EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA EN EL CIC

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Cuaresm a 2015
EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA EN EL CIC
EL AYUNO COMO LEY EVANGÉLICA
1968 La Ley evangélica lleva a plenitud los mandamientos de la Ley. El Sermón
del monte, lejos de abolir o devaluar las prescripciones morales de la Ley
antigua, extrae de ella sus virtualidades ocultas y hace surgir de ella nuevas
exigencias: revela toda su verdad divina y humana. No añade preceptos
exteriores nuevos, pero llega a reformar la raíz de los actos, el corazón, donde
el hombre elige entre lo puro y lo impuro (cf Mt 15, 18-19), donde se forman la
fe, la esperanza y la caridad, y con ellas las otras virtudes. El Evangelio conduce
así la Ley a su plenitud mediante la imitación de la perfección del Padre celestial
(cf Mt 5, 48), mediante el perdón de los enemigos y la oración por los
perseguidores, según el modelo de la generosidad divina (cf Mt 5, 44).
1969 La Ley nueva practica los actos de la religión: la limosna, la oración y el
ayuno, ordenándolos al “Padre [...] que ve en lo secreto”, por oposición al
deseo “de ser visto por los hombres” (cf Mt 6, 1-6; 16-18). Su oración es el
Padre Nuestro (Mt 6, 9-13).
EL AYUNO COMO FORMA DE PENITENCIA
V. Diversas formas de penitencia en la vida cristiana
1434 La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas.
La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la
oración, la limosna (cf. Tb 12,8;Mt 6,1-18), que expresan la conversión con
relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la
purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como
medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para
reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la
salvación del prójimo (cf St 5,20), la intercesión de los santos y la práctica de la
caridad "que cubre multitud de pecados" (1 P 4,8).
1435 La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de
reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y
del derecho (cf Am 5,24; Is1,17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante
los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de
conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer
la persecución a causa de la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es
el camino más seguro de la penitencia (cf Lc 9,23).
1436 Eucaristía y Penitencia. La conversión y la penitencia diarias encuentran
su fuente y su alimento en la Eucaristía, pues en ella se hace presente el
sacrificio de Cristo que nos reconcilió con Dios; por ella son alimentados y
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fortificados los que viven de la vida de Cristo; "es el antídoto que nos libera de
nuestras faltas cotidianas y nos preserva de pecados mortales" (Concilio de
Trento: DS 1638).
1437 La lectura de la sagrada Escritura, la oración de la Liturgia de las Horas y
del Padre Nuestro, todo acto sincero de culto o de piedad reaviva en nosotros
el espíritu de conversión y de penitencia y contribuye al perdón de nuestros
pecados.
1438 Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo
de Cuaresma, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos
fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia (cf SC 109-110; CIC can. 12491253; CCEO 880-883). Estos tiempos son particularmente apropiados para los
ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo
de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la
comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras).
2041 Los mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral
referida a la vida litúrgica y que se alimenta de ella. El carácter obligatorio de
estas leyes positivas promulgadas por la autoridad eclesiástica tiene por fin
garantizar a los fieles el mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el
esfuerzo moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo.
2042 El primer mandamiento («oír misa entera los domingos y demás fiestas
de precepto y no realizar trabajos serviles») exige a los fieles que santifiquen el
día en el cual se conmemora la Resurrección del Señor y las fiestas litúrgicas
principales en honor de los misterios del Señor, de la Santísima Virgen María y
de los santos, en primer lugar participando en la celebración eucarística en la
que se congrega la comunidad cristiana y descansando de aquellos trabajos y
ocupaciones que puedan impedir esa santificación de esos días (cf CIC can
1246-1248; CCEO can. 881, 1.2.4).
El segundo mandamiento («confesar los pecados mortales al menos una vez al
año») asegura la preparación a la Eucaristía mediante la recepción del
sacramento de la Reconciliación, que continúa la obra de conversión y de
perdón del Bautismo (cf CIC can. 989; CCEO can. 719).
El tercer mandamiento («recibir el sacramento de la Eucaristía al menos por
Pascua») garantiza un mínimo en la recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor
en conexión con el tiempo de Pascua, origen y centro de la liturgia cristiana (cf
CIC can. 920; CCEO can. 708-881, 3).
2043 El cuarto mandamiento («abstenerse de comer carne y ayunar en los
días establecidos por la Iglesia») asegura los tiempos de ascesis y de penitencia
que nos preparan para las fiestas litúrgicas y para adquirir el dominio sobre
nuestros instintos, y la libertad del corazón (cf CIC can. 1249-1251; CCEO can.
882).
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