Intento convencer de la emoción absoluta de mirar

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Que no hay tonto bueno nos lo dice la experiencia. Que una empresa importante tenga tantos tontos en su nómina, en su cadena de mando, puede decirnos que este país
poeta granadino murió cerca de su pueblo,
y que Machado se fue a Francia una temporadita con su familia, y allí murió.
No hay que dedicarle mucho tiempo a
poner de manifiesto la estupidez y la maldad que anidan en ambos textos.
Wert no se produjo ninguna conmoción.
Nº
fechatontos
de publicación:
140508
Nosysobran
y malvados con
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jo. Difusión:
En todos los
ámbitos. No digamos en la
Periodicidad:
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Web
Site:
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hasta
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30 años, podían pegar una
chos como esos.
08/05/2014
Yo mismo, en una ocasión, ejerciendo
Página:
64entendí a una señora que pidió
de librero,
Tamaño:
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“el libro del
ese”. A la primera
572
supe cm2
que se refería a Stephen Hawking y su
Big Bang.
DESAYUNO CON... NICHOLAS FOX WEBER
thany, Connecticut, trata, según
Weber, de mantener los más puros valores de contemplar arte.
“La gente raramente se toma el
tiempo de disfrutar de la experiencia de ver”. Weber asegura que
ese es el mensaje que ha transmitido a los guías de las visitas de la
retrospectiva en Madrid: que no
den mucha información. “Intento
convencer a la gente de la emoción absoluta que supone mirar”.
Mirada y precio andan en desacuerdo en el actual mercado de
arte, continúa el historiador. “Los
“Intento convencer
de la emoción
absoluta de mirar”
FLOR GRAGERA DE LEÓN
“¿Qué haces chico? [el joven estudia Historia del Arte]. ¿Y te gusta,
chico?”. Nicholas Fox Weber
(Hartford, Connecticut, 1947), director ejecutivo de la Josef and
Anni Albers Foundation, a la que
Nicholas Serota, el hombre al frente de la Tate, describió como “la
crema de las fundaciones de artistas”, rememora aquel encuentro
que le cambiaría la vida. Weber
era un estudiante de arte en Yale,
decepcionado por un tedioso curso sobre Seurat. El interés por una
compañera de la universidad le había conducido a casa de esta, y en
las paredes había varios cuadros
de Josef Albers —adquiridos entonces por unos cientos de dólares—, el célebre artífice del homenaje al cuadrado. Este ahora experto en arte, autor de más de una
decena de libros sobre figuras como Balthus, Le Corbusier o el grupo de la Bauhaus, pudo conocer
después al autor de los lienzos. El
efecto fue mágico: Weber recuperó su pasión por la pintura.
Y sí. Quien preguntaba al estudiante tan directamente era Josef
Albers, un hombre “ante el que no
se podían contar medias verdades”. El pintor abstracto y docente
había llegado desde Alemania con
su mujer Anni huyendo del nazismo. Weber describe esa primera
Fundación Juan March.
Madrid
El historiador
cultural comisaria
una retrospectiva
sobre Josef Albers
E Dos cafés con leche.
E Dos zumos de naranja.
E Ensaimadas, cruasanes
y churros.
Total: 3,80 euros.
charla en aquella casa sencilla
con vivos detalles, ante un desayuno en la Fundación Juan March
de Madrid. Por fin se decide a atacar un churro. “¡Sabe a patata!”,
exclama. Es inminente la inauguración de la primera retrospectiva
sobre Albers que se le dedica en
España con título Medios mínimos, efecto máximo, y que Weber
comisaria.
La mesa perfectamente dispuesta en la March se va mezclando con el bullicio que crece en la
cafetería, y produce cierto eco con
el pasado. “Anni aquel día no había preparado comida, por lo que
compramos pollo frito”. La antigua alumna de la Bauhaus de familia adinerada y rompedora diseñadora textil lo puso en platos blancos, en un carrito “simple y bello”.
“Pensé que eso era el arte; convertir aquel pollo en algo refinado”.
La fundación que lleva el nombre
de los dos artistas radicada en Be-
Weber: “Desde la simplicidad se llega a la profundidad”. / santi burgos
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valores del arte son mucho más
grandes de lo que el dinero puede
medir”. Para ilustrar su opinión,
aparece Albers ya con 85 años, el
único artista vivo al que el Metropolitan Museum de Nueva York
había dedicado una exposición,
limpiando nieve afanosamente
en la puerta de su casa. Albers,
católico, hijo de un carpintero,
vio en su propia biografía cómo
se vuelven las tornas cuando él
ayudó a mantener a su acaudalada familia política judía, que ya lo
había perdido todo por el exilio.
La economía, como idea de distribución de bienes escasos, es marca de su pintura y de su hallazgo
final: el cuadrado.
“Desde la simplicidad se llega a
una enorme profundidad”, prosigue Weber, quien se lamenta de
las muchas falsificaciones de la
obra de Josef Albers con las que le
toca lidiar, “una consecuencia” de
ese mercado voraz.
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