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Javier Miranda patrocinará a Amaral García para reabrir la causa de fusilados de
Soca. Se iniciaron contactos con familiares de las otras víctimas para reabrir
investigación del homicidio masivo
Inmediata repercusión de la entrevista de LA REPUBLICA a Julio Abreu, el único
sobreviviente de la ejecución, quien rompió un silencio de 30 años.
ROGER RODRIGUEZ, [email protected]
El abogado Javier Miranda patrocinará en nombre de Amaral García una denuncia
judicial para que se investigue el caso de los "fusilados de Soca", ante el testimonio
público de Julio Abreu, único sobreviviente del episodio en el que cinco uruguayos
fueron asesinados por la dictadura en 1974.
Abreu rompió un silencio de tres decenios y narró ayer en LA REPUBLICA cómo fue
secuestrado en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1974 --hace hoy exactamente treinta
y un años--, junto a Floreal García y Mirtha Yolanda Hernández, los padres de Amaral
García, entonces de tres años de edad.
Aquel día, también fueron detenidos, en sendos operativos, los uruguayos Héctor Brum
junto a su esposa María de los Angeles Corbo Aguirregaray, embarazada de cuatro
meses, y Graciela Estefanell, quien vivía en el domicilio de la familia García
Hernández.
Los cuerpos torturados y acribillados a balazos de García, Hernández, Brum, Corbo y
Estefanell fueron encontrados en las cercanías de la localidad de Soca, Canelones, el 20
de diciembre de aquel año, como una presunta represalia ante el asesinato un día antes
del coronel Ramón Trabal en París.
Abreu, quien también testificó ante el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) y la
organización de Familiares de Desaparecidos, cuenta en la entrevista de LA
REPUBLICA cómo el grupo de uruguayos fue recluido en Buenos Aires, trasladados
ilegalmente en un vuelo de la Fuerza Aérea Uruguaya a Montevideo y presos en la
Casona de Punta Gorda antes de ser ejecutados.
Amaral García quedó en manos de una familia de policías en Argentina y fue
recuperado en 1985 por gestiones del ex senador Germán Araújo.
Abreu fue liberado en Neptunia en la Navidad de 1974 bajo amenaza de muerte para él
y toda su familia si no guardaba silencio sobre lo ocurrido.
"Testimonio clave para reapertura"
"El testimonio de Julio Abreu, publicado por LA REPUBLICA es clave para la
reapertura de la causa, que es algo que veníamos hablando con Amaral García", explicó
el abogado Javier Miranda, quien adelantó que ya se ha propiciado el contacto con las
familias de los otros asesinados en Soca.
Interrogado sobre cuándo podría presentarse la acción judicial, Miranda explicó que
dependerá de cuánto se avance en la recopilación de los antecedentes judiciales y
testimoniales existentes e hizo un llamado público para que se le aporte toda
información que esté relacionada con el caso.
Integrantes de las familias Brum, Corbo y Estefanell se habrían puesto en contacto con
el abogado Javier Miranda en las últimas horas y sería inminente una reunión de todos
los familiares para coordinar la acción judicial en la que se solicitará la reapertura de un
caso que se encontraría archivado. Según información obtenida por LA REPUBLICA la
causa de los fusilados de Soca tuvo una extensa instrucción en el Juzgado de Pando, y
habría sido archivado durante el gobierno de Julio María Sanguinetti, poco antes de que
se convocara a declarar al ex presidente de facto Juan María Bordaberry. En el
expediente existirían trascendentes testimonios de familiares de los asesinados, algunos
de los cuales pudieron verificar la tortura a la que fueron sometidos cuando en el
velatorio abrieron los cajones pese a la expresa prohibición de las autoridades de la
época.
Una de las declaraciones es la de un oficial de la marina uruguaya, hermano de una de
las víctimas, a quien el propio comandante en jefe de la Armada, vicealmirante Víctor
González Ibargoyen, le pidió disculpas por la ejecución, impuesta por el Ejército en el
Consejo de Seguridad Nacional (Cosena).
Cosena, Bordaberry y el Goyo Alvarez
Lo ocurrido en el Cosena en diciembre de 1974 aparece narrado por el escritor Carlos
Martínez Moreno en el libro "El color que el infierno me escondiera" (Editorial Nueva
Imagen, México 1981), donde dedica un capítulo titulado "La Arboleda" a la decisión
del fusilamiento en Soca.
Explica Martínez Moreno que el régimen dictatorial había resuelto en aquellos años que
por cada oficial militar que pudiera morir en la "lucha contra la subversión" se
procedería a ejecutar a cinco "subversivos", y que los fusilados de Soca fueron la
"cuota" por la muerte del coronel Trabal en Francia. "Sobre julio del 70, cuatro años
atrás, aparece la ecuación oficialmente formulada: una organización autodenominada
MANO (Movimiento Armado Nacional Oriental) previene que "por cada policía,
soldado, taximetrista o cualquier persona honrada que caiga, cobraremos cinco vidas
inútiles", escribe.
Martínez Moreno sostiene que el homicidio de los cinco tupamaros que habían sido
secuestrados en Buenos Aires el 8 de noviembre fue sometido a votación en el Cosena,
donde el dictador Juan María Bordaberry habría hecho constar en actas que no
acompañaba la medida.
En un trabajo del periodista Luis Casal Beck, publicado recientemente en Caras y
Caretas, se recuerda una declaración que Bordaberry realizó al investigador
norteamericano Scott Myers, autor del ensayo "Los Años oscuros (1967-1987)", quien
logró entrevistarlo en 1986.
"A la mañana siguiente, cuando me levanté recibí la noticia de que en Soca habían sido
encontrados cinco tupamaros muertos. Habían huido de Uruguay y estaban viviendo en
Argentina. Esto, francamente, en mi opinión, fue una acción del general Alvarez. Los
tupamaros fueron trasladados desde Argentina (...) En represalia por la muerte de
Trabal, los mataron. Esta es mi opinión. Traté de investigar, pero fue imposible", le
confió Bordaberry.
El 'vuelo cero' y Bonelli
El testimonio que el sobreviviente de Soca, Julio Abreu, hizo público ayer en LA
REPUBLICA genera un nuevo dato de investigación para el comandante en jefe de la
Fuerza Aérea Uruguaya (FAU), brigadier general (av) Enrique Bonelli, quien ya
reconoció la existencia de otros traslados clandestinos de la dictadura.
Abreu sostiene que a fines de noviembre o principios de diciembre de 1974 un avión
militar uruguayo lo trasladó encapuchado, junto a los cinco uruguayos que luego serían
asesinados en la localidad de Soca, en lo que versiones periodísticas denominaron el
"vuelo cero".
El testigo señala que antes de abordar el avión fueron inyectados para dormirlos, pese a
lo cual recuerda el avión: "Eran asientos de a dos, como en un ómnibus. Me dejaron
solo y, de pronto, alquien se me sentó al lado y me dijo "¿Cómo te llamás?". (...) Me
tomó los datos y me dejó solo".
En su primer informe sobre los desaparecidos ante el Poder Ejecutivo, Bonelli confirmó
la denuncia que en 2002 hizo LA REPUBLICA sobre el "segundo vuelo" de Orletti, en
el que unos veinte uruguayos secuestrados en Argentina en setiembre de 1976 fueron
trasladados y desaparecidos en Uruguay.
Bonelli reconoció luego haber sido uno de los tripulantes del "primer vuelo" de Orletti
en el que otra veintena de uruguayos secuestrados en Buenos Aires en julio de aquel
1976 también habían sido traídos ilegalmente a Montevideo y meses después fueron
"blanqueados" y procesados por la Justicia militar.
En la ampliación de su informe sobre los vuelos ilegales de la dictadura, Bonelli
comunicó días atrás al presidente Tabaré Vázquez que no se había podido confirmar la
existencia de vuelos posteriores a los verificados en el traslado de los secuestrados en
Orletti, nada dijo de vuelos anteriores a 1976.
Chifflet: 'Los fusilamientos de Soca se utilizaron para ocultar el crimen del coronel
Trabal en París''
Como "muertes para enmascarar un crimen" calificó el diputado Guillermo Chifflet el
relato de Julio Abreu, el sobreviviente que tras 30 años de silencio develó los hechos
que llevaron a que grupos militares fusilaran en 1974 en la localidad de Soca a cinco
uruguayos y que fue recogido ayer por LA REPUBLICA (ver nota aparte).
El operativo militar "fue para encubrir el crimen del coronel Ramón Trabal en París",
sostuvo el diputado Guillermo Chifflet.
"Cuando se anunció el asesinato del coronel Ramón Trabal, esa noche, en respuesta a
una campaña internacional que de inmediato se hizo tratando de salvar la vida de los
militantes tupamaros que estaban en condición de rehenes, habló el dictador (Juan
María) Bordaberry, y dijo que en Uruguay no sólo no había rehenes, sino que esas
personas que se acusaban que podían ser asesinadas, no iban a ser tocadas", recordó el
legislador.
Chifflet rememoró además que sobre los cinco uruguayos detenidos, torturados y
traídos a Uruguay "no pesaban pedidos de captura".
Señaló también que sobre Graciela Estafanell Guidali una de las asesinadas en Socatiene recuerdos muy especiales. Chifflet dijo que tenía noticias de ella a través de su
abuela, que visitaba la redacción de Marcha, donde el hoy legislador trabajaba, para
conocer el destino de ella. "Sólo recuerdo que esa abuela, de profundos ojos grises se
arrepentía de una cosa: que no recurriera como le aconsejó- a las armas para defender su
vida cuando estaba claro que en aquellos tiempos era fundamental defenderse armado"
El representante advierte que existen varias pruebas para determinar los responsables de
los fusilamientos de Soca, porque "bastará con saber quiénes hicieron el parte policial,
quiénes denunciaron que habían aparecido estos cadáveres, quiénes lo identificaron y
quiénes les practicaron la autopsia, si es que se las hicieron".
La verdad dada a conocer ayer por LA REPUBLICA tras el relato de Abreu, permitirá
que vengan más testimonios, vaticinó Chifflet. "Apareció Tróccoli, luego el general
Pereyra (porque) ahora sí se puede, porque hay confianza en el poder político de que se
podrá investigar".
"Hoy sabemos que los fusilamientos de Soca, los traslados desde Buenos Aires y las
torturas, el dictador Bordaberry los conocía y se utilizaron para ocultar el crimen de
Trabal en París. Fueron cinco asesinatos brutales, incluso de una mujer embarazada
(María de los Angeles Corbo), que cargan ahora los uniformes (porque) hasta que no se
sepa la verdad será una culpa de las Fuerzas Armadas", afirmó Chifflet.
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