Cod. La conceptualización del caso Leonora Lievendag

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La conceptualización del caso
Leonora Lievendag 1
INTRODUCCIÓN
Desde los albores de la primera entrevista, los terapeutas comenzamos a tejer hipótesis
acerca de lo que está padeciendo la persona que acude a consulta y de cómo podriamos
ayudarlo. Son muy variables los motivos por los que las personas recurren a consulta,
así como las intervenciones psicoterapéuticas que se ofrecen (Keegan, 2007). En
muchos casos, las personas buscan alivio para sus síntomas, que pueden ser muy
diversos, como por ejemplo: ataques de pánico, insomnio, dolores crónicos, fobia a
volar en avión, irritabilidad, atracones y vómitos, o estado de ánimo deprimido. En otros
casos buscan orientación para adaptarse a recientes cambios o crisis vitales que los han
desestabilizado o provocado sentimientos de vulnerabilidad o agobio. En otras
ocasiones, las personas acuden a consulta con el propósito de resolver algún problema
puntual que les preocupa, o bien porque desean mejorar su desempeño en algún área
específica de su vida, como ser la social, la académica o la laboral. Otro motivo de
consulta bastante frecuente consiste en que padecen una enfermedad fisica, que su
médico o él mismo consideran que podría tener un origen o un componente de
naturaleza psicológica.
Como psicoterapeutas, sabemos que, cualquiera sea el motivo de consulta, la persona
acude con la expectativa de que podamos contribuir a que disminuya su sufrimiento e
incapacidad, y a que aumente su bienestar y/o su satisfacción. Frente a cada nueva
entrevista, nos planteamos interrogantes: ¿Por qué acude a consulta? ¿Qué problemas lo
aquejan y con qué intensidad? ¿Cómo se relacionan entre sí los distintos problemas que
relata? ¿En qué medida contribuyen los diversos síntomas y problemas a generarle
sufrimiento y/o incapacidad? ¿Con qué recursos cuenta? En suma: ¿qué podriamos
proponerle que pudiera ayudarlo a mejorar su calidad de vida? Víctor Meyer (1975)
afumaba que con el fin de lograr una práctica clínica de excelencia, el terapeuta debería
formularse siempre la siguiente pregunta: "¿Qué tratamiento, conducido por quién,
podría resultar más efectivo para este individuo, que presenta este problema específico,
y bajo qué circunstancias y cómo podría implementarse?" Para poder responder ese
interrogante, es necesario conocer y manejar un cuerpo teórico amplio y coherente, y
además poseer la habilidad de aplicar ese bagaje teórico al caso particular de la persona
que consulta. El terapeuta debe ir seleccionando y ordenando los datos y,
paralelamente, genera hipótesis que a su vez conducen a formular nuevas preguntas con
el objetivo de recabar la información que considera necesaria para arribar a un
diagnóstico y a una conceptualización del caso, en base a los cuales sugerirá una
propuesta de tratamiento. Todo este proceso se lleva a cabo durante la/s primera/s
entrevista/s de evaluación, que resultan cruciales ya que según los datos que se recogen,
y según cómo se ordenan y se priorizan dichos datos, se arriba a determinada
comprensión de lo que le ocurre al paciente y, consecuentemente, a proponer
determinado tratamiento, cuyas características (formato, profesional a cargo,
intervenciones y estrategias a utilizar, frecuencia y objetivos) derivarán de aquella
comprensión particular.
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Profesora Adjunta de la Cátedra II de Clínica Psicológica y Psicoterapias. Psicoterapias, Emergencias e
Interconsulta de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.
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Las entrevistas de evaluación
El objetivo de la o las entrevista/s de evaluación, consiste en recabar información
relevante, en pos de arribar a una formulación diagnóstica y, paralelamente, a una
conceptualización o formulación del caso. El estilo del entrevistador deberá ser ante
todo respetuoso de la persona que lo consulta y de su relato, ofreciendo un ámbito
adecuado y una escucha atenta, ya que la persona que consulta es siempre alguien que
está padeciendo. El entrevistador también debe ser empático, dado que para que la
persona que consulta se anime a revelar sus íntimas preocupaciones, dudas,
pensamientos y emociones, es imprescindible que crea que el terapeuta es confiable y
capaz de comprender lo que le ocurre y cómo se siente. Ser empático no significa
identificarse con el paciente ni implica haber atravesado por experiencias similares a las
que relata el consultante. Los terapeutas rogerianos definen la empatía como una
actitud de escucha concreta que clarifica y amplía la experiencia del paciente y el
significado que le otorga a dicha experiencia.
Al mismo tiempo, el modelo cognitivo comportamental sugiere que el entrevistador
debe ser activo y directivo. Desde algunos marcos teóricos, esto fue criticado porque se
consideraba que podría ser una forma de manipulación del paciente, o porque se temía
que el paciente se sintiera amenazado y frágil para responder sobre ciertas cuestiones.
Turkat (1986) responde con los siguientes argumentos a estas críticas:
En primer término, dado que la persona que consulta está solicitando una guía para
poder lograr un cambio, requiere que el terapeuta sea, al menos en parte, activo y
directivo~ en segundo lugar, para ser empático es necesaria una genuina comprensión
de la problemática y de las emociones del paciente, que sólo se alcanza en forma rápida
y segura preguntando en forma abierta y directa sobre los diversos aspectos de la
persona, de su entorno y de sus problemas. En tercer término, la persona se enfrenta a
diario con las imágenes, los pensamientos y las situaciones por las que le preguntamos.
Por más duras o amenazantes que puedan parecer, forman parte de la vida de ese
individuo~ aunque resulte dificil o penoso hablar acerca de sus experiencias, no
implicará nunca un ri~sgo mayor que haberlas tenido que enfrentar a lo largo de su vida.
Por último, Turkat (1986) señala que la mayoría de las personas que consultan, valoran
que el terapeuta sea directo y abierto.
En terapia cognitiva también se propicia que el consultante tome un rol activo y exprese
todo aquello que piensa que se relaciona con la problemática por la que consulta. Le ·
proponemos desde un comienzo un trabajo en equipo, colaborativo, entre terapeuta y
paciente (o consultante). Dado que para lograr que alguien colabore activamente en una
tarea es esencial que comprenda y comparta los medios y los fines, se dedica tiempo y
esfuerzo a que el paciente comprenda en qué consiste la evaluación, cuál es el objetivo,
por qué nos interesa indagar sobre ciertas cuestiones y con cuánto tiempo contamos.
También es importante que sepa que una vez que hayamos procesado e integrado la
información, nuestro objetivo consistirá en acordar con él las vías posibles de acción en
relación con su motivo de consulta, su contexto social y familiar y los recursos
disponibles.
Por otra parte, también alentamos al paciente a que manifieste sus dudas y expectativas
acerca de la terapia y del terapeuta. Se sabe que el vínculo terapéutico y la expectativa
de ser ayudado tienen una gran influencia en los resultados de las psicoterapias
(Lambert, 1992), de modo que será de suma importancia abrir la posibilidad de hablar
acerca de estas cuestiones desde la primera entrevista.
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La locuacidad de la persona que consulta, su edad y momento vital, el tinte emocional
que predomine y el estilo personal del terapeuta, influirán en el ritmo y el tono que
cobrará la entrevista.
Respecto del contenido de la información que ha de recabarse y de cuáles preguntas
debieran formularse durante la evaluación, en general comenzamos por recabar los
datos de filiación y el motivo de consulta. Los temas acerca de los cuales se ha de
preguntar a continuación dependen no sólo del motivo de consulta, la edad y el
momento vital del consultante, sino también del contexto y del objetivo de la entrevista.
Por ejemplo una consulta en un servicio de urgencias difiere en gran medida de una
consulta en el consultorio privado o en una sala de internación de un hospital general.
Sin embargo, el terapeuta novel puede tomar en consideración algunos tips que pueden
ser útiles aún frente a consultas diversas:
a) Conviene indagar acerca de las diferentes áreas de la vida del sujeto, con el fin de
tener un panorama más amplio de cómo es la vida de este individuo, más allá del
problema por el que consulta. Resulta interesante, en general, preguntar por vínculos
familiares y sociales, relación de pareja, salud física y mental, hábitos alimentarios,
patrones de sueño y de ejercicio físico, aspectos laborales o académicos, actividades
durante tiempo de ocio, y otros aspectos que parezcan relevantes según el sujeto y el
contexto.
b) Indagar sobre aspectos y experiencias que suelen ser evitados. Con naturalidad y
respeto se debe preguntar sobre problemáticas que por el momento vital y por el
contexto socio cultural de la persona, podrían estar presentes, pero acerca de las cuales
las personas no suelen hablar espontáneamente, ya sea por vergüenza o porque
consideran que no es pertinente. Por ejemplo si la persona está deprimida, se debe
indagar si ha tenido ideación o intentos suicidas. Si el que consulta es un adolescente o
un joven será interesante averiguar sobre cambios corporales, experiencias sexuales, y
consumo de alcohol o drogas. En caso de personas que crecieron en contextos de
violencia o de poco cuidado, se puede preguntar por situaciones traumáticas en general
y por abusos en particular. Si la persona comenta la recurrencia de ideas obsesivas, es
conveniente indagar acerca de la presencia de compulsiones y rituales. Si se trata de una
joven que muestra insatisfacción con su imagen corporal, será importante preguntarle
por la presencia de atracones y conductas compensatorias. Sabemos que no siempre la
persona se anima a rebelar en las primeras entrevistas aquello que le provoca vergüenza
o culpa, pero si el terapeuta muestra que está al tanto de que ese tipo de problemas
podrían estar ocurriendo (o haberse producido), ofrece mayor posibilidad de que el
sujeto se anime a hablar de ello (si no ya, cuando se considere listo para hacerlo).
Además, muchas veces las personas se dan cuenta, a partir de la pregunta directa, que
no son los únicos que han atravesado por esas experiencias, contribuyendo a la
normalización, lo cual suele generar alivio y consuelo.
c) Es importante pedir precisiones acerca de quejas o problemas que se enuncian de
forma vaga o general, por ejemplo "Me siento vacío", "Necesito un cable a tierra",
"Muchas veces me siento raro" son afirmaciones que requieren ser aclaradas ya que
pueden tener variadas connotaciones y es importante que el consultante delimite
concretamente en qué consisten sus problemas, y cómo afectan su vida.
d) Siempre resulta enriquecedor recoger información de distintas fuentes, que varían
según la edad del sujeto y la disponibilidad del entorno. Si la consulta es por un niño o
un adolescente, debería incluirse al posible futuro paciente, a sus padres (juntos o por
separado), maestras, pediatra u otros que tengan un rol de cuidado del niño, ya sea una
niñera, un hermano mayor o una abuela. En el caso de un adulto, además de lo que él
aporta a través de entrevistas y de tests o escalas que el entrevistador decida incluir, se
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puede entrevistar a su cónyuge, sus h~jos o su médico de cabecera. Es interesante cruzar
la información, tanto si coinciden como si se contradicen.
e) Las preguntas que se fonnulan deben apuntar a recoger datos que aclaren y
complementen la información necesaria para ratificar, rectificar, desechar o enriquecer
las hipótesis que han de incluirse en la formulación diagnóstica y en la
conceptualización del caso.
Formulación de hipótesis
Para arribar a un diagnóstico y a una conceptualización del caso, el terapeuta debe
trasladar la información nomotética de base empírica, a su aplicación ideográfica, en la
práctica clínica. Esto implica la formulación de hipótesis que expliquen la presencia de
los síntomas por los que el paciente ha consultado y que postulen que ciertas
intervenciones podrían conducir a generar cambios que beneficien al paciente y a su
entorno. Para ello, el terapeuta debe poseer una base teórica amplia y sólida, debe estar
abierto a la observación de fenómenos que podrian ser congruentes o discrepantes
respecto de variadas hipótesis teóricas, y debe sumar su experiencia y su juicio clínico
con el fin de llenar la brecha que siempre existe entre "la ciencia psicológica" y "el arte
de la psicoterapia" (Hofmann y Weinberger, 2007)
Es importante señalar que las hipótesis se construyen siempre de un modo subjetivo y
aún cuando nos propongamos conservar una actitud más científica y objetiva, nunca
estamos exentos de la influencia de algunos sesgos que pueden influir en nuestro
proceso de razonamiento. Por ejemplo, Nezu y cols. (2006) describen algunas
estrategias heurísticas que pueden afectar el proceso de razonamiento:
a) Juicio de disponibilidad: se considera que algo es frecuente y/o probable si ese
elemento o evento se nos aparece con facilidad en nuestra mente.
Ejemplo: después del suicidio de un paciente, se tiende a maximizar la
percepción de riesgo suicida de otros pacientes.
b) Juicio de representatividad: se considera que 2 eventos están relacionados entre
sí si se los percibe como similares.
Ejemplo: se diagnostica un trastorno por déficit de atención, al observar que el
niño tiene dificultades para prestar atención, olvidando chequear otros posibles
diagnósticos, tales como trastorno depresivo o trastorno de ansiedad
generalizada.
c) Anclaje: Las decisiones finales se basan más en las impresiones iniciales que en
la información que posteriormente se va recogiendo.
Ejemplo: el terapeuta decide trabajar sobre los conflictos de pareja acerca de los
que el paciente se explayó al inicio de la consulta, no indagando más a fondo
sobre pensamientos obsesivos y rituales compulsivos que se insinúan más
adelante.
d) Atención selectiva hacia ciertos tipos de datos: la teoría que manejamos así
como nuestra experiencia previa nos pueden llevar a priorizar determinada
información por sobre otra, y no siempre esa selección estará basada en una
comprensión más cabal del paciente que nos ocupa.
Ejemplo: El terapeuta decide indagar más y trabajar sobre la falta de apetito
sexual que manifiesta un paciente sin preguntar acerca de otros síntomas que
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presenta, siendo posible que se trate de manifestaciones sintomáticas de un
estado depresivo severo.
e) Sesgo confirmatorio de Hipótesis: se ha comprobado que científicos y
profesionales de distintas áreas, casi siempre atienden y destacan aquella
información que coincide con sus hipótesis mientras que tienden a dejar de lado
o restar importancia a los datos que contradicen las propias hipótesis,
predicciones y creencias.
:f) Excesiva confianza en las propias habilidades y decisiones. Cuando el terapeuta
considera que su punto de vista es "objetivo" y "correcto", en lugar de tomar
sus propias explicaciones y observaciones como hipótesis que deben ser puestas
a prueba, las establece como verdades inamovibles. En algunos casos, llega
incluso a desestimar la opinión del propio paciente cuando va en contra de sus
hipótesis, al considerarla una resistencia o una negación.
En un estudio realizado por Guillermina Rutsztein (2005) se analizaron los pasos que
siguen los psicoterapeutas en la elaboración de sus inferencias y la manera en que
integran la información a la que tienen acceso para luego elaborar sus juicios clínicos.
La autora destaca la notable importancia otorgada por los terapeutas a la primera
impresión que causa el material clínico. En ese estudio, gran parte de las inferencias
diagnósticas formuladas en los primeros minutos, se mantuvieron hasta el final de la
entrevista. Estos resultados coinciden con el de varios estudios anteriores, entre ellos un
estudio de Sandfield de 1970 en el que se observó que en el 75% de los casos
observados, los psiquiatras mantenían el diagnóstico formulado al comienzo de la
entrevista. Sin embargo, no existe un acuerdo general acerca de la credibilidad de las
hipótesis iniciales para el proceso diagnóstico. Si bien Gauron y Dick:inson (1966)
destacaron la influencia negativa de focalizar la atención en los datos recogidos en un
comienzo, relegando o desestimando aquellos que aparecen en momentos ulteriores de
la consulta, Kendell ( 1973) observó que muchas de las inferencias diagnósticas
formuladas tempranamente, resultaron acertadas, por lo cual sugirió que la información
relevante para formular el diagnóstico estaría disponible desde los primeros minutos de
la entrevista, al menos en muchos casos. Rutsztein (2005) sugiere que la experiencia
clínica con pacientes que hayan presentado patologías similares facilitaría la
fonnulación de inferencias clínicas; sin embargo, reconoce que cuando el terapeuta se
basa solamente en los casos clínicos que ha atendido, la experiencia puede funcionar
como obstáculo.
Nezu y cols. (2006) señalan 4 principios que pueden ser útiles para contrarrestar los
posibles sesgos o errores en la construcción de hipótesis:
1) Cantidad: Siempre pensar en varias opciones posibles antes de seleccionar una
de ellas nos asegura una mayor probabilidad de hallar una opción que resulte
eficaz.
2) Aplazamiento del juicio: Suspender la valoración de las opciones que se
generan, hasta tanto se cuente con una lista amplia de opciones a seleccionar.
3) Principio de estrategias-tácticas: Generar hipótesis que incluyan tanto
estrategias generales como tácticas específicas
4) Perspectiva holística: Sostener una perspectiva multidimensional, pluricausal y
sistémica.
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Es interesante destacar que desde un comienzo la terapia cognitiva tuvo una postura
ética fuerte en relación con la construcción de hipótesis en el ámbito de la práctica
clínica de la Psicoterapia. El "empirismo colaborativo" que propuso Aaron Beck (1979)
insta a un trabajo en equipo, pero además, compromete tanto al paciente como al
terapeuta a tomar sus propias ideas como hipótesis que requieren de verificación; es
decir que las conclusiones o señalamientos del terapeuta no constituyen afinnaciones
con valor de verdad, sino que deben ser contrastadas, confirmadas o refutadas, a partir
de nueva información que se vaya recabando, en base a registros de situaciones,
pensamientos, emociones y conductas de lo que acontece al paciente en su vida
cotidiana.
Teniendo en cuenta que la generación de hipótesis nunca está exenta de la influencia de
estrategias heurísticas y sesgos propios de nuestra condición humana, es importante
estar atentos a revisar el proceso que condujo a su formulación. Para ello, distíntas
fuentes pueden ser de utilidad: por una parte, las supervisiones, los ateneos y las
discusiones con colegas acerca de casos clínicos; por otra parte, escuchar atentamente la
opinión del paciente o de su entorno significativo en relación con las hipótesis
formuladas; por último, la efectividad o no de las intervenciones propuestas constituirá
un factor fundamental que nos señalará si las hipótesis planteadas fueron acordes· a lo
que este paciente en cuestión padecía y requería. Por tanto, será de suma importancia ir
evaluando sistemáticamente la evolución del paciente a lo largo del tratamiento.
El Diagnóstico
Con el fin de recoger información relevante para formular una hipótesis diagnóstica,
se debe interrogar acerca de la sintomatología y particularmente sobre la presencia
de síntomas que suelen asociarse o acompañar a aquéllos que la persona revela estar
padeciendo. Es importante explorar sobre síntomas cuya presencia o ausencia
permiten hacer un diagnóstico diferencial. También se debe indagar acerca de la
historia psiquiátrica o síntomas padecidos en etapas anteriores, si ha consultado
previamente a profesionales de la salud mental, si ha recibido diagnósticos o
tratamientos, y, en caso afirmativo, en qué consistieron y qué resultados obtuvo.
También se indaga sobre antecedentes familiares, ya que puede guiarnos en cuanto
al diagnóstico diferencial y respecto de la vulnerabilidad ante ciertos trastornos.
Por supuesto que los sistemas diagnósticos distan mucho de ser ideales, ya que
algunas categorías se solapan entre sí o no poseen una gran confiabilidad (esto se ha
dicho sobre todo respecto del capítulo de trastornos de personalidad). Por otra parte,
en los Manuales mismos se advierte que los criterios deben utilizarse con cierta
flexibilidad, a partir de la experiencia y el juicio clínico, y no como recetas
inamovibles. En los Manuales también se advierte acerca de las diferencias etarias y
culturales que deben ser tenidas en consideración al proponer hipótesis diagnósticas.
Por último nos parece importante destacar que los trastornos no son la persona (esto
se reconoce expresamente en la introducción del DSM IV) sino una problemática
que padece un ser humano particular, y que puede implicar diferentes
características y consecuencias para distintas personas. De hecho, los criterios
politéticos que propone el Manual, los subtipos dentro de cada categoría y el grado
de intensidad o de gravedad, determinan una manifestación heterogénea de cada
trastorno y síndrome. También la presencia de trastornos comórbidas hace que varíe
la presentación sintomática y la respuesta al tratamiento.
Más allá de la utilidad de formular un diagnóstico, es evidente que éste no da cuenta
de muchos aspectos personales que son imprescindibles para comprender y
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mensurar la problemática de cada paciente y para proponer un plan de tratamiento
adaptado a las características individuales de cada persona. Muchos aspectos de la
vida que no forman parte de los criterios diagnósticos resultan cruciales para
comprender cómo se ve afectado un determinado individuo y qué intervenciones
podrían resultar de ayuda. Por tanto, es fundamental complementar el diagnóstico
con la Conceptualización o Formulación del caso.
Concep1tualización o Formulación del caso
La Conceptualización o Formulación del caso consiste en una explicación, basada
en determinada teoría, acerca de los problemas que aquejan a un paciente en
particular. Dicho de otro modo, es una teoría ideográfica acerca de un paciente
determinado, que se basa en una teoría general o nomotética. (Bruch, 1998; Persons,
1989, 2001).
Michael Bruch (1998) afirma que 2 supuestos subyacen a la formulación del caso:
por un lado, que la teoría cognitivo-conductual (que se asienta en la investigación)
nos ofrece una herramienta apta para la explicación de los diversos problemas que
padecen las personas que consultan; en segundo lugar, que cada ser humano tiene
características propias y peculiares respecto de cómo se manifiestan sus síntomas y
problemas, aún cuando puedan compartir un mismo diagnóstico. Por ejemplo: L.,
una joven de 18 años, se ha vuelto huraña desde la terminación de su escuela
secundaria, está constantemente irritable y de mal humor, no ayuda en su casa como
solía hacerlo, no logra hacer planes sobre su futuro, los padres se quejan de que no
le importa nada. El terapeuta que la evalúa concluye que padece un episodio
depresivo. La señora B., de 52 años, enviudó hace un año y medio, sigue llevando a
cabo sus tareas de ama de casa pero está frecuentemente triste, llora, los fines de
semana los pasa sola, no quiere salir ni ir a reuniones sociales, tiene dolores
articulares aunque los estudios médicos no muestran la causa, y su hija está
preocupada porque la ve muy abatida. Como la otra paciente, padece de un episodio
depresivo, pero como queda en evidencia, la conceptualización del caso y el
tratamiento serán sumamente distintos.
Ira Turkat (1985, citado por Bruch, 1998) fue quien acuñó el término "formulación
del caso" y consideró que debían incluirse en ella 3 tipos de hipótesis: a) acerca de
la relación entre los problemas que presenta un sujeto, b) acerca de los posibles
factores etiológicos (de vulnerabilidad y desencadenantes) de esos problemas, y c)
acerca de la posible evolución futura de los comportamientos del individuo, de sus
problemas y respuesta al tratamiento.
Nezu y cols. (2006) definen la Formulación del caso como "un conjunto de
hipótesis, delineadas por una teoría de la personalidad u orientación de psicoterapia
particulares, respecto de las variables que operan como causas, detonadores o
factores que mantienen los problemas emocionales, psicológicos y conductuales de
un individuo". También señalan que ""abarca quejas y síntomas así como un
mecanismo organizativo para que el terapeuta comprenda cómo se manifiestan
dichas quejas, cómo coexisten los diversos síntomas, cuáles son los estímulos
ambientales e interpersonales que desencadenan estos problemas y por qué persisten
los síntomas".
Estos autores consideran que la Formulación del caso tiene tres objetivos:
a) Comprender con detalle los problemas que plantea el paciente
b) Identificar las variables que se relacionan de manera funcional con esas
dificultades
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c) Diseñar objetivos y metas de tratamiento.
Plantean que los objetivos del tratamiento pueden corresponder a metas finales, que
serían aquellos logros a conseguir al final del tratamiento, o a metas instrumentales,
que serían objetivos que, de lograrse, incidirían sobre otros factores, facilitando el
camino hacia el logro de las metas finales. Para seleccionar las metas instrumentales
conviene hacer una búsqueda bibliográfica amplia, que abarque distintos marcos
teóricos, para informarse del estado del arte respecto de la sintomatología a tratar y
de la validación de intervenciones que hayan resultado eficaces para su tratamiento.
Distintos autores coinciden en señalar que la formulación del caso debe servir como
guía para sugerir determinado plan de tratamiento. Por tanto, lo que buscamos al
hacer la fonnulación de un caso será que tenga "utilidad clínica.
Los tratamientos que se basan en la conceptualización del caso buscan adaptar las
intervenciones a los problemas, las necesidades y los recursos que presenta cada
paciente singular, pero mediante un método sistemático, que pretende minimizar el
riesgo siempre latente de que la propuesta de tratamiento individualizada pierda
consistencia científica.
Persons (1997) se pregunta cuál es la necesidad de utilizar la conceptualización
como guía para planificar el tratamiento, si muchos estudios han mostrado que los
tratamientos protocolizados para ciertos trastornos son eficaces para un gran
porcentaje de pacientes. Y se responde que, en primer lugar, si bien los terapeutas
que intervinieron en esos estudios no desarrollaron una formulación de cada caso en
forma explícita, han debido hacer una formulación tácita, seleccionando ciertos
aspectos individuales sobre los que aplicaron los protocolos. (Por e;jemplo, al aplicar
los protocolos de terapia cognitivo conductual para la depresión no trabajaron con
cada paciente sobre todas las distorsiones cognitivas típicas de ese trastorno, sino
sobre las que aparecían en las afirmaciones y pensamientos de cada paciente). En
algunos manuales de tratamiento se fonnalizó esa selección tácita, incluyendo entre
las tareas del psicoterapeuta, un análisis funcional detallado de los comportamientos
del paciente que está siendo atendido (por ejemplo Lineham, 1993). En segundo
lugar, la mayoría de los tratamientos manualizados están diseñados para tratar un
trastorno específico, pero lo más usual es que los pacientes que nos consultan
padezcan 2 o más trastornos o problemas al mismo tiempo. Cuando se trata de
trastornos que pueden ser abordados con tratamientos que ya demostraron ser
eficaces, uno podría pensar en aplicar en forma secuencial esos protocolos,
abordando primero un trastorno y después el otro. Sin embargo, si el terapeuta
procediera así, tendría que decidir cuál de los protocolos aplicar en primer término;
además, generalmente resultaría poco eficiente, ya que varias intervenciones suelen
solaparse en manuales tratamientos destinados a abordar distintos trastornos (por
ejemplo registros de pensamientos, ejercicios de relajación, etc.) y en algurms casos
sería más eficiente elaborar artesanalmente una propuesta de tratamiento que
incluyera de una vez esas intervenciones, aplicadas a los diferentes síntomas o
problemas. En suma, frente a la presencia de comorbilidad, la Formulación del caso
representa un modelo valioso para guiar la planificación del tratamiento. En tercer
lugar, la formulación del caso suele reforzar la concreción de las tareas entre
sesiones. Esto es importante ya que algunos estudios mostraron que las tareas entre
sesiones estaban asociadas a mejores resultados de los tratamientos. Además,
cuando terapeutas y pacientes acuerdan y comparten la explicación de la
problemática que aqueja al paciente, los pacientes colaboran más activamente y se
aumenta la adherencia al tratamiento. En cuarto y último lugar, la formulación del
caso es especialmente útil cuando el tratamiento que se está ofreciendo se estanca o
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no arroja los resultados esperados. Cuando el terapeuta carece de una
conceptualización del caso, debe probar mediante ensayo y error, alguna estrategia
alternativa de intervención. Si nos basamos en una conceptualización, podemos
revisar sistemáticamente las hipótesis siguiendo un algoritmo que nos guía en
cuanto a los cambios que podrían efectuarse en el tratamiento para lograr mejores
resultados.
Si bien se han propuesto diferentes modelos de conceptualización del caso, que se
basan en diferentes teorías psicopatológicas, todas ellas incluyen una lista de
problemas y de síntomas, hipótesis acerca de la relación entre los mismos, posibles
factores de predisposición, de desencadenamiento y de mantenimiento de dichos
problemas y una propuesta de tratamiento.
Numerosos autores propusieron modelos de conceptualización de casos, que se
diferencian, fundamentalmente, porque se basan en distintas teorías a partir de las
cuales se explican los problemas del sujeto que consulta. Sobre esto último se
explaya Persons en su libro más reciente (Persons, 2008), señalando que para
distintos pacientes, según su problemática, podemos servirnos de teorías cognitivas,
conductuales o emocionales que nos resulten útiles para comprender cómo se fueron
provocando, manteniendo y agravando los problemas por los que consulta el
paciente.
También se puede construir una conceptualización tomando los modelos
explicativos para ciertos trastornos específicos, que constituyen la base de los
tratamientos que han sido validados empíricamente, por ejemplo, el modelo de
explicación de la depresión de Beck (1979) o el modelo para trastorno de pánico de
Clark (1985) y Wells (1997).
Por otra parte, algunos modelos de conceptualización se desarrollaron en función de
la población específica que atienden sus autores. Por ejemplo David Lane (1998)
plantea cómo formular los casos a partir de su experiencia con adolescentes con
serios problemas de conducta, Friedberg y Me Clure (2005) proponen un modelo
diseñado para trabajar con niños y Len Sperry (2005) aplica la conceptualización del
caso al contexto de la terapia familiar.
Caso para ejemplificar
S. es una joven de 25 años. Fue derivada por un médico cardiólogo, a quien visitó por
palpitaciones y dolor de pecho. Los estudios cardiológicos fueron normales, por lo cual
el cardiólogo le sugirió hacer la consulta.
Los síntomas por los que acudió al cardiólogo aparecieron hace unos dos meses,
mientras tomaba una ducha caliente, comenzó por sentirse mareada y luego de una
puntada en el pecho comenzó a sentir las palpitaciones, pensó que estaba por
desvanecerse, aunque "por suerte" logró mantenerse en pie, salir del baño y recostarse.
Como su padre hábía tenido un preinfarto 2 años antes, la llevó a lo de su cardiólogo
para que la examinase. Desde entonces no ha tenido ataques tan intensos pero cada 2 o 3
días tiene algún síntoma, sobre todo al levantarse o al acostarse; se siente mareada, tiene
palpitaciones, puntadas en el pecho y pensamientos de que algo malo debe estar por
ocurrirle. Entre la primera y la segunda entrevista se le pide un registro de experiencias
"panicosas" o de elevación de la ansiedad, y se le pide que registre cuándo y dónde las
ha tenido, las sensaciones corporales que acompañaron la crisis, puntuando de O a 1O la
intensidad de esas sensaciones. También se le propone que anote los pensamientos que
le surgen durante esas crisis.
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Reconoce que está muy pendiente de que aparezcan estas sensaciones y no ha ido al
gimnasio desde la crisis en la ducha porque cree que eso podría empeorar mucho sus
síntomas. Tampoco fue a bailar los fines de semana porque cuando fue sintió que las
luces y la música fuerte comenzaban a provocarle un mareo similar al sentido en el baño
y eso bastó para que se fuera de inmediato y decidiera no ir por el momento.
Al índagar acerca de posibles factores precipitantes o desencadenantes, S. cuenta que
desde que su padre tuvo el preinfarto, ella estuvo muy preocupada por la salud de sus
seres queridos y de ella misma. Considera que este año fue algo menos estresante que el
pasado, durante el cual se disolvió la banda debido a que cada uno tenia diferentes
proyectos, eso fue algo triste. También los cursos que tenia el año pasado eran más
"bravos" que los de este año. Más adelante comenta que hace 3 meses conoció un chico
que le gustó y que la llamó para salir pero justo después empezó con los síntomas y
decidió decirle que estaba muy ocupada para salir, porque "no le iba a contar lo que me
estaba pasando, iba a pensar que estoy re loca".
Al interrogar sobre las distintas áreas de su vida, S. comenta que respecto del área
laboral, ella es música y da clases de música en 2 escuelas, lo cual muchas veces la
estresa bastante, durante las clases a veces se siente muy acelerada y cree que eso
influye en sus alumnos, en esos días termina agotada. Si bien le gusta su trabajo, cree
que sería bueno concentrarse más en su faz artística pero le cuesta organizarse para
lograrlo, le queda poco tiempo y no tiene un lugar fijo en donde componer o ensayar.
Formó parte de una banda que se separó el año pasado y le gustaría formar otra pero lo
ha ido posponiendo. Respecto del área social, tiene muy buenas amigas, un grupo de la
escuela y 2 amigas íntimas que conoce desde pequeña, no le cuestan las relaciones
sociales, aunque lo que le cuesta es encarar una relación amorosa seria. Le da miedo,
pero no lo considera un problema que deba abordar en el corto plazo, ya que por ahora
está bien así.
Respecto de su familia comenta que vive con su padre, la esposa de su padre desde que
ella tenía 6 años así que la considera como su madre y una hermana de 17 años, hija de
su padre y la esposa. Su madre murió cuando ella tenia 3 años después de una
enfermedad que se la llevó en 3 meses. Prácticamente no recuerda nada de eso.
Respecto de su salud general, dice que muchas veces ha tenido distintas enfermedades,
ninguna grave pero se ve a sí misma como bastante frágil, sobre todo en invierno suele
agarrarse gripes y malestares estomacales con frecuencia. Cuando le ocurren, llama al
médico y sigue sus prescripciones. No fuma, toma alcohol esporádicamente, a veces un
poco más de lo debido. No consume drogas.
Al preguntarle si además de los síntomas concretos que la traen a consulta hay algo que
le gustaría cambiar, ella vuelve a hablar de su carrera profesional y también agrega que
cree que debe madurar, se ve algo inmadura y cree que su familia favorece su falta de
autonomía. Le pregunto qué es lo que para ella es ser inmadura o poco autónoma, ya
que para distintas personas puede significar aspectos distintos. Le cuesta dar ejemplos
concretos, le propongo que se tome un rato para anotarlos y luego los lea en voz alta.
Escribió: aunque trabajo, siempre termino teniendo que pedir plata para pagarme los
gastos o comprarme algo, creo que no sé organizarme y regular gastos; cuando tengo
que ir a tocar a lugares lejos, pido que me lleven porque no me animo a manejar;
pregunto mucho la opinión de mis padres en cómo vestirme o en si aceptar un trabajo.
También le gustaría ser menos dócil, defender más sus puntos de vista en diferentes
cuestiones, cree que suele ceder mucho a lo que cree que los demás esperan de ella.
"Por ejemplo, hace poco pintamos la casa y mis padres decidieron de qué color iba a ser
mi pieza porque yo había sugerido el color amarillo y a ellos les pareció que era
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inapropiado, y yo acepté, mi hermana no es así". Luego agrega que aprendió a manejar,
incluso sacó registro pero nunca se anima a salir con el auto.
Lista de problemas
Ataques de pánico incompletos cada 2 o 3 días
Evitación de actividades desde el ataque inicial: ir al gimnasio, ir a bailar
Intenso temor a tener un nuevo ataque y en general a sentir síntomas de ansiedad
Dificultad para desarrollarse en su faz artística y desplegar su carrera profesional
Temor a manejar
Temor a tener una pareja
Muy pendiente de los otros, en especial padres
Diagnóstico
S. cumple con criterios para diagnosticar un trastorno de pánico con agorafobia. Si bien
padece de un estado de ánimo deprimido durante algunos momentos, no ha desarrollado
un trastorno. También parece estar desarrollando algunos rasgos de personalidad
dependiente.
Aspectos cognitivos relevantes
Pensamientos automáticos reiterados:
Respecto de los pensamientos durante momentos de elevada ansiedad, se incluyen;
"Debo estar por tener un ataque como tuvo mi papá", "Lo que me está pasando se me
está yendo de las manos", "Siento que estoy por morirme", "No voy a poder soportar
esto otra vez", "Debería poder controlar estas sensaciones".
Respecto de sus creencias acerca de sí, de los otros y del futuro, ella manifiesta verse a
sí misma como inmadura, frágil y demasiado dócil, a los demás como "más fuertes",
muy exigentes y críticos" y el futuro como "muy incierto", dice: "me gustaría que
alguien me diera cada semana un informe de lo que va a pasar, aunque sé que al final
seria algo aburrido".
Factores predisponentes, desencadenantes y activantes
El preinfarto del padre hace dos años parece haber activado la creencia de que somos
seres vulnerables, y que las sensaciones corporales inusuales pueden indicar la
inminencia de situaciones catastróficas. Una hipótesis posible es que esa creencia se
hubiera gestado en su origen a partir de la temprana muerte de su madre. A partir de la
dolencia de su padre, S. ha comenzado a estar más hipervigilante de sus sensaciones
corporales. Además, la incertidumbre respecto de su proyecto laboral, también parece
estar facilitando un aumento de ansiedad. Otro factor que parece estar relacionado con
el aumento de ansiedad fue el conocer a un chico que le gustó y con quien podrá haber
comenzado una relación, tal vez esto incluso haya influido en la aparición de
sensaciones corporales inusuales en S., además de en la posibilidad de iniciar un
romance que la atemoriza por varios motivos. Respecto del ataque de pánico inicial que
relata, tomando en cuenta el modelo de pánico propuesto por Clark (Clark, 1986, Wells,
1997) el factor activante han sido las sensaciones durante el baño caliente, que fueron
interpretadas como síntomas de una enfermedad cardíaca, generando pensamientos tales
como "estoy por morirme, se me va de las manos" que a su vez incrementaron la
ansiedad generando más sensaciones (dolor y palpitaciones) que S. consideró que
confirmaban sus temores.
Por otra part e, los síntomas aparecen en la época en que típicamente suele comenzar el
trastorno por pánico, el comienzo de la vida adulta.
1
Anteeedentc~s
y consecuencias
Respecto de antecedentes de los episodios de ansiedad, advertimos que casi siempre se
dan en soledad, y cuando tiene más tiempo libre. Pensando juntas, advertimos también
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que ella suele ponerse alerta a sus sensaciones corporales cuando se acuesta, cuando
entra a bañarse o al levantarse y pensar en Jo que tiene que hacer durante el dia.
Respecto de las consecuencias que han tenido sus síntomas, destacamos por un lado su
respuesta de evitación y por otra, la actitud del padre, quien la llama muy
frecuentemente desde el ataque inicial y de manifiesta muy preocupado. Esto ha tenido
un costado de beneficio secundario, ya que ella se siente bien al ver que él se ocupa
tanto de ella.
Hipótesis de trabajo
S. consulta angustiada y preocupada porque ha tenido un ataque de pánico completo e
intenso y posteriormente algunos ataques incompletos, acompañados de sensaciones
corporales desagradables y pensamientos de estar por desmayarse, morir o tener un
ataque al corazón. A partir de esos síntomas, está preocupada frente a la posibilidad de
que se repitan y ha evitado algunas actividades: ir a bailar y al gimnasio. También a
partir de estos síntomas ha tenido pensamientos reiterados en torno a su vulnerabilidad y
a la ímninencia de consecuencias graves para su salud, que se le van de las manos y la
hacen sentir mal. Estos pensamientos parecen reflejar creencias arraigadas acerca de que
ella es frágil y vulnerable, que podrían haberse construido a partir de la temprana
experiencia de la enfermedad y posterior muerte de su madre, y verse activadas cuando
su padre tuvo un preinfarto. Seguramente varios factores contribuyeron al
desencadenamiento del trastorno de pánico: la disolución de su banda de música,
conocer un chico que la llamaba y le gustaba y cursos con alumnos dificiles de manejar,
contribuyeron al aumento de ansiedad y sentaron bases para que en un momento dado,
frente a la presencia de sensaciones corporales extrañas durante un baño caliente, ella
pensara que estaba por tener un ataque cardíaco y que estaba por morir. A partir de allí,
su hipervigilancia a sus sensaciones corporales y la evitación de algunas actividades
actuaron como factores mantenedores.
Proponemos entonces que si S. comienza a cambiar sus pensamientos de que las
sensaciones corporales son muy peligrosas, y que ella es demasiado frágil para
afrontarlos, los ataques van a disminuir mucho en intensidad y en frecuencia; por ello
este sería el primero de los objetivos a alcanzar. Para lograrlo, además de desafiar sus
temores deberá ir deponiendo sus conductas evitativas.
Al lograr un alivio significativo de los síntomas que la preocupan, creemos que S.
comenzaría a verse a sí misma como más fuerte y apta para enfrentar situaciones
complicadas. Esto a su vez le daría fuerzas para encarar actividades que le gustaría
desarrollar pero por su sensación de fragilidad viene rehuyendo. Una de las más simples
podría ser comenzar a manejar, lo cual le daría confianza para afrontar otras, como por
ejemplo una nueva banda u otras oportunidades de desarrollo profesional, a partir de lo
cual podría verse a sí misma como capaz de una mayor autonomía.
Fortalezas y Ventajas
S. tiene un buen nivel de lenguaje e inteligencia que le permiten una comunicación
fluida, en cuanto a expresión y a comprensión, puede establecer relaciones y
comparaciones, todo lo cual favorece el trabajo terapéutico. Además manifiesta
confianza en que la terapia pueda ayudarla y se ha creado de inmediato un clima cálido
y agradable de trabajo y de respeto mutuo. Por último, ha cumplido con los registros
pedidos entre sesiones con entusiasmo.
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Plan de Tratamiento
La propuesta es trabajar una sesión semanal, en principio aplicando los lineamientos de
Clark y de Wells, para pacientes que padecen de trastorno e pánico. Por tanto se
propone comenzar con psícoeducación acerca de lo que es la ansiedad, el pánico y los
tratamientos disponibles, además de explicar en qué consiste el tratamientos que
proponemos implementar. Una vez que la paciente acuerde, llevaremos a cabo
ejercicios de provocación de síntomas de pánico (exposición interoceptiva), registrando
los pensamientos antes y después del ejercicio, atendiendo a posibles cambios y
desafíos de sus pensamientos previos. Se realizarán en sesión hasta que la paciente se
muestre lista para llevarlos a cabo en su casa entre las sesiones, continuando allí con el
trabajo sobre emociones y pensamientos que va experimentando. Este trabajo sentará las
bases para comenzar a proponer el reinicio de actividades que ha estado evitando
(gimnasia, baile o manejo, se acordará con la paciente según lo que piense que le resulta
menos ansiógeno, más fácil de lograr y más deseable para mejorar su calidad de vida,
aplicando también los registros y el trabajo sobre pensamientos y emociones que se van
presentando. Una vez que esto dé sus frutos, es posible que se discuta con la paciente
su deseo de trabajar sobre los otros problemas que ha planteado y que no se han
abordado aún: su excesiva inmadurez o dependencia, y su falta de asertividad en ciertas
situaciones.
Desde ya que una vez comenzado el tratamiento se irá evaluando el progreso de la
paciente a lo largo de las sesiones y en caso de que se observara que los síntomas no
mejoran, o que no se van cumpliendo las tareas propuestas en el plan, deberemos
replantear la conceptualización y proponer los cambios que parezcan pertinentes.
Obstáculos previsibles para el tratamiento
Una cuestión importante será que prestemos atención a que ella pueda presentar su
desacuerdo y no sólo su acuerdo con nuestras hipótesis y opiniones, ya que ha
comentado ser poco asertiva.
CONCLUSIONES
El modo en que se conducen las entrevistas de evaluación, así como la manera en que se
recoge y se organiza la información recabada en dichas entrevistas, resulta crucial para
determinar el diagnóstico, la comprensión de la problemática del individuo y el
tratamiento que se sugiere a cada paciente. Existe un consenso en cuanto a la utilidad de
complementar el diagnóstico categorial con una formulación o conceptualización del
caso, con el fin de planificar el tratamiento de cada paciente en función de sus
problemas y recursos. También hay acuerdo en señalar el carácter dinámico de las
hipótesis incluidas tanto en el diagnóstico como en la conceptualización, que deben ser
revisadas a medida que progresa la terapia y se evalúan los resultados de las
intervenciones.
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