El Debilitamiento de la Iglesia Católica (HA)

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El Debilitamiento de la Iglesia Católica (HA)
Para la Edad Media Tardía, dos grandes problemas debilitaban a la Iglesia Católica Romana.
El primero era la profanidad y la corrupción dentro de la iglesia. El segundo problema era el
conflicto político entre el papa y los monarcas europeos.
Profanidad y Corrupción Dentro de la Iglesia Durante la Edad Media, la Iglesia Católica unió a los
cristianos de Europa occidental en una misma fe. Sin embargo, la Iglesia era una institución tanto
política y económica, como religiosa. Para el 1300, muchos católicos sentían que la Iglesia se había
vuelto demasiado profana y corrupta.
Con demasiada frecuencia, los funcionarios de la Iglesia no lograban cumplir con su papel de
líderes espirituales. Por ejemplo, los sacerdotes, los monjes y las monjas hacían votos, es decir,
promesas solemnes, de no casarse ni tener hijos. Sin embargo, muchos rompían esos votos. Otros
parecían ignorar los valores cristianos. Los líderes de la Iglesia con frecuencia se comportaban como
miembros de la realeza en lugar de comportarse como humildes servidores de Dios. Por ejemplo, los
papas y muchos cardenales y obispos eran extremadamente ricos y poderosos.
A la gente tampoco le gustaba la manera en la que los funcionarios de la Iglesia obtenían
dinero para mantener a la Iglesia. Uno de los métodos era la práctica de vender indulgencias.
Una indulgencia es la liberación del castigo por los pecados cometidos. Durante la Edad Media, la
Iglesia concedía indulgencias a cambio de regalos para la Iglesia y otras buenas obras. Las
personas que recibían indulgencias no tenían que hacer buenas obras para reparar el daño causado
por los pecados cometidos. Con el tiempo, los papas y los obispos comenzaron a vender
indulgencias como una manera de recaudar fondos. Esta práctica hizo que pareciera que las
personas podían comprar el perdón por sus pecados. Muchos católicos estaban profundamente
preocupados por el abuso de las indulgencias.
La Iglesia también vendía cargos o posiciones de liderazgo. Esta práctica se llama simonía
[simonía: la compra y venta de puestos en la Iglesia Católica] . En lugar de ser elegidos por sus
méritos y logros, los compradores simplemente pagaban por sus trabajos. La compra de un cargo
era provechosa ya que podía convertirse en una fuente de ingresos. Con frecuencia, las personas
adquirían múltiples cargos en diferentes lugares sin ir allí para cumplir con las obligaciones del cargo.
La gente también cuestionaba otras prácticas. Algunos miembros del clero les cobraban a los
peregrinos por ver objetos sagrados, tales como las reliquias de los santos [santos: alguien
reconocido oficialmente como divino por la Iglesia Católica] . Además, todos los católicos le
pagaban impuestos a la Iglesia. A muchas personas les molestaba tener que pagarle impuestos a
Roma además de pagarles a sus propios gobiernos.
Conflictos Políticos con Gobernantes Europeos En la Edad Media, el papa se convirtió en una
poderosa figura política, así como también en un jefe religioso. La Iglesia también acumuló grandes
riquezas. Su poder político y económico suponía un problema para los monarcas, debido a que la
Iglesia reclamaba que su clero fuera independiente del control de los gobernantes políticos.
Debido a que los monarcas intentaban aumentar su propio poder, a menudo entraban en
conflicto con el papa. Discutían con el papa por la propiedad de la Iglesia y el derecho a hacer
nombramientos de cargos eclesiásticos. Los papas también se empezaron a involucrar en otros
conflictos políticos. Estas disputas agravaron las críticas contra la autoridad del papa. A veces
los conflictos dañaban la reputación de la Iglesia.
Una crisis dramática ocurrió en Francia en el año 1301. Cuando el rey Felipe IV trató de cobrarle
impuestos al clero francés, el papa lo amenazó con expulsarlo de la Iglesia. En respuesta, los
soldados contratados por el rey secuestraron al papa. El papa fue puesto en libertad al poco tiempo,
pero murió unas semanas después.
La disputa con el rey finalizó bajo el mando del Papa Clemente V. En 1309, Clemente trasladó su
sede de Roma a la ciudad francesa de Aviñón. Nombró 24 cardenales nuevos durante su reinado, 22
de los cuales eran franceses. Los próximos seis papas también vivieron en Aviñón y nombraron más
cardenales franceses. Muchos europeos creían que los reyes de Francia ahora controlaban el
papado o el cargo del papa. Como resultado, perdieron el respeto por el papa como jefe supremo de
la Iglesia.
Una crisis todavía peor se produjo después de que el Papa Gregorio XI trasladó el papado de vuelta
a Roma en 1377. Un año después, Gregorio murió, y un italiano fue nombrado papa. El nuevo
papa se negó a volver a Aviñón. Un grupo de cardenales, la mayoría de ellos franceses,
abandonaron Roma y eligieron un papa rival. La Iglesia tenía ahora dos papas, uno en Roma y
otro en Aviñón. Más tarde, un consejo de la Iglesia eligió un tercer papa. Cada uno afirmaba ser
el auténtico jefe de la Iglesia.
Esta división en la Iglesia se llama el Gran Cisma. Durante casi 40 años, varias líneas de papas
se denunciaban mutuamente como impostores. Los católicos estaban divididos y confundidos. El
Gran Cisma disminuyó el respeto que la gente le tenía al papado y generó pedidos de reforma.
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