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Revista FEPAL - Septiembre de 2002 - Cambios y permanencias
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En torno al trabajo de Arminda Aberastury, "El mundo del
adolescente"
Liliana Pualuan de Gomberoff*
En la huella de los pioneros
Las voces que vienen del siglo pasado no solo permanecen en la historia del psicoanálisis latinoamericano, sino que hoy se actualizan y son vigentes en la enseñanza de
psicoanalistas y psicoterapeutas que trabajan con niños y adolescentes. El psicoanálisis latino
americano lleva la impronta de Arminda Aberastury1'2'3 en un crisol que se nutre de variadas
fuentes. Aquí están los originarios de estas tierras y las mezclas traídas por las generaciones
de emigrantes. En lo latinoamericano se descubren nombres que vienen de otros continentes;
forman parte de nuestros mundos, están en las raíces de los nombres de los padres. Arminda
Aberastury transmite desde sus escritos el entusiasmo y la fuerza que traspasa los límites del
tiempo. Su hacer camino como pionera, nos lleva a seguir sus huellas y recoger la imagen de
mundo de su generación. Tenemos que estudiar lo que persiste, lo que actualmente se
desdibuja, lo que emerge aparentemente nuevo, desde las nuevas modalidades de vida y de los
cambios. Arminda Aberastury en este artículo describe el mundo del adolescente, sus
modificaciones profundas, los cambios corporales, la ansiedad y duelo que estos provocan; el
intento de hacer una huida del mundo exterior, y de buscar refugio en el mundo interno; la
problemática que se desencadena por la entrada en el mundo adulto; los impedimentos y los
recursos que el adolescente puede encontrar y descubrir en él mismo o en su entorno familiar
y sociocultural; los intentos de proyectar y de manejar en el mundo externo las presiones de su
propio mundo; los logros y fracasos en esta interacción. Todo lo anterior facilitado u
obstaculizado por el bagaje que trae desde su constitución y experiencia. Aberastury destaca la
importancia del duelo en la construcción de este nuevo mundo, de cómo esta construcción va
también a depender de los materiales con los que los padres y su entorno contribuyeron en la
infancia; de las posibilidades del presente y de las posibilidades que se pueden percibir en el
futuro. El drama que significa este proceso aparece ilustrado con textos del Diario de una
adolescente que vive en un contexto donde el encierro no es una metáfora, donde la
persecución no es una situación de la que el adolescente pueda buscar sin riesgo un refugio en
el mundo interno. Es una amenaza constante de día y de noche, con la conciencia de que todas
las ilusiones y proyectos pueden terminar con la muerte. Es una muestra de la sobrevivencia
de una adolescente en un refugio concreto, asediado de peligros y amenazas, con un espacio
reducido. Allí, sin embargo fue posible la creación. Ese espacio a pesar de la profunda crisis,
no agostó la calidad humana de la familia, que unida frente a los riesgos inminentes y
* Asociación Psicoanalítica Chilena.
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a la fragilidad de la posibilidad de vivir, contó con amor y seguridad suficientes para iluminar
el cuarto oscuro, e incluso permitir la necesidad de intimidad de la adolescente. Dio también
lugar a las luchas de independencia y rivalidad que caracterizan esa etapa. Arminda
Aberastury selecciona fragmentos de este Diario que muestran cómo en las condiciones más
extremas, si hay buenos materiales en el mundo interno y externo familiar, se puede tramitar
el desarrollo de este proceso. Actualmente sabemos, lo que no supo Arminda Aberastury en la
época que escribió su trabajo, que el padre de Ana Frank censuró los aspectos sexuales a los
que se refería la adolescente en su Diario. Ellos estaban presentes. Así se completa, algo que
en las primeras ediciones faltaba en el desarrollo de esta adolescente.
Algunas características del mundo del adolescente del siglo XXI
La relación del hombre con la naturaleza ha cambiado. La interacción humana tiene un
perfil diferente al siglo pasado. Las metas del hombre se mueven en un contexto diferente.
Ellas mismas cambian. La lectura ha disminuido notablemente. La tecnología, en la infancia y
la adolescencia, abarca dimensiones gigantescas que van más allá de lo que se puede regular y
manejar. En ese contexto el niño pequeño y luego el adolescente va perdiendo el espacio para
la intimidad, para el desarrollo de la fantasía que viene lista, envasada en los programas de TV
El mundo interno se puebla de imágenes que son más difíciles de elaborar, hay menos lugar
para los sentimientos y la interacción humana. Los fantasmas internos son presionados y
sobredimensionados. Los ritos y crisis de pasaje quedan sepultados o son de una violencia
inmanejable. En lugar de la estabilidad y armonía del desarrollo infantil que podría garantizar
un pasaje a la adolescencia, como señala Aberastury, menos violento, el adolescente de hoy se
encuentra muchas veces con la experiencia de vacío. Los super héroes, los hombres máquinas,
los invencibles, junto a la multiplicidad de información que viene a través de imágenes y de
sonidos, violan la posibilidad de un filtro que pueda discriminar los estímulos y regular lo que
no se puede digerir. La globalización se confunde con la homogeneización. En este contexto
se estimula aún más el narcisismo y la omnipotencia. Como consecuencia la sensación de
pérdida es incalculable y el tipo de duelo con estas características puede impulsar a búsquedas
de alicientes que hacen más profundas las grietas y más difícil el camino para entrar al mundo
adulto. El entorno dramático de Ana Frank no impidió el descubrimiento del amor a pesar de
la persecución y del riesgo de muerte. En el siglo XXI el adolescente en un contexto muy
diferente aparece muy expuesto. Se hace complejo el desarrollo de la identidad, la integración
y desarrollo del esquema corporal, la sexualidad, el encuentro con el otro. A la
deshumanización de los estímulos se responde en cierta forma con la deshumanización del
hombre. La acentuación de defensas autistas, de mecanismos obsesivos tempranos, de
recursos autotranquilizadores, aparecen incrementados en el mundo actual, lo que podríamos
interpretar como respuesta e intentos de auto-contención, de creaciones pseudo-salvadoras por
el incremento de incentivos que en proporción a los recursos naturales pueden sobrepasar al
niño y al adolescente. Aún cuando el entorno humano sea de buena calidad, es muy posible
que no sea suficiente para graduar y dosificar la cantidad de estímulos que esca-
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pan a su control. Las barreras que se pueden crear, o son muy frágiles o son amuralladas de
manera que el contacto va perdiendo la permeabilidad que contribuiría a un desarrollo más
armónico . Los cambios, el pasaje a la adolescencia puede ser aterrorizador. Los niveles de
ansiedad, la modificación de los vínculos con los padres, y hermanos, la elaboración edípica
en los adolescentes con menos recursos para enfrentarlas, se puede transformar para ellos en
luchas devastadoras, aplastantes, difíciles de manejar; luchas que evocan mundos como los
descritos por Abel Posse4 en "La Reina del Plata" donde no hay lugar para la intimidad, donde
las únicas paredes que parecen permitir la libertad y la creación son la locura y el manicomio;
hasta el psicoanálisis aparece allí como otra forma de irrupción y de violencia. Evoca el
mundo que describe Paul Auster5 en "La ciudad de las ultimas cosas" en que todo se destruye
o desaparece concretamente. Los grados de persecución, de falta de intimidad, de no tener
nada propio, de la fragmentación del mundo, de las búsquedas desesperadas, son llevadas al
extremo, dan cuenta de un mundo roto, fragmentado sin esperanza. Las vías para ahogar los
fantasmas y lo terrorífico que se despierta en este contexto dentro de muchos de los procesos
son la toxicomanía, el alcoholismo y en niveles etarios cada vez más tempranos. La crisis del
adolescente en un mundo en crisis con poco lugar para la intimidad, nos plantea actualmente
tal vez otros problemas y nos enfrenta a otras modalidades de crisis, que implican también
modificaciones en los métodos de tratamiento.
La nueva apertura en relación a la sexualidad trae conflictos frenos por riesgos antes
no considerados o por lo menos no en la magnitud de hoy en día. El SIDA hace de freno o de
riesgo. Las perversiones están más a la vista, el maltrato infantil, sale de sus rincones ocultos
a la luz. Hay organismos multidisciplinarios que se encargan de las víctimas y victimarios. La
perversión a puerta cerrada y por el ojo de la cerradura, ya expandió sus fronteras y no es la
familia sola la que enfrenta y carga con los problemas. El acceso a tanta información por
diversas vías puede ser muy enriquecedora para el adolescente o tener el efecto de una
sobreestimulación que incrementa la ansiedad propia del proceso. Cuando el adolescente no
cuenta con el apoyo de una historia de vínculos estables y consistentes, el lugar para el
proceso adolescente se puede estrechar y hacer más difícil la entrada al mundo adulto. El
espacio para la elaboración edípica, la posibilidad de competir y rivalizar con los padres, y
con los hermanos no siempre encuentra un cauce apropiado; muchas veces la tramitación de
estas experiencias tropieza y va por caminos distorsionados... El predominio de estas
situaciones hace más difícil que la familia, la sociedad y la cultura den un marco adecuado
para el despliegue del adolescente. Los padres están bajo las presiones de los extremos:
exceso de trabajo o cesantía. El psicoanálisis en este ámbito tiene que diversificar sus tareas y
buscar nuevas formas de abordar al hombre en cierta forma tiranizado por la
deshumanización.
En los adolescentes ha disminuido el uso del diario de vida, de la comunicación
epistolar, y las expresiones artísticas. Actualmente las vías de escape están más a mano, y
muchas veces son recursos más socorridos que las que contribuyen a la elaboración. En lugar
de la búsqueda activa de reformas en el exterior, que destaca Arminda Aberastury, como las
maneras de desarrollar recursos, de intentar resolver la crisis interior, puede haber una
recepción pasiva que no da espacio para la búsqueda...Así el desarrollo del pensamiento, los
argumentos intelectuales a través de los cuales el adolescente descarga tensiones y al mismo
tiempo descubre sus propios valores e identida-
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des no siempre son accesibles como recurso, facilitadores del proceso adolescente. En vez de
la descarga a través de los argumentos intelectuales son comunes actualmente las descargas a
través de violencias incontenibles y la sociedad responde también con violencia. Los grupos
humanos, a veces sin distinción, están sometidos a las mismas circunstancias.
Los adolescentes que han tenido una infancia menos traumática podrán elaborar las
angustias que necesariamente surgen en este momento del desarrollo, en el que se recorren y
se resignifican las etapas anteriores, junto a la remodelación de su mundo interno y al
asentamiento de su identidad. Estos adolescentes podrán tramitar un desprendimiento menos
tortuoso, una crisis tolerable, con resultados más positivos. Pero el número de adolescentes
que queda atascado en este proceso actualmente es muy numeroso.
En la familia, a las tensiones conflictivas se suman las tensiones económicas y las
búsquedas desesperadas para mantener el sustento o el nivel de consumo. Las crisis familiares
muchas veces van junto a crisis económicas difíciles de resolver, los divorcios, las
separaciones también se dan en una proporción mayor que en el siglo pasado. La familia se
deshace.
A propósito del mundo del adolescente he intentado describir la interacción del
adolescente del año 2000 con el mundo actual, es un mundo que puede ser positivo si los
vínculos familiares tempranos lo fueron. Es un mundo diferente al que se encontraba Ana
Frank y sus pares. Ella allí perdió la vida, queriendo vivir. Muchos de nuestros adolescentes
también pierden la vida, inmersos en la adicción y a través del suicidio. Lo que he intentado
resaltar es que el contexto del desarrollo es tan distinto que hace incluso que la definición de
adolescencia sea diferente.
Las enseñanzas de Arminda Aberastury se aplican a un adolescente en un mundo que
ha cambiado a pesar de que no han transcurrido tantos años desde que ella escribió sus
trabajos.
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El desarrollo en el Ínter - juego entre mundo interno y realidad externa que en su
mayor parte estaría representada por el entorno familiar, escolar, universitario, o de trabajo,
puede empujar al adolescente hacia un repliegue al mundo mecánico y la violencia se
acumula en el interior, agostando las posibilidades creativas y consumiendo el espacio
interior. En vez de un pensamiento que se desarrolle hacia estructuras formales predomina el
"pensamiento acción" impulsivo.
La desvalorización de los padres dentro del pasaje a la adolescencia para resaltarse a si
mismo ha perdido el valor y sentido que tenía en el siglo pasado. Muchos adolescentes ya no
buscan en los padres un lugar para expresar la competencia y la rivalidad para fortalecerse y
ensayar la independencia y desarrollar recursos para manejarse en el mundo. La competencia
directa ya no aparece tan clara; hay una búsqueda de caminos muy diversos para
diferenciarse. En vez de ansia de reforma social, se percibe muchas veces el ansia de
destrozar las estructuras vigentes como expresión de fallas en la propia estructura.
Los estímulos son tantos y por tantas vías que lo intelectual es aplicado al desarrollo
de teorías que justifiquen el caos y termina siendo similar al pensamiento omni-
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potente infantil. Los problemas que se intentan resolver a través de esas vías se transforman
en la creación de nuevos problemas.
En la educación en vez de discusiones intelectuales y lucha por ideas, cada vez surgen
más luchas directas y de acción con los maestros. De la sumisión se pasa a la rebeldía
violenta. La omnipotencia de la acción reemplaza a la omnipotencia de la fantasía. Cada vez
hay más denuncias de niños golpeados por los compañeros y denuncias de maestros
golpeados. La violencia y la agresión directa están en escena y también las tendencias
suicidas.
Arminda Aberastury señala que la calidad de las reformas y del plan organizador del
adolescente va a depender en parte de cómo han sido las relaciones tempranas. Resalta
también que en la adolescencia surge el abandono de las soluciones "como si" por el no o el si
de la realidad que tiene en sus manos.
Podemos pensar que para el adolescente del siglo XXI la realidad escapa de sus
manos, que es difícil proyectarse hacia el futuro, que vive más al día .Vive una pseudo
independencia de ser ...
Epílogo
Las investigaciones de Stern6, Fonagy y MaryTarget7, Fonagy y Wallerstein8 entre
muchos otros han abierto posibilidades de conocer más finamente aspectos del ser humano
que confirman el impacto de los estímulos en el bebé, la complejidad de las relaciones
tempranas. Son investigaciones que abren nuevos canales de observación, exploración y
estudio que también repercuten en la técnica psicoanalítica. Pero hay una crisis sociocultural
que está sobrepasando al psicoanálisis. El psicoanálisis tendría que replantear sus
formulaciones para ver como ubicarse en este contexto y poder ser más efectivo y ampliar el
campo de acción. El psicoanálisis tiene una responsabilidad importante no sólo en influir en
el caso aislado, sino también en la comunidad a través de plantear diagnósticos sociales y
medidas preventivas que orienten hacia un manejo más controlado de los fenómenos
descritos.
Bibliografía
1. Aberastury, A. - Teoría y técnica del psicoanálisis de niños. Paidós, Buenos Aires, 1969.
2. Aberastury, A. - Aportaciones al psicoanálisis de niños. Paidós, Buenos Aires, 1973.
3. Aberastury, A. y col..- Adolescencia. Kargieman Buenos Aires, 1971.
4. Posse, A. - La Reina del Plata. Buenos Aires.
5. Auster, P. - La ciudad de las últimas cosas.
6. Stern, D. - El mundo interpersonal del infante. Una perspectiva desde el psicoanálisis y la psicología evolutiva. Buenos Aires,
Paidós, 1991.
7. Fonagy, P. / Target, M. - Nuevos apuntes sobre la psicología infantil: la interface con la información emperica. Cuadernos de psicoanálisis, XXX: 3 y 4 Julio - Diciembre, 1997.pp.217-241.
8. Fonagy, R / Wallerstein,
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