extravagancias de un dios que decidió amarnos sin pedirnos permiso

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EXTRAVAGANCIAS DE UN DIOS QUE DECIDIÓ
AMARNOS SIN PEDIRNOS PERMISO
En Navidad celebramos el acontecimiento más grande de la Historia. Dios se ha hecho hombre. Pero, ¿por qué es importante que Dios se haya hecho hombre?. 1. Si Dios se ha hecho hombre quiere decir que Dios es Alguien cercano, está a tu lado, se puede hablar con él. No tiene nada que ver con un Dios grande, en lo alto, que juzga y que es todopoderoso. A lo mejor, hasta ahora, te has confundido de Dios. 2. Si Dios se ha hecho hombre, ser hombre debe de valer mucho la pena. Toda vida humana, aunque esté limitada, discapacitada o desahuciada tiene futuro. 3. Si Dios se ha hecho hombre, quiere decir que tú jamás puedes ser un error, aunque, a veces, así te hayas sentido. 4. Si Dios se ha hecho hombre, nada de lo humano le es ajeno. Se ha hecho solidario con todos y con todas las situaciones humanas, hasta las más bajas. Vivió los miedos igual que nosotros, y la incertidumbre, y el desamparo, y la frustración. De tal manera que no le puedes reprochar que, cuando sientes miedo, o desamparo o incertidumbre, no sepa de qué estás hablando. 5. Si Dios se ha hecho hombre sin dejar de ser Dios, quiere decir que todo lo humano es capaz de hacerse como Dios. Tú puedes llegar a ser Dios. A ser cómo él es. Pero estás seguro de saber cómo es Él. 6. Si Dios se ha hecho hombre quiere decir que podemos llegar más allá de lo que permiten nuestras fuerzas. Justo en la impotencia humana es cuando Dios le gusta hacer de las suyas. 7. Si Dios se ha hecho hombre, tiene que haberlo hecho por alguna razón. ¿Cuál es esa razón? No puede haber otra que el amor. Pero un amor sin medida, un amor incondicional. Dios me ama y de una manera que me ruboriza el pensarlo. Dios se ha hecho hombre por mi, porque me ama, ¿por qué otra razón, si no? 8. Lo más importante: si Dios se ha hecho hombre por mi, ¿quién soy yo para que todo un Dios se rebaje hasta hacerse como yo? ¿Quién es este Dios que renuncia a sí mismo por encontrarse conmigo? ¿Valgo yo tanto la pena? 9. Si Dios se ha hecho hombre, quiere decir que se ha abajado, se ha humillado, hasta hacerse hombre. Y siendo hombre, no eligió ser uno importante. Es más, sufrió la muerte y el desprecio de los malditos hasta morir en una cruz. Luego, la manera de amar que tiene es la del movimiento descendiente (“kénosis”), él es el amor que se rebaja, que va hasta lo más miserable. Por eso su amor se llama misericordia. Y por eso, los preferidos de Dios son los últimos, los desgraciados, las víctimas. 10. Si la vida humana ha merecido que todo un Dios se haga hombre, será que tiene más valor del que yo sospecho. Y otra cosa más: incluso lo más perverso del hombre ha sido amado por Dios. 11. ¿No crees que un Dios así, merece la pena ser creído? 1. Piensa en ti, por un momento. Intenta repetir alguna de las frases que más te han llamado la atención. Intenta sentir lo que cada una de estas frases significan. Déjate desbordar por el amor de un Dios que se hace hombre por ti. 2. Piensa ahora, en alguno de los abuelos de la resi, o alguno de los transeúntes del albergue, o algún discapacitado. Ellos son los principales beneficiarios de que Dios se haya hecho hombre. Porque, al hacerlo, nos está diciendo que ellos, los más débiles, son los preferidos de Dios. Los que el mundo aparta porque ya no son útiles o porque molestan, Dios los acoge como los verdaderos herederos. 3. Si Dios es así, tú también puedes serlo. La Navidad debería servirnos para ver las cosas al revés, precisamente como las ve Dios. ¿Te atreverías a mirar la vida desde los últimos? Oración todos juntos
Señor, si no estás aquí,
¿dónde te buscaré estando ausente?
Si estás por doquier, ¿cómo no descubro tu presencia?
Cierto es que habitas en una claridad inaccesible.
Pero, ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?
¿Quién me conducirá hasta allí para verte en ella?
Y luego, ¿con qué señales, bajo qué rasgos te buscaré?
Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro…
Enséñame a buscarte y muéstrame a quien te busca,
porque no puedo ir en tu busca a menos que Tú me enseñes,
y no puedo encontrarte si Tú no te manifiestas.
Deseando, te buscaré; te desearé buscando;
amando te hallaré; y encontrándote, te amaré.
(San Ambrosio)
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