España y la Primera Guerra Mundial: una neutralidad impotente

Anuncio
ESPAÑA Y LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL:
UNA NEUTRALIDAD IMPOTENTE
Juan Carlos Pereira
Universidad Complutense
Debo comenzar este texto reiterando los agradecimientos a las entidades organizadoras de este encuentro interdisciplinar, así como de forma especial a la
profesora Yolanda Gamarra por su amabilidad al invitarme.
Mi objetivo en este trabajo es presentar una serie de reflexiones generales
sobre la actitud española durante la I Guerra Mundial. Una cuestión sobre la
que cada vez hay más trabajos y en la que ya contamos con algunos excelentes
especialistas que se han dedicado de forma concreta a este período.1 Sería pues
muy osado por mi parte pretender cubrir todos los aspectos que giraron alrededor de este conflicto, primero europeo y luego mundial, y la actitud de nuestro
país. No obstante sí creo estar en disposición de presentar una serie de temas
o cuestiones que han sido objeto de debates entre los especialistas y que, en mi
opinión, sirven a un estudioso de la política exterior española contemporánea
para entender, y tratar de explicar las consecuencias que tuvo la decisión gubernamental adoptada con el apoyo del Rey: la neutralidad.
El punto de partida es sencillo: España no había participado en la política
de bloques que había conducido a la guerra sino de una manera marginal. En
la era de la paz armada, España seguía sumida en el permanente conflicto interior y en un aislamiento/recogimiento desde las pérdidas sufridas tras la guerra
hispano-norteamericana de 1898. De una forma colateral, con los Acuerdos de
Cartagena de 1907 se había comprometido limitadamente con la Entente pero
Es el caso de Manuel Espadas, Hipólito de la Torre, Fernando García Sanz, Javier
Ponce, Eduardo González Calleja, Carolina García Sanz, Francisco Romero entre otros.
Junto a clásicos como BALLESTEROS, L., La guerra europea y la neutralidad española,
Imprenta Jaime Ratés, 1917; CENAMOR, H., ¿Neutralidad o intervención?, Sociedad
Española de Librerías, Madrid, 1916, GONZÁLEZ BLANCO, E., España ante el conflicto
europeo, Valencia, Cervantes, 1917.
1
275
276
Los orígenes del Derecho internacional contemporáneo
por una necesidad apremiante: la conservación de los territorios insulares y
costeros españoles que podrían sentirse amenazados por otras potencias en un
momento internacional cada vez más delicado. La guerra en Marruecos desde
1912 absorbía gran parte de los esfuerzos colectivos.
Cuando se inician las primeras declaraciones de guerra en una confusa Europa, el gobierno español presidido por el conservador Eduardo Dato, insertó
en la Gaceta del 7 de agosto un decreto por el que se creía «en el deber de ordenar la más estricta neutralidad a los súbditos españoles con arreglo a las leyes
vigentes y a los principios del Derecho Internacional». Ya sabemos que el Rey
Alfonso XIII no era tan proclive a esta actitud o postura oficial, por cuanto en
su visita a París en 1913 y en la entrevista en Madrid con el Presidente francés
Poincaré, se había mostrado claramente favorable a franceses y británicos frente
a los alemanes, aspectos ya conocidos desde hace muchos años gracias al trabajo
de Julián Cortés.2
La neutralidad no fue sólo la actitud de España. Otros cinco países europeos —Suiza, Dinamarca, Suecia, Noruega y Holanda— también la adoptaron frente a los 35 beligerantes del mundo. No incluyo aquí el peculiar caso
italiano que pasó de la Triple Alianza, a la neutralidad y luego a la Entente, o
el caso de Bélgica, cuya neutralidad confirmada desde 1831 no fue respetada
por los alemanes al igual que el caso de Luxemburgo.3 Ahora bien si había en
el caso español una diferencia con el resto de lo estados neutrales: era la potencia neutral más importante por su población, recursos económicos y posición
geoestratégica.
Ahora bien, en mi opinión, la neutralidad española tuvo algunas peculiaridades que deseo señalar antes de profundizar en el tema. Esta neutralidad
no fue algo consciente, decidido, debatido en el parlamento o que se mostrase
como una actitud consciente y deliberada de la opinión pública, no, fue una
neutralidad impotente. Por otro lado, esta neutralidad, no obstante, definió
claramente y por vez primera en el siglo XX una actitud ante los conflictos
internacionales que se mantendría, en líneas generales, durante la mayor parte
Vid. CORTÉS CAVANILLAS, J., Alfonso XIII y la guerra del 14, Alce, Madrid, 1976.
Es el momento de indicar que precisamente unas de las líneas de investigación más
recientes y en la que los investigadores españoles se han incorporado tardíamente es la de las
neutralidades comparadas en Europa. En este sentido merece la pena destacar los trabajos de
Javier PONCE MARRERO quizá uno de los mejores especialistas en la materia. Uno de sus
trabajos relevantes: Canarias en la Gran Guerra 1914-1918: estrategia y diplomacia. Un estudio
sobre la política exterior de España, Las Palmas, Ediciones del Cabildo, 2006.
2
3
España y la Primera Guerra Mundial: una neutralidad... | Juan Carlos Pereira
277
de este siglo con diferentes gobiernos y regímenes. Por último, esta actitud
también transmitió a la sociedad española una idea que por desgracia no fue
real: que España no se sentía afectada por los conflictos militares más allá de los
Pirineos, que no necesitábamos aliados, que nosotros éramos suficientes para
defender nuestro territorio peninsular y el espacio territorial soberano en África
y el Atlántico. Sin embargo y en el período del que nos ocupamos, 1914-1918,
España se verá influida por este largo conflicto. Como bien dijera Eduardo Aunós: «España no quiso hacer la guerra, pero la guerra se metió en casa».4
¿Por qué España fue neutral? ¿fue posible otra actitud? Estas serían mis
conclusiones:
a) España y sus gobernantes tenían poco margen de maniobra ante el conflicto europeo: Por su situación geoestratégica, en la periferia del sistema central; por la falta de compromisos internacionales; por el deseo de mantener esa
tradicional actitud de recogimiento/aislamiento del período de la Restauración;
sea por lo que sea, los gobernantes españoles no se sintieron obligados a intervenir en el conflicto.
b) Los intereses de España no estaban en el centro de Europa, los Balcanes
o en la Europa del Este. Ya sabemos que nuestro principal centro de interés era,
casi como hoy, el «Sur», es decir las zonas del Estrecho, Tánger, Marruecos,
enclaves norteafricanos y en el oeste Portugal.
c) Como en anteriores, y futuras, ocasiones, el permanente conflicto interior
era mucho más determinante que los problemas internacionales. La progresiva
quiebra del sistema político de la Restauración, las llamadas «crisis orientales»
impulsadas por el monarca, la inestabilidad gubernamental, la cuestión social,
etc., eran problemas que atenazaban la vida española. Si bien durante los tres
primeros años de la contienda sólo hubo dos gobiernos, desde mediados de
1917 se van a suceder seis, algunos de menos de un mes de duración; a lo que
se unirá la grave crisis de 1917 —política, social y militar—, que obligó a los
dirigentes españoles a ocuparse intensamente del interior, en perjuicio de lo que
acontecía en el continente europeo.
d) Y si hubiéramos tenido que intervenir ¿cuál era la situación de nuestras
fuerzas armadas? Un panorama desolador. Con un número de efectivos de
224.565, el ejército de Tierra era anticuado y formado por 8 cuerpos del ejército, mal armados y muy condicionados por el conflicto marroquí. La Armada
que aún no se había repuesto de la pérdida de dos escuadras en 1898 y que a
AUNOS, E., Itinerario histórico de la España Contemporánea (1808-1936), Barcelona,
Bosch, 1940, p. 326.
4
278
Los orígenes del Derecho internacional contemporáneo
partir de 1908 se estaba reconstruyendo, aunque su situación estaba muy lejos
de la de los países de nuestro entorno. La aeronáutica había comenzado en 1913
y contaba con pocas unidades y muy retrasadas tecnológicamente. A todo ello
se unía la propia guerra de Marruecos y el coste humano y económico que estaba costando ocupar la zona que nos había correspondido en 1912.
e) Tampoco la situación económica era buena desde cualquier perspectiva.
No obstante, la guerra mundial será una oportunidad económica para España,
como veremos, de la que luego no supo aprovechar los réditos obtenidos.
f) En mi opinión también creo que influyó en esta postura de neutralidad,
las consecuencias sociales y políticas que los gobiernos pudieron prever si España participaba y se inclinaba hacia un bloque u otro. La división social era
ya una realidad en España, se mantendrá en la guerra con la conocida división
entre anglófilos y germanófilos, los enfrentamientos políticos entre la izquierda
y los partidos conservadores eran una realidad cotidiana. Una decisión mal
calculada podría provocar una fractura aún mayor en la sociedad española de
consecuencias imprevisibles.5
g) También habría que preguntarse si los beligerantes de uno u otro bloque
estaban interesados en que España entrase en la guerra. Aunque sabemos que
hubo intentos por ambos bandos de que España abandonase la neutralidad,
realmente podemos afirmar hoy por la documentación diplomática que los
grandes beligerantes admitían que España carecía de los recursos militares y
económicos para involucrarse en una guerra moderna.
h) Finalmente podríamos preguntarnos sobre los beneficios territoriales,
políticos, económicos o internacionales que podría haber obtenido España si
hubiera participado en la guerra mundial. En mi opinión, escasos y, desde luego, no podían compensar los costes, especialmente humanos, que podría haber
tenido una participación española.
Por todo ello, la decisión estuvo clara: España debía proclamar su neutralidad mantener este estatus durante el desarrollo de la guerra que, además, se
preveía corta. Pero como se ha visto, esta neutralidad demostraba una impotencia impropia de un país europeo de casi 20 millones de habitantes y que
Recuérdese en este sentido la Nota que envía Dato al Rey al principio de la guerra:
«Con sólo intentar una intervención, arruinaríamos a la nación y encenderíamos la guerra
civil y pondríamos en evidencia nuestra falta de recursos y de fuerzas para toda la campaña. Si lo de Marruecos está representando un gran esfuerzo y no logra llegar al alma del
pueblo, ¿cómo iba a comprender otra de mayores riesgos y de gastos iniciales para nosotros
fabulosos?».
5
España y la Primera Guerra Mundial: una neutralidad... | Juan Carlos Pereira
279
había sido uno de los grandes imperios europeos. Ya Azaña lo manifestó muy
acertadamente: «La neutralidad de España no ha sido ni es una neutralidad libre, declarada por el Gobierno y aceptada por la opinión después de un maduro
examen..., sino una neutralidad forzosa, impuesta por nuestra propia indefensión». Los principales estudiosos del período ratificarán también esta postura
de impotencia de España y del regeneracionismo.6
Ahora bien, cabe preguntarse si esa neutralidad se podía haber roto o si se
mantuvo estrictamente y de acuerdo con los principios del Derecho Internacional. Aquí los datos y documentación de la que hoy disponemos nos inclinan a
pensar lo contrario.
El punto de partida es muy sencillo. España desde un punto de vista internacional, estaba mediatizada en su política exterior desde 1834 por el Tratado
de la Cuádruple Alianza firmado en ese año, es decir, por la dependencia de
Gran Bretaña y Francia y por el principio consagrado en el espíritu y la letra
de ese tratado. Cuando estalla la guerra mundial y a pesar de la declaración
oficial del gobierno español, la orientación internacional impuesta a España
por sus acuerdos con Francia y Gran Bretaña en los años anteriores a la guerra,
que afectaban especialmente a la cuestión marroquí y mediterránea, y por sus
intereses comerciales y económicos con estas potencias, hacían que su autonomía a nivel internacional fuera reducida. España estaba firmemente ligada a la
Entente y se veía precisada, por tanto, a mantenerse en su campo de atracción.
Así lo veían algunos de los principales dirigentes.
El conde de Romanones, por ejemplo, presidente del Consejo de Ministros
entre el 9 de diciembre de 1915 y abril de 1917, aseguraba que España había
establecido vínculos muy estrechos y había estado en íntima conversación con
Francia y Gran Bretaña.7 Mostró siempre una inclinación hacia la Entente e
incluso trató de que este estatus cambiara, especialmente tras la guerra submarina llevada a cabo por los alemanes, pero el aumento del malestar social, los
ataques de los germanófilos, la falta de unanimidad en su partido y, sin duda,
la actitud del rey lo impidió.8 Fernando León y Castillo, nuestro embajador
6
Vid. TORRE GÓMEZ, H. de la, El imperio del Rey. Alfonso XIII, Portugal y los ingleses (1907-1916), Mérida, Gabinete de Iniciativas Transfronterizas, 2002 y «La regeneración internacional fallida (1914-1931)» en PEREIRA, J.C. (coord.), La política exterior de
España, de 1800 hasta hoy, Barcelona, Ariel, 2010, capítulo 26.
7
DS (Diario de las Sesiones de Cortes), Senado, legislatura de 1918, V, 22 enero 1919,
número 108, pp. 1811-1813.
8
Recordemos aquí la importancia que tuvo el artículo de Romanones en el Diario Universal, titulado «Neutralidades que matan» en el que defendía la participación de España al
280
Los orígenes del Derecho internacional contemporáneo
en París, fue más explicito y en 1916 llegó a escribir que «Somos neutrales en
la Gaceta; pero no en el espíritu porque no podemos guardar indiferentes e
impasibles el resultado de esta contienda con el cual están tan ligados nuestros
intereses, los más vitales.9
Por otro lado, estuvieron las presiones de los dos bandos para que España
de una u otra forma o bien rompiese la neutralidad o bien se inclinase al que
se consideraba el bando vencedor, para lo cual se utilizarían diferentes medios
durante el transcurso de la guerra.
Si comenzamos por el bloque de la Entente, que realmente pesó más que
el de la Triple Alianza, podemos afirmar que los aliados intensificaron progresivamente su presión económica, que hizo que los países neutrales de la periferia europea entraran en la órbita de los aliados, convirtiéndose en neutrales
aliados. La prolongación de la contienda acrecentó la importancia de la guerra
económica y revalorizó la situación estratégica de España por su frontera con la
retaguardia francesa y su ubicación marítima entre el Mediterráneo occidental
y el Atlántico oriental. En la guerra económica España ofrecía a Francia y Gran
Bretaña productos alimenticios y suministros militares; además, los españoles
podían trabajar en las fábricas francesas, y se liberaban así hombres para el
servicio militar en el frente.10 El embajador español, León y Castillo, siempre
fue un firme partidario de la Entente y de suavizar la neutralidad a cambio del
control de Tánger.
Por su parte, Alemania11 se daba cuenta de que España tenía que aparecer
amigable hacia Francia y Gran Bretaña por razones geográficas y económicas12.
lado de la Entente y la necesidad de que Londres y París fuesen informados de esta postura.
Vid. Diario Universal, 19 de agosto de 1914. Es un buen momento para recordar que este
artículo sería utilizado por el gobierno de Calvo Sotelo en 1981 para justificar el ingreso en
la OTAN y romper así la tradicional postura neutralista española.
9
Notas personales en Fondo Fernando León y Castillo, legajo 21, AHPLP (Archivo Histórico Provincial de Las Palmas).
10 DELAUNAY, J.M., «España trabajó por la victoria», en Historia 16, n.º 63, Madrid,
1981, pp. 38-44.
11 Para un estudio de las relaciones entre España y Alemania dentro de la política de
neutralidad puede verse especialmente GELOS DE VAZ FERREIRA, L., Die Neutralitätspolitik Spaniens während des Ersten Weltkrieges. Unter besonderer Berücksichtigung der
deutsch-spanischen Beziehungen. Institut für Auswärtige Politik, Hamburg, 1966.
12 Los compromisos de España con Francia y la significación del viaje de Poincaré a
Madrid en 1913 habían sido así entendidos por la prensa centroeuropea. Vid. MORALES
LEZCANO, V., León y Castillo embajador (1887-1918). Un estudio sobre la política exterior
de España, Las Palmas, Cabildo de Gran Canaria, 1975, p. 140, nota 11.
España y la Primera Guerra Mundial: una neutralidad... | Juan Carlos Pereira
281
El comandante Valdivia, agregado militar de la Embajada española en Berlín,
se lo había dicho en junio de 1914 al comandante Arnold Kalle, agregado militar
alemán en Madrid; al señalarle que las maniobras diplomáticas de Alfonso XIII,
durante el año anterior, eran un reconocimiento de la situación real de España,
demasiado unida económica y físicamente a Francia y a Gran Bretaña para
arriesgarse a ir contra ellas.13 El propio embajador español en Berlín, Luis Polo
de Bernabé, que era un notorio germanófilo, señalaba la creencia general de que
España era un instrumento de la Entente y tomaría parte en la guerra al lado de
los aliados, aunque él no parecía estar muy de acuerdo. La actitud del Gobierno
y del pueblo español, así como la manera imparcial de observar los deberes de
la neutralidad, una vez comenzada la guerra, habían originado una corriente
de vivas simpatías hacia España tanto en las esferas oficiales como en la opinión pública.14 Además, desde el principio de la guerra existía en Alemania el
convencimiento de que el rey Alfonso estaba personalmente de su lado, y el
Emperador nunca dejó de mencionar la solidaridad monárquica que había entre ambos.15 Esta relación que unía a Guillermo II y a Alfonso XIII ayudó con
frecuencia a mantener la diplomacia hispano-alemana sobre una base amistosa.
Los trabajos consultados y las publicaciones ya existentes, ponen de manifiesto la perseverancia alemana, así como la astucia y las habilidades demostradas, para que España mantuviera su neutralidad aunque debería aprovecharse
cualquier resquicio para evitar que cayera en los brazos de la Entente o que los
países de este bloque aumentaran su influencia. El coste de una aproximación
o una posible intervención en el conflicto del lado alemán y austro-húngaro
podía ser demasiado caro para España y los compromisos que eso podía suponer
para las potencias centrales hacían obligada la neutralidad española. En definitiva,
la tarea principal de la diplomacia centroeuropea debía ser contrarrestar la influencia de la Entente y mantener la neutralidad española, previniendo que la misma
se inclinase demasiado a favor de los aliados y que España se convirtiera en
«cautiva» de la Entente.
Para llevar a cabo este objetivo Berlín usó el cebo de las ofertas y prometió
a España ayuda económica y respaldo político para la postguerra, con el fi n de
13 CARDEN, R.M., German policy toward neutral Spain, 1914-1918, Garland Publishing, Inc., New York and London, 1987, pp. 37-38.
14 Polo de Bernabé, embajador de España en Berlín, al marqués de Lema, ministro de
Estado, Berlín, 18 marzo 1915, Guerra Europea, H 2988, AMAE (Archivo del Ministerio
de Asuntos Exteriores, Madrid)..
15 CARDEN, R.M., German policy toward neutral Spain..., cit., p. 46.
282
Los orígenes del Derecho internacional contemporáneo
que Madrid se emancipase del tutelaje económico y político de la Entente. Alemania también animó prudentemente a Alfonso XIII a proseguir sus esfuerzos
como mediador en la contienda, para mantener las esperanzas de España de ver
reforzada su posición internacional y, de paso, prevenir que las simpatías españolas se decantasen por la Entente. Igualmente, el Auswärtiges Amt alimentaba
con vagas promesas la idea de que una colaboración hispana sería premiada
con la anexión de los territorios y países que una idea poco realista por parte
española16 —presente en el intento de regeneracionismo internacional más activo — proponía como meta de la política exterior. A la soberanía en el Estrecho
de Gibraltar sumaban los más ilusos —y entre ellos Alfonso XIII— la anexión
de Tánger, las manos libres en Marruecos y, si Alemania lograba aniquilar
el poderío británico en los mares, la obtención de una tentadora tutela sobre
Portugal.17
Como demuestran los documentos diplomáticos, el rey Alfonso XIII quería, sin duda, mantener vivas las promesas de los alemanes, a pesar de la imposibilidad de que España las aceptase. Esa imposibilidad se desprendía de la
carta que el marqués de Lema, ministro de Estado bajo el Gobierno de Dato, le
escribía al embajador español en Berlín, donde explicaba el porqué de la neutralidad que España estaba obligada a practicar y que en Alemania ya empezaba a
suscitar recelos, por considerarla proclive a los aliados:
Porque no debe olvidarse que, independientemente de nuestra falta de fuerza para
rechazar una agresión de Inglaterra y aun de Francia, nuestra dependencia comercial, industrial y de otros órdenes de estos países es un hecho notorio, que tal vez
desde Berlín no se aprecie bien, por lo que veo, pero desde la plaza de Santa Cruz
se ve demasiado claramente... la cantidad de artículos que de no recibirlos de Inglaterra y aun de Francia harían perecer nuestra industria y perjudicarían gravemente
a nuestra agricultura, es enorme; y aun los que necesitamos importar de Alemania
¿cómo llegarían a nuestros puertos si la Gran Bretaña, sobre todo, Francia y aun
Italia se opusieran? Y ¿cómo exportaríamos con su oposición nuestros frutos y otras
producciones? Y ¿cómo aprovisionaríamos a nuestro ejército en África y sostendríamos con él nuestra comunicación si esas naciones se propusieran impedirlo?
Ya es vieja la máxima «Primun vivere, deinde philosophare». Antes que pensar en
engrandecimientos y realizaciones de ideales, que siempre se guardan en el corazón,
hay que vivir: hay que salir de este terrible incendio sin que las chispas nos alcancen,
MORALES LEZCANO, V., León y Castillo embajador..., cit., pp. 147-148.
Portugal, como permanente objetivo de la política exterior española, en TORRE
GÓMEZ, D. de la, Antagonismo y fractura peninsular. España y Portugal, 1910-1919,
Madrid, Espasa Calpe, 1983.
16
17
España y la Primera Guerra Mundial: una neutralidad... | Juan Carlos Pereira
283
y la responsabilidad de que ocurriera lo contrario no se le atribuiría al Príncipe de
Ratibor, ni a otro Embajador, la nación española, sino al Presidente del Consejo y a
su Ministro de Estado que, bajo espejismos de futuras grandezas y dejándose sugestionar por consejeros parciales o que sólo ven un lado de las cosas, habían puesto a
su país en trance de ruina o en humillación vergonzosa18.
Un momento interesante en esta especie de lucha entre los dos bandos para
que España se inclinase por uno de ellos lo tenemos en el momento en el que se
produce la dimisión de Dato en diciembre de 1915. Tanto París como Londres
ejercieron una gran presión sobre el Rey para se nombrara al conde de Romanones en su lugar, claramente favorable a sus países. Esta presión surtió efecto
y Romanones formó gobierno e introdujo una neutralidad más favorable a la
Entente, sin duda, como hemos visto... Así se demostraría, por ejemplo, ante las
reacciones que provocó la visita a Cartagena de un submarino alemán en junio
de 1916, en plena guerra submarina, que obligó al gobierno español a emitir
una nota oficial comprometiéndose a que estas situaciones no se repitieran en
lo sucesivo. Diversos sucesos con los submarinos alemanes se iban a reproducir
a lo largo de la guerra, que llegarían a provocar el anuncio de una ruptura de
relaciones diplomáticas con Berlín si la situación se reproducía, decisión que
el rey frenó insistiendo ante algunos representantes diplomáticos que España
debía mantenerse fielmente en su postura neutral19. Ello también provocaría
la dimisión de Romanones y una postura más fuerte de sus sucesores, García
Prieto y Dato, frente a Alemania. Estas situaciones iban poniendo de manifiesto, que España debía inclinarse más aún hacia la Entente que, por lo menos, no
se mostraba como un actor contrario a los intereses españoles20.
Quizás uno de los aspectos que ha sido objeto de algunas publicaciones recientes por parte de autores españoles o hispanistas, ha sido entender la actitud
española desde perspectivas distintas y de forma concreta sobre el significado
de España para la guerra mundial. Por ejemplo, ha sido interesante el novedoso
Particular, marqués de Lema, ministro de Estado, a Polo de Bernabé, embajador de
España en Berlín, 2 noviembre 1915, Guerra Europea, H 3055, AMAE.
19 Así se lo hace saber, por ejemplo, al embajador norteamericano en Madrid, Willard, en
febrero de 1917, lo que fue muy destacado por el diplomático norteamericanos poniendo
de manifiesto el futuro papel del rey en una conferencia de paz. Vid. CARDEN, R.M.,
German policy toward neutral Spain..., cit., p. 166.
20 MOUSSET, A., La política exterior de España, 1873-1918, Bib. Nueva, Madrid, 1918,
distingue en la neutralidad española una neutralidad estática en la primera parte de la guerra y otra neutralidad dinámica en su tramo final. La neutralidad dinámica se traduce en
neutralidad proaliada.
18
284
Los orígenes del Derecho internacional contemporáneo
trabajo de M. Fuentes sobre la movilización cultural21 o también la conversión
de Madrid en un punto de propaganda y espionaje que podía haber provocado
cambios en nuestro estatus de neutralidad.22
La propaganda se convirtió en algo esencial durante la guerra mundial, siendo Francia el primer país que comenzó a utilizarla en agosto de 1914 para influir en la opinión pública. Una propaganda en su mayor parte controlada por
los militares, que progresivamente sería utilizada por gran parte de los países
beligerantes y de forma especial por EEUU desde su entrada en la guerra en
1917. El cine y la fotografía de prensa fueron unos vehículos formidables y de
su utilización se sacaron beneficios y experiencias que luego se iban a aplicar
durante la II Guerra Mundial.
Los dos bandos en el caso español van a utilizar a intelectuales de la talla
de Luis Araquistain, Salvador de Madariaga, Rafael Altamira, Pérez de Ayala,
Vázquez de Mella o a extranjeros como Albert Mousset, Irene A. Wright o Corpus Barga, para que escribieran artículos en la prensa, dictaran conferencias o
presionaran al gobierno a favor de sus intereses o argumentos en la confrontación europea. Hay que destacar, en otro sentido, como los premios Nobel
españoles José Echegaray y Santiago Ramón y Cajal se declararon neutrales.
Igualmente España como anticipo de lo que ocurriría en la Segunda Guerra
Mundial, se convertiría también en un centro de espionaje europeo. Hubo una
lucha despiadada de los dos bandos utilizando el bloqueo portuario y marítimo, el uso de falsos pabellones en los barcos, la guerra submarina, la violación
de las aguas jurisdiccionales, la difusión de rumores y falsas noticias. Hemos
conocido también la influencia en este sentido de Londres que conocía las claves y códigos secretos españoles, lo que le daba una superioridad frente a sus
enemigos o rivales. Barcelona, por ejemplo, se convirtió en un nido de espías y
la propia Mata Hari llegó a espiar al embajador alemán.
No podemos dejar de mencionar como Madrid se iba a convertir en la capital diplomática y humanitaria de Europa. En este caso gracias al esfuerzo
del rey Alfonso XIII, el cual recibió una carta de una lavandera francesa que le
pedía ayuda para localizar a su marido, un soldado desaparecido en la batalla
de Charleroi el 28 de agosto de 1914. Tras el éxito de sus gestiones y el eco en
Vid. FUENTES, M., España en la Primera Guerra Mundial: una movilización cultural,
Madrid, Akal, 2014.
22 GARCÍA SANZ, F., España en la Gran Guerra. Espías, diplomáticos y traficantes,
Madrid, Galaxia Gutenberg, 2014 y GONZÁLEZ CALLEJA, E. y AUBERT, P., Nidos de
espías. España, Francia y la Primera Guerra Mundial, Madrid, Alianza, 2014.
21
España y la Primera Guerra Mundial: una neutralidad... | Juan Carlos Pereira
285
la prensa, decidió crear la Oficina procautivos en el Palacio Real. Sufragada por
el rey, la Oficina se dividió en diez secciones y según algunas estadísticas llegó
a prestar ayuda a más de 137.000 prisioneros, además de repatriar a 21.000
prisioneros enfermos y unos 70.000 civiles. También impulsaría la creación de
la Commission for Relief in Belgium, junto con EEUU y Holanda, para la distribución de alimentos en Bélgica y el norte de Francia. España también asumió
la representación diplomática de un número creciente de beligerantes al irse
extendiendo el conflicto.23
Es indudable también que una de las consecuencias más notables para España durante este período afecta a la economía. Desde el primer gran trabajo
sobre el tema publicado en 1973 sobre las consecuencias económicas para el
capitalismo español,24 han sido varios los autores que se han ocupado de estas
consecuencias y de su impacto en la historia económica española.25 A las pocas
semanas del inicio de la guerra se desató una febril actividad comercial que se
volcó hacia al exterior como nunca lo había hecho. España se convirtió en un
exportador neto —las exportaciones se incrementaron un 20%, provocando
un superávit en la balanza comercial, algo histórico— y tanto agricultores,
como industriales, financieros, aventureros o emprendedores comenzaron a
beneficiarse de los ingentes beneficios que iban obteniendo. Cualquier sector
que analicemos vivirá un momento de esplendor. A título de ejemplo se puede
decir como entre 1917 y 1919 se crearon 59 empresas marítimas y el número de
entidades financieras se duplicó entre 1916 y 1920. La producción de carbón
se incrementó notablemente, pero también, algo destacado recientemente, la
de wolframio que tuvo un crecimiento espectacular hasta 1918 al considerarse
un mineral básico para la industria militar.26 Las reservas del Banco de España
pasaron de 567 millones de pesetas, en 1914 a 2.233 millones en 1918. No
23 Vid. PANDO, J., Un Rey para la esperanza: La España humanitaria de Alfonso XIII en la
Gran Guerra, Madrid, Temas de Hoy, 2002.
24 Vid. ROLDÁN, S. y GARCÍA DELGADO, J.L., con la colaboración de MUÑOZ, J.,
La formación de la sociedad capitalista en España, 1914-1920, Madrid, Confederación Española de Cajas de Ahorro, 1973.
25 A título de ejemplo: FONTANA, J. y NADAL, J., «España 1914-1970», en CIPOLLA,
C.M., Historia Económica de Europa, vol. V, Economías contemporáneas, Barcelona, Ariel,
1980, pp. 95-163; TORTELLA, G., El desarrollo de la España contemporánea. Historia económica de los siglos XIX y XX, Madrid, Alianza, 1994, CARRERAS, A. y TAFUNELL, X.,
Historia económica de la España contemporánea, Barcelona, Crítica, 2004.
26 Vid. CARUANA, E. y GONZÁLEZ CALLEJA, E., «La producción y contrabando de
wolframio en España durante la Primera Guerra Mundial», en Ayer, 95/2014, pp. 183-209.
286
Los orígenes del Derecho internacional contemporáneo
obstante hay una serie de debates entre los especialistas sobre las consecuencias
generalizadas para la economía española en la posguerra; en general se trató
de unos «años dorados», que solo beneficiaron a unos pocos, que no se aprovecharon para la modernización económica ni para aumentar el bienestar social
y económico de la población. Una población que sufrió inflación, especulación
y reducción de su capacidad adquisitiva, lo que llevaría a una creciente tensión
social cuyo punto álgido fue la huelga de 1917.
Durante los cuatro años que duró la contienda, en efecto, se mantuvo la
neutralidad oficial del Estado, en medio de las crisis internas,27 y a pesar de
una cada vez más enconada guerra de opiniones.28 Ésta adquirió generalmente
la forma de apuestas y deseos de victoria a favor de uno u otro bloque de beligerantes. Lo que sí parece cierto es que las consecuencias sociales y políticas
producidas por la actitud española durante la Primera Guerra Mundial, contribuirían a la crisis progresiva y global del sistema de la Restauración.
A pesar de esta postura de neutralidad impotente y de las tentaciones de
su ruptura, el gobierno español presidido de nuevo por el conde de Romanones consideró que a este estatus en un conflicto terrible y duradero, le debía
corresponder algún tipo de «premio» o satisfacción por parte de las potencias
triunfadoras en el nuevo concierto internacional. Por ello, tras el armisticio de
noviembre de 1918, el gobierno creó una Comisión para estudiar la eventual
constitución de una Sociedad de Naciones y la participación de España».29 Tal
y como señaló el presidente Wilson en sus famosos «14 puntos», unos de los
objetivos principales de Wilson iba a ser la creación de una nueva organización
internacional de carácter político, la Sociedad de Naciones, como nuevo foro
internacional para la resolución de los conflictos y controversias y evitar, así,
una nueva guerra mundial. La España de 1918 no debía perder la oportunidad
de estar en ese foro y así lo señala el propio Romanones: «Me apenaba ver a España, la más importante de las neutrales, permanecer muda. Era la primera vez
desde Westfalia en que se conviniera un nuevo reparto de estados de Europa
Dos estudios clásicos sobre el tema FERNÁNDEZ ALMAGRO, M., Historia del
reinado de D. Alfonso XIII, 2 vols., Madrid, Sarpe, 1986 (Barcelona, Montaner y Simón,
1933); y SECO SERRANO, C., Alfonso XIII y la crisis de la Restauración, Madrid, Rialp,
1979.
28 Vid. DÍAZ-PLAJA, F., Francófilos y germanófilos, Madrid, Alianza, 1981.
29 Vid. PÉREZ GIL, L.V., El primer decenio de España en la Sociedad de Naciones (19191929), La Laguna, Universidad de La Laguna, 1998 y la interesante conferencia de YANGUAS MESSIA, J. de, España y la Sociedad de Naciones, 15 de febrero de 1919, Valladolid,
Imprenta de E. Zapatero, 1919.
27
España y la Primera Guerra Mundial: una neutralidad... | Juan Carlos Pereira
287
Serie de sellos emitida en 1929, año en el que se reúne el Consejo de la Sociedad de Naciones
en Madrid, 1929.
sin el concurso de España». España, será la única potencia neutral mencionada
en el texto del Pacto de la Sociedad de Naciones y se convertirá así en miembro
no permanente del Consejo de la Sociedad.
Era una cierta recompensa que parecía abrir una nueva etapa en la política
exterior española.
Descargar