“Miro por el espejo y veo que me están robando. Así

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hora, incluso se juntó más gente en autos
y buses. Cuando llegué a la casa nadie me
creía, pero cuando apareció en el diario al
día siguiente, vieron que no estaba mintiendo. Esa es la gracia de esta pega, uno
nunca sabe que va a pasar. Aunque hagas cien veces la misma ruta, siempre hay
algo nuevo”, señala Pedro Donoso.
Pese a lo entretenida de su vida como
camionero y de que asegura en ningún
momento arrepentirse, reconoce eso sí
que es muy sacrificada.
“Lo que más me complicó fue no ver
crecer a mis cabros chicos. Los vine a tratar más ahora que están grandes, pero al
principio uno pasaba mucho tiempo fuera
de la casa”, confidencia.
Y el no arrepentirse abarca mucho,
porque la primera pareja que tuvo, y
que le dio dos de sus tres hijos, en un
momento lo sentenció: “¿el camión o
yo?”…y ahí está Pedro Donoso todavía
manejando.
“Es que cuando uno era joven como
que no medía las cosas y le echaba para
adelante no más. En mi segundo matrimonio he sido más presente”, se justifica.
Cuesta arriba
Pero su historia al volante también le
ha deparado momentos complejos, como
asaltos y accidentes.
“Una vez venía de Valdivia con carne
congelada y paré un rato en la berma para
descansar cerca de Los Ángeles. De repente empiezo a sentir como que se mueve el camión, aunque creí que era por el
viento y la lluvia que había. Pero miro por
el espejo y veo una nube de vapor enorme
en la parte de atrás. ¡Ah!, me están robando, me dije. Así que me bajé…craso error.
Eran como ocho tipos y, cuando me vieron, me empezaron a lanzar piedras con
hondas. Todo machucado alcancé a subirme al camión y arrancar con la puerta
abierta no más. Por suerte se llevaron sólo
un pálet de carne, pero me dejaron muy
lastimado”, cuenta Pedro Donoso.
También lo han chocado dos veces por
atrás con consecuencias graves para los
otros vehículos. El primero fue un accidente en el norte donde por alcance lo
impactó un bus.
“Esa vez murió el chofer y varios pasajeros quedaron heridos. No se lo doy a
nadie. Uno queda tiritando”, dice.
La otra vez fue en el sur y lo chocó una
camioneta que no paró en una luz roja.
“Se me metió en el remolque. Me bajé
y la gente se empezó a juntar. El tipo estaba atrapado dentro de la cabina muy
mal herido. Pero cuando llegó carabine93
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epysa club 73 · 4/14
Pedro Donoso extraña al camionero que le apasionaba su pega. “Ahora a la primera llaman a la grúa y dejan botado el camión”.
ros, no sé cómo se salió de los fierros y se arrancó. Después supe que estaba borracho y con los policías nos preguntábamos cómo pudo correr, si
estaba todo quebrado”, agrega.
Sin alma
Pedro Donoso es un apasionado del norte. “En el sur hay mucho vehículo, está la lluvia, el hielo y la neblina. Para el norte todo es más tranquilo. Son kilómetros y kilómetros sin nada”, apunta.
La ruta también lo ha llevado al extranjero, donde destaca la belleza de
los caminos de Tacna y la sierra boliviana, aunque no siempre son gratos
los encuentros con los controles. “En Perú, por ejemplo, los policías no
son como acá. Te buscan hasta el último detalle para tratar de multarte y
lo que quieren es pura coima no más”, explica.
A estas alturas dice que quiere trabajar un par de años más y retirarse,
porque está cansado.
Asimismo, echa de menos los tiempos en que era una pasión ser camionero.
“Antes si tenías un problema te metías entre los fierros y lo arreglabas.
Ahora, la mayoría de los choferes jóvenes se sube al camión más que nada
para tirar pinta y a la primera dejan la máquina botada y llaman a la grúa
para que se la lleve. No tienen alma de camionero. Falta que la gente se
dé cuenta que esta es una profesión muy bonita”, resalta.
“Miro por el
espejo y veo
que me están
robando. Así que
me bajé…craso
error. Eran como
ocho tipos”.
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