HISTORIA POLITICA CONTEMPORANEA DE

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HISTORIA POLITICA
CONTEMPORANEA
D E V E N E Z U E L A ( 1 9 3 6 - 1 976)
Por G u i l l e r m o
1. L o s p r o b l e m a s
Morón
heredados
La repercusión de los fenómenos históricos en la manera de ser y
en el comportamiento general de un país es la esencia misma del
pueblo. Los fenómenos históricos pueden «clasificarse» para ser estudiados, pero de ninguna manera pueden ser totalmente separados,
aislados, como se hace con un virus. Actúan conjuntamente, en la
compleja trama de la existencia. Dividimos la historia en cuatro vertientes principales: política, económica, cultural y social. En esos mismos campos se sitúan los problemas que la historia contemporánea
venezolana heredó de la historia moderna. Analizarlos pormenorizadamente significaría reescribir esa Historia. Aquí se trata solamente
de mencionar lo esencial en cada vertiente.
La historia política intentó resolver el problema de la unidad
nacional; los esfuerzos de la dirigencia y sin duda los anhelos populares de unión de los venezolanos. Posiblemente las ludias teóricas,
de discusión constitucional, así como la propia lucha armada, tengan
una primera explicación en esa necesidad, que hoy se comprende poco
porque la unidad está, realizada. Otra constante preocupación política
fue la estabilidad, la paz, alterada profundamente; más aún, la República no tuvo un solo día de tranquilidad antes del asentamiento de
la dictadura gomecista. La intranquilidad, la permanente vigilia, el
desasosiego caracterizaron la historia política de nuestro país desde
la guerra de Independencia hasta la Rehabilitación; Gómez dio un
golpe de Estado para asegurar la paz. Claro está que la unidad y la
*) Bajo el título de Historia Contemporánea de Venezuela (1936-1976) dicté un
curso en la Universidad Simón Bolívar de Caracas en el primer trimestre (eneroabril) de este último año.
Con base en ese curso quedó redactado un breve libro cuyo objeto principal
es clarificar la periodificación de la Historia de Venezuela y trazar las líneas generales de la Contemporánea. El presente capítulo es el VI, desglosado para esta
publicación antes de aparecer el volumen. Se trata de una redacción que reviso
para publicar el libro completo seguramente a fines de 1977 o a principios de 1978.
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Historia política contemporánea de Venezuela
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paz significaban, en los hombres de más alta visión y dignidad, la
convivencia legítima en torno a la Constitución y a las Leyes, en torno
a la modernidad que no terminaba de llegar desde donde existía, en
Europa y en América del Norte, ni de crearse desde las propias raíces
venezolanas e hispanoamericanas.
2. E n t r e l a d e m o c r a c i a
y la
dictadura
En 1909, el primer año de Gómez en el poder, Rómulo G a l l e g o s
es un hombre muy joven, de 25 años apenas. Pero ya era escritor. En
un artículo de aquel año hace una directa referencia a la nueva situación política con estas palabras: «Solemne hora, decisiva para los
destinos de la patria es la que marca la actualidad. En el ambiente
que ella ha creado parecen advertirse las señales que anuncian el advenimiento de aquel milagro político desde largo tiempo esperado
como única solución eficaz del complejo problema de nuestra nacionalidad republicana; bajo la égida de las garantías constitucionales
comienzan a orientarse hacia ideales que parecían olvidados las aspiraciones populares; aquí y allá se señalan rumbos y se encaminan las
fuerzas vitales de la nación por senderos que hasta hace poco estaba
vedado transitar; los que ayer se hubieran apiñado en multitudes
airadas para derrocar al régimen tiránico y oprobioso, se agrupan hoy
en patriótica jornada de civismo, en torno al hombre en cuyas manos
depositó la suprema voluntad de la ciudadanía la suerte del país»1.
G a l l e g o s representa a la juventud, a la inteligencia, a las «multitudes», al civismo y a la «ciudadanía» de aquel momento. El punto
clave de la política era el establecimiento de las «garantías constitucionales». La búsqueda de la unidad y de la paz tenían, así, un requisito: lograr ambos deredios dentro del «estado de Derecho», con
arreglo a una constitución. Gómez no quebrantó el «hilo constitucional». Sólo lo adaptó a las circunstancias.
Frente a la necesidad política de unificar y pacificar al país, constitucionalmente, surgen las realidades del poder, concretadas en la
guerra, las revoluciones y alzamientos, el recrudecimiento del caudillismo y la dictadura.
') Recogido en el volumen de don Rómulo, Una posición en la vida, México,
1954; véase mi ensayo Cuartillas sobre la Dignidad, en el libro Cuaderno con
Notas Morales, Madrid, 1958, pigs. 97 ss.
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Guillermo Morón
Sobre el apoyo popular a los caudillos y a los caudillos convertidos
en dictadores, comienzan a realizarse investigaciones y a emitirse opiniones que alteran el cuadro de las negaciones. G a l l e g o s vivió en
Venezuela hasta 1931 dedicado a su trabajo intelectual. Sólo a partir
de entonces se pone frente a la dictadura. Pero me refiero, mas bien,
a aseveraciones como ésta de Francisco H e r r e r a L u q u e : «Juan
Vicente Gómez fue un monstruo primitivo merecedor de todos los
epítetos; pero, ¿coincidía esta opinión de clase o de un determinado
estrato cultural con la de la inmensa mayoría del pueblo venezolano,
incluyendo sectores amplios de su alta burguesía? Mis investigaciones
sobre el particular me autorizan a negarlo rotundamente. El pueblo
venezolano no compartía este sentimiento de reprobación y si probablemente no expresaba, por su naturaleza cautelosa, su conformidad
con el sistema, en el fondo estaba satisfecho de la gran contribución
que el dictador le había concedido al país: como era la supresión de la
guerra que desde hacía cien años asolaba a Venezuela» 2 .
Esta apreciación sobre la popularidad del dictador venezolano está,
en la misma línea de una observación del gran novelista Gabriel G a r c í a M á r q u e z sobre el dictador español Francisco Franco, «Caudillo de España por la Gracia de Dios», que seguramente producirá,
si no escándalo, al menos sorpresa en los medios políticos a los cuales
pertenece tan señalado testigo; G a r c í a M á r q u e z vivió varios
años en la España franquista, concretamente en Barcelona, desde
donde se propagó su excelente producción literaria, una de las más
elevados de Hispano-América. Esta es la insólita, pero sin duda honesta declaración del novelista: «Franco es un hombre que sólo tiene
ambición de poder. N o ha robado un centavo pues no es el dinero lo
que le interesa. Vive como en un monasterio y, quizá por eso, e s t á n
p o p u l a r e n s u p a í s . El conoce a su gente: el discurso que hizo
después de las últimas ejecuciones era rudimentario pero eficaz y tuvo
el efecto deseado. Franco es un poco el personaje de mi Otoño del
Patriarca. En él me he inspirado para muchas cosas, sobre todo en la
fase final cuando se crea la gran expectativa: se muere o no se muere»8.
También Gómez conocía a su gente. Por cierto que esta declaración
despeja una inquietud entre los lectores del fabulador colombiano. Su
2
) Juan Vicente Gómez visto por un psiquiatra, Revista Resumen, Caracas, 5 de
octubre de 1975, N° 100, pág. 53.
') 7 o Día, Suplemento de El Nacional, Caracas, Domingo 2 de noviembre de
1975, pág. 11, 24 horas con Gabriel García Mírquez.
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«personaje» en la novela mencionada, no es Gómez, como creíamos
algunos. Pero sí un caudillo de la estirpe. El caudillismo venelozano
es el mismo hispanoamericano, el mismo español. Franco y Gómez son
parientes políticos.
El problema político de mayor relieve heredado por nuestra historia
contemporánea es el de la democracia; es decir, la búsqueda de una
fórmula democrática para el Estado venezolano orientó toda la historia política del siglo X I X . El caudillismo es una expresión de esa
búsqueda, el polo negativo de la misma. La dictadura de los caudillos
es la contrapartida. Curiosamente los venezolanos no supimos entrar
en la historia moderna a través de las instituciones que ya se habían
inventado y que, desde luego, habíamos insertado en la Constitución.
No se ha hecho un estudio de esta característica histórica, que según
me parece es fundamental para entender todo el asunto. El concepto
de República, de comunidad política, diseñado por la Constitución de
1830, se mantiene todavía en 1936. Bastará con citar el artículo que
define al organismo político.
En la Constitución de 1830 es el artículo 6 o : «El Gobierno de Venezuela es y será siempre republicano, popular, representativo, responsable y alternativo.»
En la Constitución de 1936 es el artículo 13: «El Gobierno de los
Estados Unidos de Venezuela y el de cada uno de los Estados de la
Unión es y será siempre republicano, federal, democrático, electivo,
representativo, responsable y alternativo.»
El término p o p u l a r que se usa en 1830 se sustituye por el d e m o c r á t i c o d e 1936. Ambos tienen la misma significación. Ahora
bien, frente a las palabras constitucionales están los hechos históricos.
Ni los conductores del poder lograron gobernar de acuerdo con la
Constitución, ni el pueblo participó, como no fuera en los azares.
El escritor Antonio A r r á i z escribió un largo ensayo sobre el
tiempo venezolano que hemos llamado Historia Moderna. Al referirse
al ejercicio del poder expresa este terrible juicio: «Ni el virtuoso Vargas, ni el caballeroso Tovar, ni el apacible Gual pudieron gobernar en
Venezuela. El austero Soublette tuvo que apelar a la severidad, el
inteligente Rojas Paúl a la intriga y a la hipocresía. El apático Falcón
permitió que el latrocinio prosperase en su torno. La actuación de
otros gobernantes fue más censurable. — Se llega a la conclusión de que
para conquistar y conservar el poder en Venezuela era preciso saber
mentir, engañar, prometer y jurar en falso; era indispensable permitir
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el robo y conveniente ser ladrón. El egoísmo, la jactancia no eran defectos, sino cualidades: había que exigir la adulación y el servilismo,
despreciar y humillar la dignidad humana. La más grave falta era la
bondad. Un mandatario venezolano no podía vacilar cuando se trataba
de ordenar persecuciones, allanamientos, secuestros, confiscaciones,
prisiones, destierros y torturas personales; a veces la muerte. — Estos
son los rasgos que, en una sociedad normal, suelen llevar al presidio
o al manicomio. El hedió de que en Venezuela encumbrasen al gobierno no significa que la sociedad venezolana fuese anormal: ninguna
sociedad lo es; sino que d e l 8 3 0 a l 9 3 5 casi nunca gozó de normalidad.
Cuando no gemía bajo duros despotismos se hallaba desgarrada por
furiosas convulsiones internas»4. Esa semblanza refleja la cuestión
principal de la historia política, tal como llega a las puertas de la contemporaneidad. El mismo A r r á i z , quien se marchó del país a
raíz del golpe del 18 de octubre de 1945, enumera en ese artículo las
39 revoluciones que se sucedieron en Venezuela entre el I o de enero
de 1830 y el 31 de diciembre de 1903. En un país así conmocionado
no podían gobernar sino caudillos militares, dictadores, cuya fisonomía ya señalan los tres principales: Páez, Guzmán, Gómez.
La historia política contemporánea se caracteriza por la ludia entre
la democracia y la dictadura; así como hasta 1936 la dictadura había
tenido una mayor vigencia, el nuevo tiempo ha logrado un triunfo de
la democracia. Bastaría con observar el proceso político administrativo para que esa conclusión se haga patente.
Entre 1936 y el período constitucional 1974—79 el país ha tenido
cinco Constituciones, cada una de las cuales refleja un contenido político circunstancial: la de 1936 conlleva la transición de López Contreras y su acomodo a la democracia; la de 1945 acoge los progresos
sobre libertad y participación de los venezolanos en la política, característica del Gobierno de Medina Angarita; la de 1947 refleja la
profundización de la democracia representativa, precipitada por el
golpe del 18 de octubre, ya bajo el signo político de un partido, Acción
Democrática; la de 1953, sancionada por una Constituyente que obedece a la dictadura perezjimenista, traza un signo de la lucha y la
victoria dictatorial; la de 1961, vigente, diseña la actual democracia
representativa, activa desde 1958, la democracia política de más larga
duración en Venezuela y la única de su especie en la América Latina
*) Antonio A r r i i z , Revueltas y Motines, en: El Nacional, 16. 5. 1960.
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Historia política contemporánea de Venezuela
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con excepción también de Costa Rica, en cuya fuente se han inspirado
mucho los dirigente de Acción Democrática, «Felizmente reinante»
como había que decir en tiempos de la monarquía, cada vez que se
mencionaba al Soberano en funciones de Gobierno.
Aunque el proceso político contemporáneo reviste características
propias, heredó, sin embargo, algunas de las señales del siglo pasado.
Desde el punto de vista constitucional, aunque se ha estabilizado el
proceso, cada acción de gobierno ha tenido la tendencia a darse su
Constitución; así del 18 de octubre y su acta constitutiva nace una
Constitución; el golpe militar del 24 de noviembre de 1948 se continúa con él del 2 de diciembre de 1952, con cuyo acto se establece el
régimen personalista y una reforma constitucional; un nuevo golpe,
él del 23 de enero de 1958, con acta constitutiva, da pie a la Constitución vigente.
El caudillismo político se modifica, pero no desaparece. Los militares — López Contreras, Medina Angarita, Pérez Jiménez — son continuadores del caudillismo decimonónico, con variantes de personalidad no sólo política, sino moral. El 16 de agosto de 1943 el diario El
Nacional publica como noticia más destacada en su primera página
ésta: «80.000 personas recibieron a Medina en Maiquetía, Catia y el
Hipódromo Nacional». El procedimiento de participación popular,
de una política, de masas, dio fisonomía al régimen medinista.
El historiador Antonio A r e l l a n o M o r e n o , actual Embajador de Venezuela en Chile, enumera sus capítulos de historia contemporánea del modo siguiente: «Gobierno democrático del Gral. López
Contreras: 1935—41»; «Gobierno democrático del Gral. Medina:
1941—45»; «Junta Revolucionaria de Gobierno: 1945—48»; «Dictadura Militar: 1948—58»; «Gobierno Democrático de la Junta de Gobierno»5. Es decir, califica el proceso claramente en la sucesión democracia-dictadura-democracia.
En el capítulo que dedico a revisar, someramente, esta historia política contemporánea ya expuse los criterios históricos que hoy van
tomando cuerpo6. En efecto, la democracia moderna fue establecida
por el régimen de Eleazar López Contreras y profundizada por su
sucesor Isaías Medina Angarita. Sólo que no impusieron la democracia
total, esto es, votación universal, secreta, a nivel de analfabetas, me') Breve Historia de Venezuela, Caracas, 1974, pigs. 453ss.
') Historia de Venezuela, Caracas, 1971, Vol. V, pigs. 331 ss.
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ñores de edad (18 años) y voto femenino para elegir al Presidente de
la República y a los cuerpos deliberantes. Esta secuencia se impone
con el golpe del 18 de octubre, rápidamente interrumpida por la dictadura. Sólo a partir de 1958 la vigencia de una democracia semejante
se ha hecho normal.
Una ubicación cronológica de la administración política, de acuerdo
con la realidad objetiva, sería ésta: 1936—45 establecimiento de la
democracia; 18 de octubre de 1945, golpe de Estado; 19 octubre de
1945 al 14 de febrero de 1948 dictadura de la Junta Revolucionaria
de Gobierno; 14 de febrero al 24 de noviembre de 1948, Gobierno democrático de Rómulo Gallegos; 24 de noviembre de 1948 al 2 de
diciembre de 1952, dictadura de la Junta Militar de Gobierno; 2 de
diciembre de 1952 al 23 de enero de 1958, dictadura personal de Marcos Pérez Jiménez; 1958 al presente (período 1974—79) consolidación
de la democracia representativa. Es en esta sucesión cronológica donde
se observa la característica contemporánea de democracia contra dictadura, y el evidente predominio de la democracia, en sus dos etapas:
la primera, fundada por Eleazar López Contreras y continuada por
Medina; y la segunda, propiamente representativa, inaugurada por
Rómulo Gallegos, pero sólo establecida de hedió a partir del gobierno
de don Rómulo Betancourt (1959—64). La dictadura tiene una doble
faz. En primer lugar una dictadura de transición, realizada por la
Junta que se constituye después del golpe del 18 de octubre. Es dictadura porque se gobernó mediante decretos, de acuerdo con la fuerza
de los hechos. Prefiero citar de nuevo a Antonio A r e l l a n o M o r e n o : «El golpe militar del 18 de octubre incorporó de inmediato
al pueblo al proceso político, abrió las puertas a otros cuartelazos
como el que derrocó a Gallegos, creó tremendos desajustes en la vida
nacional, agitó el clima político-social reinante, interrumpió la evolución pacífica que había descartado ya la persecución política, trató
de aplicar las sanciones que debieron aplicarse a la muerte de Gómez,
liquidó la hegemonía andina establecida por Castro en el 99 y continuada por Gómez, López Contreras y Medina Angarita, acudiendo
naturalmente a la fuerza física como se había hedió para acabar con
Páez un 24 de enero, con el nepotismo de los Monagas un 5 de marzo
o con la dinastía liberal un 23 de mayo. La violencia para el relevo
de gobierno, utilizada por primera vez por liberales y conservadores
en 1857 contra Monagas y recomendable en casos en que no sea posible aplicar sistemas democráticos, venía a ser nuevamente la fór-
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muía para el cambio de gobierno no obstante que todo parecía indicar
que éste se podía hacer mediante sufragio popular»7. Todo comentario
sobra. Luego, después de esa dictadura de partido, bajo la poderosa
influencia personal de Rómulo Betancourt, la segunda y negativa fase
dictatorial militarista de Marcos Pérez Jiménez, precedida por la dictadura colectiva, también de transición, de la Junta Militar que encabezó Carlos Delgado Chalbaud, primero, y Germán Suárez Flamerich, después. Delgado Chalbaud con gran personalidad y fuerza.
Suárez Flamerich como hombre de paja del militarismo.
Así, pues, el establecimiento de la democracia representativa y la
ludia entre democracia y dictadura forman la primera característica
de nuestra historia política contemporánea. Un problema heredado se
resuelve de manera positiva, al menos hasta ahora. No ha terminado
la historia.
La palabra democracia implica necesariamente la acción popular
organizada, la presencia de partidos políticos. Tanto López Contreras
como Medina lo entienden y por eso no sólo buscan el apoyo de las
masas, sino que organizan ese apoyo a través de las Bolivarianas lopecistas y del P. P.G. y P.D. V. medinistas (Partidarios de la Política
del Gobierno y Partido Democrático Venezolano, fundados ambos por
Arturo Uslar Pietri a nombre de Medina Angarita). La presencia del
pueblo, la política de participación de masas, no comienza con el 18
de octubre, sino también con los regímenes inmediatamente anteriores
y principalmente con Medina, que salió a la plaza pública y a la calle
para afianzar sus medidas de reforma social y económica. Como dice
Ramón J. V e l á z q u e z : «La candente política, no ya la engolada
de Palacio, ha entrado de algún modo en primera»8. En el Hipódromo,
en el Nuevo Circo y en el Stádium, así como al aire libre de Los Caobos, se llevan a cabo esos encuentros populares. En 1942 el Magistrado, convertido en líder civil y político, realiza giras por el interior
(Trujillo, Mérida y Zulia).
Los partidos políticos habían existido ya en el país, habían tenido
larga actuación. Fueron los partidos tradicionales (el Liberal y el
Conservador) que tejieron la historia política hasta que la dictadura
los liquidó. Cuando la democracia se implanta a plenitud desde el
Gobierno, el instinto de lucha y la vocación por el poder se canalizan
7
) Obra citada, pág. 469.
®) Recuento de la política nacional, en: El Nacional, Caracas, 3 de agüito de
1968.
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nuevamente en los partidos. La historia específica de las organizaciones ya se escribe9. Pero lo que interesa destacar aquí son estos dos puntos: 1) la influencia de los partidos en la historia política contemporánea es decisiva; 2) el pluripartidismo tiene una clara tendencia al
bipartidismo.
£1 florecimiento de los partidos ocurre desde el mismo año de 1936;
en un año surgen 27 en todo el país; entre 1938 y 1945 salen 24 más;
de 1945 a 1952 se agregan 23, que en la etapa 1958 a 1973 se multiplican hasta la atomización, de modo que el historiador M a g a 11 a n e s le pasa revista a 159, incluidos los grupos electorales y de presión. Pero los partidos políticos con influencia decisiva en la historia
contemporánea han sido, cronológicamente, el Partido Comunista,
fundado por Gustavo Machado en México en 1926; bajo el nombre
de Unión Municipal se constituyó en Caracas el 8 y se legalizó el 27 de
agosto de 1941; Acción Democrática, establecido el 29 de julio de
1941, pero con antecedentes en la Agrupación Revolucionaria de Izquierda (ARDI), de 1931; Unión Republicana Democrática, constituida el 10 de diciembre de 1945 para combatir al primer gobierno
adeco; y el Comité de Organización Política Electoral Independiente,
COPEI, del 13 de enero de 194610.
Una democracia espontánea dio paso a una democracia de partidos.
Rómulo Gallegos en 1947, Rómulo Betancourt en 1958, Raúl Leoni en
1963, Rafael Caldera en 1968 y Carlos Andrés Pérez en 1973 son los
Presidentes electos por votación directa, bajo la fronda de partidos
políticos. Esa sola enumeración sirve para demostrar que Acción Democrática es el dominante durante toda la historia contemporánea,
después de los golpes de estado del 18 de octubre de 1945 y del 23 de
enero de 1958.
3. U b i c a c i ó n
histórica
de R ó m u l o
Betancourt
Las fuerzas políticas que se mueven en la conformación de esta
historia contemporánea, a través de los Partidos, conllevan, por supuesto, la carga de las ideologías que han sido creadas fuera de las
•) Véase el libro de Manuel Vicente M a g a l l a n e s , Los partidos políticos en
la evolución histórica venezolana, Caracas, 1973.
,0
) Ver M a g a l l a n e s , citado, págs. 355ss.; ad¿mas Libro Rojo del General
López Contreras, 1936, 3a. edición, Caracas 1975; Rubén C a r p i ó C a s t i l l o ,
Acción Democrática, 1941-1971, Bosquejo Histórico de un Partido, Caracas, 1971.
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Historia política contemporánea de Venezuela
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fronteras venezolanas y latinoamericanas; esas ideologías se mezclan
con las fuerzas tradicionales, soterradas en nuestro propio cauce histórico. Parece evidente que el marxismo, y concretamente un Partido
Comunista activo en el ámbito del Caribe, sirve de fondo, algo así
como la «madre» en las taparas de suero, para la creación de la mayoría de los Partidos y principalmente en la gestación de Acción Democrática. Organizativamente tanto este partido histórico como Copei,
que nació de una ideología y de una actividad reaccionaria, copian al
Partido Comunista. Los comunistas introducen no sólo un viento político diferente — la Revolución Soviética estaba fresca en 1928,
cuando los estudiantes se le alzan a Gómez —, sino también una metodología en la lucha totalmente diversa a la tradicional,.
Así, los ingredientes políticos que fermentan en 1928, van tomando
cuerpo hasta 1936; en el centro está el marxismo, débilmente introducido por los pocos tragaluces del régimen gomecista. A partir de
1936 los políticos jóvenes, formados en la inquietud universitaria y en
la lucha clandestina, se mueven ya en organizaciones conjuntas, en
conglomerados políticos, hasta cuando las tendencias personales, las
tácticas de grupo, el cernido de las ideologías, separan a cada organización: Partido Comunista, Acción Democrática, Unión Republicana
Democrática y Copei; sólo este último tiene una clara formación en
aguas filosóficas muy alejadas del marxismo. Cuando el 13 de marzo
de 1937 el Presidente López Contreras, con el refrendado de su Ministro de Relaciones Interiores Alfonso Mejía, decreta la expulsión de
47 ciudadanos «por el término de un año, por estar afiliados a la
doctrina comunista y considerarlos perjudiciales para el orden público», figuran en la lista Rómulo Betancourt, Gustavo Machado y Jóvito
Villalba, pero no el badiiller Rafael Caldera, cuyo nombre ya había
aparecido en la prensa como dirigente estudiantil en la organización
Unión Nacional Estudiantil, creada para hacer frente a la Federación
de Estudiantes de Venezuela, que actuaba en la práctica como un partido político. El resto de expulsados serán políticos activos e importantes en las tres toldas que allí andan revueltas: comunistas, adecos y
urredistas.
Seguramente lo que va a separar de la masa común a los grupos no
será sólo la ideología, sino la ambición de poder, la vocación política,
esto es, esa extraña fuerza interior que convierte a un hombre en dirigente, en caudillo. El primero en destacarse en Jóvito Villalba, quien
desde su posición en la Federación Venezolana de Estudiantes (FEV)
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Guillermo Morón
llameaba con su oratoria emocionante. Su presencia en la historia política contemporánea está estrechamente ligada al fervor de la palabra,
que ha sido su gran instrumento. URD es un Partido que nació de AD,
casi su primera purga o división. Gustavo Machado es un doctrinario
y militante comunista sin repliegues; su presencia como dirigente no
ha tenido la fuerza caudillista de los grandes Jefes políticos; el comunismo perdió conBetancourt y con Villalba a los hombres de arrastre11.
El político que va a heredar el proceso caudillista venezolano es
Rómulo Betancourt. Su nombre y su acción están estrechamente vinculados a toda esta historia política contemporánea; seguramente
desde 1936 Rómulo Betancourt ha sido mencionado todos los días en
Venezuela, ya sea en la prensa, en la radio, en la televisión o en las
conversaciones comunes de los venezolanos. El más ligero análisis
histórico podrá llevar su nombre al cuarto lugar en la sucesión caudillista desde 1830, en el sentido de caudillismo político con impronta
histórica de poder. Creo que José Antonio Páez, Antonio Guzmán
Blanco, Juan Vicente Gómez y Rómulo Betancourt son los cuatro caudillos venezolanos de mayor relieve. Los tres primeros llenan la historia moderna, desde 1830 a 1936; el último cubre la historia contemporánea hasta nuestros días.
Las dotes de organizador se unen a esas virtudes de los grandes dirigentes: comprensión del medio humano donde ejercen su acción, asimilación de las realidades, constancia en la actividad política. Betancourt
comprendió a tiempo que la hora del socialismo marxista, esto es, del
Partido Comunista, estaba muy lejos de 1936, de 1941 y 1945 ; se apartó rápidamente de esa ideología y se puso a construir una más criolla,
más dentro del sanccxlio venezolano. Ese fue su primer acierto. En segundo lugar, forjó un instrumento político — el Partido — que fuera a
un tiempo imagen y semejanza del pueblo venezolano y proyección propia, personal. Una organización piramidal — de acuerdo al aprendizaje comunista —, pero con participación tumultuaria a nivel de plaza
popular, con el boticario, el juez, el pulpero y el cura; no entraba el
jefe civil porque ése era el enemigo; pero sí el maestro de escuela. La
vocación de poder, una prédica constante — la democracia —, una oru
) La figura de Gustavo Machado, como la presencia misma del Partido Comunista, ha jugado un importante papel en esta historia política; ha sido unas veces
acicate para la ludia y otras una fuerza de contención para las acciones del poder.
Sobre este conductor político véase Gustavo Madiado de Oligarca a Comunista,
Caracas, 1975, tomos 1 y 2.
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Historia política contemporánea de Venezuela
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ganización a nivel nacional y una oportunidad, el 18 de octubre de
1945, convirtieron a Rómulo Betancourt en la figura histórica por
excelencia, después de Gómez, y por encima de un hombre tan hábil
como López Contreras, tan eximio como Medina Angarita y tan brillante orador como Jóvito Villalba.
Es natural que todavía no se haya estudiado la influencia de Rómulo
Betancourt en la historia contemporánea de Venezuela. Ya sabemos
que nuestra cultura es reacia a este tipo de historia; ayer porque resultaba peligroso, se corría el riesgo de dejar de ser venezolano, como le
ocurrió a Rafael María Baralt; hoy porque el defecto de los hombres
de poder, por muy democráticos que sean, es la hipersensibilidad, eso
que vulgarmente se conoce con los nombres de vanidad y soberbia. Sin
embargo, ya se hacen intentos, como el de mi propia Historia de Venezuela12 y este frente a ustedes. Quiero decir historia en el buen sentido de la palabra: ubicación y juicio. Porque propaganda política, sí es
natural que se haya hecho. Precisamente una demostración del relieve
histórico de este último gran caudillo — podrán venir otros ahora en
gestación — es la inmensa polémica en torno a su nombre y a su acción
pública, que está viva y se mantendrá viva. También está viva la
polémica en torno a Páez, a Guzmán Blanco y a Gómez, sus antecesores.
No hacemos aquí ni la biografía ni la historia política de Betancourt. Sólo intentamos ubicarlo.
Un inteligente periodista, Eloy P o r r a s , escribió una nota con
motivo de cumplir Betancourt sus 67 años de vida18. Al final de la
misma hace este resumen: «El inquieto líder estudiantil de 1928, el
revolucionario jacobino de 1945, el Estadista valiente de 1961, el caudillo de 1964, ha devenido en suerte de Patriarca político a los ojos de
mudios venezolanos y también de observadores foráneos». Esta síntesis
recoge, en efecto, las etapas políticas betancourianas: la primera entre
1928 y 1936, activo en la Universidad, alzado, en la cárcel y en el
exilio; es el tiempo de la gestación, su formación ideológica; la segunda
entre 1936 y 1945, de organización, conocimiento personal y directo
del país, exilado, pero luego de goce pleno de su libertad de acción,
bajo el régimen de Medina Angarita; en este tiempo adquiere la destreza, el equipo y la fuerza personal de dirigente máximo de una or>*) Vol. V, Libro Tercero, Capítulo Quinto, pigs. 331-351.
" ) El Nacional, Caracas, sábado 22 de febrero de 1975.
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Guillermo Morón
ganización; la tercera etapa está marcada por el asalto al poder en
1945 y el establecimiento del régimen de una abrupta democracia que
es derrumbada por los mismos compañeros de asalto; la cuarta etapa
es el exilio activo, presente siempre en la organización y en el comando;
¿estuvo alguna vez en Venezuela durante el régimen dictatorial? y la
quinta etapa compuesta por el ejercicio del poder, directa o indirectamente, rudamente como en su difícil período, o blandamente, como
cuando deja al Doctor Raúl Leoni que cumpla su destino, vigilante el
caudillo en su asiento europeo, como Guzmán Blanco.
Palabras con sentido histórico, ajenas al servicio político, son estas
de Ramón J. V e l á z q u e z cuando traza un Panorama histórico del
18 de octubre y escribe sobre La hora de Rómulo Betancourt: «La
política tiene su propia lógica y sus medidas particulares. Y para el
caudillo, la medida de su triunfo estriba como en el hombre que dispara, en el pulso y en la mirada para dar en el blanco. Y es ésta la
razón para que Rómulo Betancourt se convirtiera en la figura central
en el desenlace de una crisis cuyos ingredientes venían como los afluentes de un gran río desde diferentes zonas»14. Aesto suele llamársele
destino. Betancourt, caudillo político, es un hombre de destino. Pero
un destino solicitado desde la juventud, alimentado con pasión desde
el primer momento, sostenido con admirable constancia. Es un destino
perfectamente explicable.
El calificativo de caudillo no lo extraigo caprichosamente de la
cantera histórica venezolana. Tampoco es una referencia para asemejar
a este conductor político de transición entre la dictadura y la democracia, entre el militarismo y el civilismo, con los caudillos anteriores, ya
identificados por la historia y por la historiografía. No se trata de un héroe guerrero, que adquiere su fama en las batallas por la independencia
y su poder en la formación del primer Estado venezolano propiamente
tal, ni del hombre que aprovecha la aureola popular de un revolucionario
y la debilidad de un Estado tambaleante, ni de un dictador que cicatriza heridas a punta de hierro candente. Es un organizador y un hombre
audaz, que no vacila en utilizar el golpe de Estado para implantar
sus reformas, aunque el uso de la fuerza sea una de sus críticas permanentes al pasado y al presente. Es un político y solamente eso, político,
cuyo afán es el poder como instrumento de remodelación de la sociedad, pero también de su proyección histórica. En este sentido pudiera
u
) El Nacional, sábado 18 de octubre de 1975.
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Historia política contemporánea de Venezuela
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tener semejanza con Páez, tan preocupado por su ubicación en el futuro que escribió sus memorias. A Páez le interesaba la historia. A Betancourt le acongoja la historia; por eso trata de explicar sus pasos y
especialmente el más complejo, el más discutible, el asalto al poder
en 1945. A diferencia de los caudillos anteriores, Rómulo Betancourt
tiene pasión por el poder, pero ninguna ambición de dinero. Ni sus
más duros adversarios han podido hacer la más leve referencia a su
vida privada. No ha confundido, como dirá un comentador de Platón,
«la aristocracia del servicio» con la «cacocracia de la ambición»18.
Con motivo de celebrar los 30 años de la llamada Revolución de
octubre se realizó un curioso acto simbólico. Betancourt se reunió con
sus ex-decanes de 1945 en la casa de uno de ellos, el coronel (r) Oscar
Zamora Conde. La celebración consistió en la entrega al Caudillo de
un fusil FN-30 «que se utilizó» el 18 de octubre; dice la noticia periodística que «el único invitado civil fue el doctor Edmundo Fernández,
enlace entre militares y AD» durante el proceso de la conspiración16.
Este rasgo es muy demostrativo de esa dualidad caudillista de Betancourt; un político civil, luchador y forjador de la actual democracia
representativa, con ánimo de peleador militar, de gobernante que usó
los fusiles para derrocar al régimen que estorbaba su paso al poder.
Medina le iba tumbando todas las banderas a Acción Democrática;
sólo le faltaba una, la reforma constitucional para instaurar el voto
directo, universal y secreto en la elección de Congreso y de Presidente
de la República. El fusil FN-30 trajo ese progreso democrático, pero
abrió la puerta a la dictadura militar, al imperio de los fusiles.
Seguramente la cualidad de caudillo — que había estado ligada antes
al militarismo y a la dictadura — se observa en Betancourt tanto en su
arrastre popular, como en su carácter de hombre enérgico. Un compañero de infancia, sin relieve político, simple vecino de Guatire, el
pueblo natal, recuerda al niño Betancourt como «un muchacho de
fuerte temperamento, de carácter recio, cumplido y un poquito dominador»17. Un tratadista del derecho constitucional y hombre de sólida
cultura política, el doctor Ambrosio O r o p e z a , lo llama «el General Betancourt», en una irresistible posición definidora del caudillo
,s
) Alexandre K o y r e , Introducción a la lectura de Platón, Madrid, 1966,
píg. 176.
" ) El Universal, 18 de octubre de 1975 .
" ) Entrevista al señor Luis Felipe Muñoz, hedía por el periodista Rafael Villoría,
en: De Frente, N° 17, Caracas, 15 de junio de 1975, pig. 42.
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Guillermo Morón
civil. O r o p e z a , amigo de Betancourt y su consejero y seguidor
en ocasiones, expresa: «Esta inclinación a la imperiosa jefatura que
acompaña a Betancourt desde los años mozos, va a crecer a medida
que la vida le descubre nuevas experiencias que a su vez exigen estrategias diferentes». Y también comenta sin disimulada admiración: « . . . el
estudiante Betancourt cambia la boina de los idealistas por el bastón
de los hombres que han nacido para mandar . . .»18. Esos dos juicios
están confirmados por la manera de ser de este Caudillo, ya proverbial en la diaria presencia pública, bien en el gobierno, bien en la oposición, o simplemente en su vida activa de «político de 24 horas diarias». Muchas pipas parece que ha roto para demostrar, con hedios
menores, su liderazgo, de carácter de hombre de mando, de jefe que no
se deja discutir la jefatura.
Otra cosa será el enjuiciamiento profundo de su huella en la vida
pública. Se ha publicado toda una hojarasca con reportajes, artículos,
notas, gacetillas, caricaturas de la más variada especie. Con esa hojarasca se podrían publicar muchos volúmenes en los cuales no se encontraría nada distinto a lo que sería un lugar común: Rómulo Betancourt
ha dado mucho que hablar.
La mayor parte de esa presencia en los medios de comunicación,
corresponde a palabras de sus seguidores, esto es, a su cauda partidista,
diferente a su proyección popular, más honda y viva. La menor parte,
pero también abundante, a la diatriba, a la oposición a su gesto, a su
articulación, a sui voz y a su imagen, y desde luego a su poder político,
a sus ideas y programas de acción. Hacer una selección de juicios resulta, de momento, apresurado. He leído gran parte de lo publicado
sobre este personaje de la historia contemporánea; del archivo de un
historiador19 escojo éstos que pueden servir para medir el enjuiciamiento político, todavía no el histórico.
Ramón E s c o v a r S a l o m , político y profesor universitario,
antiguo militante de Acción Democrática por herencia de su padre,
actual Ministro de Relaciones Exteriores, ha tenido una posición crítica, escribe: «Ha sido siempre difícil tener en Venezuela un juicio
objetivo sobre la personalidad de Rómulo Betancourt. Sus negadores
profesionales abundan. Los hay tan simples de mente y de argumenta18
) En Un hombre llamado Rómulo Betancourt, Apreciaciones críticas sobre su
vida y su obra, Caracas, 1975, págs. 275ss.
w
) El historiador Santiago Gerardo S u á r e z tiene una carpeta bajo el nombre
de Rómulo Betancourt con recortes de prensa, que utilizo.
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Historia política contemporánea de Venezuela
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ción, que lo consideran un espíritu embrujado por maldades increíbles
y diabólico distribuidor de venenos políticos.» Luego: «Y sería mezquino negar a Betancourt el reconocimiento que su h a b i l i d a d
p e r s o n a l y s u v a l o r como Presidente merecen en estos momentos. Como sería igualmente producto del resentimiento y de aldeanos complejos negar el perfil individual y la acumulación de méritos sobresalientes a su personalidad de políticos»20.
Carlos C a n a c h e M a t a , activo dirigente de Acción Democrática, ha publicado numerosos artículos sobre su Jefe e ídolo político;
acostumbra escribir uno con motivo del cumpleaños de don Rómulo.
Este es el primer párrafo del publicado en El Nacional el 25 de febrero
de 1965: «La biografía política más apasionante del siglo XX venezolano, será la que se escriba sobre Rómulo Betancourt. Los 57 años
de edad que cumplió el 22 de este mes son un trozo fecundo de vida
combativa y combatida. Montado sobre el pedestal de una obra sólida
y prestigiante, el formidable líder se proyecta en vigencia creadora
hacia el porvenir.»
El escritor Angel M a n c e r a G a l l e t i se refiere a las vinculaciones ideológicas de la juventud del político: «Porque Rómulo Betancourt fue un comunista de base, con amplias vinculaciones en todo el
hemisferio y con rango de dirigente calificado, que tenía a su cargo
la divulgación de su dialéctica así como el adoctrinamiento en Venezuela y países bolivarianos»21.
Luis H e r r e r a C a m p i n s , la más prestigiosa figura política
del Partido Social-Cristiano Copei después de su máximo conductor
Rafael Caldera, escribió en El Universal del 10 de marzo de 1964
un artículo bajo el título de Rómulo Betancourt, simplemente, cuyo
párrafo final es éste: «Se cierra, pues, con la transmisión del mando
presidencial la activa vida política de quien ha centro polémico por
más de treinta años. Los más de sus enemigos políticos se han quedado
frustrados en su empeño de venganza. Un nuevo papel le tocará de
ahora en adelante al Presidente Rómulo Betancourt, de nuevo convertido en Rómulo Betancourt, simplemente. Un gran venezolano
hasta en sus numerosos yerros.»
" ) Ramón E s c o v j r S a l o m , Frente a Betancourt y frente a Leoni, en: El
Nacional, 1964.
il
) En El Universal, 17 de febrero de 1964, bajo el título de ¿Rómulo Betancourt, el Autócrata venezolano de Nuestra Epoca?
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Guillermo Morón
El fiero periodista Marco Aurelio R o d r í g u e z , hombre probo
y culto según entiendo, escribió asimismo en el momento de finalizar
el período constitucional 1959—64 el artículo El Mito de Betancourt,
en La Esfera del 24 de abril de 1964: «Venezuela ha sido engañada
con el mito de la capacidad de Rómulo Betancourt. Nada mas falso
que esa leyenda de dotes sobrenaturales, que se cimienta sobre el hedió
de que el dirigente guatireño ha sido capaz de cumplir su período de
Gobierno. Si la circunstancia de ejercer el poder por un plazo dado
fuese condición de superioridad, el General Juan Vicente Gómez sería
el hombre mas grande de nuestra historia.» Y luego: «Ningún venezolano de esta época ha poseído la habilidad de Betancourt para
halagar a los militares y para neutralizarlos. Esa es su genuina demostración de capacidad.»
Y así podría continuar las citas de políticos no comprometidas con
su caudillaje, de seguidores y de adversarios, de escritores, de simples
periodistas, de gente muy diversa y variada estirpe intelectual, social y
moral. Desde el modesto y sincero admirador hasta el trapecista que
busca ser perdonado por el caudillo en los momentos en que éste ejerce
su actual poderío político a la sombra de su casa que llev^el nombre
del río de su pueblo, Pacairigua. Se han recogido aquellos artículos
que configuran la imagen histórica de Betancourt desde un punto de
vista que podríamos llamar positivo. En la revista Política, fundada y
dirigida por Luis Beltrán P r i e t o F i g u e r o a , se publicó un conjunto de esos escritos firmados por venezolanos y extranjeros coincidentes en la apreciación afirmativa. En la presentación del número 22
dice seguramente el Director P r i e t o F i g u e r o a : «Rómulo Betancourt acciona desde hace más de treinta años en el acontecer de
su país y de la América. H a cumplido tareas que ejercen influencia
determinante en el presente y que se proyectarán en el futuro previsible. Su personalidad, como la de todo ser humano, es una conjunción particular — y esto es el carácter — de cualidades humanas
genéricas. Sería ilógico suponer que una actividad tan tajante y decisiva, pueda evocar pareceres unánimes. Pero si quienes la niegan o
aminoran su importancia tienen derecho a la crítica, los que consideran
que ha sido significativa y valiosa para Venezuela y América no deben
ocultar su testimonio. Esta edición es justamente eso: un testimonio
colectivo sobre Betancourt.» Y luego se reproducen los textos de
" ) Volumen III, N ° 32, marzo de 1964.
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Historia política contemporánea de Venezuela
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Eduardo S a n t o s , Mariano P i c ó n S a l a s , Luis B. P r i e t o F.,
Luis Alberto S á n c h e z , Aureliano S á n c h e z A r a u j o , Andrés
T o w s e n d E z c u n a , Alberto B a e z a F l o r e s , Arthur M.
S c h l e s s i n g e r Jr., Francés R. G r a n t , Robert I. A 1 e x a n d e r y Diógenes de la R o s a.
Otros textos completan la lista anterior en un libro cuyas páginas
han aumentado en ediciones sucesivas, con cambio de nombre, pero
con igual propósito de dar relieve al conductor político. Se trata de
la obra Un hombre llamado Rómulo Betancourt, editado en este año
de 1975 por un incansable editor, José Augustín C a t a 1 á , más
bibliófilo y hombre de inquietudes culturales, que empresario.
Curiosamente en todos esos testimonios se habla sólo del hombre
público, del animal político, del estadista, del conductor, de la personalidad abrumadora del hombre condenado a ejercer el poder. Allí
no encontrará el estudioso la parte biográfica correspondiente al
hombre, sólo al ser humano que también debe ser ese caudillo.
Encuentro muy pocas páginas dedicadas a la intimidad, al origen
de Rómulo Betancourt. Todavía en 1970 la periodista Juana de
A v i l a , que publica un largo recuento histórico23, equivoca la fecha
de su nacimiento. Dice: «Rómulo Betancourt es una de las figuras
políticas más controversiales del país. Nació en Guariré el 13 de
febrero de 1908. Terminados sus estudios de bachillerato, se inscribió
en la Universidad Central para estudiar Derecho. Pero los sucesos
estudiantiles del año 28, lo hicieron entrar en la lucha política contra
la dictadura de Juan Vicente Gómez.» Y sigue ya con el diseño de
la actividad pública. Ha sido en este año cuando se ha comenzado a
buscar la fuente informativa. Nació, en efecto, en Guariré, el 22 de
febrero de 1908, hijo del canario don Luis Betancourt, contabilista y
comerciante, y de la ¿venezolana? doña Virginia Bello; del matrimonio
nacieron además dos hijas, María Teresa y Helena. Se conservan aún
las casas donde nació y donde vivió su primera infancia en Guariré.
Así, pues, un hogar de la baja clase media, hijo de canario, tranquilo
pasar bajo la cuidadosa vigilancia de los padres. Una declaración del
B e t a n c o u r t de 1975, preocupado por su imagen histórica y en
una posición de memorialista, resulta especialmente impresionante
para quienes sólo conocíamos su figura de caudillo: « . . . mi infancia,
" ) Medio Siglo de Gobierno en Venezuela, Revista Elite, Caracas, 18 de septiembre de 1970.
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Guillermo Morón
que fue una infancia feliz. Una infancia en un pueblo que apenas
tendría cuatro mil habitantes con dos padres maravillosos. Una madre
— aquí está su retrato, que me acompaña siempre. Entonces hice una
vida deportiva. Jugaba fútbol, béisbol; la satisfacción de tener buenas
notas en mis estudios. En esa Venezuela, muñéndose en vida, pudriéndose en vida de Juan Vicente Gómez, y allí mi madre, especialmente,
me despertó una gran voracidad de lector. He recordado, que ya antes
de venirme a Caracas — que fue a los doce años —, había leído a «Los
Dioses tienen Sed» de Anatole France. No es precocidad sino simplemente la influencia de mi madre. Por cierto que, en el artículo de
Casals, destaco mucho el afecto profundo que él tenía con su madre
y he pensado en la mía y digo que los huérfanos tienen mayor dificultad para triunfar en la vida y no ser simplemente una persona que
vive, envejece y, después, va a la tumba, sin dejar huella. El hombre
que ha tenido madre y ésta le ha descubierto, con una intuición femenina que se agudiza cuando es la mujer-madre, condiciones y cualidades que él mismo desconocía. Yo, en mis memorias, relato mi vida
de infancia y mi juventud. No va a ser exclusivamente la vida de un
hombre público. Por supuesto, deliberadamente estoy escribiendo en
un lenguaje sencillo y coloquial. Torciéndole el cuello a la pedantería
y a la autosuficiencia»24.
" ) Revista Bohemia, 25 al 31 de agosto de 1975, pág. 75.
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