Aquella mañana era un hermoso día de sol. Y allí, a

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TRABAJO PRACTICO DE VELOCIDAD LECTORA.
Ejercicio N°1 “La Pirámide”
Actividad:
- Se debe leer el texto en forma silenciosa.
- Posteriormente se debe leer en voz alta, con otra persona en forma alternada
cada una de las líneas de las pirámides.
- Después el niño debe leer las pirámides sólo siguiendo las instrucciones
anteriores
Aquella
mañana era
un hermoso día
de sol. Y allí,
al frente de la puerta
de su casa se encontraba. El
señor tortuga, mirando como pasaba la gente.
De pronto pensó que mientras su mujer vestía
a los niños, él podía echar un vistazo a
sus siembras de acelgas que tenía en el campo. En
el trayecto hacia su sembrado se encontró con el señor liebre,
quién
muy orgulloso
miraba su siembra
de repollos. El señor
tortuga lo saluda muy amablemente:
¡Buenos días señor liebre! Este con
su acostumbrada arrogancia, en vez de devolverle
el saludo, exclamó muy burlón: ¡Ujuy! ¿Cómo es
que anda tan temprano por el campo. Señor tortuga
Ando de paseo – señor liebre La liebre mirando burlonamente y
moviendo sus orejas le dijo: Creo que podría usar mucho mejor
sus
patas. La
tortuga a pesar
de que tenía mucha
tolerancia y paciencia al escuchar
esta, se indignó. No podía soportar
que hablaran mal de sus patas, ya
que sabía que las tenía cortas y chuecas.
Y respondió prontamente: ¿ Acaso crees, que sus patas son
mejores que las mías. Señor liebre? La liebre respondió: ¡ Sí,
mucho mejores! Entonces la tortuga propuso: ¡Le apuesto lo que
quiera
que le
gano una carrera!
- ¡No me haga reír!
- Respondió la liebre. Usted con
- sus patas chuecas. Entonces la liebre
- exclamó: Muy bien... pero ¿qué apostamos? Mi
- siembra de acelga – dijo muy seria la tortuga -.
- ¿Está de acuerdo? ¿Ujuy! ¡De acuerdo! ¿Y cuando corremos? .
- En dos horas más. Voy a mi casa me cambio
- de ropa y regreso. Mientras caminaba hacia su casa la tortuga
- pensaba:
La liebre
confía mucho en
sus largas patas, pero
no sabe cuán astuta soy.
¡Hoy le daré su merecido por
ser tan arrogante! Apenas llegó a su
casa, le contó todo a su mujer. He
ideo un plan ¡Ahora! - Le dijo – ponte rápido uno
de mis trajes y me acompañaras al campo. Mientras caminaban
al lugar de la carrera él le explicó su plan. Le dijo:
La
Carrera será
por ese largo
sembrado que ves allá.
La liebre correrá por un
surco y yo correré por el
otro surco. Empezaremos por arriba y terminaremos
cerca de aquel árbol. Lo único que debes
hacer es quedarte aquí abajo, en mi surco. Y
cuando la liebre se acerque. Sales antes de que
llegue a la meta y Gritas muy fuerte ¡Llegue primero! Entendió.
Sí
entendí. Entonces
el matrimonio se
separó. Y el señor
tortuga se fue donde lo
esperaba el señor liebre. Se pusieron
los dos en la Partida y en
el surco que le correspondía a cada uno.
La tortuga preguntó ¿está listo para comenzar? Sí respondió
la liebre. Entonces la liebre contó: uno, dos y tres.
Y salió corriendo como un rayo surco abajo. La tortuga dio
unos
cuantos pasos
y se ocultó.
Mientras la liebre corría
velozmente y cuando este iba
llegando cerca de la meta casi
se desmayó al escuchar el grito de
la tortuga “Llegué primero” La liebre estaba asombrada,
pero le entraron dudas y se dijo “Aquí hay
gato encerrado” Entonces gritó: - Repitamos la carrera. Otra
vuelta.
Uno, dos y tres y corrió como un bólido surco arriba.
Estaba
por llegar
a la partida,
cuando escuchó decir otra
vez a la tortuga: “Llegue
Primero” Ahora la liebre estaba muy
indignada. Volvió a gritar. ¡Otra vuelta! La
tortuga respondió: las que usted quiera. Uno, dos
y tres y nuevamente partieron hacia la meta y
otra vez cuando la liebre estaba por llegar. Salta la
tortuga y grita “Llegué Primero”. La liebre no aceptaba su
derrota.
Corría,
corría y
corría, pero siempre
la tortuga ganaba. Después
de veintisiete vueltas. La
liebre cayó al suelo desmayada por
el cansancio. La astuta tortuga y su
mujer habían vencido la arrogancia de la liebre.
Esta por su prepotencia no fue capaz de darse
cuenta que la inteligencia siempre triunfa por sobre la fuerza
física.
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