Original_La eleccion de la nodriza - Federación de Asociaciones de

Anuncio
matr nas
Matronas Prof. 2013; 14(3-4): 68-73
profesión
Artículo original. Investigación histórica
La elección de las nodrizas en las clases altas,
del siglo XVII al siglo XIX
The election of the wet nurses at the upper classes from the 17th century
to the 19th century
Beatriz Espinilla Sanz
Matrona. Hospital Universitario de Burgos
RESUMEN
ABSTRACT
Objetivo: Determinar los requisitos para ser nodriza en las clases ricas, y especialmente en la Corte, durante los siglos XVII al XIX; la consideración social de la lactancia materna y de la «lactancia mercenaria»;
el papel que representaban las nodrizas en la sociedad; las razones para su contratación, y las creencias que se tenían sobre el ciclo reproductivo femenino y sobre la fisiología de la lactancia.
Material y métodos: Investigación bibliográfica de documentos impresos, decretos reales y libros de medicina, ginecología, higiene y usos
y costumbres de los siglos XVII-XIX, elegidos porque contenían información sobre las nodrizas y su situación social.
Resultados: Hubo gran demanda de nodrizas en la sociedad. Los motivos para ello fueron tanto médicos como socioeconómicos. Al ser las
amas de cría una institución social tan importante, recibieron gran cantidad de alabanzas pero también de críticas. De hecho, a partir del siglo
XVII surge una corriente médica que prima la lactancia materna y considera que las nodrizas encarnan todos los vicios y maldades de la sociedad. Los requisitos para ser nodriza en las clases altas, y más concretamente en la Corte, eran muy estrictos: se tenía en cuenta su
procedencia, sus atributos morales y físicos y sus condiciones sociales,
además de la calidad y cantidad de leche.
Conclusiones: Los conocimientos de la época sobre la fisiología del
cuerpo femenino, por un lado, y la escala social del infante, por otro,
determinaban los requisitos de elección de la nodriza, siendo la ideal
aquella mujer de buenas costumbres, sana, con una constitución media, morena o rubia, de pechos medianos y procedente de una población pequeña. El trabajo que presentamos nos alienta a continuar investigando en este campo.
Objective: To determine the requirements to become a wet nurse for
the rich class, mainly at the Court, from the 17th century to the 19th century; the social consideration of maternal breastfeeding and wet nurse
breastfeeding; the wet nurse social relevance and the reasons to hire
them, as well as the knowledge about the female reproductive cycle
and physiology of lactation.
Material and methods: A bibliographical investigation of printed
documents, royal decrees, orphanage documentation, and medical, historical, gynecology, hygiene and ways of life books of the centuries
mentioned.
Results: There was a huge demand of wet nurses on the society due to
medical and socioeconomical reasons. The wet nurses were very important so they received great number of praises, but were also strongly
criticized; in fact, from the 17th century, a medical current that proclaims
the advantages of maternal breastfeeding begins, and considers wet
nurses as the worst of the society. The requirements to become a
wet nurse in the high class, and especially at the Court, were very strict.
The origin, the physical and moral characteristic, the social conditions
and the milk quality and amount were considered.
Conclusions: The knowledge about physiological changes of the female body and the child social class determinate the wet nurse characteristics. The perfect nurse had good morality, medium constitution and
medium breasts, was healthy, blond or dark-haired, and proceeded from
a little town. This work gives us the chance to continue researching in
this way.
©2013 Ediciones Mayo, S.A. Todos los derechos reservados.
©2013 Ediciones Mayo, S.A. All rights reserved.
Palabras clave: Lactancia, historia, antropología cultural, leche humana, relaciones familiares.
Keywords: Breastfeeding, history, cultural anthropology, human milk,
family relations.
Fecha de recepción: 15/01/12. Fecha de aceptación: 15/03/13.
Trabajo presentado en forma de comunicación oral en el I Congreso de la
Asociación Castellano-Leonesa de Matronas conjuntamente con la FAME.
Burgos, octubre de 2011.
Correspondencia: B. Espinilla Sanz.
Correo electrónico: [email protected]
Espinilla Sanz B. La elección de las nodrizas en las clases altas, del siglo XVII
al siglo XIX. Matronas Prof. 2013; 14(3-4): 68-73.
68
68-73 ART ORIG LA ELECCION.indd 68
12/02/14 16:54
La elección de las nodrizas en las clases altas, del siglo XVII al siglo XIX
Artículo original
B. Espinilla Sanz
INTRODUCCIÓN
Este trabajo sobre la elección de las nodrizas en las
clases altas en general, y en la Corte en particular, durante los siglos xvii al xix trata de recopilar todos los
requisitos para ser nodriza en una casa acomodada o rica; sus orígenes; la función que tuvieron las amas de
cría en la sociedad de la época; las razones para su
contratación; la consideración social de la lactancia materna y de las nodrizas y su «lactancia mercenaria», e incluso las ideas y conocimientos que en esos siglos se tenían sobre el ciclo reproductivo femenino y la fisiología
de la lactancia.
Lo primero que hay que saber es que una nodriza,
también llamada ama o aya de cría o ama de leche, es
una mujer que amamanta a hijos ajenos, sea porque
su madre no quiere o porque no puede hacerlo.
Siempre ha habido nodrizas1,2, bien por dinero, bien
como socorro a un niño cuya madre hubiera muerto
o estuviera enferma, entre otras razones. Sus actividades están descritas y reguladas desde la Antigüedad3, y las encontramos en Egipto en el papiro de
Ebers (1550 a.C.), en Babilonia, y en múltiples documentos que datan de 2.000 años antes de Cristo.
En Grecia se tenía a las nodrizas en alta consideración, y en Roma incluso existían mercados de nodrizas llamados lactaria. En la Edad Media sus actividades estaban reguladas por ley en las Siete Partidas de
Alfonso X.
A partir del siglo xvii fueron tantas las familias que
las solicitaban que se convirtieron en una institución
social. Como tales, como algo establecido y fundado,
entre los siglos xvii y xix (sobre los que versa este trabajo) se las clasificaba en tres tipos4: las que lactaban a los
niños de la inclusa, las que se llevaban a los niños a
su propia casa y las que estaban internas en la casa de
los amos. Este estudio se centrará en las terceras,
pues era la opción de trabajo que las clases acomodadas preferían.
MATERIAL Y MÉTODOS
Se realizó una investigación bibliográfica, en la Biblioteca Histórica de Santa Cruz, la Biblioteca Nacional de
España, en bibliotecas universitarias y en otras bibliotecas públicas, de documentos impresos y decretos reales,
así como de muchos de los libros de medicina, ginecología, higiene, usos y costumbres, de los siglos xvii al
xix. Se eligieron estos estudios porque contenían información sobre las nodrizas y su situación social y doméstica (no sólo en las clases acomodadas, sino también en
los hospicios), además de información sobre la lactancia
materna y la mercenaria.
RESULTADOS
Razones por las que
«se ponía a los niños en ama»
La demanda de nodrizas durante los siglos xvii-xix era
muy grande por diversos motivos tanto médicos como
socioeconómicos. Desde el punto de vista médico, existían diversas razones para contraindicar la lactancia materna, como por ejemplo que la madre estuviera débil
tras el parto o sufriera algún defecto en su constitución
(p. ej., algún defecto en los pezones), que tuviera falta
de leche o que presentara alguna enfermedad que se pudiera transmitir por la lactancia1,5; incluso se consideraba una contraindicación una desmedida excitabilidad
de su sistema nervioso6.
Además de todas estas causas anatómicas y psicológicas, había otras totalmente personales, pues se pensaba
que para que una mujer viviera más y estuviera siempre
más sana no debía dar el pecho a su hijo7.
Desde el punto de vista socioeconómico, en cambio,
las razones de poner «al niño en ama» eran más variadas
y complejas. Una de las causas sociales más importantes
para contratar una nodriza era considerar la lactancia
como un trabajo; y no hay que olvidar que en estos siglos todo trabajo –excepto el cancilleresco, clerical, intelectual o militar– tenía una consideración negativa, ya
que se pensaba que era un castigo divino que recaía sobre las clases innobles8, además de que se veía como
una vergüenza. Así, la lactancia materna se entendía como un trabajo gravoso y servil, ajeno a la «gente de forma»1, por lo que se contrataba una nodriza para realizarlo. La lactancia no sólo se entendía como un duro
trabajo, sino que, además, se consideraba que las circunstancias sociales de las mujeres de clase rica (es decir, su posición social y la agitación derivada de esa posición y el nivel de vida en que estaban situadas) les
impedían dar el pecho correctamente9.
Ahora bien, en la Corte los motivos para contratar
una nodriza no eran sólo de clase o de relevancia social,
sino también políticos; una de las obligaciones de la reina era asegurar la continuidad de la dinastía en el trono,
y si no amamantaba a sus vástagos tendría un mayor
número de embarazos; por tanto, aumentaría la descendencia y con ello las posibilidades de que algún heredero sobreviviera10. Por todo esto, contratar una nodriza
se convirtió en una moda, así como en un signo de ostentación y una marca de posición social8.
Había también otra circunstancia para contratar un
ama, y se basaba en la creencia, errónea según los conocimientos actuales, de que el tener relaciones sexuales
provocaba una irritación genital que desencadenaba la
menstruación, y que dicha menstruación hacía que disminuyera la calidad de la leche. Por tanto, durante la
69
68-73 ART ORIG LA ELECCION.indd 69
12/02/14 16:54
Matronas Prof. 2013; 14(3-4): 68-73
lactancia se procuraba la abstinencia sexual, con lo que
los maridos preferían que su mujer no amamantara al
hijo para así evitarse el tiempo de abstinencia que debía
guardar una mujer lactante de la época8.
Consideración social de la nodriza
Podemos imaginar que las nodrizas, al ser una institución tan antigua –ya que han existido desde siempre– y
tan importante –puesto que se encargaban de la alimentación de muchas generaciones nuevas durante años–,
han estado muy presentes en la sociedad y por tanto han
sido objeto de alabanzas y críticas desde siempre.
Por lo general se las tenía como muy valiosas y muy
necesarias; y no es hasta el siglo xvii –y con más fuerza
en el xviii– cuando los médicos y estudiosos empiezan
a verter grandes críticas sobre ellas, ya que están convencidos de que la lactancia materna es el mejor alimento que los niños pueden recibir y de que, como poco, es una aberración poner a los niños en ama. Dichos
médicos creen que las madres están obligadas a dar el
pecho a sus hijos5,11 por ser lo mejor para ellos y porque
repercute de forma positiva en la salud de la madre.
Para los médicos de los siglos estudiados, las ventajas
de amamantar eran tanto físicas como morales12. Por
ello, proclamaban las bondades de la lactancia materna
y tenían una visión muy negativa de las nodrizas y de su
«lactancia mercenaria», ya que amamantaban a un niño
ajeno a cambio de una remuneración económica. Era
tanto su rechazo que incluso aducían razones divinas
para justificarlo, considerando que el Señor, ante la
crueldad de no amamantar a sus hijos, mandaba a las
madres amas coléricas, necias, sucias, tragonas, indolentes, etc., cuyo interés radicaba solamente en ellas
mismas y no en el niño al que amamantaban11,13-15.
Los médicos también intentaban disuadir a las madres de buscar ama contándoles los desvelos que se padecían en Palacio por su culpa, argumentando que si
esto sucedía con las amas del príncipe, que se suponía
que eran las mejores, podían imaginase lo que tendrían que pasar las madres lidiando con las amas al servicio de un caballero, que era de menor rango social
que un rey11. Y cuando dichos médicos analizaban a
una mujer que se ofrecía como ama, tampoco encontraban ninguna característica positiva, ya que, según
ellos, lo hacía porque se le había muerto su niño –lo
que indicaba que la mujer podía tener alguna enfermedad que no se reconociera a simple vista– o porque
ya lo había destetado –por lo que el ama ya tendría leche vieja– o, aún peor, porque dejaba sin criar a su
propio hijo para criar a uno ajeno, lo que era un signo
evidente de ser mala madre y, por lo tanto, peor nodriza2.
Si bien todas estas consideraciones negativas sobre las
nodrizas pudieran parecer una exageración, los diferentes ambientes y estatus en los que estas trabajadoras
mercenarias (así se las denomina en muchos documentos1-4) se ofrecían daban lugar a una mezcolanza de mujeres y, por tanto, a una variada mezcla de motivos, de
condiciones de higiene, de moral y de salud. Todo esto
indica que en ocasiones sí se producían algunos de los
horrores que denunciaban los detractores de la lactancia mercenaria. Por ejemplo, respecto a las nodrizas de
las inclusas, Concepción Arenal dice que «la mortalidad
es tan elevada que si a ello solo estuviere confiada la
conservación de la especie, se extinguiría»3, dado el
gran número de bebés que le correspondían a cada nodriza. Y son estos casos los que hacen verdadero el refrán popular de que «amas son llamas»11.
A pesar de todos los detractores de la lactancia mercenaria y todas las razones que aducían contra ella, la sociedad de los siglos que estudiamos hizo oídos sordos a
sus recomendaciones y siguió contratando amas. En definitiva, fue un gran mercado de nodrizas que no tocaría a su fin hasta la promoción de la leche de fórmula
tras la Segunda Guerra Mundial, ya en pleno siglo xx3.
Una vez que la madre decidía no dar de mamar a su
hijo, comenzaba la búsqueda de la nodriza, siguiendo,
siempre, un criterio de excelencia.
La elección de la nodriza
La elección de las nodrizas para los hijos de familias ricas recaía en la comadre de la zona o en el médico de la
familia, que se encargaban de examinar a las candidatas
y decidir cuál de ellas era la mejor. Contratar una nodriza era tan habitual que incluso, ya en el siglo xix, el
Ayuntamiento de Madrid instituyó a las amas en la
«Sección de nodrizas» –incluida en el Negociado de Estadística–. Dicha institución elaboró un reglamento para el servicio higiénico y la salubridad de las nodrizas, y
se encargaba, además, de seleccionarlas y de realizarles
un reconocimiento médico. En el caso de que cumplieran las condiciones establecidas, se les daba una libreta
en la que se sellaban todas las contrataciones y los despidos que habían tenido en diferentes casas. De hecho,
estaba prohibido que una mujer ejerciera como nodriza
si no tenía la libreta en vigor16.
A pesar del interés que pueda tener la elección de nodrizas en las clases acomodadas, vamos a centrar nuestra búsqueda en las amas de cría seleccionadas para
amamantar a los hijos de las mujeres de Palacio, porque
es en el entorno palaciego donde más curiosidades vamos a encontrar, donde eran más exigentes con las características que debían cumplir las nodrizas y donde
más documentación escrita hay sobre todo lo referente
70
68-73 ART ORIG LA ELECCION.indd 70
12/02/14 16:54
La elección de las nodrizas en las clases altas, del siglo XVII al siglo XIX
Artículo original
B. Espinilla Sanz
a la elección de las amas de leche. Centrémonos, entonces, en la reina y en su familia. Alguno de los médicos
de cámara era el encargado de esta elección, responsabilidad que representaba un gran honor.
La procedencia
El médico comenzaba la búsqueda de la perfecta nodriza alrededor de 1 mes antes de la fecha probable de parto; y la buscaba preferentemente en pueblos, ya que se
consideraba que las pueblerinas eran más honestas, más
nobles, más sanas e incluso más trabajadoras que las de
ciudad17. La buscaba por pueblos que no estuvieran
muy alejados de la Corte. Una vez elegidos los pueblos,
se mandaban a los ayuntamientos avisos y bandos que
contenían una relación de las condiciones requeridas
para ser ama18 y en los que se citaba a todas las mujeres
del lugar que, cumpliendo los requisitos, quisieran trabajar en la Corte. Ahora bien, para optar al trabajo, la
mujer debía aportar la célula de vecindad que expedía
el alcalde del pueblo19.
Estadísticamente, hasta 183017 los municipios de
donde se elegían la mayoría de las amas pertenecían a
Burgos, seguidos de los de las provincias de Toledo y
Madrid. Esto demuestra lo erróneo de la creencia de
que la mayoría de las nodrizas eran del norte de España, más en concreto de la Vega del Pas, pues los médicos no fueron a buscar nodriza por la provincia de Santander hasta 1831, tras el nacimiento de un hijo de
María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, cuarta mujer
de Fernando VII19. Dado que a partir de ese año la mayoría de las nodrizas se buscaron por el norte de España
y, además, fueron las más retratadas por los pintores de
la época, ello quedó en nuestra memoria histórica como hecho más reciente y provocó que el imaginario etnográfico colectivo asocie a las buenas nodrizas con el
norte de España.
Las características
Para determinar si una madre podía criar a un hijo del
rey debía valorarse si conjugaba ciertas condiciones sociales, físicas y morales. Bien es cierto que en la época
en que se centra el presente estudio las características
morales y físicas no estaban tan disociadas como ahora,
de modo que se consideraba que una mujer de cara bonita y mirar agradable –por ejemplo– sería mejor nodriza, puesto que «la cara era el espejo del alma»13.
Atributos morales
La búsqueda de atributos morales era fundamental,
pues se encontraba generalizada la idea de que a través
de la leche se transmitían cualidades morales; y era tal
la convicción que hasta en el saber popular, tal como
reflejan los refranes, se decía que «lo que en la leche se
mama, en la mortaja se derrama»; es decir, que todo lo
bueno y lo malo que transmite una mujer al amamantar condiciona los aspectos del futuro modo de ser del
lactante en su totalidad6. Esta idea implicaba que la nutriz era el primer resorte del desarrollo físico y moral del
recién nacido, por lo que, si tenía virtudes o vicios, esa
sería la primera semilla que recibiría el niño2. Por ello,
la nodriza debía estar casada; debía ser cristiana y de ascendientes cristianos, para no transmitir herejías10; de
carácter alegre y tranquilo, tenía que tener buen corazón y unas mínimas capacidades intelectuales. Había
tal exigencia y puntillosidad en las condiciones, que los
médicos incluso atendían a que la mujer no se pusiera
afeites, puesto que de una mujer demasiado coqueta se
sospechaba un alto grado de lujuria13.
En definitiva, se exigía que demostrara que era de
buenas costumbres, para lo que se pedía al párroco del
pueblo que expidiera un certificado de buena conducta,
no sólo de la aspirante sino también de su familia.
Condiciones sociales
Si atendemos a las condiciones sociales, se pedía que la
futura ama de cría no fuera primípara, porque una mujer que ya hubiera parido varias veces tendría más experiencia y habría demostrado ya que tenía los pechos
realmente preparados para lactar; que tuviera entre 20 y
35 años, y que trabajara en el campo, dado que las mujeres que trabajaban la tierra eran laboriosas, robustas y
de brazos fuertes. Se requería, además, que no tuviera la
menstruación y que no estuviera embarazada ya que, en
ambos casos, la leche sería de peor calidad13,15,20.
Características físicas
El reconocimiento más amplio era, evidentemente, el
de las características físicas, para lo que se examinaba el
estado de salud, el aspecto físico o constitucional, las
características del pecho y las de la leche. Del mismo
modo que el cura garantizaba las cláusulas morales,
también para este examen el médico del pueblo debía
garantizar las cláusulas físicas, extendiendo un certificado que acreditaba la buena salud de la madre candidata
y –si era posible– la del padre también.
Todo era importante en este examen y todo se revisaba. En primer lugar, los médicos hacían una revisión
general con la que verificaban que las aspirantes siempre habían estado sanas y, a partir del siglo xviii, que
estaban vacunadas. También en cuanto al aspecto físico,
las preferían robustas, ni flacas ni gordas19 y con el cuerpo bien proporcionado.
Como veremos, el reconocimiento físico era realmente exhaustivo, por el hecho evidente de que la no-
71
68-73 ART ORIG LA ELECCION.indd 71
12/02/14 16:54
Matronas Prof. 2013; 14(3-4): 68-73
driza podía introducir en las familias cualquier enfermedad contagiosa. Por ello se inspeccionaban todas
las partes de su anatomía, incluso los órganos genitales y el ano, para descartar marcas de afecciones como
por ejemplo la sífilis, tan común en los siglos referidos. Después se examinaba la parte superior del cuerpo, la cabeza y el rostro. En la cara se atendía a los
ojos y la boca. La boca debía ser saludable, sin mal
aliento y con encías sólidas y coloradas. En cuanto a
los ojos, se tenían en cuenta la expresión, por lo que se
elegía a las nodrizas que tuvieran ojos vivos, y la mirada, por lo que se desechaban las bizcas, puesto que –se
suponía– el niño aprendía e imitaba la forma de mirar
de su ama de cría13.
Al escudriñar el pelo, se buscaban mujeres de cabello
fuerte y sin calvas, puesto que las calvas podían ser reflejo de alguna enfermedad, como la tiña. También tenía importancia el color, que podía ser rubio o moreno15 pero nunca pelirrojo (el rechazo supersticioso a los
pelirrojos se refleja también en la lengua hablada en refranes del tipo «Ni perro ni gato de aquella color»). Parece ser que los pelirrojos estaban asociados a Caín, a las
brujas, al demonio y a la maldad en general en ciertas
partes del Imperio Romano y también de la Europa
cristiana.
La elección no sólo estaba condicionada por el color
del pelo sino también por el de la piel, ya fuera de la cara o del cuerpo7, pues se creía que las morenas tenían
mejor leche7,9. En la piel también era muy importante
que no existieran marcas de enfermedad; incluso era
preceptivo que la transpiración no oliera mal, dado que
se suponía que la causa de la fetidez eran los malos humores del cuerpo.
Descendiendo a lo largo del cuerpo, la siguiente parte
que analizaban y juzgaban los médicos cuando buscaban una buena nodriza era el pecho, que se convertía,
lógicamente, en el elemento anatómico examinado de
forma más escrupulosa.
Para entender las características que se requerían para
un pecho tan perfecto que sirviera para amamantar al
hijo de un rey, es preciso comprender las creencias de
entonces sobre la fisiología de la lactancia. Así, en algunos tratados del siglo xvii leemos que la leche está mezclada con la sangre en forma de materia láctea, de la
que se separa al pasar por el pecho, después de cocerse
en él, apareciendo de este modo la leche7,13. Por esta razón, los médicos buscaban pechos de mediano tamaño,
ni grandes ni pequeños, para que cocieran la leche en su
justa medida. Además de ello, debían ser elásticos, firmes, sin durezas, redondeados y con gruesas venas patentes. Tras examinar el volumen y la consistencia de
los pechos, se analizaba que los pezones fueran de un
tamaño proporcionado y de color sonrosado, entre
otras cualidades.
Por último, a las nodrizas se les analizaba lo más importante, su leche, de la que los médicos valoraban dos
aspectos, la calidad y la cantidad, mediante diferentes
pruebas. La leche de mejor calidad era la mantecosa,
dulce y que no picaba ni despedía ningún olor, homogénea y de color blanco azulado. Así, se comprobaba la
bondad de la leche cuando al echar una gota en el ojo
no lo irritaba, o al mezclarla con agua se disolvía sin dificultad, o no hacía efervescencia si se mezclaba con ácidos o alcalinos. Para constatar la densidad, los médicos
se ponían una gota de leche en la uña, gota que ni tenía
que resbalar rápidamente por su superficie ni quedarse
pegada. Más cerca de la superstición está la prueba siguiente: basándose en la teoría de que los humores del
cuerpo se traspasaban a la leche, se impregnaba de ese
líquido un lienzo blanco y se dejaba secar a la sombra.
El color que la mancha dejaba correspondía a diferentes
humores7, siendo el óptimo el sanguíneo linfático, que
apenas dejaba rastro2,20. Estas pruebas apenas variaron a
lo largo del tiempo, salvo por la introducción de tecnologías y aparatos como el microscopio en el siglo xix, el
lactoscopio, la báscula de Beranger o la cámara de fotos, entre otros10, con los que se analizaban las nuevas
características que se descubrían en la leche.
La mayor parte de los autores consultados acuerdan
que era imprescindible que la mujer hubiera tenido un
buen parto, sin complicaciones y a término. Del mismo
modo, en la mayor parte de los tratados leídos1,9,13,15 se
aconseja que la candidata a nodriza hubiera parido alrededor de la fecha en la que parió la madre, para que la
leche del ama tuviera aproximadamente las mismas
cualidades que tendría la de la madre.
Evidentemente, observando todos los aspectos importantes de la leche de la nodriza, la cantidad de leche
que un ama producía era también otro factor que tener
en cuenta. Por ello, la leche tenía que estar en su justa
medida, ya que si la nodriza tenía poca cantidad de leche el niño se quedaría con hambre y mamaría más a
menudo, con lo que a la leche no le daría tiempo a «cocerse» y ello provocaría que el infante mamara sangre
apenas mudada en leche13. Pero en cambio, si la mujer
tenía demasiada cantidad, la leche estaría cruda y además podría provocar en el ama problemas en el pecho
como los «pelos» –que es lo que hoy en día conocemos
como mastitis– o podría hacerla adelgazar en demasía21.
Tanto es así, que un autor del siglo xix21, citando a
Aristóteles, afirma que si los bebés toman demasiada
cantidad de leche aumenta la actividad de su cerebro, lo
que puede causarles convulsiones.
72
68-73 ART ORIG LA ELECCION.indd 72
12/02/14 16:54
La elección de las nodrizas en las clases altas, del siglo XVII al siglo XIX
Artículo original
B. Espinilla Sanz
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
BIBLIOGRAFÍA
Con este trabajo hemos pretendido hacer un rápido repaso interdisciplinar de una de las tareas u ocupaciones
más importantes, tanto para la sociedad como para la
mujer, durante los siglos xvii, xviii y xix, y que a pesar
de ello no ha tenido tantos estudios como se merece.
De esta manera, se abre una puerta a posteriores investigaciones que nos acerquen a otros aspectos de la vida
de las nodrizas y nos ayuden a comprender la historia,
tan necesaria para entender de dónde procedemos.
Los estudiosos de la época observaban los cambios
que ocurrían en el cuerpo de la mujer y los explicaban
según los conocimientos de entonces. Así, pensaban
que la leche estaba diluida en la sangre y debía cocerse
en el pecho para separarse de ella; ello determinaba
ciertas características físicas, del pecho o constitucionales, y justificaba la creencia de que si la sangre afluía a
otros órganos, como al útero en la menstruación o en el
embarazo, la cantidad de leche disminuía, por lo que
no se deseaban nodrizas en estos estados. También
creían que los atributos morales se transmitían por la
leche e influían en la futura forma de ser del niño, y por
ello querían amas cristianas y de buenas costumbres.
Consideraban asimismo que la leche era una fuente de
debilidad o de flaqueza, según quién la produjera, y
de ahí tanta meticulosidad en determinar las características físicas y morales, así como la procedencia de las
nodrizas.
La lactancia materna se consideraba un trabajo gravoso, y aunque en los siglos aquí tratados los médicos promovían sus bondades, poder contratar una nodriza era
un signo de posición social y económica que todas las
familias deseaban ostentar. A su vez, ser nodriza en la
Corte era un privilegio.
En definitiva, las nodrizas fueron importantes en todas las escalas sociales de los siglos citados, por ser las
mujeres que alimentarían a las futuras generaciones, ya
fueran niños huérfanos o los vástagos del rey.
1. Bonells J. Perjuicios que acarrean al género humano y al Estado las
madres que rehúsan criar a sus hijos, y medios para contener el
abuso de ponerlos en ama. Madrid: Imprenta de M. Escribano, 1786.
2. Landais. Disertación sobre las utilidades que se siguen de criar las
propias madres a sus hijos. Madrid: Imprenta Real, 1884.
3. Aguilar Cordero MJ. Lactancia materna. Madrid: Elsevier, 2005.
4. Gonzalbo Aizpuru P, Molina Gómez MP. Familias y relaciones
diferenciales: género y edad. Murcia: Universidad de Murcia, 2010.
5. Amar y Borbón J. Discurso sobre la educación física y moral de las
mujeres. Madrid: Imprenta de Benito Cano, 1790.
6. Monlau P. Higiene del matrimonio o el libro de los casados, en el cual
se dan las reglas é instrucciones necesarias para conservar la salud de
los esposos, asegurar la paz conyugal y educar bien á la familia.
Madrid: Imprenta y estereotipia de M. Rivadeneyra, 1853.
7. Alonso de los Ruyzes de Fontecha J. Diez previlegios para mugeres
preñadas. Alcalá de Henares: Imprenta de L. Martínez, 1606.
8. Sarasúa C. Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la
formación del mercado madrileño, 1758-1868. Madrid: Siglo XIX,
1994.
9. De Arce y Luque J. Tratado completo de las enfermedades de las
mujeres. Madrid: Imprenta de J. Repullés, 1845; 3.
10. Junceda Avello E. Ginecología y vida íntima de las reinas de España.
Madrid: Temas de Hoy, 1992.
11. Gutiérrez de Godoy J. Tres discursos para probar que están obligadas
a criar sus hijos a sus pechos todas las madres, cuando tienen buena
salud, fuerzas, y buen temperamento, buena leche y suficiente para
alimentarlos. Jaén: Imprenta de Pedro de la Cuesta, 1629.
12. Deslandes ML. Compendio de higiene pública y privada ó tratado
elemental de los conocimientos relativos á la conservación de la
salud y á la perfección física y moral de los hombres. Gerona:
Imprenta de A. Oliva, 1830.
13. Toquero. Reglas para escoger amas y leche. Cádiz: Imprenta de F.
Rey, 1617.
14. Rabaté C. ¿Eva o María? Ser mujer en la época isabelina (18331868). Salamanca: Universidad de Salamanca, 2007.
15. Iberti J. Método artificial de criar a los niños recién nacidos y de
darles una buena educación física. Madrid: Imprenta Real, 1789.
16. Ayuntamiento Constitucional de Madrid. Libreta de nodrizas, 1889.
17. Gacho Santamaría MA. Médicos y nodrizas en la Corte española
(1625-1830). Revista de Patrimonio Nacional. 1995; (124): 57-63.
18. Boletín extraordinario del domingo 15 de noviembre de 1859.
Burgos: Imprenta de Cariñena, 1859.
19. Cortés Echanove L. Nacimiento y crianza de personas reales en la
corte de España (1566-1886). Madrid: Consejo Superior de
Investigaciones Científicas. Escuela de Historia Moderna, 1958.
20. García S. Instituciones sobre la crianza física de niños expósitos.
Madrid: Imprenta de Vega y compañía, 1805.
21. López Arrojo L. Reconocimiento de nodrizas. Madrid: Imprenta de
M.P. Montoya, 1889.
Agradecimiento de «Matronas Profesión» 2013
El Comité Editorial de la revista Matronas Profesión desea agradecer muy sinceramente la colaboración desinteresada a los siguientes expertos, que han participado en la revisión de manuscritos durante el año 2013.
Francisca Aliaga Martínez
Ainoa Biurrum Garrido
Rosa Banús Giménez
Concha Cuenca Calabuig
Florencio Durán Muñoz
José Ramón Escuriet Peiró
Lidia Francés Ribera
M.ª Teresa García García
Roser Gol Gómez
Mónica Isidro Albaladejo
Blanca Jiménez Alcántara
Lourdes Margaix Fontestad
Encarnación Martínez García
Gloria Miralpeix Pomar
Esther Muñoz Selles
Elisenda Prats Ribera
Amalia Puga Martínez
Eusebia Romano Santos
M.ª Dolores Ruiz Berdun
Modesta Salazar Agulló
Gloria Seguranyes Guillot
Carmen Terre Rull
Sonia Uceira Rey
Casilda Velasco Juez
Mercedes Vicente Hernández
Helena Viñas Llebot
73
68-73 ART ORIG LA ELECCION.indd 73
12/02/14 16:54
Descargar