Por Tomas Astelarra

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Por Tomás Astelarra*. En diálogo con Marcha, el académico colombiano
Miguel Ángel Beltrán comenta su actual situación al cumplirse un año de su
liberación por falta de pruebas. La historia de un hombre cuyo único pecado fue
criticar la política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe Vélez.
La cárcel, más allá de las rejas, puede construirse de diferentes maneras, y la
represión que en su tiempo ejercieron las dictaduras militares en Latinoamérica, es
ejercida hoy a través de gobiernos democráticos y medios hegemónicos de
comunicación. A un año de su liberación por falta de pruebas, las amenazas
paramilitares y el constante acoso de la prensa oficial anunciando falsamente el
hallazgo de nuevas pruebas en su contra han obligado al sociólogo colombiano
Miguel Ángel Beltrán a salir del país. A pesar del permiso dela Universidad
Nacional del México (UNAM) para continuar los estudios postdoctorales
interrumpidos cuando hace tres años el prestigioso académico fue secuestrado
ilegalmente y deportado a Colombia como supuesto “terrorista”, el gobierno de
México le ha negado por cuarenta años su entrada al país. Aún sumido en
persecuciones políticas, amenazas contra su vida y acciones legales, Miguel Ángel
Beltrán se niega a dar su brazo a torcer en la denuncia del terrorismo de estado, la
criminalización del pensamiento crítico y la situación de los presos políticos en
Colombia.
- ¿Tu caso fue paradigmático? Digo por tu trayectoria y por el hecho de
haber sido deportado de semejante manera desde México.
Se trata de una política internacional que va más allá de las fronteras. Un proyecto
que comenzó desde el 2001, con las torres gemelas y la política de Bush de lucha
contra el terrorismo, con un avance muy claro en todo el mundo en general, y en
particular en América Latina. México había mantenido una política de respetar a
los refugiados políticos y los intelectuales exiliados. Fue el caso de muchos
argentinos en los años setenta. También había una historia de respeto por los
tratados internacionales. Pero ambas circunstancias fueron violadas conmigo
dentro de esta política globalizadora de lucha contra el terrorismo. Claramente
Colombia está siendo un modelo de esa política impuesta por los Estados Unidos y
planificada para América Latina y otros países, donde se criminaliza toda aquella
propuesta que atente contra el pensamiento hegemónico.
- ¿Y cuál es tu situación ahora?
El proceso se siguió hasta el final validando una prueba ilícita e ilegal como lo es el
supuesto computador de Raúl Reyes, del que todos hablan pero nadie lo ha visto y
que ha servido para judicializar a cientos de defensores de los derechos humanos,
líderes sociales y opositores. La Corte Suprema ya ha determinado que no sirve
como prueba judicial. En mi caso, pese a ser tomada en cuenta dicha prueba, en la
audiencia se logró demostrar mi inocencia y parte de la estrategia fue dilatar el
proceso para que estuviera más tiempo recluido en cárceles de alta seguridad, con
presos de alta complejidad, como narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares, en
condiciones inhumanas y con una fuerte tensión. Dos años duró este proceso, en el
que se incorporaron también como supuestas pruebas mis escritos y actividades
académicas.
Desde que salí los medios oficiales de comunicación y los organismos policiales han
tratado de demostrar que había nuevas pruebas en mi contra y que en cualquier
momento iba a volver a la cárcel, como un mecanismo para generar presión y
silenciamiento. También hubo amenazas contra mí y contra mi familia, entraron a
mi apartamento para llevarse un disco extraíble y otras cosas. Posteriormente me
llegó información de un plan para matarme. Hubo mucho seguimiento, se sentaban
al lado mío en las cafeterías, y lugares públicos donde asistía; recibí llamadas
telefónicas y correos electrónicos amenazantes. En algún momento, familiares del
profesor Alfredo Correa, ex rector de la Universidad del Magdalena y uno de los
fundadores de la Asociación Colombiana de Sociología en la Costa, me dijeron:
“váyase, no cometa el mismo error del profesor Correa”. Él había sido acusado de
ser ideólogo de las FARC, salió libre al comprobarse su inocencia, pero semanas
después fue asesinado cerca a su casa.
- ¿Vos crees que tus investigaciones académicas, tu prestigio, y la
presión social que se ejerció fueron de ayuda para tu liberación?
Aprovecho para agradecer toda la solidaridad que recibí de los compatriotas
latinoamericanos, fue muy importante y es una ganancia de este proceso, porque al
estar uno conectado con tantas personas, eso da esperanza y confianza. Eso me da
fuerza ahora también para seguir adelante con mis investigaciones y me
compromete más con mi trabajo. No es mi intención quedarme callado ni agachar
la cabeza. Lo que es más, he salido con mayores compromisos, como el que he
asumido ahora de la defensa de los presos políticos, las condiciones en las que
viven. Mi caso fue resonante y tuvo mucha prensa, pero estar en la cárcel me hizo
dar cuenta de muchas circunstancias sobre los presos políticos que han ampliado
mi compromiso.
- ¿Y cómo es esa situación?
En Colombia hay 9 mil presos políticos declarados. Esto incluye presos de
conciencia, que son acusados por sus ideas. Desde el gobierno de Uribe hubo una
escalada muy fuerte en la universidad de presos políticos. Están los casos de los
profesores William Javier Díaz, la defensora de derechos humanos y estudiante de
la maestría en Ciencias Políticas Liliany Obando y el profesor Fredy Julián Cortés
Urquijo. Este último fue presionado a asumir cargos. Y este tipo de situaciones se
ve en el sistema penal colombiano, que alguien siendo inocente se auto incrimine
para recibir los beneficios de una justicia politizada.
Las denuncias son muchas, actualmente en Colombia por ejemplo no se cumple la
diferencia entre sindicados y condenados. Los sindicados están en el mismo lugar
de los condenados. Las restricciones son muy fuertes para las visitas, las
comunicaciones, hay pésimas condiciones de salud, de hacinamiento, la comida es
deplorable y los presos políticos son muy maltratados y se les coarta la posibilidad
de trabajar. Por eso también muchos presos políticos se hacen pasar por presos
normales.
Porque hay presos políticos que están ahí en las mismas condiciones o peor que yo
y no tienen los privilegios que yo tuve es que he asumido el compromiso de
denunciar la situación. Tiene que haber una salida política al conflicto, porque a
pesar de los discursos para afuera, la estrategia de Santos sigue siendo la misma.
Hay un cambio de forma más no de fondo. Su figura es mucho mas aceptable que la
de Uribe porque viene de una clase media alta, pero no hay que olvidar que él fue
dueño y socio del diario El Tiempo que fue uno de los principales en apoyar la
estrategia de Uribe, y también fue su ministro de Defensa, que llevó adelante la
política de Seguridad Democrática, uno de los principales ideólogos dela Operación
Fénix que terminó con la vida de Raúl Reyes y que violó todos los tratados
internacionales y la soberanía de Ecuador, y además es responsable de los falsos
positivos. Entonces pretender otra política no es posible. Todas las reformas que se
han hecho no han modificado la cuestión de fondo. La función del terrorismo de
estado es evitar que exista cualquier oposición al pensamiento hegemónico, para
que por ejemplo las transnacionales puedan consumar sus pretensiones de
apoderarse de los recursos. En todos los lugares donde había resistencia a las
transnacionales, como por ejemplo por el tema minería y otros recursos naturales,
lo que el Estado hace es despejar esas zonas, matar a los líderes sociales,
recurriendo a una política contrainsurgente. Eso fue la estrategia de Uribe. Con
Santos pareciera haber un discurso diferente pero no es así. Hay una continuidad
en las políticas de “seguridad democrática”
* Escritor. Vivió en Colombia, donde se desempeñó como periodista.
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