Lecciones de responsabilidad - Hemeroteca Digital

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Àmbit geogràfic: Espanya Periodicitat: Diari 17/02/2005
Secció: Vivir
Pàg: 06
Lecciones de responsabilidad
LLÀTZER MOIX
La nuestra, dicen, es una cultura lastrada por el complejo de culpa. Quizás eso sea cierto en el ámbito
personal. Pero, desde luego, no lo parece en el social. Los políticos de la democracia han heredado y
vigorizado la vieja costumbre franquista de atribuir invariablemente a sus enemigos y rivales los males
colectivos: he aquí uno de sus más lamentables logros. Conceptos como la conciencia, la
responsabilidad, la autoexigencia y, en último extremo, la justicia, parecen ideados en exclusiva para el
prójimo. En este país, el verbo equivocarse no figura en el diccionario de la RAE -salvo en su
infrecuente forma transitiva: equivocar-; y, aunque se conjuga a menudo en segunda y tercera persona,
raramente se utiliza en primera.
Pues bien, ahora que ya creíamos que todo, siempre, en cualquier circunstancia, es culpa de los
demás, aparecen el director teatral Carles Alfaro y el actor Francesc Orella para decirnos lo contrario.
Una y otra vez. Hace dos o tres años lo hicieron escenificando en el Teatre Nacional de Catalunya
(TNC) La caiguda,novela publicada por Albert Camus en 1957. Se trataba de una larga reflexión,
monologada en la voz de su protagonista, Jean-Baptiste Clamence, quien entre otras cosas afirmaba:
"La idea más natural en el hombre (...) es la de la propia inocencia (...) Todos nos reclamamos
inocentes, a cualquier precio, aunque para ello haya que acusar a la humanidad y al cielo".
Aquel montaje -una coproducción del desaparecido Moma Teatre de Valencia y el TNC- fue un éxito
notable, disfrutó de temporada y reposición en sus dos ciudades de origen, gustó en el Teatro de la
Abadía de Madrid y giró por España. Tanta fue la satisfacción por los objetivos alcanzados que el
tándem Alfaro-Orella se quedó con ganas de nuevas aventuras comunes. Pues bien, la nueva aventura
se llama Ròmul el gran,es una divertida, grave y sugerente tragicomedia escrita por el suizo Friedrich
Dürrenmatt en 1948, y puede verse hasta el 27 de marzo en la Sala Petita del TNC, tal y como ya se ha
informado en este diario.
Si La caiguda era el fruto de un trabajo mano a mano entre Alfaro y Orella, aquí el elenco es mucho más
amplio, y arropan sobre escena al actor, que da vida al último emperador romano, una docena larga de
colegas. Pero el tema de Ròmul el gran,salvando las distancias, es el mismo. Lo que en La caiguda era
autoanálisis e inclemente, higiénica, autocrítica, en Ròmul el gran es una enmienda a la totalidad al
agónico imperio romano, lúcidamente formulada por el emperador, el único ciudadano, al parecer,
capacitado para percibir hasta qué punto ha pervertido Roma su esencia, su modelo de organización,
motivo por el que se dispone a liquidarla, para escándalo de familiares, soldados, funcionarios y
camarlengos.
"Camus y Dürrenmatt -dice Alfaro- son dos desnudadores profesionales, dos autores que nos sacan de
nuestros subterfugios y nos enfrentan a la realidad, a la necesidad de asumir la cuota de
responsabilidad que todos tenemos en tanto que ciudadanos y, en definitiva, a reconocernos como
culpables o inocentes". "Coincido con Carles -dice Orella- en el gusto por un teatro que, además de una
buena estructura formal, nos brinde una posibilidad de compromiso, de crítica, de reflexión... A mí, como
a él, me parece que el teatro tiene que ser una invitación a la toma de conciencia y al análisis de
nuestra responsabilidad en el mundo".
Orella parece decirlo, si cabe, con un plus de entusiasmo. Y es normal: los actores suelen tener menos
autonomía que los directores para elegir obras o temas de su preferencia. De hecho, Carles Alfaro
insiste desde hace años en un teatro que tenga por objeto enfrentarnos a la idea de responsabilidad
cívica. Su espléndido espectáculo Nascuts culpables,que se vio en el Lliure de Gràcia en el 2000, era
 LA VANGUARDIA
Diputació de Barcelona. Institut del Teatre. Centre de Documentació i Museu de les Arts Escèniques
Àmbit geogràfic: Espanya Periodicitat: Diari 17/02/2005
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una afiladísimae impactante inmersión en la conciencia de un grupo de descendientes de jerifaltes del
Tercer Reich. Pero Orella, como actor que es, no siempre puede escoger. Justo antes de La caiguda, y
pese a haber trabajado en proyectos dispares con directores tan punteros como Adolfo Marsillach,
Mario Gas, Lluís Pasqual, Josep Maria Flotats o José Luis Gómez, Orella era para el grueso de la
audiencia española el prototipo de policía facha y no precisamente predispuesto a dudar de sus
métodos: durante tres temporadas, Orella encarnó al subinspector Telmo Chacón en la teleserie El
comisario,dando vida de modo convincente a un personaje totalmente alejado de sus inquietudes
cívicas.
Por fortuna, apareció en escena Domènec Reixach, director artístico del TNC, y le propuso a Alfaro que
eligiera a Orella como protagonista de La caiguda,cuando ambos empezaban a perfilarla. En un
característico rasgo de discreción, Reixach dice "que no tiene el menor mérito haber descubierto que
Orella es un excelente actor". Pero su intervención fue providencial, porque el grado de compenetración
entre director y actor, que hasta entonces no se conocían, se reveló enseguida muy fructífero. Lo saben
bien quienes vieron La caiguda.Y lo confirman quienes asisten estos días a una función de Ròmul el
gran."Alfaro ha desplegado todos los matices actorales que atesora Orella, toda su calidad como animal
escénico", dice Reixach. "Francesc es un actor de raza, no se conforma con obedecer al director: su
aportación va mucho más allá", remacha Alfaro.
Se trataría, pues, de dos figuras que se complementan, a mayor gloria del teatro y satisfacción del
espectador. Lástima que por ahora carezcan de otros proyectos comunes: no abundan quienes, como
ellos, nos recuerdan que sólo aquel que se lo ha cuestionado y exigido todo a sí mismo está en
condiciones de cuestionar y exigir a los demás.
El actor Francesc Orella en una escena de ´Ròmul
el gran´, que actualmente se ve en el TNC
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