El servicio de interrumpibilidad

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El servicio de interrumpibilidad
El servicio de interrumpibilidad consiste en un mecanismo a través del cual los mayores
usuarios de electricidad (la gran industria) pueden reducir su consumo de energía, en caso de
que sea absolutamente necesario para asegurar el equilibrio de generación y demanda del
sistema eléctrico, y a cambio de una compensación económica.
La herramienta de la interrumpilidad implica, por tanto, la parada o reducción momentánea de
la actividad productiva de grandes consumidores, con su correspondiente pérdida económica,
para permitir que el resto de viviendas, locales o industrias reciban la cantidad de energía
eléctrica que demanden, en momentos excepcionales de punta extrema de consumo nacional, o
ante una súbita pérdida de producción, recibiendo los primeros unos ingresos que justifiquen la
detención de su proceso industrial.
Para asignar el servicio de interrumpibilidad se ha creado un sistema de subastas, gestionado
por Red Eléctrica de España (REE), cuya primera edición se celebró a finales del 2014 y a la cual
solo pueden acudir grandes (muy grandes) consumidores de energía eléctrica, ofreciendo
bloques de potencia interrumpible. Estos bloques son asignados mediante una puja con un
precio de salida, que se va reduciendo hasta que se asigna al último competidor que no se ha
retirado y, por tanto, está dispuesto a prestar el servicio al precio más bajo. El coste de esta
subasta es la retribución fija de interrumpibilidad.
La propia REE es la que valorará en qué casos será necesario emplear, realmente, esos bloques
de potencia interrumpible para reducir el consumo de los grandes consumidores adjudicatarios
de la subasta, tomando como base unos determinados criterios técnicos y económicos, criterios
que por su propia definición hacen extremadamente difícil la utilización del servicio de
interrumpibilidad. En esta parte tendríamos la retribución variable de interrumpibilidad.
SUBVENCIÓN ENCUBIERTA
En la actualidad existe una clara sobrecapacidad de producción de energía eléctrica, así como
una progresiva caída de la demanda nacional debido a la situación económica de los últimos
años, provocando que desde el 2009 no haya sido necesario disponer del servicio de
interrumpibilidad para garantizar el suministro de electricidad. Sin embargo, pese a que el
citado servicio no ha aportado ningún beneficio claro al sistema eléctrico, su coste anual ha
estado situado, durante los últimos años, en el entorno de los 500 millones de euros.
¿Por qué se pagan entonces tales enormidades? La respuesta es sencilla, el motivo es el de
contentar a determinadas grandes empresas, para las cuales el coste de la electricidad tiene una
importancia mayúscula en su cuenta de resultados y nivel de competitividad internacional. Ya
que a lo largo de los últimos años el crecimiento del recibo de la luz ha sido muy elevado para
todos los sectores productivos (y domésticos), la forma de impedir el cierre y deslocalización de
esa gran industria, y con el que se amenaza continuamente al conjunto de la población, es la de
introducir una (de tantas) subvención encubierta que lleva el nombre de servicio de
interrumpibilidad y la bandera de la garantía de suministro.
Así, en la primera subasta celebrada a finales del 2014 (y la que debería haber sido la última
convocada en ese año) se adjudicaron bloques de potencia interrumpible por un coste total
(retribución fija) de 352 millones de euros, consiguiendo un destacable ahorro respecto al
importe de años anteriores, pero un importe insuficiente para algunas empresas que han visto
como su “subvención” se reducía y que han estado anunciando futuros despidos colectivos en
sus plantas industriales, ante el cual el gobierno, pese a que REE había dado por buenos y
suficientes los resultados de la subasta (que cubrían los requerimientos que ésta había
impuesto), ha convocado una segunda subasta extraordinaria, que ha cerrado con un coste
definitivo de 507 millones de euros de retribución fija para el servicio de interrumpibilidad en el
año 2015. Es decir, la situación prácticamente sigue igual.
Hasta hora, la retribución del servicio de interrumpibilidad se venía costeando con arreglo a la
recaudación de los peajes, el componente más elevado del precio que pagamos todos los
consumidores en nuestra factura de luz. El crecimiento descontrolado del denominado déficit de
tarifa, cacareado concepto dependiente de los peajes que ya nos encargaremos de explicar en
este blog, es el que ha fundamentado la creación y realización de las subastas comentadas,
encaminadas a hacer del servicio de interrumpibilidad un mecanismo de garantía del suministro
competitivo y económico, para utilizar cuando fuera (y en caso de que lo fuera) necesario a un
bajo coste para los usuarios.
A partir del inicio de la nueva temporada eléctrica, en enero del 2015, la retribución fija del
servicio de interrumpibilidad se ha retirado de los costes que se abonan con arreglo a la
recaudación de peajes; peajes, que el gobierno ha congelado este año en una clara medida
electoralista (en año de llamada a las urnas), tras haber “controlado” la sangría del déficit de
tarifa con constantes recortes al sufrido sector de las renovables, pese a las muchas ventajas que
éste aporta.
¿De dónde sale entonces el dinero para pagar la retribución fija a la interrumpibilidad? Muy
sencillo, después de múltiples cambios en el BOE (hasta cuatro Órdenes del Ministerio de
Industria y otras tantas Resoluciones), el coste del servicio de interrumpibilidad será soportado
por toda la demanda, es decir, por todos los consumidores en la factura de luz de su vivienda o
negocio, como un coste de energía en mercado que habría que añadir a los otros tantos que
componen el término de consumo, además de los propios peajes y supondrá del orden del 2% de
su valor, encareciendo aún más nuestro recibo, desde el primer día del 2015, pese a lo que desde
el gobierno nos quieran vender.
Por si fuera poco, y a fecha de publicación del presente artículo, el Pool Eléctrico está
presentando unos precios muy elevados debido, en parte y pese al abaratamiento del petróleo, a
la alta demanda propia del invierno y a la baja generación renovable a través de tecnologías
hidráulica y eólica, por las condiciones meteorológicas desfavorables que se están aconteciendo
para estas centrales de producción. No olvidemos que el famoso Precio Voluntario para el
Pequeño Consumidor (PVPC), al que están acogidos la mayor parte de los hogares, depende
directamente del resultado del Pool.
Este comienzo de año, por los motivos enumerados, puede suponer un aumento del coste de
nuestra factura de luz; pero lo que nos traslada el gobierno es el esfuerzo realizado con la
congelación de los peajes… y si el recibo se eleva será culpa de los mercados, cuando es la misma
Administración quien debería encargarse de velar por la competencia y abaratamiento de éstos,
con las medidas y las decisiones adecuadas.
Desde esta plataforma estamos radicalmente en contra de cualquier engaño u ocultación y
deseamos que, cada vez más, haya más transparencia en tu factura de luz, pese al juego de
trileros al que los más importantes agentes políticos y económicos nos intentan someter.
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