La prisionera

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¿Reino Unido? Desde el
Brexit da la impresión
de que las piezas que lo
forman ya no encajan.
DOMINGO 3 DE JULIO DE 2016
Alemania, en
la semifinal de
la Eurocopa:
derrota a Italia
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a última noche que pasé
en mi anterior departamento fue terrible. Me
afectaba tener que dejarlo
y, además, era irritante caminar
entre el desorden de cajas en
donde había empacado la mayor
parte de mis efectos personales. Faltaban los que tenía en
el ropero de copete: regalo de
mi prima Isabel. Subirlo a mi
departamento, en el cuarto piso,
resultó una auténtica odisea; sería otro tanto cuando lo bajaran
para entregárselo a su nuevo
dueño: don Gonzalo, el anticuario de Ferrocarril de Cintura, a
quien conocí por casualidad.
Andaba por su rumbo buscando un consultorio de medicina tradicional. Nadie supo
darme razón. El dependiente
en una miscelánea me sugirió
que le preguntara al dueño del
bazar, don Gonzalo. Lo encontré, muy abstraído, pintando un
retablo.
Lo saludé y me miró sin
esconder su fastidio. Aun así,
le pregunté por el consultorio.
III
CRISTINA PACHECO
“Hace tiempo lo quitaron”. Su
tono y la prontitud con que
volvió a su trabajo eran señales de que no iba a contestar
más preguntas. Era inútil seguir
allí pero algo me retenía en
el bazar: dos cuartos de techo
bajo y paredes muy gruesas. La
pintura azul, carcomida, dejaba
al descubierto tramos de adobe.
Pensé en voz alta: “Este edificio debe ser viejísimo.” “No
sé, pero de seguro algo más
que yo.”
La broma de don Gonzalo
me dio confianza y me puse a
ver la confusión de objetos y
muebles entre los que sobresalía
una vitrina cerrada llena de miniaturas. “¿Podría verlas?” “Si
usted no lo sabe, ¿cómo voy a
saberlo yo?” fue la respuesta.
II
Nunca pensé que aquel absurdo intercambio de palabras
sería el principio de una larga
y extraña relación a la que no
puedo llamar amistad. Menos
imaginé que al cabo de los años
don Gonzalo acabaría por comprarme el ropero de copete que
me regaló mi prima. Antes de
irse a vivir a León con su esposo
intentó vender el mueble. No
encontró interesados y decidió
heredármelo.
El ropero no combinaba
en absoluto con mi mobiliario, pero lo acepté gustosa, sin
pensar cómo iba a subirlo a
mi departamento, ni si tendría
suficiente espacio para sus dimensiones. Después de muchos desplazamientos y de oír
las bromas de los cargadores,
acabé por cederle buena parte
de mi recámara. Allí estuvo
cinco años y de allí salió un día
después de mi mudanza. (La
portera me hizo el favor de vigilar su traslado al camión que
contrató don Gonzalo.)
Cuando dejé mi departamento
ya no quedaban inquilinos en el
edificio. Fui la última en salir, y
eso porque el administrador me
dio como último plazo un mes
para entregarle las llaves. Presionada, me dediqué a buscar
otro. Vi muchos: todos diminutos y carísimos. Al fin encontré
éste.
La mañana que firmé el contrato me di cuenta de que en
mi nuevo domicilio no iban a
caber todos mis muebles. Algunos los regalé a un asilo; otros,
por las carreras, los malbaraté.
Llegó el momento en que sólo
me quedaban algunos trastos,
la cama y el ropero de copete.
Llamé a don Gonzalo. Fue a
verlo y decidió comprármelo
“en lo justo”. Estuvo de acuerdo
en mandar por él un día después que yo me hubiera ido,
de lo cual iba a informarle la
portera.
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Se movilizan partidarios del BREMAIN
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BAJO LA LUPA • ALFREDO JALIFE-RAHME
10
EL DESPERTAR • JOSÉ A. ORTIZ PINCHETTI
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C ARLOS Í MAZ G ISPERT
G UILLERMO A LMEYRA
E RIC N EPOMUCENO
R OLANDO C ORDERA C AMPOS
A NTONIO G ERSHENSON
E MIR S ADER
J OSÉ A NTONIO R OJAS N IETO
Á NGELES G ONZÁLEZ G AMIO
E LENA P ONIATOWSKA
B ÁRBARA J ACOBS
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9a
“¡Te amamos, UE!”, gritaban miles de manifestantes que participaron ayer en La Marcha por Europa, convocada para exigir que Reino Unido permanezca
en la Unión Europea, tras el referendo del 23 de junio en que se votó por que el país abandone el bloque comunitario. En la imagen, uno de los grupos que
apoyan el Bremain, acrónimo de Britain y remain, partidarios de que Reino Unido permanezca en la UE ■ Foto Ap
AGENCIAS
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