deseos mortales

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DESEOS MORTALES
N
o era un buen día para ver una película de terror para Hadmon. En
realidad nunca lo era para una mente infantil y sensible que se sentía
acorazada por la miseria de una vida que arrastraba con grilletes
chirriantes, por las calles céntricas de la ciudad celtibera de Soria.
Aquella mañana gris, tétrica y lujuriosa de otoño Hadmon se levantó: abatido, inerte,
silencioso y con la sensación de que el espejo en el cual se miraba al despertar era un
ser endemoniado, que dibujaba su rostro con desazón y antipatía. La habitación se
escondía bajo el humo penetrante del primer cigarrillo de Hadmon que invitaba a la
maldad a dibujar estelas fantasmales y tétricas. Entonces sonó el reloj de cuco del salón
que tantas veces desvelaba a Hadmon. Cucú, cucú, cucú.
El joven se miró de bruces en el espejo sin contemplar más misterio que su cuerpo
desnudo, se estaba haciendo mayor y su cuerpo reflejaba un cambio. Ya no era aquel
niño de piel encogida que se escondía cautelosa al abrigo de las miradas incoherentes.
Ya se podía apreciar una pelusilla en su cara que era difícil de evitar. No era un niño,
no. Hacía tiempo que su cuerpo ya demostraba una madurez explosiva difícil de apagar,
y lo demostraba cada vez que se tocaba lujurioso su sexo mientras se miraba en el
espejo y pensaba en su amiga-novia, Marie. En aquel momento su padre despertó.
La puerta del cuarto del señor y de la señora Spencer se abrió chirriante y se pudo
escuchar un silencio difícil de describir. Lo cierto era que todas las mañanas, el ocaso,
se levantaba con la misma rutina de mierda para Hadmon. Tock, tock se escuchó en la
habitación de Hadmon aquella mañana lánguida, sucia y extrema de otoño que invitaba
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a invernar, cual oso en su madriguera. Mientras en otra esfera la señora Spencer lloraba
de rabia y de impotencia. Era una habitación cauterizada con el maltrato de un tomador
empedernido.
—Hijo…
hoy no iras a la escuela. Te mereces un buen castigo por haber
ensuciado mi nombre anoche. Tu madre merece ser castigada porque es una puta
incansable —Le dijo a su hijo mientras explosionaba sus puños contra la puerta—
¡¿Entendido hijo?!
Hadmon no respondió a su padre ni en aquel momento, ni en otros en que era castigado
por defender a su madre. Cada noche se producía la misma cantina en casa de los
Spencer y nadie era capaz de parar al monstruoso señor de las tinieblas. Así lo apodaron
los vecinos del Quinto B. Con B de burro.
Pero aquella mañana el rumbo de Hadmon cambió para siempre. El cartero llegó a la
casa sobre las 10.00 Am y entretuvo al padre del joven durante largo rato con una carta
certificada en cuyo interior se escondía el secreto de una muerte anunciada. Hadmon
tiró una sábana enrollada por la ventana que daba al patio y el extremo lo ató a la cama.
«Fue un nudo con fuerza hacia la libertad». Descendió suavemente por la sábana hasta
que alcanzó tierra firme, una vez que alcanzó su objetivo se escondió durante unos
minutos en los matorrales del jardín para no ser visto por su padre. Una vez que todo
estuvo en orden corrió hacia el centro de la ciudad como alma que lleva el diablo. Se
sintió orgulloso. Sonrió.
Cuando hecho la mirada hacia su cuerpo se encontró vacio y desnudo literalmente. La
gente le miraba y se reía. No era momento para risas, ni lamentos. Hadmon se desvió
súbitamente hacia la casa de su amiga Marie. Una vez se encontró de bruces en la
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ventana de la joven este le lanzó varias piedrecitas a su ventana con el fin de que notara
su presencia. Marie se asomó al fin.
—
Hadmon ¿Qué haces desnudo? Si te ven mis padres te echaran a patadas —
Marie se ruborizó con aquel momento.
—Mi
padre me ha castigado una vez más—Dijo Hadmon mientras temblaba y se
meaba de miedo al recordar a su padre pegando a su madre brutalmente y con
ensañamiento la noche anterior.
—Será
mejor que entres en la casa antes de que llegue mi padre del trabajo—Dijo
Marie mientras le abría la puerta.
—Siento
mucho presentarme de esta guisa. No tuve más remedio que huir de
inmediato y dejé atrás mi ropa con las prisas— Dijo avergonzado Hadmon.
Una vez dentro de la casa Hadmon se sintió sereno. Besó a Marie largamente en sus
labios húmedos y agrietados mientras le tocaba los senos con gracia y sin disimulo. La
habitación de la joven se escondía tras unas cortinas floreadas y un armario enorme que
olía en su interior a pachuli del barato. No era muy ordenada la joven porque tenía la
habitación hecha unos zorros. Camisetas por aquí, pantalones por allí, una pila de
apuntes del colegio…Hadmon conocía a Marie desde que eran dos churumbeles y no le
aterrorizaban sus modales descuidados. Hadmon estaba enamorado de Marie y no era
difícil de descubrir en sus ojos brillantes y en su actitud desinhibida cada vez que
miraba a la joven y la tocaba. Unas semanas antes de lo acontecido Hadmon le
descubrió a Marie sus intereses amorosos, y esta aceptó a Hadmon sin mediar palabra.
Se acostaron por primera vez y descubrieron el goloso placer de dos cuerpos jadeantes,
húmedos y enamorados.
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—Hadmon
¿te importaría ponerte la ropa de mi hermano? Estoy segura de que te
estará perfecta. Tienes su misma talla—Dijo Marie mientras investigaba en el armario de
su hermano.
— ¿Me
comparas con un mocoso al que le huelen los pies? — dijo divertido
Hadmon. Eso no está bien. No, no.
—Lo
cierto es que en el carácter te pareces mucho a él ¿no crees? Por cierto
tengo unas entradas para ver la peli de terror que se estrena hoy. Las críticas son muy
buenas —Dijo Marie mientras le daba la ropa a Hadmon con interés.
—No
estoy para pelis de terror Marie. ¿Cómo se llama la peli? — dijo Hadmon
mientras se vestía.
—Muerte
a través de la pantalla cinematográfica —Dijo Marie golosa y abstraída
con la idea del guion.
—
Ufff que larga y que extraña. Me produce escalofríos- Hadmon agarró con
fuerza la mano de Marie mientras pensaba en la película.
—
¿Te vienes? Venga que seguro que pasamos un rato distinto. Estaremos los
dos juntos y nada nos podrá pasar. Solo es una película— Dijo Marie mientras ponía
morritos.
—De
acuerdo Marie. Pero no estoy dispuesto a soportar tu histeria en la
película— Dijo Hadmon sonriendo.
Ya en la sala del cine: cuenta atrás 3, 2, 1, 0 ACCION.
Cuando las luces se apagaron y dieron paso a unas imágenes congeladas, Hadmon,
sintió un olor penetrante a sangre que le hizo agazaparse como un erizo. Las púas de
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este animal totémico para Hadmon se convirtieron en su salida para impedir el acoso
mental de su padre. Cuando volvió a mirar hacia la penumbra de la pantalla vio su
propio reflejo convertido en… ¡un ángel de la muerte!: sobre la ropa del hermano de
Marie se vencían coágulos de sangre que no parecían de origen animal, su boca
ensangrentada degustaba el sabor a carne humana, sus manos ennegrecidas sujetaban:
intestinos, hígado, corazón, pulmones…y sus uñas alargadas traspasaban la parte
craneal de un cerebro que se asemejaba al de su padre. Respiró, respiró. Pero no pudo
despertar de aquella película que se había congelado en sus retinas. Marie sonreía
abiertamente mientras saboreaba los ojos del señor Spencer.
—
¿Qué significa este sueño Marie? ¿Por qué no puedo despertar? — dijo
Hadmon mientras se meaba de impotencia.
—Ya
es tarde Hadmon. Tus deseos son órdenes para mi mente esquizofrénica y
delictiva —Dijo Marie mientras se reía a carcajada limpia.
(SOADELF)
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