Creo que el loco está más cerca del revolucionario

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SUEÑOS EMPEÑADOS
Creo que el loco está más cerca del revolucionario que el cuerdo, en ese delicado
continuum que conforma la locura. Corren tiempos en que, para mi, hasta sería lícito
dudar de si el ingreso alberga una intención más allá de la segregación social. Otra vez.
Pero hoy me refiero al loco artista, al extravagante, al soñador, incluso al
paranoico que teme al compañero tanto como al opresor, porque el miedo es personal e
intransferible, aunque también, y en gran medida, guiado, culturalmente uniformado, e
inconscientemente transmitido de generación en generación, que hasta en el
psicoanálisis puedes encontrar algunos sueños típicos.
Los cuerdos también viven al margen del capitalismo y eso los convierte en
locos en medio de la obediencia establecida.
Entonces, ¿qué define la locura? ¿En qué otro mundo paralelo el loco sería
normal? Porque yo creo que hay un sitio para cada uno siempre y cuando el sitio no te
lo estén definiendo los otros. ¿Acaso eres capaz de discernir quién ha levantado los
muros tras los que te ocultas?
Pobre del loco que nada en las aguas de un mundo interior demasiado revuelto.
El proceso de expulsión de lo viejo es largo y largo el tiempo de arar para que entre lo
nuevo. Ninguna nueva historia puede penetrar en unos esquemas rígidos.
Cuando las ideas que en su día fueron incipientes se quedaron sin alimento
porque el Estado te abandonó, sí, te regó de ideas que hoy ya no tienen lugar en el
mismo regazo que hoy te deja huérfano.
Después, claro está, sigue el miedo, no tanto hacia los locos sino hacia los
cuerdos. Cuerdos con cresta, locos con rastas, cuerdos con rasta y corbata, chavales con
mochila y niñas bien vestidas, madres, padres.
Pero ¿de qué locos hablamos? Radicales, criterio diagnóstico de gobiernos traidores.
Difícil, ¿verdad?
Personalmente prefiero la locura de la plaza, la diferencia. Siempre hay tiempo
para las ensoñaciones diurnas, el aislamiento momentáneo, porque en la libertad caben
todos esos pequeños mundos. Hasta la desconfianza que se desmonta en asamblea.
Donde no caben tus sueños, los tuyos, los más profundos, secretos y de los que a
veces te avergonzarías, es en un estado de altos muros que te ha implantado la imagen
que te va a abandonar en la más absoluta desprotección.
Sueña, loco, sueña, componiendo melodías, rasgando cuerdas, deslizando una
pluma, danzando bajo los focos, pero no confundas al enemigo.
Es lo que marcará la diferencia en que tu locura sea agria entre muros grises o dura de
legitimar pero, eso sí, del brazo de los que sí están contigo.
Acabo este texto y mi padre llega con una preciosa edición del Quijote que ha
comprado de segunda mano en un Cash Converters. Vuelve la venta de oro. Y hasta los
sueños se empeñan.
Pase lo que pase y aunque al final optases por mirar hacia otro lado, date cuenta
de si tu locura es tuya o de si te la han prestado.
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