RITUALES CONTEMPORANEOS ¿DE QUE RITOS SE TRATA? Silvina Micó, Marcela Salguero y Alejandra Lacroze Nos proponemos pensar acerca de las modalidades rituales en los jóvenes hoy ¿Se puede hablar de ritos? Para ello es importante pensar la incidencia de las actuales condiciones histórico sociales en las transformaciones de la subjetividad adolescente y caracterizar la contemporaneidad. Asistimos a un cambio importante, lejos de la solidez que ofrecía la Modernidad, lo contemporáneo se caracteriza más bien por un estado de dispersión e inestabilidad quedando así afectada toda “nuestra experiencia del mundo”. Por tanto resulta impensable la adolescencia por fuera de ello. Éste será el terreno de construcción, la arena sobre el que tendrá que construirse y constituirse la subjetividad. En este sentido surgen distintas formas de vivir la adolescencia como así también nuevas formas de sufrimiento que tienen que ver con la fragmentación y la desvinculación. Desde hace un tiempo en nuestra práctica nos encontramos ante un fenómeno reiterado: los cortes en el cuerpo que se realizan muchos jóvenes. Nos referimos a sujetos que en ciertas circunstancias se autoinfligen incisiones, pero no como episodio aislado, sino de forma repetida “El cuerpo como obra de arte contemporáneo, sacralizado a la falta de rituales, va ser torturado, va a volverse verdadero. Esto se parece al masoquismo o al sadismo, pero no lo es: se hace sólo para intentar sentir vivir un cuerpo que se sustenta. Es para intentar que entre en su caja. Y para nada para que sea reconocido por los otros, como en los antiguos ritos de iniciación. No es una anti-iniciación, para que salga del lugar social y entre en sí mismo” 1 Pero no basta con una marca para que algo se escriba, esa marca del tajo debe reiterarse una tras otra, sin que se pueda armar una serie que se nombre y que nombre al sujeto, sin que se pueda limitar el padecer, el cuerpo se convierte en un lugar donde escribir lo que el sujeto no puede elaborar ni intelectualmente ni emocionalmente. Las heridas en el cuerpo que alcanzan distintos grados de profundidad, constituyen un intento de dejar testimonio del padecimiento y de demandar que alguien lea ese testimonio. 1 Pommier, G Los cuerpos angelicales de la posmodernidad.. Buenos Aires. Nueva Visión. 2002. Pág 16 1 Jorge está detenido por robo, antes vivía en situación de calle desde que se fue de su casa por problemas con su padrastro. En la estación donde paraba, él tenía su ranchada, y a pesar que tiene siete hermanos biológicos, él considera hermanos a los que ranchan con él en la calle o en la cárcel. Consume pasta base desde los doce años y roba de vez en cuando, cuando “pinta”. Se corta frente a diferentes situaciones que van desde el enterarse que balearon a un compañero de él de la calle, frente a que su mamá “corta” el teléfono cuando está el padrastro o frente a que no se le da satisfacción inmediata a alguna demanda como por ejemplo ser atendido en forma inmediata por el director de la institución. Sobre los cortes dirá: “es una forma de aliviarme, cuando no doy más me corto y todo pasa”. Para él cortarse significa tanto aliviar como luchar contra la angustia, incontrolable. Cuando se desespera, la acción de cortarse lo ayuda y le da un sentimiento de control y contención. Los cortes llevan impresa esta dualidad entre lo incontrolable y el desborde, y el extremado control que conlleva la incisión. Por otra parte se produce una secuencia que parte de una situación desencadenante de caída subjetiva, seguida por la angustia que desemboca en los cortes. Estos recuperan al sujeto y alivian la angustia. Podemos decir que este fenómeno no responde a la estructura ni a la función de un síntoma. Julieta “mi mamá es insoportable, entra al cuarto, controla todo, me revisa el celular, los cajones, no sé qué quiere encontrar, busca, busca, como si pudiera saber todo de mí.” “igual ella cambió, antes era una madre normal, iba al trabajo se ocupaba de nosotros, me ayudaba con las tareas, después que mi papá la engañó con una chica joven, ella lo perdonó pero cambió, solo se ocupa de ella, va al gimnasio, a la peluquería, se tiñó el pelo de dos colores y se hizo un tatuaje, me usa la ropa, a veces cuando mis amigos me dicen que está buena me da vergüenza….Cuando estoy muy mal que mi mamá se pone histérica, grita, no la escucho y me voy a la pieza, desarme un sacapuntas y con esa gillette me corto, si me peleo con una amiga también me corto o cuando vi a Nazareno(el chico que le gusta) con otra. Es una forma de aliviarme”. “Pensé que mi mamá se iba a dar cuenta, pero no, controla todo y no lo vio, solo lo sabe mi hermano y algunas amigas que también lo hacen” 2 Como planteamos en nuestro trabajo sobre Los ritos (Lacroze. Micó. Salguero, 2011 pág. 47) los rituales siempre tienen soporte colectivo. Cuando este desaparece se producen excesos y desregulaciones, como por ejemplo en los desórdenes de alimentación, como bulimia y anorexia, tan comunes, hoy entre las adolescentes. Podemos pensar siguiendo a la antropóloga María Laura Méndez (2011) que se trata “de una transformación en los modos de percepción del cuerpo, las relaciones, una transformación estética –perceptiva que se pliega de modo individual en los cuerpos pero que comienza en materias de expresión-percepción siempre culturales, colectivas” Así mismo, hoy en día, el ideal de belleza es de una extrema delgadez. El cuerpo se convierte en tan extranjero, tan extraño, tan ajeno, tan “intruso” que no se reconoce como propio. El concepto de intruso de Jean Luc Nancy nos evocó un material clínico de una adolescente anoréxica: “Hubo un momento en que me sentí incómoda con el cuerpo, me crecieron las tetas, me miraban o me burlaban, y la sensación era de que mi cuerpo se estaba descontrolando, era algo que no podía soportar…. Como si el cuerpo tomase un rumbo y la mente otro. No lo sentía parte de mí Suena un poco fuerte, pero es como castigar a mi cuerpo por salirse de...no sé, una armonía. Una parte intenta unir con la otra pero que no haga lo que quiera. Un cuerpo que no reflejaba lo que era, grotesco. Los chicos babosos mirándome, y yo tímida y callada, con tanta teta…Desde ese momento empecé a prescindir de mi cuerpo... Me cuesta muchísimo integrar el cuerpo, siento que estoy en el cuerpo y no en la mente. Después vuelvo a la mente. Imposible que las dos cosas coexistan a la vez, lo siento tan no mío que es muy difícil...Vengo con mi mente, mi cuerpo quedó en los 11 años, es algo que no conozco.” Con el cuerpo infantil, se notaba poco el cuerpo, pero esto se quiebra con la cesura del desarrollo puberal. Se desespera por parar el desarrollo de este cuerpo, el crecimiento de estas mamas que excitan a los hombres. Se ve grotesca, hay una distorsión del esquema corporal. Recurre a defensas muy extremas: autoagresión. El cuerpo se convierte en tan extranjero, tan extraño que no lo reconoce como propio. También puede observarse entre los jóvenes otro “ritual contemporáneo” “previa” o “preboliche” en la que los jóvenes se encuentran a beber grandes 3 cantidades de alcohol, mezcladas en muchos casos con otras drogas, viagra, psicofármacos, produciendo cócteles mortíferos .Esto los lleva a una conducta desenfrenada, donde lo que prima es el descontrol y el exceso que los expone seriamente a situaciones que ponen en riesgo su vida como son las peleas callejeras, el coma alcohólico, un accidente de tránsito entre otros. Los adolescentes plantean que no se piensan ni piensan la diversión de otro modo. Volviendo a los ritos, uno de los componentes del rito, es una clara limitación de los excesos. De ahí nuevamente el papel regulador del rito .Spinoza dirá “cautela en los excesos”, esta necesidad del conjuro colectivo de los excesos que atentan siempre contra la propia vida del grupo. Entonces ¿podemos llamar rito a estas prácticas actuales? En este sentido, siguiendo a María Laura Méndez podemos decir que aquello que caracteriza nuestra época está en relación a cierta ausencia en los planos de consistencia colectivos que sostengan la producción de subjetividad, produciendo efectos de desterritorializacion, decodificación y empobrecimiento, sobre todo en los más jóvenes, dando como resultado estas prácticas rituales vaciadas de sentido donde lo que se da es la mera repetición, redundante, de lo mismo. En este punto podríamos concluir que estás manifestaciones son expresión de la ausencia de configuraciones colectivas que configuran la patología social. “La vida implica un incremento de consistencia (plusvalía de desestratificación). El rito sería un intento de reestratificación para aumentar la consistencia de la vida. En el rito hay una condensación de fuerzas que se consolida. El rito está siempre en relación directa con la vida” (María Laura Méndez) El rito produce continuidades y religa intensidades que sólo pueden darse en el plano colectivo. Su función es consolidar el plano trans-individual manteniendo la consistencia y la intensidad de cohesión. La falta de ritos, o creer que estas formas expresivas remiten a un orden de pensar inferior, produce síntomas en el campo social, y recrea formas de expresión, que al carecer de soporte colectivo se manifiesta muchas veces en gestos violentos que al no encontrar cause en códigos que marquen los cortes se derraman muchas veces en forma altamente peligrosa que se transforma en destrucción hasta de la propia vida. 4 Resumen Resulta indispensable pensar la incidencia de las actuales condiciones histórico sociales en las transformaciones de la subjetividad adolescente. En nuestro trabajo, a partir del concepto de Rito, nos proponemos pensar acerca de distintas modalidades rituales que se presentan en lo contemporáneo, el atravesamiento de la época y sus marcas ¿Se puede hablar de rito en lo contemporáneo?. Uno de los componentes del rito, es una clara limitación de los excesos. Los rituales siempre tienen soporte colectivo, cuando este desaparece se producen excesos y desregulaciones, como por ejemplo en los desórdenes de alimentación, como bulimia y anorexia.Por otra parte, uno de los fenómenos que venimos observando en la clínica, es la presencia de cortes en el cuerpo.También puede observarse entre los jóvenes otra práctica denominada “previa” o “preboliche,” en la cual los jóvenes se encuentran a beber grandes cantidades de alcohol, mezcladas en muchos casos con otras drogas, viagra, psicofármacos, produciendo cócteles mortíferos. Esto los lleva a una conducta desenfrenada, donde lo que prima es el descontrol y el exceso. De ahí nuevamente cabe destacar el papel regulador del rito. Spinoza dirá “cautela en los excesos”, esta necesidad del conjuro colectivo de los excesos que atentan siempre contra la propia vida del grupo. Entonces ¿podemos llamar rito a estas prácticas actuales? Descriptores: Rituales contemporáneos, adolescencia, cortes, adicciones 5 Bibliografía -Cantarelli, Mariana. Después de la familia tipo qué? A propósito de historias de familia. Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. Dirección Nacional de Gestión Curricular y Gestión Docente. Viernes 15 de setiembre de 2006 en la Ciudad de Formosa -Dartiguelongue, Josefina: El sujeto y los cortes en el cuerpo. Ed. Letra viva, Bs. As, 2012 -Kuras de Mauer, Susana. “Las adolescentes hoy.” -Lacroze, Alejandra; Micó, Silvina; Salguero, Marcela “Los ritos”. Cátedra de Estructura según Lévi-Strauss. María Laura Méndez y Pablo Farneda. Maestría en pareja y familia. IUSAM-APdeBA (2012) -Lewkowicz, I.: Pensar sin Estado. 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