LAS ALARMANTES CONDICIONES ECOLÓGICAS

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LAS ALARMANTES CONDICIONES ECOLÓGICAS
¿Si la esperanza se apaga
y la Babel se comienza,
qué antorcha iluminará
los caminos en la Tierra?
Federico García Lorca
UN NUEVO TIPO DE SOCIEDAD
Si las predicciones de eco-catástrofes para un futuro inmediato se confirman es hora de asignar
a los problemas ecológicos un papel fundamental.
“Todo el mundo habla del tiempo que hace, pero nadie hace nada por remediarlo”, reza un dicho
inglés. Análogamente, todo el mundo habla de ecología y de equilibrio entre el hombre y su
medio, pero aquí no ha pasado nada, o por lo menos nada digno de nota, que permita sospechar
un viraje radical en el presente curso de la humanidad hacia un cataclismo. En vista de ello,
muchas gentes sinceramente preocupadas por el asunto proponen que cada uno de nosotros haga
algo; algo modesto si se quiere, pero efectivo cuando se multiplica por millones.
El frenesí automovilístico de las principales ciudades carga la atmósfera y los nervios; los
conductores de los vehículos se pasan el tiempo tratando de encontrar un estacionamiento, y
como generalmente no dan con él, circulan sin pausa, pero con prisa. ¿Por qué no echar mano
siempre que se pueda de medios de transporte públicos? Con el fin de satisfacer nuestros
apetitos de consumo, permitimos que se multipliquen industrias que contaminan nuestras aguas
y que cercan nuestras ciudades con sus asfixiantes entornos. Preguntarse por qué se consumen
tantas cosas inútiles y se engendran tantos desperdicios, es hacerse cuestión de un tipo de
sociedad que ha supervalorado el consumo en detrimento de otras actividades.
Por desgracia, nada de eso, por sí mismo, puede ir muy lejos. La solución de los problemas
ecológicos no se consigue con medidas puramente individuales. Estas corren el peligro de
funcionar como las Damas de la Caridad, muy dispuestas a eliminar la pobreza, pero no sus
causas. Abstenerse de matar animales cuya extinción causa desequilibrios ecológicos es cosa
excelente, pero no basta con conservar y preservar; hay que alterar las condiciones que impiden
la conservación y la preservación.
Bien, se dirá, esto es precisamente lo que todo el mundo propone. Políticos de todas las cuerdas,
directores de empresas, economistas, ingenieros, etc., están de acuerdo en que hay que hacer
algo para mejorar las relaciones entre el hombre y su medio. Se toman medidas, se aprueban
leyes y se castigan infracciones. Siempre que todo el mundo esté dispuesto a dar prioridad a las
cuestiones ecológicas habrá esperanza.
Este consuelo es magro tan pronto como se descubre que se funda en una falacia. Dar prioridad
absoluta a las cuestiones ecológicas es suponer que se han resuelto en principio muchos de los
problemas raciales, nacionales, económicos, políticos, sociales, etc. Ahora bien no sólo estos
problemas no están resueltos, sino que son justa y precisamente los que determinan las
alarmantes condiciones ecológicas actuales. Por lo pronto las empresas que proponen tomar
medidas para evitar el deterioro progresivo del medio natural han contribuido y siguen
contribuyendo a aquel.
Es lógico pensar que el desequilibrio ecológico tiene en lo político y social sus componentes
fundamentales. Por tanto, parece obvio que cualquier solución tendrá que ser muy radical.
Las recomendaciones de “retornar a la tierra” y las protestas contra la sociedad de consumo, que
tenían un aire tan ingenuo, puede adquirir de este modo un nuevo sentido. En su fondo late el
deseo de que los hombres cambien a fondo, rectificando fundamentalmente su trayectoria
histórica.
Un tipo enteramente nuevo de sociedad es una verdadera revolución cultural y para que ésta
tenga sentido ha de consistir, en una dimensión esencial, en reconocer que no sólo el hombre
tiene derecho a existir. El hombre no es moralmente viable a menos de permitir que lo no
humano –la tierra, el aire, el agua, y el fuego, y las innumerables especies animales y vegetalesexista y prospere. Vivir consiste asimismo en convivir y en dejar vivir. En dejar vivir a nuestra
madre, la tierra. Y como dijo el poeta: “Tierra tan sólo. Tierra. / Tierra para los manteles
estremecidos, / para la pupila viciosa de nube, / para las heridas recientes y el húmedo
pensamiento. / Tierra para todo lo que huye de la tierra”.
Francisco Arias Solís
Cádiz con Garzón.
DEMÓCRATAS CON EL JUEZ BALTASAR GARZÓN
Asociación por una justicia democrática y una judicatura digna.
Internautas por la Paz y la Libertad y Foro Libre.
URL: http://www.internautasporlapaz.org
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