Bruno Rossana

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Asociación Uruguaya de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares
AUPCV
Seminario: Lo Vincular
Docente: Ana Mokszanski
Título: Entre abriendo a lo grupal
Autora: Rossana Bruno
Julio 2013
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Introducción
Pensaba en el trabajo de vincular y en los aprendizajes realizados durante el curso, rondaba
entorno a lo que se genera con el otro, aquello que ya no es ni mío, ni tuyo, sino de ese encuentro tan
particular y especial del “entre”. Durante el seminario sonaba a veces la importancia de aquello que se
generaba en el grupo, se sentía como diferente, quizás por las largas jornadas, quizás porque se
compartían también otras cosas, mucha necesidad de grupo, de fratria (para mi) pero también para los
otros. Porque era en ese ida y vuelta que nos íbamos con-formando, dándonos forma en el entre de esos
encuentros.
Primera parada
El primer día y las distintas formas en que fuimos presentando aspectos de nosotros,
conociéndonos, el taller de foto-lenguaje, tuvo un fuerte impacto, quizás porque permitió que cada uno
pudiera mostrar las resonancias afectivas que le provocaba el estar allí y también porque resonaba con
las de otros y nos sorprendíamos al constatar que habíamos elegido las mismas láminas. ¡Qué alivio
sentir que estábamos en sintonía! Otro que te entiende, otro que se siente parecido y también cuánta
extrañeza, al ver las diferencias, algunas láminas que no hubiera elegido nunca, no me generaban nada
o me generaban cosas desagradables, que rechazaba, que no sentía que me representaran. Ahí estaba el
otro con su diferencia y con la posibilidad de mostrarse más permeable a sentimientos que seguramente
yo no toleraba en mí.
La propuesta del viaje a Maldonado, que acompañó nuestra tarea desde el segundo encuentro
me parecía una “locura” al comienzo, juntar a toda la gente, organizarse para viajar, pasar una noche
afuera, hotel, paseos, traslados. Sin embargo las compañeras se pusieron las pilas, y todos apoyamos la
propuesta.
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La producción grupal, que era algo que “sonaba” todo el tiempo en el grupo, “un grupo que produce
mucho”, incluso hubo momentos que tratábamos de contenernos, nos cuestionábamos que no
dejábamos hablar a los docentes, nos disparábamos todo el tiempo, había mucho entusiasmo, se
generaba un clima especial que incentivaba a producir. “Hacer sonar” las voces de todos y cada uno de
los integrantes en pro de la construcción grupal.
Otro momento importante fue el de elaboración de trabajos, donde se acrecentaron las
ansiedades, los temores. Desmoralización, cansancio, dificultades personales, laborales, horarios, todo
se sumaba y parecía difícil poder continuar con la responsabilidad que implicaba el viaje que habíamos
iniciado. Había que jugársela, tirarse al agua... poder armar un proyecto en común.
Las comunicaciones virtuales también daban muestras de estos estados por los que íbamos
transitando. Digo íbamos, porque creo que habían ciertos estados afectivos que nos invadían a todos.
La generación del famoso grupo los trece+uno desde el primer día. Había algo de los más y de
otros que se suman, que ya andaba rondando por ahí aquel día.
Una primera aproximación teórica a la problemática del entre
Voy a tomar algunos de esos momentos del proceso de nuestro grupo, para intentar visibilizar a
la luz de los aportes teóricos sobre la intersubjetividad, y seguir caminando en este recorrido que
espero se continúe en los aportes que seguramente se realicen.
En el Diccionario de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, se plantea que:
Puget, J. - Berenstein, I. (1988,27) parten de que el vínculo es precedente a toda organización
mental. Proponen la idea de que el sujeto se va construyendo sobre tres pilares que no dependen
uno del otro, si bien mantienen relación entre sí: intrasubjetivo, intersubjetivo, transubjetivo.
(Brande, 1998, p. 324)
En relación a los tres espacios psíquicos, Krakov y Pachuk, señalan que:
El espacio Intrasubjetivo está caracterizado por la unidireccionalidad. Es importante aquí no
confundir el origen del psiquismo (producto del triple registro mencionado) con la organización
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específica del deseo y la defensa. Este espacio es el equivalente para la teoría clásica de lo que
está definido como intrapsíquico. (Krakov y Pachuk, 1998, p.447).
Mientras que por otra parte “El espacio Intersubjetivo se caracteriza por ser bidireccional, dado que el
sentido ya no provendría desde el mundo interno hacia los otros sino que devendría de la relación con
los otros.”(Krakov y Pachuk, 1998, p.447). Posteriormente plantean en su definición que “En el espacio
Transubjetivo, la Dra. Puget ubica “las representaciones del mundo externo real (social y físico) que el
Yo adquiere desde lo originario directamente así como por la mediatización del Super Yo de los
objetos parentales (Puget 1987).” (Krakov y Pachuk, 1998, p.447).
Desde una perspectiva complementaria a estos desarrollos, se encuentran las nociones que sobre el
campo de la intersubjetividad plantea René Kaës, quien señala que:
Por intersubjetividad entiendo, no un régimen de interacciones conductuales entre individuos
que comunican sus sentimientos por empatía, sino la experiencia y el espacio de la realidad
psíquica especificada por sus relaciones de sujetos en cuanto son sujetos del inconsciente. La
intersubjetividad es lo que comparten quienes están formados y ligados entre sí por sus
sujeciones recíprocas – estructurantes o alienantes- a los mecanismos constitutivos del
inconsciente: las represiones y las renegaciones en común, las fantasías y los significantes
compartidos, los deseos inconscientes y las prohibiciones fundamentales que los organizan.
(Kaës, 2010, p.26).
Segunda parada
La propuesta del viaje grupal, un viaje de todos hacia un otro lugar... para volver a
encontrarnos al finalizar los seminarios.
La temática de la exclusión y del ser extranjero, incluso dentro del propio departamento de Maldonado
(ser los nacidos y los venidos) sonaba con fuerza en ese momento. ¿Habrá incidido para pensar el
viaje? Ir hacia el lugar de donde venían para cada jornada algunas de las compañeras, tratar de
intercambiar el lugar del que recibe, ponerse en el lugar del otro, algo de lo propio y lo ajeno que se
entrecruzaba.
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Plantea Berenstein que:
lo vincular crea y marca un borde entre los sujetos, donde lo exterior se hace interior y lo
interior se hace exterior. Es como una frontera y allí, en ese lugar donde cada uno de los
territorios subjetivos se separan y se unen, se envía lo ajeno, en tanto que lo propio pertenece
cabalmente al interior del mundo propio. Lo que habita en ese borde es difícil de asimilar como
propio y más bien es vivido como algo extraño dentro de un territorio de pertenencia. En tanto
límite, el borde separa y une territorios que circunscribe y pone en relación. No es que los ponga
sino que están o son o se hacen en relación; sólo falta mirarlos y verlos de esa manera, ubicarse
en se punto de mira. (Berenstein, 2008, pp.159 -160)
¿Cómo pensar este viaje imaginado, soñado, recreado entre todos?
Desde el campo del psicoanálisis de los grupos, Anzieu define una formación específica que se
presenta en el plano fantasmático de los grupos denominada ilusión grupal, que la describe de la
siguiente manera:
Llamo <<ilusión grupal>> a un estado psíquico particular que se observa tanto en los grupos
naturales como en los terapéuticos o formativos y que es espontáneamente verbalizada por los
miembros de la forma siguiente: <<Estamos bien juntos; constituimos un buen grupo; nuestro
jefe monitor es un buen jefe, un buen monitor>>. (Anzieu, 1993, p. 85).
La ilusión grupal es considerada: “un momento fundante del grupo, equivalente o creador del enlace
libidinal que está en la base de todo vínculo. Puede ser comparada a la ilusión-idealización propia del
enamoramiento. Sería, así, la forma particular del enamoramiento en la configuración vincular grupal.
(Edelman, 1995, pp. 135-136).
En este sentido, Edelman (1995) señala al respecto de las conceptualizaciones de Anzieu, que en el
momento en el cual el grupo pasa por el fenómeno de la ilusión grupal, lo que existiría en común entre
todos los integrantes, no sería ya que todos tienen al líder en el lugar del ideal del yo, “sino la
existencia de un Yo ideal común. Esta definición es básica en la concepción de Anzieu sobre la ilusión
grupal. Es el momento del grupo en el cual sus integrantes tienen un Yo ideal común”. (Edelman,
1995, p. 140). Describe que la tendencia en el grupo es a, establecer vínculos de tipo dual, y a la
existencia de una fantasía de omnipotencia narcisista.
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Esto hace que en el momento de la ilusión grupal, se vivan las relaciones entre los miembros del
grupo como cálidas. La fusión de unos y otros sostiene una vivencia de reciprocidad y de
protección que el grupo aporta a sus integrantes. Por otra parte, hay un sentimiento de participar
en el poder que da el grupo. Muchas veces, además del estado de bienestar y de confort que los
miembros del grupo describen, aparece también como parte del fenómeno de ilusión grupal, la
participación en una comida que tendría en este caso el sentido de compartir una especie de
introyección colectiva del pecho en cuanto objeto parcial. (Edelman, 1995, p.141)
Algunos aspectos que pueden dar cuenta de dicha ilusión grupal son que: es observable en todos los
grupos, aparece como un movimiento necesario para la constitución de lo grupal, expresa un momento
fusional del grupo. Por otra parte la ilusión grupal está en la base de los fenómenos de pertenencia
grupal e institucional. Por ejemplo un viaje de fin de cursos, puede generar un período de intensa
ilusión grupal, que cumple la función de negación de la inminente separación y refuerza una
pertenencia imperecedera al grupo.
Me pregunto cuanto de esta ilusión grupal nos hizo eco en el “viaje” a Maldonado, en todas sus idas y
venidas que acompañaron en los distintos momentos del proceso. Pensarlo a la luz de estas
conceptualizaciones, permite visibilizar el lugar que ocupa en el imaginario grupal y su importancia
en la necesaria ilusión de com(a)partir un algo más, que nos hacía “especiales”- iguales y diferentes-.
Un motivo por el que todos mantenernos unidos, ilusión de continuidad de esta pertenencia que se
desplegaría hacia el grupo, pero también el inicio de otra pertenencia, hacia la propia institución.
Apuntes sobre la pertenencia
El estar ligado a los objetos internos, a una estructura familiar, a un contexto social, protege de
las angustias ligadas al vacío y la soledad. Es un intento de recuperar la sensación oceánica
propia de la vivencia de unicidad. Formar parte de un conjunto, estar en la mente del otro, se
relaciona con el estar vivo. No pertenecer, estar fuera de un vínculo es como estar fuera del
mundo del yo y del sí mismo. La pertenencia es una estructura inconsciente que sólo se hace
consciente en situaciones críticas (Berenstein, 1991). El reconocimiento es ineludible al
sentimiento de pertenencia, la necesidad de pertenecer y ser reconocido como condición de ser,
lleva al individuo en algunas oportunidades a soportar situaciones de extrema exigencia, para
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evitar “la angustia de no asignación”, de no reconocimiento. (Kaës, 1976). (Brande, 1998, p.
321-322).
En la definición de dicho término que se realiza en el diccionario de psicoanálisis de las
configuraciones vinculares, se plantea que toda integración a un grupo, implica cierto grado de
renuncia:
En algunas oportunidades esta renuncia puede volverse excesiva generando una pertenencia
indiscriminada, indiferenciada, “identidad por pertenencia” (Bleger-Bernard) donde existe falta
de autonomía del sujeto y una dificultad en reconocer la autonomía del mundo exterior. Kaës
(1976) lo define “funcionamiento isomórfico”, en contraste a un “funcionamiento
homomórfico” que se caracteriza por una pertenencia discriminada, diferenciada, donde se
mantiene una capacidad crítica, y a la que Puget (1993) llama pertenencia madura, donde existe
un proceso simbólico. Paradoja entre la obligación de pertenecer y la opción de elegir. (Brande,
1998, pp. 325-326)
Tercera parada
Hay momentos en los que uno se pregunta si puede asumir la responsabilidad y la presión que
implica sostenerse en determinado lugar. Así me pasó cuando compartí con algunas compañeras que
me estaba cuestionando si podría continuar con todos los seminarios, lo que implicaba dejar la
especialización. No era solo mi caso, pero yo pude conversarlo con algunas compañeras y la respuesta
fue un rotundo “no podes hacernos eso”, “no te podes ir”.
La imposición como efecto de la presencia del otro, que te impone hacer algo y en este caso
continuar, desde ese lugar de pertenencia a un vínculo que se presenta y te imponte. Yo también quería
seguir, es verdad, pero…¡cuanto costaba¡ Cuando sentía que flaqueaba…el “no podes irte” sonaba de
nuevo esta vez en mi, se me imponía y me armonizaba con la responsabilidad de continuar, porque
había un otro externo, pero también interno que me acompañaba.
Estas dificultades asomaron en mayor o menor medida en todos y se vio reflejada cuando comenzamos
a sentir que el grupo se desarmaba, había compañeros que no seguían, no se lograban producir los
trabajos, costaba darle continuidad a las comunicaciones virtuales, no daban los tiempos para asimilar
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lo que iba pasando.
Al aceptar la exterioridad (fuera de mi) interna (de la relación) o la interioridad (de lo vincular)
externa (otredad) estamos obligados a hacer (obligación mía para con el otro y también del otro
para conmigo) un lugar donde no lo había. Pero eso es posible únicamente desde el Dos, uno
solo no podría realizarlo. (Berenstein, 2008, p. 173).
No todos tenemos los mismos tiempos y sin embargo compartimos los mismos tiempos, en los tiempos
de cambios y transformaciones que implican transitar por esta formación.
Debemos reconocer que el tiempo del grupo no es lineal sino que se forma, como trama de
tiempos, una verdadera red de tiempos. El tiempo del grupo puede de esta forma ligar el tiempo
de cada uno con el tiempo de los orígenes comunes. Ese tiempo común es el de la ilusión
grupal...Si podemos considerar a la ilusión grupal como protección contra la angustia de no
asignación, (el sujeto teme no tener lugar en el conjunto). Si debemos reconocer que el tiempo
del grupo no es lineal, sino que se forma como trama de tiempos, al aparecer el tiempo común
que es el de la ilusión grupal, ¿qué sucede con los tiempos individuales? (Bonfiglioli, 1998, pp.
197- 198)
A la luz de estos desarrollos se van encontrando sentidos a algunos momentos del grupo, donde la
sensación era que nos íbamos deshilachando. Se sentía una prueba imposible, falta de tiempos,
reclamos de prórrogas, inseguridad, malestar general, que se contraponía con esa sensación de grupo
potente que trasmitíamos en general.
Tomando en cuenta los planteos que al respecto realiza Bion donde:
considera la situación de grupo como un movimiento permanente entre una actividad
transformadora de la realidad y una tendencia a la regresión al servicio del principio del placer.
Los grupos constituyen, así, instrumentos muy eficaces para el desarrollo de una tarea
organizada, enfrentándose simultáneamente a la irrupción de la fantasmática psíquica mas
primaria. (Kordon, 1995, p.25).
De esta forma el conjunto de actividades que como tarea manifiesta, con objetivos explícitos y
específicos que desempeña un grupo “es lo que Bion define como grupo de trabajo, y la actividad en la
que predominan los procesos regresivos, la indiferenciación, constituye el llamado grupo de supuesto
básico.” (Kordon, 1995, p.26).
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El funcionamiento del grupo de trabajo, en relación al cumplimiento de la tarea manifiesta, se
ve obstaculizado, diversificado o asistido por un clima emocional subyacente. Existen
poderosas tendencias emocionales que abarcan a la totalidad del grupo. Este tipo de actividad
mental del grupo se denomina supuesto básico. El objetivo del supuesto básico es evitar la
frustración inherente al aprendizaje por la experiencia; está al servicio del principio de placer.
(Kordon, 1995, p. 27).
Podríamos pensar que fluctuamos como grupo entre estos dos estados emocionales y que en los
momentos de mayor disgregación o sentimientos de pérdidas que nos invadían, teníamos un
funcionamiento del tipo de grupo de supuesto básico.
La vuelta: El momento de la incertidumbre... ¿hacia dónde iremos en este viaje?
Al pensar la vuelta y la necesidad de producción escrita, hubo intentos de que se pudiera realizar algo
compartido, pero también la necesidad de reencontrarse con uno mismo para revisar lo que va
quedando de todo lo transitado. Una vuelta que también es para otros, pero con la libertad que da la
ausencia al decir de Berenstein:
la diferencia entre ausencia y presencia usando el modelo de escribir una carta o conversar con
otro. Lo primero requiere un ausente, ya que si el otro estuviera presente sería imposible. En
una carta puedo reproducir mi representación y dirigirme a ella, a ese que es mi objeto interno
instalado en ese recuerdo de quien actualmente no está, cuyo cuerpo no está, lo cual me permite
dirigirme a él bastante libremente, ya que cuento con que no me va a interrumpir. Sin esa
restricción que en tanto otro me coarta, y cuya presencia se presenta como un obstáculo para
expandirme yo solo en el espacio entre nosotros. No puedo encender ni apagar al otro que me
habla, su presencia se me impone. Hablar con otro siempre bordea la desilusión de no entender;
en realidad, no nos vamos a entender del todo, pues no habrá coincidencia ya que cada cual
aplica un significado a lo que se dice, cada cual está corrido del lugar donde lo ubican.
(Berenstein, 2008, p. 172)
En ese sentido, las búsquedas que vamos haciendo van dando forma, construyendo subjetividades y
éstas nos permiten descubrir nuevos sentidos, que a su vez constituyen cierres y aperturas a las nuevas
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experiencias grupales que continuarán procesándose.
Por último quiero agradecer a los compañeros y compañeras que hicieron posible esta
experiencia y a los profesores que nos sostuvieron en este viaje para ir cerrando, pasando raya, límite o
borde que delimita pero también posibilita. Una línea punteada que de entrada a otras líneas posibles y
espacio a la incertidumbre del por-venir.
Bibliografía
Anzieu, D. (1993). El Grupo y el inconsciente. Lo imaginario grupal. Madrid: Ed. Biblioteca. Nueva.
Berenstein I. (2004). Devenir otro con otro(s). Ajenidad, presencia, interferencia. Bs.As. Ed. Paidós.
Berenstein I. (2008). Del ser al hacer. Curso sobre vincularidad. Bs. As. Ed. Paidós.
Bonfiglioli, E. (1998). Ilusión Grupal. En: Pachuk, C.- Friedler, R. –Coord.- (1998). Diccionario de
Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. Bs. As.: Ed. Del Candil.
Brande, S. (1998). Pertenencia. En: Pachuk, C.- Friedler, R. –Coord.- (1998). Diccionario de
Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. Bs. As.: Ed. Del Candil.
Edelman, L. (1995). Ilusión grupal y archigrupo. En: Desarrollos sobre grupalidad. Una perspectiva
psicoanalítica. Bs. As.: Lugar editorial.
Kaës, R. (2010). Un singular plural. El psicoanálisis ante la prueba del grupo. Bs. As.: Amorrortu.
Kordon, D. (1995). Grupo de trabajo-grupo de supuesto básico. En: Desarrollos sobre grupalidad. Una
perspectiva psicoanalítica. Bs. As.: Lugar editorial.
Krakov H. y Pachuk C. (1998). Tres Espacios Psíquicos. En: Pachuk, C.- Friedler, R. -Coord.- (1998).
Diccionario de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. Bs. As.: Ed. Del Candil.
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