SANCHO EL FUERTE Y SUS CADENAS, EN ESTELLA É IRACHE. Estella, la ciudad por tantos títulos afamada y gloriosa en la historia de Navarra, que desde los primeros tiempos de este antiguo reino mereció ser tenida por su segunda población en orden de preeminencia, ocupando en todos los actos generales el lugar inmediato á la capital; guarnecida con el castillo más importante de la región, entre cuyos muros se alzaba segura y cómoda morada real para albergar á los monarcas en sus continuas estancias en ella; poblada de nobles capitanes y leales súbditos que en cuantas ocasiones hubieron la defendieron heróicamente de los cercos y asaltos que codiciosos ejércitos extraños la pusieron con denodado empuje para apropiarse de plaza tan apetecida, llave del territorio por este lado; henchida y rodeada de templos y monasterios de los más renombrados del país por el favor divino que en ellos prodigara la Providencia, al par que por el arte de sus fábricas que la hacen un verdadero museo arqueológico; no podía menos de tener recuerdos muy señalados de las hazañas, hidalguía y fervor religioso de aquel guerrero, caballeroso y pío rey navarro llamado Sancho el Fuerte. El primer acto notorio que realizó este monarca en su patria al regresar de su larga y accidentada excursión á Africa fué hacer una piadosa donación al santuario de Nuestra Señora de Rocamador que se veneraba y sigue venerándose extramuros de Estella, á pocos pasos de la salida de esta ciudad por la antigua puerta de Castilla, sobre el camino internacional de los peregrinos hacia Santiago de Galicia, mediante la cual le cedió los derechos que tenía de percibir veintitrés monedas de oro en la carnicería vieja de la misma población y otras diez y ocho en los molinos de Villatuerta, de las que treinta y nueve destinó para que ardiese perpetuamente, dia y noche, un cirio en el altar de la Virgen María por su alma y las de sus padres, más veinticuatro velas de á media libra de peso en las festividades de Nuestro Señor Jesucristo, las de su Santísima Madre, la de la Trinidad y de Todos los Santos, y de las dos monedas restantes una —86— señaló para incienso y la otra para el que acostumbraba predicar. El documento original en que se hizo constar tal disposición está fechado en Tudela, en el mes de Marzo de la era 1239 (a. d. l. 1201) siendo firmado, según expresa, por mano del propio rey y con su signo, que es el del águila, hallándose al folio 99 del Cartulario formado por su sobrino y sucesor en el trono D. Teobaldo I. Esta imagen de la Virgen María con el título de Rocamador, prosigue el P. Moret al relatar este hecho, se celebraba por aquellos tiempos con la fama de muchos milagros por toda la cristiandad. El rey Don Sancho, en la opresión injusta que padeció en Africa parece se encomendó con gran conato á su patrocinio, y, apenas volvió á su reino cuando satisfizo á su devoción con este donativo y fundación. Efectivamente, esa nombradía tan grande que indica nuestro sabio analista, aparece comprobada en el Fuero general de Navarra, capítulo 27, título 15, del libro 3.º, en el que se ordena que «Nui yfanzón que va en romería non debe ser preyndado ata que torne. Si va á San Jaime deve ser seguro un mes; á Rocomador X V días; á Roma III meses; á Oltramar un aynno; á Jherusalem un ayno et un día». Prueba evidente de lo frecuentado de ese santuario, único de este reino privilegiado en tal forma y equiparado á los más célebres del mundo; siendo también probable que sea del tiempo de Don Sancho el Fuerte esta ley foral, por el fervoroso afecto que se ve profesó á la Virgen de Rocamador. La caballerosidad de este hidalgo monarca, verdadero prototipo de ella, se puso bien de relieve en el acto que efectuó el año 1206 al ceder para su resguardo á D. Diego López de Haro, llamado el Bueno, Señor de Vizcaya y el más principal entre los Grandes de España, al decir de nuestro ilustre paisano el Arzobispo Don Rodrigo Ximénez de Rada, el castillo inexpugnable de Estella, cuando acosado por los reyes de CastiIla y de León tuvo que salir de esos reinos y refugiarse en este de Navarra, haciéndose fuerte aquí desde donde les obligó á retirarse, quedando libre de tan temibles enemigos. Algunos historiadores afirman que en el año de 1200, mientras estuvo en Africa Don Sancho, sufrió esta ciudad un grave asedio por parte de los reyes de Aragón y de Castilla, del que sus vecinos la defendieron victoriosamente, conservándola así para la corona de Navarra. El P. Moret supone que en esto se padeció error, confundiendo ese hecho con el referido del año 1206; pero ello, no obstante, y el respeto que el parecer de nuestro sagaz investigador le merecía, cual á todos, al docto y juicioso cronista estellés D. Baltasar de Lezaún y Andía, éste da por diferentes tales trances de armas, anotando con tal motivo otro timbre más de lealtad y de valor para la fidelísima Estella en ese reinado. Aunque bien sabido, parece ya olvidado de momento y por ello creo —87— muy pertinente del caso recordar en este sitio, que uno de los trozos de las cadenas que como significativo trofeo de la batalla de las Navas de Tolosa trajo don Sancho á su reino y repartió en cuatro templos de él consagrados á la Virgen María, lo ofrendó y dejó en el monasterio muzárabe de Irache, sito en las inmediaciones de Estella, en cuyo altar mayor pendió intacto desde entonces hasta la relativamente cercana fecha de la exclaustración de las monjas que lo ocupaban, en que nuestra Diputación foral lo recogió y guardó, siendo el que esa corporación conserva. Mas á la hora presente que ese templo está abierto al culto y el convento habitado, há varios años, por otros virtuosos religiosos que la misma entidad eligió para suceder á los anteriores, es de justicia que la depositaria de nuestras tradiciones patrias y de esas cadenas tan preciadas por lo que representan, las vuelva al santo lugar á que las destinó el esforzado y devoto monarca que las conquistó con tanto arrojo, para seguir cumpliendo con su expresa y soberana voluntad en este punto, cual en los demás; toda vez que ha cesado la razón de ser para retenerlas fuera de ahí, y la ocasión es la más propicia para ello, así que para conmemorar al propio tiempo en dicho cenobio acontecimiento tan grandioso como el que estamos preparados á celebrar, con el aplauso entusiasta de todos los hijos de esta comarca tan amantes como sus demás hermanos regnícolas de las glorias de sus mayores. Ubicumque res sit, dómino suo clamat ............ No tan sabida es la intervención, para nosotros indudable, de D. Sancho el Fuerte, en la edificación de la iglesia porroquial de San Miguel Arcángel de esta ciudad. Ninguno de los autores que se han ocupado de este bellísimo templo, ha parado mientes, que sepamos, en los escudos que con las cadenas de las Navas hay esculpidos en la notable portada principal de esta iglesia, y que, a nuestro juicio, denotan la cooperación que en su construcción tuvo nuestro monarca citado, puesto que sus sucesores constantemente usaron las cadenas cuarteadas con otros atributos ó insignias propias de los restantes Estados de que gozaron, según observa Moret, amén de ser un dato muy expresivopara fijar con mayor precisión la fecha de su ejecución, algo más tardía de lo que generalmente se calculaba, constituyendo á la vez una nueva confirmación de la forma del escudo de este reino desde tiempos tan coetáneos con los de la batalla en que se tomaron esas cadenas, cual es esa fachada. A la izquierda, pues, de ella, según se la mira hay en alto relieve un grupo escultórico que representa al Arcángel San Miguel venciendo al dragón infernal, blandiendo una espada y protegido por un escudo, de 80 centímetros próximamente, que en su parte inferior remata en punta, en cuyo campo éstán labradas las cadenas, ocupándolo por completo, unidas en el centro con la esmeralda alegórica, muy marcadas, en la forma que —88— aproximadamente le presenta el de la Comisión de monumentos que aparece en la dedicatoria de este cuaderno. Y lo mismo, en menor tamaño, está cincelado en el que sostiene un ángel en uno de los capiteles de la misma portada, el segundo de la derecha a partir y entrando por ella. La ciudad de Estella tiene también en su escudo las cadenas, que en la actualidad forman la orla que rodea la estrella simbólica, como en el de Pamplona al león, en éste sobre campo azul, en aquél sobre rojo. Pero en algunos ejemplares tallados en piedra que se conservan desde hace varios siglos, como el existente en la bóveda de la iglesia del Santo Hospital y el del frontis de la casa de Misericordia, ambos de la ciudad, aparecen los emblemas referidos distribuídos en forma muy otra, cual es, la mitad inferior del escudo constituído por medio escudo de Navarra, con las cadenas desde la linea horizontal de éstas inclusive hasta abajo, y en la superior sola la estrella. Ignórase de dónde procede el uso de las cadenas en el escudo municipal de Estella, aunque es lo más probable que al igual que en otros pueblos y casas nobles tenga por causa la participación eficaz que esta ciudad tomó, sin duda alguna, en la famosa empresa en que se ganaron, cual lo verificó en otras muchas del reino, siquiera no fuesen tan memorables; porque de antiguo parece figuran en él, y de ningún otro dato puede conjeturarse con mayor fundamento que de ese, ciertamente. Nada hemos de decir, por fin, acerca de las repetidas estancias que ese monarca hizo en el palacio-castillo de esta ciudad, á cuyas obras debió contribuir no poco, pues de esas dan testimonio fehaciente los diversos documentos qne expidió y dató en Estella, cuales son las cartas de fuero á la villa de Urroz, á los vecinos y habitantes de Múzquiz, Zutindain, Altazu y Orindáin, Mendigorría, Artajona y otros. Todo ello, como se ve, demuestra claramente las relaciones y afecto mútuo que unieron á tan insigne monarca con tan preciara ciudad, que obligan á ésta, al par que le dan perfecto derecho, á que en las solemnes fiestas conmemorativas de hechos tan portentosos y significativos como los que se trata de celebrar y en los que tal participación tuvo con ese su rey, tome la parte y ocupe el puesto que realmente le corresponde. PEDRO Estella 30 de Abril 1912. EMILIANO ZORRILLA