Disuputa institucional y modelo político en Venezuela.

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DISPUTA INSTITUCIONAL Y MODELO POLITICO EN VENEZUELA
Me he persuadido de que solo la comprensión profunda de la disputa histórica que se ha
registrado, a lo largo de los dos últimos siglos en Venezuela entre la institución militar y la
institución partidista, puede permitimos entender el modelo político vigente. Solo un estudio que
haga el inventario de las estrategias que ambas instituciones han desplegado en estos dos siglos
de pugnancia, puede arrojar luz sobre el modelo político que hoy caracteriza a la sociedad
venezolana. En este sentido, me propongo tal objetivo a los fines de confirmar lo que no solo
creo que sea una certeza histórica sino, inclusive, una posibilidad analítica para el estudio del
ámbito de lo político.
Cuando en 1873 Guzmán Blanco transfería los registros de la iglesia hacia las prefecturas.
Cuando le confiscaba el carácter oficial a los registros eclesiásticos. Ese día, la institución militar
en Venezuela consumaba su victoria histórica (en un proceso iniciado desde comienzo de 1800)
frente a la institución eclesiástica, que había hegemonizado desde los días de la conquista. Pero
ese día también se abría un nuevo proceso histórico caracterizado por la pugna entre la
institución militar triunfante y la institución partidista que se gestaba. Efectivamente, luego de
1492, cuando Colon y sus marineros llegan a estas tierras de América, no solo imponen su
presencia física sino, lo mas importante imponen progresivamente un tejido institucional que
reproducía la hegemonía de la institución eclesiástica. La iglesia, mediante la administración de
los sacramentos (sus mecanismos legítimos de poder) y particularmente de la administración de
la fe de bautismo, se garantizaba el control de la legitimidad de los sujetos. La fe de bautismo era
el mecanismo de poder administrativo que confería existencia social a los sujetos de entonces.
Sin la fe de bautismo, los sujetos sociales de la colonia carecían de existencia social y en
consecuencia estaban imposibilitados de realizar cualquier otra transacción social, política o
económica: No podían bautizarse, comulgar, casarse, ejercer cargo político o privado, comprar,
vender, heredar, etc.
Quienes no aparecieron en los registros eclesiásticos, es decir quienes no se registrasen en la fe
de bautismo, no podían recibir los sacramentos y por lo tanto, no tenían existencia legitima. No
obstante, como los roles sociales estaban determinados por el linaje, (los blancos peninsulares,
los blancos criollos, los mulatos, los indios, y los negros realizaban labores propias de sus razas),
no es difícil entonces entender como aquellos sujetos a quienes no se le administraran los
sacramentos, y sobre todo a quienes se le desconociera su procedencia étnica, no podían tener
ubicación en el tejido social de entonces. Es a partir de esta necesidad que la institución
eclesiástica desarrollo profusos mecanismos de control social, a fin de controlar el linaje de los
sujetos sociales, controlando los matrimonios.
El matrimonio era entonces el otro dispositivo de poder merced al cual se luego a controlar el
linaje en la sociedad colonial. Solo la vigilancia y el control de los matrimonios podía garantizar
el conocimiento de las líneas de sangre, y solo el conocimiento del linaje permitía la ubicación
social de los sujetos en la estructura social de la colonia. De modo que la estabilidad de aquel
tejido social colonial descansaba tanto en el control del matrimonio como en el control de la
confirmación, de la eucaristía, así como de los restantes dispositivos de control sacramentales
que hemos referido.
La iglesia, en este sentido, al desplegar sus funciones fue constituyendo un cierto orden, un cierto
tejido social, en el cual no solo se había hegemonía sino que se reproducía, haciéndose la
institución imprescindible en sus funciones, en su utilidad, en su valor y por tanto en su poder.
Los sacerdotes, al administrar los sacramentos, desplegaban desde la iglesia, los dispositivos de
control sacramentales, en cuyo entramado se constituía el tejido político de control que definía el
espacio publico de la parroquia.
Por eso, cuando en 1873 Guzmán Blanco transfería los registros oficiales desde las iglesias había
las prefecturas, ese día la institución eclesiástica cedía en sus dispositivos de control, con lo cual
se desmoronaba el orden colonial que se había levantado sobre ellos, la institución militar
comenzaba a desplegar sus dispositivos de poder y se iniciaba la modernidad venezolana.
Efectivamente, confiscados los registros oficiales a la iglesia y transferidos a las prefecturas, se
reforzaba a la institución militar, toda vez que las prefecturas, entidades sociales provenientes de
la institución militar romana, al desplegar sus dispositivos de control reproduciría la naturaleza
del orden del cual procedía. Cuando la fe de bautismo cedió el puesto a la partida de nacimiento,
cuando el sacerdote cedió el puesto al prefecto, cuando la iglesia cedió el puesto a la prefectura
y, finalmente, cuando la parroquia cedió el puesto al municipio, en ese proceso se estaba
constituyendo un nuevo orden de poder social. La organización familiar-espiritual de la iglesia
que servia de modelo a la sociedad iría cediendo progresivamente a la organización jerárquicapiramidal. La ética trascendente que había predominado hasta entonces iría dejando el lugar a
una nueva eticidad inmanente que luego conoceríamos como una ética de la responsabilidad o
deber. La racionalidad, que hasta entonces había tenido carácter sustantivo, se iría vaciando de
contenido para devenir racionalidad formal. El sujeto colonial se iría así reconstituyendo, iría
perdiendo progresivamente su carácter espiritual y se iría haciendo disciplinado y físico. Y
finalmente, el discurso teológico, en el cual los sujetos espirituales de la colonia se habían
reconocido a si mismos como sujetos reales, iría dejando lugar a un discurso científico o
positivo, que luego de 1873 terminará afianzándose hasta estructurar la idea moderna de realidad
que, finalmente, con la ayuda de la institución escolar, organizara el nuevo discurso del
venezolano moderno.
De esta manera, en las prefecturas, la institución militar desplegara una serie de controles
administrativos que serán al propio tiempo los dispositivos de poder modernos merced a los
cuales se estructurara el nuevo orden militar. Tales controles administrativos, que comienzan con
la partida de nacimiento, se constituirán en las nuevos positividades sobre las cuales se
estructurara la existencia de los sujetos venezolanos. La legitimidad de los sujetos y la
posibilidad de reconocerse a si mismos como sujetos sociales, en la realización de las
transacciones sociales, políticas y económicas, quedaran ahora ligadas a las prefecturas y a la
institución militar, así como antes estaban ligadas a la institución eclesiástica. Esta transferencia,
entonces, al activar nuevos dispositivos de control disparara un proceso social de constitución de
un nuevo espacio político que hará emerger al municipio, y hará emerger un nuevo tejido social
fundado en la disciplina.
De este modo las prefecturas entonces al ir desplegando sus dispositivos de control fueron
constituyendo un orden o modelo político de naturaleza militar que privilegiara a dicha
institución. Un modelo político en el cual la institución militar se fue revelando como institución
hegemónica, en un proceso donde, al propio tiempo, fue subordinad la iglesia. Un orden donde la
institución militar y los nuevos sujetos por ella constituidos, fueron haciéndose imprescindibles y
el tejido social fue confiriendo importancia a sus funciones, a su utilidad, a su valor y a su poder.
Este proceso se había iniciado desde 1815, tiempo al cual se remonta la formación de la
institución militar en Venezuela. Cuando Pablo Morillo llega con sus soldados españoles, con
sus pertrechos y con su organización disciplinaria (AVENDANO, 1882:33). Pero este proceso de
desarrollo de la institución militar en Venezuela se va a caracterizar por un alto grado de
pugnacidad interna y externa. Al interior, las fuerzas derivadas de la profesionalización van a
enfrentar a los militares de campo; y al exterior, la institución militar resistirá las estrategias de
instituciones sociales que, como la institución partidista, le disputaran al hegemonía. De modo
que, si bien es cierto que el desarrollo de esta institución militar estará ligada a su
profesionalización, esta fundara resistencias y pugnas que darán una cierta lentitud a este
proceso.
Ciertamente la profesionalización de la institución militar se produjo con cierta lentitud por lo
menos hasta fines de la primera mitad del siglo XX. Este proceso va a comenzar con la
fundación el 22 de Julio de 1899 de la Academia Militar. La cual vio entorpecido su
funcionamiento por los acontecimientos de la Guerra Restauradora, para ser reabierta
nuevamente el 4 de Julio de 1903. La reiniciación de las Académica fue acompañada del
reglamento que institucionalizaba a la Infantería, a la Caballería, a la Artillería, a la Ingeniería y
la Estado Mayor, como ramas de estudio. No obstante, así como en 1899, la Academia se vio
interrump1da en su funcionamiento, ahora por los acontecimientos de la "revolución
rehabilitadora», mediante la cual el General Juan Vicente Gómez terminaría haciéndose del
poder, para abandonarlo en 1935 una vez fallecido. El 5 de Julio de 1910, aplastadas ya en buena
medida las resistencias de los caudillos regionales, la Academia Militar reinicia sus actividades.
La acompaña ahora la Escuela Náutica que comenzaba sus actividades en octubre del mismo
ano. Pero no será sino durante el periodo iniciado en de 1915 cuando las Fuerzas Armadas
Venezolanas se constituirán finalmente como cuerpo profesional moderno.
Durante este periodo, cuando el ejercito adquiere matices de unidad orgánica con la dotación
infraestructura, la Naval recibe el buque insignia "Mariscal Sucre", como medio de impulsar los
estudios. En 1920, con la llegada a Venezuela de los primeros aviones militares, se funda la
Escuela de Aviación con sede en Maracay, que se inicia como un servidor apéndice de otras
fuerzas. Finalmente, la profesionalización se completara con la creación por parte den General
Eleazar López Contreras de la Guardia Nacional, durante los anos 1937. Con la cual se completa
la estructura de la institución militar que hoy conocemos.
Sin embargo, como hemos dicho, este proceso de profesionalización de la institución militar
produjo una pugna interna, con la medida en que los aliados den General Gómez, los militares de
tradición o de campo, ostentaban los altos cargos, impedían el ascenso a los militares de carrera y
obstaculizaban el desarrollo institucional. Esta pugnacidad interna emergió cuando los jóvenes
oficiales de las primeras promociones organizan un movimiento cívico-militar develado y
frustrado el 16 de enero de 1919 (PIMENTEL, 1970:70). Pero, es esta misma pugnacidad la quo
llevara a ese grupo de oficiales de academia a alejarse cada vez mas del régimen (RANGEL,
1975:205), y a buscar una alianza circunstancial con los representantes de la institución
partidista, para protagonizar el golpe de octubre de 1945 y finalmente el golpe den 58, donde la
institución partidista terminó imponiéndose. Porque este proceso de desarrollo pugnaz, donde la
institución militar se fue constituyendo, fue el mismo proceso donde la institución partidista
venezolana se estaba constituyendo. Un proceso de tensión en el que el debilitamiento de una
institución fue al propio tiempo el fortalecimiento de la otra. "La institución armada, en el
momento en que llega a su cumbre, esto es, en el momento en que se asoma la posibilidad de
dominar como tan al Estado, se divide y propicia el crecimiento de otra institución que en
adelante le hará contrapeso: el partido político" (CABALLERO, 1992: III). De este modo, tanto
una como la otra son las dos caras de un mismo y único proceso. Por esta razón, para muchos
autores, la formación de los partidos políticos modernos en Venezuela se remonta a 1928,
cuando el fenómeno de la disputa institucional produce las primeras manifestaciones por las
reivindicaciones de la institución partidista: la libertad de elección, de critica, de pensamiento y
de reunión. Porque los viejos partidos den siglo XIX eran, mas que partidos, ejércitos, cuerpos
cuyas campañas políticas eran campanas militares. Esta es la razón por la cual nuestros partidos
modernos nacieron como estructuras militarizadas, no solo por ser copias de los partidos
leninistas europeos sino porque fueron configurándose dentro de un proceso de pugnacidad
feroz, de enfrentamiento con la institución militar que se desarrollaba y que les imponía el marco
y las condiciones para la performatividad de sus estrategias, y que no podían ser sino sus mismos
procedimientos de lucha (USLAR, 1922).
De allí entonces que la estructura organizativa que estos partidos desarrollaron, desplegó una
naturaleza militar que permearía el tipo de democracia que se constituyó en el lapso del 45 al 48
y luego en el lapso que se abre después de 1958. Sin embargo justo es reconocer que las formas
de-legitimidad de la institución partidista, aunque condicionadas al extremo por esta naturaleza
militar que la ha caracterizado, se diferencia sustancialmente de la forma de legitimidad de la
institución militar. Mientras la institución partidista se legitima mediante procedimientos
eleccionarios, la institución militar se legitimara mediante procedimientos disciplinarios.
Mientras que la elección define al partido, dado que el partido para ser tan requiere den otro, de
lo diverso; la disciplina define a la institución militar, que supone la unidad. Todo esto supone
también formas de legitimidad enfrentadas. Formas de legitimidad cuyos procesos de validación
suponen la disputa. Y será esta disputa la que, con base a las estrategias quo desarrolla una y otra
institución, las ira alternando en el poder. Será entonces este proceso el que conducirá a los
acontecimientos den 18 de octubre de 1945, en lo que la institución partidista se sobrepondrá a la
militar e iniciara un acelerado proceso de legitimización mediante el fortalecimiento hasta donde
la correlación de fuerza lo iba permitiendo de las prácticas eleccionarias a través de la
inhabilitación de las prácticas disciplinarias y de las instancias administrativas donde se
validaban. Es en ese mismo proceso, donde se irán validando practicas eleccionarias e instancias
administrativas que encarnan y privilegian a la institución partidista, tales como el parlamento,
los órganos electorales, etc. Pero el acceso al poder por parte de estas instituciones dependerá de
lo acertado de las estrategias que se formulen, y la performatividad de las estrategias depende
menos de la lógica y mas del diagrama de poder existente. Solo así puede ser entendido el golpe
de145: Medina Angarita, en lugar de fortalecer las practicas disciplinarias, legitimadoras del
orden militar que el representaba, al buscar la performatividad de sus estrategias se vio
conducido por el grado de pugnacidad tanto de la misma institución militar como de esta con los
partidos, a ceder terreno a las practicas eleccionarias. A este respeto ha dicho Schaposnik:
"Medina había abandonado sus funciones militares para participar activamente en las ideas
políticas", intentando crear inclusive su propio partido, que denomino Partido Democrático
Venezolano (1985: 35ss).
Mientras Medina desplegaba esa estrategia para sostenerse en el poder la institución partidista,
condicionada en su organización y en sus competencias performativas, por el orden de tejido
social que la institución militar venia imponiendo desde 1873, se vio obligaba a organizar contra
el un golpe de Estado que lo desplaza cuando la fuerza proveniente de los militares de academia
converge con la fuerza de la institución partidista, en una misma estrategia cuya performatividad
no dependía de la voluntad de los lideres de entonces sino del diagrama de fuerzas a cuyo
interior se desplegaban estas estrategias.
Es solo en esta exégesis genealógica donde podrá comprenderse la paradoja de como fue que la
institución partidista, liderizada por Acción Democrática, organiza un golpe militar al tiempo que
lucha por la democracia. Mas aún, como fue que requiriendo de dispositivos legitimadores como
el sufragio, la disensión, etc, termina volviéndose, en el lapso 1945-1948, un cuerpo armado, con
procedimientos militares, con pretensiones hegemónicas, sectarias, irritable ante la critica y ante
la oposición democrática.
Derrotado el General Medina y establecida con AD la institución partidista en el gobierno, se
comenzaron a montar los primeros dispositivos de poder eleccionario, condicionados por la
naturaleza militar que había adquirido la institución partidista que buscaba la legitimidad de dicha institución y de su nuevo orden. Por ello entre las primeras medidas que tomara la Junta de
Gobierno de 1945 se hallara justamente el nombramiento de la Comisión Redactora de Estatuto
Electoral (AVENDANO, 1982: 132) y las medidas destinadas a controlar a la institución militar:
la abolición del Ministerio de Guerra, la creación, mediante el decreto 348 del 22 de julio de
194ó, del Ministerio de la Defensa y la fijación taxativa de la subordinac1ón de la institución
militar a la partidista: El decreto 349, fechado el 22 de julio de 194ó y publicado en la Gaceta
Oficial numero 22.041, en su articulo primero, obligaba a la institución militar a subordinarse a
la institución partidista.
La llegada de la institución partidista al poder, en el 45, profundiza entonces, hasta donde le era
posible, la formación de un tejido social de practicas eleccionarias. Esto al favorecer la aparición
del resto de los partidos, favorecerá un clima de discención, de criticas, que a los ojos de los
militares aparecía como un cierto desorden que debía frenarse. De allí que el resto de los partidos
presionaran al partido de gobierno a mayor libertad de elección, de reunión, de discención, de
pensamiento; mientras que los militares harán en este periodo "mas labor de oposición que de
gobierno" (Ob. Cit: 141).
Los militares exhibirán una aguda pugnacidad contra los lideres partidistas responsables de
instituir el orden. Piden la destitución de Valmore Rodríguez de la dirección del Ministerio de
Relaciones Interiores, y proponen en su lugar al mayor Mano R. Vargas. Las razones que
exponen son: que Valmore Rodríguez es hombre de partido y que los partidos no saben mandar.
Ante tal pugnacidad, la institución partidista intenta frenar a la institución militar. AD traza la
línea (coherente con el decreto 349) según la cual la intromisión de los militares en los asuntos
civiles era inmiscuirse en los asuntos políticos. Al tiempo que los militares declaran que los
políticos debían abstenerse de intervenir en los asuntos militares. Esta pugnacidad que domino el
escenario político del periodo de 1945-1948, expresada a través de la irritabilidad de los militares
contra los partidos y de estos contra aquellos, se agudiza hasta provocar el golpe de 1948.
Los militares, cuya racionalidad disciplinaria les impone una idea de orden fundado en la
obediencia, la no deliberancia, observan el nuevo orden que fraguaba la institución partidista
como un gran desorden, como una anormalidad: recordemos que aquel fue un periodo donde la
sociedad se debatió en un agudo proceso de beligerancia que enfrentaban a AD con COPEI, con
URD, con los comunistas y con el resto de los partidos. No obstante, esto que para la institución
militar era ciertamente lo anormal, ha debido tenerse para los partidos como el estado normal de
consolidación del nuevo orden. Sin embargo, la presión militar por un lado, y el imperativo de
performatividad que la estructura militar (leninista) le imponía a las estrategias del partido AD
que liderizaba el gobierno por otro, lo condujo no a profundizar un tejido social eleccionario sino
a fortalecer practicas disciplinarias, que progresivamente terminarían por debilitar el orden
partidista y fortalecerían la legitimidad de la institución militar. AD pretendió erigirse en partido
único, pretendió centralizar todas las policías nacionales en un solo cuerpo bajo su mando, creó
grupos armados al servicio del partido; todo lo cual fue formando un tejido de practicas sociales
casi favorables a la institución militar que desembocó, casi por inercia, en el golpe militar del 24
de noviembre de 1948. Canache Mata, un líder destacado de aquellos acontecimientos, ha dicho:
lo que ocurrió fue una insurgencia en bloque (...) del ejército a través del funcionamiento de la
disciplina vertical que existe en el seno de las Fuerzas Armadas (1980: 46).
Pero, tan pronto la institución militar alcanzaba el control, se apresuro a desmontar, hasta donde
el diagrama de fuerzas le permitió, todos aquellos dispositivos de poder eleccionarios y, en su
lugar, organiza una estrategia de fortalecimiento de un orden disciplinario, donde se extirpara el
poder de los partidos. De esto tenia plena conciencia el ex presidente Rómulo Gallegos quien tan
pronto a su llegada a Cuba, el 23 de diciembre de 1948 declaró que:... "la usurpación del poder
Nevada a cabo por las Fuerzas Armadas, va encaminada forzosamente a la supresión de la
actividad de los partidos políticos, siendo necesario reconocer - prosigue Gallegos- que el
proceso que acaba de culminar comenzó desde la misma noche del 19 de octubre de 1945"
(Schaposnik, 1985: 133). Pérez Jiménez, lo figura mas destacada de aquellos sucesos, en el
balance que hizo tres años mas tarde sostendrá: "Hemos luchado contra el desenfreno y las
pasiones, en un intento por crear la disciplina y el sentido de la jerarquía que es imprescindible a
todo pueblo que aspira cumplir un elevado destino histórico" (CHAPOSNIK: 1985: 145).
Efectivamente, de lo que se trataba era de una disputa donde, una institución en el poder persigue
la supresión de la otra como única forma de mantenerse.
Si bien la institución militar había tenido éxito al tomar el control político. Su éxito dependía al
propio tiempo del proceso de debilitamiento que había sufrido la institución partidista a
consecuencia de los enfrentamientos ínter partidista ocasionados por la poca performatividad que
obtenían la estrategia sectaria de AD, que rompió la unidad institucional y dispersó las fuerzas
del orden partidista. Aprovechando esta coyuntura, la institución militar se alió
circunstancialmente con las fuerzas partidistas enfrentadas al sectarismo de AD: sobre todo el
Partido Unión Republicana Democrática (URD) y al partido Social Cristiano Copei, con quienes
convino, para ganar una tregua, la elaboración del Estatuto Electoral, con miras a una Asamblea
Nacional Constituyente.
Pero aquí como en el 1945, los acontecimientos tienden a repetirse. Los militares al verse
obligados a sostener y reforzas practicas eleccionarias, debilitan su propia legitimidad y les
sobreviene una coyuntura critica que, esta vez, es controlada por la institución militar. El proceso
puede ser narrado de este modo: El carácter no deliberante de la institución militar obstaculiza su
participación en la contienda electoral. Pérez Jiménez y Vallenilla Lanz, frente a este obstáculo
desarrollan la estrategia de creación de un partido político, llamado el Frente Electoral
Independiente (FEI), compuesto básicamente por funcionarios de su administración. Este frente
pierde las elecciones en una proporción de 91 a 9. Ante tal resultado, los militares desconocen el
proceso, se otorgan la "Victoria", detienen, se ilegaliza a los dirigentes de URD y concentran
definitivamente todo el poder para si. Dice Schaposnik que ..."a partir de ese momento la
dicotomía ejercito-partido se plantea en una dimensión total" (1985:152). Pero, a ello debemos
agregar que a partir de ese momento (1952), comienza también el lento proceso de unificación de
las fuerzas de la institución partidista y con ella el debilitamiento progresivo de la institución
militar.
Pero la institución militar, el librarse de los obstáculos de sus aliados circunstanciales, acelera el
proceso de constitución de los dispositivos de control disciplinario del tejido social: El estado
terminara centralizándose, completando un proceso iniciado a fines del siglo XIX, y controlando
los procesos económicos, en un modelo de capitalismo de Estado. Igualmente, terminaría en
exacerbado nacionalismo patriótico que lo conduce a una tendencia autárquica sostenida en una
idea desarrollista, y algunas medidas políticas como la abolición del Consejo Supremo Electoral,
la creación de su propia contraloría y de su propia Fiscalía General de la Republica, terminarían
constituyendo un cuerpo social disciplinado, jerárquico y obediente. En suma, el cuerpo social
reafirmaría su tendencia de constituirse en un tejido auspiciado y controlado por la institución
militar: la organización jerárquica -piramidal, la ética de obediencia, la racionalidad
instrumental, el sujeto disciplinado y el discurso positivo, que se comenzaron a imponer luego de
1873 consiguen, a partir de 1952, una oportunidad para desplegarse sin mayores obstáculos: el
sustento de este orden es la institución militar y el General Marco Pérez será el sujeto por cuyas
acciones el orden se expresa.
Sin embargo estas estrategias de poder, en la medida en que se fueron desarrollando, condujeron
inexorablemente a una dictadura personalizada que terminó disolviendo al Gran Consejo
Castrense y, finalmente, distanciando a Pérez Jiménez de la oficialidad castrense.
El General Pérez Jiménez, en la medida en que fue alejándose de la institución militar, en esa
medida fue replegándose en la Segundad Nacional, en Pedro Estrada y en Vallenilla Lanz. Los
militares y sus familiares al sentirse distanciado del gobierno se fueron sintiendo cada vez mas
vigilados e irritados. Los partidos, por otra parte, en la medida en que fueron excluidos todos del
gobierno, fueron logrando progresivamente la unidad institucional que le permitía estrategias
comunes, tales como la Junta Patriótica, suscriptora de los acuerdos de Nueva York entre Rafael
Caldera, Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba. Y todos estos procesos juntos, fueron debilitando
las fuerzas perejimenistas y posibilitando la emergencia de practicas eleccionarias: la discención,
los reclamos de libertad de opinión, de elecc1ón, de reunión, se fueron profundizando en la
medida en que las fuerzas opositoras se unificaban. Mientras tanto, en medio del acoso, el
General Pérez Jiménez no cesaba de insistir en que los partidos eran los causantes del desorden
(AVENDANO, 1982:216). Argumentó este que se iba oyendo cada vez mas débil en la medida
en que los partidos ya unificados en 1957, mediante el precitado acuerdo, comenzaban a
reclamar con mas fuerza elecciones libres, libertad de reunión, de critica y de postular
candidatos.
El General Pérez Jiménez, ante la imposibilidad y el temor de tener que abrirse a un proceso de
elecciones libres, las cambia por un plebiscito (que debía realizarse el 15 de diciembre de 1957).
Ante esta circunstancia el régimen se ve obligado construir una estrategia que lo lleva a
organizar perejimenista en un partido. Pero al convertirse la organización perejimenista en un
partido político, incorpora practicas eleccionarias a su organización militar, dado que flexibiliza
el orden de la disciplina, el respeto a y la jerarquía; haciéndose así, Pérez Jiménez, el responsable
de lo que para los militares era la agitación y el desorden: la deliberancia, la critica, la igualdad
entre dirigentes y dirigidos.
Es en este clima de agitación donde proliferan las practicas del orden eleccionario-partidista que
se expresaron en manifestaciones publicas. Y es, finalmente, en esta atmósfera de agitación
política donde parte de la Marina y de la Naval acuerdan con la institución partidista deshacerse
de la dictadura: todo este proceso será el que nos conduzca a los archi sabidos acontecimientos
del 23 de enero de 1958, donde la institución partidista y la militar pactaron una alianza
circunstancial que expulso a Pérez Jiménez del poder y conformo un modelo político de tregua
que ha tenido por base la hegemonía de la institución partidista.
Sin embargo, el desarrollo y la estabilización de este modelo político, se va a fundar sobre una
serie de estrategias de poder destinadas a lograr la hemogenia de la institución partidista, las
cuales quisiera mostrar a continuación.
La institución partidista impondría su hegemonía, mediante un proceso social de carácter
estratégico, que se apoyara en dos tipos distintos pero complementarios de control: Los
mecanismos externos y los mecanismos internos de control social. Los primeros han tenido que
ver con una series de pactos, alianzas, negociaciones y acuerdos con las restantes instituciones
civiles y militares que conformaban el diagrama general de fuerzas de aquel entonces
(Sindicatos, iglesias, militares, organismos empresariales, etc.). Y los segundos han tenido que
ver con la configuración misma de la estructura orgánica de los partidos venezolanos: Es lo que
algunos politólogos han llamado los organismos funcionales o ejecutivos. El mecanismo externo
persiguió la acumulación de fuerzas sociales por parte de la institución partidista vía
neutralización, tregua o control de las fuerzas restantes del diagrama político que se había
generado. El interno, por su parte percibió la sujeción de los órganos civiles y militares al control
jerárquico de los diversos organismos partidistas.
¿Cuales son y en que consisten cada uno de ellos? Resultaría pertinente exponerlo a objeto de
mostrar el modo como estratégicamente la institución partidista emerge como institución
hegemónica y como esto constituyo el modelo político vigente.
LOS MECANISMOS EXTERNOS DE CONTROL SOCIAL
Ya se ha dicho que tales mecanismos fueron caracterizados por los pactos, acuerdos,
negociaciones y alianzas, las cuales lograron la acumulación de fuerzas mediante la
neutralización, la tregua y el control de las fuerzas restantes del diagrama político que se había
generado. El estudio del sistema político venezolano de los últimos treinta anos ha mostrado,
para muchos autores, la existencia de este particular mecanismo social sobre el cual descansa el
modelo político vigente. Aníbal Romero, por ejemplo, ha dicho que "El S.RV (Sistema Político
Venezolano) es esencialmente el producto de una serie de pactos constitutivos formulados en el
periodo inicial de su establecimiento..." (Romero, 1989: 118). Por su parte, Margarita López
Maya y Luís Gómez Calcaño, han señalado (1989: 98):
A partir del ano 58 fue pautándose un conjunto de formulas que viabilizaron el proyecto de
democracia representativa, cuyo modelo hegemónico esta constituido por una alianza entre los
cinco autores sociales de mayor peso al inicio del proceso: partidos políticos, grupos
empresariales, sector militar, movimiento sindical e Iglesia. Los pactos constitutivos acordados
entre ellos dirigieron los asuntos claves para la continuidad del modelo de desarrollo que venia
desenvolviéndose en los años anteriores y establecieron las reglas del juego en el sistema
político.
Tanto mas se constata que estos mecanismos han estado en la base del diagrama de fuerza del
modelo político venezolano, cuanto que los mismos han acompañado al sistema político desde
sus inicios. Los pactos, ha dicho el mismo Aníbal Romero (cfr. 1989: 124):
...han funcionado aceptablemente por anos; no cabe duda que hasta fines de la década de1 70 y
principios de los 80 se mantuvo del espíritu de los pactos, aunque la dinámica política y social
conllevó a constantes modificaciones y negociaciones complementarias, orientadas a dar
renovados bríos a los equilibrios inestables entre elites....
Conviene por tanto hacer el inventario de los mismos a fin de describir los procesos estratégicos
sobre los cuales se funda la hegemonía partidista del modelo político vigente. Uno de los
primeros pactos que aparecen en los registros es el que comúnmente se ha denominado el
PACTO DE NUEVA YORK. Efectivamente, por razones de sobrevivencia, los lideres Rómulo
Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera, estando acosados por la dictadura, que no cesaba
en su afán de hacer desaparecer a la institución partidista, convienen en el cese de las pugnas
interpartidistas que se habían generado por la actuación del partido Acción Democrática durante
el gobierno del 45... La pretensión hegemónica y sectaria de AD -como ya he dicho- había
delibitado a la institución partidista al proporcionar los enfrentamientos interpartidistas que
minaron el poder y abonaron el golpe del 48. "La experiencia acumulada -ha dicho López Maya
(1989: ó4ss) desde el fracaso de la opc1ón partidana ensayada durante el trienio 1945-1948, y las
dificultades que afrontaron en el decenio dictatorial, habían propiciado en el interior de estos
organismos una formula de acción partidista conjunta o unitaria que permitiese derrocar al
Gobierno del General Pérez Jiménez".
De tal suerte que, mas que una salida lógica, lo que se le presentó a aquellos lideres fue una
estrategia forzada que estaba al margen de sus voluntades, se trataba de una acción obligada por
la necesidad de sobrevivir frente al acoso de la institución militar. Y es, justo en este marco de
necesidades, donde emerge el Pacto de Nueva York y en el que quedan articulados los acuerdos
ulteriores. Eduardo C. Schaposnik ha dicho al respecto (1985: 210) que.. "la tregua en la lucha
interpartidista... en verdad traducía los acuerdos logrados en Nueva York por Rómulo Betancourt, Jóv1to Villalba y Rafael Caldera".
Margarita López Maya ha sostenido además (1986: 65 que..."las conversaciones sostenidas en
Nueva York por Rómulo Betancourt (AD), Jóvito Villalba (URD) y Rafael Caldera (COPEI)
como algunos representantes del sector empresarial (Eugenio Mendoza), terminaron
dinamizando la propuesta unánime excluyente del PCV". Y prosigue diciendo:.. "El peso de las
conversaciones de Nueva York se hizo sentir desde los primeros meses en la Junta de Gobierno,
que si bien no hizo pública su adhesión, a esta, la legitimó llamando para consultas só1o a estos
tres partidos políticos".
Hay que decir en este punto, que tal pacto ha sido desmentido por Jóvito Villalba. Aunque
admite que tan só1o hubo "acuerdo en evitar la repetición de errores que habían facilitado el
golpe del 48" (Schoposmk, 1985: 245).
El pacto de Nueva York, en consecuencia, fue una estrategia forzada por la pugnacidad con la
institución militar y cuyo fin estaba orientado al cese de los enfrentamientos interpartidistas.
Se trataba por tanto del primer paso importante en la consolidación de los partidos, otrora
enfrentados, como institución sólida capaz de disputarle el poder a la institución militar, la cual a
pesar de ser hegemónica en aquel entonces, atravesaba momentos de debilitamiento, producidos
por las divisiones que sostenidamente le minaban coherencia institucional.
Con el pacto de Nueva York, los partidos cobran el sentido de institución y despliegan una
estrategia unitaria de negociaciones que terminan traduciéndose en una visión homogénea de sus
responsabilidades históricas, objetivadas en una serie de negociaciones políticas ulteriores que
completan el inventario de los pactos, acuerdos, negociaciones y alianzas que hemos llamado
aquí los MECANISMOS EXTERNOS DE CONTROL SOCIAL de la institución partidista
venezolana, tales como el PACTO DE AVENIMIENTO que estudiaremos de seguido.
Quizás este pacto sea lo que el Dr. Jóvito Villalba haya considerado propiamente un pacto, a
juzgar por la calificación que el Dr. Villalba hace del pacto de Nueva York. Sin embargo, la
diferencia entre aquel y éste só1o se haya en el carácter publico que este ultimo se le dio. Este
pacto de avenimiento fue fechado el 24-04-58, justo en los tiempos de alta confiabilidad social.
Se trataba, precisamente, de una estrategia de control social que le permitiera a la institución
partidista garantizarse una acumulación de fuerzas favorables que le facilitaran el sometimiento
de las instituciones políticas restantes y del espacio económico, que era un territorio sensible en
la pugnacidad.
En este punto los investigadores coinciden. El objetivo clave, han dicho, era comprometer mas a
fondo a los sectores económicamente dominantes de la sociedad venezolana con el nuevo orden
democrático a cambio de un freno a las aspiraciones salariales de los obreros" (Romero, 1989:
119). Lo cual revela, cómo mediante esta estrategia de control social, la institución partidista se
garantizaba no só1o una tregua en el espacio de los conflictos laborales, sino que ponía de
manifiesto el grado de poder que había ya alcanzado frente al movimiento sindical, y advertía, de
ese modo, su fuerza frente a los sectores económicamente influyentes, vale decir, frente a la
Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción (FEDECAMARAS), que se
había constituido desde mediados de los años 40 y que mantenía un rol político en el diagrama
de fuerzas vigentes para entonces.
A decir verdad, el Pacto de Avenimiento Obrero Patronal vino a culminar de manera explicita un
proceso soterrado de control que los partidos venían ejerciendo sobre los sindicatos. "Poco antes
del 23 de enero como ha dicho López Maya (1989: 66) - en el seno de la Junta patriótica se
impulsó la creación del Comité Sindical Unificado (CSU), como técnica de los partidos políticos
para mantener unificados los recursos a favor de la conspiración y viabilizar una
democratización posterior". Todo lo cual viene a confirmar lo que, por lo demás no ha permanecido en secreto, que los sindicatos "desde los anos cuarenta han estado progresivamente
sometidos" a las pautas organizativas e ideológicas de los partidos (López, Maya 1989: 66).
Esta estrategia de control le permitió a la institución partidista lograr, mediante el sometimiento
del Comité Sindical Unificado, confiscar las fuerzas del movimiento sindical y empresarial
organizado. El dispositivo de poder usado para esa transferencia de fuerzas hacia la institución
partidista fueron las Comisiones de Avenimiento, creadas por el documento del Pacto y
constituidas por representantes patronales y sindicales, mediante las cuales se neutralizaba toda
resistencia y se transfería todo el protagonismo político a la institución partidista, quien de este
modo confiscaba y acumulaba fuerzas, convirtiéndose en un poderoso centro receptor en el
diagrama vigente.
Caso similar va a suceder con el pacto que firmó la institución partidista con la militar.
Una de las instituciones mas pugnases a lo largo del proceso histórico venezolano de los últimos
dos siglos ha sido, como hemos dicho ya, la institución militar. De modo que la institución
militar no era una institución cualquiera en aquel diagrama de fuerzas; por lo contrario ha sido,
en el proceso político moderno, la mas importante y por tanto lo que ha tenido mayor capacidad
de revalizar con la institución partidista. Este proceso, que he mostrado profusamente hace
detenernos en el tratamiento que la institución partidista va a dar a la institución militar a partir
de 1958.
Comprender la relevancia de esta institución y la necesidad de someterla es, en cierto modo,
comprender el tejido de desarrollo sociopolítico de Venezuela del ultimo siglo.
Este acuerdo suscrito por la institución militar, se expresó en los acuerdos sucesivos. En el
programa Mínimo de Gobierno suscrito dote meses después del golpe del 58, se puede leer que
"Las Fuerzas Armadas son un cuerpo apolítico, obediente y no deliberante" (MONETA,
1990:90). Pero también en la Constitución de 1961, Articulo 132, donde la institución militar
queda definida como "apolítica, obediente y no deliberante".
Lo que la institución militar solicito a cambio de su subordinación pareciera muy poco: "garantía
del mejoramiento de las condiciones socioeconómicas de los miembros de las Fuerzas Armadas
y participación directa y autonomía de acción en el aparato del Estado en todo lo referente a los
asuntos que atañen directamente a sus intereses" (López Maya y Gómez Calcaño. 1989:74). No
obstante, como ya se ha dicho, su debilitamiento le imponía limites objetivos en sus
negociaciones, aunque la autonomía lograda no dejaba de ser una amenaza para la institución
partidista.
Conviene destacar que, a pesar de que efectivamente, estas estrategias de debilitamiento, control
y confiscación de fuerzas que la Institución partidista le impuso a la militar, logro su cometido, la
pugna no ceso. El orden partidista se ha convulsionado al débil ritmo de los sucesivos
levantamientos militares: los intentos de golpes del 22 de Julio de 1958, los del 07 de Septiembre
de 1.960 y los cuatro golpes de 1.962, confirman la reactivación de la disputa institucional,
aunque con una institución militar debilitada y distraída por la amenaza común de la lucha
armada; también lo confirman los intentos del 02 de Febrero de 1.992 del Movimiento
Bolivariano y los golpes sucesivos ahogados en sangre, que recién conmovieran al país. Todo lo
cual revela la efectividad de la estrategia de control social que la institución partidista use para
someter a la institución militar.
Esta "autonomía" que la institución partidista se vio obligada a otorgarle a la institución militar,
constituía una verdadera amenaza en lo sucesivo, razón por la cual justo el mismo día que la
Junta Provisional anunciaba el pacto (27/07/58), anunciaba también, mediante el decreto 288, la
creación del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas; con lo que quedaba
automáticamente eliminado el Estado Mayor General. Lo cual significaba una clara estrategia de
debilitamiento de la unidad de mando, con el deliberado propósito, como lo establece el primer
considerando de dicho decreto (Schaposnik, 1989: 238), de evitar todo intento de golpe por parte
de las fuerzas armadas. Esta estrategia puede entenderse en la medida en que se entienda que el
Estado Mayor General concentraba el poder de las cuatro fuerzas, mientras que el Estado Mayor
Conjunto, es una suerte de órganos superior colegiado donde cada fuerza (Ejercito, Marina,
Aviación y Fuerzas Armadas de Cooperación) tendrá su respectiva comandancia general. Vale
decir, lo que se pretendió evitar fue que una Bola persona, el Estado Mayor General, tuviera la
capacidad de decisión sobretodo el cuerpo militar. Mientras que mediante el decreto la marina
atendería a solo las ordenes del Comandante General de la Marina, la Aviación al Comandante
General de la Aviación y así sucesivamente.
Pero también en estos imperativos estratégicos donde deben entenderse el Pacto de Punto Fijo,
uno de los acuerdos mas importantes. Este acuerdo, suscrito por los mismos signatarios de
acuerdo de Nueva York, fue realizado el 31 de Octubre de 1958. De la lectura del texto puede
deducirse que las motivaciones del Pacto eran consolidar la hegemonía de la institución
partidista en el poder, comprometiendo a los partidos y al resto de los actores sociales a prever y
a enfrentar toda invención golpista, valga decir para enfrentar todo intento de la institución
militar por retomar el poder. Para decirlo en los términos del texto se perseguía lograr la
institucionalidad partidista con base en el procedimiento eleccionario y una tregua política que
evitara todo enfrentamiento interpartidista. Pero sobre todo, cerrar filas frente a una posible «
intervención de la fuerza contra las autoridades surgidas de la votación». Es decir, mantener una
unidad orgánica e institucional frente a cualquier intento pugnas por parte de la institución
militar.
"El Pacto de Punto Fijo permitió el primer paso en la formalización de la opción partidaria del
sistema político venezolano al explicar los compromisos a que habían arribado las copulas
dirigenciales de tres partidos políticos: Acción Democrática (AD), COPEI y Unión Republicana
Democrática (URD). (López y Calcaño, 1989: 71) O como ha dicho Elsa Cardozo de Da Silva
(Moneta, 1990: 80): "El acuerdo político interpartidista conocido como el Pacto de Punto Fijo
resume la fortaleza y la debilidad del organismo: es un acuerdo que se propone evitar el conflicto
generalizado, garantizando representatividad a los principales adores políticos, pero, a la vez,
consagra a los partidos políticos (excluido el Partido Comunista) como canalizadores
fundamentales de la participación política...." O el mismo Romero quien considera que: "El
Pacto reconoc1ó que la existencia de diversos partidos y las naturales divergencias entre estos
podía ser canalizadas dentro de pautas de convivencia, y, lo que es mas importante, que existían
intereses comunes en la supervivencia del sistema que todos los sectores en el mismo debían
defenderse". (1989: 119 ss).
A juzgar por los autores citados, este Pacto perseguía un objetivo similar a las demás estrategias
de control que hemos citado: potenciar las fuerzas de la institución partidista por la vía de una
tregua en la lucha interpartidista, consolidando así un frente único contra todo intento de
insurgencia de la institución militar.
La Comisión Interpartidista de Unidad y el Programa Mínimo fueron los dos dispositivos de
poder mediante los cuales la institución partidista se garantizo el control sobre los acuerdos
suscritos en el programa. No obstante, el primero de los dos opero también garantizando los
votos partidistas en los procesos electorales. A este respecto se ha señalado (López M. y otros,
1989: 72) que... "La salvaguarda de este acuerdo - refiriéndose al Pacto de Punto Fijo - se dejo a
cargo de una Comisión Interpartidista de Unidad y se considero que el conjunto de votos que
obtuvieron estas tres agrupaciones en los comicios de diciembre se considerarían votos unitarios
en pro de la consolidación del Estado de Derecho, ya se vera posteriormente, como este acuerdo
de defensa electoral aunado al tipo de sistema electoral será uno de los mecanismos básicos que
explican el control de los organismos y de los procesos electorales en Venezuela durante los
últimos 30 anos".
De modo que suscrito el pacto y creados estos dispositivos de poder, la institución partidista
sienta las bases para suprimir sus luchas internas y fortalecerse. Así mismo, al capitalizar
fuerzas, subordinando los intereses particulares de los dirigentes al interés supremo de los partidos, confisca el protagonismo social y emerge como sujeto político. Al tiempo que unifica en
un programa común los objetivos institucionales que debían sostener su propio orden de poder y
canaliza todas las fuerzas sociales y políticas en la dirección mas conveniente a sus intereses
institucionales, sentando el marco donde se debatirán las nuevas performatividades sociales.
Con el programa mínimo ocurrirá lo mismo que con los acuerdos anteriores, por eso diez meses
mas tarde de la firma del Pacto de Punto Fijo, el 07 de Diciembre de 1958, la institución
partidista acuerda suscribir el programa mínimo a fin de darle concreción a otro de los
dispositivos de poder que se habían establecido en el citado Pacto de Punto Fijo. Es en este
dispositivo de control donde se hallan expresado los elementos básicos sobre los cuales la
institución partidista desplegara su activismo político. Efectivamente, este programa mínimo,
firmado ante el Consejo Supremo Electoral, se constituirá en la plataforma programática que
definía las líneas estratégicas comunes que los diversos partidos debían desplegar, en el esfuerzo
común de hacer de los intereses partidistas los imperativos del orden: hacer de la institución
partidista la institución hegemónica y marco de las perfomatividades sociales.
En este sentido las fuerzas signatarias del pacto se comprometieron, entre otras colas, a fijar de
manera explicita, en una constitución Nacional, las reglas del juego político que privilegiara una
sociedad de partidos; un plan de desarrollo nacional, al cual quedarían subordinados los planes
de desarrollo regionales, administrados políticamente mediante las corporaciones regionales de
desarrollo y apoyados por el Banco Industrial, el Banco Agrícola y Pecuario y la Corporación
Venezolana de Fomento, a objeto de lograr un desarrollo controlado por los dispositivos
partidistas; una empresa nacional de petróleo, que controlaría los voluminosos ingresos
provenientes de la renta petrolera; y una disposición explicita de control y subordinac1ón de las
Fuerzas Armadas, al asignarle formalmente una posición no deliberante.
Cualquier tipo de análisis que se le haga al Programa Mínimo, revela que el mismo paso a ser
uno de los dispositivos de poder que, en el marco de los mecanismos externos que describimos,
permitió la confiscación del poder social y el fortalecimiento de la institución partidista.
Lo mismo ocurrió con el Pacto con la Santa Sede. Como se sabe, la Iglesia fue otra de las
instituciones pugnases que constituyeron el diagrama de fuerzas del 58. La Iglesia que había
tenido enfrentamiento con la institución militar desde el Siglo XVIR, luego con el régimen
partidista del 45 y posteriormente con el régimen dictatorial perejimenista, sumó su pugnacidad y
su fuerza al derrocamiento de la institución militar en 1958.
A la caída del dictador, la institución eclesiástica constituía una fuerza real que, incluso, en
diversas oportunidades protegió a los lideres partidistas perseguidos, en la etapa de dispersión y
debilitamiento de los partidos que se organizaban en la clandestinidad. Esta fuerza de la
institución eclesiástica fue, progresivamente, confiscada por la institución partidista; para lo cual
se valió del CONVENIO ENTRE VENEZUELA Y LA SANTA SEDE, firmado el 6 de Marzo
de 1.964 por su Excelencia Reverendisimo Monseñor Luigi Dadalgio, nuncio apostólico en
Venezuela, y el doctor Marco Falcón Brazono, Ministro de Relaciones Exteriores, facultados, el
primero por su Santidad el Sumo Pontífice Paulo VI y el segundo el Presidente de aquel entonces
Sr. Rómulo Betancourt. Entre otras cosa este MODUS-VIVENDI (MONETA, 1990:80) que la
Iglesia firmara con el liderazgo de la institución partidista, le garantizaba a la Iglesia, según el
articulo 11 del convenio, la llamada Asociación Eclesiástica, que no era otra cosa que una
obligación presupuestaria "...para el decoroso sostenimiento de los Obispos, Vicarios Generales
y Cabildos Eclesiásticos" (LOPEZ, MAYA y otros, 1989: 122): así como también presupuesto
para edificaciones y conservac1ón de templos. Mientras que, a cambio, la institución partidista,
entre las cosas mas importantes, se reservaría según el articulo ó del convenio, la potestad de
objetar al nombramiento de cualquier "Arzobispo u Obispo diocesano, o de un Prelado Nullius, o
de sus Coautores con derecho a suces1ón..."
Con lo cual la institución partidista se garantizaría que las autoridades eclesiásticas renunciaran a
toda pugnacidad y que la institución eclesiástica le transfiera su fuerza social. De este modo, la
institución partidista le confisca el poder social que había exhibido la Iglesia y la suma al numero
de instituciones bajo su control, logrando así incrementarse sus fuerzas políticas en el marco de
la correlación de fuerzas que prevalecería desde entonces. Por esta vía la Iglesia junto con los
miembros del poder legislativo (Senadores, Diputados al Congreso de la República, Diputados a
las Asambleas Legislativas, Concejales, etc.), y el poder ejecutivo (Presidente de la Republica,
Gobernadores, Miembros de la Administración Central, Miembros de la Administración
Descentralizada) pasaron a ser fichas controladas por la institución partidista. Control este que se
extenderá a los miembros del poder judicial, al Procurador General de la Republica, y el
Contralor General, etc.
Pero en todo los acuerdos que suscribieron los partidos de aquel entonces, el acuerdo sobre el
modelo electoral resultaría ser uno de los mas importantes y uno de los que menos se ha
estudiado. Quizás haya contribuido a ello el hecho de que este acuerdo no se llego a expresar en
ningún documento público y de que fue necesario mucho tiempo para evidenciar que la
naturaleza misma del proceso ha sido ventajosa a los modelos de los partidos que lo idearon.
Rafael de La Cruz ha dicho al respecto que el modelo es "...un sistema electoral en el que salvo
para elegir al Presidente de la Republica, se votaba por listas de partidos en las que ni siquiera se
especificaban los nombres de los candidatos a concejales, diputados y senadores". (1992: 21).
Mientras que el escritor Juan Liscano (1992: 106) ha visto en e1, un modelo de elección"...
mediante la practica cuantitativa de planchas representadas por un color... (que)... convierte a las
diputaciones legislativas, en representación no de la colectividad, sino de los intereses del
cenáculo que manera a su discreción la existencia partidista. Pero, en cualquier caso, lo que
habría que subrayar es que, la institución partidista, que para 1959 había logrado ya ser una
maquinaria nacional de militantes activistas (LOPEZ MAYA y otros 1989: 64) logra acordar un
modelo de elección diseñado bajo el imperativo de los modelos de partidos que lo creaban. Un
sistema de elección nacional, simultaneo, manual, por colores, por planchas cerradas y sobre
todo por mesas y urnas electorales, ha requerido para su operatividad de unos partidos tipo
maquinarias nacionales de militantes activistas, adiestrados en el arte de atender " 6.917 mesas
electorales" (CSE, 1993), lo cual suma un ejercito de, aproximadamente, 70.000 militantesactivistas (entre testigos, logística, etc.) movilizándose simultáneamente por los 255 municipios
del país. Y este ejercito de activistas, profesionales en el acto de manipulación y en muchos
casos de falsificación de tarjetas y actas de votación son las estructuras que garantiza no solo que
el proceso se realice, sino que pueda ganar solo aquellos partidos de estructura leninista.
Mauricio Duverger (1990:448) ha dicho, sobre el análisis de estos tipos de fenómenos que "...el
sistema de partidos no es solo el reflejo de la opinión publica, sino la consecuencia de elementos
exteriores y técnicos (como la forma de escrutinio) que se impone a ella". Y ello sin duda en
Venezuela ha resultado muy cierto. De allí que como se ha repetido tantas veces: "las elecciones
se ganan o se pierden en las mesas electorales".
Una consecuencia ulterior de estos sistemas electorales, pero que ha estado en la naturaleza de su
diseño, ha sido entonces lo que se ha conocido como la delincuencia electoral, que como se
desprende de lo expuesto no es, una aberración del modelo sino el modelo mismo. En este
sentido, este modelo electoral garantizó que los únicos partidos capaces de ganar elecciones
fueran aquellos que tuvieran capacidad de defender cada boleta y cada acta en las 6.917 mesas
electorales. Y estos no eran otros que las maquinarias políticas nacionales, suscriptores del pacto
y "comprometidos" a respetarse sus respectivas votaciones.
Bajo este sistema de votación, ningún partido pequeño y menos aun ningún grupo de electores
podían salir vencedores en estas contiendas, dado que el carácter de sus respectivos
representantes de mesas no tenían forma posible de evitar que sus votos se los repartieran las
maquinarias del pacto. De tal suerte que la opinión electoral nacional ha vivido la ficción de
creer que los candidatos ganadores han sido el resultado de la voluntad libre del elector. Aquí se
cumple lo que ha dicho Duverger (1990:448): "El sistema de partido es menos una fotografía de
la opinión, que la opinión una proyección del sistema de partidos". De manera que en el caso
venezolano, este acuerdo sobre el modelo electoral, ha operado con un alto grado de
performatividad, ha operado eficientemente como un dispositivo de poder mediante el cual se ha
controlado la opinión electoral y ha hecho de ella "una proyección del sistema de partidos", con
lo cual la institución partidista logró legitimarse: máxime si se tiene en cuenta que el poder del
elector no se ha delegado voluntariamente sino que se ha confiscado evidentemente mediante
estos procedimientos de control que se le han impuesto.
Finalmente, en cuanto a los mecanismos externos se refiere otros de los dispositivos que ha
operado con mocha eficiencia ha sido el acuerdo logrado, por los anos de 1970 entre los
signatarios de Punto Fijo. Se trata de lo que en la clase política se ha denominado: el Pacto
Institucional.
Visto desde un marco genealógico el Pacto Institucional ha sido un mecanismo mas de control
social mediante el cual la Institución partidista abolió la división de los poderes y concentró las
fuerzas sociales. La institución partidista, mediante estos mecanismos, se reservó el control de
las directivas tanto de la Cámara del Senado como de la Cámara del Congreso. Así como
también, de los miembros del Poder Judicial (los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y
los miembros de la Judicatura), del Fiscal del Ministerio Publico, del Contralor General de la
Nación y del Procurador General de la Nación.
El Pacto institucional opero entonces como un mecanismo de control social, mediante el cual la
institución partidista, en la medida en que subordino al poder Legislativo, al poder Ejecutivo y al
poder Judicial, abolió la división de los poderes y suplanto al llamado Estado de Derecho.
Emergiendo, de ese modo, el partido como el instrumento real de decisión; donde las fuerzas
sociales, confiscadas, fueron a concretarse. De tal suerte que con base en estos mecanismos, la
institución partidista suplanto al Estado y diseño el tejido social bajo su imperativo.
No obstante, el modo especifico de como la estructura orgánica de la institución partidista
suplantaría al Estado y sometería bajo su control, solo puede entenderse si revisamos lo que en
paginas anteriores se ha llamado mecanismos internos de control.
LOS MECANISMOS INTERNOS DEL CONTROL SOCIAL
Otro de los mecanismos de control social que la institución partidista desarrollo, fueron aquellos
que hemos denominado los mecanismos internos. Efectivamente, tales mecanismos de control
tienen que ver con la estructura organizativa misma de los tipos de partidos que organizaron el
tejido social a partir de 1.958.
Estos mecanismos, consisten realmente en las diversas instancias orgánicas. Llamadas por
algunos, los órganos ejecutivos de los partidos. Y por otros, los organismos funcionales.
Los partidos, se fueron organizando como unas maquinarias nacionales. Estructuradas a partir de
diversas instancias organizativas (órganos ejecutivos o funcionales), de carácter jerárquicos: En
Acción Democrática hallamos, por ejemplo, en orden de jerarquía, al Comité Ejecutivo Nacional
(C.N.E.), como órgano supremo, quien traza las directrices nacionales. Luego se hallan,
supeditadas al CEN, las diversas secretarias nacionales, que vuelven operativas las directrices del
CEN y, además definir las directrices de las Secretarias Seccionales (de Educación, Deporte,
Asuntos Municipales, Salud, Cultura, etc.). Y así de este modo, esta estructura organizativa
atraviesa verticalmente al país desde el nivel Nacional hasta el nivel Municipal, pasando por el
Estadal y el Distrital. Y horizontalmente, se desplegara un tejido político que permeará todo el
territorio del país.
En el partido Social Cristiano (COPEI) encontramos las mismas instancias. El Comité Político
Nacional (C.P.N.), organismo ejecutivo supremo al cual se hallan subordinados, en sentido
jerárquico, los Comité Político Distritales (C.P.D.) y os Comité Políticos Municipales (C.P.M.),
asi como las diversas secretarias nacionales (de Educación, Deporte, Cultura, Asuntos
Municipales, Salud, Profesionales y Técnicos). En este orden, los Comités Políticos Distritales,
son los órganos ejecutivos de mas alta jerarquía a nivel de cada estado y a el se hallan
subordinadas las diversas secretarias. Y así sucesivamente, hasta llegar a los municipios. Con lo
cual reproducen, tanto vertical como horizontalmente, las mismas características de A.D., que
son como hemos dicho características militares.
EL EFECTO SOCIAL DE LOS MECANISMOS DE CONTROL
En la medida en que se fueron desplegando estos mecanismos de control social (los externos y
los internos), la institución partidista venezolana fue fabricando un tipo particular de modelo
político, donde cada punto del tejido social se hallara controlado. Un tipo de modelo político
donde cada institución, cada dependencia y cada funcionario como una fabricación de ese orden
se hallaran subordinados a la institución partidista.
Con los mecanismos externos de control social, la institución partidista logro:
1) Su unidad orgánica y su sentido institucional. En la medida en que los diversos partidos
cancelan toda disputa interpartidista, con los diversos pactos.
2) Incrementar su fortaleza. Al neutralizar, subordinar y controlar al resto de las instituciones
sociales beligerantes, y confiscarles toda las fuerzas y el protagonismo social, la institución
partidista emerg1ó como el gran sujeto político.
3) Debilitar y someter a la institución militar, la cual había sido hasta entonces la única
institución con fuerza suficiente como para subordinarla.
4) Hacerse del control de todos los poderes del Estado al garantizarse (mediante el Pacto
Electoral y el Pacto Institucional) la potestad absoluta de designar a discreción a los titulares de
los tres poderes públicos.
5) Abolir al Estado de Derecho. Al concentrar todos los poderes del Estado, la institución
partidista, hizo, de la división de los poderes y del juego democrático, una ficción que terminó
suprimiendo al ciudadano, al transformarlo en sujeto de su disciplina, en un cliente o funcionario
del partido, que finalmente deviene activista político.
Con los mecanismos internas, la institución partidista logro hacer de sus instancias organizativas
internas, es decir, de sus organismos ejecutivos o funcionales, los lugares reales del ejercicio del
poder; los organismos nacionales (CEN, CPN, ETC.) pasaron a controlar los entes nacionales del
Estado (Presidencia de la Republica, Senado, Congreso de la Republica, Fiscalía General,
Contraloría General, Corte Suprema, Consejo Supremo Electoral, etc). Los organismos
ejecutivos estatales (C.E.S.), (C.RD., etc) pasaron a controlar los entes estatales (Gobernaciones,
Asambleas Legislativas, Contralorías, Tribunales, etc.). Los distritales y los municipales hicieron
otro tanto. Manteniendo, estos organismos funcionales o ejecutivos, una estructura vertical y
jerarquía y una unidad de mando que le ha permitido a las directrices nacionales (a los cogollos)
el control de sus instancias orgánicas estatales, distritales y municipales.
Así mismo, las diversas secretarias, se estructuraron de manera vertical y adquirieron las
funciones de control de los organismos del estado. La Secretaria Nacional de Educación, paso a
ejercer el control sobre el Ministerio de Educación; la Secretaria Seccional, sobre las zonas
educativas; y así sucesivamente. La Secretaría Nacional de Salud, paso a ejercer el control sobre
el Ministerio de la Salud; la Secretaria Seccional sobre las Comisionadurías de Salud. Y así, este
esquema se extendió a todos los órganos sociales. Cada órgano del Estado paso a ser controlado
por la respectiva secretaria, que en razón de su estructura vertical y jerárquica, transferían poder
a los organismos nacionales y por tanto a los respectivos cogollos.
A este respecto ha dicho Simón Saez Mérida que ..."El Estado, como estructura institucional, son
los partidos del bipartidismo (quienes) hall anulado el juego institucional, hall estrangulado el
funcionamiento del Estado, hall envilecido la realidad jurídico-política y administrativa"
(1987:85). Y termina señalando que... "las instituciones no funcionan sin el partido". Y
efectivamente, las instituciones del Estado fueron vaciados de toda utilidad, de todo valor y de
todo poder. Por ello, ha sido asunto de sentido común del venezolano, dirigirse primero a los
órganos funcionales o ejecutivos de los partidos si necesitan resolver problemas en algunas
instancias de la administración pública. Por ejemplo, aquel que requiera de un permiso del
Concejo Municipal debía dirigirse primero a la Secretaria de Asuntos Municipales del Partido, la
cual, cumpliendo, por los canales regulares de mando, los tramites de consulta a sus, organismos
superiores, impartía las ordenes disciplinadamente, procediendo conforme a las ordenes del
partido. Así mismo, quien necesitara ingresar como medico a un hospital publico o quien deseara
ingresar como estudiante, maestro, o profesor de educación primaria, media o superior, debía
disciplinadamente hacer lo propio, es decir dirigirse primero a la secretaria correspondiente.
A este tejido, creado por la institución partidista a partir del 58, es a lo que Záez Mérida ha
llamado..." Una democracia sin estado y sin institucionalidad, una democracia, degradada,
partidocracia, una democracia donde la institucionalidad, es sustituida por el carnet, por la tarjeta
de recomendación, por el soborno y la cuota de corrupción". (1987: 106).
De este modo, los mecanismos de control social de la institución partidista se reforzaron
recíprocamente. Mientras que los mecanismos externos de control confiscaban todas las fuerzas
potenciales de las demás instituciones sociales, los mecanismos internos se desplegaban
confiscando funciones, utilidad, valor y poder a los organismos institucionales públicos.
Mientras los mecanismos externos de control se expresaban como un "pacto por arriba", como un
acuerdo entre e1ites (Moneta, 1990) los mecanismos internos se manifestaban como un tej1do
estructural de funciones sustitutivas de las funciones del Estado.
Ha sido, en suma, este proceso de disputa el que ha permitido que la institución partidista pasara
a ser, a partir del 58, el control de la Vida social del modelo político venezolano.
Tal es el papel de la disputa institucional en la Constitución del modelo político venezolano. Por
ello me he persuadido de que solo la comprensión profunda de la disputa histórica que ha
registrado, a lo largo de los dos (2) últimos siglos en Venezuela entre la institución militar y la
institución partidista, puede permitirnos entender el modelo político.
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