El Espíritu dador de Vida - Esclavas del Divino Corazón

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El Espíritu dador de Vida
Pentecostés es la fiesta "del Espíritu": del Espíritu de Jesús, del Espíritu en la Iglesia, del
Espíritu de todo bautizado. Por eso cierra el Ciclo Pascual de los 50 días.
La Iglesia en sus comienzos estrena la fiesta del Espíritu Santo. Está presente en la
comunidad primitiva: Los discípulos, las mujeres y, entre ellas, María la Madre de Jesús. Todos
quedan llenos de Espíritu Santo. Y la Iglesia comienza el anuncio, su misión ante la humanidad.
Jesús regala el Espíritu, “exhaló su aliento sobre ellos”, repite el gesto primordial del
Creador que alienta sobre el barro del primer ser humano y le da vida. Así ahora, el Espíritu
brota de la boca de Jesús para dar vida nueva a nuevas criaturas, a una nueva creación.
Donde está el Espíritu no hay distinciones, ni clases de personas, ni élites; a todos llena.
El Espíritu a todos comunica su fuerza, su ánimo; en torno a él surge la nueva condición humana
del amor. La plenitud del Espíritu nos va haciendo tomar conciencia de que somos una nueva
creación, de que somos consagrados en la verdad y en la libertad.
CAMINAR EN EL ESPÍRITU
Espíritu santo, eres viento: llévame donde quieras;
eres brisa: déjame respirar lo nuevo;
eres fuerza: levántame del suelo;
eres vida: dame pasión por la vida;
eres alimento: nútreme de tu savia;
eres luz: ilumíname con tus rayos;
eres calor: calienta mi existencia;
eres libertad: hazme libre;
eres fecundidad: cúbreme con tu sombra;
eres agua vida: dame de beber;
eres respuesta: dame fuerza para decir sí
Luz de Dios, disipa la tiniebla de mis dudas y guíame
Fuego de Dios, derrite el hielo de mi indiferencia y abrásame
Torrente de Dios, fecunda los desiertos de mi vida y renuévame.
Fuerza de Dios, rompe las cadenas de mis esclavitudes y libérame
Alegría de Dios, aleja los fantasmas de mis miedos y confórtame.
Aliento de Dios, despliega las alas de mi espíritu y lánzame
Vida de Dios, destruye las sombras de mi muerte y resucítame.
Ven, espíritu Paráclito, Espíritu creador y santificador,
Espíritu renovador y consolador, Espíritu sanador y pacificador.
Ven concede hoy a tu Iglesia, reunida en el Cenáculo
con María, la experiencia de Pentecostés.
Ángel Sanz Arribas
Los siete Dones del Espíritu
Primera carta a los Corintios, capítulo 12
A cada cual se le concede la manifestación del Espíritu para el bien
de todos. Porque a uno el Espíritu le capacita para hablar con
sabiduría, mientras a otro el mismo Espíritu le otorga una profundo
conocimiento. Este mismo Espíritu concede a uno la fe, a otro el
carisma de curar enfermedades, a otro el poder de realizar milagros, a
otro el hablar en nombre de Dios, a toro el distinguir entre espíritus
falsos y verdaderos, a otro el hablar un lenguaje misterioso y a otro,
en fin, el don de interpretar ese lenguaje. Todo esto lo hace el mismo
y único Espíritu que reparte a cada uno sus dones como él quiere.
SECUENCIA AL ESPÍRITU SANTO:
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
don, en tus dones espléndidos.
Fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo.
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas,
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
Si tu le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma al Espíritu indómito,
guía el que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
REPARTE TUS 7 DONES SEGÚN LA FE DE TUS SIERVOS
SEÑOR:
¡Por qué pedir tus "siete dones", si tu Espíritu es el único y
verdadero Don, y si de Ti nos viene todo y todo cuanto nos
viene es "don"?
Por que de algún modo tenemos que explicarnos cuando
queremos pedirte una serie de hábitos, de disposiciones, de
capacidades, de ayudas para tener siempre nuestras antenas
orientadas hacia Ti.
Por que deseamos, no sólo captar tu voluntad, sino disponer de estímulos concretos para
cumplirla en cada situación concreta.
Porque la acción de tu Espíritu en nosotros adopta distintas formas que ya Isaías (11, 1-3)
describía como: Espíritu de sabiduría, de inteligencia, de ciencia, de consejo, de fortaleza, de
piedad y de temor de Dios.
DANOS EL "DON DE INTELIGENCIA"
Oh Espíritu de Dios! Sabemos que estás presente en todo ser humano, en toda criatura. Te
sabemos el Omnipresente.
Pero te sabemos, al mismo tiempo, el "Dios escondido". Por eso y para eso te pedimos el "Don
de Inteligencia": Para que no nos falte el instinto de todo lo divino; para que te descubramos al
trasluz de cada acontecimiento; para que cada criatura se nos convierta en huella de tu paso
entre nosotros.
Mira, Señor, que cada vez parece que son más los estratos de nuestra cultura, las áreas de
nuestro saber que se vuelven opacos a tu Presencia. No permitas que se nos atrofie el sentido
de lo Tuyo.
Que Tu -¡Verdad de verdades!- seas la clave de todas las nuestras.
DANOS EL "DON DE CONSEJO"
¡Oh Espíritu de Jesús! No nos niegues tu "Don de Consejo" para distinguir entre valores y
valores. Distinguir entre lo absoluto y lo relativo; lo perenne y lo caduco: lo urgente y lo
aplazable; lo que importa en cada caso y lo que no.
Porque…¡qué difícil se nos hace a veces discernir entre importancias! Jerarquizar valores,
elegir prioridades. ¡Cuántas veces olvidamos que lo pobre y lo sencillo se convierten en
eslabón que nos lleva hasta lo absoluto y definitivo que eres Tú! ¡Y cuantas otras lo efímero
nos enreda entre sus telas sin dejarnos escapar!
Danos el "Don de Consejo" para poder decir siempre palabras de bien a nuestros hermanos;
para poder ser para ellos fieles correas de transmisión de tu voluntad.
Tu, ¡Espíritu Divino!, nos fuiste prometido por Jesús como el gran Abogado, el gran
Consejero, el gran Sugeridor. Y como el gran Recordador de cuanto nos habías dicho. No nos
niegues ni acalles esa tu voz que nos habla allá en lo hondo, y que es capaz de acallar todo el
griterío de la calle.
DANOS EL "DON DE SABIDURIA"
Dánoslo, ¡oh Espíritu divino! como se lo diste a tus grandes amigos: Pablo, Agustín, Benito,
Francisco, Domingo, Teresa, Juan de la Cruz y tantos otros como vivieron después o viven aún
entre nosotros.
Concédenos con este "Don de Sabiduría", la capacidad del “mirar contemplativo”; este es:
"Ayúdanos mirar con amor; a descubrirte en el silencio. Ayúdanos a mirar con amor, a ver las
cosas como Tú las ves".Llegar a ver las cosas como Tú las ves: ¡he ahí la cumbre de todo
auténtico saber!
Más aún: Que tu Sabiduría, Señor, nos haga sabroso el bien y gustosa la verdad, nos inocule la
alegría y la mentira. Y nos haga capaces de transmitir a cuantos nos rodean este mismo sabor,
este mismo gusto, esta misma alegría que pedimos para nosotros. Que podamos repetir con
verdad las palabras de esa oración en que tus fieles te pedimos tantas veces "degustar lo que es
recto", (¡recta supere!).
Que nada ni nadie nos desoriente en momentos culturales como los nuestros donde tan
desdibujado está todo, donde tan mezcladas andan la verdad y la mentira.
DANOS TU "DON DE CIENCIA"
Dánoslo, ¡oh Espíritu de Jesús!, para comenzar teniendo clara conciencia de las cosas que
ignoramos. Concédenos con este don la gracia de esa "conciencia del límite" que salva de toda
arrogancia y que con tanta nitidez distingue al verdadero sabio de quien, de forma petulante,
pretende saberlo todo.
Que tu "Don de Ciencia" nos abra los ojos para conocer y admirar el entramado de la vida y
sociedad en que nos movemos. Para descubrir los "cambiantes signos de los tiempos" a los que
alude el Concilio, y a los que debemos dar una respuesta si de verdad vamos en busca de una
“nueva evangelización”. Que gracias a este "don", sepamos mantener viva en nosotros la gozosa
esperanza de que todo camine hacia el verdadero "progreso.
No permitas,¡Espíritu de Cristo!, que se extinga en nosotros la capacidad de admiración y apoyo
hacia las conquistas logradas por nuestros hermanos, los hombres de la ciencia, la técnica, el arte
y los deportes, o de la más humilde de las actividades humanas.
Que secundemos el sentimiento paulino de apoyar todo lo grande, todo lo noble, todo lo bello y
todo lo bueno con vistas a que todo redunde en gloria tuya y todo colabore al bien de los que se
han de salvar.
DANOS EL "DON DE PIEDAD"
Necesitamos, también, tu “Don de Piedad”. Una piedad entendida por una parte como la que
tuvo Jesús con los niños, con los pobres, con los enfermos, con los marginados, con los
ignorantes como Pedro y Nicodemo y Zaqueo. Una piedad forjada a corazón abierto. Danos para
ello un corazón sin puertas. Un corazón amplio y dilatado como las arenas del mar.
Que gracias a este "don" consigamos, también, una perfecta adecuación entre lo que de Ti
sentimos en nuestro interior con nuestros comportamientos religiosos externos; para eso, para
que el adjetivo de "piadoso" no pase a significar algo así como beato y, mucho menos, hipócrita.
Consérvanos el sentido y gusto por la santidad; que no caigamos en la tentación de poner su
listón cada día más bajo, ni nos devore esa filosofía de la chapuza en lo relativo al amor. Que no
sólo cumplamos tus preceptos y los de tu Iglesia, sino que lo hagamos gustosos y con medida
colmada.
Alienta y aumenta en nosotros la esperanza de tus Promesas y el respeto de tus inescrutables
designios. Y que en nuestras vidas nunca falte una actitud adoradora dirigida exclusivamente a
Ti, ya que.. ¡sólo a tu Dios adorarás!
DANOS EL "DON DE FORTALEZA"
Provéenos de él, ¡Espíritu de Jesús! Lo necesitamos para que nuestra fe no vacile ante el ateísmo
de los descreídos, ante tanta caricatura de creyentes como vemos a diario, ante la persecución por
la justicia, ante la confesión de tu nombre, ante tu aparente silencio, ante el peso del vivir de
cotidiano, ante el sufrimiento de los inocentes, ante el nuestro propio...
Danos, Señor, una brizna de tu fortaleza para llevar a cabo la tarea que nos has asignado en este
mundo. Dánosla ahora; pero también más tarde: “Olvida los pecados de nuestra juventud”, y
"que en la vejez y en las canas, no nos abandones, Señor".
DANOS EL "DON DEL TEMOR DE DIOS"
Sí, sí: hemos dicho bien. Danos, ¡Espíritu Santo!, el "don de tu temor". De ese "temor que es
el principio de la sabiduría". Un temor sin miedos. Más aún: Un temor capaz de librarme de
todos los demás miedos.
Te pedimos, como Teresa de Jesús, “jamás perder el temor de perderte". Que el temor del
mal, jamás prevalezca dentro de nosotros sobre nuestro amor al bien, a la verdad. Danos
"temor y amor" como tantas y tantas veces te pedía tu hijo san Francisco de Borja.
Y por último te pedimos ¡el Don de dones! Ese verdadero y supremo "Don" que eres Tú,
¡Espíritu divino! Te necesitamos a Ti, porque todo lo demás ya nos dijiste que se nos daría por
añadidura...
ORACIÓN
Espíritu de Sabiduría, ayúdame a buscar a Dios. Que sea el centro de mi vida, orientada hacia Él
para que reine en mi alma el amor y armonía.
Espíritu de Entendimiento, ilumina mi mente, para que yo conozca y ame las verdades de fe y
las haga verdadera vida de mi vida.
Espíritu de Consejo, ilumíname y guíame en todos mis caminos, para que yo pueda siempre
conocer y hacer tu santa voluntad. Hazme prudente y audaz.
Espíritu de Fortaleza, vigoriza mi alma en tiempo de prueba y adversidad. Dame lealtad y
confianza.
Espíritu de Ciencia, ayúdame a distinguir entre el bien y el mal. Enséñame a proceder con
rectitud en la presencia de Dios. Dame clara visión y decisión firme.
Espíritu de Piedad, toma posesión de mi corazón; inclínalo a creer con sinceridad en Ti, a amarte
santamente, Dios mio, para que con toda mi alma pueda yo buscarte a ti, que eres mi Padre, el
mejor y más verdadero gozo.
Espíritu de Santo Temor, penetra lo más intimo de mi corazón para que yo pueda siempre
recordar tu presencia. Hazme huir del pecado y concédeme profundo respeto para con Dios y
ante los demás, creados a imagen de Dios
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