decretar la acusación cuando éstos
sean sospechosos de "complicidad con los enemigos de la libertad, de la igualdad y del
gobierno republicano".
El 1 de mayo, en Rouen, un aumento de los precios del pan provoca un motín y
un enfrentamiento entre guardias nacionales y voluntarios, sans-culottes parisinos, los
enragés (rabiosos) se dirigen a la Convención para exigir un tope en los precios.
A partir de aquí, los jacobinos desatan la ofensiva. Las tribunas de la Convención
son sitiadas, ocupadas permanentemente por mujeres que no dudan en controlar el
acceso e interrumpir a los diputados, lo que transforma los debates en tumultos
constantes y prolongados. El 18 de mayo se forma con los suplentes de los diputados
una nueva asamblea en Bourges y todas las autoridades de la capital son anuladas. Los
girondinos, además, obtienen el nombramiento de un comité de los Doce, encargado de
investigar los complots que amenazan a la libertad y a la ley, una maquina de guerra
contra los sans-culottes y la Comuna. El 24 de mayo son arrestados dos jefes de los
enragés, Hébert y Varlet. El 25 de mayo se lanza un ultimátum a la Comuna de París; si
llegara a atentarse contra la representación nacional con una insurrección París sería
aniquilado. Robespierre responde el 26: cuando el pueblo es oprimido y las leyes
violadas, "cuando el despotismo está en su cenit, entonces el pueblo debe rebelarse. Ha
llegado ese momento".
El 31 de mayo tocan a rebato en Notre-Dame y pronto de barrio en barrio. Los
guardias nacionales se alzan en armas y se unen a los sans-culottes, excitados por los
discursos de Marat. Constituyen un comité secreto, preparado para la ofensiva, con el
apoyo abierto del alcalde de París y la complicidad del Comité de Salvación Pública, de
Danton y de los montañeses. En horas, el comité se constituye en Comité
Insurreccional.
Por su parte, la Convención se había reunido y un debate encrespado enfrentaba a
girondinos y montañeses, cuando una delegación del Comité Insurreccional se presenta
y exige la acusación formal de 22 girondinos, una depuración y la condena de todos los
sospechosos, la fijación de precios del pan y la creación de un ejército revolucionario
de sans-culottes en cada ciudad. La Convención no concede más que la supresión del
Comité de los Doce, lo que basta para legitimar la insurrección.
El 2 de junio, el Comité Insurreccional marcha sobre la Asamblea y la cercan;
emplazan cañones. En medio del tumulto la Asamblea cede y decreta la detención de
29 de sus miembros, los principales jefes de la Gironda: Brissot, Guadet, Isnard, Pétion,
Vergniaud…
La república girondina se desmorona. Con los girondinos desaparece la primera
revolución burguesa. Se anuncia una nueva revolución: después de la de los girondinos,
la de los montañeses. Los montañeses están impulsados por la presión popular, su
revolución debe ser social antes de ser liberal.
A corto plazo Francia estalla. Se produce una agitación federal antimontañesa y
violenta.
La Constitución del año I. "El Terror"
En el verano de 1793 Francia ha sido invadida por los españoles, sardos,
prusianos y austriacos. Además, los insurgentes del interior; los vendeanos están a las
puertas de Nantes.
El 13 de julio Marat es asesinado. En esos momentos Danton se siente
desgastado: el 10 de julio la Convención renueva el Comité de Salvación Pública y lo
aparta del mismo.
Por último, la Constitución de 1793, adoptada por la Convención el 24 de junio,
muy democrática- sufragio universal y un ejecutivo de 24 miembros- se suspende el 10
de octubre.
Se ha abierto el camino a las medidas de excepción. A propuesta de Saint-Just, la
Convención declara que "el gobierno de Francia será revolucionario hasta la paz".
La Convención sigue siendo el centro impulsor de la actividad gubernamental.
Pero en realidad el poder pertenece ahora a sus comités y, sobre todo, al comité de
Salvación Pública.
El Comité de Salvación Pública, remodelado tras la caída de la Gironda,
comprende una docena de miembros procedentes en su totalidad de la Montaña.
Robespierre entra en él el 27 de julio de 1793.
El gran rival del Comité de Salvación Pública es el Comité de Seguridad General,
constituido definitivamente el 17 de octubre y encargado de velar por la seguridad del
Estado. a él incumben la policía política y la búsqueda de sospechosos. Ser señalado
por este comité equivale, con frecuencia y a corto plaza, a pasar ante el tribunal
Criminal Revolucionario, cuyos juicios se hacen ejecutorios en 24 horas y sin
posibilidad de recurso. Según el mismo modelo, se instituyen tribunales revolucionarios
en los departamentos.
Por último, los representantes en emisión en el ejército o en los departamentos
son miembros de la Convención, provistos de los más amplios poderes.
El Comité de Salvación Pública no extrae su legitimidad de un texto
constitucional, sino de la excepción y de la urgencia. Tiene como finalidad fundar la
República y defenderla contra todos sus enemigos, y subordina todo a esta doble
necesidad, a riesgo de suspender las libertades proclamadas en 1789.
Así, Billaud-Varenne anuncia que el gobierno sería "protector de los oprimidos,
favorable a los patriotas, benefactor para el pueblo, pero terrible para sus enemigos".
Desde el 5 de septiembre de 1793, bajo la presión de los sans-culottes, que han
cercado de nuevo la Asamblea, la Convención puso el terror en el orden del día con este
comentario: "Es hora de que la igualdad pase su guadaña sobre todas las cabezas".
El primer Terror
El terror ocupó todos los ámbitos de la vida del país. Es, al mismo tiempo,
político, económico, social y religioso; está incluso en el ejército.
El terror político está casi totalmente comprendido en la Ley de Sospechosos de
17 de septiembre de 1793, que atañe a quienes, sin haber cometido actos reprensibles
contra la República, son considerados capaces de cometerlos: exiliados, funcionarios
públicos destituidos, partidarios de la monarquía o de los girondinos. Encargados de
aplicar la ley, los comités revolucionarios detentan un poder exorbitante y se entregan a
menudo a una depuración sistemática. Así se ejecuta a la reina, el 16 de octubre. El 31
del mismo mes son guillotinados los girondinos que habían sido arrestados. En tres
meses hay 177 ejecuciones en París y más de 4.500 detenidos en prisión. Escenas de
horror tuvieron lugar en algunas ciudades de provincias.
El terror económico fue primero un empréstito forzoso contra las riquezas; luego
se decretó la pena de muerte contra los acaparadores; los precios serán en lo sucesivo
fijados por las autoridades departamentales; por último, se establece un tope de salarios.
Terror religioso: no sólo se hostiga a las refractarios, sino que los mismos
constitucionales ya no son defendidos por las autoridades. El terror se vuelve
antirreligioso. Las iglesias se cerraron; los sacerdotes son invitados a laicizarse; después
de los sacerdotes, la religión en sí misma, se reniega del culto católico en provecho del
de la Razón; en octubre un nuevo calendario sustituye al calendario religioso (cada día
está dedicado a una planta, a un animal, a un utensilio, que sustituyen a los nombres de
los santos, y los nombres de los meses hacen referencia a neologismos relacionados con
la naturaleza); los santos son proscritos por doquier; los niños son llamados con
nombres extraídos de la historia antigua, de la naturaleza o de la República; las ciudades
son desbautizadas… Todo creyente es ahora un sospechoso.
El terror, por último, alcanza también al ejército. Se renueva el Estado Mayor, los
generales timoratos o vencidos son eliminados. En agosto la Convención decretó la leva
en masa. Por primera vez el servicio militar se impone a todos los hombres jóvenes y la
actividad militar a toda la nación. Así se establece un ejército de 600.000 hombres.
Entre julio y septiembre de 1793 la invasión es rechazada por doquier, o al menos
detenida.
La reducción de las insurrecciones interiores es claramente más decisiva, pero
exige esfuerzos gigantescos y es acompañada en todas partes por un terror extremo (Los
muertos pasaron de 100.000 en La Vendée).
La República se impone en el interior, el peligro exterior parece más o menos
contenido; ¿convenía, pues, seguir tensando los muelles del gobierno revolucionario?
Es la opinión de algunos montañeses y la de los enragés, que ven en ello una prueba de
victoria. Pero ya no todos los sans-culottes están involucrados, y muchos de los
diputados comienzan a cansarse del terror y desean atenuarlo; entre ellos Desmoulins y
Danton, que recupera su posición en la escena política y propugna el moderantismo.
Robespierre condena a las dos facciones y se convierte en defensor de una vía
intermedia del terror, entre los indulgentes y los enragés.
El 5 de febrero de 1794, en la Convención, Robespierre defiende que el gobierno
revolucionario procede de dos principios indisolubles: la virtud, sin la cual el terror es
funesto, y el terror, sin el cual la virtud es impotente, y esto es "consecuencia del principio
general de la democracia aplicado a las más urgentes necesidades de la patria".
En diciembre de 1793, la Convención ha decretado una enseñanza primaria
gratuita, laica y obligatoria para todos los niños de seis a nueve años. En febrero dde
1794 deroga la esclavitud en las colonias francesas.
No obstante, las facciones seguían enfrentándose. Hacia el final del invierno su
conflicto encuentra el desenlace. El pan es raro y caro, ya que la cosecha de 1793 ha
sido mala; la carne escasea. Los cordeliers incitan entonces a los sans-culottes a
reclamar grandes medidas. La Convención vota las ayudas y decretos que relanzan la
salvación pública: el 27 de febrero se produce la confiscación de los bienes de los
sospechosos, y el 28 se lee el proyecto de una nueva ley contra los acaparadores.
Los cordeliers creyeron entonces que vencerían si acentuaban su presión. El 2 de
marzo Carrier, Hébert y Ronsin lanzan un llamamiento a la insurrección; el 4 de marzo
Hébert ataca de palabra a Robespierre. El 13 de marzo Robespierre decide acabar con
los hébertistas: Hébert, Vincent, Ronsin, Momoro son arrestados y acusados de urdir un
complot extranjero. Sólo Danton, ahora abiertamente opuesto al Comité de Salvación
Pública, indulgente incluso con los enragés, ha comprendido que su eliminación era el
preludio a una purga más general, osa pronunciarse contra la ejecución de los
hébertistas.
Las acusaciones contra Hébert, la distribución de víveres y la desbandada del
ejército revolucionario de París dan sus frutos: los sans-culottes no se mueven. El
Comité de Salvación Pública sale reforzado y no desaprovecha la ocasión de acabar
también con los indulgentes. En la noche del 29-30 de marzo Danton, Desmoulins y
Lacroix son arrestados. Todos los procesados son acusados de ser los últimos
partidarios de la monarquía, cómplices de Dumouriez y complot extranjero. Son
guillotinados el 5 de abril de 1794.
La Francia de Robespierre: el Gran Terror
Robespierre queda como único arquitecto de la Revolución. Acaba de poner fin a
la presión de la calle sobre la representación nacional. Robespierre organiza una
dictadura sin precedentes. El gobierno es un gobierno de guerra, lo que legitima todas
las medidas de excepción. El Comité de Salvación Pública es ahora el órgano esencial.
El Comité de Seguridad General aplica la ley de sospechosos: es un ministerio de terror.
La Comuna de París se reduce a la función de órgano de transmisión de las órdenes del
Comité de Salvación Pública. las sociedades populares desaparecen en mayo y junio de
1794. las municipalidades y los distritos mantienen correspondencia directa con el
Comité de Salvación Pública.
Este refuerzo del poder central por el gobierno revolucionario tranquiliza a la
burguesía descartando la amenaza de los sans-culottes, pero inquieta en la Convención a
los diputados de la Llanura, que acaban formando, tras las dos purgas, una clara
mayoría.
Económicamente la burguesía respira: el tope de los salarios se impone en todo su
rigor. Se produce el divorcio entre el Comité de Salvación Pública y el pueblo de los
sans-culottes.
Robespierre juzgaba indispensable dar un fundamento metafísico al régimen. Es
el momento del Ser Supremo:
"La lucha de las facciones proviene de la depravación moral y ésta del ateísmo… La
idea del Ser Supremo y de la inmortalidad del alma es un llamamiento continuo a la justicia, es,
por tanto, sociable y republicana".
El Gran Terror, por la ley de 10 de junio de 1794, suprime absolutamente todas
las garantías de justicia; ya no hay defensor, el veredicto del jurado se reduce a la
elección entre la absolución y la muerte, la definición de los enemigos de la República
se hace tan vaga que permite englobar en ella a cualquiera (17.000 ejecuciones durante
el Gran Terror, la mitad de los once meses de Terror).
“La democracia es un Estado en el que el pueblo soberano, guiado por leyes que son de
obra suya, actúa por sí mismo siempre que le es posible, y por sus delegados cuando no
puede obrar por sí mismo.
Es, pues, en los principios del gobierno democrático donde debéis buscar las reglas de
vuestra conducta política.
Pero para fundar y consolidar entre nosotros la democracia, para llegar al reinado
apacible de las leyes constitucionales, es preciso terminar la guerra de la libertad contra la
tiranía y atravesar con éxito las tormentas de la Revolución; tal es el fin del sistema
revolucionario que habéis organizado. Debéis aún regir vuestra conducta según las
tormentosas circunstancias en que se encuentra la República, y el plan de vuestra
administración debe ser el resultado del espíritu del gobierno revolucionario combinado con los
principios generales de la democracia.
Pero ¿cuál es el principio fundamental del gobierno democrático o popular, es decir, el
resorte esencial que lo sostiene y que le hace moverse? Es la virtud. Hablo de la virtud pública,
que obró tantos prodigios en Grecia y Roma, y que producirá otros aún más asombrosos en la
Francia republicana; de esa virtud que no es otra cosa que el amor a la Patria y a sus leyes.
Pero como la esencia de la República o la democracia es la igualdad, el amor a la patria
incluye necesariamente el amor a la igualdad.
En verdad, ese sentimiento sublime supone la preferencia del interés público ante todos
los intereses particulares, de lo que resulta que el amor a la patria supone también o produce
todas las virtudes, pues ¿acaso son éstas otra cosa sino la fuerza del alma, que se vuelve
capaz de tales sacrificios? ¿Y cómo podría el esclavo de la avaricia o de la ambición, por
ejemplo, inmolar su ídolo a la Patria?
No sólo es la virtud el alma de la democracia, sino que, además, solamente puede existir
con este tipo de gobierno. En la monarquía, sólo conozco un individuo que pueda amar a la
Patria, y que para ello no necesita siquiera virtud: el monarca. La causa de ello es que, de
todos los habitantes de sus estados, el monarca es el único que tiene una patria. ¿Acaso no es
el soberano, al menos de hecho. ¿No está en el lugar del Pueblo? ¿Y qué es la Patria sino el
país del que se es ciudadano y partícipe de la soberanía?
Por una consecuencia del mismo principio, en los Estados aristocráticos, la palabra
«patria» sólo tiene algún significado para quienes han acaparado la soberanía.
Sólo en la democracia es el Estado verdaderamente la Patria de todos los individuos
que lo componen, y puede contar con tantos defensores interesados en su causa como
ciudadanos tenga. Si Atenas y Esparta triunfaron de los tiranos de Asia y los suizos de los
tiranos de Austria y España, no hay que buscar otra causa que ésta. Pero los franceses son el
primer pueblo del mundo que ha establecido una verdadera democracia, llamando a todos los
hombres a la igualdad y a la plenitud de los derechos de ciudadanía; ésta es, a mi juicio, la
verdadera razón por la cual todos los tiranos coaligados contra la República serán vencidos.
Es el momento de sacar grandes consecuencias de los principios que acabamos de
exponer. Puesto que el alma de la República es la virtud, la igualdad, y vuestra finalidad es
fundar y consolidar la República, la primera regla de vuestra conducta política debe ser
encaminar todas vuestras medidas al mantenimiento de la igualdad y al desarrollo de la virtud,
pues el primer cuidado del legislador debe ser el fortalecimiento del principio del gobierno. Así,
todo aquello que sirva para excitar el amor a la patria, purificar las costumbres, elevar los
espíritus, dirigir las pasiones del corazón humano hacia el interés público, debe ser adoptado o
establecido por vosotros; todo lo que tiende a concentrarlas en la abyección del yo personal, a
despertar el gusto por las pequeñas cosas y el desprecio de las grandes, debéis eliminarlo o
reprimirlo. En el sistema de la Revolución francesa, lo que es inmoral es impolítico, lo que es
corruptor es contrarrevolucionario. La debilidad, los vicios, los prejuicios, son el camino de la
monarquía.” Discurso de Robespierre del 7 de febrero de 1794.
El Gran Terror era intolerable. No tenía además ninguna utilidad. Durante meses
todo se justifica con la guerra, pero la aplastante victoria en Fleurus- 26 de junio de
1794- hace que la patria ya no esté en peligro. En el momento en que la victoria permite
la libertad, Robespierre se obstina en reunir los dos términos contradictorios, la victoria
y el terror: Robespierre debe desaparecer. Los descontentos de superficie y las
corrientes profundas se van a encontrar.
Los descontentos son numerosos. Los representantes llamados a París para dar
cuenta de sus propios excesos y exacciones; los miembros del Comité de Seguridad
General, descristianizadores sinceros, indignados por el culto al Ser Supremo, enemigos
de la dictadura; los diputados de la Llanura- dirigidos por Lindet, Prieur de la Côte d´Or
y Carnot- alarmados por el rumor persistente de una nueva depuración.
El mismo Comité de Salvación Pública se descompone. Robespierre tiene dos
fieles, Saint-Just y Couthon, pero los demás se despegan poco a poco del régimen del
Gran Terror.
Carnot es el auténtico animador de la oposición y Barére es el segundo hombre
necesario; garantiza, por sus lazos con la Asamblea, la legalidad del asunto.
Sensible a esta hostilidad, cada más irritable, agotado por un trabajo abrumador,
harto de sus altercados con Carnot, exasperado por Billaud-Varenne que ahora lo trata
de dictador, Robespierre acaba retirándose del Comité de Salvación Pública. pero sigue
dirigiéndose a los jacobinos y a la Convención. El 26 de julio, ante la Asamblea,
pronuncia un discurso amenazador, anuncio de una nueva depuración. La Asamblea no
lo sigue. Por la noche, en los jacobinos, Robespierre denuncia a los "facinerosos y
bribones y la debilidad de la Convención". Collot-d´Herbois, presidente de la Convención,
y Billaud-Varenne son expulsados del club. Los montañeses tienen miedo; con Barras
consiguen aliarse con los diputados de la Llanura. Hay que actuar deprisa: los jacobinos,
la Comuna de París, Hanriot y la guardia nacional siguen estando detrás de Robespierre.
En la sesión del 27 de julio de 1794 (9 de termidor del Año II), los diputados de la
Convención impiden hablar a Saint-Just y luego al mismo Robespierre; después relevan
a Hanriot de su mando, decretan el arresto del presidente del tribunal revolucionario,
Dumas. Billaud-Varenne lanza una diatriba contra Robespierre; ¡Abajo el tirano! ¡La
sangre de Danton te ahoga!", le grita Garnier; otro dantonista, Luchet, pide por último
la acusación de Robespierre, arrestado enseguida junto a Saint-Just, Couthon, Dumas y
Hanriot. La Comuna de París se declara en rebelión e intenta una última maniobra para
salvar a Robespierre, pero Barras, encabezando un contingente de guardias nacionales
procedentes de los barrios acomodados, rodea el ayuntamiento y arresta a sus ocupantes.
El 28 de julio Robespierre y veintiún robespierristas son guillotinados. Así desaparecen
con Robespierre, su hermano, Saint-Just, Couthon, Dumas, Hanriot, el general La
Valette, Payan 8agente general de la Comuna), Gobeau (oficial municipal), FleuriotLescot (alcalde de París), Coffinhal (vicepresidente del tribunal revolucionario), Vivier
(presidente del club de los jacobinos).
Durante esta fase dictatorial de la República, la utilización de la violencia política
contra los considerados enemigos de la revolución fue algo constante. La violencia
política se convirtió en práctica política pues los comités se mantuvieron en el poder
eliminando de forma sistemática a sus rivales con la excusa de que la revolución
peligraba ante las conspiraciones de nobles y eclesiásticos apoyados por las monarquías
absolutas europeas. Los juicios irregulares por parte de tribunales revolucionarios
terminaban frecuentemente con condenas a muerte (se habla de más de 40.000
ejecuciones en unos pocos meses).
Se ha interpretado el complot contra Robespierre como el deseo de muchos
revolucionarios de parar las tendencias más radicales y volver, no al Antiguo Régimen,
sino a los momentos iniciales de la revolución. La gran burguesía francesa había mirado
con disgusto los acontecimientos de la época del Terror, las medidas sociales tomadas
por el gobierno, los precios máximos puestos a los productos de primera necesidad y la
nacionalización de algunas grandes fábricas que pasaron a ser propiedad del Estado.
La Convención Nacional estuvo controlada hasta finales de 1794 por el 'grupo
termidoriano' que derrocó a Robespierre y puso fin al Reinado del Terror. Se
clausuraron los clubes jacobinos de toda Francia, fueron abolidos los tribunales
revolucionarios y revocados varios decretos de carácter extremista, incluido aquél por el
cual el Estado fijaba los salarios y precios de los productos. Después de que la
Convención volviera a estar dominada por los girondinos, el conservadurismo
termidoriano se transformó en un fuerte movimiento reaccionario. Durante la primavera
de 1795, se produjeron en París varios tumultos, en los que el pueblo reclamaba
alimentos, y manifestaciones de protesta que se extendieron a otros lugares de Francia.
Estas rebeliones fueron sofocadas y se adoptaron severas represalias contra los
jacobinos y sans-culottes que los protagonizaron.
El Directorio.
En 1795 el gobierno decide impulsar la redacción de una nueva Constitución que
en muchos aspectos supone una vuelta a la de 1791, pues contemplaba el sufragio
censitario e incide en que la igualdad es sólo ante la ley, sin contemplar los aspectos
sociales que sí se incluyeron en la Constitución de 1793. La Constitución de 1795
dejaba el poder ejecutivo en manos de un Directorio de cinco miembros, mientras el
poder legislativo residía en dos cámaras.
El periodo siguió dominado como en los años anteriores por la inestabilidad
política, y así durante una revuelta de partidarios del Antiguo Régimen en octubre de
1795, el directorio se vio obligado a pedir el apoyo del ejército donde apareció como
salvador un joven general, Napoleón Bonaparte, que en años
posteriores desempeñará un papel político esencial.
Al año siguiente, 1796, la revuelta política vino desde el otro
extremo político con la conjura dirigida por Babeuf, y que se
manifestaba contra la existencia de la propiedad privada.
El ascenso de Napoleón Bonaparte
La inestabilidad seguirá en 1797 con una nueva
revuelta de los partidarios de la monarquía reprimida con el
apoyo del ejército. Cuando al año siguiente una nueva
insurrección de los monárquicos necesite el apoyo del
ejército, quedará ya claro que el futuro de la revolución y de
Francia estará en manos de los generales, y en especial de
Napoleón Bonaparte, quién en 1799 dará un golpe de estado
que pondrá todo el poder en sus manos. Este proceso de
acumulación de poder en manos de Napoleón se hará de una
forma clara, pero progresiva. Primero en la Constitución del
año VIII, que deja el poder en manos de tres cónsules, de
entre los cuales, el primer Cónsul, Napoleón Bonaparte, posee el poder efectivo,
mientras los otros dos tienen sólo funciones consultivas.
Con el Consulado acabó la revolución, ya que Bonaparte impuso el orden interno.
Además, firmó un acuerdo con el papa y logró el reconocimiento de la República por
parte del Vaticano. Napoleón implantó un sistema de impuestos en el que todos los
ciudadanos contribuían y aseguró la igualdad legal a través de cinco códigos de leyes,
entre los que el más conocido es el Código Civil. Las personas en el nuevo régimen,
ascendían en función de su capacidad, por lo que la educación adquirió gran
importancia.
En 1802 la Constitución del año X dictada por él le nombrará cónsul único con
carácter vitalicio, para en 1804 ser proclamado emperador.
Consecuencias de la revolución.
Con la llegada de Napoleón Bonaparte no finalizó la revolución, pues algunos de
sus cambios perdurarán. Así la revolución supone el fin de la monarquía absoluta en
Francia. La pérdida de los privilegios de la Iglesia y la Nobleza ya no tendrá marcha
atrás. Ni tampoco lo tendrán los derechos feudales, ni el diezmo que se pagaba a la
iglesia, ni la venta de las tierras del clero a particulares.
El propio Napoleón impulsará la redacción de un nuevo código legal para toda
Francia, que recogerá buena parte de las leyes revolucionarias. El llamado código
napoleónico se caracteriza por contemplar la igualdad legal de todos los ciudadanos y
define un sistema judicial en el que se presupone la inocencia del acusado que recibe
asistencia legal del Estado. El ciudadano cuenta con el derecho de habeas corpus que le
protege de cualquier detención que no se ajuste a las leyes. El código napoleónico no
sólo se aplicará en Francia, sino que se difundirá por buena parte de los países europeos
conquistados por las tropas francesas.
Además, la revolución dejará como legado la existencia de la libertad de
expresión y de la libertad religiosa, y abrirá el camino a la separación Iglesia-Estado,
requisito imprescindible para el buen funcionamiento de un régimen liberal o
democrático.
Por tanto, la "herencia" de la revolución puede resumirse en el fin de los
privilegios legales típicos del Antiguo Régimen, en la disminución del control de la
sociedad por la Iglesia, en la existencia de unas leyes basadas en el principio de la
igualdad de todos ante la ley y en el respeto de las llamadas libertades individuales.
La expansión francesa y el bloqueo a Gran Bretaña
Durante la revolución, los franceses se anexionaron Bélgica, algunos cantones
suizos y el condado de Niza, y formaron repúblicas afines a la francesa en Holanda,
Suiza y gran parte de la península Italiana.
Napoleón amplió el territorio francés hacia el este anexionando a Francia las
franjas costeras del mar del Norte hasta Dinamarca y del mediterráneo hasta el sur de
Roma. Además creó estados independientes en los territorios conquistados: Gran
Ducado de Varsovia, Confederación del Rin, reino de España, etc.
El control napoleónico del continente fue posible gracias a la brillante estrategia
militar de Bonaparte, a la potencia del ejército francés y a la desunión de las grandes
potencias europeas (Gran Bretaña, Rusia, Austria y Prusia), que, durante mucho tiempo,
estuvieron más preocupadas por defender sus intereses que por combatir a Bonaparte.
Los países europeos formaron varias coaliciones contra Napoleón, pero todas
fracasaron, y Rusia, Austria y Prusia acabaron aliándose con Francia en contra de Gran
Bretaña, la única potencia que resistióLos intentos de Napoleón de invadir Inglaterra se frustraron pronto con la
destrucción de la flota francesa en trafalgar (1805) por la armada británica. Para acabar
con Gran Bretaña, Bonaparte decidió aislarla económicamente: en 1806 prohibió la
entrada de sus productos en los puertos europeos, con lo que esperaba hundir su
economía. Otro objetivo encubierto de este bloqueo, llamado Sistema Continental, era
generar un nuevo orden económico europeo en el que Francia sería el país director.
El Gran Imperio napoleónico
Napoleón llegó a controlar toda la Europa continental entre 1810 y 1811; su
objetivo final era la unificación del continente bajo el dominio francés. Para ello buscó
unas justificaciones ideológicas que fueran compartidas en toda Europa; entre ellas
destacan las ideas ilustradas de igualdad y fraternidad, y la evocación del Imperio
romano como época esplendor (que se reflejó en los muebles estilo imperio, la
vestimenta, el arte neoclásico).
Su máximo oponente era Gran Bretaña y, por ello, instigó entre loas Estados
europeos la hostilidad hacia ese país, cuya riqueza basada en la revolución industrial y
el imperio colonial generaba envidias entre los comerciantes europeos. El apoyo de
todas las grandes potencias al sistema Continental evidenció el triunfo inicial de su
política.
Napoleón no logró unificar Europa, pero creó su gran Imperio, formado por el
Imperio francés (Francia y los territorios anexionados a ella) y los estados dependientes,
en los que colocó al frente a sus hermanos e introdujo importantes reformas (abolición
del Antiguo Régimen, implantación de la igualdad legal, supresión de los gremios). Los
Estados dependientes, cuyos territorios fueron conquistados y saqueados por las tropas
francesas, debían contribuir al imperio con dinero y soldados.
El fin del Imperio
El Sistema Continental fracasó, ya que Gran Bretaña siguió exportando sus
productos a otras partes del mundo. Además, los ingleses, que controlaban todo el
tráfico marítimo, obligaron a los Estados europeos a realizar todo su comercio por
tierra, lo que generó importantes problemas de desabastecimiento en el este del
continente. En Europa comenzó a percibirse que el sistema Continental estaba
organizado para beneficiar a la economía francesa.
En los Estados dependientes, la contribución de dinero y soldados al Imperio, los
abusos y el expolio de las tropas francesas, y la imposición de políticas dictadas desde
París desataron el rechazo a Francia.
En muchas partes, como en Alemania, la reacción antifrancesa favoreció el
surgimiento de sentimientos de identidad nacional (valoración de las tradiciones
particulares, la lengua, las costumbres). Incluso dentro de Francia, crecía el descontento
contra Napoleón debido a las constantes guerras y ala falta de libertades.
En 1810, Rusia se retiró del Sistema Continental. Bonaparte invadió el país en
1812 con su Gran Armada, pero ante la llegada del invierno tuvo que emprender una
dramática retirada en la que perdió su ejército. Los prusianos y los austriacos se unieron
entonces a los rusos en la guerra de liberación (1813).
En el oeste europeo, las tropas inglesas contribuyeron decisivamente a vencer a
los franceses en España, y en 1813 cruzaban los pirineos. En Italia también estallaban
revueltas.
Finalmente, Napoleón fue vencido en 1813 en Leipzig, en la batalla de las
Naciones, y los aliados entraron en París en 1814. napoleón abdicó y fue deportado a la
isla de Elba, en la costa italiana.
La Restauración
Ante el vacío de poder en Francia, se consideró que la mejor opción era restaurar
la monarquía borbónica con Luis XVIII como rey.
Este monarca firmó una Carta Constitucional en 1814 que, aunque no recogía el
principio de soberanía popular, en la práctica respetaba los principales logros de la
revolución: abolición de los derechos señoriales, igualdad ante la ley, gobierno
parlamentario, reconocimiento de los códigos napoleónicos y respeto de la nueva
repartición de la tierra realizada durante la revolución.
Mientras todos los Estados europeos discutían el nuevo orden internacional de
Europa en el Congreso de Viena y restauraban las antiguas dinastías caídas en la guerra
en sus respectivos tronos, Napoleón volvió a Francia y proclamó de nuevo el Imperio.
Vencido definitivamente por los aliados en la batalla de Waterloo (Bélgica) en
1815, fue deportado a la isla de Santa Elena, al sur del Atlántico.
Cronología: Napoleón I Bonaparte
AÑO ACONTECIMIENTO
1769 Nace el 15 de agosto en Ajaccio (Córcega).
1785 Finaliza sus estudios en la Escuela Militar de París.
1793 Asciende a general de brigada, por méritos de guerra.
1795 Salva a la Convención Nacional (el gobierno revolucionario republicano francés) de una insurrección
parisina.
1796 Contrae matrimonio con Josefina de Beauharnais. Es nombrado comandante de los ejércitos
franceses en Italia, donde obtiene numerosas conquistas.
1798 Conquista de Egipto.
1799 Fracasa en la conquista de Siria y regresa a Francia. Noviembre: los días 9 y 10 encabeza un golpe
de Estado (el de brumario) que derroca al Directorio y establece el Consulado. Es nombrado primer
cónsul, con lo que pasaba a ser el principal gobernante de Francia, con poderes dictatoriales.
1800 Derrota a los austriacos en la batalla de Marengo. Consolida sus conquistas territoriales en el norte
de Italia. Ordena el comienzo de la redacción de la codificación de los derechos fomentados por la
Revolución Francesa: el Código de Napoleón.
1802 Se convierte en cónsul vitalicio.
1804 Se proclama emperador.
1805 Derrota a los austriacos y a los rusos en la decisiva batalla de Austerlitz.
1806 Nombra a sus hermanos reyes de Holanda y de Nápoles, se proclama a sí mismo rey de Italia,
establece la Confederación del Rin (que quedará bajo su protección) y pasa a controlar Polonia.
Decreta el llamado Sistema Continental con el objeto de bloquear el comercio británico y llevar así
a esa nación a la bancarrota.
1807 Invade Portugal.
1808 Convierte a su hermano en el rey de España como José I. Comienzan las guerras de la
Independencia española y portuguesa, que se prolongarán seis años y enfrentarán en la península
Ibérica a las fuerzas napoleónicas con los británicos y los ejércitos de los respectivos países en
conflicto.
1809 Derrota a los austriacos en Wagram y crea las Provincias Ilirias.
1810 El Imperio napoleónico obtiene su máxima extensión. Tras repudiar a Josefina, se casa con la
archiduquesa de Austria María Luisa, hija del emperador austriaco Francisco I. El hijo de ambos
nace al año siguiente (Napoleón II) y es nombrado rey de Italia.
1812 Emprende la infructosa campaña de Rusia. Su retirada desastrosa a las puertas de Moscú coincide
con la unión de toda Europa contra Napoleón.
1814 Abdica y se dirige a su exilio de la isla mediterránea de Elba.
1815 Escapa de Elba y, tras marchar sobre París, da comienzo a su periodo de gobierno conocido como
de los Cien Días. Es definitivamente derrotado en la batalla de Waterloo, el 18 de junio. Se le
recluye, poco después, en la isla atlántica de Santa Elena.
1821 Fallece en Santa Elena, el 5 de mayo. 19 años después, sus restos serán trasladados a París y
enterrados con grandes honores.
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