Apariciones y desapariciones mediáticas

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Marca de Radio – 11.02.12
Apariciones y desapariciones mediáticas
Eduardo Aliverti
La capacidad de permanencia mediática se cuenta entre las formas que suelen ser
efectivas para medir los alcances de una noticia.
No es una fórmula infalible, desde ya. Hay temas de enorme importancia que
desaparecen de primera plana de un día y hasta momento para otro. En tanto
hablemos de soporte, una causa es la velocidad pasmosa que adquirió la circulación
informativa. Porque si hablamos de contenidos, lo haremos en torno de que a mayor
acumulación indiscriminada es menor el volumen de comprensión. Nada nuevo bajo el
sol. Lo habitual es que cuanto más se junta menos se entiende, y en política eso no
tiene nada de cándido. Pero sigamos con que una noticia esfumada no significa,
indefectiblemente, que su temática-marco, e incluso la propia información, carezcan de
relevancia. Están bien cerca los casos de las nenas de 11 años abusadas y embarazadas
en Entre Ríos y La Rioja. El primero, sobre todo, tuvo repercusión considerable por la
forma en que las autoridades provinciales y nacionales se lavaron las manos. Nunca
más se supo del sino judicial y familiar de esas tragedias, como de tantas otras del
mismo tipo y como corresponde a la red de complicidades que las apañan (médicos,
magistrados, abogados, asociaciones profesionales). Sin embargo, ¿a quién se le
ocurriría afirmar que fueron noticias de poca monta, o que lo es la problemática del
aborto? Famatina también se evaporó de los medios. Podría argüirse que se debió a la
postergación del proyecto, gracias al rechazo movilizador de los lugareños. Vale, pero
eso no conlleva que se desvanezca el debate por la minería a cielo abierto. Aparece
Tinogasta, encima con perfil represivo, repugnante, y se percibe un efecto dominó. De
hecho, y por fin, Cristina acaba de admitir que el gobierno nacional tiene que
involucrarse en la discusión, al margen del personaje y las circunstancias de
escenografía que impulsaron el reconocimiento. La palabra presidencial quedó. Hay que
discutir el modelo argentino de minería.
Veamos ahora ejemplos de sentido inverso porque, en lo que va del año, se
apiñaron quizás no muchos pero sí indicativos de lo que desaparece, o tiende a
evaporarse, sencillamente porque el sustrato no da. Yendo de menor a mayor, la tarjeta
SUBE tiene lo suyo en valor didáctico. Los horrores de comunicación que produjo el
oficialismo no deben ignorarse, más aun cuando en ese aspecto parece haber empeño
en hacer todo mal. ¿Cómo es posible que persistan en no informar el monto de la suba
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del boleto? ¿Cómo no previeron lo que eso generaría? Es incomprensible, pero de ahí a
transformar en eje a la multitud precipitada para comprar tarjetas media un abismo.
Son los subsidios, estúpido. Si los recortes afectarán verdaderamente a quienes más
tienen. Si habrá eficiencia y eficacia en la aplicación de ese objetivo. Al momento de
instrumentarse la Asignación Universal por Hijo sucedió algo análogo pero, claro, más
patético: se satisfacía una demanda de años, sustancial, aprobada por todo el arco
político, y los medios tuvieron la ocurrencia de centrarse en las largas colas formadas
para acceder al beneficio. Coberturas noticiosas sin más destino que durar lo que un
gas en una canasta.
Los choques entre la Casa Rosada y Hugo Moyano fue otro de los hits veraniegos.
No hay afán de minimizar, porque es una tensión tras la cual se esconden los grados de
representatividad en los paisajes político, sindical, social. Pero la carga de dramatismo
con que fue volcándose la información sugería algo así como las vísperas de la pelea
del siglo, a pesar de que el muy recortado poder de fuego del jefe de la CGT mostraba
todo lo contrario. Hace semana y pico, Moyano convocó a sus pares en principio más
fieles para una demostración de fibra; o bien lo que la prensa opositora presentó de esa
manera. Terminó siendo el asado en el que sobraron la carne y las achuras, y fue allí
donde varios dirigentes cegetistas remarcaron que no todos comparten la postura del
camionero. De la noche a la mañana, literalmente, los mismos medios y periodistas que
anunciaban el enfrentamiento entre Alien y Depredador anoticiaron que Moyano había
comprobado la soledad que lo rodea. Así, como si nada. Igual que el deja vu de los días
siguientes, cuando Moyano fue a una de las bocas de lobo televisivas para aclarar que
el diálogo con el Gobierno no está roto sino, tan sólo, “en compás de espera”. Otro
papelón mediático, al menos para quienes rechazan que la vertiginosidad los arrastre.
Es alta la probabilidad de nuevas circunstancias que rebroten los cruces verbales pero,
por lo pronto, volvió a revelarse la insustancia de cierta agitación periodística que
mezcla coyuntura y estructura con una facilidad asombrosa. O puede que no haya de
qué sorprenderse, si se juzga como natural que estas digresiones sucedan cuando la
oposición es encabezada por corporaciones de prensa y no por partidos políticos o
fuerzas sociales.
Malvinas también tiene su condición emblemática. Lo episódico registra al acto del
martes pasado como novedad más reciente. Nadie, con sensatez, puede manifestar
contrariedad por lo decidido. Pero el anuncio de la apertura oficial y total del Informe
Rattenbach ya se había hecho. Y recurrir con una denuncia de militarización a las
Naciones Unidas, organismo al que el propio Gobierno relativiza (y lo bien que hace, si
es por esperar alguna efectividad), francamente no es una medida conmovedora.
¿Debió haberse decidido algo más terminante? No, en opinión del suscripto, mientras se
trate de exhibir una posición firme pero pacífica, asentando la voluntad de diálogo que
Londres rechaza con carácter sistemático. La lógica no insinúa que haya contradicción
en ese punto, sino en haber generado expectativas desmedidas que no fueron
responsabilidad de los medios. ¿Cómo se arribó a esa instancia, que dio pasto a la
derecha mediática -no únicamente, de acuerdo con lo escuchado en voz muy baja- para
hablar de “sobreactuación”? Podrá haber explicaciones varias, pero la central continúa
siendo el tejido complejo que es Malvinas y toda su implicancia en la relación con Gran
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Bretaña. Enmarañado y asimismo binario, en cuanto a las opciones en juego. Por una
parte hay la indignación que despiertan las acciones inglesas, el sentimiento nacional,
las sensibilidades que comprensiblemente no deben herirse, el factor geoestratégico
que se mira con la ñata contra el vidrio. Por otra, un status colonial consolidado tras la
guerra perdida y lo imposible de revertirlo como no sea con políticas de Estado a largo
plazo, en las que cabe incluir lo ya avanzado en la región a través de Unasur, Celac,
arreglos bilaterales. Y la insistencia ante la ONU, nadie dice que no. Cualquier variante
por encima de eso sería apostar al incremento de la escalada diplomática; lo cual, más
que por las consecuencias imprevisibles, obliga a interrogarse por su razonabilidad. ¿A
dónde conduciría en aras de qué prioridad, para un país en vías de desarrollo que
conserva tanta deuda social y productiva? Lo elemental de la pregunta no le quita
validez. La refuerza. Ocurre que interviene la bronca, la impotencia, y se cae en
maximalismos de efecto corto.
Si se trata, entonces, de mirar más largo, mejor enfocar para otros lados. La
mayoría de los sucesos del estío no van hacia allí. Son excepción el esperable debate
generalizado en torno de la minería y la muñeca que se tendrá o no para controlar
importaciones. De lo segundo se desprenden manejo fiscal, fondos para obra pública,
protección del empleo. Están la puja salarial en las rondas paritarias, las consecuencias
locales de la crisis europea, el cómo se sigue conduciendo con esos frentes un modelo
que privilegia el mercado interno, el avance o estancamiento en la distribución de la
riqueza. Y sobre todas las cosas, si se asienta o retrocede la confianza popular en quien
conduce la suma de esos procesos. El resto de lo que se ve es para alguna gilada que
nunca falta.
MARCA DE RADIO, sábado 11 de febrero de 2011.
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