acerca de la masonería y su implicación en la

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ACERCA DE LA MASONERÍA Y SU IMPLICACIÓN EN LA HISTORIA DE ESPAÑA
-I-
Valentina Orte
23-04-2015
Desde entonces, la masonería recogió las influencias de las corrientes intelectuales del
enciclopedismo del siglo XVIII y del racionalismo y liberalismo del siglo XIX. Se difundió muy
rápidamente por Europa: en 1721, se constituyó la primera logia en Francia; en 1717, en Rusia,
establecida por Pedro I; en 1727, en España; en 1734, en La Haya; en 1738, en Boston; etc.
La establecida en Francia, de origen escocés, estuardista, fue favorecida
por el espíritu racionalista francés: instauró como rito el "escocés antiguo
y aceptado", frente al de York de las logias inglesas; y, en 1738, al
fundarse la Gran Logia de Francia, la francesa quedó desvinculada de la
inglesa, encontrándose desde entonces en abierta oposición. De esta
división nacieron las tres ramas principales de la masonería actual: Rito
inglés, Rito escocés, Rito simbólico francés. Frente al carácter
aristocrático y puritano de la masonería inglesa, la francesa evolucionó
hasta un difuso deísmo, inspirado en el racionalismo naturalista que poco
a poco le hace perder el matiz religioso que tenía aquélla; más adelante,
en un segundo proceso de transformación, cambia su concepción de una
base aristocrática de la sociedad por una estructura más democrática, intelectual y politizada.
Siempre ha negado vehementemente su vinculación con la política, especialmente a partir de la
Revolución francesa y no solo porque a ello induce el lema coincidente de "libertad, igualdad y
fraternidad", sino porque a partir de ese momento es más evidente su gran defensa de las
nuevas tendencias liberales. Masón y liberal serán términos coincidentes en algunos países
europeos; durante el siglo XIX, la burguesía mercantil, intelectual o militar, desplaza al
aristocratismo y al afán de perfectibilidad humana que la
dominaban al nacer. La Masonería ha intentado
convencer de sus buenas intenciones al proclamar, con
enorme insistencia, que tan sólo es una fraternidad que
realiza buenas obras.
Masonería en España.
En España, la masonería moderna o especulativa, que es
la masonería en el sentido actual de la palabra, fue
establecida en 1727 al fundarse la Matritense, primera logia de Madrid, por Lord
Wharton, si bien funcionaba otra desde 1726 en Gibraltar. Años después, en 1739, Lord
Raimond constituía la Gran Logia Provincial de España, con sede en Andalucía. Son logias
de fundación y obediencia inglesas que, durante el siglo XVIII, mantuvieron, en gran parte,
el espíritu inicial que las creara, formando parte de las mismas una minoría ilustrada
española, de carácter selectivo aristocrático e intelectual. La figura más destacada de este
periodo es el conde de Aranda, quien en 1780 fundó el Grande Oriente Nacional de
España (primer antecedente del actual Grande Oriente Español) del que fue su primer
Gran Maestro. Pertenecieron a esta Obediencia, entre otros: el duque de Alba, consejero
1
de Estado; don Manuel de Roda, ministro de Gracia y Justicia; don José Nicolás de Azara,
embajador en Roma; don Pablo Antonio de Olavide, síndico de Madrid y superintendente
de las colonias de Sierra Morena; don Melchor de Macanaz, (fiscal del Consejo de Castilla
en el reinado del rey Felipe V), don José Moñino, nombrado por Carlos III conde de
Floridablanca. Masones ilustres de la época fueron también don Manuel Luis de Urquijo,
ministro de Carlos IV; don Juan Antonio Llorente, secretario del Santo Oficio; el General
O'Farril, el conde de Cabarrús, el conde de Campo Alange y el célebre dramaturgo Leandro
Fernández de Moratín.
A pesar de la pertenencia a la Masonería de tan encumbrados personajes, la Orden vivió
durante el siglo XVIII constantemente perseguida, con más o menos saña según el
momento, lo que la obligó a mantenerse como sociedad secreta y, en consecuencia,
apenas nos han llegado testimonios documentales. Por ello, en los registros mundiales no
figura ninguna logia española hacia 1787. Sí está comprobada la relación de un grupo de
ilustrados masones, integrantes de aquel primitivo Grande Oriente Español, con las
actividades políticas republicanas conocidas como la conspiración del cerrillo de San Blas
(3 de febrero de 1795),1 de la que fue dirigente destacado don Juan Mariano Picornell y
Gomila, miembro de la Respetable Logia España (Madrid). Con él colaboraron en aquel
intento revolucionario don José Lax, don Pedro Pons Izquierdo, don Sebastián Andrés, don
Manuel Cortés, don Bernardino Garasa, y don Joaquín Villalba, todos compañeros de la
secta, fueron condenados a muerte, aunque gracias a las presiones del embajador de
Francia, a su vez condicionado por los también masones españoles don José Marchena y
don Andrés María de Guzmán, activos colaboradores en la Revolución Francesa, la pena
fue conmutada por la de prisión perpetua en Panamá. Esta es prueba de la fraternidad
masónica que ejercen exclusivamente con sus adictos.
En 1804, La Gran Logia General de Francia se convierte con Napoleón en el primer centro
impulsor de la masonería en Europa, siendo designado gran maestre José Bonaparte,
quien desarrolló gran actividad en España. Eugenio de Palafox y Portocarrero, VII conde de
Montijo, sucesor de Aranda, se convirtió en figura principal en las actividades masónicas
de la Gran Logia Nacional de España o Gran Oriente de España, en quien se ha querido ver
uno de los responsables del motín de Aranjuez (el conocido como “el tío Pedro”). De este
personaje, un masón contemporáneo, Antonio Alcalá Galiano, comenta en sus Memorias
que “En 1817 la cabeza de la sociedad masónica no estaba en Madrid, sino en Granada;
donde era capitán general el conde de Montijo... (el cual) estableció allí la sociedad
secreta, que se difundió por toda la monarquía siendo el general cabeza de la sociedad
inmediato presidente... Se multiplicaron las sociedades, hubo una en Madrid. No podía
1
Se trata de fue una conspiración política que se produjo durante el reinado de Carlos IV. Fue llamada así porque fue descubierta el 3 de febrero de
1796, día de San Blas. Estaba encabezada por el ilustrado mallorquín Juan Picornell —cuyas preocupaciones hasta entonces se habían centrado en la
renovación pedagógica y en el fomento de la educación pública— y los conjurados trataban de dar un golpe de estado apoyado por las clases
populares madrileñas para «salvar a la Patria de la entera ruina que la amenaza». Tras el triunfo del golpe se habría formado una Junta Suprema, que
actuaría como gobierno provisional en representación del pueblo, y tras la elaboración de una Constitución se habrían celebrado elecciones, sin que
estuviera claro si los conjurados se decantaban por la Monarquía constitucional o por la República, aunque sí sabían que la divisa del nuevo
régimen sería libertad, igualdad y abundancia. Picornell y los otros tres detenidos fueron condenados a morir en la horca, pero la pena fue
conmutada por la de cadena perpetua que debían cumplir en la prisión de La Guaira en Venezuela, de donde consiguieron escapar de allí el 3 de junio
de 1797, colaborando a partir de entonces con los criollos partidarios de la independencia de las colonias españolas de América.
2
faltar una en Cádiz, pues, me tocó hacer un mediano papel en ella” (A. Alcalá
Galiano, Recuerdos de un anciano, I). Entre los altos dignatarios de la Orden estaba
Bartolomé Gallardo, secretario de Montijo en 1808.
Sin embargo, en 1818, las persecuciones contra los masones motivaron que en “Granada
hubiera desaparecido la autoridad superior de un cuerpo tan temible. El conde de Montijo
ya no mandaba allí y, o cansado del oficio de conspirador, no obstante tenerle suma
afición, o temeroso, vivía sin ser molestado” (A. Alcalá Galiano, Recuerdos de un anciano,
I). En 1820 le encontramos formando parte de la logia madrileña Los Amigos reunidos de
la Virtud Triunfante en compañía de su hermano Cipriano Palafox, conde de Teba, maestro
masón y el zaragozano marqués de Ariño. Dicha logia decidió abandonar la politizada y
muy radical Gran Logia Nacional de España y pidió su “regularización” al Grande Oriente
de Francia.
Al iniciarse el siglo XIX, la influencia masónica en España es doble: hay logias de inspiración
francesa favorecidas por la presencia en España de José Bonaparte, y las hay de
inspiración inglesa. De aquéllas forman parte los ilustrados llamados afrancesados; de
éstas los patriotas, entre los cuales se forman los cuadros de los liberales que intervienen
en las Cortes de Cádiz. Existe constancia de que una de las primeras logias que se
instauraron de nuevo en España fue la fundada por el general Lacy, (en aquel momento
general jefe del ejército de reserva y capitán general del reino de Galicia), miembro del
Supremo Consejo de la Logia Constitucional de la Reunión Española.2 Miguel José de
Azanza y Agustín Argüelles fueron Soberanos Gran Comendador. Con la retirada de las
tropas francesas, la masonería española sufrió una dispersión de sus miembros que se
refugiaron en Francia donde fundaron tres importantes logias: la José Napoleón, la San
Luis de la Beneficiencia y la Perfecta Fraternidad.
Durante el período 1814-1820 se procedió a la restauración absolutista. Esto molestó a los
liberales (divididos en moderados y exaltados) y a los realistas reformistas, conocidos
como “persas”3. Ambas fuerzas radicalizaron sus posiciones y se entregaron, sobre todo
los liberales, a la conspiración y el pronunciamiento bajo el impulso del carbonarismo y la
masonería.
Sin embargo, fue la execrable conducta observada por Fernando VII
la que propició las sublevaciones y dio vida al crecimiento de las
sociedades secretas, como por ejemplo, la conocida como
Carcoma, nombre formado con la primera sílaba de Carbonarios,
Comuneros y Masones4.
2
Esta logia tuvo que retirar de su nombre la palabra Constitucional como consecuencia de la represión ejercida por Fernando VII. SÁNCHEZ CASADO,
GALO:”Los altos grados de la masonería” p 183
3
Después del retorno de Fernando VII a España, el 12 de abril de 1814, 69 diputados partidarios del Antiguo Régimen dirigieron al rey un
manifiesto, con el propósito de que el monarca aboliera la Constitución del 1812. El objetivo era justificar un golpe de Estado del propio Monarca,
Fernando VII para reinstaurar el Absolutismo del Antiguo Régimen. Efectivamente, Fernando VII utilizó el Manifiesto de los Persas como base para
llevar a cabo la restauración del absolutismo. El nombre del manifiesto se debe a su encabezamiento: "Es costumbre de los persas...".
4
SÁNCHEZ CASADO, GALO:”Los altos grados de la masonería” p 184
3
Fernando VII desencadenó una gran represión contra la
masonería bonapartista y afrancesados en general. Se
inició una persecución que llevó a presidio al Gran
Comendador Argüelles y a los Grandes Inspectores
Antillón, Gallego, Gallardo, Cangas-Argüelles, García Page,
Cepero, Martínez de la Rosa, Larrazábal, García Herreros,
Quintana, Felice, Villanueva, Muñoz Torrero, Manuel Cano,
Álvarez Guerra, O´Donoju, Capaz, Isidoro Máiquez,
Bernardo Gil, Campos, Calatrava y los también masones aunque no miembros del
Supremo Consejo, Porlier, Zorraquín y Ramos Arispe. Algunos pudieron escapar
exiliándose, entre ellos el conde de Toreno, (que lo hizo a Inglaterra, donde se le conocía
como el vizconde de Matarrosa), Javier Istúriz, Díaz del Moral, Cuartero y el general Mina.
Romero Alpuente y el general Van-Halen fueron los únicos supervivientes de la logia de
Murcia. Esto no significó la falta de actividad de los masones en España; se reunían
clandestinamente, de noche y a oscuras, sin levantar actas ni formar expedientes de
iniciación para no dejar rastros escritos. En 1811 se forma el Supremo Consejo de Estado
entre cuyos miembros se hallaban, según Los Anales Masónicos de la India Occidental, el
general Riego, Gálvez, Agustín Argüelles, Evaristo San
Miguel, Palacios y otros. La masonería española adquiere
entonces unas características peculiares: carácter
conspirador y reducto del militarismo romántico liberal, pues
a ella pertenecen todos aquellos (Lacy, Riego, Torrijos, etc.)
que protagonizaron en España, de manera sistemática y
continuada, el sinfín de pronunciamientos propios del siglo
XIX hispánico, como por ejemplo el que llevó a cabo el
coronel Rafael del Riego en Las Cabezas de San Juan (Sevilla)
en enero de 1820, en contra de ser embarcados para
dominar la insurrección hispanoamericana. A comienzos de
marzo, mientras se iban dispersando las tropas de Riego,
estalló una insurrección liberal en Galicia que se expandió
por todo el país, llegando en Madrid a acorralar al rey en el
Palacio Real, quien, obligado a jurar la Constitución de Cádiz, dijo: “Marchemos
francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”, famosa frase que, como se
comprobó poco después, solo era una fórmula para ganar tiempo.
En contra de la opinión de los masones que niegan su influencia en la política. Jaime
Vicens Vives, renombrado maestro de historiadores, describió la importancia de la labor
masónica en el desarrollo de los hechos cruciales sucedidos en España y Raymond Carr
estableció la hipótesis de que la Masonería española entre 1814 y 1820 fue un
movimiento que seguía tres cauces: una francmasonería con resabios conservadores,
difundida por los franceses entre las castas vinculadas al régimen en tiempos de la
ocupación; un grupo nacional-liberal, que tal vez acusaba influencias de la masonería
inglesa y que acabaría haciéndose fuerte en Cádiz (se trataría de la masonería de Istúriz,
Alcalá Galiano y Mendizábal) y una masonería puramente militar de jóvenes oficiales
activistas, entre los que habría que citar a Van Halen, Antonio Mª del Valle, José Mª
Torrijos, Juan Romero Alpuente. De modo que en la Guerra de la Independencia había
4
masones en ambos bandos y alguno de ellos, como Alcalá Galiano, colaboró con la
monarquía posteriormente. Sucede a continuación el llamado Trienio Liberal, momento
del más fuerte influjo político de la masonería española, particularmente en 1822 pero
duró poco.
En 1824, la masonería está prohibida y de nuevo en clandestinidad, aunque Fernando VII
el llamado “Rey felón” que tanto la combatió, según José A. García de Diego se inició en la
Orden durante su estancia en Francia, en lo que abunda también Roa
Bárcena y don Francisco de Asís Aguilar, obispo de Segorbe que afirma
que fue iniciado masón en Valency y así lo señala en su Historia
Eclesiástica. También lo afirman Miguel Morayta y Van Halen, quien
procuró convencerle de que se pusiera a la cabeza de la Masonería
como único medio de conservar su corona, según manifiesta el
primero en sus memorias.
En la llamada Década Ominosa (1823-1833) se consolida el
absolutismo como fórmula de gobierno con la ayuda de Los Cien Mil
Hijos de San Luis, al frente de los cuales figuraba un masón, el duque
de Angulema acompañado por el general Guillerminot, Venerable de la Logia de los
Filadelfos y el mariscal conde de Beurnonville, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia5,
quienes continúan inmiscuyéndose en política, de modo que, a veces, puede parecer que
el pueblo español es el “pagano” de los enfrentamientos entre las distintas tendencias
masónicas. Se inicia una gran represión; el rey firma varios edictos que terminan con la
petición de la pena de muerte para los francmasones. Siguiendo a Sánchez Casado,
mencionamos al marqués de Lebriñana, al capitán Fernando Álvarez de Sotomayor,
Antonio Caso, Torrijos y al general Lacy. En esta época desempeñaba el cargo de Soberano
Gran Comendador del Supremo Consejo de España el infante D. Francisco de Paula de
Borbón, hermano del monarca quien al mismo tiempo era Gran Maestre de la masonería
simbólica del Gran Oriente Nacional de España.
Fernando VII, efectivamente, fue un gran represor de la masonería, el Gran Verdugo, le
llaman, pero, al tiempo, los incluía en sus gobiernos, como por ejemplo al duque de San
Carlos, Macanaz, Góngora, Salazar, Eguía, San Miguel, Argüelles o Martínez de la Rosa.
Una incongruencia más del monarca, pero que demuestra la imbricación de la masonería
en la política del Estado. Así lo cree Díaz y Pérez cuando afirma que la Orden se puso al
servicio del sistema liberal y mayormente desde la muerte del Rey en que todos los
hombres que rodeaban a María Cristina y a la Reina niña, contaron con el trabajo de las
logias como principal factor para la causa de la libertad.6 Así ocurrió cuando la reina
mandó avisar a sus partidarios liberales y al infante don Francisco de Paula ante la firma
derogatoria de la Pragmática que dejaba a su hija sin el trono. El infante y sus hermanos
lograron el destierro de Calomarde (el primer inductor del rey), el nombramiento de
heredera del trono a favor de la futura Isabel II y la proclamación de Doña Cristina como
Regente del Reino. Se abrieron las Universidades y se dictó un decreto de amnistía
general, por el que regresaron algunos masones emigrados, (según afirma V. Guarner), si
55
6
SÁNCHEZ CASADO, GALO:”Los altos grados de la masonería” p 195
SÁNCHEZ CASADO, GALO:”Los altos grados de la masonería” p 184
5
bien la lista se vio ampliada al reponerles en la posesión de sus bienes, derechos y
honores, autorizándoles a ocupar cargos públicos. Todo ello permitió un reforzamiento del
Partido Liberal, claramente trufado de masones.
Con el nombramiento de la princesa Isabel como heredera del trono de España, surgen las
guerras carlistas, al tiempo que se forma la Orden de los Libres Masones Españoles, una
masonería altamente politizada que no tuvo reparo en declarar:”(…)la Orden de los Libres
Masones tiene por objeto el ejercicio de perfeccionar el
bien de la humanidad y obedecer bien y fielmente al
legítimo Gobierno Constitucional de su Majestad Isabel II,
al bien general de la Península7 y al exterminio de la
guerra civil contra los tiranos usurpadores.
El período 1833-1843, lejos de ser un período de
persecución y clandestinidad sería de esplendor, pues
caído Cea Bermúdez, casi todos los restantes jefes de
Gobierno o ministros del período serán miembros de la institución. Se repiten nombres de
los más conspicuos masones con habilidad suficiente para participar en todos o casi todos
los gobiernos. Entre ellos, Juan Álvarez Mendizábal, quien en 1836 decretó la famosa
desamortización que lleva su nombre por la que se suprimieron todas las órdenes
religiosas que no tuvieran como fin la beneficencia, al tiempo que expropiaba sus bienes y
los ponía en venta. Aunque lo propusieron como medida social, el proceso no tuvo efecto
igualitario alguno, pues el método de subasta dirigía los bienes hacia unas pocas manos,
las que disponían de capital. No se formó en España ninguna burguesía agraria, pues sólo
la nobleza terrateniente se interesó por las grandes pujas. La reforma acrecentó el
latifundismo en el sur y atomizó los minifundios del norte. Tampoco logró el flujo de
capital deseado8, pues el proceso de venta fue lento y el dinero llegó con
cuentagotas9. Pero consiguió el fin que más les preocupa, atacar a la Iglesia. Poder y
sociedad sólo pueden vivir en el respeto a las instituciones y observancia de las leyes",
afirmaba Nicomedes Pastor Díaz, si bien, la idea de "libertad bajo la ley" era todavía una
quimera en España.
En 1836 los progresistas, agrupados alrededor de Mendizábal, estaban muy lejos de
aceptar el resultado de las urnas y alegando un posible pacto entre moderados y carlistas
se dispusieron a romper el marco del Estatuto por la vía insurreccional. Y así, el 12 de
agosto estallaba el célebre Motín de la Granja que obligó a la regente doña María Cristina
a firmar un decreto restableciendo la Constitución de 1812.
7
8
Es necesario aclarar que esta Orden tenía gran vinculación con el Gran Oriente Lusitano.
Para subsanarlo, veinte años después, Madoz, realizará una nueva desamortización con el mismo resultado .
9
Los miembros de la familia Rotschild (James, Nathan y su hijo Lionel, etc.) judíos y masones, lograron, al parecer no muy limpiamente, la
explotación de las minas de mercurio de Almadén (que les reportaba entre 1,5 y 2 millones de francos anuales de 1835, por el apoyo fraternal de
Toreno y Mendizábal) y de las que España NUNCA percibió ganancias.
6
Tras el motín, formó gobierno el masón don Manuel María de Calatrava, en el que
desempeñaron
cartera
los
también
“hermanos” don Joaquín María López, don
José Ramón Rodil, don Andrés García Camba
y, de nuevo, don Juan Álvarez Mendizábal. Las
Cortes constituyentes convocadas por este
último Gobierno fueron presididas por el
correligionario Gómez Becerra. Y obtuvieron
escaño los también miembros de la secta,
Argüelles, Alonso Cordero, Álvarez Gómez,
Acuña, Alcalá Zamora, Ayguals de Izco, Aspiroz, Ballesteros, Beltrán de Lis, de los Cuetos,
Cantero, Caballero, Cano Manuel, Espartero, Espoz y Mina, Ferros Montaos, Fernández del
Pino, Fernández de los Ríos, Feliú y Miralles, Fernández Baeza, Ferrer, Flores Estrada,
González Antonio, Gracia Blanco, Garrido, Martín de los Heros, Huelves, Infante, Llanos,
Madoz, Matheu, Millan Alonso, Olózaga, Olleros, Padilla, Roda, Seoane, Salvato, San
Miguel, Sancho, Vadillo y Vicens.
Aquellos acontecimientos significaron la ruptura definitiva del gran partido liberal español
y la irrupción del juego sucio entre sus dos familias: moderada y exaltada. Ya no podía
gobernarse con los principios abstractos de 1812, como querían los progresistas, ni con los
restrictivos principios del Estatuto Real como querían los moderados. Era necesario
encontrar un consenso básico entre los liberales para afrontar la guerra carlista y, sobre
todo, la construcción del Estado y la administración.
El Real decreto de abril de 1834 se limita a amnistiar las actuaciones pasadas, pero sigue
manteniendo prohibida la pertenencia a la Masonería, bajo penas de prisión, destierro e
inhabilitación para el ejercicio de cargos públicos. A pesar de ello y, en contra de la
opinión de Ferrer Binimeli que reitera una y otra vez que nunca actuaron en política,
durante la regencia de la "reina gobernadora" formó Gobierno, como presidente, el ya
mencionado masón Martínez de la Rosa, figurando al frente de respectivas carteras
ministeriales los también compañeros de fraternidad Garelly, Burgos, Zarco del Valle y
Vázquez Figueroa, lo que facilitó la disminución de la presión policial. De entre los
miembros de la Francmasonería española en aquellos años, destacan los generales: Espoz
y Mina, Porlier, Lacy, Miláns, Álava, Van Halen, O'Donojú, Torrijos, O'Donnell, Santander,
Zayas, Morillo, Moreda, Valdés y Martínez de San Martín. Los jefes y oficiales: Ramón
Latas, Joaquín Vidal, Ignacio López Pintos, Eusebio Polo, Patricio Domínguez, Facundo
Infante, Antonio Quiroga, Felipe Azo, Juan Sánchez, Ramón -Álvarez, Francisco Merlo,
Cipriano Lafuente, Tomás Murciano, Laureano Félix, José Ortega, Joaquín Jacques, Juan
Antonio Caballero, Ramón Maestre, Francisco Vituri, Vicente Llorca, y José Ramonet.
Y, de entre los civiles, además de los indicados anteriormente destacaron Vicente Cano
Manuel, presidente de las Cortes y su hermano Antonio Cano Manuel, ministro de Gracia y
Justicia; Juan Álvarez Guerra, varias veces diputado y senador y Ministro del Interior en
1835; Álvaro Flórez Estrada, diputado que tomó parte activa en la revolución de 1820; el
Marqués de Tolosa, activo fundador de Logias; Antonio Romero Alpuente que llegaría a
ser diputado en 1880; Martín Batuecas activo luchador por las ideas republicanas; don
Alfonso María de Barrantes, Antonio Pérez de Tudela, que fuera Gran Comendador de la
7
Orden; don Mateo Seoane, diputado en 1823 que votó a favor de la destitución de
Fernando VII; Juan Manuel Vadillo, varias veces diputado y senador; el célebre poeta José
de Espronceda, incansable activista a favor de la Masonería; Bartolomé José Gallardo, que
fuera bibliotecario de las Cortes de Cádiz, Juan Hurtado, José Alonso Partes, Manuel
Figueroa, Pascual Navarro, Antonio Oliveros, Antonio Zarrazábal, José Zorraquin, Francisco
Fernández Golfin, Ramón Félix, Juan Antonio Yandiola, Sebastián Fernández Valera, José
María Montero, Mamerto Landáburu, Francisco Alvarez, Francisco Lonjedo, Gregorio
Iglesias, Domingo Badia (Alí Bey), Claudio Francisco Grande, Nicolás Paredes, Tomás
Francos, Domingo Ortega, Francisco Meseguer y Francisco Fidalgo10. Muchos de ellos
diputados o senadores en distintos gobiernos, reiteramos, participaron en política como
exigían sus cargos, pero siguiendo las directrices de la Orden.
El resultado fue la Constitución de 1837 que diseñaba un régimen de "soberanía
compartida", un sistema constitucional y parlamentario perfectamente homologable con
los más avanzados que en aquel momento se podían encontrar en Europa. Los
progresistas coincidían en aquel momento con lo propugnado por los centristas de Istúriz
en las abortadas Cortes de 1836: el texto constitucional reconocía la "soberanía popular",
incluía una declaración de derechos individuales, establecía la libertad de imprenta, la
tolerancia religiosa, el poder judicial y la milicia nacional tal como querían los progresistas,
pero incluía también principios moderados como el sistema bicameral, el veto del
monarca y el derecho de disolución. Fue pues, la primera Constitución claramente
consensuada por los dos principales partidos españoles.
Mientras tanto la guerra se inclina a favor de los carlistas. Además, en 1842 las tropas de
Juan Van Halen en el gobierno de
Espartero bombardean Barcelona
porque la ciudad se rebela contra la
política librecambista del gobierno
que amenazaba al proteccionismo
exigido por los industriales catalanes
para mantener el monopolio de sus
productos textiles en España. Las
medidas liberales progresistas de
Espartero, promovían la apertura de
las fronteras españolas a los
productos ingleses, competidores en aquel momento por calidad y precios de los
fabricados en Cataluña. Las negociaciones librecambistas con Inglaterra concluyeron con
el anuncio de un tratado comercial, ocasionando el desencanto e indignación de la
Burguesía Catalana (la Junta Popular) y de las asociaciones de obreros que pedían la
protección de la Industria Catalana en contra del interés del resto de los españoles.
El 8 de junio de 1843 se produjo otra insurrección de tropas contra el gobierno. El objetivo
era conseguir la mayoría de edad de Isabel II y su coronación. En la lucha entre las
distintas facciones o ramas masónicas se alza Prim (quien, aunque catalán, velaba por el
interés general de España), el cual ordenó un segundo bombardeo de Barcelona. Se inició
10
RESPETABLE LOGIA SIMBÓLICA MORIÁ Nº 143:”La Masonería en España”
8
éste desde la Ciudadela y se lanzaron cerca de 3000 bombas durante los dos meses que
duró el asedio.
La España isabelina se convirtió en la España de los pronunciamientos militares, cada uno
provocaba un cambio constitucional, aunque no eran Constituciones civiles. Los notables
de turno eran los que regían y de sus intereses, a veces contrapuestos según la logia,
dependían los cambios,11 el pueblo no tenía derecho a voto ni a instrucción pública. Esta
situación inestable creaba constantemente revueltas, por lo que para garantizar el orden
público se creó ese año la Guardia Civil. Los acontecimientos políticos llevaron a que la
reina concediera en mayo de 1844, la jefatura del Gabinete a Narváez quien, además, se
adjudicó la cartera de Guerra. Durante los dos años de su gobierno, termina con Martín
Zurbano y encarcela a Prim acusándolo de participar en un complot contra él, por el
atentado sufrido en Madrid en la calle del Desengaño esquina a Luna ante la parroquia de
San Martín. Ese día se trasladaba en berlina en compañía de su ayudante el comandante
Baseti y don Salvador Bermúdez de Castro, duque de Ripalda y de Santa Lucía y marqués
de Lema. El primero resultó muerto, el segundo, herido y Narváez ileso. Al poco, fue
depuesto y sustituido por otro masón, Istúriz.
Dos años después de estos sucesos, el 9 de
noviembre de 1846, el papa Pío IX, continuando con
la línea de sus predecesores, ̶ Clemente XII en 1738
(bula In eminenti) y Benedicto XIV en 1751 (bula
Providas), ̶ promulga la nueva encíclica “Qui
pluribus” contra la masonería, de la que conviene
recordar algún párrafo:
“Sabemos, Venerables Hermanos que, en los tiempos
calamitosos que vivimos, hombres unidos en
perversa sociedad e imbuidos de malsana doctrina,
cerrando sus oídos a la verdad, han desencadenado
una guerra cruel y terrible contra todo lo católico, han esparcido y diseminado entre el
pueblo toda la clase de errores, brotados de la falsía y de las tinieblas. Nos horroriza y nos
duele en el alma considerar los monstruosos errores y los artificios varios que inventan
para dañar; las insidias y maquinaciones con que estos enemigos de la luz, estos artífices
astutos de la mentira se empeñan en apagar toda piedad, justicia y honestidad; en
corromper las costumbres; en conculcar los derechos divinos y humanos, en perturbar la
Religión católica y la sociedad civil, hasta, si pudieran arrancarlos de raíz”.
A partir de la publicación de este documento se produjo una reacción en España. Muchos
masones emigraron, pero según afirma Sánchez Casado12, “la regularidad del Supremo
11
Recordemos la pertenencia de los mismos a la Masonería, pero dentro de ella existían logias supeditadas a diferentes obediencias.
12
Galo Sánchez Casado nació en 1949. Sociólogo, periodista, publicitario y viajero incansable, iniciado en la masonería en 1986 en la logia San Juan
de Catalunya, n.º 1 de la GLdE, ha sido oficial en varias ocasiones de la Gran Logia de España. Aunque apasionado del Rito Escocés Antiguo y
Aceptado, esto no le ha impendido conocer otros ritos, por lo que es grado 33.º del REAA, Mark Mason y Royal Arch Mason, además de pertenecer al
rito de Emulación y Schroëder o haber trabajado en el rito de York o Escocés Rectificado. Actualmente como grado 33.º, está dedicado al Supremo
Consejo del REAA para España, del que es oficial y miembro de la Comisión Rectora, Delegado de Comunicación, Director de la Revista Zenit y
Delegado para Cataluña.
9
Consejo fue perfecta y sus trabajos se acomodaron a las vicisitudes de la época”, es decir,
actuaron más solapadamente, pero las luchas entre las distintas líneas masónicas
continuaron. Así, cuando por la amnistía de 1847 puede volver Espartero a España y es
nombrado senador vitalicio, Narváez, muy irritado, entra en el Consejo de Ministros e
implanta su dictadura que durará tres años con el breve paréntesis del gabinete
relámpago de Cleonard. Mientras, triunfan los movimientos progresistas y revolucionarios
en Francia, Prusia, Austria, Hungría y en los
Estados Pontificios que darán unidad a
Italia como estado.
El 28 de junio de 1854 se produjo “La
Vicalvarada”13 bajo las órdenes del general
O´Donnell. Se inició como resultado del
malestar de los militares conservadores,
pero acabó convirtiéndose en un conjunto
de reivindicaciones de tipo progresista.
Esto trajo consigo de nuevo el regreso de
Espartero al poder en coalición con O`Donnell.
Durante el Bienio Progresista Cándido Nocedal fue un activo defensor del Partido
Moderado que se encontraba en grave situación, y a él se atribuye haber podido
mantener organizadas las filas del mismo frente a los movimientos de los progresistas y la
aparición de la Unión Liberal de Leopoldo O’Donnell, con quien se enfrentó abiertamente,
tanto en las Cortes como a través de la publicación satírica y neocatólica que fundó, El
Padre Cobos. Tan ardiente defensa de la reacción le permitió ser
nombrado ministro de Gobernación en 1856 tras la caída del Bienio.
Después, y aprovechando la holgada mayoría parlamentaria
conservadora de las elecciones generales que había organizado desde
el Ministerio, impulsó la derogación de distintas leyes progresistas del
periodo anterior, aprobando una Ley de Imprenta que es considerada
la más restrictiva del periodo del reinado de Isabel II. A pesar de que
los esfuerzos de O'Donnell por ganarse a los moderados a la causa de
la Unión Liberal tuvieron éxito en muchos casos, Cándido Nocedal, líder
de los neocatólicos, defendió la tradición contra la revolución, se
resistió incluso a la oferta de presidir el Congreso de los Diputados y ser embajador
en Roma (1867). Puso especial empeño en despertar la conciencia nacional católica a
través de los periódicos La Estrella y La Constancia, desde donde manifestaba su
intención de detener a las fuerzas revolucionarias que amenazaban España.
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La Vicalvarada fue un pronunciamiento de militares "progresistas” (en su mayoría compuesto por masones radicales), dirigido por los
generales Leopoldo O´Donnell y Domingo Dulce contra el gobierno moderado. Consecuencia del golpe de estado finaliza la década moderada los
progresistas se hacen con el poder (1854-1856), lo que se denomina el bienio progresista. El levantamiento ocurrió el 28 de junio de 1854, las
tropas de los sublevados se enfrentan a las del gobierno en Vicálvaro (entonces pueblo, hoy incorporado a Madrid). Con el triunfo revolucionario,
Espartero, también liberal progresista, es nombrado Presidente del Consejo de Ministros y O'Donnell ocupa la cartera de Guerra.
Este pronunciamiento dio lugar durante varios días a una verdadera revolución en Madrid con resultados muy relevantes en personas y edificios.
Los revolucionarios asaltaron las casas de los nobles y de los Ministros del Gobierno. Importantes fueron los daños causados en la Puerta del Sol y
en los palacios del marqués de Salamanca y de María Cristina, que fueron asaltados e incendiados. Igualmente fueron asaltadas la casa del Ministro
de Fomento, en la calle Prado con León y la del Ministro de Hacienda. Las barricadas se vieron por la zona de la Puerta del Sol, produciéndose
numerosos daños y asesinatos. Destacado fue el linchamiento y maltrato público del jefe de la policía que acabó su vida siendo fusilado en la Plaza
de la Cebada.
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De nuevo la rama radical de los masones protesta y agita a estudiantes y obreros contra el
Gobierno. Se producen duros enfrentamientos en lo que se conoce como la noche de San
Daniel14 (1865) al cargar la Guardia Civil, apoyada por unidades de Infantería y de
Caballería, contra la muchedumbre; el enfrentamiento se saldó con el triste balance de 14
muertos, 193 heridos y 66 fusilados. Destituido O’Donnell, se traslada a Biarritz por
problemas de salud donde falleció el 5 de noviembre de 1867, especulándose sobre su
posible envenenamiento. Años después también surgirán sospechas sobre la explicación
del asesinato de Prim. En ambos casos se señala como culpables a los masones del grupo
contrario.
A principios de 1866 estalló la primera crisis financiera de la historia
del capitalismo español. Aunque estuvo precedida de la crisis de la industria textil
catalana, cuyos primeros síntomas aparecieron en 1862 a consecuencia de la escasez de
algodón provocada por la Guerra de Secesión norteamericana, el detonante de esta crisis
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El motivo fue la decisión del Gobierno de España de enajenar una parte del Patrimonio Real para hacer frente a la delicada situación que
atravesaba la Hacienda Pública. Este hecho motivó la repulsa de un sector de la población que era contrario a que se hiciera entrega del 25% a la
Reina Isabel II. Don Emilio Castelar, catedrático de Historia en la Universidad Central, se puso al frente de aquel movimiento publicando varios
artículos contrarios a la usurpación de los bienes del pueblo para favorecer, en cierta medida, a la Monarquía. Por aquella época, los catedráticos
tenían vetado cualquier posicionamiento cercano al “krausismo”, que defendía la libertad de cátedra y la tolerancia académica. Asimismo, les estaba
prohibido emitir opiniones contrarias al «Concordato de 1851», que había puesto fin a la desamortización de los bienes eclesiásticos lo que había
disgustado profundamente a los masones anticlericales. Como consecuencia de todo ello, el Gobierno presionó al Rector, don Juan Manuel
Montalbán, para que destituyera a Castelar pero, su negativa a tomar esta medida, motivó el cese de ambos y la dimisión de otros catedráticos en
solidaridad con sus compañeros. En la fecha en que tomaba posesión el nuevo Rector, los estudiantes se echaron a la calle arropados por obreros,
intelectuales y miembros de diversos partidos políticos. Al caer la noche del 10 de abril, los manifestantes se concentraron en la Puerta del Sol para
dar una serenata de apoyo a Montalbán, que había sido prohibida con anterioridad por el Ministro de la Gobernación.
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de 1866 fueron las pérdidas
sufridas por las compañías
ferroviarias, que arrastraron
con ellas a bancos y
sociedades de crédito. Las
primeras
quiebras
de
sociedades
de
crédito
vinculadas a las compañías
ferroviarias se produjeron en
1864, pero fue en mayo de
1866 cuando la crisis alcanzó a
dos importantes sociedades
de crédito de Barcelona,
la Catalana General de Crédito
y el Crédito Mobiliario
Barcelonés, lo que desató una
oleada de pánico.
A la crisis financiera de 1866 se sumó una grave crisis de subsistencias en 1867 y 1868
motivada por las malas cosechas de esos años. Los afectados no fueron los hombres de
negocios o los políticos, como en la crisis financiera, sino las clases populares debido a la
escasez y carestía de productos básicos como el pan. Se desataron motines populares en
varias ciudades, en Sevilla, por ejemplo, donde el trigo llegó a multiplicar por seis su
precio, o en Granada, al grito de “pan a ocho *reales+”. La crisis de subsistencias se vio
agravada por el crecimiento del paro
provocado por la crisis económica
desencadenada por la crisis financiera,
que afectó sobre todo a dos de los
sectores
que
más
trabajo
proporcionaban, las obras públicas —
incluidos los ferrocarriles— y la
construcción. La coincidencia de
ambas crisis, la financiera y la de
subsistencias, creaba unas condiciones
sociales
explosivas que
daban
argumentos a los sectores populares
para incorporarse a la lucha contra el régimen isabelino.
La desaparición de O`Donnell permitió a los unionistas iniciar una convergencia con
progresistas y moderados, que culminará en El Pacto de Ostende, llamado así por la
ciudad de Bélgica donde se firmó, el 16 de agosto de 1866. Fue una iniciativa del general
progresista Juan Prim con el objetivo de derribar la Monarquía de Isabel II. La Unión
Liberal aceptaba la entrada en un nuevo proceso constituyente y en la búsqueda de una
nueva dinastía, la soberanía única de la nación y el sufragio universal.
La respuesta de Narváez fue acentuar su política autoritaria. Las Cortes cerradas en julio
de 1866 fueron disueltas y se convocaron nuevas elecciones para principios de 1867. La
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“influencia moral” del gobierno dio una mayoría tan aplastante a los diputados
ministeriales que la Unión Liberal, lo más parecido a una oposición parlamentaria, quedó
reducida a cuatro diputados. Además en el nuevo reglamento de las Cortes aprobado en
junio de 1867, tres meses después de haber sido abiertas, se suprimió el voto de censura,
reduciendo así sensiblemente su capacidad para controlar al gobierno. El 23 de abril de
1868 falleció el general Narváez dando paso al clima de conspiración contra el reinado de
Isabel II que desembocará en la revolución de 1868, la llamada “Gloriosa”.
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