Tema Nº 13 - Parroquia Santa Marta

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la nave, no podréis salvaros vosotros”. Entonces los soldados cortaron los cables
del bote y lo dejaron caer.
Mientras esperaban que se hiciera de día, Pablo animó a todos a que comieran ya
que hacía catorce días que no comían y diciendo esto:
“Tomó pan y dando gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y comenzó a
comer. Todos se animaron y comieron. Iban en la nave 276 personas. (Hch 27,
34-36)
Llegado el día, se dieron cuenta que estaban cerca de una playa y al tratar de
llevar la nave a tierra encalló y la violencia de las olas destruyó la nave.
Los soldados quisieron matar a los presos pero el centurión se opuso y todos
llegaron a la playa sanos y salvos.
Acogida en la Isla de Malta. De Malta a Roma.
Los nativos de la isla de Malta los acogieron muy bien, prendieron fuego y entre
las ramas apareció una víbora que picó a Pablo, pero se salvó milagrosamente y
ellos lo tomaron por un dios. Luego, fueron hospedados por un nativo llamado
Publio, allí sanó a su padre y luego a muchos isleños que sufrían enfermedades
diversas.
Luego de tres meses, partieron en una nave alejandrina que había invernado en la
isla, hicieron escala en Siracusa, Sicilia y de ahí pasaron a Reggio y Pozzuoli
donde encontraron algunos hermanos en la fe con quienes permanecieron siete
días y por fin se encaminaron a Roma; muchos hermanos salieron a recibirlos
hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas.
Se permitió a Pablo quedarse en una casa particular con un soldado que lo
custodiase; tres días después, convocó a los judíos principales y les explicó el
motivo de su llegada.
Entre otras cosas les dijo:
“Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo, ni las costumbres patrias, fui
yo detenido en Jerusalén y entregado a los romanos, ellos después de
interrogarme, quisieron ponerme en libertad, ya que no había en mí causa alguna
de muerte, pero al oponerse a ello los judíos me vi obligado a apelar al Cesar
aunque no para acusar de nada a mi pueblo” (Hch 28, 1-20)
El libro de los Hechos de los Apóstoles termina indicando que Pablo permaneció
dos años en una casa arrendada por él donde recibía a los que iban a verlo; podía
anunciar el Reino de Dios y enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor con
toda libertad. Era el verano del año 62. Luego recuperó la libertad y pudo
continuar su trabajo evangelizador. ¿Qué pasó en esos 4 o 5 años antes de su
muerte? Hay algunos indicios en sus cartas de que podría haber viajado a España
y luego a Macedonia y Asia Menos donde nuevamente fue apresado.
PARA MÍ LA VIDA ES CRISTO
Curso de San Pablo a distancia
Tema 13
PABLO, PRISIONERO POR CRISTO
Pablo en Jerusalén
Los Hechos de los Apóstoles en 21, 16 nos relatan que Pablo y su comitiva
llegaron a Jerusalén para la fiesta de Pentecostés del año 56. Como Pedro ya no
estaba en Jerusalén para la fiesta de Pentecostés, el apóstol Santiago el Menor era
quién dirigía la comunidad auxiliado por un consejo de presbíteros; ante ellos,
Pablo narró las maravillas que Dios había hecho por su intermedio en medio de
los gentiles. (Cf. Hch 21, 20)
Inmediatamente, el consejo advirtió del peligro que corría entre los judíos porque
circulaba un rumor de que Pablo predicaba a los judíos que vivían entre los
gentiles que se apartaran de la ley de Moisés y que no circuncidaran a sus hijos.
Entonces le aconsejaron que subiera el templo y se purificara junto con cuatro
hombres que habían hecho voto de Nazireato (un voto de consagración a Dios por
un tiempo, en el que no se corta el pelo, se mantiene célibe y no se bebe vino)
Pablo siguió el consejo de los ancianos y subió al templo a purificarse y luego
entró en el templo para fijar la fecha en que terminados los días de la purificación
debía presentarse la ofrenda por cada uno de ellos, como prescribía la Ley de
Moisés. (Cf. Nm 6, 13-15)
Cuando estaban a punto de cumplirse los siete días los judíos de la provincia de
Asia al verlo en el templo se amotinaron y lo detuvieron. (Cf. Hch 21, 27)
Los judíos que detuvieron a Pablo gritaron al pueblo:
“¡Ayúdennos israelitas! Este es el hombre que va enseñando a todo el mundo y
por todas partes doctrinas contra el pueblo, contra la Ley y contra este lugar
sagrado. Más aun, ha metido paganos en el templo y ha profanado este lugar
santo” (Hch 21, 28)
Recordemos que ningún pagano podía entrar al templo de Jerusalén y ellos creían
que Pablo había llevado al templo a un tal Trófimo de Éfeso, lo que no había
ocurrido.Los Judíos lo arrastraron fuera del templo, cerraron las puertas y
comenzaron a golpearlo; si no hubieran llegado los soldados y el tribuno de la
cohorte romana en Jerusalén seguramente lo hubieran matado.
El tribuno romano llevó a Pablo a la torre Antonia, allí lo interrogó dándose
cuenta de quién era Pablo.
Éste pidió hablar al pueblo y él se lo permitió. Pablo les contó de su origen, de su
vida, de cómo Jesús se le apareció camino a Damasco y le dio una misión:
“Vete porque yo te voy a enviar a las naciones más lejanas” (Hch 22, 21)
El pueblo empezó a gritar y a pedir que lo mataran y el comandante ordenó
encerrarlo y azotarlo, al ver lo que iba a suceder, Pablo le dijo al oficial de
guardia: “¿Tienen derecho a azotar a un ciudadano romano sin haberlo juzgado?
El oficial comunicó esta novedad al comandante quién al interrogarlo se dio
cuenta que Pablo tenía la ciudadanía romana por nacimiento:
“Tuvo miedo de haberlo mandado encadenar” (Hch 22, 29b)
Pablo ante el Concejo de ancianos
El tribuno convocó al Concejo de Ancianos o Sanhedrín, precedido por el sumo
sacerdote Ananías. Al darse cuenta que entre ellos había Fariseos y Saduceos,
Pablo hábilmente gritó:
“Hermanos, soy fariseo, hijo de fariseos y me juzgan por creer en la resurrección
de los Muertos” (Hch 23, 6b)
Estas palabras provocaron una discusión entre ellos ya que los Saduceos no creen
en la resurrección de los muertos.
El jefe de los Fariseos afirmó: “Nosotros no encontramos nada malo en este
hombre ¿Y si le ha hablado un espíritu o un ángel? Como siguió una terrible
discusión el comandante lo sacó de allí y lo llevó al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se apareció a Pablo y le dijo:
“Ten ánimo, pues tienes que dar testimonio de mí en Roma igual que lo has dado
en Jerusalén” (Hch 23, 11b)
Como los Judíos planeaban matar a Pablo y lo supo a través de su sobrino, el
tribuno Claudio Lisias lo mandó acompañado de 400 soldados a Cesárea donde el
procurador Félix lo recibió y luego de escucharlo ordenó a un centurión que lo
custodiase, pero que le diera alguna libertad para ver a sus amigos.
Pablo pasó dos años en la prisión de Cesarea (56-58) y para congraciarse con los
Judíos, Félix entregó a Pablo a su sucesor Porcio Festo.
Festo quiso escuchar a Pablo y éste dijo:
“Yo no he cometido falta alguna ni contra la ley de los judíos, ni contra el
templo, ni contra el Cesar” (Hch 25, 8)
Cuando Porcio Festo le preguntó si quería subir a Jerusalén, Pablo le contestó:
“Si he hecho algo digno de muerte, estoy dispuesto a morir; pero si no he hecho
nada de lo que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos: Apelo al César
(Hch 25,11)
Entonces Festo respondió:
“Has apelado al Emperador, pues irás al Emperador” (Hch 25, 12b)
El gobernador romano contó al rey Agripa nieto de Herodes, acerca de Pablo y
éste quiso escucharlo.
Ante el rey Agripa, Pablo relató su vida, su conversión, su misión anunciando a
Jesucristo, resucitado de entre los muertos.
Llegado a este tema, Festo lo interrumpió diciendo: “Estás loco, Pablo, tanto
estudiar te ha trastornado”. Y Agripa agregó: “Por poco, me convences para que
me haga cristiano”. A lo que Pablo respondió:
“Quiera Dios que, por poco o por mucho no solo tú, sino todos los que me
escuchan llegaran a ser lo que soy, aunque sin estas cadenas” (Hch 26, 29)
Finalmente Agripa dijo a Festo: “Se habría podido dejar en libertad a este
hombre, si no hubiera apelado al César”.
Viaje a Roma. De Cesarea a Creta. Tempestad y naufragio (Cf. Hch 27, 1-8)
Salieron de Cesárea en un barco que partía para Asia menor, custodiado por un
centurión llamado Julio.
Llegados a Sidón, en Fenicia, el centurión le permitió ir a cada de algunos
amigos; luego partieron nuevamente, costearon la isla de Chipre y en Mira de
Panfilia se trasladaron a un barco Alejandrino que iba a Roma; en esta nave
llegaron a Creta, a un lugar llamado Puertos Hermosos, cerca de Larea.
Pablo les advirtió que por la época en que estaban, Octubre, la navegación iba a
ser peligrosa para el cargamento que llevaban y para la vida de los pasajeros.
Levaron anclas y llevados por un viento del sur, comenzaron a bordear la isla
hacia Fenice; pero se desencadenó un viento huracanado, llamado Euroaquilón; el
capitán se dejó llevar a la deriva, después arrojó la carga al mar y al tercer día,
tiraron los aparejos de la nave. Llevaban varios días perdidos en el mar y sin
comer nada, cuando Pablo puesto en pie en medio de todos dijo:
“Mejor sería amigos, haberme hecho caso y no haber partido de Creta; no
habríamos sufrido tanto peligro y tanto daño. Pero ahora os aconsejo que
tengáis buen ánimo, porque ninguno de vosotros perderá la vida; sólo se perderá
la nave”. Pues esta noche se me ha aparecido un ángel del Dios a quién
pertenezco y a quién sirvo y me ha dicho: “No temas Pablo; tienes que
comparecer ante el Cesar y Dios te concede la vida de todos los que navegan
contigo. Así es que ánimo, amigos, yo creo en Dios que sucederá tal como se me
ha dicho. Tenemos que dar en alguna isla” (Hch 27, 21-26)
Al décimo cuarto día, los marineros presintieron la proximidad de tierra y algunos
quisieron huir, Pablo dijo al centurión y a los soldados: “Si estos no se quedan en
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