UNDECIMA CATEQUESIS LOS HEREDEROS DE ABRAHAM Y

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UNDECIMA CATEQUESIS
LOS HEREDEROS DE ABRAHAM Y LAS PROMESAS
Cumpliendo con las etapas sucesivas del proceso de la Fe, Abraham, el Padre de la fe, deposita su legado, su
alianza con Dios a su hijo Isaac, el hijo de la sonrisa, el hijo que se puede sacrificar al Señor porque hasta de las
piedras Dios puede sacar hijos de Abraham. A su vez Isaac también en su ancianidad se desposa con Rebeca que le
da dos hijos: Esaú y Jacob. El primero velludo y montuno, pastor y cazador, el segundo, Jacob, el consentido de
mamá. Isaac tiene su preferencia por Esaú a quien desea pasarle la Promesa de Dios a Abraham y su descendencia;
pero la mamá le va a preparar una tremenda jugada.
A propósito de la herencia o primogenitura Jacob le había jugado poco limpio con ocasión de un plato de lentejas
muy bien aderezadas que había preparado Rebeca para su consentido Jacob quien las estaba disfrutando con
verdadero placer. En esa circunstancia llega Esaú a la casa muerto de hambre y ante tan suculento banquete de
lentejas bien aromáticas y sabrosas, le pide a su hermano que las comparta. Y su hermano aprovecha para ponerle
una trampa: “Te doy las lentejas si tú renuncias a la herencia de la primogenitura”. Al pobre Esaú que estaba
rendido y hambriento no le importa la promesa ni la herencia, sino que sólo le preocupa lo inmediato: saciar su
hambre y le jura que renuncia a la primogenitura.
Este desprecio de la primogenitura es la clave que le llevará a perderla definitivamente cuando ya su padre Isaac
quiera darle la bendición y con ella el legado de la promesa en su ancianidad y ciego incapaz de identificar a sus
hijos por medio de la vista. En ese momento una vez más se adelanta la mamá a definir la suerte de sus dos hijos
mediante toda una sesión de teatro familiar estelar en donde Jacob, por fin, se queda con las bendiciones de la
herencia y la primogenitura.
Jacob toma la batuta para seguir con las promesas de Dios a Abraham y sus descendientes después de salir
huyendo de su hermano Esaú y comenzar su nueva travesía como el depositario de las promesas. Jacob, de sus dos
esposas y de algunas de las esclavas de ellas, tiene 12 hijos que serán doce tribus y doce familias principio y
fundamento del Pueblo de Dios. Después de una verdadera competencia entre las dos hermanas por darle hijos a
Jacob, llega José el hijo de la esposa predilecta Raquel. Este hijo viene marcado por los signos y señales de la
presencia de Dios para una misión trascendental para toda la familia de los hijos de Jacob. A pesar de ser el hijo
menor de los once primeros hermanos, fue el escogido por Dios para ser el Salvador y protector de toda la familia,
pasando antes por innumerables pruebas hasta su venta como esclavo por sus propios hermanos, lo que les llevará
al País de Egipto país al que llegaron con las bendiciones y beneficios de José en los momentos más difíciles de la
vida de Jacob y saldrán expulsados como enemigos o plaga que lleva consigo la maldición de Dios, pero este será el
tema de la próxima catequesis.
En este esquemático recorrido de la Promesa de Dios a Abraham y su descendencia se pueden observar algunos
hechos constantes: la esterilidad, la trampa, el pecado, y sin embargo, la promesa de Dios sigue adelante aunque
los caminos sean los menos esperados. Dios no se deja encasillar; su misericordia brilla especialmente en la
oscuridad y se hace más notoria cuanto más grande es su gratuidad; Él no se deja ganar en bondad y piedad con sus
elegidos, aunque estos estén totalmente abatidos.
Para esta catequesis les propongo dos lecturas a escoger la que más les guste: Génesis capítulo 37 y siguientes ó
Génesis capítulo 32.
Al finalizar la lectura coméntenla y digan que es lo que más les ha llamado la atención y si tiene algo que
enseñarnos para nuestras vidas. ¿Por qué parece que Dios siempre escoge al más conflictivo o débil?
Para concluir pueden rezar el canto de María de Lucas capítulo 1 desde el Versículo 46 hasta el 55
Padre Nuestro y la Paz.
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